jueves, 29 de agosto de 2019

JOSE FRANCISCO SANFILIPPO

"EL NENE DEL GOL":

(La Controvertida Historia del Jugador más Amado por los Hinchas de San Lorenzo)

José Francisco Sanfilippo es sin duda el máximo ídolo que generó San Lorenzo de Almagro. Resulta el mayor goleador de toda su historia, con 192 tantos obtenidos en 232 partidos, lo que lo ubica como el quinto mejor cañonero del fútbol argentino (226 marcas en 330 cotejos). Resultados que en buena parte debe, como él mismo lo reconoce, al legendario René Pontoni, que lo siguió y ayudó a mejorar su propia capacidad cuando jugaba en las inferiores del club.

Fue campeón con el Ciclón en 1959 y dos veces en 1972 (Metropolitano y Nacional), además de goleador absoluto de Primera División en cuatro temporadas consecutivas, o sea en 1958 (28 tantos), 1959 (31), 1960 (34) y 1961 (26). Menos satisfacciones le dio la selección argentina, con la que tuvo apariciones esporádicas en el Sudamericano de 1957 jugado en Perú. El año sucesivo integró aquel equipo que sufrió en Suecia una humillante eliminación con el 6-1 que le propinó Checoslovaquia. Con la celeste y blanca su máxima performance la tuvo en 1960, cuando en el Monumental le hizo dos golazos a España, acreditando un triunfo que sirvió para levantar la autoestima del fútbol argentino, que estaba por el suelo.

En San Lorenzo, cuyas filas integró entre 1953 y 1962, más un breve retorno en 1972, hizo goles de todos los colores, muchos de ellos pertenecientes a la leyenda del club. Por ejemplo, el “Nene” -como los hinchas lo llamaban- fue autor del que es, con toda probabilidad, el gol más fulminante del fútbol mundial, ya que su concreción en 1962 contra Boca Juniors en el viejo Gasómetro se materializó apenas 10 segundos después del silbato inicial. Y lo más increíble es que en el túnel, antes de salir ambos equipos a la cancha, se lo había pronosticado a Antonio Roma, el arquero de Boca que era su amigo. “Hoy te hago dos y el primero de movida nomás”, le adelantó Sanfilippo.


Y Roma, sacando pecho como era su costumbre, le contestó sobrador: “Pero qué vas a hacer, fanfarrón, si te acercás por el área me tiro encima tuyo y te aplasto como una cucaracha”.


Sanfilippo había instruído debidamente a Elvio Capdevila, un chico de las inferiores que debutaBA aquel domingo: “Cuando mueva la pelota Coco Rossi y te la entregue, yo ya habré picado como un loco dentro de la defensa de Boca, vos tirála larga, a espaldas 
de Orlando pero sin superar la línea del área grande, del resto me encargo yo”. Capdevila asintió: “Tranquilo, José, así lo voy a hacer”. Sonó el silbato, Capdevila mandó el pelotazo aéreo que le salió apenas un poco retrasado. Sanfilippo se dio cuenta que no podía recibirla para hacer el mano a mano con Roma, que estaba saliendo desesperado, y entonces apeló a un lujo afrodisíaco: conectó la pelota con el taco del pie derecho y la hizo pasar sobre el arquero de Boca, rumbo a la red. Fue la obra de arte cumbre de aquel pequeño y astuto delantero que rondaba siempre el área rival con aire distraído, como el zorro se pasea delante del gallinero. Apenas alguno se descuidaba ahí estaba el petiso Sanfilippo para cobrar el cheque en la ventanilla del arco. Y para correr a recibir el abrazo de los otros cuatro integrantes de aquel ataque de lujo, o sea Facundo, Ruiz, Omar Higinio García y Boggio.

Los libros de psicología dicen que el exceso de personalidad marca la diferencia entre un líder y una caricatura, entre un chiflado de comedia y un exaltado de película policial. ¿Puede esto aplicarse a Sanfilippo? Sus genialidades en la cancha, ejecutor inigualable del difícil y espinoso oficio de hacer goles, no bastan para hacer olvidar los aspectos negativos de su identidad, jalonados por exteriorizaciones de un carácter polémico hasta la exageración, incluso violento, que lo llevó a estar en permanente y grotesca situación conflictiva con dirigentes, técnicos y compañeros. Acentuó estas asperezas cuando, concluído su ciclo decenal en San Lorenzo, pasó a otros clubes. Su divismo, tan caprichoso como fútil y veleidoso, le creó enemigos por todos lados y lo empujó a convencerse de que era la víctima propiciatoria de viles conjuras. Y se convirtió así en un personaje mal querido y peor soportado en todos los clubes para los que jugó.


Ya le habían tomado el tiempo los integrantes de aquella selección de Argentina que en 1957 dictó cátedra en Lima, cuando fue suplente de Enrique Omar Sívori y jugó poco (un gol a Colombia en el cotejo de cierre). Ahí había pesados de verdad, como Pipo Rossi, Pedro Dellacha y el mismo Sívori,  que lo redujeron a un total aislamiento. Anda por ahí dando vuelta una fotografía que lo muestra vestido con el buzo de la selección y el ojo derecho en compota. Nunca se supo quién se lo puso así.

Odiosa fue su actitud cuando en 1958 Argentina volvió goleada y degradada del Mundial de Suecia. Sanfilippo, que no jugó ningún partido, trató de salvarse revelando penosos entretelones internos sobre la convivencia del grupo y echándole la culpa de la catástrofe a Guillermo Stábile, el anciano director técnico, a quien acusó de que la formación se la hacían los periodistas. Dijo de regreso a Buenos Aires: “A mí no me hizo jugar porque me tiene celos, sabía que si hacía goles lo superaría como goleador en la selección, yo tengo 20 años y una velocidad y un pique tremendos, pero llamó a (Angel) Labruna, que tiene 40 y es ya un paquete”.
De San Lorenzo, en 1962, se fue después de un áspero y avinagrado conflicto con los dirigentes. Había hecho una virulenta declaración, acusándolos de que el club no tenía organización deportiva. No estaba equivocado, pues el equipo había estado siete partidos sin director técnico. Lo suspendieron por dos fechas, las últimas del torneo.



