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viernes, 9 de agosto de 2024

GRANDES EQUIPOS:

EL PALMEIRAS DE LOS 90, UNA LEYENDA:

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

El Sociedade Esportiva Palmeiras de la década de los 90 fue uno de los mejores equipos de la historia del fútbol sudamericano. Nombres como los de Djalminha, Cafú, Álex, Müller, Velloso, Roberto Carlos, Zinho, Mazinho, César Sampaio, Edílson, Evair, Carlos Zago, Luizão, Viola, Edmundo, Rivaldo, Freddy Rincón o Flávio Conceiçao, entre muchos otros, hicieron soñar como nunca a la afición del Verdão.




Pese a su reconstrucción tras la consecución del segundo Brasileirão consecutivo (1993 y 1994), el Palmeiras seguiría llenando sus vitrinas. A esos dos títulos de la Serie A brasileña se le sumarían, antes y después, una Copa de Brasil (1998), una Copa Libertadores de América (1999), una Mercosur (1998), tres Paulistas (1993, 1994 y 1996) y un Torneo Río-São Paulo (1993).

La fama de su potencial mediático y deportivo también le sirvió para dar la vuelta al mundo disputando infinidad de torneos amistosos. Ganó dos Copas de Euro-América, una Copa de Nagoya, una Copa Brasil-Italia, un Torneo Lev-Yashin, un Trofeo Naranja o una Copa da Amizade. El propio Fabio Capello declaró en alguna ocasión que consideraba a ese Palmeiras estaba entre los cinco mejores equipos del mundo que había conocido e incluso Roberto Carlos recuerda aquel conjunto como «más galáctico que el Real Madrid de los Galácticos».

«En cada convocatoria de Brasil había ocho jugadores del Palmeiras. Éramos una selección», recuerda Antonio Carlos Zago. «Parmalat hizo un esfuerzo muy grande. Invirtió mucho dinero para fichar a los mejores jugadores, tanto en el Palmeiras como en el Parma. El equipo estaba construido para ganar», prosigue el excentral.

De esa gran camada de jugadores, los dos que más lejos llegaron fueron sin duda Roberto Carlos y Rivaldo, del primero el excentral tiene un gran recuerdo. «Los dos llegamos juntos. Él, por entonces, ya era diferencial. Luego se marchó al Inter y al Real Madrid y se consagró como uno de los mejores de todos los tiempos en su puesto». Sobre Rivaldo, Balón de Oro en 1999, afirmó lo siguiente: «llegó después de la salida de Edílson. Vino junto a otros dos jugadores después de hacer una buena temporada con el Mogi Mirim, pero desde el principio se veía que él era el que más calidad tenía, el más completo. Se entendía muy bien con Zinho y luego, al igual que Roberto Carlos, se convirtió en uno de los mejores del mundo».

Prácticamente, todas las formaciones de aquel Palmeiras podrían haber confeccionado una selección brasileña más que competitiva, con un estilo de juego que conectaba con la tradición clásica brasileña, y por su ataque más que demoledor. El éxito radicó, en buena medida, en el saber hacer de sus entrenadores que supieron administrar los egos y las disputas personales de un vestuario explosivo donde abundaban los galones y escaseaban los soldados rasos. Estos fueron Émerson Leão (1989-1990), Marcos Falopa (1990-1991), Nelsinho Baptista (1991-1992), Otacílio Gonçalves (1992-marzo de 1993), Vanderlei Luxemburgo (abril de 1993-1994 y 1995-1996) y Luiz Felipe Scolari (1997-2000).

No hay que olvidar que el equipo paulista antes de aquella década dorada estuvo inmerso en una crisis de títulos y juego que duró prácticamente 20 años. Su último campeonato liguero constaba de 1973, mientras que su último Paulista lo conquistó en 1976. Para más inri, tenía que ver como sus equipos vecinos y rivales llenaban sus vitrinas de trofeos, ya que tanto Corinthians como el São Paulo de Telê Santana eran grandísimos equipos a nivel mundial. Hay que destacar que el punto de inflexión llegó el año 1990, ese curso el Corinthians conquistó el primer Brasileirão de su historia y el club tocó fondo, lo que hizo a sus directivos buscar un golpe económico definitivo para cambiar la deriva derrotista.

Todo cambió, en especial, a partir del abril de 1992, cuando la multinacional italiana Parmalat llegó a un acuerdo de patrocinio con la entidad paulista. Con José Carlos Brunoro, hombre fuerte de Parmalat, al frente de las negociaciones el equipo brasileño salió desesperado a buscar refuerzos de peso de cara el siguiente año, y el gran favorito era Diego Armando Maradona, que cumplía una sanción de quince meses de suspensión por doping.

El plan de Parmalat era negociar con el Napoli para obtener la cesión de Maradona durante una temporada y después cumplirle el sueño de volver a vestir la camiseta del equipo de sus amores, Boca Juniors, que desde agosto de 1992, también contaba con el auspicio de la compañía de productos lácteos. Era un negocio redondo para Palmeiras, para Boca, para el jugador e incluso el Napoli. En Italia, Brunoro falló ante la oferta del Sevilla. Si bien el Verdão ofrecía dos millones y medio de dólares menos que los españoles (5,5 palos contra 8), los pondría uno arriba del otro en efectivo.

Con el aval de Parmalat, el negocio estaba 50% concretado. Solo restaba convencer a Maradona, al que le tiraba más volver a La Liga que irse a Brasil, a pesar de que Zico también hizo lo posible para convencerlo. Así fue que a comienzos de septiembre de 1992, el director de deportes del equipo paulista aterrizó en Ezeiza para hablar mano a mano con Diego. “Maradona era un deseo de Parmalat. Hicimos el contacto a través de nuestra filial en Argentina, pero solamente nos recibió su representante. Maradona no quiso hablar con nosotros porque decía que no jugaría en Brasil”, contó el propio Brunoro más de una década después. La novela, ya se sabe, terminó con un breve paso del 10 por Sevilla, dirigido otra vez por Carlos Salvador Bilardo.

En 1993 el Palmeiras ganó prácticamente todo lo que disputó, cayendo únicamente en la tanda de penaltis de los cuartos de final de la copa brasileña ante el Grêmio. Salió victorioso del Brasileirão, del Campeonato Paulista y del Torneo Río-São Paulo. De la mano del técnico Vanderley Luxemburgo y con la llegada de nuevos fichajes de renombre como Edmundo, Roberto Carlos o Edílson, el Verdão ganó la liga tras 16 años de sequía, con únicamente dos derrotas en su casillero, y ganando en la final al Vitória por un parcial de 3-0 en los dos encuentros.

La temporada siguiente se mejoró el equipo y se mantuvo el nivel ofrecido en la campaña anterior. Se unieron Rivaldo y Flávio Conceição, y se repitió éxito en la liga y en el Paulista. En la final del Brasileirão destacó Rivaldo, que con tres goles en los dos partidos ante el Corinthians se erigió en la gran estrella de un equipo que solamente falló en la Copa Libertadores. Allí cayó en octavos contra el São Paulo y en la fase de grupos goleó a Boca Juniors (6-1) y al campeón Vélez Sarsfield (4-1). Desde principios de los años 70 el Palmeiras no ganaba dos campeonatos brasileños consecutivos ni cosechaba tantos éxitos.

A partir de entonces, el Palmeiras no supo mantener el mismo nivel, en parte por las numerosas bajas que sufrió. Mazinho fichó por el Valencia, Roberto Carlos dio el salto al Inter de Milán, Edílson hizo lo propio con el Benfica, Edmundo cambió São Paulo por Río al firmar con el Flamengo, y Sampaio y Evair se mudaron a Japón. Además Luxemburgo, que fue reemplazado por Carlos Alberto Silva, técnico con experiencia en Portugal y Japón y que al año siguiente probaría suerte en La Coruña, se fue antes de volver a enderezar el rumbo tan solo un año después de su marcha.

