Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS DEPORTIVAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS DEPORTIVAS. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de octubre de 2021

SI DE AVENTURAS SE TRATA

ALEXIS LALA EN EMELEC DE ECUADOR

ALEXIS LALA EN EMELEC DE ECUADOR:


FUENTE: KODRO MAGAZINE

Panayotis Alexander Lalas, más conocido como Alexi Lalas, posiblemente el jugador más popular del fútbol en Estados Unidos durante la década de los 90, recordó este 2020 su breve y pésimo paso por el fútbol ecuatoriano en su cuenta de Twitter, refiriéndose a él como una «aventura».




Posteriormente unos días después en un «live» de Instagram añadió lo siguiente sobre los «eléctricos»: “Pasé un tiempo interesante. Fue una locura, fue una aventura y lo mejor que fue depósito directo, en mi cuenta bancaria norteamericana, eso salió bien. Solo estuve pocos meses”.

Para aquellos que no lo conozcan, en el currículum del defensa central de ascendencia griega, con look a lo Buffalo Bill, destacan tres datos: su participación en las Copas del Mundo de los años 1994 y 1998, el hecho de haberse convertido en el primer jugador de Estados Unidos en jugar en la Serie A italiana, y tener corazón de músico de rock and roll. Tres logros que no le sirvieron de nada para demostrar ningún tipo de talento durante su breve paso por Ecuador.

El 1 de noviembre de 1997, el New England Revolution cede a su estrella Alexi Lalas, incluido en el último MLS All Star, al Emelec ecuatoriano «para ganar experiencia», según palabras del propio técnico americano Thomas Rongen.

El torneo ecuatoriano permitía reforzarse para la liguilla final, compuesta por 10 partidos, y Lalas junto al también norteamericano Max Moore, fueron contratados por el dirigente Omar Quintana Baquerizo para hacerse con el título de campeones.

La afición del «bombillo» depositó todas sus esperanzas para conseguir la corona nacional en ambos fichajes, aunque finalmente el título acabó siendo para el Barcelona de Guayaquil.

La tremenda decepción provocó el enfado de los «eléctricos» que centraron su frustración por la no consecución del título en ambos fichajes, y aún a día de hoy son recordados como dos de los peores fichajes de la historia del club.

Tal fue el «paseo» del defensa central Alexi Lalas por la liga ecuatoriana durante los casi seis meses de su periplo, que acabó siendo caricaturizado como Alexis Jalas en el programa «Ni en vivo ni en Directo», como podemos ver en el siguiente vídeo. Toda una «aventura» sí.

 

miércoles, 20 de octubre de 2021

UN JUGADOR DE RAZA

FRANCO OSSOLA EL 9 DEL TORINO

Franco Ossola nació en Varese el 23 de agosto de 1921, un inolvidable delantero del Grande Torino, el histórico equipo de fútbol italiano del Torino Calcio en la década de los 40. Un conjunto demoledor hasta cinco veces campeones de Italia, y cuyos jugadores fueron la columna vertebral del equipo nacional de Italia.  El 4 de mayo de 1949 en el accidente aéreo conocido como el desastre aéreo de Superga acabó con él, a excepción del lesionado Sauro Tomá.



El nacimiento del Grande Torino está asociado con el verano de 1939, cuando el empresario y antiguo jugador del club, Ferruccio Novo asumió la presidencia del AC Torino sucediendo a Giovanni Battista Cuniberti.​ Para Novo fue un regreso al pasado: jugó de hecho en las categorías inferiores del Toro en 1913, pero nunca logró llegar al primer equipo.

Los primeros movimientos fueron los de reorganizar la sociedad inspirada en la política deportiva-comercial establecida con éxito considerable de Edoardo Agnelli en la Juventus durante la primera mitad de 1930​. Cuniberti se rodeó de exjugadores como Antonio Janni y Mario Sperone (campeones de Italia 1928) y Giacinto Ellena (aún en activo en aquel periodo), además de Rinaldo Agnisetta, por aquel entonces director de una empresa de transporte, al que se le otorgó el cargo de director gerente. Roberto Copernico fue llamado a la función de asesor; el inglés, Leslie Lievesley desempeñó el papel de entrenador juvenil, mientras que la guía técnica se le dio a Ernest Egri Erbstein, quien durante mucho tiempo colaboró ​​de incógnito debido a las leyes raciales vigentes, ya que era judío.