Y Sanfilippo no pudo concretar el récord de ser el goleador absoluto por quinto año consecutivo (quedó empantanado en 24 redes y Luis Artime lo superó por uno). El “Nene” tiene su interpretación: “La verdad es que no me querían pagar un premio especial que, para el caso de ser de nuevo goleador, habíamos pactado antes del inicio del certamen, por eso me sancionaron”.


Y fue así que, peleado con San Lorenzo, pasó a Boca Juniors, cuyo presidente Alberto J. Armando pagó por su transferencia la suma récord de 25 millones de pesos. Desde su arribo para la temporada 1963 no tuvo una convivencia fácil con Adolfo Pedernera, que era el director técnico de Boca, y con su alterno, Aristóbulo Deambrosi. Era titular fijo como centrodelantero el brasileño Paulo Valentim, ídolo del Jugador Número 12. Pedernera -a quien Sanfilippo le cayó antipático de entrada- lo retrogradó de su rol de atacante de punta al de enganche armador, lejos del arco rival. Allí estableció una buena sociedad con el Beto Menéndez, pero su cuota de goles disminuyó netamente:


solo 7 realizaciones. A pesar de ello, dio una contribución importante para que Boca se clasificara para la final de la Copa Libertadores contra el Santos de Pelé. El equipo brasileño había ganado por 3-2 a la ida jugada en Río (los dos goles boquenses fueron de Sanfilippo) y al retorno, en la cancha de Boca, bastaba un 1-0 para obtener por primera vez la Copa para un club argentino. Y el “Nene”, confirmando su grandeza como goleador, apenas iniciado el segundo tiempo le marcó a Gilmar. Pero después dos goles del Santos en dos minutos transformaron la fiesta en velorio. Algo quedó fuera de discusión en aquella noche aciega de la Bombonera: Sanfilippo, pese a su incomodidad táctica, había hecho lo suyo, había redondeado en la Copa un botín encominable, con un total de 7 goles.


Su óptimo rendimiento como realizador, su especialidad, lo indujo a tomar una decisión irreversible. En 1964 no jugaría sino como atacante, a lo sumo como segunda punta con  Valentim. Estaba dispuesto, defendiendo esa posición, a oponerse al binomio Pedernera-Deambrosi. La ocasión se presentó en la Copa Newbery, un torneo amistoso con la participación de seis equipos. En el primer partido, contra Vélez Sársfield, quedó en el banco de suplentes. Y en el segundo, contra San Lorenzo, cuando faltaban cinco o seis minutos para terminar el primer tiempo y estaban 0-0, Deambrosi le ordenó que iniciase el calentamiento. Obviamente, pensó Sanfilippo, era para entrar antes que la etapa finalizase, ya que el reglamento era claro: terminado el primer tiempo, no se podían hacer más cambios. Pasaban los minutos y Deambrosi no ordenaba el cambio. Seguramente, el “Nene” se sintió humillado como nunca cuando escuchó el silbato de cierre de la etapa y los jugadores empezaron a dirigirse hacia el túnel de los vestuarios, a tomarse un té caliente.


La caravana boquense era cerrada por Deambrosi, que ni se imaginó la furia que le estaba cayendo encima. Sanfilippo lo alcanzó como una tromba, le tocó el hombro y, cuando el técnico se dio vuelta, le acomodó un tremendo cross en la mandíbula que hasta Carlos Monzón habría envidiado, mientras le gritaba “A mí nadie me toma por boludo, contále a tus nietos la piña que te pegó el grande Sanfilippo” (su versión es que antes de agredirlo le preguntó por qué lo trataba asi y el técnico le contestó: “Acá hacemos lo que queremos”). Pero Sanfilippo no se dio por conforme. Y volviendo sobre sus pasos desde el círculo central  se dirigió a Pedernera, que seguía el partido desde una platea baja, con un insulto que oyó media Bombonera: “Salí de la sombra, hijo de puta, da la cara”. Al fin, dos ex compañeros del Ciclón lograron llevárselo al túnel ubicado debajo de una de las cabeceras del estadio.
Esa noche, sin reunión de Comisión Directiva ni nada, Armando lo vendió a Nacional de Montevideo. Lo hizo con la muerte en el alma, pues seguía convencido de que Sanfilippo, durante años, le daría a Boca una enormidad de satisfacciones. Pero no podía hacer otra cosa, más después que todo el plantel, con el brasileño Orlando a la cabeza, se solidarizara con Deambrosi. Es que lo de Sanfilippo había sido demasiado. Una barbaridad. Una verdadera salvajada.


Su permanencia en Nacional, donde estuvo un año y dos meses, no fue menos apacible. Fue recibido como una estrella en un club que aspiraba a ganar la edición 1964 de la Copa Libertadores, para lo que era fuerte candidato tras clasificar para las semifinales, sobre todo por su granítica defensa. El presidente era Pons Echeverry y el técnico el brasileño Zezé Moreira. Sanfilippo fue enseguida adscripto a la delegación que salió en gira por Europa y que sobre 13 partidos perdió solo uno, contra Dinamo de Moscú, con 43 grados bajo cero. Y, como no podía ser de otro modo, se hizo notar, marcando varios goles pero también entrando en conflicto con algunos compañeros, en especial con el capitán Jorge Manicera.