El 1995 fue un año en blanco, perdiendo la final paulista ante el Corinthians en la prórroga y terminando en el quinto lugar en el campeonato nacional. En la Copa Libertadores a punto estuvo de lograr una verdadera hazaña. En cuartos quedó emparejado con el Grêmio, con el que le unía una intensa rivalidad en los últimos años, que le endosó un 5-0 en la ida con dos jugadores del Palmeiras expulsados. La vuelta se esperaba como un mero trámite, y más tras adelantarse el Grêmio a los ocho minutos por medio de Jardel. Al final, victoria del Palmeiras por 5-1 con dos goles de Cafú, que jugó de centrocampista, y con los de Porto Alegre pidiendo la hora.

Con la vuelta de Luxemburgo en 1996, el Palmeiras firmó un Campeonato Paulista de ensueño, logrando el mejor registro de un equipo en la era profesional en la historia de la competición al conseguir 83 puntos de 90 posibles, un 92,2% de los puntos disputados, y la friolera de 102 goles en 30 partidos. El segundo clasificado, el São Paulo, se perdió a 28 puntos de distancia. En la final el equipo alviverde ganó fácilmente al Santos, al que había machacado en su casa tres meses antes por 0-6, y cerró un campeonato para enmarcar. Luizão fue el máximo goleador del equipo con 22 goles (a dos del pichichi del torneo Giovanni del Santos), seguido de los 18 de Rivaldo y de los 15 de Djalminha y Müller. Al año siguiente, Carlos Alberto Silva juntó en La Coruña a Rivaldo, Conceição, Djalminha y Luizão, coincidiendo todos en plantilla únicamente en el Trofeo Teresa Herrera de 1997.

En 1998 el Palmeiras ganó la Copa de Brasil y la Copa Mercosur, y en 1999 por fin la tan esperada Copa Libertadores con Luiz Felipe Scolari al mando del club. La final de aquel torneo la disputó con el Deportivo Cali de Colombia.


jueves, 25 de abril de 2024

"GRANDES EQUIPOS"

"LA HISTORIA DE ALUMNI"

FUENTE: "TyC SPORTS":/"ALEJANDRO FABBRI"

El hombre llegó el 25 de febrero de 1882 al puerto de Buenos Aires. Tenía 29 años y había nacido en Glasgow, Escocia. Era Licenciado en Letras y además tenía amplios conocimientos de la educación física de aquellos años. Se llamaba Alexander Watson Hutton. Inició su tarea docente en St. Andrew’s Scotch School, la escuela escocesa fundada en 1838.




Para 1884 concreta la creación de la Buenos Aires English High School, que pasa a tener su sede escolar en Perú 253, cerca de Plaza de Mayo. El detalle que diferenciaba a esta entidad de otras muchas era la intención de formar también en la parte deportiva y recreativa a los alumnos que concurrían. El football fue entrando de a poco (Watson Hutton había traído tres pelotas de cuero desinfladas cuando desembarcó en la aduana porteña) y para 1891, año del primer torneo oficial en Buenos Aires, el propio Watson Hutton integró el equipo de St.Andrew’s.

Ya en 1893 empezó a participar la English High School, que repitió en 1895 y volvió a jugar en 1899, ganando el ascenso. Watson Hutton participó en la creación de la primera entidad que nucleaba a los pocos cultores del fútbol. La Argentine Association Football League nació y empezó a crecer inmediatamente.

En 1900 el English High School –bajo la tutela de WH- gana el torneo de primera división en el que también participaron Lomas Athletic, Belgrano Athletic y Quilmes, el flamante equipo del sur bonaerense, creado en 1897. El EHS se consagró campeón el 15 de agosto de 1900 cuando goleó 5-0 a Quilmes. Ese año, el matutino “The Buenos Aires Herald” le preguntó a sus lectores a qué equipo de fútbol preferían y al cabo de dos meses, EHS sumó 6942 votos, contra 3467 de Quilmes, 3358 de Belgrano y 1395 de Lomas Athletic.

Al crearse la tercera liga para menores de 17 años, la AAFL le exige a la EHS que cambie su nombre y desde 1901 el equipo del colegio pasa a llamarse Alumni, un nombre que propuso uno de los jugadores (Carlos Bowers) por conocer el nombre de “Alumni Associations” que tenía una agrupación de alumnos egresados de distintas escuelas en los Estados Unidos. En todo caso, al vocablo latín “alumnos” se agregaba la acepción norteamericana “alumnos egresados” o simplemente “exalumnos”.

Entre 1901 y 1903, Alumni ganó los tres campeonatos, con 22 triunfos, un empate y una sola caída, ante Belgrano Athletic por 1-0. Los belgranenses –mucho más británicos que sus rivales- se quedarían con el torneo de 1904, pero luego volvería el dominio total de Alumni, que sería el campeón de 1905, 1906, 1907, 1909, 1910 y 1911. En 1908 sería subcampeón detrás de Belgrano, su clásico rival.

Con camiseta roja y blanca a rayas verticales, todos los equipos que tienen esa forma de camiseta le rinden homenaje. Tanto Estudiantes de La Plata como Unión de Santa Fe, Talleres de Remedios de Escalada, San Martín de Tucumán, Barracas Central o Instituto de Córdoba, entre tantos, tienen su albirroja por influencia de Alumni. Se lo conocía como el “equipo de los hermanos Brown” y fue así, porque Jorge, Carlos, Tomás, Ernesto, Alfredo, Eliseo y Juan Brown fueron puntales y figuras de los equipo de Alumni.

Muy especialmente Jorge Gibson Brown, el más famoso y más popular de los jugadores, cuya camiseta se conserva hoy en el museo de Alumni, ubicado en el viejo edificio del English High School, en la calle Melián al 1800 del barrio de Belgrano. Todos los hermanos Brown, incluso el padre de todos ellos, don Diego Brown y su mujer eran nacidos en la Argentina. Y además, eran descendientes de escoceses. El club “inglés” por excelencia era Belgrano Athletic o en todo caso Lomas Athletic, de Lomas de Zamora. Ambos son importantes equipos de rugby desde hace muchos años.

A medida que pasaban los años de la primera década del Siglo XX, Alumni seguía con la costumbre de ganar partidos y torneos, pese a no ser un club propiamente dicho, a no tener una cancha reglamentaria y jugar alternativamente en distintos terrenos. Fue el primero en enfrentar y vencer a un combinado extranjero, en este caso integrado por ingleses residentes en Sudáfrica, a quienes superó por 1-0.

Muchos de sus jugadores integraron las primeras selecciones argentinas: Jorge Gibson Brown jugó 23 partidos y marcó 4 goles entre 1902 y 1913, pero su hermano Juan Dodds Brown disputó 36 encuentros entre 1906 y 1916, incluyendo dos encuentros en la primera Copa América organizada por la Argentina en la vieja cancha de GEBA.

Su último título se lo ganó a Porteño –otro cuadro de origen medio irlandés, medio británico- en un desempate por 2-1. Entre 1909 y 1911 alcanzó a enfrentarse contra River, Racing, Estudiantes de Buenos Aires y Quilmes, aunque contra estos dos últimos ya lo había hecho en los años anteriores, lo mismo que contra Argentino de Quilmes y ante Rosario Central y Newell’s Old Boys por copas organizadas por la AAFL. Ganó numerosas copas con los campeones uruguayos en la primera década del Siglo XX.

Cuando sus integrantes decidieron disolver el equipo de fútbol, lo hicieron tras reunirse en una asamblea general. Se resolvió no participar en el campeonato de 1912 y darles libertad a los jugadores que quisieran seguir haciendo fútbol oficial, de enrolarse en el equipo que quisieran. Así fue que Juan Dodds y Ernesto Brown pasaron a jugar para Quilmes, que fue el campeón.

El 24 de abril de 1913, cuando ya había pasado un año y medio de su última participación, una nueva asamblea decidió liquidar Alumni de acuerdo con sus estatutos y donar el dinero que había quedado en poder de sus dirigentes. Eran 12.322 pesos con 29 centavos, de los cuales hubo 3.661,14 donados al Hospital Británico, 3.661,15 cedidos a las Escuelas Evangélicas del señor William Morris y otras donaciones como mil pesos al Patronato de la Infancia, entre varias entidades, como la Sociedad Popular de Educación de Avellaneda.

