viernes, 13 de febrero de 2026

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"COPA MITROPA, LA MADRE DE LA COPA DE EUROPA"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

La Copa Mitropa, llamada oficialmente “La Coupe de l’Europe Centrale” o “Copa de Europa Central”, fue una de las primeras grandes competiciones del fútbol europeo de clubes. Se empezó a disputar entre los estados sucesores del antiguo imperio austrohúngaro, aunque posteriormente se sumarían nuevos países como Italia. Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1951, se celebró bajo el nombre de Copa Zentropa, pero el invento solo duró una temporada.




Posteriormente, se recuperó el nombre original, y solamente cambió durante la edición de 1958 por el nombre de Copa Danubio. Durante los años 50 mantuvo una fuerte rivalidad con la Copa Latina y la Copa de Ferias, antes de que la Copa de Europa en 1955 acabara imponiendo su hegemonía. Con el paso de los años y la aparición de otros campeonatos continentales, acabó siendo una competición menor, jugada por equipos del bloque soviético, e incluso llegó a existir una edición en la que participaron las selecciones nacionales. En sus últimos años terminó como una copa de menor calibre para los equipos campeones de Segunda División de distintos países.

En el palmarés histórico destacan el Vasas Budapest húngaro con seis copas en sus vitrinas, mientras que el Bologna italiano y el Sparta de Praga checo se reparten el segundo puesto, con tres. El tercer lugar está muy compartido: Ferencvaros, MTK Budapest, Ujpest y el Tatabánya húngaros, el Rapid Viena, Austria Viena y Admira Wacker austríacos, el Celik Zenica y el Estrella Roja yugoslavos y el Pisa italiano con dos trofeos. Además, dos históricos del calcio como el Torino (1991) y el AC Milan (1982) también tienen una Copa Mitropa en sus museos.

Por países, Hungría con 15 títulos, seguida de Italia con 11, y Checoslovaquia, Austria y Yugoslavia con ocho, son los países más condecorados.

 En 1897 se fundó en Viena la primera competición internacional para clubes de fútbol, la Challenge Cup, inventada por John Gramlick Sr., cofundador del Vienna Cricket and Football-Club. En esta competición copera podían participar todos los clubes del imperio austrohúngaro, aunque en realidad solamente participaban los clubes de las tres principales ciudades: Viena, Budapest y Praga. La Challenge Cup se llevó a cabo hasta el año 1911, y hoy en día se considera el antecedente de la Copa Mitropa y, por consiguiente, de la Copa de Europa y la actual Liga de Campeones. El último ganador de esta veterana copa fue el Wiener Sport-Club, uno de los clubes de fútbol más antiguos y tradicionales de Austria.

 La idea de crear una competición europea para clubes de fútbol se gestó tras la Primera Guerra Mundial, conflicto que supuso la derrota y el colapso del imperio austrohúngaro. Los instigadores de esta idea fueron los países centroeuropeos que, en ese momento, eran los más potentes del Viejo Continente. Un hecho que a menudo se pasa por alto en Gran Bretaña, donde se da por sentado que Inglaterra fue el mejor país futbolístico del mundo hasta la década de 1950…

A principios de la década de 1920 se crearon las primeras ligas profesionales de Europa: Austria comenzó en 1924, seguida por Hungría en 1925 y Checoslovaquia en 1926. Para reforzar el dominio de estos países en el fútbol europeo y apoyar económicamente a los clubes profesionales, se decidió resucitar el espíritu y la idea de la Challenge Cup, y se creó la Copa Mitropa en una reunión celebrada en Venecia el 17 de julio. La iniciativa corrió a cargo de Hugo Meisl, el secretario general de la Federación Austríaca del “Wunderteam” (nombre dado al victorioso equipo nacional de fútbol de Austria de la década de los años 30). Además, también se acordó la futura creación de una Copa de Europa para selecciones, que a diferencia de la Copa Challenge y la Copa Mitropa no sería anual. El motivo de la denominación de Copa Mitropa fue por el patrocinio por parte de la compañía alemana Mitropa (acrónimo de Mitteleuropäische Schlaf- und Speisewagen Aktiengesellschaft, en consonancia con el término teutón de Mitteleuropa (en español, Europa Central).

El paso del tiempo confirmó al austríaco Hugo Meisl como la única alternativa al predominio francés en la creación de grandes competiciones futbolísticas, ya que no hay que olvidar que la Copa del Mundo fue creada por Jules Rimet, la Eurocopa por Henri Delaunay, y la Copa de Europa anterior a la Liga de Campeones fue una idea original de Gabriel Hanot y Jaques Ferran. El fútbol está claro que le debe mucho a Francia.

