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jueves, 4 de enero de 2024

PARA RECORDAR

EL FC GALICIA DE ESPAÑA EN EL FUTBOL INGLES

FUENTE: "KODRO MAGAZZINE": 

En 1968, en un pub de Londres, nace el Centro Gallego de Londres que empezaría a disputar la liga de West Fulham. Este club posteriormente se fusionaría en 1975 con el FC Deportivo Galicia, y en 1995 con el España Athletic.




Su mayor logro llegó al final de la 2016-17 cuando su primer equipo se proclamó campeón de la Premier Division Champions, ganandose así el ascenso a la Division One de la liga de los Combined Counties. El 80% del club son jugadores españoles, y actualmente su primer equipo disputa la Primera División de los Combined Counties League. Sus partidos como local tienen lugar en el Campo de Recreo de Bedfont, compartiendo el terreno con el Bedfont Sports.

En 2013 el FC Deportivo Galicia recibió el reconocimiento de la Asociación de Fútbol de Inglaterra (FA) como club Charter Standard, lo que les sitúa a un paso del semi-profesionalismo.

Actualmente el FC Deportivo Galicia es el último club español en la liga inglesa, y se mantiene a flote gracias a su gestión económica y las ayudas económicas del Centro Galego de Londres.

Su mayor estrella ha sido Quique de Lucas, exfutbolista del RCD Espanyol, PSG, Chelsea, Murcia, Cartagena, Celta y Hércules, que a sus 39 años decidió volver (por un breve espacio de tiempo) por segunda vez de su retiro (en 2014 se enroló en el Biggleswade United) para divertirse con este equipo de emigrantes españoles.


miércoles, 21 de junio de 2023

CURIOSIDADES DEL FUTBOL MUNDIAL

EL DIA QUE SE ENFRENTARON LAS DOS ALEMANIAS EN UN MUNDIAL

FUENTE. EDUARDO MARIANO RAINA MASSARO:




Un 22 de junio de 1974, la única vez que las dos Alemanias se enfrentaron en un Mundial, y él curioso destino del goleador del partido.


Fue en la Copa del Mundo de 1974, y él autor del gol terminó refugiándose, años después, en el país al cuál venció en la cancha.


Hay partidos que marcaron la historia del fútbol desde la política, y así como se puede citar él que Irán le ganó 2 a 1 a los Estados Unidos en el Mundial de Francia ‘98, o él de Argentina a Inglaterra 2 a 1 en él Mundial de México ‘86, otro de los más importantes, es sin dudas, y además de sorpresivo, él que Alemania Oriental le ganó a la Occidental, que además representaba al país organizador en el Mundial de 1974, por 1 a 0.


Ese partido, jugado por la tercera y última fecha del Grupo A del Mundial de Alemania ‘74 en el Volkparkstadion de Hamburgo ante 60.350 espectadores, y que contó como árbitro al Uruguayo (ya fallecido) Ramón Barreto, tuvo connotaciones muy especiales, como que las dos Alemanias, separadas desde 1961 por el Muro de Berlín cómo producto de la división del país tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial en 1945 (el lado Occidental lo tomó Estados Unidos, y la parte Oriental la tomó la Unión Sovietica), y en plena “Guerra Fría” entre el mundo capitalista y el mundo socialista, coincidieran en el que fue él único partido en el que se enfrentaron oficialmente, y encima por él torneo más importante de Selecciones del planeta.


Alemania Occidental (o también llamada Federal) era claramente favorita, e incluso, no sólo a ganar el partido, sino a ganar el Mundial, con la base del fuertísimo Bayern Munich, que justamente en ese año, 1974, comenzaría un reinado de tres años como campeón de la antigua Copa de Campeones de Europa (Champions League desde 1992), con jugadores como Franz Beckenbauer, su gran figura, aunque también un goleador implacable como Gerd Müller, un arquero de gran categoría como Sepp Maier, entre otros tantos cracks.


Uli Hoeness y Hans Georg Schwartzembeck completaban el aporte de los bávaros a la poderosa “Mannschaft”.


Parecía un trámite ese partido porque los locales ya se habían liberado de la presión de no quedar eliminados en la primera ronda.


Habían vencido nerviosamente a Chile en el final con un gol de Paul Breitner (otro gran jugador, que pasó por el Real Madrid) 1 a 0, y ya en la segunda presentación, vencieron a Australia 3 a 0.


Con la clasificación en el bolsillo, recibían a la otra Alemania, la del otro lado del Muro de Berlín, en un partido que podía servir para consolidarse en el primer lugar del Grupo A de cara a la segunda fase, que en aquel tiempo era de dos zonas de cuatro Selecciones cada una en la búsqueda de la final.