Alumni ganó 10 campeonatos de primera división entre 1900 y 1912, obtuvo seis Copas Competencia y una vez la Copa de Honor. Quedó en la historia como el primer gran equipo argentino en las competencias locales, dueño y señor del torneo porteño donde dominaban los cuadros de origen británico. Su calidad superó largamente a la competencia local. Su herencia sería tomada por Racing Club, multicampeón de la segunda década del Siglo XX, al ganar siete torneos consecutivos entre 1913 y 1919. Por eso lo llamarían la Academia. Alumni había hecho escuela, sus creadores pudieron descansar en paz.

Fotos: Escuela de Campeones, de Ernesto Escobar Bavio (1953)


martes, 12 de julio de 2022

EQUIPOS QUE NO SE PUEDEN OLVIDAR

EL AS- SAINT ETTIENE DE MICHEL PLATINI

FUENTE: KODRA MAGAZINE 

Michel Platini, ante de triunfar en la Juventus FC, vistió durante tres temporadas la camiseta del AS Saint-Étienne, llegando a disputar 145 partidos, marcando 82 goles y luciéndose como uno de los mejores francotiradores de la historia de la liga francesa. Unas cifras que acabaron siendo insuficientes para conseguir el objetivo final por el cual se le fichó: conseguir la primera Copa de Europa del club.




Les Verts, entre 1957 y 1981, fueron la máxima potencia de la liga francesa, convirtiéndose en el primer equipo en ganarla en 10 ocasiones. A ello había que sumarle seis copas nacionales y el hecho de que lanzaron al estrellato a jugadores como Michel Platini, Dominique Rocheteau, Ivan Ćurković, Christian López, Dominique Bathenay y Oswaldo Piazza.

Su época dorada coincidió con un período complicado para la selección francesa, que no recuperaría el apoyo de los aficionados hasta su brillante exhibición en la fase final de 1982, por lo que el AS Saint-Étienne era considerado por muchos como una selección alternativa, especialmente al tomar parte en competiciones europeas. A lo largo de la historia se ha clasificado para la Copa de Europa en diez ocasiones, alcanzando las semifinales de 1974 antes de perder 1-0 contra el FC Bayern München en la final de 1975, aunque los hombres dirigidos por Robert Herbin fueron recibidos como héroes a su regreso.

Con los años el St-Etienne entró en declive y sus logros fueron eclipsados por el triunfo del Olympique de Marsella en la UEFA Champions League de 1993, y por la Supercopa de la UEFA obtenida por el Paris Saint-Germain FC tres años más tarde. Ahora han regresado y sus aficionados están decididos a sacar el máximo provecho.

De 1976 a 1980, el AS Saint-Étienne sufrió un nuevo revés, sin conseguir volver a ganar el campeonato de Francia. Símbolo del club, Larqué fue despedido por el presidente tras un conflicto con su entrenador, Robert Herbin.

El verano de 1978, al finalizar una mala temporada en la que no obtuvieron ningún título y habían sido eliminados en primera ronda de la Recopa de Europa frente al Manchester United, el Saint-Étienne empezó una renovación en la plantilla contratando al holandés Johnny Rep, proveniente del Sporting Club Bastiais, y a la joven promesa del fútbol galo de por aquel entonces, el sublime 10 del Nancy, Michel Platini.

Ambos refuerzos tuvieron un éxito inmediato y sumados al Ángel Verde, Dominique Rocheteau, el equipo mejoró su producción mostrando un fútbol ofensivo y basado en el control del balón que lo llevó a terminar en la tercera posición con 77 puntos detrás del campeón, el Racing Strasbourg, y del Nantes, clasificando para la Copa de la UEFA.

La temporada 1980-1981, el ASSE ganó su último campeonato francés de Division 1 (antigua denominación de la actual Ligue 1). Platini y Rep convirtieron 31 de los 73 goles del equipo, lo que dejó a las claras que ellos eran las figuras, opacando a Rocheteau (que tras perder la titularidad decidió marcharse al Paris Saint-Germain). Ese plantel lo integraban, entre otros, Gérard Janvion, Patrick Battiston, Jacques Santini, Bernard Gardon, Christian Lopez, Jean Castaneda, Laurent Roussey, Jacques Zimako o Jean-Marie Elie.

Nuevamente en la Copa de la UEFA se vivieron gestas inolvidables. La clasificación ante el KUPS de Finlandia con un doble 7 a 0 y el 0 a 5 al Hamburgo en Volkspark Stadion con tantos de Harwig en propia puerta, Larios, Zimako y doblete de Platini. Pero otra vez en cuartos de final y perdiendo 1 a 4 la idea en Francia fueron eliminados por Ipswich Town, que selló la eliminatoria con un 3 a 1 en la vuelta.

La temporada 1981-1982 marcó el fin de la hegemonía del Saint-Etienne en la escena francesa. Platini dejó el club, el Saint-Etienne terminó segundo en el campeonato y perdió la final de la Copa de Francia en los penaltis contra el Paris Saint-Germain Football Club. Como símbolo, Rocheteau, el antiguo «Ángel Verde», crucificó a su antiguo equipo. El presidente dimitió tras el famoso asunto de la «caja negra» y el ASSE descendió a la segunda división.

A pesar de algunos partidos de referencia, como el del PSV en 1979, que el equipo verde venció por 6-0 en el Chaudron, o contra el Hamburgo (5-0) con un doblete de Platini en 1980, el equipo de St Etienne no estuvo a la altura. Sin embargo, ganaron el Campeonato de Francia en 1981. Ese mismo año y el siguiente, Michel Platini perdió dos finales de la Copa de Francia, contra el Bastia y luego contra el París Saint-Germain. Finalmente, Michel Platini dejó el club en 1982 para triunfar en la Juventus de Turín.


 

jueves, 26 de mayo de 2022

SU HORA MAS GLORIOSA

CUANDO CENTRAL CORDOBA DE ROSARIO TOCO EL CIELO CON LAS MANOS

FUENTE: "XENEN.COM.AR"/CARLOS AIRA

Hace 85 años, Central Córdoba de Rosario tocó el cielo. Se consagró campeón de la Copa Beccar Varela 1933, un torneo internacional de primera división, derrotando en memorable final a Racing Club. Un momento único para la tradicional institución del barrio Tablada de la mano de un mito del fútbol argentino: Gabino Sosa. Una historia que merece ser recuperada.




11 de febrero de 1934. En los inmensos tablones de Alvear y Tagle, una mezcla de emoción y incredulidad embargó a quienes habían llegado desde Rosario en ese tren embanderado en azul y rojo. Si bien el partido no había finalizado - y no se sabía que podía ocurrir porque enfrente había un gigante como mucho poder - Central Córdoba se plantó y mostró su escuela en Buenos Aires. Habían sido los jugadores de Racing quienes no quisieron continuar el partido; como pibes caprichosos molestos porque les cobraron dos penales en contra en una misma tarde. Once días mas tarde, la Liga Argentina de Football consagró campeón a los Charruas de la Copa Beccar Varela 1933. Ahí llegó el festejo en Tablada. Medido pero vital. Un título aún festejado en el sur rosarino.

En 1931, el fútbol argentino se partió en varios pedazos. El profesionalismo llegó a Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. Todas las plazas se acogieron en forma independiente y lejos del amparo de la Asociación Argentina Amateur de Football, de escaso poder, pero dueño de la filiación FIFA. Hacia fines de 1933 la fusión era necesaria. No sólo pensando en la Copa del Mundo del año siguiente, sino porque estaba claro que no se podía continuar así. Bajo ese marco unificador, la Liga Argentina de Football - el profesionalismo porteño - invitó a las ligas de Rosario, Córdoba, Santa Fe y el profesionalismo uruguayo a participar de la Copa Beccar Varela, instaurada el año anterior.

