jueves, 22 de agosto de 2019

DEJO SU HUELLA EN EL AUTOMOVILISMO NACIONAL

CARLOS ALBERTO GARRO: "EL PÁJARO"

Después de haber transitado su infancia en Villa del Carmen, ayudado con almohadones para manejar en el campo, el Pájaro Garro dibujó su pasión por correr cuando en la adolescencia llegó a Río Cuarto.



Vecino de Remigio Caldara uno de los veloces de su tiempo con los Isard 700, pudo acceder a un kart y saborear victorias hasta la imposición paterna de estudiar.



Sin embargo todo cambiaría por el azar. El Casino de Mar del Plata en unas vacaciones recompensó su suerte con más de 50 mil dólares de la época que sirvieron para comprar una coupé Fiat 1500 que corría Mario Geretto.



En el 72 debuta con un Peugeot 504 finalizando 4to. en Capilla del Monte iniciando un vínculo oficial en 1974, que la historia del automovilismo en carreteras resalta hasta el día de hoy.



Versátil como pocos, sus capacidades sobresalieron tanto en la pista como en la tierra y en un Desafío con Ford Maverick en Brasil superó al malogrado José Carlos Pace, por entonces uno de los grandes de la F1.



Pudo tener destino europeo en la F2 Internacional en 1976, junto al Colorado Ricardo Zunino, pero su tremendo accidente en Las Flores frustró la posibilidad.



En el Codasur 80 integró la escuadra oficial Peugeot Francia junto al Bicho del Buono con los 504 V6, junto a Timo Makinen y Jean Lefebvre, retirándose en la 3ra. etapa por divergencias serias con Jean Todt al no recibir la atención pactada en su unidad.



Sus tiempos en el rally nacional lo ubican como figura indiscutible junto a Pancho Alcuaz y Alfredo Pisandelli, el trío que sostuvo la lucha de los tracción trasera contra los R18 oficiales.



Trascendentes sus victorias junto al recordado Marcelo Tornquist, el Pájaro ha dejado una huella imborrable en el automovilismo argentino que hoy queremos resaltar en el día de su cumpleaños.



M.G.
Rallynoticias.com
Foto:P.Car

DE ORIGEN HÚNGARO, PERO ERA UN PORTEÑO MAS

JORGE ELMER BANKI EL DT 

Convivió con los horrores de la Segunda Guerra Mundial y debió soportar la dureza de regímenes como el nazismo y el comunismo. Desde muy chico, Elmer Banki,.nacido en un suburbio de Budapest en 1916, demostró una rara habilidad para la gambeta y para los goles y por ese motivo llegó a ser con el número 9 en la espalda uno de los más grandes delanteros de los equipos húngaros y el más querido director técnico en su país.


(FUENTE: CLARIN)




El autor de la nota, prestigioso periodista, logró a través de su profesión forjar una perdurable amistad con el húngaro Jorge Elmer Banki, director técnico de más de una decena de equipos del Ascenso. El recuerdo de un amigo para un personaje inolvidable.


Por Guillermo Tagliaferri, especial para el CIHF.


Hasta el último día mantuvo el acento húngaro en su tono, pero eso no le impidió ser un amplio conocedor y dominador de la idiosincrasia argentina. Salvo ese mencionado sello en su voz y los documentos oficiales que cantaban su nacimiento en Budapest, Hungría (un 24 de agosto de 1916), Jorge Elmer Banki era un porteño más. Pese a la diferencia de edad, más de cuarenta años nos separaban cronológicamente, forjamos una auténtica amistad. Esos vínculos que surgen espontáneamente, sin motivos ni razones. Simplemente por afecto y afinidad. ¡Cómo olvidar esas largas charlas cuando nos recordaba sus anécdotas o nos daba muestras de su rectitud! Esas largas tardes de café, las cenas con nuestras familias, los contactos telefónicos o los encuentros casuales y cortos. 