Nacional, de regreso, le ganó a Colo Colo ambas semifinales de la Libertadores y se clasificó para definir el certamen con Independiente. Pero en el retorno del 1 de agosto en el Centenario el “Nene” marcó ausencia contra los chilenos, pues unos días antes jugó un amistoso con Vasco da Gama y allí el zaguero brasileño Fontana le fracturó la tibia y el peroné. Explicaría Sanfilippo: “El presidente no debió autorizar ese partido y el técnico Moreira me mandó a quebrar porque estaba celoso de mí, Nacional había salido campeón el año anterior por su gran defensa y lo elogiaban a él por eso, después llegué yo, empecé a hacer goles y me convertí en el centro de atención, esa noche que me quebré no fue siquiera a verme al sanatorio”. Y agregó: “Fontana me vino a visitar y no le permití entrar en la pieza, lo eché a puteada limpia”. Independiente ganó las dos finales y, aún hoy, 
 Sanfilippo está segurísimo de que, con él en la cancha, el campeón habría sido Nacional.


Estuvo parado un año y dos meses y en 1965, cuando estaba recuperado, entró en conflicto con la dirigencia de Nacional, por un problema de dinero, que culminó con su alejamiento. Dejó como botín 21 goles en 25 presencias. Más un montón de anécdotas. Antes de un clásico Nacional-Peñarol, el arquero Ladislao Mazurkiewicz había declarado que si el “Nene” le hacía un gol se haría cura. A Sanfilippo le bastaron pocos minutos para marcárselo. Al día siguiente, en varios diarios aparecieron avisos de lugares donde se vendían sotanas. Para peor, fue a festejar, en abierta provocación, bajo la tribuna del Centenario donde estaban los hinchas de Peñarol. Se le vinieron encima Mazurkiewicz, el técnico Roque Máspoli, que lo sirvió con flor de trompada, y varios policías fanas aurinegros. El único que lo ayudó en el aguante de tantas manos voladoras fue su compañero Héctor Silva.


Volvió a la Argentina y jugó dos años en Bánfield (1966-67), marcando 19 redes. Se fue después a Brasil donde vistió las casacas de Bangú y Bahía, para regresar en 1972 a San Lorenzo, donde a casi 38 años de edad se clasificó bicampeón (Metropolitano y Nacional) con aquel equipazo que dirigía el Toto Lorenzo y que integraban, entre otros, Jorge Olguín, Cacho Heredia, Victorio Cocco, la Oveja Telch, el Lobo Fischer y Rubén Ayala. Sanfilippo aportó 8 tantos en 28 presencias. Tras aquella experiencia triunfal decidió retirarse, pero en 1978 cedió a la tentación de un breve y anónimo retorno. Fue en el club San Miguel, flamante inscripto en Primera D y cuyo técnico era su amigo y ex compañero Coco Rossi. En un gesto de innegable grandeza,  Aceptó la invitación y debutó contra Ituzaingó, anotando un gol. Pero no repitió y prefirió dejar, ahora de manera definitiva. Tenía 42 años.

Antes había probado suerte como director técnico, haciéndose cargo sin mucha suerte del primer equipo de Vélez Sársfield. Pero en ese rol tuvo corta vida, ya que su mal carácter lo traicionó una vez más. Cuando era entrenador de Deportivo Español, el árbitro Coradina lo expulsó y Sanfilippo lo sentó de una trompada. Ahí terminó su nueva carrera.

Era tal vez inevitable que, con semejante curriculum a cuestas, tanto en el bien como en el mal, en sus incursiones televisivas como opinólogo-showman, se transformase en un peligroso tirabombas mediático, una especie de loco malo capaz de cualquier exceso verbal en cuyos pliegues muchas veces, hay que reconocerlo, solía incluir verdades que otros colegas no se animaban a decir.


De Maradona afirmó que tiene una sola neurona y que, de solo verlo, se pone nervioso. Lo detesta (juicio por difamación de por medio) desde que Diego lo tildó de vendepatria por haber sostenido que Pelé fue más grande que él. Tiene la actitud opuesta con Lionel Messi, al que le pide que sea menos generoso, más egoísta cuando se trata de definir. Equipara a ambos en habilidad, pero como goleador se inclina por Messi. Y, lo que no es poco, lo considera mejor que él.


Si le preguntan cuáles fueron el mejor y el peor director técnico que tuvo responde: “El Toto Lorenzo”. El peor fue el de 1961. ¿Un ejemplo? Cuando San Lorenzo estaba por enfrentar a Lanús, le indicó que se debía ocupar de obstaculizar a Héctor Guidi, el 5 granate, e impedir sus pelotazos para los delanteros, que eran de una rara precisión. Sanfilippo le contestó: “Usted está loco, en Lanús desde hace dos meses no duermen pensando cómo marcar a Sanfilippo y Usted me viene con esta pelotudez, olvídese”. Terminó 4-2 y el “Nene” hizo tres goles. ¿El mejor? El de 1972, porque en su opinión Lorenzo armó “un equipo compacto, esquematizado, casi cibernético, que primero se aseguraba el resultado y después daba espectáculo”.
No es un tipo que deja traslucir emociones ni llora por la leche derramada. Pero le dolió cuando el 5 de mayo del año pasado cumplió 80 años y, entre tantos llamados telefónicos de felicitación, faltó el de la dirigencia de San Lorenzo. Ya instruyó a su esposa para que, si en su velorio aparece enviada por la comisión una corona del club del que sigue siendo ídolo indiscutido, la tire a la basura.

Bruno Passarelli/FUENTE: FUTBOLFIERROSYTANGOS.WORDPRESS






miércoles, 28 de agosto de 2019

HIZO HISTORIA EN EL FUTBOL ARGENTINO

GUILLERMO STABILE "EL FILTRADOR":


Guillermo Stábile logró lo que ningún otro entrenador pudo lograr, no solo para nuestro país sino en todo Sudamérica. Es el único DT que ganó 6 veces la Copa América. Como si fuera poco, 3 de esas fueron consecutivas, lo que consagró a la Argentina como el único país tricampeón en la historia del torneo.

A pesar de ser poco conocido por las nuevas generaciones, cualquiera que está interesado por la historia del fútbol nacional ha oído el nombre de Guillermo Stábile. Este porteño (nacionalizado italiano) no solamente logró una carrera espectacular como futbolista, sino que también fue un entrenador sin precedentes.