Adrián Beccar Varela fue una prenda de unidad que encontró el fútbol porteño dentro del marco de división de los años veinte. Abogado, hijo de una tradicional familia de San Isidro, llegó al fútbol sin conocer nada del juego ni los clubes. Tan sólo porque se entendía que los destinos debían ser conducidos por hijos de aquella aristocrática elite. Presidente de la disidente Asociación Amateurs de Football, con la unificación de 1927 quedó al frente de la creada Asociación Amateurs Argentina de Football. Renunció a la misma en 1929, cuando el profesionalismo era una realidad. Su abolengo no le permitía estar a cargo. Viajó hacia Europa, donde encabezó el lobby que permitió a Uruguay organizar la Copa del Mundo al año siguiente. Murió sorpesivamente, en Madrid, el 9 de junio de 1929.

La Copa Beccar Varela 1932, su primera edición, estuvo limitada al profesionalismo porteño y se disputó finalizada la temporada oficial. Racing Club se consagró campeón venciendo en un triangular final junto a Boca Juniors y Tigre.  Para la Copa de 1933, la Liga Argentina de Football entregó cuatro plazas a Montevideo, dos a Rosario y una a Santa Fe y Córdoba. Hubo que hacer un corte clasificatorio en Buenos Aires y Rosario. En Capital se realizó un torneo a cuatro fechas donde los ocho clubes con más puntos jugaban la Beccar Varela. Quedaron fuera grandes como Boca Juniors, River Plate o el campeón de la temporada, San Lorenzo de Almagro. Por su parte, en la Chicago argentina, Central Córdoba y Nacional (actual Argentino) quienes dejaron fuera a los tradiconales Newells y Rosario Central.

Ya estaban los dieciseis equipos: Independiente, Racing Club, Atlanta, Estudiantes de La Plata, Tigre, Ferro Carril Oeste, Vélez Sarsfield, Platense, Nacional (Montevideo), Peñarol, Sud América, Defensor, Central Córdoba, Nacional (Rosario), Gimnasia (Santa Fe) y Belgrano.

Los charrúas del barrio Tablada ingresaron al profesionalismo rosarino con un gran equipo. Campeón 1931 goleando 4-0 a Tiro Federal en la final. El campeonato rosarino de 1932 fue extenuante. Disputado a tres ruedas, Central Córdoba repitió el título propinándole una goleada inolvidable a Rosario Central: 8 a 0 en Barrio Tablada, la tarde que se consagró campeón.

Detrás de aquel equipo, un duende que manejaba los hilos. Era Gabino Sosa, el Payador de la Redonda. Julio Rodriguez es investigador de la historia de Central Córdoba. Autor de la deliciosa biografía de Gabino. Consultado sobre su figura, expresó: “Gabino fue un personaje pintoresco del fútbol rosarino. Todos lo querían copiar. Pero luego fue una especie de maestro. Un formador de enorme cracks que luego jugaron en los mejores equipos del país“.

Rodríguez nos mete en la vida y obra del crack de Tablada: “Llegó al club en 1916, cuando Central Córdoba recién hacía pie en la Liga Rosarina. De alguna manera formó una escuela de futbolistas. No sólo en Central Córdoba sino también en los combinados de la ciudad. Era el jugador a imitar. Gabino es la esencia del potrero de la ciudad. El formó a los jugadores de divisiones inferiores que lo miraban y admiraban, por ejemplo Vicente de la Mata. Fue uno de los primeros grandes gambeteadores; esa característica le valió la convocatoria a la Selección Argentina, participando en el Sudamericano de 1921, primer título continental de nuestro fútbol, y la famosa tarde del gol olímpico en cancha de Sportivo Barracas”

Para Central Córdoba, la Beccar Varela comenzó el domingo 7 de enero. Esa tarde enfrentó a Platense en cancha de River Plate. Escaso público se hizo presente. Con juego atildado y cohesionado, Central Córdoba derrotó 2 a 0 a Platense. Al público porteño le sorprendió el nivel de Gabino Sosa. Con el título “Don Gabino continúa moviendo las tabas“, Ultima Hora dio cuenta de su calidad a los 33 años y de la recia marca de sus rivales: “El negro, pese a sus años, sigue siendo un elemento de calidad y aunque reserva las pocas energías que le están quedando, tiene de tanto en tanto algunos de esos chispazos que le consagraran como un jugador de excepción. Lástima que algunos muchachos de Platense no quisieron acordarse de los buenos momentos que habrán pasado hace años viéndolo jugar y apelaron a lo prohibido para contenerlo”. 

En Cuartos de Final, el azar emparejó a Central Córdoba con Atlanta. Tal vez el más accesible de los siete rivales posibles. Para más suerte, en el sorteo también ganó la localía. El encuentro se disputó el domingo 14 de enero en el Parque de la Independencia, y nuevamente, terminó con victoria charrúa 2 a 0.

Central Córdoba semifinalista de la Beccar Varela. Ya era un gran mérito para un equipo que no tenía chapa en Buenos Aires. Otro equipo santafesino había pegado un batacazo. Fue Gimnasia de Santa Fe, los Pistoleros, que derrotaron 4 a 0 a Estudiantes de La Plata. Por su parte, Racing le ganó 5 a 1 a Belgrano de Córdoba en el cemento rojo. Defensor e Independiente igualaron 0 a 0 en el Centenario de Montevideo. No había penales en aquellos días; se jugó un nuevo partido, en el cual los Diablos Rojos vencieron 1 a 0.

El sorteo emparejó a los santafesinos por un lado y los grandes de Avellaneda por otro. Curiosamente, el duelo no se disputó en la provincia de Santa Fe sino en Villa Crespo. Domingo 28 de enero. Una gran barra de hinchas bohemios se acercó al cajoncito de la calle Humboldt para alentar al Gimnasia santafesino. Según Ultima Hora: “Central Cordoba volvió a brindar una exhibición de alto valor, como la hecha en el field de River contra Platense. Atacó a base de ese juego que le es tan propio, elegante y rendidor a la vez y consiguió  vencer la resistencia del goalkeeper correntino Mors en dos oportunidades. Con ello se adjudicó el match”.  Tan grato fue el juego de los rosarinos que los propios hinchas de Atlanta que los fueron ver perder terminaron ovacionando a los muchachos de Gabino.

Racing Club fue el otro finalista de la Beccar Varela. Luego de igualar 3 a 3 con Independiente en el Gasómetro, terminó goleando 4 a 1 en Alvear y Tagle. La Asociación quiso mover la fecha del partido que coincidía con el primer día de Carnaval. Pero los clubes decidieron disputar la final el 11 de febrero. Se esperaba una recaudación importante, sobre todo porque público de Racing tenía interés en ver un equipo que goleaba con una delantera notable: Demetrio Conidares - Vicente Zito - Alberto Fassora - Eduardo Leoncio y Roberto Bugueyro. Era un duelo de estilos. La Academia, potencia arrolladora. Central Córdoba, juego afiligranado y elegante. Por un lado, el pase corto como religión; del otro, el pelotazo vertiginoso hacia los wines.

Finalmente, llegó el domingo 11 de febrero. Julio Rodríguez nos mete en corazón y alma la previa rosarina: “El club fletó un tren completo que salió desde la estación donde se fundó con entradas agotadas. Más de mil quinientas personas viajaron en un tren que tenía en la locomotora una bandera argentina y otra del club. Un rasgo de identidad de un club fundado por ferroviarios. El plantel concentró en el hotel Central Córdoba de Retiro. Ahí había concentrado en la previa de los partidos ante Platense (2 a 0, en River Plate) y Gimnasia de Santa Fe (2 a 0, en Atlanta)”. 

En Última Hora dio cuenta de como llegaron ambos equipos a la final: “Tanto los rosarinos como los muchachos que se encuentran bajo las órdenes de Marinetti han seguido durante la última semana un eficaz método de entrenamiento que les ha hecho adquirir su mejor estado físico, lo que les habilita para rendir una performance de acuerdo con la expectativa que ha suscitado el encuentro”.