Aquel 22 de junio (casualmente, la misma fecha en la que 12 años más tarde se enfrentarían Argentina e Inglaterra en México), a las 19.30 horas, comenzaba un partido extraño para todos.

Los helicópteros revoloteaban sobre el estadio, los perros olfateaban si había explosivos hasta en la sala de prensa, había francotiradores en las azoteas y se utilizaron detectores de metales entre los hinchas.
Los espectadores tuvieron que pasar hasta siete controles antes de llegar a sus lugares.


Cuando salieron los equipos a la cancha, se alinearon para los himnos y otra vez la sensación fue rara, porque además del tradicional himno alemán “Deutschland, Deutschland Úber alles” (Alemania, Alemania sobre todo), también se escuchó el “Auferstanden aus Ruinen” (Resucitados de las ruinas), que en ese entonces oficiaba de canción nacional para Alemania del Este (o Democrática), escrita en 1949 por el poeta socialista Johannes Robert Becher, quien fuera ministro de Cultura de la RDA, aunque desde 1973 se tocó en versión instrumental (el compositor fue Hanns Eisler), sin letra, desde él mutuo reconocimiento diplomático entre los dos países.
Lo cierto es que en Alemania Federal se conocía poco del fútbol de la Alemania Democrática, aunque no al revés.


Y el equipo de Alemania del Este, sin tantas estrellas, había obtenido una medalla de bronce también en la otra Alemania en los recientes Juegos Olímpicos de Munich en 1972 (repetiría podio en Montreal 1976 y en Moscú 1980), y apenas un mes antes del Mundial, para sorpresa de muchos, el modesto Magdeburgo se había quedado con la Recopa de Europa ganándole la final 2 a 0 nada menos que al Milan de Giovani Trapattoni, en el que jugaban, entre otros, “El Bambino de Oro”, Gianni Rivera y el lateral alemán (occidental) Karl Heinz Schnellinger, mundialista en México 1970.
Ese partido ante el Milan se jugó en Rotterdam y al vencer el Magdeburgo, tuvo la chance de jugar por la Supercopa de Europa ante el Bayern Munich, de Alemania Occidental, en lo que pudo ser la antesala perfecta del Mundial porque eran los dos equipos más fuertes de los dos torneos europeos, pero no pudo ser.


Así como meses antes la Federación de la Unión Soviética se negó a que su selección jugara ante Chile por la clasificación al Mundial 1974 por estar en contra del golpe de Estado de Augusto Pinochet, la Federación de Fútbol de Alemania Democrática se negó a que el Magdeburgo jugara ante el Bayern Munich por motivos políticos.
Por su parte, la Selección de Alemania Democrática debutó en el Mundial en medio de la indiferencia de los “otros” alemanes, venciendo 2 a 0 a Australia en Hamburgo, y empatando después 1 a 1 ante Chile en el Estadio Olímpico de Berlín.


De esta forma, Alemania Federal llegaba con un punto de ventaja (4 sobre 3) al tercer partido entre ellas.


Sin embargo, pese a la gran expectativa desde el fútbol a la política y a las enormes y costosas medidas de seguridad, todo resultó un fiasco.


Las acciones eran muy aburridas y el 0 a 0 parecía inexorable cuando a los 77 minutos, Jürgen Sparwasser, jugador del Magdeburgo e ingeniero mecánico de 26 años, aprovechó una desatención de Franz Beckenbauer, Berti Vogts y Horst Höttges y dentro del área sacó un remate que venció al gran Sepp Maier.


Fue una de las grandes sorpresas de la Copa del Mundo y de la historia de los Mundiales, este resultado obligó a Alemania a jugar ante Polonia, Suecia y Yugoslavia, aunque hay otros que sostienen que con esta derrota, los locales evitaron a Holanda y su “Naranja Mecánica” hasta una posible final.


Años más tarde, Sparwasser se refirió a ese gol desde un costado más político: “Era golpear al enemigo donde más le duele.


Mucha gente, entonces, lo veía así.


Si en mi lápida pusieran “Hamburgo ‘74”, todos sabrían quién yace abajo”.
Para Beckenbauer, en cambio, la lectura fue al revés: “El gol de Sparwasser nos despertó.

Sin ese gol jamás habríamos ganado ese Mundial”, aunque no hace referencia a que se salvaron de enfrentar a Holanda en la segunda fase y que aquella derrota les permitió un camino un poco menos complejo, aunque en el grupo de la segunda fase esperara la poderosa Polonia con el arquero Jan Tomaszewski, un defensor como Wladyslaw Zmuda, un crack como Kazimierz Deyna y tres temibles delanteros como Grzegorz Lato, Anderzej Szarmarch y Robert Gadocha.


