jueves, 15 de junio de 2023

HISTORIAS DEL DEPORTE QUE MERECEN SER RECORDADAS

DELIO ONNIS EL GOLEADOR INVISIBLE

FUENTE: "ABRI LA CANCHA"/CARLOS AIRA 

Delio Onnis jugó poco en Argentina. Ídolo y figura en Gimnasia y Esgrima La Plata, partió en 1971 hacia Francia donde dejó una huella imborrable, al punto de convertir más goles que Carlos Bianchi. El recuerdo de un crack que nunca pudo jugar en la Selección Argentina.




Por Nicolás Podroznik (*)

Nacido en la provincia italiana de Frosinone en 1948, Delio Onnis llegó a nuestro país en 1951. Sus padres eran originarios de la isla de Cerdeña y habían partido para Roma en plena Segunda Guerra Mundial. Tras la caída de Mussolini, el barrio de Caseros los acunó. Los adoquines forjaron un futbolista potente y hábil, pero que no pudo jugar federado hasta los 15 años, ya que no había podido obtener la ciudadanía argentina y eso le impedía jugar en las inferiores de cualquier equipo. Para cuando la tuvo, Almagro lo cobijó para dar sus primeros pasos. Casualidades de la vida, el estadio del Tricolor tiene por nombre 3 de Febrero, fecha en la cual se celebra San Biagio, patrono Giuliano di Roma, el pueblo donde había nacido.

Onnis debutó en la Primera de Almagro en 1966, cuando el equipo militaba en la querida Primera B. Su paso fue algo fugaz, ya que jugaría un campeonato y monedas. En su primera temporada colaboró para que el Tricolor no sufriera con el descenso, mientras que en el segundo fue fundamental para que hicieran una gran campaña, que no pudo ser rubricada con un ascenso debido a la reestructuración que se dio aquel año. El equipo finalizó segundo en su zona detrás de Defensores de Belgrano, que le ganaría la final a Tigre en cancha de Platense pero no ascendería. ¿La razón? Se debía jugar un reclasificatorio entre los dos primeros de cada grupo de Primera B y los tres últimos de cada grupo del Metropolitano de Primera División. Almagro pudo haber ascendido en la última fecha si vencía a Argentinos Juniors como local, pero el conjunto de La Paternal salió airoso de su visita a Villa Raffo y permaneció en Primera División. A lo largo de su estadía en Almagro, Onnis disputaría un total de 44 encuentros y anotaría 23 goles. La B le quedaba chica. Se lo disputaron varios equipos, pero finalmente sería Gimnasia y Esgrima La Plata el que lo contrataría.

Su arribo al Lobo generó expectativas y dudas por igual. Su condición de jugador de la B motivaba la desconfianza de aquellos que desconocían la categoría, mientras que unos pocos sostenían que era un diamante en bruto. Su debut en Gimnasia no sería para nada auspicioso: derrota 2 a 0 con Guaraní Antonio Franco por la Copa Argentina. El partido de vuelta contra los misioneros fue completamente diferente: el equipo platense igualó 4 a 4, con tres goles de Onnis. Ahí los hinchas comenzaron a ver que el pibe era cosa seria.

No obstante sus actuaciones, la campaña de Gimnasia durante el Metropolitano y el Reclasificatorio de 1969 no fue del todo buena. A lo largo de ese campeonato el Tano convertiría 17 goles en 35 encuentros. En el Metro ’70 la cosa fue un poco diferente: su rendimiento acompañó al del equipo, que a falta de cuatro fechas estuvo en el lote de arriba pero que a partir de allí se mancó y no volvería a obtener la victoria. En aquel torneo que se llevó Independiente, Onnis anotaría 13 goles en 18 partidos. Esa buena campaña del Tripero le permitió acceder al Nacional, donde dejó una huella que aún hoy es recordada por sus hinchas, tanto por el buen fútbol que desplegaba como por su desenlace final. Fue aquel equipo recordado como La Barredora.

Aquel equipo -que además de Onnis contaba con figuras como Hugo Orlando GattiRoberto ZywicaRicardo Rezza y Roberto Gonzalo– terminó segundo en su zona detrás de Chacarita, lo cual le permitió acceder a las semifinales del torneo. El arribo a esa instancia.

fue casi dramática, ya que en la última fecha el Lobo jugaba con San Lorenzo, mientras que River -escolta del Funebrero – iba a Mendoza a enfrentar a Gimnasia. Si los de Nuñez perdían, quien saliera victorioso del encuentro entre Gimnasia y San Lorenzo ocuparía su lugar. Finalmente, el conjunto platense vencería al Cuervo y su homónimo mendocino haría lo propio con River. Era la gran oportunidad para acallar las cargadas de sus eternos rivales. Pero la ilusión se iría por los caños.

Un conflicto económico entre dirigentes y jugadores del Lobo terminó en una huelga por parte de éstos últimos. Nada menos que a punto de jugar la semifinal. En el partido de ida, nada pudo hacer ante Rosario Central y cayó por 3 a 0, sentenciando prácticamente la llave. La vuelta fue 0 a 0 en El Bosque. Se perdió una chance única. Onnis lo recordaba así en una entrevista al diario El Dia: “nos debían seis meses de sueldo y por ganar el partido contra Central teníamos premio. Viendo como estaba la situación, le pedimos al Presidente Oscar Venturino que nos pague lo adeudado y nosotros resignábamos aquel premio, pero nos dijo que no. Le presentamos una nueva propuesta pidiendo que nos abone al menos tres de los seis meses, pero también se negó. Nosotros esperamos hasta el final a ver si el hombre cedía, pero finalmente no fue así. Incluso nos puso a la gente en contra, nos querían matar. Nos dolió muchísimo a todos, pero su soberbia nos llevó a eso. Esa es la verdad de la historia”. Tras aquel Nacional -donde el Tano marcaría 16 goles en 18 encuentros- el equipo prácticamente se desmanteló.