Más de treinta mil personas concurrieron a Tagle y Alvear. Cinco mil charrúas se hicieron presentes en Buenos Aires. En su Gabino, Julio Rodríguez dio cuenta de la emoción de la jornada: “El convoy salió a las seis de la estación Central Córdoba y pisó Retiro en el mediodía. El calor reinante no hizo mella en la mayoría de los viajantes trajeados, con cofias y embanderados con la azul y roja, quienes iniciaron la peregrinación a pie rumbo al estadio millonario“.

A las 17:30, los dos capitanes se reunieron en el círculo central junto al árbitro Manuel Sobreira. De un lado, el mítico Gabino Sosa, del otro el tucumano Demetrio Conidares. La Academia formó con Juan Bottaso; Rodríguez, Arturo Scarcella; Pedro Pompey, Ángel Serramía, Antonio
De Mare; Demetrio Conidares, Vicente Antonio Zito, Alberto Fassora, Eduardo Leoncio, Roberto Bugueyro.

Por su parte, Central Córdoba lo hizo con Ernesto Funes; Andrés Garramendi, José Busano; Lorenzo D’Uva, Germán Gaitán, Ricardo Solero; Telmo Collins, Tomás Constantino, Gabino Sosa, Antonio Morales, Guillermo Fernández.

Julio Rodríguez nos cuenta la importancia vital que tuvo Germán Gaitán en aquel equipo: “Se había lesionado Félix Ibarra, centrohalf del equipo. Fue así que la dirigencia contrató a Gaitán, jugador de Provincial, quien llegó para jugar los partido de la Beccar Varela y fue un jugador determinante de aquel equipo”. 

El trámite fue trepidante. Con duelos entre guapos, como el protagonizado por Arturo Scarcella y Telmo Collins. El defensor racinguista - duro entre duros - tenía un apodo que intimidaba: Pepe, el herrero. El delantero, nacido en Armstrong, no le hacía asco al choque. Este duelo será determinante en el partido.

Racing se puso en ventaja apenas iniciado el partido por intermedio del tucumano Demetrio Conidares. Córdoba dio vuelta el partido con goles de Tomás Constantini. Telmo Collins, puntero derecho charrúa, malogró un penal, atajado por Juan Bottaso, la mítica Cortina Metálica. Igualó Vicente Zito, la Bordadora de la Academia, a los ocho minutos del segundo tiempo. El partido estaba para cualquiera; hasta que al final del encuentro, el árbitro uruguayo Sobreira cobró otro penal para los rosarinos. Los jugadores de Racing no lo podían creer. Hicieron una sentada, como había hecho Gimnasia meses atrás, cuando fue despojado de un campeonato en cancha de San Lorenzo. Pero no tenían nada que discutir. A un grande se le podían cobrar dos penales en contra. Racing se fue del campo de juego.

A pesar del resultado Central Córdoba dio una justa vuelta olímpica encabezada por Gabino Sosa. Desde las tribunas una ovación saludó las camisetas azulgranas. Era merecido, sin importar el fallo del Tribuna de la Liga de Football Profesional, los charrúas de Tablada eran justos campeones del torneo. En el vestuario, Gabino Sosa expresó emocionado: “En nombre de mis compañeros y en el mío propio, hemos cumplido de la mejor manera posible  el encargo honroso que se nos confió. Rosario merecía el título que vinimos a buscar y creo que lo hemos ganado en buena ley. Racing jugó sin declinar y por ello nuestro esfuerzo es meritorio. Ahora tiene la palabra la Liga, y si hay que jugar de nuevo, ¡Haremos el esfuercito!”

El cronista de Ultima Hora destacó, una vez más, la actuación del veterano crack: “Fue la figura más sobresaliente de la cancha, teniendo en cuenta que ya es un hombre que anda cerca de los cuarenta años. Gabino Sosa, con la justeza que le caracteriza para el pase y la disposición que le imprime a los ataques, se ha consagrado como uno de los mejores delanteros del momento. Viejo Gabino, ¡Todavía sos un crack!”.

La prensa porteña debió recular en sus pasos. Como Julio César Marini, muy influyente en aquellos días, quién escribió: “Era uno de los que no creían que Racing pudiera perder ante Central Córdoba por ver en el equipo de Avellaneda mayor ajuste, técnica y garra para un lance de esta naturaleza. Pero he de reconocer que los rosarinos hicieron una gran presentación y que a pesar de que los avances hacia la valla de Racing fueron menos frecuentes que los del team contrario a la de Central Córdoba, estos llevaban mayor peligro”.

“Días más tarde se reunieron los representantes de las diversas federaciones que disputaron el torneo. Los medios daban por ganador a Central Córdoba y repudiaron la actitud de los jugadores de la Academia. Finalmente, para sorpresa de muchos, decretaron que el partido no continuaría y Central Córdoba se consagró campeón“, señaló Rodríguez.

A 85 años de un campeonato aún celebrado. La fiesta de los humildes. Central Córdoba de Rosario, campeón en Buenos Aires.

 

miércoles, 30 de marzo de 2022

LA MAQUINITA DEL FUTBOL

LA HUNGRIA DE LOS AÑOS 50

FUENTE: KODRO MAGAZINE



Conocidos como “El Equipo de Pro”, “Los Magiares Poderosos”, los “Magníficos Magiares” o en húngaro los “Aranycsapat” la Hungría de los años 50 fue una de las mejoras selecciones de la historia, la obra maestra del fútbol.

El todopoderoso equipo, dirigido por Gusztáv Sebes, incluía figuras de la talla de Ferenc Puskás, Zoltán Czibor, Sándor Kocsis, Nándor Hidegkuti, Ferenc Szusza, József Bozsik y Gyula Grosics, sin olvidar la gran ausencia de László Kubala que tan solo disputó 6 partidos con la selección de su madre patria entre 1946 y 1947, antes de pasarse a Checoslovaquia y España.

Tal fue la consistencia de este bloque que se mantuvo invicto durante ¡32 partidos consecutivos! Sin olvidar su capacidad de arrollar ofensivamente a sus rivales. Prueba de ello fueron los 27 goles anotados en el Mundial de Fútbol de 1954 que a día de hoy aún es un récord que ninguna selección ha podido superar.

La etapa de máximo esplendor de los “Aranycsapat” tuvo lugar entre 1950 y 1956, en la que registraron 42 victorias, 7 empates y solamente una derrota, en la final de la Copa del Mundo de 1954 en Berna contra Alemania Occidental. Bajo el sistema de calificación Elo, método utilizado para ordenar a los equipos según su potencial, los húngaros lograron la calificación más alta registrada nunca por un equipo nacional (2231 puntos el 30 de junio de 1954), justo por delante del segundo, Alemania (2223 puntos, 13 de julio de 2014).

Gusztáv Sebes, hijo de un humilde zapatero, destacó en etapa juvenil con el Vasas SC. Por aquel entonces compaginaba su pasión por el fútbol con los movimientos sociales, llegando a trabajar como organizador sindical en Budapest y luego en París, donde trabajó como instalador durante cuatro años para la marca Renault en Boulogne-Billancourt. Fue entonces cuando jugó la liga amateur del campeonato francés con el equipo de su fábrica, el Club Olympique Billancourt.

Al regresar a Hungría en 1927 fichó por el Hungária FC MTK Budapest, donde compartió alineación con  los que serían sus futuros asistentes Jenő Kálmár y Pál Titkos. Durante aquella etapa que se extendió hasta 1940 (año de la desaparición del club), tuvo tiempo de ganar la liga húngara en tres ocasiones y la copa húngara una vez. Tras su retiro dirigió al Szentlõrinci AC, WMKASE, Csepeli WMFC, Buda foki MTE y en 1949 se erigió en el nuevo seleccionador nacional húngaro. A modo de apunte hay que recordar que en 1945 volvió a calzar sus botas para jugar algunos minutos con el recién refundado MTK Budapest.