Jorge Elmer Banki mantuvo su vitalidad, entusiasmo y ganas hasta que su salud decayó. Pese a estar alejado de la dirección técnica no dejaba de ir a los estadios, de emitir opiniones sobre jugadores o equipos y de idear nuevas ideas que plasmaba en apuntes que luego se transformaban en libros. El domingo 4 de mayo de 2003, a los 86 años, su vida se extinguió. Atrás dejó infinidad de enseñanzas y amistades, algo que valoró mucho. También sentía un cariño sin límites por su familia: su esposa, Margarita, su hijo Andrés, sus nietos y la memoria de su fallecido hijo Jorge. En Hungría dejó una carrera como futbolista —actuaba de centrodelantero— y los horrores de la guerra. Pisó Buenos Aires en mayo de 1959, con dudas, pero al poco tiempo se encariñó con su nuevo hábitat y empezó su extensa trayectoria por clubes del Ascenso. Debutó en Arsenal de Llavallol, cuando era filial de Boca Juniors, y fue agregando, con el tiempo, campañas en All Boys (1962, 64 y 66-67), Newell’s (63), Nueva Chicago (63), Deportivo Morón (65 y 76), Argentinos Juniors (65), Excursionistas (65), Talleres de Remedios de Escalada (67), Estudiantes de Buenos Aires (67-68, 73 y 76), San Telmo (68-69), Almagro (72 y 74) y Sportivo Italiano (77-78), además de El Nacional de Ecuador. 

“Los argentinos, el pueblo, son generosos, amables y buenos, aunque poco responsables”, fue una de sus frases. Y se emocionaba ante cada llamado telefónico o carta de alguno de sus ex dirigidos. “Esto vale más que nada”, decía. Esos contactos eran muy frecuentes en su casa de Villa Devoto, su barrio favorito. Banki siempre privilegiaba referirse a estos gestos humanos antes que recordar sus triunfos (protagonizó campañas espectaculares salvando a equipos casi condenados al descenso o peleó ascensos hasta último momento), sus vueltas olímpicas (fue campeón de Primera C con Almagro), sus jugadores famosos (Ángel Rojas, Jorge Coch o Juan Czentoricky). Fue un revolucionario en cuanto a tácticas y entrenamiento, el primer entrenador en utilizar vallas para perfeccionar el salto o en darle una pelota a cada jugador en las prácticas. Pero sobre todo les dio los consejos indicados a sus dirigidos, los orientó en el deporte y en cuestiones personales. Así era Elmer Banki, el técnico inquieto que entendió los códigos del fútbol y de la vida.

miércoles, 21 de agosto de 2019

EL MORTERO DE RUFINO

BERNABÉ FERREYRA  Y SU ETAPA EN TIGRE



El 12 de Febrero de 1909, en Rufino, Santa Fe, nacía el jugador más importante de la historia del Club, y de los comienzos del profesionalismo en la Argentina. Llegó a Tigre en noviembre de 1929, de la mano de Alberto Monge, encargado del fútbol del Club, quien lo viera jugar en BAP de Junín.





Comenzó su carrera a los 14 años jugando para Jorge Newbery de Rufino, donde lo conocían como “el ñato”, y enseguida los apodos destacaron sus virtudes: “el pibe cañonazo” era un centro delantero bajo (1,72 mts.) de potente remate con ambas piernas, con una hábil gambeta para sacarse la marca de encima, y eficaz inteligencia para resolver de forma inesperada.



Su primer partido lo jugó el 13 de octubre de 1929, en la goleada ante El Porvenir por 4 a 0: la carta de presentación fueron los 4 goles anotados en su debut. Esa temporada fue el goleador del equipo con 11 goles, al año siguiente consiguió otros 18 tantos.



La anécdota cuenta que cuando Tigre jugaba de local hacía mojar la pelota de tiento antes de los partidos: al estar más pesada, a los demás jugadores le costaría rematar, pero él seguía marcando diferencias.



En 1930 y hasta abril de 1931 fue cedido a Huracán y Vélez Sársfield en sendas giras internacionales: Con Huracán fue a Brasil donde participó de 8 partidos y convirtió 11 goles y con Vélez realizó una gira por toda América donde jugó 26 partidos y marcó 39 goles.



Retorna a Tigre y, ya en la era profesional, su debut se produce recién en la fecha 14 el 30/08/31, en la victoria ante Quilmes por 4 a 1. Una vez más, Bernabé marcó los 4 goles del partido. En adelante, en los 13 encuentros que disputó en el Club marcó 19 goles, siendo el goleador de Tigre en esa temporada.



