jueves, 7 de mayo de 2020

UNA HISTORIA QUE VALE LA PENA LEER

LA HISTORIA DEL "LOCO" CAMINOS":

Muchos dicen que no volvieron a ver un “10” igual en las canchas del fútbol argentino. Hoy se cumplen 29 años del último partido en Primera División de unos de los jugadores más emblemáticos de la historia del fútbol argentino: Ricardo Bochini, en cuya extensa carrera vistió sólo la camiseta de Independiente de Avellaneda.


En efecto, el domingo 5 de mayo de 1991, durante el partido que Independiente jugaba con Estudiantes de La Plata, Bochini sufrió una violenta infracción del defensor Pablo Erbín y fue retirado en camilla.

Expulsado el agresor y con el insigne futbolista en los vestuarios, ni los hinchas ni los periodistas imaginaron que en realidad habían asistido al último de los más de 700 partidos que había jugado en una trayectoria iniciada en 1972.

Cuando se estableció que la rodilla lesionada sería un obstáculo insalvable para continuar en la alta competencia, el talentoso número 10 nacido en la ciudad bonaerense de Zárate tenía 37 años cumplidos el 25 de enero de ese 1991.



Sin embargo y en contraposición a lo que muchos pensaban, esa no fue la infracción más violenta que sufrió “el Bocha” a lo largo de su carrera.

“A la peor patada me la dio Miguel Camino, un arquero de Unión San Vicente de Córdoba. Por el Nacional ´82 hice una pared con Brailovsky, fui a buscar la devolución, se la quise pasar por arriba y fue con las dos piernas para adelante. Me rompió los dos tobillos. Estuve cuatro o cinco meses sin jugar”, recordó Bochini en diálogo con El Gráfico.

La otra campana

A Miguel Caminos todos los conocían como “el Loco”. El arquero había llegado a USV desde Lavalle y antes había tenido pasos en el ascenso del fútbol cordobés en Villa Azalais y Las Flores.

Se retiró a los 36 años y también tuvo pasos por Instituto, Belgrano y Universitario, donde estuvo una década. Hoy tiene 70, es simpatizantes de la Gloria y está jubilado tras haber sido varios años chofer de la empresa Suquía. “Generalmente estaba en coches de la línea 10 u 11. Después me compré una chapa de remis y en eso ando todavía”, recordó Caminos.

Sobre su famosa patada a Bochini, contó de arranque que “no fue tan así como él dice, incluso ni siquiera me echaron por esa falta y eso que estábamos jugando en la cancha de Independiente”.

En diálogo con Mundo D, agregó: “No hubo mala intención de ninguno de los dos. Sé que le pegué, pero yo había salido a taparlo y se habrá enganchado con alguna de las piernas mías. Él tendrá su visión, yo tengo la mía. Si fue así como él dice, yo le pido disculpas. Soy más famoso por lo que dijo él que por mi carrera”.

Luego llenó de elogios al ídolo del “Rojo”: “Mirá que vi jugar a muchos, pero él nada que ver. Era un genio, tenía en la mente todo lo que iba a pasar. Él sabía dónde iba a poner cada pelota, leía el partido de una manera impresionante”.

Y aportó más detalles de aquel partido en Avellaneda: “Me acuerdo también que nos anularon un gol sobre la hora, perdimos 1 a 0. Teníamos muy buenos jugadores, fue un partidazo”.

Aunque para todos el retiro de Bochini fue en 1991, mucho después (el 25 de febrero de 2007), aceptó la invitación a jugar de forma oficial y así lo hizo durante 42 minutos para Barracas Bolívar en un cotejo de la Zona 57 del llamado "Torneo del Interior".

En 2009 incursionó de manera fugaz en el torneo de veteranos "Súper 8" con media hora en la cancha en el partido que su Independiente perdió 2-0 a manos de Boca Juniors.

Pero del verdadero adiós de quien es parte de la iconografía dorada de Independiente y del fútbol argentino (de hecho, Bochini integró el plantel que ganó el Mundial de México 86), se cumplen este martes 29 años.

FUENTE:MUNDO D 

miércoles, 29 de abril de 2020

LA COPA SUECIA 1960

CUANDO ATLANTA SE QUEDÓ CON EL TÍTULO


El 29 de abril de 1960 Atlanta derrotaba en la final, jugada en el Viejo Gasómetro, a Racing Club por 3 a 1, con goles de Julio Alberto Nuin, Roberto Francisco Bellomo y Alberto Mario González, descontando el “Marqués” Rubén Sosa para La Academia. Los artífices de la hazaña de esa tarde fueron: Errea;  Clariá y Nuin; Desanzo, C. Griguol y Betinotti;  M. Griguol, González, Rodríguez, Bellomo y Roque.