Fue en aquel periodo inicial con la selección cuán do tuvo la suerte de poder contar con la estrella juvenil del Vasas de Budapest, un tal László Kubala, aunque la ilusión duro poco porque en enero de 1949 el jugador huyó de Hungría para escapar de la dictadura comunista. No olvidemos que al final de la II Guerra Mundial, Hungría había quedado bajo control de la URSS y se impuso la prohibición de salida del país sin permiso gubernamental.

El “Telón de Acero” era famoso por imponer restricciones a la salida de deportistas de élite para jugar en países del bloque occidental, y en el caso húngaro se trataba de una prohibición absoluta, y el joven Kubala, ferviente anticomunista, tuvo claro que su futuro pasaba por emigrar.

La derrota ante Checoslovaquia un domingo 10 de abril de 1949 por 5-2 marcó curiosamente un antes y un después para los pupilos de Sebes.  Aquella derrota fue el detonante que activó la maquinaria de “El Equipo de Oro”. Y es que desde  esa fecha hasta 1956, Hungría disputó cincuenta y cuatro partidos, perdiendo solamente uno.

El verano de 1952 la fría Helsinki se convirtió en el escenario de su primer gran golpe, la capital finesa acogía los Juegos Olímpicos. En la disciplina de fútbol el equipo magiar, aún desconocido para el gran público, arrasó literalmente. Por aquel entonces los Juegos Olímpicos no era un torneo menor, sino todo lo contrario.

La primera víctima fue Rumanía en la ronda preliminar por un apretado marcador de 2-1, posteriormente vapulearon por 3-0 a Italia, ya bicampeona del mundo por aquel entonces, habiendo ganado  precisamente su segundo Mundial en 1938 en Francia, derrotando a Hungría en la final. Tras los italianos, Turquía salió humillada 7-1, y en la semifinal, la poderosa Suecia de Lindholm sucumbió por 6-0.  En la final disputada el 2 de agosto de 1952 la Yugoslavia de Vujadin Boskov cayó por 2-0. Euforia en las calles de Budapest y de toda Hungría, no solo por el campeonato conseguido, sino porque habían presenciado el ensamblaje de una máquina de fútbol perfecta que interpretaba el credo táctico del 4-2-4 y el 3-2-5.

Además, en aquellos sistemas los futbolistas no tenían una posición fija en el campo, iban rotando su demarcación según el momento del partido desconcertando totalmente a sus rivales. Y cuando atacaban o defendían lo hacían todos en bloque y con agresividad máxima para desgastar las fuerzas de sus rivales. Hungría no solamente se coronó campeón olímpico en Helsinki sino que entre 1948 y 1953 conquistó cada edición de la Copa Dr. Gerö, un torneo amistoso de fútbol creado por el austríaco Hugo Meisl y disputado entre las cinco selecciones de fútbol más poderosas de la época en Europa Central entre 1927 y 1960.

El mayor reconocimiento a ojos del mundo llegó el 25 de noviembre de 1953 en el “Match of the Century”, cuando los magiares derrotaron en el Estadio  de Wembley a la selección de fútbol de Inglaterra, convirtiéndose así en el primer equipo no británico en ganarle en dicho estadio y con Puskás como estrella absoluta.

Era conocido que Sebes planificaba con destreza como desarmar a sus rivales, pero lo hizo de forma mucho más meticulosa y “sádica” contra Inglaterra, entendía perfectamente lo que podía suponer  para el fútbol húngaro el poder dar una campanada de tal calibre en el nido de los creadores del fútbol. Las malas lenguas incluso explicaban que pidió prestados los balones más pesados que utilizaba la FA inglesa para que su equipo pudiera practicar con ellos, y hasta llegó a modificar su campo de entrenamiento para que las dimensiones coincidieran con las de Wembley.

También organizó partidos de entrenamiento contra clubes húngaros a los que se les había ordenado jugar al estilo inglés, y el 15 de noviembre de 1953, dos semanas antes del segundo partido contra Inglaterra, Hungría se enfrentó a Suecia, entrenada por el inglés George Raynor, empatando a 2. Pero aquel no fue el último partido de preparación antes del gran duelo. Sebes y los “Poderosos Magiares” realizaron una parada en París para disputar un  partido de preparación contra el antiguo equipo de su seleccionar, el Club Olympique Billancourt, al que vencieron por 18-1 ante 3.000 espectadores. Pura poesía. Hungría llegó a su gran prueba de fuego y se enfrentó a un combinado absoluto inglés que incluía al primer Balón de Oro Stan ley Matthews, Stan Mortensen, Billy Wright y Alf Ramsey, casi nada. Tal fue la superioridad húngara que la prensa inglesa reconoció que les pasaron por encima literalmente. Resultado final de 3-6 con una impresionante exhibición de fútbol, en la que Hidegkuti marcó un triplete y Ferenc Puskás anotó dos goles más.

Tras el partido, se organizó una revancha como preparación para la Copa del Mundo de 1954, que tuvo lugar en el Népstadion de Budapest, y en la que Hungría protagonizó otra impresionante actuación, pero esta vez mucho más arrolladora, 7-1. Les salió muy mal la jugada a los ingleses.

Tal fue la huella histórica dejada por los magiares y por Puskás entre el respetuoso público inglés, que en 2016 fue un éxito absoluto una exposición dedicada al capitán húngaro en el Museo Nacional de Fútbol de Inglaterra que atrajo a más de un cuarto de millón de visitantes.

La quinta edición de la máxima competición de selecciones dio inicio en Suiza el 16 de junio del 54. “Casi treinta partidos invictos”,  este era el cartel de presentación de los húngaros en la prensa internacional para la gran cita.

El primer partido del grupo les emparejó contra la exótica Corea del Sur, que salió vapuleada por un brutal 9-0, y pudieron ser unos cuántos más. Días después fue el turno de Alemania Federal, que sucumbió en el St. Jakob Park de Basilea por un humillante 8-3 y pidiendo la hora desesperadamente al árbitro.

El primer puesto del grupo era para los húngaros. En cuartos de final la Brasil post Leônidas da Silva y pre Pelé les esperaba en Berna. Aquel partido aún es recordado a día de hoy como uno de los más agresivos y violentos de la historia de los Mundiales, evidentemente acabó en victoria para los magiares, 4-2.

Los húngaros se habían deshecho casi sin pisar el acelerador de los subcampeones del anterior Mundial. Para agrandar su leyenda, en semifinales le  esperan los vigentes campeones: la bicampeona y potente Uruguay, que cuatro años antes había protagonizado otra de las grandes gestas de este deporte: “El Maracanazo”. Los charrúas cayeron 4-2, en un partido en el que Puskás no participó debido a molestias físicas. El once inicial desplegado por Sebes ante Uruguay estuvo formado por Bozsik, Grosics, Lóránt, Hidegkuti, Palotás, Budai II., Zakariás, Buzánszky, Lantos, Czibor y Kocsis.

El mítico 4 de julio de 1954 el Wankdorsfsta dion de Berna, lleno hasta la bandera con 60.000 espectadores en sus gradas, recibía a las cinco de la tarde a Hungría y Alemania Federal, que se disputarían la Copa Jules Rimet. Nadie esperaba otro resultado que no fuera la victoria magiar ante un equipo al que ya habían goleado y humillado en la fase de grupos por 8-3.

Hungría empezó amilanando a sus rivales alemanes, y a los ocho minutos ya ganaba por 2-0, fruto de los goles de Puskás y Czibor. Y cuándo los magiares mejor jugaban, el cielo de Berna casi por  intervención divina se cubrió de nubes y empezó una asfixiante lluvia que ayudó a apagar la máquina húngara y a permitir a los alemanes empatar el partido ¡antes del minuto 20! Con aquel empate en el marcador se llegó al descanso. El secreto de aquel inesperado cambio del signo del partido se debió al material técnico usado por los alemanes…

El representante de la por entonces incipiente y desconocida marca deportiva Adidas, Adolf Dassler, había calzado a su selección con unas innovadoras botas de tacos que permitían fijar distintos tipos de tacos según las necesidades del partido. La segunda parte se desarrolló bajo una lluvia inclemente y un terreno de juego impracticable, que  convirtió el césped del Wankdorsfstadion en un barrizal que anulaba por completo la superioridad  técnica de los húngaros. Mientras los jugadores ale manes parecían fijados al césped gracias a la marca Adidas, los jugadores húngaros hacían esfuerzos infructíferos por mantener el equilibrio con sus botas de fabricación nacional.