Sparwasser jugó en el Magdeburgo hasta 1979, cuando a los 31 años, una lesión truncó su carrera, él había sido pieza fundamental en el ascenso a Primera en la temporada 1966/67 anotando 22 goles en 27 partidos.


También ganó la medalla de bronce en Munich ‘72 y entonces llegó a recibir una oferta del Bayern Munich para jugar allí, pero la rechazó.


“Los rumores decían que estuve recompensado en mi país por aquel gol con una casa, un coche y un premio en dinero, pero eso no fue cierto”, desmintió más tarde, a tal punto que Sparwasser aprovechó un partido de veteranos entre las dos Alemanias jugado en 1988 para fugarse a la Occidental, aunque un año más tarde se produciría la caída del Muro de Berlín. Luego, fue asistente del entrenador en el Eintracht Francfurt y más tarde, director técnico del SV Darmstadt 98.


La celebración post-partido de los alemanes democráticos incluyó una cena en el hotel y una excursión a la calle Reeparbahn, “la milla del pecado”, el foco más vivo de la prostitución en el Barrio Rojo de Hamburgo, incipiente cuna del movimiento “okupa europeo”, pero entre los integrantes del plantel no estaba Sparwasser.


“Un chofer me sugirió que me quedara en el hotel porque si me encontraban en el barrio rojo, se iba a quedar sin trabajo.


No se sabe qué habría sucedido si me encontraban.


Me quedé en mi habitación tomando cerveza.


Se dice que la Stasi (el servicio de inteligencia de la RDA) nos metió gente alrededor, pero yo no creo que haya sido así.


Eso es una estupidez.


Yo estuve 15 años viajando por todo el mundo y jugué 40 partidos internacionales en Europa.


No había más que nuestros delegados, pero nadie nos vigilaba”,
Uno de los motivos por los que se cree que finalmente Sparwasser se fugó a Alemania Federal, es que tras el Mundial, lo silbaban en todos los estadios, desconfiados por ese gol que permitió a la RFA avanzar al grupo más fácil de la segunda fase, y así llegar y ganar la final más tarde.


A diferencia de Alemania federal, Alemania Democrática avanzó a la segunda fase pero en su grupo coincidió con Brasil (perdió 1 a 0), la Holanda de Johan Cruyff y la base del Ajax tricampeón de Europa (1971, 1972 y 1973), con la que perdió 2 a 0, y finalizó su participación en la historia de los Mundiales al empatar 1 a 1 ante la Selección Argentina, el 3 de julio de 1974 en el Parkstadion de Gelsenkirchen (ganaban los alemanes con gol de Joachim Streich en el primer tiempo, pero cuatro minutos más tarde empató René Orlando Houseman, en un partido en el que debutó Ubaldo Matildo Fillol, y en el que el conjunto albiceleste aún estaba conmocionado por la noticia a la distancia de la muerte del presidente Juan Domingo Perón dos días antes).


Con caminos opuestos, Alemania Occidental sería campeona del mundo al vencer a Holanda por 2 a 1 en la final, mientras que Alemania Oriental no volvería a jugar otro Mundial y se disolvería como equipo en septiembre de 1990, menos de un año después de la caída del Muro de Berlín.


FUENTE: EDUARDO MARIANO RAINA MASSARO

viernes, 9 de junio de 2023

HISTORIAS DE COLECCION

EL JUGADOR "TRUCHO" QUE QUISO JUGAR EN RIVER PLATE

FUENTE: "TyC SPORTS":

Si el Diablito Claudio Echeverri está a punto de sumarse a los privilegiados que jugaron en la Primera de River en el profesionalismo, ya sea en partidos oficiales o amistosos, el caso más curioso de esa lista de predilectos es la presencia de un futbolista trucho. O futbolista fantasma. O futbolista apócrifo. Un jugador que no existió, que no era real, pero que se puso la banda roja.




Un par de horas antes de un partido de verano en 1977 ante Aldosivi en Mar del Plata, un periodista le preguntó cómo se llamaba al jugador que, ya había trascendido desde el cuerpo técnico, debutaría esa noche. Lo insólito es que el futbolista respondió con evasivas a la pregunta más sencilla, “No sé cómo me llamo, pregúntale al técnico”, y entonces apareció el mítico Ángel Labruna y “anunció” que el debutante se llamaba Luis Rodríguez. Ya durante el partido, la transmisión de TV y los relatores de radio hablaron toda la noche del tal Rodríguez y así lo repitieron los diarios del día siguiente. Sin embargo, era un nombre ficticio. No existía ningún Luis Rodríguez: en verdad se llamaba Braulio Castro. Pero nadie lo sabía.