El torneo, iniciado en 1958, culminaba casi dos años después con Atlanta campeón. La estrella por el título se oficializó en 2010 en la camiseta y escudo oficial. En el año 2012 desde AFA se terminó de reconocer el título como oficial, luego del reclamo de San Lorenzo de Almagro por la Copa de Honor de 1936.

De esa forma, la AFA reconocía además de forma oficial a tres campeones “de liga” en 1936 y a tres de la 2012/13, incluyendo en ese listado también la Copa Argentina ganada por Boca en 1969, la Centenario de Gimnasia LP en 1993 y la Suecia por Atlanta en 1960 —en rigor ya estaban incluidas desde hace tiempo—.

FUENTE: CLUB ATLANTA.

En tanto el SITIO: "SENTIMIENTO BOHEMIO" refleja estos números:
LOS NÚMEROS DE LA COPA SUECIA
El plantelRodolfo Carlos Bettinotti y Oscar Alejo Clariá, 16 partidos; Ángel Rocha, Marcelo Edmundo Echegaray, Osvaldo Juan Zubeldía y Norberto Antonio De Sanzo, 15; Alberto Emilio De Zorzi y Osvaldo César Güenzatti, 12; Carlos Timoteo Griguol y Salvador Argentino Calvanese, 10; Mario Luis Griguol, 7; José Hugo Fernández Den y Juan Raúl Asprela 6; Héctor Ruggiero, Mario Katzman y Carlos Jesús Fernández, 3; José María Sánchez y José Walter Roque, 2; Luis Artime, Néstor Martín Errea, Julio Alberto Nuin, Alberto Mario González, Domingo Rodríguez, Roberto Francisco Bellomo, Eduardo Ernesto Bértolo y Juan Carlos Russo, 1.

Los goleadores
Salvador Argentino Calvanese, 6 goles; Alberto Emilio De Zorzi, 5; Osvaldo César Güenzatti y Osvaldo Juan Zubeldía, 3; Mario Luis Griguol, José Hugo Fernández Den y Luis Artime, 2; Juan Raúl Asprela, Rodolfo Carlos Bettinotti, Mario Katzman, José Walter Roque, Julio Alberto Nuin, Roberto Francisco Bellomo y Alberto Mario González, 1.

Campaña:
jugó 16 partidos, ganó 9, empató 3 y perdió 4, con 30 goles a favor y 19 en contra.

Resultados
River: 4-1 V / 1-1 L
Independiente: 4-2 L / 0-0 V
Lanús: 0-1 V / 1-0 L
Gimnasia: 3-3 L / 1-0 V
San Lorenzo: 3-4 V / 0-2 L
Argentinos Juniors: 1-0 V / 4-0 L
Rosario Central: 4-2 L / 0-2 V
Rosario Central (desempate 1º puesto Zona “B”): 1-0, en Newell’s, el 29-4-1959.

Síntesis de la final

Atlanta 3-Racing Club 1. Jugado en San Lorenzo de Almagro, el 29-4-1960.Atlanta: Néstor Martín Errea; Oscar Alejo Clariá, Julio Alberto Nuin; Norberto Antonio Desanzo, Carlos Timoteo Griguol y Rodolfo Carlos Bettinotti; Mario Luis Griguol, Alberto Mario González, Domingo Rodríguez, Roberto Francisco Bellomo y Walter José Roque. DT: Manuel Giúdice.

Racing Club: Osvaldo Jorge Negri (45′ Ataúlfo Sánchez); Norberto Anido y Juan Carlos Murúa; Néstor De Vicente, Vladislao Wenceslao Cap y Julio Gianella; Manuel Alberto Murúa, José María Ferrero, Juan José Pizzuti, Rubén Héctor Sosa y Raúl Oscar Belén.

Juez: Duval Goicoechea. Recaudación: $ 185.300. Goles: PT: 11′ Nuin (At), 40′ Bellomo (At). ST: 18′ Sosa (RC), 29′ González (At). Incidencia: PT: 25′ se retiró lesionado Mario Griguol (At).

Otros detalles

 Expulsados: 1 (Carlos Timoteo Griguol).

 Penales: a favor: 3 (1 convertido y 2 le atajaron); en contra: 7 (5 convertidos y 2 detenidos por Rocha).