El 27 de septiembre, por la primer fecha de las revanchas, Tigre recibe a San Lorenzo en cancha de Boca Juniors, y esa tarde comienza la verdadera leyenda: Luego de ir perdiendo 2 a 0 hasta los 29 minutos del complemento, Tigre da vuelta el partido con 3 goles de Bernabé en 7 minutos. Así los apodos populares se multiplicaron, La Fiera, La Catapulta de Tigre, el Mortero de Rufino lo acompañarían toda su carrera.
Al año siguiente, junto al zaguero Alberto Cuello, pasa a River Plate por la suma de $ 35.000 y el mote de “Millonarios” al club de Nuñez.



Su primer partido internacional fue ante Uruguay, en cancha de San Lorenzo, en 1929: en esa ocasión pesó la inexperiencia y erró goles hechos. Jugó solo 4 partidos para la Selección y no anotó.



Se retiró del fútbol a los 29 años, en 1939, debido a las continuos golpes que sufría de sus marcadores, con un total de 206 goles en 197 partidos en la era profesional (además de los 29 goles anotados para Tigre en la etapa amateur), con un promedio de gol de 1,04 goles/partido.



Falleció el 22 de mayo de 1972, fue velado en el Estadio Monumental y sus restos descansan en su Rufino natal.



FUENTE: CLUB ATLÉTICO TIGRE

lunes, 19 de agosto de 2019

NO FUE CAMPEÓN, FUE MÁS

HORACIO SALDAÑO FUE UN ÍDOLO POPULAR

Nunca fue campeón de nada, como el Mono José María Gatica. Pero fue ídolo popular como Gatica. Así fue la historia del púgil criollo Horacio Agustín Saldaño.





Nacido en San Miguel de Tucumán, criado en un barrio cercano al hipódromo y al Parque 9 de Julio, llegó al club Unión Tranviarios y bajo la dirección de Rubén Aguirre, descubrió el mundo de los guantes.


“Nunca me gustó el boxeo. Elegí ser boxeador por una cuestión económica. Me hubiera gustado estudiar y trabajar de otra cosa”, alguna vez le dijo a este periodista compartiendo un café.


El club Villa Luján fue su casa adoptiva tucumana. Allí debutó. Después de 33 peleas invicto, y de llenar el estadio en cada presentación, llegó a Buenos Aires, siendo con el tiempo protagonista de miércoles inolvidables de boxeo y televisión.


La primera presentación en el Luna Park fue el 15 de mayo de 1968 noqueando al brasileño Joao Merencio en sólo veinte segundos. Los miércoles, con su presencia fondista, comenzaron a parecerse a los sábados del Luna. Su figura siempre se destacó. Fue convocante en la pantalla y atrapante para la tribuna.


Su estilo movedizo, la fiereza de noqueador atento y su concentración para definir modelaron el apodo: “La Pantera Tucumana”.


“Es verdad, nunca gané un título. Cuando derroté a campeones, fueron peleas sin nada en juego. Incluso antes de retirarme me quise dar el gusto y combatí por el título tucumano welter. Y perdí” (NdR: el 10 de diciembre de 1982 en el club Villa del Luján, cuando perdió por puntos con Juan Orlando Barboza).


La noche del sábado 8 de octubre de 1983 fue, sin dudas, especial. Para Saldaño y para el boxeo. Cargadas de un alto voltaje emotivo, cerca de 8.000 personas asistieron a lo que sería la última pelea profesional del tucumano. Un ídolo se despedía. Fue enfrentando al enorme Ubaldo Néstor “Ubby” Sacco. Fueron poco más de trece minutos de pelea. Suficientes.


Horacio Saldaño, con sus casi 36 años allá por el 2016  y más de la mitad de ellos ligados al boxeo. Noventa y cuatro combates rentados. Muchos de ellos verdaderas batallas de coraje y fragor, quedaron atrás. Un intento mundialista fallido ante José “Mantequilla” Nápoles y su choque electrizante con el marplatense “Tito” Yanni ya eran historia.


“Una semana antes de pelear con Mantequilla Nápoles, me saqué el hombro. No me recuperé. Si aplazaba la pelea, como me decía Tito Lectoure, no iba a tener otra oportunidad. Además necesitaba el dinero. Fui desde mi camarín al ring con un nudo en la garganta. Sabía que no podía ganar. No podía levantar el brazo”, confesó –en tono de confesión– Saldaño.