Aunque en 1975 había ganado al fin el título que se le negaba desde 1957, River la pasaba mal a comienzos de 1977. Boca no sólo había sido bicampeón del año anterior: a fines de diciembre había ganado la primera final superclásica, el 1 a 0 del Nacional de 1976 que, hasta 2018, sería la única definición entre Boca y River de la historia. No sólo eso: en 1976, River también había perdido su segunda final de Copa Libertadores, ante Cruzeiro. El partido previo al River-Aldosivi en Mar del Plata, 48 horas antes, había sido un desastre: el 3 de febrero, Everton de Chile había goleado 6-2 al equipo de Labruna por el torneo Hexagonal jugado en Viña del Mar. Muchos jugadores no querían al técnico y hablaban abiertamente de su intención de destituirlo.

Por ejemplo, Alejandro Sabella, luego entrenador de la Selección Argentina –hombre al que nunca se le escapaba una palabra de más-, declaró en esas horas turbulentas: “Yo estoy enfrentado a Labruna. Se lo dije cara a cara: jugar así no es beneficioso para mí, ni para él ni para River”. El técnico de River, a su vez, no se quedaba atrás: “De 90 partidos del año, jugó 80 y sólo hizo dos goles”. A la espera del comienzo de la actividad oficial, programada para el 20 de febrero, River seguía su gira de amistosos preparatorios. Y buscaba refuerzos. Ya asegurado el regreso del goleador Víctor Marchetti, River negociaba por otros delanteros: René Houseman (futuro campeón del mundo y finalmente jugador de River en 1981), Fernando Morena (mediocampista ofensivo de Peñarol, luego jugador de Boca) y Daniel Astegiano (atacante de Independiente).

Justamente, un ex jugador de Independiente y Boca, Alcides “Cacho” Silveira, se había acercado en enero de 1977 al presidente de Independiente, Julio Humberto Grondona –que dos años más tarde asumiría el gobierno de la AFA- y le ofreció a un ignoto delantero uruguayo de procedencia mexicana. Pero Don Julio no lo aceptó: “Me ofrecieron a un pibe uruguayo, Braulio Castro, pero estoy cansado de estas historias, después son jugadorcitos de mitad de cancha. No quiero saber con cosas raras”.

El tema es que, en un River en crisis, el propio Castro terminaría sumándose a la concentración del equipo de Labruna en Mar del Plata. El 5 de febrero, en la previa del amistoso ante Aldosivi, un periodista de El Gráfico le preguntó:





-Nos dijeron que jugaste en Nacional de Montevideo, en la selección uruguaya, en México y que tenés el pase libre. ¿Nos podrías dar tus datos personales?

-No, no sé cómo me llamo. Pregúntele al técnico.

-¿Cómo que no sabe como se llama?

-No, no sé. Que le diga Labruna cómo me llamo.

Y entonces, ante la pregunta a Labruna –“¿Cómo se llama el refuerzo?”-, el mito que comparte estatua con Marcelo Gallardo en la entrada al club sacó a relucir toda su picardía y respondió con un nombre genérico, común: Luis Rodríguez.

-¿De dónde viene?-, quiso saber el periodista.

-Se lo digo después para no entorpecer las tratativas.

Con la presencia del propio Sabella, Reinaldo Mostaza Merlo y Juan José López, River venció 4 a 2 a Aldosivi en un partido en el que Rodríguez –mencionado así por todos los relatores- hizo poca cosa como puntero izquierdo: un par de amagues y no mucho más, hasta que Labruna lo sustituyó a los 21 minutos del segundo tiempo. Era un plantel con tan pocos delanteros que el uruguayo fue reemplazado por Rodolfo Raffaeli, un defensor que pasó a jugar de puntero. Algo más insólito había ocurrido el año anterior, cuando el arquero suplente, Luis Landaburu, había jugado de delantero en el segundo tiempo de un amistoso ante San Martín de San Juan.

Para la revista River, el debut de Rodríguez fue “discreto, hay que esperar”. Jorge Kiper, el presidente de la Subcomisión de fútbol, coincidió con ese diagnóstico futbolístico, pero le confió al periodista de El Gráfico un dato que –se suponía- no debía trascender: “Hay que esperarlo, tiene algunas cosas parecidas a su padre. ¿Sabe quien era? El ‘Manco’ Castro”.

En rigor, el directivo cometió un error: Braulio Castro era hijo de su padre homónimo, que jugó en la selección uruguaya de 1932 a 1937, y en cambio el Manco Castro –campeón del mundo en 1930- se llamaba Héctor. Pero más allá del detalle, obviamente la mentira que habían armado entre Labruna, el supuesto Rodríguez y Silveiro ya había quedado al descubierto con la confesión de Kiper: Braulio Castro (h) era un delantero uruguayo que entre 1972 y 1974 había jugado en Nacional y luego en Jalisco, de México. Se supone que también había jugado para la selección de Uruguay el Sudamericano Sub 20 de 1971, en Paraguay. La decisión de falsear su nombre fue porque la Federación de México no le había dado autorización para que jugara en un club de otro país hasta que no arreglara su situación con el Jalisco.