Onnis permaneció en la institución Mens Sana un semestre mas, donde alcanzó a disputar el Metro ’71, y en el cual a Gimnasia no le fue nada bien, quedando en el 12º puesto. El rendimiento de su goleador tampoco fue como el de los campeonatos anteriores, marcando 9 tantos en 25 encuentros. Aún así, consiguió hacerse un nombre en nuestro fútbol y los equipos grandes comenzaron a tantear su situación. Los primeros en sacar ventaja fueron Independiente y River, quienes habían obtenido el permiso del club platense para negociar los números con él. Sin embargo, la casualidad hizo que el destino de Onnis fuera el fútbol europeo.

Durante el receso europeo de 1971, dirigentes del Stade Reims arribaron al país para ver en acción al Mono Obberti, figura de Newell’s Old Boys. El primer partido que presenciaron fue justamente frente a Gimnasia en 60 y 118, que tuvo como saldo la victoria local por 4 a 3. Esa tarde, Obberti anduvo muy bien e incluso anotó un gol, pero el que la rompió de verdad fue Onnis, quien anotó un doblete. Aún así, para los franceses el objetivo seguía siendo el jugador leproso. Tras unos meses de negociación, ambos clubes llegaron a un acuerdo, pero se encontraron con una traba: la esposa de Obberti se negó a trasladarse a un país con un idioma y costumbres diferentes. Esta situación echó por tierra la transferencia y los dirigentes del Stade Reims, desesperados por encontrar un crack que ocupe la vacante de ídolo que había dejado nada menos que Raymond Kopa parecía haber fracasado, hasta que uno de ellos recordó “a aquel delantero espigado y grandote, algo torpe pero que cabeceaba todo” que habían visto jugar en La Plata. Cuando Onnis escuchó la oferta, no se lo pensó dos veces.

El objetivo del Stade Reims era volver a estar en las principales posiciones, algo que no ocurría hace años, siendo la temporada 61-62 la última en la que obtuvo el título. Aquel torneo para el equipo del Marne no fue para nada bueno, ya que finalizaría 15º a tan solo cuatro puntos de los puestos de descenso. A pesar de eso, el rendimiento de Onnis fue descollante, convirtiendo 22 goles en 32 partidos por la Ligue 1 (quedando por encima de nombres como Lacombe o Angel Marcos).

En su segunda temporada el equipo estuvo por encima de las expectativas y terminó octavo, y aunque él anotó cinco goles menos con respecto al anterior campeonato, de acuerdo a las crónicas de la época “mejoró notablemente su juego al salir del área, asistiendo a compañeros tanto con el pie como de cabeza”. Aún con un año más de contrato con el Reims, una oferta tentadora se le apareció en el camino. Y poco tenía que ver el dinero o pelear campeonatos. A Onnis lo obnubiló la ciudad.

En su primer año en Francia, al Reims le había tocado visitar al AS Mónaco. El Tano quedó fascinado con el Principado, a tal punto que ese mismo día, al finalizar el partido, compró una postal y se la mandó a sus padres. En el reverso decía: “Si algún día el Mónaco me viene a buscar, si es necesario me voy caminando”. Cosas del destino: el equipo monegasco lo contrató para la temporada 73-74. La campaña debut con el Mónaco fue agridulce: evitó el descenso en la última jornada de manera prácticamente milagrosa, pero a su vez arribó a la final de la Coupe de France, ante nada menos que el Saint Etienne campeón de Liga, que tenía en sus filas a Osvaldo PiazzaRocheteau y Santini. Onnis cumplió con su cuota goleadora, pero no alcanzaría para doblegar a un rival que se llevaría la victoria por 2 a 1. Ese año, el Tano marcaría un total de 36 goles en 40 encuentros, quedando cuatro goles por debajo del goleador del campeonato: un tal Carlos Bianchi, que curiosamente había llegado al Stade Reims para reemplazarlo tras su partida y con quien mantendría un duelo muy particular en la lucha por ser el máximo artillero casi todas las temporadas.

El siguiente campeonato, Onnis obtendría al fin el título de goleador campeonato al anotar 30 tantos en 37 encuentros. Los números no fueron mejores que el curso anterior, pero aprovechó al máximo la fractura de tibia y peroné que había sufrido Bianchi tras un partido con el PSG. En la temporada 75-76, cuando parecía que podía ser el despegue definitivo, todo salió mal y el club terminaría descendiendo a Segunda División. A pesar de los 29 goles anotados por Onnis, sería otra vez el Virrey quien se consagraría goleador con 34 tantos. El pasaje por la D2 sería efímero, ya que obtendría el ascenso de manera inmediata, quedando como subcampeón del Racing de Estrasburgo. Onnis marcaría 30 goles en 31 encuentros y sería el máximo anotador de la categoría. La vuelta a la Ligue 1 era una gran alegría, a pesar de no haber podido hacerlo como campeón. Sin embargo, nadie se imaginaría lo que ocurriría un año después.

Para la temporada 77-78 el Mónaco no hizo grandes incorporaciones. Mas bien todo lo contrario: optó por mantener la base del equipo que logró la vuelta a la Ligue 1. Tras un campeonato muy reñido, los de la Riviera obrarían el milagro: ascenso y campeón de liga en dos años. Onnis tocaba el cielo con las manos y se alzaba con el trofeo de Le Championnat, pero el título de goleador nuevamente le fue esquivo: sus 29 tantos estuvieron lejos de los 37 de Bianchi.

La temporada siguiente a la obtención de la Liga el Mónaco terminó en cuarta posición, a doce puntos del campeón, Racing de Estrasburgo. En su regreso a la Copa de Campeones de Europa tampoco le iría bien, quedando eliminados en dieciseisavos de final frente al Malmö. Onnis marcaría 22 goles en aquel torneo, quedando nuevamente a las puertas de título de goleador, que como no podía ser de otro modo quedó en manos de Bianchi. Con más de 30 años, su constancia y presencia en las redes rivales seguía vigente.