Los primeros partidos de la Copa Mitropa se disputaron el 14 de agosto de 1927. Inicialmente, se inscribieron dos equipos de Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, que compitieron en una competición por eliminatorias. Los países participantes podían enviar a sus respectivos ganadores y subcampeones de liga, o a los ganadores de liga y de copa. El primer ganador fue el mítico equipo checo AC Sparta de Praga.

En 1929, los equipos italianos sustituyeron a los yugoslavos (que volverían posteriormente), mientras que en 1934, la competición se amplió a cuatro equipos de cada uno de los países competidores. Otros países fueron invitados a participar: Suiza en 1936, y Rumanía, Suiza y Yugoslavia en 1937. Austria se retiró de la competición tras el Anschluss (fusión de Austria y la Alemania nazi en una sola nación) de 1938. En 1939, antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la Copa Mitropa solamente contaba con ocho equipos (dos de Hungría, Checoslovaquia e Italia y uno de Rumanía y Yugoslavia). El nivel de las naciones competidoras quedó claramente demostrado por los dos títulos de la Copa del Mundo de Italia (1934 y 1938), la final de la Copa del Mundo de Checoslovaquia (1934) y Hungría (1938), y las semifinales de Austria (1934) y Yugoslavia (1930). De los once equipos diferentes que compitieron en las tres primeras Copas del Mundo, cinco formaron parte de la Copa Mitropa.

En 1940 no se pudo disputar la final debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial. De nuevo, solamente compitieron ocho equipos, tres de Hungría y Yugoslavia y dos de Rumanía. El Ferencváros húngaro y el Rapid rumano (que había ganado por sorteo tras tres empates) se clasificaron para la final, pero no se enfrentaron porque la parte norte de Transilvania (perdida poco después de la Primera Guerra Mundial) fue cedida a Hungría por Rumanía.

Después del conflicto armado se retomó de forma breve en 1951, y no fue hasta 1955 que volvió a su normalidad bajo el auspicio de la FIFA, pero sin conseguir el prestigio que había tenido antes por la progresiva aparición de diferentes competiciones europeas como la Copa de Europa y la Copa Latina, auspiciadas por la UEFA, y la Copa Internacional de Ciudades en Ferias, las tres con reconocimiento FIFA. A partir de 1980 la competición emplazó a los campeones de las segundas divisiones, ya que los más influyentes disputaban entonces competiciones mencionadas de más prestigio, para finalmente dejar de disputarse en 1992.

El máximo goleador del torneo fue el húngaro György Sárosi con 50 goles,​ seguido del legendario ariete italiano Giuseppe Meazza y de su compatriota Géza Toldi, ambos con 29 goles, cinco por encima de los anotados por Gyula Zsengellér y el austríaco Matthias Sindelar. Cierra con 21 goles la lista de los únicos jugadores en sobrepasar la veintena de tantos el checoslovaco Oldřich Nejedlý. Además, cabe destacar entre los máximos anotadores a Josef Bican, uno de los mayores goleadores de todos los tiempos que solo ha encontrado rival en Cristiano Ronaldo.

 

Los campeones de la Copa Mitropa

Año / Campeón

1927 AC Sparta Praha
1928 Ferencvárosi FC
1929 Újpesti FC
1930 SK Rapid (Viena)
1931 First Vienna FC
1932 AGC Bologna
1933 FK Austria (Viena)
1934 AGC Bologna
1935 AC Sparta Praha
1936 FK Austria (Viena)
1937 Ferencvárosi FC
1938 SK Slavia Praha
1939 Újpesti FC
1940 FC Rapid Bucaresti (sin disputar la final)
1951 [Copa Zentropa] SK Rapid (Viena)
1955 Vörös Lobogo
1956 Vasas (Budapest)
1957 Vasas (Budapest)
1958 [Donau Cup] Crvena zvezda Beograd
1959 Honvéd SE (Budapest)
1960 Hungría (cada país tenía 6 participantes; sus resultados se sumaban)
1961 Bologna FC
1962 Vasas (Budapest)
1963 MTK (Budapest)
1964 Spartak Sokolovo Praha
1965 Vasas (Budapest)
1966 AC Fiorentina
1967 Spartak Trnava
1968 Crvena zvezda Beograd
1969 Internacional Bratislava
1970 Vasas (Budapest)
1971 Celik Zenica
1972 Celik Zenica
1973 Tatabányai Bányász
1974 Tatabányai Bányász
1975 Wacker Innsbruck
1976 Wacker Innsbruck
1977 Vojvodina Novi Sad
1978 Partizan Beograd
1980 Udinese
1981 Tatran Presov
1982 Milan AC
1983 Vasas (Budapest)
1984 SC Eisenstadt
1985 Iskra Bugojno
1986 Pisa
1987 Ascoli
1988 Pisa
1989 Baník Ostrava
1990 Bari
1991 Torino
1992 Borac Banja Luka

 

jueves, 12 de febrero de 2026

"DE COLECCION"

 "FINIDI GEORGE EN EL REAL BETIS BALOMPIE"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Finidi George es para los aficionados béticos uno de los mejores jugadores que han pasado por el Benito Villamarín, pero el extremo nigeriano es mucho más que eso. En el «Titanic», calificativo con el que Lopera bautizaba a su nuevo Betis en 1996, Finidi era el capitán de la nave verdiblanca. Un extremo derecho largo y profundo, potente y rápido, brillante ante el gol y con una carrera de gacela que le otorgaba esa imagen plástica que jamás olvidarán los béticos que disfrutaron de su juego.