Franco Ossola fue la primera gran compra hecha por Novo, el delantero de tan solo dieciocho años fue transferido por 55.000 liras del Varese, siguiendo el consejo de Janni. «Il bomber» debutó el 4 de febrero de 1940 en un Novara-Torino con 0-1. Ossola podía ocupar todos los puestos en el ataque y era un excelente goleador, hasta el punto de que todavía ostenta el récord de partidos consecutivos con gol (8) en la historia del Torino. Comenzó su carrera en el Varese, en la Serie C, y luego fue comprado por 55.000 liras por el Torino de Ferruccio Novo. Debutó con la camiseta del Granata en febrero de 1940 y cuando se convirtió en titular del Grande Torino marcó 85 goles en 181 partidos. Este fantástico promedio goleador permitió a Ossola ocupar el décimo lugar en la lista de goleadores de todos los tiempos del Torino. Desapareció en la tragedia de Superga el 4 de mayo de 1949 junto con sus compañeros de equipo.


sábado, 16 de octubre de 2021

QUERIDO EN TODOS LADOS

"EL LOBO FISCHER"

FUENTE: PROYECTO BOEDO

Hay jugadores que quedan en la historia por distintos motivos. Puede ser por la capacidad de hacer muchos goles, la calidad de juego, goles claves en partidos definitorios, características que los hacen únicos, personalidad, y otras muchas cosas más. Cuando se reúnen varias situaciones de éstas en una sola persona, entonces se convierten en leyenda, en ídolos eternos, en personajes amados por quienes los vieron jugar.




Ese es el caso de Rodolfo José Fischer, “El Lobo”, el misionero que llegó de Oberá para convertirse en uno de los máximos ídolos de la historia azulgrana. Y no fueron fáciles los comienzos porque cuando llegó a “El Ciclón”, tenía características muy distintas al juego habilidoso y lleno de talento, que mostraban las figuras de aquél San Lorenzo, Veira, Doval, Areán, por citar a los más notables. Pero se ganó su lugar, se comenzó a destacar y en poco tiempo pasó a ser figura indiscutida de San Lorenzo y del fútbol argentino. Porque Fischer fue de esos jugadores que admiran, reconocen y recuerdan los hinchas de cualquier club.


Su trayectoria en San Lorenzo habla de 144 goles en 276 partidos, cifras que se incrementan con sus actuaciones en Botafogo de Río de Janeiro y Vitoria de Bahía, en las tierras de Pelé (a quién Fischer admiraba) donde llegó casi al centenar de goles y en su paso por el fútbol colombiano, considerando solo sus participaciones en clubes de primera división. Pero la idea de ésta nota es resaltar sus características y los hechos inolvidables que lo colocan en ese pedestal reservado para pocos, el de ser parte de los grandes de la historia de nuestro querido San Lorenzo y del Fútbol Argentino todo.

El Lobo era pura potencia. Arrasaba con su vértigo y su fuerza. Sus mejores producciones eran cuando se proyectaba ofensivamente por la franja izquierda del ataque azulgrana donde desplegaba a pleno sus características ideales para el contragolpe. De tranco largo, fuerte, alto, tenía la virtud de realizar con extraordinaria eficacia su jugada preferida, la famosa “bicicleta”, esa que le pedía la hinchada, y que provocaba una sensación de admiración y estupor cada vez que encaraba. Porque cuando Fischer tomaba la pelota para lanzarse en ofensiva, la tribuna estallaba, porque El Lobo no la iba a defraudar.

Si a esto le sumamos, su tremenda capacidad de gol, sus grandes asistencias, y el prodigarse siempre dejando hasta la última gota en un despliegue inclaudicable de ir siempre a todas, sin dar ninguna pelota por perdida, con una capacidad física admirable, hizo que su figura cobrara dimensiones de ídolo.

Dueño de una fuerte personalidad, con un gran amor propio y confianza en sus condiciones, sabía de su importancia en la formación azulgrana y los rivales sabían que había que neutralizar al alto misionero para disminuir las posibilidades de “El Ciclón”. Era preocupación permanente para los rivales. Defensores de distintas características y verdaderos cracks del fútbol argentino, tenían grandes dificultades a la hora de intentar anularlo. Se puede citar al peruano Julio Meléndez, excelente zaguero de Boca Juniors o al mejor “Mariscal” Perfumo del gran Racing Club de aquellas épocas. Es que El Lobo no se rendía nunca y exigía los 90 minutos, por abajo, por arriba, metiendo desbordes, diagonales o remates furibundos desde afuera del área. Sin ser un notable cabeceador, iba bien arriba, y complicaba permanentemente. Una virtud de El Lobo era bajar pelotas en el área para que algún compañero definiera. Hizo goles de todos los tipos, de notable factura a pura potencia ó pateando desde ángulos imposibles o arrastrando o empujando pelotas que parecían perdidas. Tuvo un gran asistidor en el “Tano” García Ameijenda. Talentoso jugador que habilitaba a Fischer con precisión, poniéndole pelotas que El Lobo explotaba en beneficio del equipo. Solía en sus desbordes llegar hasta el fondo de la cancha y tirar unos centros que eran medio gol o meter las diagonales que terminaban con la pelota en el arco contrario por su gran efectividad.