Sin embargo, sólo la revista El Gráfico blanqueó esa truchada esa semana: la revista River, en cambio, se prestó al juego a medias. “Contra Aldosivi debutó ‘Luis Rodríguez Castro’, y entrecomillamos su apellido porque estamos convencidos de que no se llama así, pero hay cosas de los negocios. Estará a prueba dos partidos más en Mar del Plata. Contra Aldosivi mostró bastante poco”.

La segunda oportunidad para Rodríguez, o para Castro, llegaría cuatro días después, en un 2 a 2 entre River y la Selección Argentina de César Luis Menotti que se preparaba para el Mundial 78. El futbolista trucho fue un desastre: Labruna lo sacó a los 45 minutos. Después del partido, la revista River habló con Castro, que le apuntó al periodista de El Gráfico:

-Como estoy jugando sin autorización del Jalisco, me cambié el apellido para no tener problemas. Pero un periodista malentendió lo que le dije, y puso que yo no sabía cómo me llamaba.

Castro también hizo una autocrítica: “No jugué a mi nivel, venía de vacaciones, estaba falto de fútbol y terminé muy cansado”. Pero Labruna ya le había bajado el pulgar y no esperó al tercer partido de prueba, ante Boca en Mar del Plata, para declarar que no lo incorporaría al plantel: “La verdad no demostró mucho, jugó mejor el primer partido que el segundo. No lo puse contra Boca porque iba a ser un partido muy trabajado”, dijo el técnico.

A los pocos días, River debutaría con un 6-2 ante Temperley, el primer paso hacia el título de campeón en el Metropolitano 1977. Lo haría sin la presencia de Braulio Castro, de quien se sabría muy poco a partir de entonces, salvo que jugaría 10 partidos y anotaría un gol para Quilmes en 1980. Futbolistas que jugaron a prueba en River en un amistoso y no quedaron en el plantel hay muchísimos, como el brasileño Julio Cesar en 1983 y Enzo Trossero en 1986, pero futbolistas truchos, sólo hubo uno. El falso Luis Rodríguez.

viernes, 20 de mayo de 2022

COMO FUERON LAS ULTIMAS HORAS

EL DECESO DE OSCAR TRONCOSO EX BOCA Y RIVER 

FUENTE: INFOBAE

El vicepresidente de River Plate, Patrick Noher, salió desesperado gritando: “¡Trossero se nos muere, Trossero se nos muere! ¡Una ambulancia por favor!”. Enseguida acudieron al vestuario visitante los médicos de Rosario Central para sumarse a los de River, pero el panorama ya se tornaba irreversible. La ambulancia llegó enseguida y a los pocos minutos Oscar Trossero estaba en el Hospital Freire, a pocas cuadras del estadio rosarino. Sus compañeros quedaron entre esas cuatro paredes, donde habían sido testigos de una situación dolorosa e increíble. Los más exaltados golpeaban los armarios, en medio de un ataque de nervios.




Había sido una hermosa tarde de primavera ese 12 de octubre de 1983, con un sol pleno que ayudaba a ir a la cancha en un día no laborable. El Gigante de Arroyito estaba repleto y el cuadro local se impuso a River por 2-1 sin mayores complicaciones. Los hombres de la visita enfilaron hacia el vestuario con el gesto tradicional de aquellos días: cabezas gachas y algún reproche al aire por una actuación floja. River se estaba acostumbrando a perder y eso resultaba tan peligroso como extraño para quienes se adaptaron al éxito.


Oscar Trossero fue uno de los primeros en desvestirse e iba a ducharse, en medio de un camarín de caras largas, donde nadie suponía estar en la antesala de la tragedia, como la evoca el Vasco Julio Olarticoechea; “En ese momento yo estaba a dos duchas de distancia de la de él y de golpe vimos como súbitamente se desplomaba. Pensamos que era un simple desmayo luego del esfuerzo por los 90 minutos disputados, pero enseguida nos dimos cuenta de que era algo peor”.


River no era River allá por la primavera del ‘83. Su alma venía sufriendo un golpe tras otro y no solo en lo deportivo, donde atravesaba uno de los peores momentos de su historia. La obtención de la Copa de Oro de Mar del Plata, en el verano del ‘82, era el último recuerdo de una fiesta. El gol de Ramón Díaz ante Gatti fue suficiente para levantar el trofeo y gozar al tradicional rival. Pero allí parecieron quedar las risas y los festejos. 