El jugador tenía un preacuerdo con el Real Madrid, sin embargo, fue Manuel Ruiz de Lopera, quien culminó su fichaje en una operación de altos vuelos que tuvo un coste de 1.024 millones de pesetas, el precio del jugador entre su traspaso, los impuestos y las comisiones acordadas. El Ajax cobraba 680 millones por la cláusula de rescisión (su contrato terminaba el 30 de junio de 1997), a los que habría que sumar el 18% de impuestos para el Fisco holandés, más 110 millones como comisiones a intermediarios y 1.200.000 dólares que percibiría el futbolista, que firmó por cinco años. 1 Copa de Europa, 1 Intercontinental, 3 Eredivisie, 3 Supercopas de Holanda, 1 Supercopa de Europa con el Ajax, además de 1 Copa de África con su selección, eran parte de su espectacular carta de presentación. “No me arrepiento. El clima, la afición… disfrute del fútbol y todo lo demás durante mis cuatro años en Sevilla”.

Finidi George llegó desde el Ajax, con el que lo ganó casi todo, por su calidad… y la providencia. En el verano de 1993 Nigeria jugó una serie de amistoso por Holanda y los técnicos del Ajax se fijaron en aquel espigado chaval que rezumaba velocidad y buenas maneras. Dicho y hecho, se incorporó al Ajax dejando su primer club serio, el Calabar Rovers FC, que fue el que le catapultó a la selección nigeriana. Sus primeros pasos, descalzo hasta que le obligaron a ponerse botas, fueron en un club de su ciudad natal, el Port Harcourt Sharks. Después todo vino rodado hasta recalar en el Real Betis Balompié. Un cuento de hadas solo manchado por el asesinato de su hermano en una trifulca durante un partido en la ciudad nigeriana de Laos.

«Quiero comunicarme con mis compañeros, pero no puedo porque todavía no hablo prácticamente nada de español. A veces quiero hacer alguna cosa y me quedo con las ganas por no saber expresarme. Lo solucionaré pronto porque tengo una profesora que me da clases particulares. En dos o tres meses empezaré a obtener los frutos. La verdad es que me encuentro fenomenal en este club y en esta ciudad. No he tenido problemas de ningún tipo. Todo lo contrario. Creo que ya se ha visto sobre el campo lo rápido que me he integrado a un club, una nueva ciudad, una nueva afición y un nuevo campeonato», aseguraba el jugador a la revista Don Balón.

«La Sombra Juguetona», como le llamaba el speaker del estadio, celebraba cada gol como local con un sombrero cordobés que le tiraban desde la grada. «Venía de Holanda, firmé por el Betis, marqué con el Athletic y empecé a ver los gorros en el campo. Gabino me espero un día y me dijo ‘la próxima vez que marques te pones este gorro porque lo tiramos sólo para ti’. Le dije ‘espero marcar más goles’ y así empezó todo. Al siguiente gol que marque cogí uno y me lo puse. Y a partir de ahí lo hice siempre».

En su primera temporada, a las órdenes de Lorenzo Serra Ferrer, el Betis llegó a la final de Copa, partido en el que el nigeriano hizo uno de los dos goles verdiblancos, y se clasificó en cuarto lugar en la Liga. Un gran equipo en el que coincidió con futbolistas tan importantes como Alfonso, Jarni, Alexis, Roberto Ríos, Merino, etc.

Desde su llegada, el rendimiento de Finidi George fue imponente. Una tendencia que se mantuvo en las tres primeras temporadas y que sólo decreció en la campaña 1999-2000, a raíz de un agrio desencuentro con el máximo dirigente de la entidad.