En la siguiente temporada su equipo volvería a repetir el cuarto lugar, pero para Onnis ese año sería inolvidable, ya que lograría obtener por fin el título de goleador (compartido con el alemán Kostedde, marcando ambos 21 goles) y además obtendría un nuevo título, al vencer en la final de la Coupe de France al Orleans por 2 a 1. Recibido como verdadero ídolo en el Principado, los números que llevaba hasta allí eran tremendos: 223 goles en 278 encuentros oficiales. Sin embargo, tras esa temporada se encontró con una sorpresa: los dirigentes del club le querían buscar reemplazante, ya que consideraban que su mejor época estaba por llegar a su fin y querían traer sangre joven, más precisamente a Hans Krankl, aquel goleador infalible con pasado en el Barcelona. Durante sus últimos meses de contrato, los dirigentes lo esquivaban a la hora de renovar el vínculo ya que preferían al goleador austriaco. Cuando éste rechazó el ofrecimiento, fueron corriendo a los pies de Onnis, quien ya estaba enterado de lo sucedido. “Fracasaron y cuando vinieron a mí, me acercaron un contrato de tan solo un año. Fue hiriente, se me rieron en la cara”, recuerda el Tano. “El Tours me ofreció el triple de dinero. Al dejar Mónaco, mi esposa y yo lloramos como dos niños”.

La llegada de Onnis al FC Tours fue toda una revolución para una ciudad que jugaba en la máxima categoría por primera vez en su historia. Si bien se puede presuponer que el Tano terminó jugando allí por la cantidad de dinero que le ofrecían, la verdad de la milanesa era otra: quería demostrar que estaba vigente. El desafío era doble jugando en un equipo debutante, pero el goleador se despachó con 24 goles que le permitirían salvar del descenso al equipo y recibirse nuevamente como goleador del campeonato.

La segunda temporada fue la mejor del equipo en su corto paso por la máxima categoría del fútbol francés, logrando un 11º puesto. Onnis repetiría la hazaña de ser goleador del campeonato -esta vez con 29 goles- aventajando al polaco Szarmach y al enorme Michel Platini, quien disputaría su último año en Saint Etienne antes de partir a Juventus. Al arribar a Italia, al crack francés le preguntaron cómo podía ser que habiendo sido campeón de todo nunca había sido goleador del campeonato. Con cara de pocos amigos, respondió: “Era imposible teniendo que competir con dos monstruos como Bianchi y Onnis”. Pavada de elogio. Lamentablemente para él, su última temporada en Tours no fue la mejor: sólo convirtió 11 goles y su equipo descendería. Pero no estaba dispuesto a irse del fútbol de esa manera.

Sporting Toulon fue su siguiente destino. El club había ascendido de Tercera a Primera en tan sólo cuatro años, volviendo a jugar en la máxima categoría tras 24 temporadas. En su arribo, en la conferencia de prensa el goleador fue claro: Este será el cementerio del elefante”Sin duda que lo era, porque a pesar de su edad no se olvidó como mandarla adentro del arco. Con 36 años volvería a consagrarse máximo anotador del campeonato, marcando 21 goles en 36 encuentros.

En la temporada 84/85 lo de Toulon fue excepcional, terminando en un glorioso sexto puesto. La temporada 85/86 sería la última de Monsieur But, como lo apodaron en tierras galas. Con 38 años y una lesión traicionera a cuestas, se retiraría el 1º de Marzo de 1986, en una victoria frente al Nancy por 1 a 0 con gol de otro argentino, Victor Rogelio Ramos.

Onnis cerró su carrera con unos números tremendos: 461 goles en 707 partidos. En Francia su nombre es sinónimo de gol, ya que allí marcaría 381 goles en 564 encuentros. Las diferentes regulaciones -algunas expresas y otras no tanto- le impidieron jugar para alguna selección nacional: en la de Argentina no pudo hacerlo ya que estaba vetada la convocatoria a jugadores del exterior (cosa que después no terminó siendo cumplido a rajatabla) y en la de su país natal estaban vetados los jugadores que poseían otra nacionalidad. Hoy pasa el tiempo entre Francia y Argentina, donde pocos saben de sus logros. A él parece no importarle. Sea como fuere, a ambos lados del Atlántico sigue siendo recordado.

 

(*) Periodista / Abrí la Cancha

CUANDO EL "ROJO DE AVELLANEDA" PERDIO LA CATEGORIA

A 10 AÑOS DEL DESCENSO DE INDEPENDIENTE 

FUENTE: "TyC SPORTS":

Un 15 de junio pero de 2013, Independiente vivió el día más triste de su historia: el Rojo cayó 1-0 frente a San Lorenzo en el Estadio Libertadores de América y descendió a la B Nacional (hoy llamada Primera Nacional) una fecha antes de que finalice el torneo. Los hinchas despidieron al equipo entre aplausos más allá del duro golpe.




El Rojo era dirigido por Miguel Brindisi, y llegó al clásico contra San Lorenzo con la obligación de sumar de a tres para tener chances de salvarse en la última fecha, pero además necesitaba una mano de Estudiantes, que enfrentaba a San Martín de San Juan, rival directo del Rey de Copas.

En el primer tiempo no hubo muchas situaciones de gol y el partido fue aburrido, algo totalmente entendible por los nervios que tenían los jugadores de Independiente, que no tenían margen de error ante el inminente descenso, y se fueron al descanso 0-0. Al mismo tiempo, los sanjuaninos vencían por la mínima al Pincha y dejaban sin chances al conjunto de Avellaneda.

En la segunda mitad el encuentro siguió desarrollándose de la misma manera, hasta que a los 14 minutos del complemento Ángel Correa tomó la pelota en el borde del área, se acomodó para su derecha y con un gran remate venció la valla del Ruso Rodríguez para poner el 1-0 en favor de San Lorenzo.