El inevitable éxodo de figuras tras el Mundial de España (Passarella, Kempes y el propio Ramón), más la partida de un inmenso ídolo como el Beto Alonso, peleado con el entrenador Alfredo Di Stéfano, fue empobreciendo al plantel, que realizó un opaco desempeño en los dos torneos de esa temporada, apenas maquillado por haber eliminado a Boca en la fase de grupos de la Libertadores, antes de caer en forma estrepitosa con Peñarol y Flamengo en la ronda semifinal, donde no pudo contar con Fillol, lesionado en la clavícula. Además, en septiembre había fallecido Vladislao Cap, su flamante director técnico.


Las últimas palabras de Oscar Trossero fueron de queja por la mala suerte que estaba persiguiendo al equipo ante otro resultado ajustado en contra. Inmediatamente abrió la ducha y apenas recibió el chorro de agua helada sobre su humanidad, se tomó la cabeza y cayó al suelo. A partir de ese instante, la locura y desesperación ganaron a todos. 


Los doctores Roberto Paladino y Seveso comenzaron con los masajes cardíacos, la respiración boca a boca e incluso las inyecciones, pero no daba ningún signo de recuperación. “De ahí lo subieron a una camilla. Nos dimos cuenta de que le costaba reaccionar y rápidamente se lo llevaron para un hospital”, recuerda el Vasco Olarticoechea como si fuera ayer aunque pasaron 39 años.


El desenlace, que nadie quería saber, ya era una realidad, y así lo contó el doctor Roberto Paladino: “Cuando me di cuenta de la situación, corrí hacia él y en un primer momento parecía que reaccionaba. No fue así. Estaba muy pálido y tanto su pulso como su ritmo cardíaco estaban paralizados. Prácticamente estaba muerto desde el primer momento, aunque recurrimos al último intento, que fue trasladarlo. Todo fue terriblemente inútil”.


Lentamente el sanatorio comenzó a poblarse de curiosos. Con el dolor a cuestas, también asistieron sus compañeros, como lo recuerda Olarticoechea: “Antes de volvernos para Buenos Aires pasamos por allí y nos confirmaron que había fallecido. Fue un momento durísimo y obviamente no lo podíamos creer, porque hasta menos de una hora antes habíamos compartido una cancha…”


Las lágrimas de los muchachos del plantel, absortos ante la crueldad del destino, eran el marco del desencanto. La noticia ya corría por las radios, los canales de TV y las redacciones de todo el país. Oscar era oriundo de Gödeken, una ciudad ubicada a 50 kilómetros de Venado Tuerto y por la cercanía con Rosario, varios de sus familiares habían concurrido al estadio y se trasladaron al hospital, dándole un cuadro aún más desgarrador, sobre todo por el llanto desconsolado de su madre. A las 21:45 partió la ambulancia con su cuerpo rumbo a su pueblo y pocas horas más tarde, con destino a las instalaciones de River Plate.


Esa tarde, en Buenos Aires, el partido más atractivo de la jornada había tenido lugar en el Estadio Monumental, donde Boca hizo de local ante Independiente. El capitán de los Rojos era Enzo Trossero, quien había sido compañero en Nantes de Oscar, con quien no solo compartía el apellido, sino una amistad. Así recuerda aquel duro atardecer: “Nos hicimos muy amigos y las familias también. El primero en llegar a su departamento en la zona de Núñez, para ver a Stella su esposa, fui yo, porque estaba en la zona luego de nuestro partido. Al salir con mi auto, escuché en la radio la noticia de su fallecimiento. Una situación dramática, porque al rato llamó un hermano de él desde Rosario, que lo había acompañado a la cancha. Fue una pérdida tremenda”.


Aneurisma cerebral. Ese fue el motivo que desencadenó la repentina tragedia en aquel vestuario rosarino. River informó que se le habían realizado todos los estudios de rutina y que fue algo repentino y sin antecedentes. Las entrañas del Monumental, que sufrían por lo deportivo, volvían a derramar lágrimas, como un mes antes por Angelito Labruna, ahora por Trossero, que fue velado allí durante la mañana y la tarde del jueves 13, mientras por la capilla ardiente desfilaban muchas personalidades del fútbol. El entrenador José Varacka, junto a Américo Gallego, Eduardo Saporiti y Emilio Commisso, entre otros, encabezaron el cortejo que llevó el ataúd, envuelto en la bandera de River, hasta el vehículo que desandó el camino hacia Gödeken, su tierra natal, donde fue enterrado.


Desde allí había comenzado a soñar con el fútbol. A los 14 años se inició en las Inferiores de Boca, en el famoso predio de La Candela, para alcanzar el debut en primera división en 1972. No pudo consolidarse y pasó a Racing un año más tarde, donde quedó en el recuerdo por marcarle 3 goles a River en una misma tarde del ‘74. En 1975 llegó a Unión, donde pudo explotar su capacidad goleadora, que incluso lo llevó a estar en la Selección que se preparaba para el Mundial ‘78. Emigró a Francia, donde logró destacarse en Mónaco, Nantes y Montpellier hasta el momento de regresar en el verano del ‘83 para colocarse la camiseta de River, inesperadamente, la última de su carrera.