En total disputó 152 partidos oficiales (130 de Liga; 11 de la Copa del Rey; 5 de la Recopa de Europa y 6 de la Copa UEFA), marcando 44 goles. Con el club sevillano llegó a jugar la final de Copa de 1997 y disputó varias veces la Copa de la UEFA. Se marchó en el año 2000, año del descenso de los andaluces, convertido ya en un icono bético. «Tenía labia, pero no es cómo empieza sino cómo acaba. Empezamos muy bien al fichar, sonrisa de oreja a oreja, y al final no me trató bien. Me fui mal del Betis por culpa de Lopera. No pagaba a los futbolistas lo que tenía que pagar, hubo cabreos en el vestuario y luego nos enteramos que se gastó no sé cuántos millones para traer a Denilson y no sentó muy bien en el vestuario. Había futbolistas que tenían que cobrar y no lo hicieron. No cobras y traes a uno que cuesta miles de millones y tú tienes que cobrar y no lo haces. Anímicamente, ahí empezó el problema hasta que bajó el Betis a Segunda División». Del Betis pasó al Mallorca, con el que jugó la temporada 2000-01, en la que el conjunto bermellón disputó la Liga de Campeones.


domingo, 8 de febrero de 2026

"DE COLECCION"

OLIVER KAHN, EL VOLCAN ALEMAN

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"/ PAOLA MURRANDI

Oliver Kahn fue uno de los porteros alemanes más laureados de la historia y uno de los mejores de todos los tiempos. «Der Titan», a pesar de dar la impresión de ser un bruto descerebrado por su carácter agresivo e irascible, aplicaba método a su locura y reflexión en su ferocidad.




Rara vez se precipitaba a la hora de realizar una parada o un desafío, y su agresividad, a pesar de casos puntuales, disciplinada. Era simplemente alguien que aprovechaba sus atributos para imponerse en el juego de la manera más influyente que podía, sellando todas sus actuaciones con severo carácter.

Sus aportaciones individuales le valieron el récord de cuatro premios consecutivos al mejor portero europeo de la UEFA, así como tres premios al mejor portero del mundo de la IFFHS, y dos trofeos al mejor futbolista alemán del año. Además, en la Copa Mundial de la FIFA 2002, «Volcano» se convirtió en el único portero de la historia del torneo en ganar el Balón de Oro. Quedó quinto en las elecciones de la IFFHS al mejor portero del siglo XXI y al mejor portero de los últimos 25 años. A todo ello hay que sumarle ocho títulos de la Bundesliga, seis DFB-Pokals, la Copa de la UEFA en 1996, la Liga de Campeones de la UEFA y la Copa Intercontinental, ambas conseguidas en 2001.

De 1994 a 2006, Kahn formó parte de la selección alemana, en la que jugó como titular tras la retirada de Andreas Köpke, y también formó parte de la expedición que ganó la Eurocopa de 1996, aunque no llegó a jugar ni un solo minuto. Disputó 86 partidos con la selección alemana, 49 de ellos como capitán. Se convirtió en Campeón de Europa (1996) y Subcampeón del Mundo (2002).

Nacido el 15 de junio de 1969 en Karlsruhe, a los seis años, Oliver se incorporó al Karlsruher Sport Club, donde su padre Rolf había jugado de 1962 a 1965. Curiosamente, el barrio de Baden-Württemberg fue testimonio privilegiado de sus orígenes como jugador de campo, condición que con el paso del tiempo abandonaría para convertirse en el cancerbero que todos recordamos.

La temporada 1987-88 fue incorporado en el primer equipo, siendo al principio el portero suplente por detrás de Alexander Famulla en la Bundesliga. El 27 de noviembre de 1987, debutó en la liga en una derrota a domicilio por 4-0 ante el 1.FC Köln. Sin embargo, hasta 1990, el entrenador Winfried Schäfer no decidió ponerlo de titular en lugar de Famulla.

Fue considerado un jugador clave y un motivador en la plantilla del Karlsruher SC que alcanzó las semifinales en la Copa de la UEFA de 1993-94. Durante los octavos de final, el equipo logró una goleada de 7-0 contra el Valencia en su campo, después de perder el primer partido por 1-3 en el estadio de Mestalla.

 Los medios de comunicación alemanes apodaron el partido como el «Milagro en el Wildparkstadion», y Kahn fue proclamada uno de los héroes del equipo. Pero la alegría duró poco, ya que el Karlsruher SC cayó derrotado por el SV Austria Salzburgo en la semifinal. Para la historia quedaron las eliminaciones de rivales de mayor renombre, como el PSV o el Burdeos. En los 10 partidos que el KSC disputó en las cinco rondas de ida y vuelta, mantuvo la asombrosa cifra de cinco partidos sin recibir goles.

La brillante campaña del Karlsruher fue seguida por los grandes clubes europeos y el verano siguiente, el Bayern de Múnich aprovechó la oportunidad de fichar a Kahn ofreciéndole la titularidad para la temporada de su desembarco, la 1994-1995. A pesar de una grave lesión, pudo participar en 30 partidos.