Horacio Agustín Saldaño tuvo épocas de gloria. En lo deportivo y económico. Noches memorables donde, desplegando una suerte de coraje, destreza y potencia demoledora, batió a  rivales de todo calibre. Supo de las mayores emociones. Le sonrió a las luces de la fama sostenida y soportó la oscuridad de tristezas interiores. Mucho dinero y bolsillos secos. Grandes hoteles y la pieza de una modesta pensión. El regreso en busca del verdadero Saldaño. El de carne y hueso. Ese que apareció después de las grandes veladas, para decir: “Cuánto tiempo perdí. Que equivocado estaba. Regreso para demostrarme y demostrar a los míos que puedo empezar una nueva vida”. Y volvió. Combatió. Ganó y perdió. Cuidó sus últimos pesitos y su físico como nunca antes.


“Me jubilé de empleado en el Senado nacional, en el Congreso. Un milagro haber encontrado ese trabajo. Hice amigos y la gente me quería mucho. No tenía un peso y estaba muy mal, cuando apareció esta posibilidad. Dios me ayudó, se acordó de mí”.


Cambiaron cosas en la vida de Saldaño. Lo que nunca cambió ni sufrió alteraciones fue su comunicación y relación con el público. Esa adoración que sólo reciben los que han sido elegidos para dejar impresiones digitales de ídolo. Ese público que preferentemente ocupó la popular.


Para qué más… Son esos diálogos que no se interrumpen, porque nadie busca descifrar su origen. Son así de simples, a flor de piel.


Por eso, ese sábado 8 de octubre de 1983, en el Luna Park, cuando Ubby Sacco en el quinto round conectó una dura derecha en directo sobre la frente de Saldaño, se quedó quieto. Inmóvil. Se paró ante la desprotección del tucumano. Sacco podía haber pegado a destajo. Pero no. No lo hizo. Traicionó el principio basico del boxeador, alimentó el de la ética y la humanidad. 



Miró al veterano Fortunato como implorandole la cuenta de resguardo. Llegó enseguida. Sacco la escuchó mirando al guerrero, al gladiador de tantas batallas vencido. Caído. Todos sabían que Saldaño seguiría, a suerte o verdad. Aunque fuera suicida, respondiendo a esa nobleza y coraje interior que tantas veces había exhibido. Fue entonces cuando Ramón La Cruz tiró la toalla. Oportuna. Humanitaria. Respetuosa de la digna trayectoria del vencido. Llevaba el mensaje final en su vuelo. ¡Que paradoja! ¡Qué ironía del destino! La Cruz tiró la toalla con una congoja que no pudo disimular. Justamente él, que en su época de fama y esplendor sufriera el único nocaut de su carrera en los puños de Saldaño.


Y allí sucedió lo fantástico. Lo mágico. En un silencio de sepultura, llegaron las imágenes en blanco y negro de la tragedia y la alegría. Ubby Sacco besando y llevando en andas a Saldaño. Luego, el público, como si hubiera ensayado con el coro polifónico del Teatro Colón, despidió al ídolo con un atronador: “tu-cu-ma-no… tu-cu-ma-no… tu-cu-ma-no…”. Las luces del Luna Park maquillaban e iluminaban más fuerte que nunca una noche de emociones. La de Ubaldo Sacco y su legítima victoria y la del ídolo que se fue ganándole a la derrota en las palmas calientes y las lágrimas de todos los presentes.


La madrugada es fresca y los últimos comentarios aún circulan por la calle Bouchard. Horacio Agustín Saldaño, “La Pantera Tucumana”, elegantemente vestido, sale del Luna Park y caminando hacia el Hotel Roma se para frente a un grupo de periodistas y dice con inocencia: “Hola muchachos, qué tal. ¿Como fue la pelea?”.