Hoy en día, hay quienes sostienen que era zurdo. Pero no, su pierna hábil era la derecha. Ocurre que sus grandes desbordes los generaba por la izquierda. Había logrado producto de su perseverancia, de quedarse practicando después de los entrenamientos, de darle una y otra vez con la pierna izquierda, un dominio de la misma que le permitía ser eficaz también al utilizarla. En la final del Metro de 1968, el día de la consagración de “Los Matadores” como primer campeón invicto del profesionalismo argentino, fue el Lobo quién definió el partido con tremendo e inmortal zurdazo desde fuera del área. Con ese gol alcanzó a Obberti de Los Andes en la cima de los goleadores del torneo. También iba a ser el máximo goleador del campeonato Nacional de 1969.

Hizo varios “hat trick”, memorables goles a todos los grandes de nuestro fútbol. Porque en las paradas más bravas, ahí aparecía en todo su esplendor. Son muchos los recuerdos de partidos donde su figura fue decisiva. La mencionada final del Metro 68, aquella semifinal del 71 con Independiente donde anotó de cabeza a los 90 minutos el 2 a 2 y forzó al alargue y la posterior definición por penales, que nos depositó en la final, los 3 goles a River en Abril de 1972 en el Monumental de Núñez en un histórico 4 a 0 que terminó con el ciclo de Didí como entrenador millonario. Los grandes goles a Boca y River y muchos otros partidos. Recuerdo nítido un partido televisado de 1971, cuando vencimos a Colón 4 a 2 y ese día hizo 3 goles y le atajaron un penal. Siempre peleando los primeros puestos entre los goleadores del campeonato, en épocas de Bianchi, “Pinino” Mas, Yazalde, Morete, Obberti y otros notables. Cuando se fue al Botafogo en 1972, se despidió con el gol sobre la hora para ganarle a Lanús 1 a 0 y dejar a San Lorenzo en la punta de la tabla de posiciones. Se iba con la marca en ese torneo, de haber anotado 11 goles en 12 partidos y ser el máximo goleador del campeonato.

Volvió a vestir nuestra camiseta en 1977 y en el debut marcó un gol de penal a Ferro en una lluviosa jornada. Además le marcó muchos goles a Huracán, siendo sus dos primeros tantos en primera, al eterno rival.

A nivel de selección, cómo olvidar el orgullo qué me hizo sentir cuando en 1971 y por la Copa Roca, le anotó 2 goles al Brasil campeón del Mundo en un partido que terminó 2 a 2 en cancha de River. Uno de ellos un golazo espectacular desde fuera del área al arquero Félix. Y todavía nadie volvió a marcar 4 goles en un partido oficial de la Selección desde que Fischer le hizo 4 al seleccionado de la Concacaf en la Copa Independencia de Brasil en 1972. Fue el primer jugador en ser convocado a la Selección Nacional jugando en un club extranjero (Botafogo de Río de Janeiro – Brasil). Justamente, hechos como consagrar al primer campeón invicto del fútbol argentino marcando el gol del campeonato, mantener esa marca de 4 goles desde 1972, ser el primer convocado desde el extranjero a la selección, son hitos que graban a fuego su nombre entre los grandes del fútbol argentino de todos los tiempos.

Pero más allá de los hechos históricos, de los números y los récords, Fischer fue un futbolista valorado por sus condiciones de jugador fundamental en cualquier formación azulgrana y preocupación permanente de los rivales. Esa indescifrable “bicicleta” que desconcertaba a sus marcadores y lo proyectaba en velocidad (a pesar de tener un físico atlético, pero pesado por su contextura y altura) tenía una ferviente obsesión de terminar con la pelota en la red.

También supo jugar de delantero central, aunque siempre con esa tendencia a desplazarse hacia la franja izquierda del ataque, y lo hacía con mucha eficacia. Mucho se dice de la habilidad de un futbolista. Yo considero que hay distintas habilidades. ¿O no era hábil un tipo que se cansaba de hacer goles, aunque no fuera un prodigio de la gambeta? Fischer era de esos goleadores natos, con el talento y la habilidad de concretar en la red, los avances ofensivos de El Ciclón. Nada menos.