Después del cimbronazo que significó el gol del Ciclón, Independiente intentó, con más ganas que fútbol, lograr una igualdad que nunca llegó, y uno de los equipos más grandes de Argentina y América terminó de decretar su descenso a la segunda categoría del fútbol argentino.

Una vez consumado el descenso, los futbolistas de San Lorenzo se retiraron rápidamente del campo de juego, mientras que los del Rojo se agruparon en el círculo central, tuvieron una breve charla y despidieron a los miles de hinchas que habían ido a acompañarlos entre lágrimas. Cabe recordar que lejos de generar incidentes o disturbios, los fanáticos dejaron la cancha aplaudiendo a su equipo.


miércoles, 14 de junio de 2023

EL MIEDO A VOLAR

EL GRAN TEMOR DE DENNIS BERGKAMP

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Dennis Bergkamp, nacido en Amsterdam el 10 de mayo de 1969, tenía aerofobia. Un miedo a volar que le impidió viajar por Europa de la misma forma que lo hacían sus compañeros. Sin embargo su carrera fue de altos vuelos.




El neerlandés entró en la academia del Ajax con once años, su buena trayectoria le llevó al primer equipo en 1986, donde de la mano de Johann Cruyff, debutó como profesional. Bergkamp inició, así, en una victoria por 2 goles a 0 ante el Roda JC Kerkrade, una carrera meteórica por los Países Bajos, Italia y, sobre todo, Inglaterra. En una década, la de los 90, en la que el frenético movimiento de jugadores -y millones de euros- aunque no era ni de lejos la actual, solamente Ajax, Inter y Arsenal pudieron disfrutar en primera persona el arte, el fútbol como movimiento estético, en definitiva, el talento innato de Dennis Bergkamp.

Si el fútbol fuera pintura, Bergkamp sería Salvador Dalí. Un ser nacido en la tierra pero, aparentemente, aterrizado de otro planeta. Un apasionado por lo que otros llamarían «su trabajo». Un personaje capaz de llevarte al mágico mundo de los sueños con tan solamente una pincelada. Relojes que se deshacen en «La persistencia de la memoria» o goles imposibles en un Arsenal – Newcastle. «La tentación de San Antonio» o un control de fantasía con final feliz ante Argentina. El surrealismo que no es más que llevar a la realidad por encima de la misma realidad. Bergkamp conseguía hacerte dudar de su existencia y tangibilidad.

Pero incluso los genios tienen una pequeña -o no tanto- vertiente humana en su interior. Si Edgar Allan Poe, como tantos otros, tenía problemas de alcoholismo; Ludwig Van Beethoven era bipolar y Marcel Proust tenía graves problemas de salud; Dennis Bergkamp tenía fobia a volar. En los tres casos mencionados, los protagonistas, aprovecharon su humanidad para plasmarla en su obra. Para el futbolista, esta, solamente supuso un impedimento para su progresión. Sus contratos, a partir de 1994 siempre incluyeron una cláusula que le permitía evitar los aviones.

Si no era suficiente con haber nacido con este miedo. Su vuelo con la selección de los Países Bajos en dirección al Mundial de Estados Unidos se retrasó por un aviso de artefacto explosivo. Tras confirmar la falsa alarma y de un inicio tranquilo, el avión entró en una bolsa de aire que propició una caída que se prolongó unos segundos. Después de eso, Bergkamp decidió no volver a subir nunca más en un aparato como aquel.

Durante las jornadas de Champions League, mientras todos sus compañeros tomaban un vuelo, Bergkamp se desplazaba con cualquier medio de transporte que no supusiera despegar. Esto implicaba más horas para llegar al destino, ergo, más fatiga. Lo que para los demás era una o dos horas para él eran ocho. ¿Qué hubiera sido de Bergkamp sin su aerofobia? ¿De cuantas obras de arte más nos ha privado su humanidad?

Tal como él mismo dice en The Guardian, en el mundo del fútbol no sirve únicamente ser un buen jugador, hay que querer este deporte. «Escalas una montaña y aparece una más alta». Bergkamp supuso el cambio de paradigma en un «Boring Arsenal» y lo llevó a uno de estos picos: el Arsenal de los Invencibles. Una estatua de él haciendo uno de sus clásicos controles imposibles, los únicos momentos en que gozaba volante, da la bienvenida en el Emirates a los Gunners cada día de partido.

Leyenda del club londinense pero también del fútbol inglés. Él, junto con otros extranjeros como Éric Cantona y Gianfranco Zola, significaron una renovación en el estancado y arcaico fútbol inglés post-Hillsborough. El juego de entre líneas, ya extendido al resto de Europa, llegó a Inglaterra de la mano de estos jugadores. Delanteros que no jugaban de delanteros, centrocampistas que no ocupaban el centro del campo. Exploraban zonas no conquistadas y se las hacían suyas a base de talento e inteligencia.

Bergkamp todavía se emociona encontrando la belleza al fútbol. Hace ya años de su retirada pero por el recuerdo siempre quedará su obra. Ocupando ese espacio surrealista, entre líneas. Un genio con fobia a volar, experto en despegando para realizar un control. Pincel en mano y gol.

martes, 13 de junio de 2023

CURIOSIDADES:

HISTORIA DEL NO FICHAJE: KINKLAZDE A BOCA JUNIORS 

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Georgi Kinkladze fue posiblemente el mejor jugador georgiano de la historia, y despuntó a comienzos de los años 90 en el Football Club Dinamo Tiflis y con la selección georgiana. Algo que le valió para jugar en clubes como el Manchester City, AFC Ajax, Derby County y el Rubin Kazán, al que se le sumó un breve periodo de prueba en Boca Juniors.