Dejó un grato recuerdo en todos sus compañeros. En esa sintonía van las palabras del Vasco Olarticoechea: “Era un tipo sano y joven, que se cuidaba muchísimo. Tengo la imagen de alguien metódico y ordenado en su vida. Realmente daba gusto estar con él, porque era muy simple y tranquilo, de perfil bajo. Escuchaba más que lo que hablaba dentro del plantel. No compartimos mucho tiempo, apenas diez meses, pero ese era su perfil. Corría y era un delantero potente dentro de la cancha. Fue una gran tristeza su pérdida”.


Su esposa Stella no quiso que se practicara la autopsia, porque sentenció en aquellas horas febriles que lo mejor era dejarlo tranquilo. Y así uno espera que esté Oscar Víctor Trossero, descansando en la paz de su tierra natal, tras haber sido protagonista de muchos goles, varias alegrías y una inmensa tristeza en el ambiente del fútbol argentino

lunes, 16 de mayo de 2022

INCREIBLE PERO REAL

CUANDO "EL LOBO" SE HIZO PASAR POR "EL PAJARO"

FUENTE: "KODROMAGAZINE"

Daniel «El Lobo» Cordone se hizo pasar por Claudio Caniggia en un partido amistoso de veteranos en el marco del Indoor Showbol que enfrentó a las selecciones de Brasil y Argentina el 24 de noviembre de 2014. Claudio Paul el verdugo de Brasil en el Mundial de Italia de 1990, era una de las mayores atracciones anunciadas de aquel partido disputado en la exsede mundialista de Natal. Por sorpresa de parte de la organización, en su lugar se presentó Cordone, exjugador de Vélez, Racing, San Lorenzo y Newcastle, con quien guardaba un gran parecido físico.



Las sospechas de los periodistas brasileños sobre la falsa veracidad del Caniggia que estaban viendo se produjeron al ver los tatuajes de Cordone, quien jugó con una cinta de pelo muy similar a la que utilizaba Caniggia. Además, disputó el encuentro con el número 7, el dorsal mítico del «Cani» en la selección argentina, y no se detuvo para hablar con los periodistas en ningún momento para evitar ser reconocido.

«Pedimos disculpas a los aficionados. Nosotros compramos los billetes de avión para Claudio Caniggia, con su número de pasaporte y su nombre completo. También pagamos su estancia en el hotel y tenemos esos documentos», aseguraba ante los micrófonos André de Paula, uno de los organizadores responsables del evento promovido por la empresa Fénix Sports. De Paula también aseguró que durante la «concentración de los jugadores» no tuvo ningún contacto con Caniggia y que en una rueda de prensa en la que estaba prevista la comparecencia del exjugador junto a Alejandro Mancuso, quien, según de Paula, era el «encargado de organizar el equipo argentino», solamente apareció el último. Finalmente, prometió encontrar a los responsables del engaño y subrayó que «hasta el momento» no saben «cómo ha podido pasar esto».

Por su parte, Claudio Paul Caniggia aseguró lo siguiente: “yo nunca estuve al tanto de dicho evento. Es una vergüenza que utilicen mi nombre para engañar a la gente”. Debido a esto, la Asociación Argentina de Showbol emitió un comunicado en el que aseguró no haber realizado, participado ni producido espectáculo alguno. Y apuntaron a Alejandro Mancuso, el encargado de organizar el evento por el lado argentino. “No tenemos ninguna relación con él”. Mancuso, por su parte, negó rotundamente el engaño e insistió en que nunca aseguró la presencia de Caniggia. “Me preguntaron por él en una conferencia de prensa y dije que vivía en Europa y no podía venir», aclaró.

El precio de las entradas oscilaba entre los 20 y los 150 reales (entre 8 y 59 dólares), por lo que, según declaraciones al medio brasileño Globoesporte de Daniel Bandera, director del organismo de defensa al consumidor de Natal, los aficionados que se hubieran «sentido defraudados podrán reclamar».

Aquel «clásico sudamericano» entre veteranos de Brasil y Argentina finalizó con un marcador de 3-3 en el cual marcaron Beto, Petkovic (nunca llegó a jugar con la absoluta brasileña debido a su trayectoria con la selección de Yugoslavia) y Souza para los brasileños mientras que los tantos argentinos salieron de las botas de Óscar Ruggeri y de Esteban Fuertes, que anotó en dos ocasiones.




martes, 21 de diciembre de 2021

HISTORIAS QUE MERECEN SER LEIDAS

CUANDO UN JUGADOR DE BARRACAS CENRAL YRTMINO CON UNA HERIDA DE BALA 

FUENTE: "TyC SPORTS":

Barracas Central y Quilmes se miden en la final del Reducido, mano a mano por un lugar en la Liga Profesional, desde las 20.10 en el estadio de Racing y con transmisión de TyC Sports. El Guapo y el Cervecero tuvieron varios cruces a lo largo de la historia. Incluso uno de ellos ¡terminó con un jugador herido de bala!