Una característica de Fischer era que jugaba con las mismas ganas, fuerza y despliegue sea un entrenamiento, un amistoso o un partido oficial. El iba fuerte a cada pelota, claro que iba fuerte, pero de frente, leal, como se debe jugar al fútbol. Es un ejemplo a imitar. Hay muchas anécdotas que definen a El Lobo. Lo más importante es que fue un futbolista que por sus características, su presencia, su poder goleador, su empuje, sus ganas, su entrega, su potencia y su célebre “bicicleta” se convirtió en un jugador inolvidable.


El Lobo Fischer, ídolo eterno de San Lorenzo, goleador implacable.

Por Adrián Pullés, autor del libro “Goleadores históricos de San Lorenzo”





martes, 12 de octubre de 2021

UNO DE LOS GRANDES PORTEROS DE LA HISTORIA MUNDIAL

UNA LEYENDA QUE JAMAS SE OLVIDARA 

Este corpulento portero charrúa de 1,84 de alturas y 94 quilos fue uno de los símbolos de la mítica conquista de la selección de Uruguay en el Mundial de 1950, derribando el favoritismo de Brasil en la final ante 200 mil estupefactos hinchas en el Maracaná.





Roque Gastón Máspoli fue dueño de una inigualable longevidad de 64 años dedicados al fútbol. De los primeros saltos -con 16 tiernos años- en el legendario estadio Centenario en los años 30, con la zamarra del Nacional de Montevideo, hasta el último partido de la selección uruguaya en la fase de clasificación del Mundial del 98, cuando a los 80 años dirigía el combinado celeste contra Argentina, en Buenos Aires.


Dos realidades directamente opuestas y dramáticamente distantes pocos experimentaron con tanta intensidad...


El portero del "Maracanazo" defendió la portería del Nacional hasta los 22 años, cuando fue fichado por el Liverpool uruguayo, quedándose un año con los negriazules.


Pero sería al transferirse al Peñarol, cuando empezara a destacar. Con el equipo aurinegro sería seis veces campeón uruguayo al lado de vacas sagradas del fútbol charrúa como Obdulio Varela, Juan Schiaffino y Alcides Ghiggia. Principalmente en el equipo del 49, llamado certeramente "La Máquina".


"El gran portero" dejaría los guantes a los 38 años, un año después de conducir a la "Celeste Olímpica" a la cuarta plaza en el Mundial de 1954 en Suiza. Más tarde, construiría una sólida trayectoria como entrenado destacando especialmente a su amado Peñarol.


Una de las últimas apariciones públicas de Máspoli fue en la final de la Copa Amércia de 1999, en Paraguay, cuando fue entrevistado por el periodista uruguayo Jorge Barraza. Máspoli dijo que Brasil no era tan superior en aquella fatídica tarde del 16 de julio de 1950 para los brasileños. "Casi no nos habíamos preparado. Un mes antes, jugamos tres partidos ante Brasil. El primero lo ganamos 4 a 3. Anotaron un gol en fuera de juego y otro de forma media extraña. En el segundo, ellos ganaron 2 a 1 con un gol en propia puerta de Matías González. En el tercero ganaron 1 a 0 con un gol a los 42 de la segunda parte. Éramos muy parejos", recordó.


El legendario arquero uruguayo también dijo que después de que ellos recibieran el gol del empate, el equipo brasileño se vino abajo, no por culpa de los jugadores, pero sí de la presión del público que hacía un ruido ensordecedor durante el partido que desgastó mentalmente a los futbolistas brasileños. Entonces Ghiggia trató de hacer el segundo gol y consolidar el bicampeonato mundial de la Celeste Olímpica. "Al fnal del partido, hubo una jugada donde un jugador brasileño cayó al suelo, y cuando fui ayudarlo a levantarse, estaba pálido, helado... aquello les mató!", declaró el antiguo guardamento, a los 81 años.


Roque Gastón Máspoli murió en la noche del 22 de febrero de 2004, doce días después de ingresar en el hospital debido a una infección pulmonar. Quien lo acompañó en los últimos instantes fue Julio César Abbadie, antiguo compañero en los tiempos de selección, en 1954. Emocionante también fue el homenaje que recibió de los aficionados aurinegros en el partido de la Copa Libertadores de 2004 entre Peñarol y Sao Caetano. "Ole, ole, ole, ole, Roque, Roque", gritaba la hinchada.


Tras la muerte de Omar Míguez en el 2006, ahora el verdugo de la 
canarinha Alcides Ghiggia es el único superviviente entre los que fueron titular del histórico combinado celeste de 1950.