Georgi Kinkladze nació el 6 de julio de 1973 en Tiflis, capital de la República Socialista Soviética de Georgia. Su padre Robinzon, ingeniero de profesión, quería que el hijo fuese futbolista y con seis años le apuntó en las categorías infantiles del Dinamo Tiflis, el club más importante del país. Además le sometió a un estricto entrenamiento, con una tabla de ejercicios personal e incluso clases de baile tradicional (mtiuluri) para mejorar su coordinación, por idea de su madre Khatuna. Georgi progresó hasta llegar al filial, donde coincidió con Shota Arveladze, futuro compañero en la selección.

Al poco tiempo de que la Federación de Georgia montase su propio sistema de ligas independiente de la URSS, Kinkladze recibió una oferta del Mretebi Tiflis, el primer equipo de la capital con estructura profesional. Corría el año 1990 y en aquel momento solamente tenía 16 años, pero se hizo un hueco en el once titular.​ Al finalizar 1991 el Mretebi fue campeón de segunda división y logró el ascenso a la máxima categoría. Y en la campaña 1991-92 de la Umaglesi Liga, Georgi fue el más destacado del plantel con 9 goles en 30 partidos que sirvieron para asegurar la permanencia.

El Dinamo Tiflis contrató a Kinkladze para la temporada 1992-93 en un traspaso valorado en un millón de rublos, del que no llegaron a pagar toda la cantidad. Al poco tiempo, Georgi debutó con la selección de Georgia en partido oficial frente a Azerbaiyán. El saldo con los blanquiazules fue muy positivo. En el año de debut logró el doblete (liga y copa) y marcó 14 goles en 30 partidos como mediapunta titular. La edición 1993-94 le resultó complicada a nivel personal, si bien en el Dinamo mantuvo un buen registro goleador (13 tantos en 14 partidos), el recrudecimiento de la guerra civil georgiana obligó al Dinamo a ceder a los mejores futbolistas al extranjero para garantizar su seguridad. Kinkladze fue enviado en marzo de 1994 al Saarbrücken de la Segunda División de Alemania. Disputó 11 encuentros sin llegar a adaptarse a la liga germana y tres meses después regresó a su país, donde fue galardonado con el premio al Futbolista Georgiano de 1993.

Antes de que comenzase la temporada 1994-95, la directiva del Dinamo intentó traspasarle sin éxito a varios equipos de España, entre ellos el Atlético de Madrid y el Real Madrid. Sí llamó la atención de los ojeadores del Boca Juniors argentino, que le ofrecieron un periodo de prueba. Kinkladze llegó a Boca Juniors junto a otro fichaje exótico, el internacional camerunés Tchami, y ambos pudieron conseguir el sueño de conocer a su ídolo Diego Armando Maradona.

Mientras el delantero africano consiguió un sitio en la plantilla, el georgiano no duró ni dos entrenamientos debido a su tozudez. El técnico Silvio Marzolini lo descartó inmediatamente al ver la insistencia del jugador por jugar por el centro, posición que ya contaba con Alberto Márcico como enganche titular y quería a un extremo.

Por esta razón regresó al Dinamo y allí sobresalió por completo: sus 14 goles en 21 partidos y su asociación con el ariete Aleksandr Iashvili significaban un tercer doblete consecutivo de liga y copa, valiéndole su fichaje por el Manchester City.


lunes, 12 de junio de 2023

EL AMOR IMPOSIBLE DE CONQUISTAR

DIEGO ARMANDO MARADONA Y LA COPA AMERICA:

FUENTE: KODRO MAGAZINE/CESAR FERRERO

Maradona comparte una gran decepción deportiva con Pelé: los reyes del fútbol planetario, de prodigiosas gestas mundialistas, nunca lograron elevar al cielo el máximo trofeo de su continente, la Copa América. En el caso del argentino, sus 21 años como futbolista senior en activo (1976-1997) abarcaron nada menos que ocho ediciones del torneo, aunque por circunstancias solo pudiera actuar en tres, cosechando más sinsabores que alegrías.




Este es el repaso de todas las ediciones de Copa América de la ‘era Pelusa’. Como veremos, las circunstancias tampoco le favorecieron.

– 1979 (sin sede): Argentina cayó en la primera fase de esta Copa donde no había país organizador. En esa época, aún se disputaba al estilo de las competiciones internacionales de clubes, es decir a lo largo de varios meses y con locales y visitantes. Aquella abarcó de julio a diciembre. Campeón: Paraguay.

Este 1979, a la Albiceleste le tocó un grupo de primera fase muy complicado, que también incluía a Brasil (…) y a Bolivia, que parecía floja pero jugaba como local en La Paz, esto es aliado con el mal de altura a más de tres kilómetros sobre el nivel del mar. Cuatro partidos en total, que otorgaban un solo billete para semifinales.

El genio solo participó en dos encuentros, y tanto él como su escuadra se vieron perjudicados por la juventud de la nueva estrella: a la vez, estaba preparando el Mundial Juvenil de Japón, a disputarse en agosto-septiembre del mismo año. Por eso, el seleccionador Menotti repartió su presencia entre los Sub-20 y los ‘mayores’.

Tras un sonoro bofetón inaugural en la capital boliviana (2-1), sin Dieguito, este actuó en la otra derrota en Maracaná (2-1), que casi condenaba a los rioplatenses. Y el ‘10’ (que aún llevaba el dorsal número 6) repitió en el triunfo en casa contra Bolivia (3-0), donde anotó su primer gol en la Copa. Después marchó a tierras niponas, se salió entre los de su quinta y ganó el Mundial de pibes, a la vez que la Selección mayor caía eliminada.

– 1983 (sin Maradona): Argentina tampoco pudo superar la primera fase. Fue la última edición sin sede fija, como la de 1979, y volvió a jugarse a lo largo de varios meses de la segunda mitad del año. Sin embargo, a Diego Armando, ya del Barça, le dejó cojo un tal Goikoetxea y ya no hubo pie a especular sobre si el club le habría dejado volar a jugar algún partido importante de estancias avanzadas.

– Argentina 1987: la Albiceleste, que organizaba el campeonato, quedó en cuarto lugar tras perder su semifinal y también el partido por el bronce. Campeón: Uruguay.