FUENTE: ELCIUDADANOWEB.COM

domingo, 18 de agosto de 2019

UN MAESTRO CON LA REDONDA

RECORDANDO A "GARRAFA" SANCHEZ


Los vecinos de Tablada, lugar donde nació, aún no pueden olvidar las gambetas de aquel zurdito en el potrero. Un vecino entrevistado por “El Garrafa, una película de fulbo” recuerda: “No sabes lo que era… era divino… era divino… era divino”. En su definición repetida se percibe una mezcla de alegría, emoción y angustia. Eso solía generar José Luis Sánchez, el enano que agarraba la pelota y volvía locos a los grandotes. Cuando tenía 10 años, ya jugaba contra chicos de 17-18 y se plantaba con personalidad y talento. Le sobraban ambas cosas, si se tiene en cuenta que también asistía a torneos que se jugaban por plata en el barrio de La Matanza.



Apodado “Garrafa” por el oficio de su padre, el joven creció trabajando y en sus ratos libres aprovechaba para jugar al fútbol. A los 15 ingresó en las inferiores de Deportivo Laferrere, el club de sus amores. Jugaba de nueve pero a menudo salía del área. A los pocos meses sufrió una grave lesión en la rodilla que lo obligó a estar ocho meses parado. Volvió sin la velocidad de antes, pero el talento aún le sobraba. Mientras tanto, seguía yendo a jugar campeonatos de penales por plata. Allí se volvió un especialista desde los doce pasos. Una vez sorprendió a todos tras pararse de zurda y pegarle de derecha. Ese era “Garrafa”, un rebelde que jugaba al fútbol para divertirse y cada vez que entraba a la cancha representaba a los miles de pibes que despuntan el vicio en un potrero.

“Garrafa” era, además de un excelente jugador, una persona sencilla y divertida. Mostraba viveza, alegría, calle. A sus compañeros los hacía reír y enojar. Por sus bromas y salidas se ganó otro apodo: “El Loco”. En el vestuario escuchaba cumbia y en la cancha la bailaba. Pisaba la pelota, ponía el cuerpo, la escondía. Se escapaba una y otra vez por la raya, porque siempre se animaba a recurrir a lo más lindo del fútbol: la gambeta. Con este estilo, se volvió ídolo de Laferrere. Ya jugaba más retrasado en la cancha.

Desde El Porvenir se fijaron en él y allá fueron. El entrenador Ricardo Calabria, después de enfrentarlo en varias oportunidades, le había avisado a los dirigentes: “Traigan a éste y salimos campeones”. Así fue. En su primer año en el club logró el ascenso a la B Nacional y en los festejos mostró la camiseta de Lafe, una acción que pocos jugadores se animarían a realizar hoy en día.Hasta las millonarias estrellas de la Selección se rindieron ante la magia de su zurda.

Por aquel entonces, Marcelo Bielsa armaba prácticas de entrenamiento entre la albiceleste y El Porvenir. “Garrafa” volvía locos a los defensores argentinos. Según rumores, en una oportunidad se informó a la prensa que la Selección había ganado 4-3 el amistoso, cuando en realidad, había ganado 3-1 el Porve con el de Tablada como figura. Estuvo dos temporadas en el club de Gerli, y le bastaron para ganarse el corazón de la hinchada. Su cara aún va a la cancha en forma de banderas.

En 1999 lo vinieron a buscar desde Uruguay. El club Bella Vista lo incorporó y el crack de Tablada estaba cerca de jugar la Copa Libertadores, pero la enfermedad de su padre cambió todos los planes. “Garrafa” no aguantó estar lejos, armó el bolso y volvió a su barrio. Trabajó con sus hermanos durante un año, hasta que el nuevo siglo le trajo novedades en su carrera.

Banfield, otro histórico del ascenso, lo llamó para que se sumará al plantel con el objetivo de ascender a la máxima categoría. Las dudas estaban por su fuerte personalidad y la falta de rodaje, pero en los primeros partidos se disiparon. Por sus goles y gambetas, aquel pelado atorrante ya estaba entre los ídolos de un nuevo club. Para ese entonces, en los festejos ya inclinaba los brazos hacia el cielo en dedicatoria a su padre. En 2001, Banfield logró el ascenso a Primera División. La final fue ante Quilmes. “El Loco” fue figura indiscutida, y lo más importante, dejó bien en claro su estilo despreocupado y alegre de jugar. En una jugada por la banda derecha gambeteó durante casi 20 segundos. No pateó ni tiró el centro atrás. Los compañeros lo retaron por tratarse de una final, pero no había caso. Ese era el auténtico “Garrafa”. Entre tomarlo o dejarlo, la respuesta era obvia.