La temporada 1995-96, Kahn fue capaz de ir más allá en la Copa de la UEFA que con su anterior equipo y consiguió hacerse con el trofeo. El hecho de no encajar ni un solo gol contra el Lokomotiv de Moscú y el Raith Rovers, marcaron la pauta de la competición y, tras superar con éxito esos complicados viajes, el Bayern se deshizo de los antiguos ganadores de la Copa de Europa, el Benfica, el Nottingham Forest y el Barcelona, antes de enfrentarse al Burdeos en la final.

El Girondins, que solamente se había ganado su puesto en la competición al superar la primera edición de la Copa Intertoto eliminando al antiguo club de Kahn, contaba con los futuros campeones del mundo franceses Christophe Dugarry y Zinedine Zidane entre sus filas, pero no fueron rival para los bávaros. La victoria por 2-0 en Múnich en el partido de ida (otra vez con la portería a cero en una gran ocasión) dio al Bayern la base para seguir avanzando, y en la vuelta arrasó con el equipo francés, con Jürgen Klinnsman, que marcó su 15º gol en la competición, en una victoria por 4-1.

Fue la primera vez que Kahn se hizo con un trofeo, y no tardó en conseguir su primera Bundesliga y la DFB-Pokal la temporada siguiente. A su brillante temporada en el ámbito nacional se sumaron más éxitos en el ámbito europeo; como miembro de la selección alemana en la Eurocopa 96, se marchó de Wembley con otra medalla de campeón (sin jugar) para añadir a su floreciente palmarés. Sin embargo, la siguiente oportunidad de Kahn de ganar una competición europea en el ámbito de clubes terminó en un desengaño, y es una que dejó una marca indeleble en él y en la mente de los aficionados: Barcelona 1999.

Todavía era de día en el Camp Nou cuando Mario Basler lanzó un suntuoso tiro libre que rodeó la barrera y entró por la esquina inferior para dar al Bayern una ventaja que debía defender. Cuando la oscuridad empezó a descender, también lo hizo la marea roja, mientras el Manchester United intentaba remontar el marcador. Aunque el United se lanzó a por el partido, la verdad es que el portero del Bayern tuvo poco que hacer. Mientras mantenía a raya a los contrarios, tenía que ver cómo sus compañeros desperdiciaban ocasiones presentables, ya que se las ingeniaban para golpear el poste y el larguero.

Y entonces las cosas cambiaron. Cuando Teddy Sheringham empató el partido, Kahn cayó impotente en el centro de su área, con un solo brazo en alto, el dedo índice levantado y agitando mientras suplicaba una bandera de fuera de juego que nunca llegaría. Momentos después, su portería fue profanada una vez más, esta vez por Solskjær, el «deus ex machina» favorito del United, que evadió los intentos de Kuffour de despojarlo para rematar instintivamente un pase al primer palo.

 Fue fascinante ver a Kahn cuando el balón llegaba al fondo de la red. Por una vez, esas piernas gruesas como un roble parecían haber echado raíces en la boca de gol para mantenerlo en su sitio mientras miraba impotente. La única parte de su cuerpo que se movía era la cabeza, que giraba, primero para seguir la trayectoria del disparo y luego para seguir los movimientos de los jugadores del United celebrando el gol. El Bayern fue dominante y desperdició numerosas ocasiones de oro en una final que representa una de las mayores remontadas de la historia del fútbol.

Dos años después, el Bayern tuvo otra oportunidad de conseguir el trofeo que se le había escapado por poco. Tras deshacerse del Real Madrid en las semifinales, los alemanes se dirigieron a Milán para enfrentarse a un nuevo rival español, el Valencia. La final de la Liga de Campeones de 2001 fue un partido dominado por los penaltis. Se lanzaron tres durante los 90 minutos, con Gaizka Mendieta y Stefan Effenberg convirtiendo tranquilamente cada uno de los lanzamientos de Mehmet Scholl, que se dirigió directamente a Santiago Cañizares, pero no fueron suficientes para separar a los dos equipos y se llegó a la tanda de penaltis. Aquí es donde Oliver Kahn se lució.

Acabó realizando tres paradas, incluida la decisiva para conseguir la victoria: una zambullida hacia su derecha, rechazando el balón con una técnica poco ortodoxa, utilizando el dorso de sus puños cerrados para rechazar el disparo. Fue feo e intransigente y típicamente Kahn: canalizar su beligerancia en una impresionante hazaña de portero.

La mejor de sus paradas se produjo en el lanzamiento de un penalti de Amedeo Carboni que iba directo al centro. Kahn, que en un primer momento interpretó mal el lanzamiento, se dejó caer hacia su izquierda, pero tuvo la presencia de ánimo para levantar el brazo derecho y lanzar el balón contra el travesaño sin esfuerzo, como un oso pardo que saca un salmón de un río. Después de que el balón rebote y se ponga a salvo, se abalanza sobre él, lo agarra con las dos manos mientras lo sacude violentamente y grita. Es un momento de puro alivio y de pura locura.