Probablemente fue la mayor desilusión del ‘Pibe de Oro’ en esta Copa, que recuperaba el formato ‘normal’ y tenía por sede su país. Conquistarla habría sido la guinda de su era más dorada, pues venía de enlazar la gloria máxima de México ‘86 con el doblete Scudetto-Coppa Italia 86-87 con el Napoli. Su gran problema fue que precisamente llegó con la lengua fuera al torneo, apenas dos semanas después de terminar la estresante temporada italiana.

Con todo y con eso, la Albiceleste y su propio capitán no estuvieron tan mal. De sus cuatro partidos en este torneo, la Selección local mereció ganar a Perú (y empató, 1-1), venció con justicia a Ecuador (3-0) y, ya en semifinales, como mínimo debió haber logrado tablas contra Uruguay (y perdió, 0-1). El choque por el tercer y cuarto puesto, disputado contra Colombia en mitad de una espesísima niebla, ya fue el clásico trámite incómodo para un decepcionado (derrota 1-2).

“Yo, físicamente, no estaba para jugar”, afirma el ‘Pibe de Oro’ en su autobiografía Yo soy el Diego. “Tenía tendinitis de aductores”, y el doctor de la Selección “me había dicho que, para recuperarme medianamente bien, tenía que hacer reposo absoluto durante dos semanas”, exactamente lo que duraba la Copa. Para más inri, se le cruzó una gripe que derivó en bronquitis. Fue de más a menos, pero a ratos brilló y marcó tres goles, uno de penalti y otro de impresionante tiro libre.

– Brasil 1989: Argentina queda en tercer lugar, en un torneo novedoso en el que solo había dos liguillas: la de primera fase (pasó como primera, pero sin brillo) y el grupo final (tercera de cuatro equipos). Campeón: Brasil.

Si en la edición de dos años antes decíamos que el ‘Pelusa’ declaró que no estaba para jugar (pero no le falló a la Selección), cómo definir su paso por la de 1989, en la que la Copa adquiría carácter bienal. Volviendo a sus palabras en la autobiografía Yo soy el Diego, “sabía, sinceramente, que no estaba ni para asomarme a la cancha”. Tanto, que “llegué a sentirme ridículo estando ahí”.

El crack exagera con semejante autocrítica, pero desde luego no fue su mejor versión. Venía de su más agotadora temporada de clubes, 50 choques oficiales con el Napoli, con el que ganó la Copa de la UEFA 88-89 y además terminó subcampeón en la Serie A y la Coppa Italia. Pero, sobre todo, la mayoría de ese medio centenar de choques los disputó lesionado de las más diversas partes del cuerpo. Por si fuera poco, sus obligaciones con el club le hicieron aterrizar en Brasil ¡dos días antes del debut!, sin conocer siquiera a algunos nuevos compañeros del combinado nacional.

Coincidió además con que varios compañeros del aún vigente campeón planetario también estaban muy tocados. Así que Argentina dio un nivel paupérrimo, sobre todo el ofensivo: dos goles en los siete partidos del torneo, ambos de Caniggia, ninguno de ellos en la liguilla final. Maradona apenas cumplió: no marcó, dio una asistencia de gol y, contra Uruguay, regaló un sensacional disparo desde el círculo central de Maracaná, que por desgracia se estrelló espectacularmente en el larguero.

Nadie lo podía saber, pero la de 1989 fue la última participación de Diego Armando en la Copa América.

 Aún estaba en activo durante las siguientes cuatro ediciones, pero no pudo presentarse a ninguna:

– Chile 1991 (sin Maradona): Argentina fue campeón pese a estar privada de su líder. El ‘10’ meditaba dejar el balompié mientras se hallaba cumpliendo 15 meses de sanción global sin fútbol, producto del sonado positivo por cocaína que cerró amargamente su increíble aventura napolitana.

– Ecuador 1993 (sin Maradona): Argentina volvió a ganar la Copa América (hasta hoy, último título oficial de las vitrinas albicelestes). Y lo hizo de nuevo sin Diego, que había terminado muy mal su única temporada con el Sevilla. Él mismo era consciente de su declive y se autodescartó para el torneo, ahorrándole una impopular decisión al seleccionador Alfio Basile.

– Uruguay 1995 (sin Maradona): la Albiceleste cayó en cuartos de final a los penaltis, en el duelo de duelos contra Brasil. Pero el ‘Pelusa’ volvió a faltar, porque ahora se encontraba cumpliendo su segunda sanción de 15 meses. La razón fue el famoso positivo por efedrina que le obligó a dejar por la puerta falsa aquel Mundial de EEUU ‘94 para el que se había preparado como nunca.

– Bolivia 1997 (sin Maradona): Argentina volvió a doblar la rodilla en cuartos, tras caer 2-1 contra Perú. El ya muy veterano as, cercano a cumplir 37 años muy vividos, estaba casi retirado de facto, y no pisaba la Selección desde 1994. De hecho, después de esta Copa América apenas disputaría otros siete partidos oficiales con Boca Juniors antes de colgar las botas.

EN RESUMEN: Maradona compareció en tres ediciones de la Copa América (1979, 1987 y 1989), totalizando 12 partidos, 4 goles y 1 asistencia de gol. Logró un tercer puesto y un cuarto lugar.


sábado, 10 de junio de 2023

HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER

LA MALDICION QUE PERSEGUIA A GUARDIOLA

FUENTE: "TyC SPORTS"

Manchester City se coronó campeón de la Champions League, torneo que le fue esquivo a Pep Guardiola desde 2011. Si bien logró volver a llegar a la final del certamen en 2021, no pudo ganarla. Las derrotas comenzaron a ser adjudicadas a una "maldición africana" sobre el DT del City producto de un cruce con Yaya Touré. Ahora, el representante del exfutbolista marfileño asegura que "los chamanes han levantado el hechizo" y que los Citizens saldrán campeones. Lo cual agiganta la leyenda alrededor de la historia. 