Ya en la máxima categoría del fútbol argentino, regaló buenas actuaciones ante los equipos grandes y siempre mostró su juego desfachatado y divertido. Jugó en Primera con los códigos del barrio: “si te pegan de frente, bueno. Pero que te peguen de atrás, eso ya me molesta, ya es de mala leche”.

Uno de los momentos más recordados es un partido ante Independiente, por la última fecha del Torneo Clausura 2002. El diez ingresó en el segundo tiempo cuando Banfield perdía y con ese resultado descendía. A los pocos minutos le hicieron un foul y desde el tiro libre la colgó en un ángulo. Fue el 1-1. Los del Sur, al final, ganaron 2-1 y mantuvieron la categoría. Y “Garrafa” ya era leyenda en otro club. Con Banfield jugó cinco temporadas y se dio el lujo de participar en competencias internacionales.

A los 31 años decidió regresar al club de sus amores, Laferrere. Allí jugó hasta su fatídico accidente cuatro años más tarde. “Amo la moto, siempre me gustó la velocidad”, admitía en una entrevista. No obstante, no necesitó jugar en un club grande para ser una leyenda del fútbol argentino. Tampoco jugó en Europa ni en la Selección, y aún así, miles de personas lo amaron e idolatraron. “Garrafa” vive en banderas, paredes y tatuajes. En la despedida de su cuerpo, hinchas de Laferrere, El Porvenir y Banfield intercambiaban sus camisetas. Porque un tal José Luis Sánchez revolucionó sus corazones. Con fútbol de potrero, sí, pero también con su noble, divertida y humilde personalidad.
FUENTE: LAIZQUIERDADIARIO.COM

EL GRAN MAESTRO

DANTE PANZERI "EL REVOLUCIONARIO"

Trascender. Quizás, el objetivo en la vida. A nadie le gustaría irse de este mundo sin dejar absolutamente nada. Ni un rastro. Ni una huella. Dante Panzeri debe sentirse satisfecho: a 38 años de su fallecimiento, el periodismo aún lo recuerda.


Hay otra realidad que no lo favorece: a Panzeri lo cita más gente de la que lo lee. ¿Quién fue? ¿Qué hizo? ¿Cómo lo logró? Su obra es tan amplia que resulta imposible terminar de conocer. Si hasta para su lugar de nacimiento los datos no se ponen de acuerdo: algunos indican Las Varillas, Córdoba, y otros a la Provincia de Santa Fe. Lo cierto es que en 1923, nació el periodista deportivo más emblemático de Argentina. Se inició en el diario La Voz de San Justo. Tenía el anhelo de trabajar en El Gráfico -revista deportiva por excelencia en esa época- y lo logró a los 21 años. Luego se dio el lujo de ser el Director. En el máximo cargo duró tres años. La Revista ganó en estilo pero perdió en ventas. Junto a Panzeri, participaron otros íconos como Pepe Peña y Osvaldo Ardizzone.

Una particularidad era la de no entrevistar a deportistas: «No tienen mucho para decir. Hablan con su cuerpo. con su performance. Nada encuentro interesante de lo que puedan decir. El reportaje es algo a lo que le tengo aberración”. Convicciones son convicciones: Pelé, Di Stefano, Puskas y Chartlon disputaron el Mundial de Chile 1962, pero Panzeri, enviado para la cobertura, no hizo contacto con ninguno de ellos. Aquel sería su último año en la prestigiosa Revista. La Editorial insistió en publicar propaganda sobre el Ministro Alvaro Alsogaray. Panzeri se negó pero el extracto igual fue publicado. Sintió que aquello era una pérdida de autoridad y quiso volver al puesto de redactor, pero ¿quién podía llegar a ser más importante que él? Le ofrecieron una indemnización y abandonó El Grafico.