 Directores técnicos: durante la primera parte fue Victorio Luis Spinetto; en el partido de desempate por el primer puesto del grupo, Juan Carlos Fonda, y en la final, Manuel Giúdice.

Debuts oficiales

La Copa Suecia posibilitó el debut oficial de cinco jugadores, que aparecieron en Primera División en esta competencia, antes de hacerlo por vez primera en partidos del Campeonato oficial: Luis Artime, Mario Luis Griguol, José Walter Roque y Alberto Mario González.

Mientras habitualmente se sitúa el debut oficial del gran goleador Luis Artime en el Campeonato de Primera División 1959, en realidad, lo hizo varios meses antes, el 8-10-1958, por la 13ª fecha de la Copa Suecia, Atlanta 4-Argentinos Juniors 0. El joven centrodelantero ya mostró allí su contundencia: marcó dos goles en aquel debut en Primera. 

Por su parte, el que luego sería destacado valor de Boca Juniors, Alberto Mario González, hizo su debut una semana antes de su primer partido oficial por Campeonato: fue en la final de la Copa Suecia, el 29-4-1960, en la que convirtió el tercer tanto.
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martes, 28 de abril de 2020

UNA HISTORIA PARA CONOCER

VIDA Y OBRA DE SEBASTIÁN VILLA 

Hace poco más de un mes, era una de las estrellas ascendentes del Boca campeón de la Superliga, ganándose un lugar fijo en el elenco titular desde la llegada de Miguel Ángel Russo en base su velocidad. Hoy, Sebastián Villa quedó en el ojo de la tormenta luego de que su ex pareja, Daniela Cortés, lo denunciara pública y judicialmente por violencia de género. "Sebastián se acercó a la dicente y le propinó un golpe de puño en la cara, a la altura de la frente, del lado izquierdo. Además, la tomó fuertemente de sus cabellos y la zamarreó fuertemente agarrándola de ambos brazos”, indica la declaración, que le fue tomada a la mujer en el domicilio que compartía con el delantero, en el country Saint Thomas.