Carrera de Guillermo Stábile como futbolista

Nació en Parque Patricios, Buenos Aires, a principios de siglo, en 1905. Stabile tuvo una exitosa carrera como futbolista, primero en Argentina (en el club de su barrio, Huracán), y luego en Italia y Francia. Conocé todos los detalles de su época de “Filtrador”, como lo llamaba la prensa deportiva.

Guillermo Stábile en Huracán

Guillermo Stábile pasó toda su carrera como futbolista profesional dentro de Argentina en el Huracán, el club de Parque Patricios, donde él nació y creció. Allí vio el paso del fútbol masculino de amateur a profesional y jugó 128 partidos, ¡en los que logró un centenar de goles entre 1920 y 1930!.

Stábile en la selección: primer goleador de la Copa del Mundo

Stábile debutó en la selección en el primer Mundial de fútbol de la historia: en Uruguay, 1930. Si bien los uruguayos ganaron aquella primera edición de la copa (con Argentina subcampeón), Stábile tuvo el honor de ser su primer máximo goleador . Esto podría no haber sucedido, porque Stábile estaba de suplente.
Por suerte para él, su colega Roberto Cherro tuvo un ataque de ansiedad en el segundo partido de la selección y Stábile lo reemplazó. ¡El delantero de 25 años logró nada menos que 8 goles en 4 partidos de Argentina! .

Sin embargo, esta fue la última vez que Stábile jugaría para la selección, lo que lo dejó con un historial impecable: en todos los partidos que jugó con Argentina logró marcar al menos un tanto, con un promedio de dos goles por partido.

Guillermo Stábile en el Génova de Italia

El mismo año del Mundial de Uruguay, Stábile fue transferido al club Génova, de Italia, en la ciudad de sus antepasados. Tuvo una excelente recepción desde su primer partido, contra Bologna, en el que hizo un triplete . Jugó cinco años con este equipo, con un excelente rendimiento: logró un total de 16 goles en 41 partidos. A partir de una lesión que sufrió en 1931, participó también como entrenador del equipo, lo que fue su primer antecedente de la larga carrera como director técnico que tenía por delante.

Guillermo Stábile en el Napoli de Italia

Luego de cinco años en el ‘Genoa’, Stábile se pasó al Napoli en 1935, donde jugaría una temporada. En este breve paso por el equipo del sur de Italia, Stábile logró tres goles en una veintena de partidos.

Stábile en Francia: el Red Star de París

Los últimos tres años de su carrera futbolística, entre 1936 y 1936, Stábile los pasó en el club Red Star de París, que actualmente está en la segunda liga francesa. Allí comenzaría, en paralelo, previamente a su retiro como futbolista, a dedicarle más tiempo a su carrera como director técnico. Permaneció en este club hasta 1939 y logró que el equipo ascendiera a la primera división.

El regreso: la carrera de Guillermo Stábile como director técnico

Luego de prepararse como entrenador en París, Stábile regresó a la Argentina en 1939 para dirigir a Huracán, el club donde había desarrollado su carrera como futbolista a nivel nacional.

Ese mismo año también comenzó a entrenar a la selección argentina, puesto que mantuvo durante casi veinte años, entre 1939-1958, y luego nuevamente entre 1960 y 1961, un récord hasta el día de hoy por la cantidad de años.

En todos esos años, logró otro récord que ningún otro entrenador del mundo pudo igualar hasta el día de hoy: Stábile trajo a nuestro país 6 Copas América, además de que ganó en una oportunidad con la selección el Campeonato Panamericano, en 1960. Los años en los que ganó la Copa América fueron 1941, 1945, 1946, 1947, 1955 y 1957. Las victorias de 1945, 1946 y 1947 constituyen, hasta el día de hoy, la única oportunidad en la que un equipo ganó tres veces seguidas el torneo.

Dirigió a ‘La Albiceleste’ en 127 partidos, lo que lo pone en el podio de los pocos entrenadores que sobrepasan el centenar de partidos internacionales, entre los cuales está el DT uruguayo Óscar Tabárez.

Su único gran fracaso como director técnico de la selección fue en el Mundial de 1958, en Suecia, en el que Argentina vivió una trágica goleada por 6 a 0 contra Checoslovaquia (actual República Checa). Ese año dejó la selección, aunque la retomaría brevemente dos años más tarde, en 1960. En dicho año, ganó la Copa de Profesionales de Costa Rica. Murió poco tiempo después, en 1966 .

En su larga carrera como DT, pasó además por San Lorenzo, Estudiantes de La Plata, Ferrocarril Oeste y Racing, donde es considerado una leyenda por haber logrado el tricampeonato del club en los años 1949, 1950 y 1951.

La faceta de actor de cine: Guillermo Stábile en la pantalla grande


Como si no fuera suficiente con ser uno de los mejores futbolistas y entrenadores de la historia del fútbol en Argentina, en Sudamérica y en el Mundo, ¡Stábile tuvo una faceta artística! Participó en las películas Pelota de trapo (1948) y Fantoche (1957). 

En ambas ocasiones actuó de sí mismo. Su primera aparición en la gran pantalla fue en Pelota de trapo, dirigida por Leopoldo Torres Ríos, la historia de un futbolista representado por Armando Bo. La segunda, Fantoche, fue dirigida por Román Viñoly Barreto. También tenía un tema futbolístico y fue protagonizada por Luis Sandrini.

FUENTE: STUBHUB.COM.AR 

martes, 27 de agosto de 2019

MARCÓ LA HISTORIA DE NUESTRAS INFANCIAS

MARTIN KARADAGIAN Y "TITANES EN EL RING":

La figura del luchador Martín Karadagian marcó la infancia de muchos argentinos que fueron niños durante las décadas del 70 y el 80, con un singular show de "catch", que ofrecía personajes como "la momia" y "El caballero rojo", entre muchos otros.