El episodio se registró en agosto de 1924, tras un empate por 1-1 en la Copa Competencia. Cerca de las 17, Luis Manna -defensor del Cervecero- buscó a Segundo Achar, delantero de Barracas, quien estaba en la estación para emprender su regreso a la Ciudad de Buenos Aires.

Manna sacó un revólver y le disparó a Achar en la pierna izquierda. Según detalla el periodista Carlos Aira en su libro "Héroes de Tiento", el futbolista se dio a la fuga, hasta que finalmente lo encontró la policía y le secuestró el arma. Un episodio singular de los tantos partidos entre Barracas Central y Quilmes, que -casi 100 años después de ese duelo- se miden mano a mano en una final por un boleto a Primera.


domingo, 15 de diciembre de 2019

EL DOPING EN EL CALCIO

LOS SECRETOS REVELADOS POR CARLO PETRINI

Carlo Petrini, ex futbolista italiano de los años 60 y 70 ha confesado en Sky Sport 24 que fue víctima del dopaje durante su carrera profesional.


"Además de medicamentos, sufrí el dopaje porque sufrir es la palabra para mí", declaró el ex jugador del Génova, Milán, Torino y Roma.

"La primera vez llegaron a los vestuarios el médico, el masajista y el entrenador. El médico tenía un frasco en las manos, que parecía un botella de refresco con un tapón blando rojo".

"En mi época, no existían las jeringuillas de usar y tirar, utilizabamos jeringuillas grandes de cristal que se hervían al mismo tiempo que la aguja. Aquel día la aguja entró cinco veces en el frasco y luego en cinco nalgas diferentes, sin cambiarla, declaró.

"Aquel día nos dimos cuenta de lo que nos habían dado porque podíamos correr, saltar, tirarnos, correr hacia la portería, tener la mente lúcida y seguir corriendo sin cansarnos. Tenía una fuerza en el cuerpo que las demás veces era inimaginable", añadió.

"Durante un encuentro te salía una especie de baba verde de la boca, que tenías que escupir para no ahogarte", añadió el ex delantero, que explicó que otro de los efectos del dopaje era tener la lengua hinchada.

"Sólo a las 3 ó 4 de la madrugada, te llegaba el cansancio y te podías dormir en cualquier sitio", agregó.

Petrini afirmó que las inyecciones eran una costumbre generalizada entre los equipos y que "incluso algunos de sus compañeros se las ponían ellos mismos, porque no se fiaban de los masajistas".

La entrevista fue realizada para un programa televisivo que se emitirá hoy y que hablará de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que ha sido la causa de la muerte de quince futbolistas que jugaron en Italia y que ha afectado a unos 50.

El ex delantero del Milán Stefano Borgonovo, de 44 años, es uno de estos afectados por la llamada también síndrome de Lou Gehrig y a través del canal televisivo ha comenzado una campaña de sensibilización para que se aumente la investigación sobre porqué afecta a los futbolistas.

Algunas de las posibles causas que se manejan como causa de esta enfermedad son el dopaje, los traumatismos y sustancias tóxicas utilizadas para el correcto mantenimiento de los terrenos de juego.

FUENTE: AS.COM

martes, 15 de enero de 2019

ACONTECIMIENTO CURIOSO

FUE EN ARGENTINA -PERU 1937



Un 16 de enero, en 1937, un hecho curioso en la Copa América disputada en Buenos Aires. En el partido en el que la Selección ARGENTINA derrotaba por 1 a 0 a Perú en la cancha de San Lorenzo, con un gol del delantero de Estudiantes, Alberto Zozaya, el árbitro uruguayo Aníbal Tejada expulsó en el minuto 84 a Antonio Sastre, al mismo tiempo que el crack de Independiente era reemplazado por Héctor Blotto. Pese a los reclamos de los dirigentes peruanos, el conjunto albiceleste terminó el partido con 11 jugadores en el campo y ganó el partido. Esa noche, Vicente DE LA MATA debutó en el seleccionado.

FUENTE: EFEMÉRIDES DEPORTIVAS

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

ESTEBAN CAMBIASSO EN RIVER FUENTE: "KODRO MAGAZZINE" Esteban Cambiasso, tras una llegada prematura al Real Madrid B con 16 años ju...