Kahn recibió el premio al mejor jugador del partido por su actuación y el Bayern consiguió exorcizar los demonios de Barcelona que le perseguían desde entonces. Fue una victoria catártica, pero también una demostración de su gran personalidad y de su condición de auténtico caballero del fútbol. Para la historia queda su imagen consolando a un Santiago Cañizares totalmente abatido por la derrota, mientras sus compañeros de equipo celebraban la victoria.

El Mundial de 2002 vio como los alemanes a pesar de no practicar un gran fútbol y sus graves limitaciones lograron superar su grupo. A partir de ahí, se esforzaron por conseguir victorias por un solo gol contra Paraguay, Estados Unidos y la anfitriona Corea del Sur en las rondas eliminatorias. No es exagerado decir que aquella selección teutona no habría llegado tan lejos sin su portero, que a veces, sobre todo contra Estados Unidos, parecía arrastrarlos a través de los partidos con su carácter hasta llegar a la final.

De la misma manera que la victoria del Bayern sobre el Valencia le permitió alejar el fantasma de su espectacular derrota contra el United, la final de la Copa del Mundo dio a Brasil la oportunidad de superar lo ocurrido en París cuatro años antes. Más concretamente, ofreció a Ronaldo, la posibilidad de dar la talla en el mayor escenario de todos, después de que las extrañas circunstancias que le rodearon justo antes de la anterior final contra Francia le hicieran jugar como una sombra de sí mismo.

Por momentos, el resto del partido pareció secundario ante el duelo personal entre el delantero brasileño y el portero alemán: Ronaldo no consiguió más que rozar sus tacos en un uno contra uno, y luego Kahn blandió su espinilla derecha para rechazar un disparo con la zurda al filo del descanso. El objeto aparentemente inamovible no podía negar la fuerza irresistible. Al cabo de una hora, Kahn se quebró.

Un disparo desde fuera del área de Rivaldo parecía que iba a ser una parada fácil, pero se escapó de las manos de Kahn y fue a parar directamente a los pies de Ronaldo. Fue un error espantoso que se castigó sin contemplaciones. Es fácil criticar al guardameta por cometer un error de esta magnitud, pero en este caso sus compañeros de equipo le defraudaron: Dietmar Hamann perdió la posesión de la pelota por parte de Alemania al caer débilmente ante un reto de Ronaldo y Ramelow no reaccionó en absoluto al rebote, por no mencionar el hecho de que su equipo no habría llegado tan lejos sin él.

Poco después, la defensa se volvió a complicar. Thomas Linke se vio tan sorprendido por el amago de Rivaldo que Ronaldo tuvo tiempo de sacar el transportador y medir su disparo en la esquina inferior por la parte interior del poste. En 10 minutos, Ronaldo consiguió enterrar cuatro años de malos recuerdos, destrozar los sueños de los alemanes y privar a Oliver Kahn de la condición de portero ganador de la Copa del Mundo. Destacable la muestra de empatía del brasileño en acabar el partido al correr hacia Oliver para reconocer su actuación y animarlo en la derrota. ¡Qué grande fue el fútbol!

Los tres años transcurridos entre 1999 y 2002, con una victoria europea intercalada entre dos gloriosos fracasos, llegaron a definir y socavar el legado de Kahn. Por desgracia la historia la escriben siempre los vencedores y apenas se piensa en los vencidos. Es demasiado fácil dejarse envolver por la alegría de una buena historia que llega a buen puerto y olvidar las consecuencias para los vencidos. Una mirada a la carrera de Oliver Kahn nos recuerda que los cuentos de hadas no tienen un final feliz para todos.


sábado, 7 de febrero de 2026

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"CUANDO  GALVEZ LE GANO A LOS EUROPEOS"

FUENTE: "CAMPEONES":

El 6 de febrero de 1949 quedó marcado a fuego en el automovilismo nacional por el triunfo que logró bajo una intensa lluvia el «Aguilucho» Oscar Alfredo Gálvez con el Alfa Romeo 308 en las calles de los bosques de Palermo, e imponiéndose sobre los ases europeos que asistían a las Temporadas Internacionales que organizaba el Automóvil Club Argentino desde 1947.




La proeza del ídolo automovilístico se dio un año después de haber perdido la posibilidad de lograrla cuando en una detención para cargar combustible un desconocido lo golpeó en la boca, provocándole una herida leve y además el equipo pierde un tiempo considerable para destapar un depósito de aceite, retrasándolo en boxes y viendo cómo esa victoria pasaba a manos de Luigi Villoresi (Maserati) y él era su escolta.