En un segmento del programa radial "No Está Todo Dicho" (emitido por la 100, FM 99.9), el conductor Guido Kaczka contó interesantes detalles de la historial de Karadagian (el audio se puede encontrar más abajo).

"Hoy vamos a hablar sobre un héroe que marcó nuestra infancia… Hoy vamos a hablar sobre el campeón Martín Karadagian", arrancó a contar el conductor sobre la leyenda de Titanes en el ring.

La historia de esta leyenda comenzó en San Telmo, nació en 1922. Su papá era armenio y su madre española. Esta fuerte herencia lo llevó a practicar desde muy chico la lucha grecorromana. Martín Karadagian demostró desde el principio lo que valía y con sólo 16 años logró convertirse en campeón mundial de este deporte.

Al mismo tiempo que practicaba la lucha, tenía que ayudar en la casa y ayudaba a su papá en la carnicería y también trabajaba de lustrabotas en las entradas de las estaciones de trenes. Pero su sueño, era ser luchador. Martín Karadagian se presentó en el Luna Park, donde se practicaba un deporte poco común y de nombre raro: catch as catch can, (agárrese como pueda en inglés).


Los luchadores de ese lugar eran gigantes y Karadagian era de baja estatura, no llegaba al metro sesenta y por este motivo, no lo consideraban apto para el deporte. Igual, él iba todos los días para que lo aceptaran en el equipo de luchadores de Titanes en el ring.


Un día se le ocurrió la forma de convencer al director del equipo, una luchador ucraniano que se hacia llamar "El Hombre Montaña". Resulta que Karadagián fue hasta la casa de "El Hombre Montaña" y se puso en cada hombro, una media res de la carniceria del padre…


Le tocó el timbre y cuando Montaña le abrió, Martín le dijo "Subí por la escalera y ahora voy a bajar…". La actitud que tuvo el joven, sorprendió mucho al director del equipo que lo terminó aceptando: "La verdad que usted ser chiquito pero ser fuerte. Usted poder quedar con nosotros", le dijo.


En 1957 probó ser actor en la película "Reencuentro", un drama que representaba el papel de un luchador en decadencia, que accidentalmente mata a un contrincante en el ring. Su papel no tuvo ninguna trascendencia, pero fue el puntapié inicial para el comienzo de una gran carrera.


Seducido por el medio, al año siguiente apareció junto a Alberto Olmedo en "Las aventuras del Capitán Piluso en el castillo del terror". Para aquel entonces, ya había encontrado su veta definitiva: creó la troupe de los Titanes en el ring.


Dentro del espectáculo de los Titanes, el personaje que desempeñaba Karadagián era el de campeón del mundo de lucha libre, quien tenía un secretario llamado Joe Galera y una admiradora conocida como La viudita de las flores rojas.

Una vez hubo tuvo una charla con Alberto Olmedo y le dijo que quería llegar a la tele. Entonces armaron una lucha en el Luna a beneficio de hospitales: "Karadagián contra Piluso". Al final, la pelea fue un éxito increíble. Fueron 30.000 personas. Ahí, los directivos de Canal 9 le ofrecieron el programa.


Titanes en el ring tuvo una vigencia de treinta años, donde siempre se priorizaba la lucha del bien contra el mal. Si nombramos a algunos personajes, no nos podemos olvidar a La Momia, El Caballero Rojo, Yolanka, S.T.P., Il Comendatore y el Mercenario Joe, justamente, una persona que había peleado de verdad junto al Che Guevara.


El relator Rodolfo Di Sarli de Titanes, era la mano derecha de Karadagián. Entre los dos, crearon la mayoría de los personajes. Y el autor de la mayoría de los temas también es Di Sarli. Decían que era el "autor intelectual" del programa, y además era un fenómeno relatando, le daba mucha emoción a las peleas, señala Guido Kaczka en el audio de La 100.


El afecto de Karadagián por los dulces, lo llevó a sufrir diabetes, que terminaron por acabar con su vida. Pero no con su leyenda, en el recuerdo de cada niño que se divirtió viendo "Titanes en el ring", porque… ¿quien nunca soñó alguna vez con ser el campeón Martín Karadagian?

FUENTE: IPROFESIONAL.COM

lunes, 26 de agosto de 2019

LA PRIMERA TRANSMISIÓN RADIAL AL MUNDO

"SI EL TIPO DE LA RADIO TE LO CUENTA"-"LOS LOCOS DE LA AZOTEA":

El 27 de agosto de 1920 se realizó en la terraza del Teatro Coliseo la primera transmisión radial del mundo




Hoy se cumplen 99 años de la primera transmisión radial en el mundo, cuando la noche del 27 de agosto de 1920 el radioaficionado Enrique Susini, junto a sus amigos César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica dieron inicio a la radiofonía argentinacuando transmitieron desde la terraza del Teatro Coliseo la ópera Parsifal.
Los ‘Locos de la Azotea’ provocaron el nacimiento aquel día de la primera estación deradio del país, conocida como LOR Radio Argentina.
"Señoras y señores: la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Richard Wagner, Parsifal, con la actuación del tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del teatro Costanzi de Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarten", dijo al aire Susini, por entonces de 29 años. Esta experiencia radiofónica apenas pudo ser escuchada por aproximadamente medio centenar de personas.
A Enrique Susini, además de ser el creador y organizador de esa primera radiotransmisión, se lo conoce como "el primer locutor del mundo" y junto a sus tres amigos pasarían a la inmortalidad como "Los Locos de la Azotea", ya que transmitían desde la terraza del teatro. Allí, contaban con un pequeño micrófono, un transmisor de escasa potencia y antenas en el techo del teatro.
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Luego de esta transmisión, Radio Argentina se convirtió en una de las primeras estaciones de radiodifusión con programación regular en el mundo. Durante las décadas de 1920 y 1930, Susini se convirtió en un exitoso empresario de las nacientes industrias de la radio y el cine. Siguiendo su carrera en los medios, también fue fundador de los estudios de cine Lumiton (la primera productora cinematográfica argentina), y fue el Director General de la primera transmisión de televisión en Argentina realizada por Canal 7.
En conmemoración a aquella jornada, el Primer Congreso Internacional de Radio celebrado en Buenos Aires en 1934, con la participación de cuarenta países, decretó al 27 de agosto como el Día de la Radio.
FUENTE: DIARIO LA NACION

domingo, 25 de agosto de 2019

CUANDO KIMBERLEY FUE MUNDIALISTA

EL DIA QUE FRANCIA UTILIZÓ LAS CASACAS MARPLATENSES

El de hoy es un artículo de camiseta extraño. Quizá los más veteranos recordaréis el día en el que la selección francesa vistió de verdiblanco. Tanto como si lo recordáis como si no, aquí os traigo esta historia.



