En la borrosa frontera que existe entre lo correcto y lo mediocre solía moverse Nelson Correcto Zolbowicz, al que también llamaban Nelson Mediocre Zolbowicz (el apodo Mediocre le fue puesto por su madre, y se desconocen los motivos). Jugador del medio, prolijo y austero en la administración de la pelota fue, durante años, un 8 que figuró en la Primera del El Porvenir.




Obviamente, era de los jugadores a los que se les dice “pecho frío” (su madre también se lo decía y hasta las maestras de la primaria pusieron más de una vez en su boletín “Como alumno y como niño, eres un pecho frío”, se desconocen los motivos). Pero algo cambió el sábado 19 de noviembre del ’74, o del ’75, o quizás del ’81. Aquella tarde, Nelson jugaba uno de sus mediocres partidos hasta que un compañero (muchos dicen que se trataba de Aquiles Comesaña, un aguerrido defensor expulsado de por vida años después por comerse la rodilla de un número 7 que se le escapaba por la punta) le tiró un pase de esos que hay que correr, cosa que Nelson hacía con mediano empeño.



Aunque el pase era prometedor, nadie en la cancha suponía que Nelson iba a hacer más de lo que medianamente correspondía para aprovecharlo. Pero algo extraño pasó. Cuando estaba a un metro de la pelota, y ésta estaba ya saliendo de la cancha sobre el fondo del lateral, una extraña silueta transparente y blanquecina salió del cuerpo de Nelson y la alcanzó. Y se la dio a Nelson. Azorado, a Nelson apenas se le ocurrió tirar un centro. La silueta blanquecina y transparente fue por ese centro. Obvio que era el alma de Nelson, y fue tanto lo que corrió que cuando la pelota ya llovía sobre las manos del arquero, el alma de Nelson (mientras Nelson observaba a veinte metros) saltó y peinó la pelota, que rozó un palo y entró en el arco. Gol. Gol del alma de Nelson, que desde ese día se convirtió en Nelson El hombre que deja el alma en la canchaZolbowicz.




“No entiendo lo que pasó”, dijo ante los micrófonos de Radio Rivadavia. Más tarde, ya en soledad, charló sobre lo ocurrido con su alma. Y esta le explicó que estaba cansada dé que Nelson no la pusiera en juego nunca, ni en la cancha ni en la vida. Y que por eso había decidido ponerse ella misma.




Al partido siguiente, el alma se le salió dos veces del cuerpo, haciendo un gol y sacando de su arco una pelota sobre la línea. Con el correr de los partidos, el alma empezó aparecer más y Nelson, ya famoso por entregarle su alma al partido, comenzó a hacerse muy conocido.




Sobre el final del torneo, cerca de la gloria de las últimas fechas, el alma se le desprendía con el pitido inicial, haciendo maravillas sobre el césped. Nelson, por supuesto, estaba dentro de la cancha, aunque lejano a la pelota y a las situaciones, ya que era el alma la que hacía todo. Dirigentes y periodistas lo felicitaban. “Poner el alma en todo lo que se hace es lo que más se puede admirar de un hombre”, decía una bandera. Los sábados a la noche, las minas morían por Nelson y su alma en Kamote, el boliche de la avenida Pavón. Después se iba a Sirocco, un telo don-del alma de Nelson las hacia gritar de felicidad. De un tiempo a esa parte, cada domingo la mamá de Nelson ponía un plato más en la mesa.




Pero la felicidad de Nelson duró poco. Si bien se había convertido en el ídolo de la hinchada, ésta empezaba a mostrar preferencias por su alma antes que por él. Incluso los periodistas iban a entrevistarla. Era tan así que un día Nelson se fue por el túnel dejando su alma en la cancha rodeada de periodistas y de hinchas que querían su autógrafo. Horas más tarde, el alma volvió hasta la casa de Nelson y se metió dentro de su cuerpo hasta el sábado siguiente.




El alma empezó a ser llamada El crack de El Porvenir, y Nelson comenzó a ser llamado El estuche del crack de El Porvenir. En la AFA comenzaron las protestas. ¿Cuántos jugadores había en la cancha cuando jugaba El Porvenir? ¿Once o doce?
“Es el alma de Nelson”, decían los dirigentes del club. “Sí, pero es la que hace los goles”, acusaban los contrarios. Para zanjar las diferencias, la AFA resolvió que jugaba Nelson o jugaba el alma. El técnico encontró la trampa de ponerlo a Nelson de titular y, a los dos minutos, cambiarlo por su alma, que esperaba en el banco. Nelson se iba a las duchas mientras escuchaba los gritos que la hinchada le dedicaba a su alma.




Con el tiempo, Nelson dejó de ir a los entrenamientos y empezó a mandar a su alma en colectivo. Finalmente dejó de jugar. Pero su alma no. Y junto con El Porvenir festejó el ascenso. Y luego el alma fue vendida al Ajax. Pero no se olvidó de Nelson, y todos los años le mandaba pasajes, hasta que Nelson se quedó a vivir allá. Hoy, el alma de Nelson es panelista del programa de Hugh Va Der Helser, una especie de Fantino holandés.


Nelson trabaja en la producción.