Con una multitud que bordeó el circuito de 4.865 metros desde muy temprano, y se mantuvo estoica ante las persistente precipitación que acompañó aquél domingo, en el cual Gálvez fue observando que adelante suyo quedaba «uno menos» cuando se retrasaban Villoresi (hizo la «pole») y Juan Manuel Fangio (quien había ganado en la carrera de Fórmula Libre con el Volpi Chevrolet), por despistes, y Alberto Ascari (Maserati), que abandonó por un principio de incendio, y así consiguió prevalecer por primera vez en nuestras tierras ante los pilotos experimentados.

Fangio fue su escolta con una de las Maserati que inscribió el ACA, a dos vueltas, en el tercer lugar arribó el uruguayo Eitel Cantoni, a tres giros de Gálvez, superando a Adriano Malusardi (también integrando el equipo del ACA), y el príncipe Bira de Siam (hoy Tailandia), todos con Maserati.

Cabe señalar que Gálvez fue el primer bicampeón argentino en una temporada, al conseguir en ese año 1949 los títulos de Turismo Carretera con Ford y Pista con Alfa Romeo.

Fotos: Gentileza El Gráfico / Museo Fangio

sábado, 17 de enero de 2026

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

 ¿QUIEN ERA EL PATO MORENO EL EX JUGADOR DE INDEPENDIENTE DE NEQUEUN Y ALIANZA DE CUTRAL CO  QUE FALLECIO EL DIA JUEVES ?


FUENTE: "LA MAÑANA DEL NEUQUEN"

De chico la rompía en los potreros de Villa Florencia, en la canchita del Colegio Don Bosco, con su hermano Víctor, o con el "Pela" Rubén Bucarey. Brilló en los 70' en Unión Vecinal, en tiempos en los que el club de Colonia Valentina se metió entre los grandes de la Liga Neuquina. Héctor Adolfo Moreno, "el Pato", era centrodelantero, medía metro ochenta y seis; de piernas larguísimas, ganaba en el área y era dueño de un precioso remate definidor. Goleador.




Fue así que llegó a Independiente de Neuquén, y compartió equipazos con apellidos clave en la mejor historia albirroja: Ganuzza, Zanollo, Dehais, Larroque, Novellino, Doroni, y el enorme Carlos Patón Raschia, compinche en el área rival. Fue, por ejemplo, campeón con Independiente en 1977 y pasó luego por Alianza de Cutral Co y Atlético Neuquén. Melena al viento, celebró goles y más goles en las polvorientas canchas de la liga. En aquellos años, muchos jugadores del fútbol grande de la Argentina llegaban a la región.

Contaba Moreno que un verano a fines de los 70 se probó y junto a Bucarey fueron convocados para jugar en el Cipolletti, gran protagonista de los torneos nacionales de aquella época dorada del fútbol chacarero. Se había alargado la tarde en el Balneario de Neuquén, por entonces prístino brazo del Limay. Hacía calor, y jugador disfrutaba de las caricias de la fama, en el escenario más popular de la vieja capital. Es hermoso el río de enero y Moreno amaba el Limay. Bucarey cruzó el puente y escribió su propia historia.

Entre las anécdotas que siempre recordaba, muy de pibe, lo mandaron a marcar a un porteño que venía con pergaminos. No lo conocía. Terminó mareado: era Orestes Corbatta quien cerró su carrera en General Roca. "El baile de mi vida me dio".

Fue clave en los 80 en el Atlético Neuquén que dirigía el exEstudiantes de La Plata Rubén Chéves, siempre con goles, siempre en el área melena al viento. En paralelo fue gerente de una empresa de cargas especializada en logística aérea. Allí se jubiló.

Hace algunos años se había encontrado con la parca durante veinte segundos. Volvió. Hace 15 años se casó por iglesia con Isabel, la madre de tres de sus cinco hijos (Adrián, Carla, Florencia, Victoria y Lautaro).

Héctor Pato Moreno murió el jueves a los 70 años, en el hospital Bouquet Roldán.

Se había ido hace un tiempo. Perdido en la cancha recordaba borrosas postales de viejas glorias en canchas llenas. Disfrutaba el río cada vez que podía, aún cuando ya no estaba.


viernes, 16 de enero de 2026

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

 SPANISH GIRL´S CLUB, EL PRIMER CLUB FEMENINO DE ESPAÑA

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Tras 45 días de preparación el 9 de junio de 1914 el Spanish Girl’s Club organizó un partido en el Velódromo Parque de Deportes (campo del RCD Espanyol por aquel entonces) que enfrentó a dos combinados formados íntegramente por mujeres para oficializar su existencia entre la sociedad barcelonesa. Aquel club, con sede social en local L’Amistat, fue un proyecto liderado por Paco Brú Sanz, exjugador del Barça, empleado del Ayuntamiento de Barcelona y futuro seleccionador nacional en Amberes 1920.