Se celebraba el Mundial de Argentina 78. Se jugaba la última jornada del grupo 1 en el que estaban encuadradas la anfitriona, Italia, Francia y Hungría. En esta última jornada, Francia se enfrentaba a Hungría en el estadio José María Minella de Mar de Plata. Era el 10 de junio y estaba programado que el partido comenzara a las 13.45, hora local. 




Pero hete aquí que ambas selecciones se presentaron al partido con sus segundas equipaciones, es decir, ambos con camiseta blanca. Al parecer, el error partió de la FIFA, que comunicó a ambos equipos que debían usar su uniforme alternativo.




Aunque Hungría lleva camiseta roja y Francia azul, en aquella época había todavía muchos televisores en blanco y negro y se podían confundir las tonalidades de gris.
Estaba claro que el partido no se podía jugar con ambos de blanco y el colegiado brasileño Arnaldo Cézar Coelho discutió con los equipos cuál podía ser la solución. 




Los franceses propusieron que se buscara a algún equipo de la zona que cediera sus camisetas y que ellos la llevarían. Así, se pensó en un modesto equipo de Mar de Plata, el Atlético Kimberley, cuyo uniforme es como el del Betis, es decir, con camiseta a franjas verticales verdes y blancas. Entre que alguien fue a buscar las camisetas, las llevó al estadio y los franceses se las pusieron, el partido se retrasó 45 minutos y no dio comienzo hasta las 14.30 horas, en uno de los sucesos más extraños de la historia de los Mundiales.




Y así, ataviados con una camiseta verdiblanca, los franceses ganaron por 3-1 a los húngaros, con goles de Christian Lopez, Marc Berdoll y Dominique Rocheteau para los galos y de Sándor Zombori para los magiares. El resultado fue en balde, porque ambos equipos quedaron eliminados en esa primera fase.



De esta manera, el Atlético Kimberley de Argentina se hizo famoso mundialmente.


FUENTE: BLOG.20MINUTOS.ES

sábado, 24 de agosto de 2019

UN POCO DE FUTBOL, UN POCO DE LITERATURA

BALADA PARA UN LOCO

Un poco de fútbol y literatura retro porque sí: la deliciosa descripción que hizo el Negro Fontanarrosa del juego del Hueso René Houseman y cómo lo impactó aquella primera vez que lo vio en el Huracán del '73. Roberto Fontanarrosa para revista UN CAÑO.- 






Recuerdo a Huracán del 73 y pienso, de inmediato, en Houseman, inscripto en esa pequeña logia de los extremos derechos, locos, los antojadizos, los marginales, junto con Corbatta, Bernao, Ciaccia y muy pocos más. 




Marginales, incluso en el caso de Houseman por su extracción social, la primera imagen de René la obtuve a través de la televisión en blanco y negro, en un partido nocturno, medio intrascendente que uno mira distraído mientras cena y donde, de pronto, ocurre algo distinto, perturbador, extraño y que hace que uno sacuda la cabeza, se yerga en la silla y vuelque un poco de vino tinto. 





Houseman con muy poquitos partidos en Huracán venía corriendo con la pelota pegada al pie derecho, algo desequilibrado, aleteando, como a punto de perder sustentación igual que esas lanchas de carrera que, por el viento y la velocidad, corren el riesgo de tomar vuelo. 




Corría, para hacer todo más difícil, sobre la raya de toque, por la derecha, casi haciendo equilibrio. Le salió un marcador, de frente, cubriéndole la línea. HOUSEMAN CON MUY POQUITOS PARTIDOS EN HURACÁN VENÍA CORRIENDO CON LA PELOTA PEGADA AL PIE DERECHO, ALGO DESEQUILIBRADO, ALETEANDO, COMO A PUNTO DE PERDER SUSTENTACIÓN Y ahí nose muy bien que hizo ni como lo hizo. Sin perder velocidad, cambió la pelota del pie derecho al izquierdo y del izquierdo al derecho, como si se le hubiera enredado entre los botines, y apareció corriendo a espaldas del marcador siempre con la pelota y sobre la línea. 





Se escurrió, digamos, por el huequito que quedaba entre la cadera y la axila del defensa y los cinco o seis centímetros del grosor de la línea de cal. En aquella época no eran frecuentes las repeticiones en la tele, entonces Houseman, como para que yo no me quedara con la intriga, como para mostrar nuevamente el truco a ver si alguno lo descubría repitió la maniobra con otro defensor que salió a cruzarlo por detrás del primero y se fue como una luz hacia el banderín del corner. 





Otra vez ese esbozo de arranque hacia adentro, la corrección hacia fuera y enderezarla para adelante pasando casi de perfil y sin que, ni siquiera, consiguieran hacerle falta. Lo más parecido que he visto a Houseman, últimamente, es Orteguita, hasta en lo físico, hasta en la manera que se le caen las medias, resbalándose por unas piernas no demasiado impresionantes. René era vértigo y freno. 