FUENTE: TRIVELA

jueves, 29 de julio de 2021

NOMBRES QUE QUEDARON EN LA HISTORIA

MIGUEL INDURAIN LARRAYA


FUENTE: THEINADIANFACE.COM



MIGUEL INDURÁIN LARRAYA

Miguel Indurain Larraya... ¡Todo un crack del ciclismo! El ex ciclista español se coronó ganador del Tour de Francia desde 1991 hasta 1995 consecutivamente, y en dos ocasiones vencedor del Giro de Italia en el 92’ y en el 93’. ¡Pero Miguel Indurain no se detuvo allí! Alcanzó el récord de la hora en el 94’ (por dos semanas), se consagró campeón del mundo en la categoría contrarreloj un año más tarde, y luego surgió como campeón olímpico contrarreloj en el 96’.

De allí en adelante su carrera continuó con grandísimos éxitos destacando y venciendo en múltiples vueltas por etapas de una semana y las clásicas de un día, pero destacó especialmente en las etapas a contrarreloj que le otorgó sus victorias. Ganó varias vueltas como la Volta a Cataluña en 1988, 1991 y 1992; la París-Niza en 1989 y 1990; la Clásica de San Sebastián en 1990; el Campeonato de España en Ruta en 1992; y la Dauphiné Libéré en 1995 y 1996.

Es considerado como uno de los mejores ciclistas de la historia junto a Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Fausto Coppi y Bernard Hinault; y el octavo mejor del Tour de Francia según un panel del propio Tour. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, entre otros premios en reconocimiento a su carrera deportiva.

Además, es uno de los más destacados escaladores en el mundo del ciclismo. ¡Todo un deportista nato y una leyenda del ciclismo!

jueves, 6 de mayo de 2021

SE FUE UN MAESTRO

NOS DEJO CARLOS TIMOTEO GRIGUOL

FUENTE: LA CAPITAL

A los 86 años, falleció el ex futbolista y entrenador Carlos Timoteo Griguol, figura de Rosario Central, y del fútbol argentino y mundial. El emblema del fútbol nacional murió este jueves, según confirmó su yerno, el ex jugador Víctor Marchesini.




Se encontraba internado en el Sanatorio Los Arcos, en el barrio porteño de Palermo, desde el 12 de abril debido a una afección pulmonar asociada a un diagnóstico de covid-19. Griguol había sido vacunado contra el coronavirus en la sede del club Ferro Carril Oeste hace poco más de un mes.

Carlos Timoteo Griguol había nacido un 4 de septiembre de 1934 en Villa Las Palmas, Córdoba, en una casa con un amplio jardín delantero que, bajo la atenta mirada de su padre Carlos o su madre Mafalda, se transformaba en la canchita del barrio. Tenía dos hermanas.

Llegó a Buenos Aires con su sueño de fútbol a una pensión del barrio porteño de Balvanera donde conoció a uno de sus mejores amigos, Luis Artime. Para aguantarse la estadía vendió artículos de electricidad, hasta que don Victorio Spinetto y Adolfo Mogilevsky lo adoptaron y lo pusieron en carrera.

Debutó como futbolista profesional en Atlanta en 1957 y en ese equipo ganó la Copa Suecia de 1958. Los Bohemios le ganaron un playoff a Rosario Central en la semi y la final a Racing Club. En 1959 fue convocado a la selección argentina con la que ganó el Campeonato Sudamericano, hoy denominado Copa América.

Se casó con Betty, una chica que jugaba al básquet en Atlanta, y con ella tuvo cuatro hijas: Mariana, Karina, Tamara y Carla.

Griguol era un centrojás de pierna fuerte, jugaba en el medio de 5 y llegaba al área para imponer su físico, era serio, sacrificado. Luego la experiencia lo había puesto de 6, donde tuvo aún más ascendencia entre sus compañeros.

Creía que haber nacido en el campo lo había dotado de “un puñado de costumbres”, como “escuchar a los mayores, aprender de sus años, respetarles lo vivido”. Quizás por eso también nunca perdió su tonada cordobesa.

En Rosario Central

Griguol pasó en 1966 a Rosario Central y el primer día que debió presentarse en la concentración no pudo hacerlo. Viajaba desde Buenos Aires en auto, la copiosa lluvia cortó el camino y se lo impidió. Responsable como era, se agarró una buena calentura. Ya en Rosario, sobresalió inmediatamente, como lo haría cualquier jugador que luego de la práctica se quedaba a entrenar solo.

Jugó en el Canalla hasta su retiro en 1969 cuando cambió sin dilación la camiseta por el buzo de DT, y comenzó a trabajar en las inferiores del club. Con Francisco “Pancho” Erausquin como ladero laburaban 12 horas por día con unos 300 pibes.