Hay que remarcar que aquel no fue el primer partido disputado entre mujeres en España, pero sí supuso un gran paso adelante para el fútbol femenino de clubs. El primer match tuvo lugar el 31 de mayo de aquel mismo año, cuándo en la ciudad de Barcelona se organizó una jornada de deporte benéfico cuyos beneficios se destinaban a favor de la Federación Femenina contra la Tuberculosis.

Emilia Paños, Concha Ferrer, Dolores, Dorotea Alonos, Juanita Paño, Emilia Calvo, Josefa López, Emilia González, Rosita Just, Pilar Carratala y Presentación, jugaron en el equipo de Montserrat. El resto: Mercedes Azul, Palermo, Esperanza, Mercedes Queralt, Narcisa Colomer, Natividad Miguel, María, Leocadia y Clotilde Rodríguez, formaron el de Giralda.

Aquel partido ganado por el equipo Giralda tuvo desempate posteriormente que acabó en empate. Tras el éxito de la experiencia se organizó una larga gira. Tres encuentros en Palma, dos en Sabadell, tres más en Valencia, uno en Reus, otro en Tarragona y otro en Pamplona, durante las fiestas de San Fermín, para inaugurar el nuevo estadio del Punching Club. Las Spanish Girl’s Club visitarían muchos estadios de España, expandiendo la idea de que el fútbol también era para mujeres.


jueves, 15 de enero de 2026

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"EL DIA QUE REDONDO AGREGIO A UN COMPAÑERO EN EL VESTUARIO"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

 El miércoles 26 de enero de 1994 siempre será recordado por Fernando Redondo, pero también para el exdelantero Antonio Pinilla. «Karate Kid Redondo», como así fue apodado por la prensa española, perdió totalmente la cabeza, tras un choque contundente con su compañero de equipo durante un entrenamiento, y tras una breve discusión le propinó dos puñetazos provocándole la rotura del tabique nasal y dejándolo inconsciente sobre el césped ante la alarma de los presentes.




Atendido de urgencia en el mismo césped del Heliodoro Rodríguez López por Blas Ramón Almenara y Senén Cortegoso, médico y fisioterapeuta del club, Pinilla fue luego trasladado a la clínica Parque, donde se confirmó que sufría una desviación del tabique nasal, con rotura de los huesos de la nariz. Tras la operación de urgencia, el jugador estuvo hasta siete semanas apartado de los terrenos de juego. Al día siguiente, el centrocampista argentino fue separado del equipo por decisión del consejo de administración por dos semanas.

Aquella posiblemente haya sido la sesión preparatoria más intensa nunca realizada en el Heliodoro Rodríguez López. El día antes, el CD Tenerife de Jorge Valdano se había impuesto 2-1 al Real Madrid, jugando en casa, en los cuartos de final de la Copa del Rey, en un choque que mereció ganar por goleada.

Fernando Redondo, con peto rojo, y Antonio Pinilla, con peto azul, fueron a luchar por un balón dividido, con un tremendo choque. Lo que ocurrió a partir de ahí sí se salió de lo habitual, Redondo cruzó dos terribles ‘crochets’ al rostro de Pinilla, y el delantero cayó fulminado. Fernando se quitó el peto y se marchó a la ducha antes de que el técnico tuviera tiempo de expulsarlo del entrenamiento.

“Perdí la cabeza. Estoy dolido y muy arrepentido. Me siento avergonzado y lo único que puedo hacer es pedir perdón a Pinilla y al resto de los compañeros”, dijo Redondo al abandonar aquella tarde los vestuarios. El otro protagonista no pudo hablar. Y Jorge Valdano no quiso. “No soy indiferente a este tipo de hechos, pero dentro de la institución tengo cauces donde expresarme”, se limitó a decir. Una semana después del incidente, Pinilla pasó por el quirófano para ser operado de la nariz. Ambos tuvieron que declarar en el Juzgado después de que la Fiscalía interviniera de oficio y regresaron a los entrenamientos el mismo día, el 9 de febrero, pero no se dirigieron la palabra. Un día después, en privado, hablaron a solas y sellaron la paz.

Tras el incidente, el club tinerfeño encadenó hasta cinco victorias seguidas y eliminó al Real Madrid de la Copa del Rey. Desgraciadamente, aquella no fue la primera vez que Redondo tuvo un roce con un compañero del plantel. Sus primeras diferencias fueron con Eduardo Ramos, en la primera temporada en el club, y posteriormente con Alexis. Con el exosasunista Martín González también llegó a las manos, ganándose la fama de jugador violento, a pesar de que con los años no repitió este tipo de episodios y se le recuerda como un jugador noble.


"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

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