Todo comenzó a mediados de 2018, cuando Pep dejó libre a Yaya Touré, un histórico que por entonces llevaba ocho años en Manchester City. La tensión entre ambos, que hasta entonces permanecía oculta, quedó en evidencia ante los hinchas y los medios británicos. Incluso Yaya llegó a acusarlo de tener problemas con los jugadores de color. "Tengo la sensación de que hizo todo lo posible para arruinar mi última temporada", aseguró en aquel momento quien ahora trabaja como entrenador de las Divisiones Formativas del Tottenham.

Pero lo de la maldición llegó después. No por Yaya Touré sino por su representante, el turco Dimitri Seluk: "Guardiola logró que toda África se volviese en su contra, estoy seguro de que muchos chamanes africanos harán lo posible para que Guardiola no gane la Champions. Esto será una maldición africana para Guardiola. El boomerang volverá, Pep. Verás lo que pueden hacer los chamanes africanos", dijo.

El medio inglés Mirror publicó una nota exclusiva con Dimitri Seluk. En ella, sorprendió al querer disculparse por este asunto: "Creo que es hora de que termine esta amargura, y sé que Yaya siente lo mismo porque no desea nada más que éxitos para el City", comenzó.

Luego, llevó alivio a todos los Citizens: "Puedo decir que los chamanes ahora han levantado el hechizo, y que creo que el City ganará la Champions League con Pep. Tienen una buena oportunidad de ganarla este año. Pero, pase lo que pase, definitivamente la ganarán en los próximos tres años".

Pep Guardiola ganó la Champions League en su primera temporada al mando del Barcelona, en la temporada 2008-09, y repitió título en la 2010-2011. Además, con el conjunto catalán quedó eliminado en dos semifinales (2009-2010 frente a Inter y 2011-2012 frente a Chelsea, que serían los campeones).

En el Bayern Munich le ocurrió algo similar: en sus tres temporadas al mando del conjunto alemán, Pep logró jugar tres semifinales, pero fue derrotado por los tres equipos más grandes de España y nunca pudo estar presente en el partido final. En la temporada 2014-2015 lo sacó Barcelona, en la 2015-2016 el Atlético de Madrid, y en la 2016-2017 cayó frente a Real Madrid.

En el Manchester City fue eliminado en octavos ante el Mónaco; frente a Liverpool, Tottenham y Olympique Lyon en cuartos y perdió la final de la edición 2021 en manos del Chelsea. En 2022, sumó una nueva eliminación ante Real Madrid, la más increíble de todas: el City ganaba 1-0 el partido de vuelta y 5-3 la serie, pero en una ráfaga de dos minutos el Merengue se puso 2-1 arriba y mandó el partido al alargue. Benzemá marcó el 3-1 final y los Citizens quedaron eliminados de la competencia.

El DT español sigue sin poder lograr el máximo objetivo que se pone año a año con Manchester City. Con el final de esta "maldición africana" que caía sobre sus hombros, el conjunto inglés sueña con que esta sea su edición. La cual finalmente consiguió al derrotar 1-0 al Inter gracias al gol de Rodri.

viernes, 9 de junio de 2023

HISTORIAS DE COLECCION

EL JUGADOR "TRUCHO" QUE QUISO JUGAR EN RIVER PLATE

FUENTE: "TyC SPORTS":

Si el Diablito Claudio Echeverri está a punto de sumarse a los privilegiados que jugaron en la Primera de River en el profesionalismo, ya sea en partidos oficiales o amistosos, el caso más curioso de esa lista de predilectos es la presencia de un futbolista trucho. O futbolista fantasma. O futbolista apócrifo. Un jugador que no existió, que no era real, pero que se puso la banda roja.




Un par de horas antes de un partido de verano en 1977 ante Aldosivi en Mar del Plata, un periodista le preguntó cómo se llamaba al jugador que, ya había trascendido desde el cuerpo técnico, debutaría esa noche. Lo insólito es que el futbolista respondió con evasivas a la pregunta más sencilla, “No sé cómo me llamo, pregúntale al técnico”, y entonces apareció el mítico Ángel Labruna y “anunció” que el debutante se llamaba Luis Rodríguez. Ya durante el partido, la transmisión de TV y los relatores de radio hablaron toda la noche del tal Rodríguez y así lo repitieron los diarios del día siguiente. Sin embargo, era un nombre ficticio. No existía ningún Luis Rodríguez: en verdad se llamaba Braulio Castro. Pero nadie lo sabía.

Aunque en 1975 había ganado al fin el título que se le negaba desde 1957, River la pasaba mal a comienzos de 1977. Boca no sólo había sido bicampeón del año anterior: a fines de diciembre había ganado la primera final superclásica, el 1 a 0 del Nacional de 1976 que, hasta 2018, sería la única definición entre Boca y River de la historia. No sólo eso: en 1976, River también había perdido su segunda final de Copa Libertadores, ante Cruzeiro. El partido previo al River-Aldosivi en Mar del Plata, 48 horas antes, había sido un desastre: el 3 de febrero, Everton de Chile había goleado 6-2 al equipo de Labruna por el torneo Hexagonal jugado en Viña del Mar. Muchos jugadores no querían al técnico y hablaban abiertamente de su intención de destituirlo.

Por ejemplo, Alejandro Sabella, luego entrenador de la Selección Argentina –hombre al que nunca se le escapaba una palabra de más-, declaró en esas horas turbulentas: “Yo estoy enfrentado a Labruna. Se lo dije cara a cara: jugar así no es beneficioso para mí, ni para él ni para River”. El técnico de River, a su vez, no se quedaba atrás: “De 90 partidos del año, jugó 80 y sólo hizo dos goles”. A la espera del comienzo de la actividad oficial, programada para el 20 de febrero, River seguía su gira de amistosos preparatorios. Y buscaba refuerzos. Ya asegurado el regreso del goleador Víctor Marchetti, River negociaba por otros delanteros: René Houseman (futuro campeón del mundo y finalmente jugador de River en 1981), Fernando Morena (mediocampista ofensivo de Peñarol, luego jugador de Boca) y Daniel Astegiano (atacante de Independiente).