«El juego es el jugador. El estilo es el jugador. Siempre decide el jugador”.
Su obra abarcó muchos más medios gráficos, y programas radiales o televisivos. Panzeri era un intelecual de convicciones inquebrantales, y se diferenció del resto a la hora de comentar partidos. Salió de la narración clásica de la jugada para aportar concepto, siempre con una cuota de emoción. Fue, sobre todas las cosas, apasionado por el fútbol bien jugado. Criticó a las nuevas ideas revoluciones tácticas, y hasta despotricó contra la figura de los entrenadores: “Un director técnico que sepa de fútbol puede colaborar a lo sumo en un diez por ciento para conseguir un triunfo…el sistema de juego no existe. Es un invento de los que no entienden de fútbol”. Panzeri otorgaba crucial importancia a la figura del futbolista: «El juego es el jugador. El estilo es el jugador. Siempre decide el jugador”. Siempre punzante, fue duro con grandes entrenadores como Osvaldo Zubeldía y Juan Carlos Lorenzo. Este último, cansado de las críticas, lo desafió a dirigir, a lo que Panzeri respondió: «¿Cómo no voy a poder dirigir? Si Lorenzo dirigió en dos mundiales, cualquiera puede hacerlo». Pero además, sus ideas no variaban ni se silenciaban por nada del mundo. Cuando trabajaba en el Diario El Día de La Plata, fue tajante en agravios contra el Estudiantes multicampeón, llegando a decir que aquel equipo era «un imperio de la ilegalidad futbolística». También fue uno de los primeros en observar el nacimiento de ideas diferentes en César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo, aunque nunca tomó una postura a favor de alguno de los dos. Panzeri admiró a La Máquina de River, y argumentaba también que el «Charro» Moreno era superior a Pelé. Mostraba su enfado con aquellos que iban a la cancha a ver ganar y no a ver jugar. Siempre puso el grito en el cielo cuando el espectáculo no aparecía. Mantuvo esa ética durante toda su carrera y también fue coherente a la hora de trasladar esos pensamientos a otros deportes: despreció, por ejemplo, al boxeo y al automovilismo.


Fue misterioso en lo que a cuestiones políticas se refería. Criticó a Juan Domingo Perón pero también mostró su enfado con lo que siguió. José María Suárez, compañero suyo en La Prensa, sostuvo: “su ideología política era todo un misterio. Murió sin que ninguno de sus amigos supiéramos a quién había votado. Decía que era uno de sus secretos y eso le permitía tener independencia para criticar a quien quisiera”. Cerca de sus últimos años, repudió que Argentina sea el organizador del Mundial 1978. Incluso, en septiembre de 1976 fue a la casa del vicealmirante Carlos Lacoste, quien quería convencerlo de los beneficios mundialistas. Panzeri llegó a la reunión con dos carpetas para fundamentar sus opiniones. Decía que en el país había otras prioridades como salud, vivienda y educación: «El Mundial 78 no se debiera realizar en la Argentina por las mismas razones que un tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un Torino. Si lo hace, es porque alguien está robando”. Un cancer le quitó la vida a los 57 años, apenas unos meses antes de que el Mundial de inicio.

Matías Bauso, quien estudió la obra durante más de un año y reeditó el libro de Panzeri «Dirigentes, decencia y wines», sostiene que no pudo encontrarle una sola contradicción. En su último cargo, como Editor de Deportes en La Prensa, no permitía notas de boxeo y automovilismo. Tampoco incluía las formaciones de los equipos de cara a los partidos de cada día: «¿Y yo cómo sé cómo van a formar? ¿Cómo voy a poner que van a jugar estos 11, si nunca terminan jugando esos 11? Los demás diarios que mientan, nosotros no les mentimos”. Su obra más recordada es «Fútbol, dinámica de lo impensado», pero sería un error reducirlo a aquello.

Panzeri es el Periodista Deportivo más emblemático; el que revolucionó grafica, radio y televisión. Siempre disparó sus verdades. Quizás quien mejor lo haya definido, sea el periodista Ariel Scher: “Transformador gigantesco de su oficio, porque se atrevió a contar lo que hasta él nadie contaba, y porque incluyó al poder y a sus peores usuarios en el campo de lo que le corresponde indagar al periodismo deportivo”. Al fútbol de hoy no sólo le hacen falta dirigentes, decencia y wines.