LO MÁS PARECIDO QUE HE VISTO A HOUSEMAN, ÚLTIMAMENTE, ES ORTEGUITA, HASTA EN LO FÍSICO, HASTA EN LA MANERA QUE SE LE CAEN LAS MEDIAS Cuando aparecía él, se aceleraba el partido y, como Ortega, había veces que daba la impresión de no tener articulaciones. Salía por derecha y por izquierda con igual facilidad y era, digamos, intuición pura, reflejos, de ese tipo de jugadores que no pueden calificarse, precisamente, de estrategas. 





Pero no se ataba a la raya. Se convirtió, a poco de su aparición, en un jugador de todo el frente de ataque y era de aquellos que uno siempre quiere ver, que arrancan exclamaciones de asombro y, en ocasiones, risas de admiración y goce. Flaco, liviano, escurridizo, desprolijo en el vestir, llevaba la pelota a velocidad de vértigo, aderezándola con una enorme cantidad de amagues, de pequeños frenos, de aceleraciones, al punto que había veces en que era la pelota la que lo seguía a él, como un empecinado perro cachorro.


FUENTE: REVISTALIBERO.COM


viernes, 23 de agosto de 2019

EL ENTRENADOR DE LOS GRANDES MISTERIOS

EMÉRICO HIRSCHL EL CARNICERO 

El húngaro fue el primer director técnico popular en la Argentina en tiempos en los que no había conferencia de prensa tras los partidos; su historia parece guionada por un loco: desembarcó en Brasil como carnicero, al poco tiempo se hizo ayudante de campo, luego se fue de gira con un equipo de Estados Unidos como masajista y por esas cosas del destino se quedó en estas tierras como DT para dejar su huella en Gimnasia, River y San Lorenzo.




Europa ardía entre la Primera y Segunda Guerra Mundial y desde un pueblo cercano a Budapest, Apostag, un veinteañero voló, o mejor dicho embarcó rumbo a América. Alejándose de historias desconocidas y con las marcas del racismo contra los judíos que estaba calentando a fuego lento, Imre Hirschl, sacó pasaje de ida. Había jugado al fútbol en la segunda división de Hungría, pero su especialidad era ser carnicero y con esa profesión le sellaron el ingreso a San Pablo, además de hacerle una confusa traducción a su nombre qué pasó a ser Emérico. Tampoco quedaron rastros de su oficio de faenar las vacas, reconocer los cortes y seleccionarlos, porque por razones tan extrañas como desconocidas acabó siendo ayudante de campo del Palestra Italia, como se llamaba en ese tiempo el Palmeiras. A partir de allí su vida no se iría más del fútbol, ni de América.


Metido en ese ambiente se relacionó con un equipo judío de los Estados Unidos que estaba de gira en Brasil, el Hakoah All Star, donde jugaban varios húngaros. El manejo del idioma, algunos conocimientos y seguramente sus dotes de convencimiento y carisma hicieron que se sume a esa delegación, pero como masajista. 
El Hakoah All Star entonces vino a la Argentina, en el año 1931, y jugó un amistoso en La Plata ante Gimnasia, Emérico encandiló a los dirigentes de los Triperos. Quizá le ayudó para entrar en la conversación sus conocimientos del mundo vacuno, tal vez eran tiempos donde los europeos de esa zona parecían ser los mejores en el fútbol o es posible que estuviera escrito en el destino. Lo concreto es que Emérico Hirschl se convertiría en el primer entrenador extranjero del fútbol argentino y no pasaría desapercibido.
Esta historia tiene poco registro de época, ya que el fútbol era un juego donde 11 tipos que entraban a una cancha a hacer goles sin más monedas en el bolsillo que el talento. Sin embargo, un húngaro de casi 2 metros de altura quiso ir más allá. No se dejaba imponer jugadores, tenía poder de convencimientos para explicar el juego y un carisma que generaba un respeto superior. El periodista e investigador Germán Roitbarg dio con este personaje cuando empezaron a armar la muestra “No fue un juego” que da cuenta del nazismo, el fútbol y aquellos horrores y que se expone en el Museo de River.
“Fuimos a buscar su historia porque Emérico en el año 1938, cuando ya era un personaje público, usó sus influencias y sus contactos para evitar que deporten judíos que se escapaban de la guerra y la persecución. Por eso está en la muestra. Es más, una de las personas que pudo bajar de esos barcos fue luego su esposa, Heddy Steimber, con quien tuvo dos hijos. Gran parte del material lo aportó Gabriela, su hija”, relata Roitbarg quien sigue con la investigación para un libro sobre Emérico. 
Claro que para ir al puerto de Buenos Aires y esquivar una circular secreta del canciller José María Cantilo que no dejaba entrar a “quienes abandonaban sus países”, además de influencias, había que tener coraje, popularidad y carisma. Emérico ya había conseguido todos esos atributos con el fútbol; primero con Gimnasia LP y luego con River. Seguramente todos esos recursos los potenció recordando en carne propia los malos momentos que vivió de chico cuando la xenofobia en Hungría era una moneda tan corriente como malvada.
Pero antes de aquellos días de riesgo tuvo que plantar bandera como DT en una tierra donde eso no existía. Fue en La Plata donde armó un equipo que se conoció como “El Expreso”, que no fue campeón porque lo perjudicaron los jueces. La historia de Gimnasia lo tiene entre los puntos más altos, por la belleza del juego, por la capacidad goleadora y por una injusticia que aún hoy se reescribe. Habían ganado la primera rueda de 1933 con buena ventaja y se encaminaba al título, pero a siete fechas del final sucedió algo que cuentan todos los libros de historia: los jugadores del Lobo, enojados por los fallos arbitrales que hacía varias fechas le hacían perder partidos, entraron en una huelga en medio del partido con San Lorenzo. Tras un fallo del árbitro que cobró un gol que no fue, los jugadores de Emérico se sentaron en la cancha y con un 7 a 1 en contra el partido acabó en medio de un escándalo. Aquellos años le dieron una fama a Hirschl poco usual para un entrenador, sobre todo porque salía en las fotos pero los medios evitaban nombrarlo. La E mayúscula en su buzo azul era mucho por entrenador y un poco por la primera inicial de su nombre. Los medios no miraban a un tipo que ya le gente conocía.
“Emérico fue, además, el primer entrenador al que le pagaron para que vaya de un club a otro. Lo hicieron los dirigentes de River, que se lo llevaron para que el equipo cambie la forma de jugar y salga campeón. Llegó en 1935, ganó 4 títulos y generó lo que hoy conocemos como el paladar de juego que caracteriza al club. Un estilo que le permitió a Bernabé Ferreyra pasar de ser sólo un jugador que pateaba fuerte a uno que jugaban por abajo”, dice Roitbarg, recordando el lugar que tendría Hirschl en la historia del club y que hoy está en el museo.
Emérico se llevó de Gimnasia a River a José María Minella, quien se convertiría en ídolo millonario, hizo debutar a José Manuel Moreno y a Adolfo Pedernera y para los historiadores del club fue el pre fundador de la Máquina. Es más, en algunas fotos de la muestra hasta Ángel Labruna aparece con Hirschl, quien lo hacía jugar en la reserva. El nuevo entrenador del Millonario entabló una gran relación con Antonio Vespucio Liberti, estuvo muy presente durante la construcción del Monumental y en los dos años que estuvo ganó el torneo de 1936 con aquella famosa delantera de Renato Cesarini, Carlos Peucelle, Bernabé, Moreno y Pedernera y otros títulos que con el tiempo fueron oficiales como la Copa de Oro, la Copa Campeonato y la Ibarguren. Era tal la fama que cuando se hizo la película “El Cañoñero de Giles”, con Bernabé Ferreyra como homenajeado, en 1937, Emérico aparece en las filmaciones con su prestancia europea, su nariz aguileña y su imagen casi de gigante.
Su carrera lo devolvió a Gimnasia LP, luego fue el primer entrenador de Rosario Central cuando inició su carrera en la AFA con dos grandes temporadas que los historiadores canallas no esconden. Después tuvo un paso en 1941 por San Lorenzo donde no se coronó, pero tuvo la categoría del vasco Isidro Lángara y el debut de un histórico como Rinaldo Martino. Precisamente Mamucho luego sería parte de un equipo histórico del Ciclón junto a Armando Farro y René Pontoni en 1946.
Todo lo que entrenaba Emérico dejaba huellas, pero pocos se daban cuenta y empezó a tener detractores. Por entonces no gustaba la planificación y el orden en el juego. Encima lo hacía un extranjero y judío en un mundo partido en dos por una guerra donde el racismo estaba en el centro de la escena.