En 1971 dirigió en forma interina al primer equipo y el 6 de mayo de 1973 reemplazó a Ángel Tulio Zof en el banco de suplentes. Cuando terminó el Metropolitano, se llevó a todo el plantel doce días a La Cumbre, Córdoba, a una pretemporada ya que le preocupaba la condición física de sus jugadores.

Ese mismo año con Los Picapiedras, como el periodismo había bautizado al Canalla, gritó campeón del Torneo Nacional. Griguol festejó el 29 de diciembre de 1973, con 37 años, su primer campeonato como DT. Fue subcampeón en el Metropolitano y el Nacional de 1974 con “el mejor equipo de Central de la historia”, y jugó la Copa Libertadores de ese año y 1975. Luego un hasta pronto lo alejó de Central.

1976 fue un año sabático, y tras su paso por Tecos de Guadalajara, México, volvió a Central para dirigirlo en 1977 y 1978. Con un equipo de jóvenes valores no pudo campeonar y fue reemplazado por Zof.

Griguol ya no volvería a ocupar el cargo de director técnico canalla, aunque su impronta quedó incólume en el club. El cariño con los hinchas fue eterno y se manifestaba cada vez que El Viejo pisaba el Gigante de Arroyito.

Recordando su paso por Central en una entrevista firmada por el periodista Eliseo Trillini que el Diario La Capital publicó el 1º de octubre de 1998, Griguol se ufanaba de “la cantidad de gente que hemos tenido en los planteles y la posibilidad de haber podido orientar a muchos jugadores”. Creía además que “el Central del 75 no tiene nada que ver con el actual (...). Con Pancho Erusquin y el Indio Solari comenzamos a trabajar con las inferiores y si hubiese existido la posibilidad de vender en el mercado europeo como en la actualidad, Central sería multimillonario”. Y si bien Central creció con los años, para Griguol “se estancó al no tener la visión de convertirse en un club grande”.

Quizás la mayor de las gratitudes de Central con Griguol se resuma en una palabra: profesionalidad. Timoteo heredó un vestuario ya ordenado por Miguel Ignomiriello, y le agregó ropa limpia para los jugadores, horarios estrictos, campos de juego en condiciones y un médico permanente. Y un cambio de actitud en el equipo sorpresivo para la época: se jugaba igual

Tras algunos pasos fugaces por Kimberley de Mar del Plata (1979), River Plate (1987-1988), Betis de España (1999-2000) y Unión de Santa Fe (2002), su pasión y conocimiento se asentaron en Ferro Carril Oeste (1979-1987 y 1988-1993) y en Gimnasia y Esgrima de la Plata (1994-1999, 2000-2001 y 2003-2004). En el Lobo platense tuvo su despedida como Mister. Con Ferro salió subcampeón de Boca Juniors y River en el Metropolitano y el Nacional de 1981, y en 1982 se coronó campeón invicto del Nacional. En 1984 repitió el título y fue segundo en el Metropolitano. Por su parte, con River ganó en 1987 una Copa internacional, llamada Interamericana, y con Gimnasia logró tres subcampeonatos en los Clausura 1995 y 1996, y en el Apertura 1998.

Griguol y el trabajo

El Maestro utilizaba hasta el infinito la palabra trabajo, “capaz de transformar una pierna de picapiedra en pierna hábil” y de “garantizar el logro de objetivos”. Era su receta para superar las dificultades. “Trabajando siempre, sin perder el ritmo”, afirmaba. Publicado por el Diario La Capital el 8 de junio de 1999, un imperdible ping pong con el periodista Mauricio Tallone lo pinta con el overol puesto:

-¿Con trabajo se aprende a definir como (Gabriel) Batistuta?, pregunta el cronista.

-Por supuesto, algunos lo hacen a los 17 años y otros a los 24. El tema es saber quién se aguanta esos siete años de aprendizaje, contesta Timoteo.

-Pero hay chicos que son malos jugadores y no aprenden más..

-Debe ser porque la madre los cagó a palos para que no rompan las plantas. O porque no tienen esa manteca especial para aprender.

-¿Y cómo se consigue esa manteca?

-Muy simple, en lugar de practicar diez veces, lo hacés un millón de veces.

Griguol y la educación

La preocupación de Griguol por los pibes fue una constante y lo dejó muy en claro no solamente con su estrategia de renovación generacional. “Sé perfectamente que las instituciones necesitan vender y les doy la solución a través de mi trabajo”, decía, mientras sembraba y regaba futuros cracks en las inferiores. Tal era su eterno proyecto que el 8 de junio de 2000 le confesó al periodista Fernando Gabrich de La Capital: “Hubiera agarrado las selecciones juveniles, pero las mayores no. Lo que pasa es que a mi no me gusta trabajar de a ratos”.