POR: ALAN ALBERDI/ PASION FULBONET.COM

sábado, 17 de agosto de 2019

EL DIA QUE TOCALLI HIZO A MESSI DE ARGENTINA

SINO QUIZÁ LA HISTORIA HUBIESE SIDO OTRA


Por JOSÉ LUIS PONSICO (*)
Hugo Tocalli, 68 años, «1»  de Quilmes Athletic Club campeón Metropolitano´78, título que compartió con Bernabé Palacios, arquero titular; el primer también ayudante de José Néstor Pekerman, Juveniles campeones los´90, fue uno de los visionarios


Sin embargo, Tocalli, nacido en pequeña localidad cordobesa de Monte Buey, 21 de enero del´48, tiene la anécdota mejor guardada que supera buena parte de su trayectoria como formador de juveniles. Incluso en Chile, donde estuvo contratado. Después que dirigió Vélez Sarsfield hace siete años.


En 2005 Tocalli recibió un video enviado por Mauricio Pochettino y Roberto Bonano, estando Hugo  con Francisco Ferraro y Miguel Angel Tojo en los juveniles, El ex arquero de Quilmes que ganó el título del Metro´78 con José Yudica, sugirió a Julio Grondona convocar a Lionel Messi para el combinado que luego viajó a Holanda´05. Esa es la historia poco conocida.

En una charla con este periodista, Tocalli evocó el momento donde Messi, aún no había debutado en la Primera del Barsa, «sucesor de Diego Maradona con juego de su zurda prodigiosa siendo <La Pulga<llevándola cortita pegada al pié» recordó el DT. varias veces campeón mundial con los Juveniles de nuestro país.

«En AFA no lo conocían. Julio Grondona vió el video que nos habían enviado Mauricio Pochettino y Roberto Bonano por indicación de Marcelo Bielsa. El presidente de la AFA dió la orden que laAFA. pidiera autorización al club catalán para convocarlo al Juvenil que viajó a Holanda´05», comentó Tocalli, más de una vez.

«Un empleado mandó fax al club Barcelona pidiendo la autorización de AFA. para convocarlo al Juvenil. En el texto hubo errores. Lo citaron como «Leonel Mecci» en vez de Lionel Messi. Era evidente que pocos sabían en la Argentina de su existencia», agregó

Tocalli recuerda que para ubicarlo debieron consultar una guía telefónica de Rosario. «Allí dimos por fono con una tía de Lionel -evocó- hermana del padre del prodigio-futbolista de Barcelona. Todo fue rápido. La señora, muy atenta, nos dió el número de los padres», dijo Hugo.

«Cuando hablamos con el padre de Lionel, la respuesta resultó decisiva: <Estábamos esperando el llamado Lionel, mí hijo, quiere jugar para la Argentina. Aquí, lo piden con los brazos abiertos para juveniles de España», afirmó el padre.

Lo demás es conocido. La Argentina ganó el torneo con una generación de jugadores muy destacados más tarde. Como Sergio Romero, Ezequiel Garay, Pablo Zabaleta, Juan Manuel Torres, Lucas Biglia, Carlos Tévez y Mauro Zárate, entre otros notables.

Tocalli dice siempre que la Argentina tuvo dos o tres generaciones de extraordinarios futbolistas.
«Entre 1935 y 1936 nacieron Enrique Omar Sívori, José Francisco Sanfilippo, Oreste Corbatta, Antonio Angelillo, Norberto Menéndez, un poco antes Humberto Maschio», cuenta

«Entre 1940 y 1941, el incomprable Edson Adantes do Nascimento,, «Pelé», Ermindo Onega, Silvio Marzolini, Alberto Rendo, Daniel Willington, José (Pepe) Vázquez el de Chacarita que marcó a «Pelé» en Bolivia en el´63 y lo anuló sin pegarle una sola patada al mejor jugador del mundo en ése momento; entre otros», abunda.

«La camada de Diego Maradona es la otra y la última es la de Lionel Messi y todos los pibes que ganaron en Holanda´05», concluyó el DT. que con José Pekerman marcó el rumbo en los juveniles como antes lo hicieron Ernesto Duchini y Carlos Peucelle.

«En la Selección Mayor, Julio Grondona <inventó< un partido asmistoso contra Paraguay, que terminó en goleada en la cancha de Argentinos Júniors, donde no había más de dos mil personas (7-1 para Argentina) para que Lionel Messi que ingresó en el segundo tiempo, ¨fuera argentino¨», enfatizó Tocalli.

(*) Columnista de la Agencia Télam, AgePeBa y La Señal Medios / La Señal Fútbol

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

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