La superioridad técnica incontestable de los magiares había quedado sepultada por la superioridad tecnológica en el calzado de los alemanes que, cuando corría el minuto 84 de partido, pusieron el 3-2 en el marcador gracias a un tanto anotado por Rahn. Quedaban solamente seis minutos para la finalización del encuentro y Hungría se lanzó a la desesperada al ataque, llegando Puskás incluso a anotar un gol que fue anulado por fuera de juego previo de Hidegkuti, pero el ímpetu en aquellos minutos finales fue totalmente estéril. Alemania Federal se proclamó ante todo pronóstico, y por primera vez, campeona del mundo de fútbol.

El sueño magiar se había esfumado cuando menos se esperaba y el hijo de un zapatero tuvo que ver  cómo su sueño mundialista se esfumaba precisamente por utilizar un calzado inadecuado.

Sebes tras el subcampeonato en el Mundial de  1954 siguió al frente de la absoluta húngara, volviendo a enlazar una racha de partidos seguidos sin perder, 18, destacando la prestigiosa victoria ante la URSS de Lev Yashin el año 1955 en Moscú, que supuso la primera derrota de la selección soviética en casa en toda su historia.

El octubre de 1956 el ambiente social que se vivía era de pura represión política. La Revolución Húngara está a punto de estallar, y en medio de toda esta agitación, el equipo más poderoso de la Hungría de la época, el Honved, preparaba su partido correspondiente a la Copa de Europa contra el campeón español, el Athletic Club. Estaba programado el partido de ida en Budapest para el 22 de octubre, pero la organización decidió invertir el orden de los encuentros, habida cuenta del clima prerrevolucionario que se vivía en Hungría. Así, el Honved viajó hacia España y un día después del partido el pueblo húngaro tomó las calles de Budapest y de las principales ciudades alzándose contra el régimen comunista. Había estallado la Revolución Húngara del 56.

El Honved, ante la gravedad de los acontecimientos, decidió no volver a Hungría y el partido de vuelta se jugó en terreno neutral, concretamente en Heysel, Bruselas. Tras el partido varios de sus jugadores, con Puskás, Czibor y Kocsics a la cabeza, decidieron no volver a su país y pidieron asilo político en España, que no dudó en concedérselo. Así empezó la disolución del combinado dirigido por Sebes, que fue total cuando más jugadores de equipos punteros húngaros (Ujpest Dozsa, Ferencvaros, MTK,  Videoton y Vasas) decidieron tomar la misma resolución. Con ello, la Federación Húngara los declaró personas non gratas y una vez sofocada la revuelta por los soviéticos nunca más volverían a jugar con  la selección nacional que los había visto triunfar y rozar la gloria aquella inefable tarde en Berna.

La era de los “Magiares Mágicos” terminó con el inicio de la Revolución Húngara de 1956, y quedó sepultada el siguiente año cuando Sebes dejó de ser seleccionador húngaro. A pesar de ello el orgullo húngaro se mantuvo vigente y la selección húngara siguió jugando muy bien y ganando casi todos sus partidos. Cuando todo apuntaba a que sería en el Mundial de 1958 de Suecia cuando les llegaría por fin su primer campeonato, la historia de nuevo les truncaría la ilusión. Hungría se presentó con un equipo en el que no se advertía la ambición de antaño y con graves síntomas psicológicos tras el desmembramiento del equipo, unido a la fatídica  final del anterior Mundial. Todo ello supuso una  pesada losa sobre la espalda de los nuevos jugadores encargados de llevar la gloria a su país.

Tras superar a Noruega y Bulgaria en la fase de clasificación, Hungría quedó encuadrada en el Grupo C junto a Suecia, México y Gales. Comenzó el campeonato con un empate ante los británicos, partido seguido por una derrota ante los anfitriones nórdicos, que dejaría una contundente victoria ante el combinado americano en el último encuentro les dejaba empatados con los galeses. Fue necesario un partido de desempate en el que salieron vencedores los británicos por 2-1, eliminando así del torneo a los magiares, que sin poder contar con la mayoría de sus estrellas, vieron como se les escapaba de nuevo la oportunidad de coronar sus éxitos con la prestigiosa Copa del Mundo.

La enésima decepción llegó con la eliminación en octavos de final de la primera Eurocopa de la historia, provocando que el equipo no pudiera disputar la fase final en Francia (semifinales y final). Una decepción que solamente fue sofocada por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1960 celebrados en Italia, y el nacimiento de una nueva esperanza, el centrocampista János Göröcs 


domingo, 6 de febrero de 2022

CUANDO SAN LORENZO DE ALMAGRO DESLUMBRO AL MUNDO

AQUELLA FAMOSA GIRA POR EUROPA 

FUENTE DIARIO CLARIN




Hubo un momento en el que San Lorenzo parecía lo que hoy es el Barcelona. No era una cuestión de colores. Se trataba, sobre todo, de una certeza que mostraba el campo de juego. Sin embargo, el olvido sucede ahora, en los días bravos: en la platea Norte del Nuevo Gasómetro son muchos los que no recuerdan ni un nombre de aquel equipo que jugaba mejor que ningún otro hace poco más de seis décadas. Algunos -a veces- aplauden con entusiasmo la propuesta de Ricardo Caruso Lombardi, esa que tiene más de catenaccio que de tradición azulgrana. En este tiempo de promedio escaso, aquellos días mágicos se parecen demasiado a una mentira bien contada. Pero no. Nada de eso. El San Lorenzo de 1946, aquel que salió de gira y encantó a todos, fue un hito en el fútbol argentino y en el mundo. Por sus éxitos, pero sobre todo por reivindicar un modo de jugar. Resultó, en consecuencia, un espejo en el que algunos supieron mirarse.

Aquella gira fue un principio. Lo escribió el periodista Alfredo Relaño, en el diario As, en pleno auge del mejor seleccionado de este tiempo, la España del Triplete (la campeona del mundo, la bicampeona de Europa): "España jugó sus primeros partidos de selección en los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, y de allí regresamos con el cartel de la 'Furia Española', que ha producido no poca confusión posterior. Pero he aquí que ahora hemos alcanzado nuestro máximo con un estilo diametralmente opuesto, el 'Tiqui-taca', el pase corto, el tuya mía, el manejar, entretener y esperar a que la jugada aparezca sola. Lo que vimos y no aprendimos del San Lorenzo de Almagro, en aquella gira a caballo entre el 1946 y el 1947, de la que se siguió hablando durante muchos años. Bueno, pues ahora jugamos así". Aquel San Lorenzo, estupendo representante del fútbol argentino de aquellos días, fue la mejor escuela.

En la temporada, San Lorenzo había sido un campeón con brillo, incluso a pesar de la irregularidad de su arranque. Al cabo de la primera rueda en la que tuvo varios tropiezos (entre ellos, la derrota en el clásico frente a Huracán, por 3-2, con dos tantos de Alfredo Di Stéfano), finalizó tercero, detrás de River y de Boca. Lo que continuó fue avasallante: perdió apenas un encuentro (ante Estudiantes) e hizo del lujo y de la contundencia sus dos principales argumentos. Fue un deleite. Construyó actuaciones memorables; le hizo siete goles a Rosario Central, seis a Atlanta, cinco a Lanús, Platense y Racing; derrotó a Boca y a River. Finalmente, se consagró con 46 puntos, cuatro más que los de la Ribera y cinco más que los de Núñez. Así, el club de Boedo sumaba su quinto campeonato de Primera (el segundo en el profesionalismo, tras aquella conquista de 1933).