Justamente, un ex jugador de Independiente y Boca, Alcides “Cacho” Silveira, se había acercado en enero de 1977 al presidente de Independiente, Julio Humberto Grondona –que dos años más tarde asumiría el gobierno de la AFA- y le ofreció a un ignoto delantero uruguayo de procedencia mexicana. Pero Don Julio no lo aceptó: “Me ofrecieron a un pibe uruguayo, Braulio Castro, pero estoy cansado de estas historias, después son jugadorcitos de mitad de cancha. No quiero saber con cosas raras”.

El tema es que, en un River en crisis, el propio Castro terminaría sumándose a la concentración del equipo de Labruna en Mar del Plata. El 5 de febrero, en la previa del amistoso ante Aldosivi, un periodista de El Gráfico le preguntó:





-Nos dijeron que jugaste en Nacional de Montevideo, en la selección uruguaya, en México y que tenés el pase libre. ¿Nos podrías dar tus datos personales?

-No, no sé cómo me llamo. Pregúntele al técnico.

-¿Cómo que no sabe como se llama?

-No, no sé. Que le diga Labruna cómo me llamo.

Y entonces, ante la pregunta a Labruna –“¿Cómo se llama el refuerzo?”-, el mito que comparte estatua con Marcelo Gallardo en la entrada al club sacó a relucir toda su picardía y respondió con un nombre genérico, común: Luis Rodríguez.

-¿De dónde viene?-, quiso saber el periodista.

-Se lo digo después para no entorpecer las tratativas.

Con la presencia del propio Sabella, Reinaldo Mostaza Merlo y Juan José López, River venció 4 a 2 a Aldosivi en un partido en el que Rodríguez –mencionado así por todos los relatores- hizo poca cosa como puntero izquierdo: un par de amagues y no mucho más, hasta que Labruna lo sustituyó a los 21 minutos del segundo tiempo. Era un plantel con tan pocos delanteros que el uruguayo fue reemplazado por Rodolfo Raffaeli, un defensor que pasó a jugar de puntero. Algo más insólito había ocurrido el año anterior, cuando el arquero suplente, Luis Landaburu, había jugado de delantero en el segundo tiempo de un amistoso ante San Martín de San Juan.

Para la revista River, el debut de Rodríguez fue “discreto, hay que esperar”. Jorge Kiper, el presidente de la Subcomisión de fútbol, coincidió con ese diagnóstico futbolístico, pero le confió al periodista de El Gráfico un dato que –se suponía- no debía trascender: “Hay que esperarlo, tiene algunas cosas parecidas a su padre. ¿Sabe quien era? El ‘Manco’ Castro”.

En rigor, el directivo cometió un error: Braulio Castro era hijo de su padre homónimo, que jugó en la selección uruguaya de 1932 a 1937, y en cambio el Manco Castro –campeón del mundo en 1930- se llamaba Héctor. Pero más allá del detalle, obviamente la mentira que habían armado entre Labruna, el supuesto Rodríguez y Silveiro ya había quedado al descubierto con la confesión de Kiper: Braulio Castro (h) era un delantero uruguayo que entre 1972 y 1974 había jugado en Nacional y luego en Jalisco, de México. Se supone que también había jugado para la selección de Uruguay el Sudamericano Sub 20 de 1971, en Paraguay. La decisión de falsear su nombre fue porque la Federación de México no le había dado autorización para que jugara en un club de otro país hasta que no arreglara su situación con el Jalisco.

Sin embargo, sólo la revista El Gráfico blanqueó esa truchada esa semana: la revista River, en cambio, se prestó al juego a medias. “Contra Aldosivi debutó ‘Luis Rodríguez Castro’, y entrecomillamos su apellido porque estamos convencidos de que no se llama así, pero hay cosas de los negocios. Estará a prueba dos partidos más en Mar del Plata. Contra Aldosivi mostró bastante poco”.

La segunda oportunidad para Rodríguez, o para Castro, llegaría cuatro días después, en un 2 a 2 entre River y la Selección Argentina de César Luis Menotti que se preparaba para el Mundial 78. El futbolista trucho fue un desastre: Labruna lo sacó a los 45 minutos. Después del partido, la revista River habló con Castro, que le apuntó al periodista de El Gráfico:

-Como estoy jugando sin autorización del Jalisco, me cambié el apellido para no tener problemas. Pero un periodista malentendió lo que le dije, y puso que yo no sabía cómo me llamaba.

Castro también hizo una autocrítica: “No jugué a mi nivel, venía de vacaciones, estaba falto de fútbol y terminé muy cansado”. Pero Labruna ya le había bajado el pulgar y no esperó al tercer partido de prueba, ante Boca en Mar del Plata, para declarar que no lo incorporaría al plantel: “La verdad no demostró mucho, jugó mejor el primer partido que el segundo. No lo puse contra Boca porque iba a ser un partido muy trabajado”, dijo el técnico.

A los pocos días, River debutaría con un 6-2 ante Temperley, el primer paso hacia el título de campeón en el Metropolitano 1977. Lo haría sin la presencia de Braulio Castro, de quien se sabría muy poco a partir de entonces, salvo que jugaría 10 partidos y anotaría un gol para Quilmes en 1980. Futbolistas que jugaron a prueba en River en un amistoso y no quedaron en el plantel hay muchísimos, como el brasileño Julio Cesar en 1983 y Enzo Trossero en 1986, pero futbolistas truchos, sólo hubo uno. El falso Luis Rodríguez.

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

ESTEBAN CAMBIASSO EN RIVER FUENTE: "KODRO MAGAZZINE" Esteban Cambiasso, tras una llegada prematura al Real Madrid B con 16 años ju...