El Maestro la tenía clara y no miraba únicamente para arriba. “De los chicos que están en el fútbol sólo el uno o el dos por ciento llega a jugar en Primera y una pobre cantidad logra ser estrella, mientras que los demás son comparsa (...). El problema son los que no llegan. Esa es nuestra preocupación como cuerpo técnico”, obligó en esa misma entrevista.

Pero el diablo sabe más viejo que por diablo y Griguol tenía la solución: “Hay que implantar que todo jugador que está en divisiones inferiores debe, obligatoriamente, estudiar (...). Ya sea computación, idiomas, peluquería, abogacía o medicina. Lo importante es que el jugador se prepare para realizar otra cosa ajena al fútbol. Nosotros a todos los jugadores les exigimos que terminen la secundaria”.

Ya se lo había dicho a La Capital en 1998: “Yo les exijo a los chicos que hagan un curso de algo, que aprendan algún oficio. No acepto que vengan y me digan ‘lo único que sé hacer es jugar al fútbol’. Hay que estar preparado para la vida”.

Para eso les exigía a sus jugadores que no inviertan su dinero en autos y farra, sino en devolverle la plata a los padres o en el mercado inmobiliario, ya que su experiencia era amarga: “Casi todos los jugadores invirtieron mal. Le puedo nombrar a cinco jugadores por equipo que pueden haber invertido bien el dinero ganado (...), el resto están todos viviendo no sé de qué”.

Por qué será recordado Griguol

Porque era disciplinado y exigente como pocos.

Porque le enseñó a Hugo Gatti a orinar en un inodoro y no en cualquier lado.

Porque organizó rifas, asados y hasta donó parte de su sueldo para comprar semillas para sembrar un campo de juego o ropa para las inferiores.

Porque de su bolsillo compró un tractorcito para cortar el césped de la cancha como él quería. Y lo hacía él mismo.

Porque nunca se privó de disfrutar del fútbol y jugaba apuestas, mayormente asados, con sus jugadores por los resultados.

Porque le gustaba “enseñar, y que los jugadores puedan rendir sin ser estrellas”.

Porque les inculcaba a sus jugadores “la infrecuente gentileza de alcanzarle la pelota a un rival”.

Porque utilizaba estrategias de otros deportes: “(Los jugadores) saben que esto es como la NBA. Tenés diez segundos y en ese tiempo hay que convertir. No importa quien lo haga, da lo mismo”.

Porque a la salida del túnel les propinaba a sus jugadores un sopapo en la cara o en el pecho: “Las trompadas eran para despertarlos. Había partidos bravos, entonces vos les encajabas un cachetazo en la cara y se les perdía el cagazo que tenían y entraban a la cancha puteándome a mí”.

Porque para su equipo quería “a todos los (jugadores) que se rompen el alma. No me interesa de qué forma. Y si no lo hacen, los hablo hasta que se la rompan”.

Inteligente, tan cerebral como desmesurado, quizás adelantado a su tiempo y decidido a hacer del fútbol una escuela de vida, en un cable de Télam publicado el 11 de agosto de 1998 en el Diario La Capital, Carlos Timoteo Griguol tenía hasta planificado cómo le gustaría colgar los botines de su propia vida: “Sueño con ser recordado como un buen tipo”, se esperanzó. Así será. Gracias Maestro.

Producción periodística: Elbio Evangeliste / La Capital

Retoque fotográfico: Jorgelina Cerrutti / La Capital

Referencias bibliográficas

Bazán, Fabián (2009) De chiquito yo te vengo a ver. Rosario Central para canayitas. Rosario, Homo Sapiens Ediciones.

Brisaboa, Jorge (1996) De Rosario y de Central. Rosario, Homo Sapiens Ediciones.

Fontanarrosa, Roberto (2000) No te vayas campeón. Equipos memorables del fútbol argentino. Buenos Aires, Editorial Sudamericana.

Artículos periodísticos

“Griguol: ‘Vuelvo a Central si se dan las condiciones’” (1995) Por Alejandro Cachari. 30 de mayo. Diario La Capital. Suplemento Ovación. Rosario, Editorial Diario La Capital.

“La lección del maestro” (1995) Por Pablo Ramón. 27 de junio. Diario La Prensa. Personajes. Buenos Aires, Multimedios La Capital (Mar del Plata).

“La leyenda continúa” (1998) Agencia Télam. 11 de agosto. Diario La Capital. Suplemento Ovación. Rosario, Editorial Diario La Capital.