Además de toda esa mala prensa que tenía, apareció una denuncia de soborno en 1943 cuando era DT de Banfield, en un partido ante Ferro. Aquello acabó en un escándalo público y una denuncia del periodista Dante Panzeri que lo expuso a Emérico y no por sus títulos y el modo de juego de sus formaciones. Hirschl, que hasta ese momento aparecía en las fotos de los equipos que dirigía pero nadie lo nombraba, empezó a ser señalado por un acto de corrupción.
El soborno lo originó un periodista de la época del diario Crítica, Oscar Traba, a pedido de Florencio Sola, presidente de Banfield, para que el arquero de Ferro se deje hacer goles y Banfield evite el descenso. Aquello le dio de rebote y en la frente a Hirschl y nunca se supo si estaba al tanto de ese caso que sacudió el fútbol. La falta de pruebas contra el DT fue evidente, por eso la sanción se la levantaron a los pocos meses. Ya era tarde, el mal estaba hecho y tuvo que irse a dirigir a afuera del país.
Pero como su fama ya había trascendido la frontera y los uruguayos casi que convivían con el fútbol argentino, no le faltaron propuestas. Peñarol lo vino a buscar y Emérico que había estado en 1945 en Brasil -en Cruzeiro- cruzó el charco para hacer historia. En el equipo aurinegro logró formar lo que se conoce como “La Escuadrilla de la Muerte”: Ghiggia, Hobberg, Miguez y Schaffino, con el gran Obdulio Varela, harían un mojón histórico imborrable con dos vueltas olímpicas y un reconocimiento popular que originó una votación de los socios para que regrese luego del Mundial de 1950 que ganó Uruguay con esos mismos jugadores.
Las investigaciones de Roitbarg aseguran que debió ser el entrenador de la selección uruguaya y que lo que se conoció como el Maracanzo es parte de una semilla de Hirschl. Pero la puja interna en la Federación uruguaya con la gente de Nacional y lo que había sucedido años antes en Argentina, le jugaron en contra y se le negó la chance de ser el entrenador de una selección que tuvo su sello, aunque el DT haya sido otro. No tuvo suerte. Le había pasado lo mismo en 1938 en Argentina cuando luego del fenómeno River lo designaron para armar el equipo de cara al Mundial. Al final la AFA decidió no participar y sus ideas quedaron en el túnel del olvido y en un par de carpetas archivadas, ya que eran tiempos en los que la selección no le importaba demasiado a la casa del fútbol.
La historia de Hirschl se ramifica y todavía hoy hay decenas de aspectos que esperan salir a cubierta como el propio Emérico lo hizo, lleno de sueños, en el barco que lo dejó en Brasil en 1929. Seguramente el libro que está incubando el historiador Roitbarg revele muchas más horas de este húngaro que tuvo logros increíbles y que los relatos de la época convocaron poco y nada. Es posible que su condición de extranjero y judío lo dejaba sin defensores en un país que miraba con recelo y envidia lo que venía de afuera, en especial en el fútbol. Los tiempos aquellos donde lo nuevo parecía una herejía le quitaron la silla en la tradicional mesa de los hombres del fútbol. Hirschl murió el 23 de setiembre de 1973, alejado del universo de la pelota y sin el reconocimiento que debería haber tenido. 
FUENTE : PAGINA 12

PEDRO ALBERTO VIVALDA

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