Dos semanas después de la consagración, San Lorenzo -en su condición de mejor equipo del fútbol argentino- inició una gira por España y por Portugal. En la península, los medios locales le dedicaban sus portadas a aquella visita que merecía todos los adjetivos: trascendente, maravillosa, de jerarquía. El equipo que dirigía Pedro Omar -tricampeón como futbolista del club en los años 20- debutó el 22 de diciembre de 1946 frente a Atlético Aviación (hoy Atlético de Madrid), líder entonces del torneo español, y brindó una exhibición, ganó 4-1 y los 50.000 espectadores lo despidieron arrojando los sombreros al aire. Era el primer paso de un camino de maravillas.

La única derrota en los diez encuentros que disputó en el Viejo Continente sucedió en Navidad. La leyenda cuenta que luego de una larga celebración de la Nochebuena. El Real Madrid lo venció por 4-1. Pero no inhibió a aquel plantel que contaba con figuras tales como Mierko Blazina, Oscar Basso, Angel Zubieta, Armando Farro, Rinaldo Martino y René Pontoni, entre otros. A partir de entonces los resultados parecían exageraciones o partidos de tenis. Enfrentó dos veces al seleccionado español y lo derrotó con exhibiciones notables. Fueron dos sets: 7-5 y 6-1. El primer día de 1947, en el viejo estadio de Las Corts, en Barcelona, el público local ofreció el mejor de los homenajes gritando una verdad: "Son els millor del mon" ("Son los mejores del mundo"). No era un equipo menor el combinado español de aquellos días: contaba con dos delanteros brillantes como Isidro Lángara (tres veces consecutivas Pichichi en España y máximo anotador de 1940 en el fútbol argentino con la camiseta azulgrana; autor de 17 goles en 12 partidos internacionales) y Telmo Zarra (el máximo anotador de la historia de la Primera División de España; esa en la que ahora Lionel Messi construye récords cada fin de semana). Y en Brasil 1950 -el mismo Mundial en el que Argentina no participó y se perdió de aprovechar a este San Lorenzo de lujo- alcanzó el cuarto puesto que hasta la consagración en Sudáfrica era el mejor puesto en la historia del seleccionado en Copas del Mundo.

El equipo también anduvo por el País Vasco, tierra de ovaciones para Zubieta, orgullo local. Y allí empató 3-3 ante el Athletic Bilbao (subcampeón de la temporada 46/47). También igualó frente a Valencia (1-1) y contra Deportivo La Coruña (curiosamente sin goles). Ya hacia fines de enero, San Lorenzo se movió a Portugal. Nadie podía creer cómo jugaba ese equipo vestido de azulgrana: convirtió 19 goles en tres días. Venció 9-4 al Porto y 10-4 al seleccionado portugués. El cierre de la campaña aconteció en territorio andaluz: un increíble 5-5 contra Sevilla, campeón de España en la temporada 45/46. Diez partidos, cinco victorias, cuatro empates, una derrota y 46 goles convertidos (Martino y Pontoni fueron los máximos anotadores). Catorce años antes de que la Copa Libertadores -ese estigma para el club de Boedo- comenzara a ser el presunto título homologador de la chapa internacional, San Lorenzo escuchaba ovaciones en Europa. Y demostraba algo que vale bastante más que varios trofeos todos juntos: la legitimidad que ofrece ser considerado el mejor de todos.

El periorista Patxo Unzueta le realizó una entrevista a José Luis López Panizo, rival de aquel San Lorenzo y figura del fútbol español de los años 40 y 50, recogida en su libro "A mí, el pelotón". Comentaba allí Panizo: "Cuando empecé, ya podías hacer maravillas, que si no marcabas muchos goles o eras de esos que al correr arrastran al defensa que te agarra de la camisa y tal decían que eras lento, que no valías. Por eso yo me alegré mucho cuando vinieron a San Mamés los argentinos del San Lorenzo de Almagro, que era entonces uno de los mejores equipos del mundo, y la gente se quedó asombrada y decían: '¡Anda, si juegan todos como Panizo!'". Aquella gira de hace más de seis décadas, sólo puede compararse con la que realizó Boca en 1925. El club de la Ribera (el más campeón de los años 20, junto a Huracán) asombró a Europa y acrecentó su popularidad de manera exponencial. Quince victorias, un empate y tres derrotas (una en Galicia; dos en el País Vasco) fue el saldo de un hito que marcó la historia de Boca y del fútbol argentino.

Visto con los ojos de este tiempo parece mentira. Pero aconteció. El diario El País, de Madrid, lo evocó alguna vez: "Lo que sucedió a partir del 21 de diciembre hasta finales de enero de 1947 pareció irreal, inenarrable. La prensa diaria y la revistería ampliaron los espacios destinados al fútbol, multiplicandos por varios enteros. El San Lorenzo de Almagro, pese a jugar contra el frío, la nieve y las intensas lluvias de aquel invierno, causó sensación. Puso en evidencia a las dos formaciones nacionales ibéricas: 13 goles a 5 contra España, en dos partidos; 10-4 contra Portugal. En La Coruña, las entradas se vendieron como si fueran cuartos kilos de aceite a precio de tasa". Aquel San Lorenzo había hecho magia: transformó a su equipo en una escuela itinerante de fútbol. Pedro Uzquiza -inolvidable periodista de Clarín- mucho sabía de equipos que merecían el recuerdo. Escribió entusiasmado en alguna de las sillas de esta redacción sobre el campeón de 1946, claro: "A San Lorenzo lo bautizaron El Ciclón por su estilo arrollador. Pero en 1946, la incorporación de dos jugadores le cambió la fisonomía: perdió pujanza, ganó en belleza y se convirtió en uno de los equipos con mayor brillo del fútbol argentino. La contratación de René Pontoni, quien llegó desde Newell's, con su enorme categoría de jugador fino y elegante, encontró en Armando Farro, adquirido a Banfield, la dinámica creadora para que juntos se asociaran a Rinaldo Martino, otro jugador cargado de una inteligencia superlativa y conformaran lo que entró en la historia como El Trío de Oro". Aquel equipo -hechizado por el encanto de sus tres mejores intérpretes- resultó un hito en la historia del fútbol argentino por aquel título que consiguió al ritmo de los aplausos que generaba. Pero sobre todo por ese recorrido que dejó su huella en su visita a Europa.


Tenía otra virtud enorme aquel plantel: el sentido de pertenencia. Una anécdota de aquel tiempo -imposible en esta era de fútbol sólo por billetes- retrata la sensación: a René Pontoni lo quería el Barcelona. Habían quedado fascinados con su juego y con el de Mamucho Martino. Querían solidificar la supremacía que en esos años tenían sobre el Real Madrid de la era pre Di Stéfano. Entonces, el entrenador José Samitier -a quien apodaban Hombre Langosta y/o El Mago- le ofreció jugar a La Chancha -como le decían a Pontoni- para el gigante catalán. Pero no pudo ser. El estupendo René eligió quedarse en su club y con su gente. De regreso de la gira, también ofreció su talento a la Selección: en ese 1947, obtuvo su propio tricampeonato en la Copa América. Sus números con la camiseta albiceleste son propios del mejor Messi: 19 tantos en 19 encuentros. A Rinaldo, otro crack que en 1949 pasaría a la Juventus y hasta jugaría para el seleccionado italiano, también se lo perdieron.

Había una búsqueda de la belleza, de la apuesta por el carácter lúdico. Pero también tenía sus secretos aquella formación. Félix Daniel Frascara retrató en aquellos días cómo era el equipo por dentro: "No fue siempre Oscar Basso el hombre que marcó al centre forward ni tuvo Salvador Greco, eje del equipo, una residencia fija. La colocación de Colombo, dependió, en todo caso, de la que adoptara Basso. Y si José Vanzini, casi invariablemente, cuidó al puntero izquierdo, fue como consecuencia de que a Zubieta se le permitió jugar de acuerdo con sus preferencia: algo adelantado, con mucho campo de acción y recostado sobre el centre half ". Tiempos de otras nomenclaturas, aquel San Lorenzo -señalan- fue un adelantado a su época. En España sostienen quienes lo vieron que jamás lo olvidaron. Sucede que ese equipo es un recuerdo que late cada vez que se juega bien al fútbol.

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