“Griguol, el viejo maestro” (1998) Por Eliseo Trillini. 1º de octubre. Diario La Capital. Suplemento Ovación. Rosario, Editorial Diario La Capital.

“Carlos Timoteo Griguol, última serie” (1999) Por Mauricio Tallone. 8 de junio. Diario La Capital. Suplemento Ovación. Rosario, Editorial Diario La Capital.

“Silencio, habla el maestro” (2000) Por Fernando Gabrich. 8 de junio. Diario La Capital. Suplemento Ovación. Rosario, Editorial Diario La Capital.


 


sábado, 24 de abril de 2021

LEYENDAS DEL AUTOMOVILISMO:

LOS HERMANOS EMILIOZZI:


FUENTE :SOLO TC

 


 

La 4ª edición de la Mar y Sierras los vio por primera vez arriba de una cupé Ford de Turismo Carretera. Fue el 23 de abril de 1950. Ese día, Dante y Torcuato Emiliozzi se instalaron definitivamente en la historia grande del automovilismo argentino. Fue la piedra fundacional de una campaña regada de gloria, con 42 victorias, 4 campeonatos y grandes gestas a bordo de la mítica Galera que los convirtió en protagonistas imprescindibles en la historia del TC.

 

“En ese momento éramos ilustres desconocidos, nadie nos llevaba el apunte”, recordó Torcuato en una nota publicada por el diario El Popular de Olavarría, la ciudad donde se instalaron desde su niñez. El abandono producto del radiador tapado por el barro que había en la ruta resulta toda una anécdota 7 décadas más tarde. No lo fue para ellos, que vivían por y para el Turismo Carretera.

Una anécdota, contada por Irma (una de las hijas de Torcuato, la otra es Silvia) a SoloTC, los describe de pies a cabeza. “Siempre digo que papá fue una ausencia para nosotras. Él a la noche dormía 2 o 3 horas, después se levantaba para seguir fabricando piezas. Pero todo eso trae consecuencias: cuando dejó de correr tuvo que pasar por la manos de René Favaloro…”.

Los Emiliozzi tardaron 3 años en poder festejar el primer triunfo en la “máxima”. Fue el 24 de mayo de 1953 en la Vuelta de Chacabuco, y no pararon más. En total alcanzaron 42 éxitos que los llevó a ocupar el 5° puesto que aún sostienen en la tabla histórica de ganadores detrás de Juan Gálvez (56), Roberto Mouras (50), Juan María Traverso (46) y Oscar Gálvez (43).

 

Lo curioso es que entre 1963 y 1964 consiguieron casi el 50% del total, con 10 victorias en cada una de esas temporadas. A 1 solo triunfo del récord que alcanzó Eduardo Copello (Torino) en 1967. Fueron campeones durante 4 años consecutivos: 1962, 1963, 1964 y 1965. Con esta seguidilla, cerraron la era más gloriosa de Ford en la historia del TC, donde la marca alcanzó 19 títulos al hilo.

 

Otro hito, propio de los hermanos Emiliozzi, lo registraron el 31 de marzo del ’63 en Necochea, cuando rompieron la barrera de los 200 km/h de promedio. Alcanzaron los 203,526 km/h para recorrer un trazado de 737,400 kilómetros. Dos años más tarde, el 27 de noviembre del ’65, llegaron a los 210 km/h en la 2ª etapa del Gran Premio entre Santa Rosa y San Rafael.

 

“Se complementaban a la perfección, porque Dante era un gran piloto y papá un gran mecánico –le describió  Irma a STC. Y agregó-. Papá era una persona muy minuciosa: llegaba con un bloque de acero y se sentaba horas y días hasta confeccionar el juego de bielas”. El taller de la calle Necochea 3229 (donde ahora funciona el Museo Municipal Hermanos Emiliozzi) no paraba nunca.

 

“Todas las noches había 20 personas trabajando con ellos, nadie cobraba un peso. Hasta el perro colaboraba: Tenían un Ovejero que le ponían plata en la boca e iba hasta el kiosco a comprar los cigarrillos Chesterfield que fumaba mi papá”, recordó Silva. Tanto afán y entusiasmo por los fierros, convirtieron a los Gringos en referentes indiscutidos, en los talleres y en las pistas. Dos leyendas que quedarán perpetuadas por siempre en la historia del Turismo Carretera.

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

DELY VALDES EL GOL CON SABOR PANAMEÑO: FUENTE: "KODRO MAGAZINE": «El año que marqué 19 goles en Oviedo si hubiera jugado en el Mad...