Antes, mucho antes de convertirse en una de las estrellas del plantel xeneize que acaba de ser campeón del fútbol argentino con la que posiblemente haya sido su mejor performance desde que es futbolista profesional; antes de que irrumpiera en las páginas policiales por la denuncia, el pequeño Sebastián Villa Cano creció en el municipio colombiano de Bello, en el departamento de Antioquia, que tiene como capital a la ciudad de Medellín. La hermosa Medellín que respira fútbol por el Atlético Nacional y el Deportivo Independiente. Y la que quedó identificada como zona principal del narcotráfico mundial durante el reinado de Pablo Escobar Gaviria. Allí también se registró el asesinato del futbolista Andrés Escobar después del Mundial de Estados Unidos 94.
En un sector humilde de aquel poblado Sebastián se crió pateando pelotas y, literalmente, esquivando tiros. Él fue uno de los que pudo eludir las malas juntas con la extensión de mano que le ofreció el deporte. Nació justo en la posguerra entre cárteles narcos colombianos y es por eso que lidiar con asesinatos y gente armada se hizo moneda corriente.
El propio Villa confesó que hasta los 10 años solamente comía una vez al día. Entre los menúes económicos abundaban el chicharrón (cerdo frito), arroz, lentejas o lo que cayera en la olla. Si hasta su representante reveló que Seba se golpeaba la cabeza para sentir ese dolor y no enfocarse en los ruidos de su panza por el hambre.
En el año 2011 decidió lanzarse al fútbol grande. Quería dejar el potrero y triunfar como jugador para comprarle una casa a su madre. Aunque tuvo que luchar con ella para asistir a una prueba de futbolistas que el Deportivo Tolima iba a llevar a cabo en Medellín. En su casa no había un peso y por ese motivo dejó escapar la primera oportunidad. Al día siguiente analizarían más juveniles y a Sebastián no le quedó otra que romper el marco de una ventana para vender el pedazo de aluminio por 8 mil pesos con los que viajó de la estación de Bello hasta la de Santa Lucía, separadas por unos 35 minutos en metro. Las gambetas y zancadas que lo diferenciaban en el Club Deportivo Palmazul, en el que se inició, le aseguraron un lugar en el Tolima. Armó un bolso y se marchó a Ibagué para vivir en una casa de familia antes de saltar a la primera división.
En las juveniles del club pijao se terminó de perfeccionar y debutó como profesional en 2014 por la Copa Colombia, certamen que el Tolima obtuvo en esa edición. Con el paso de los meses se fue afirmando y explotando sus cualidades físicas. En 2018 dio el salto de calidad en el Torneo Apertura con su equipo que lo transformó en la revelación del campeonato. En las fotos de ese título aparece con la copa junto a Daniela Cortés, con la que había formalizado su relación meses antes y hoy lo denunció por agresión; hecho por el cual le concedieron la restricción perimetral y el punta debió mudarse a la casa de Juan Fernando Quintero.
A mediados de ese año fue transferido al Boca dirigido por Guillermo Barros Schelotto, que pretendía una alternativa de las mismas características de Cristian Pavón ante su inminente venta. Con el dinero del pase terminó de comprarle la casa a su madre y cumplió uno de sus sueños. El segundo era vestir la camiseta azul y oro, algo que anheló desde chico.
Más allá de la incipiente fama y lucir alguna alhaja de oro, en cada receso, Villa volvió a Medellín para estar con los suyos. Llevó regalos para sus familiares y también para sus parceros. Incluso cuenta su entorno que hasta algunos conocidos ofician de guardaespaldas amateurs. Por otra parte, cada vez que su agenda lo permite acude a la iglesia; caso contrario, se arregla leyendo la Biblia, a la que tiene descargada en su celular. Su frase de cabecera es “Si el Señor está conmigo, ¿quién contra mí?”.
Alternó entre titularidad y suplencia durante los ciclos de Barros Schelotto (lo incluyó en las alineaciones iniciales en las dos finales de la Libertadores 2018 contra River) y Gustavo Alfaro pero se ganó el puesto a principios de 2020 de la mano de Miguel Ángel Russo, quien lo tuvo en el banco en el primer partido ante Independiente pero que frente a la lesión de Mauro Zárate decidió mandarlo a la cancha de entrada y no sacarlo más. A sus atributos de velocista (sus marcas de velocidad se asemejan a las del atleta jamaiquino Usain Bolt o el francés Kylian Mbappé, considerado por muchos el futbolista más rápido del mundo) le sumó volumen de juego y terminó siendo uno de los extremos de mayor desequilibrio en Argentina hasta el parate por la pandemia del coronavirus.
Ensanchó su espalda internamente a base de buenas actuaciones y a la vez plantándose de cara a sus compañeros, a los que les señaló que las críticas por sus malas decisiones adentro de la cancha no le sumaban. Y desde allí cambió el trato del resto de los futbolistas boquenses para con él.
En la Ribera se bordó dos estrellas (Supercopa Argentina 2019 y la última Superliga) y muchos ya le auguraban futuro europeo. La situación personal que atraviesa en este momento, con una denuncia por violencia de género por parte de su ex pareja, lo sumerge en la etapa más oscura de su carrera.
“El que me conoce a mí sabe que soy un buen hijo. Siempre dije que primero la familia, lo más bonito que tiene uno es la familia. Cada 15 días aporto en mi casa. Haberle regalado la casa a mi mamá en Medellín es uno de los sueños que cumplí. Ir y poder verla bien a ella es un motivo de orgullo para mí. Me ayuda a crecer”, declaró en el pasado.
A esa ligazón con las mujeres de su familia se ciñó para realizar su descargo. “A raíz de lo que se está viendo en las redes sociales quiero decir que yo tengo mi madre, mis hermanas, mis sobrinitas, mis primitas; tengo mujeres en mi familia. A partir de mañana aclararé la situación con las personas indicadas”, subrayó en un video que se hizo viral. Sin embargo, Cortés aseguró en la denuncia que no se trató del primer episodio de violencia. Una ex novia, desde Colombia, también lo acusó de agresiones en la relación. La denuncia quedó en manos de la Justicia.
FUENTE: INFOBAE

LA ADICCIÓN TERMINÓ CON SU CARRERA

SPENCER HAYWOOD Y SU HISTORIA

“Era un atleta talentoso y desperdicié todo”, se lamentaba Spencer Haywood ocho años después de haber hecho una de las confesiones más escalofriantes del mundo del deporte.

Woody” fue el octavo hijo de una familia de muy bajos recursos, y su historia dentro de la NBA (a nivel deportivo) podría haber estado a la altura de los grandes nombres que hoy engloban a la máxima competencia de baloncesto de no haber sido por un detalle: su adicción a la cocaína, la cual hizo que protagonizara un episodio que acabó con su carrera por completo.
Con 19 años, fue el líder de la selección de Estados Unidos que obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de México de 1968. También se consagró campeón de la NBA, integró cuatro veces el All Star, fue elegido en dos ocasiones dentro del “First Team” y fue protagonista de un cambio de regla histórico en las elecciones en el Draft (fue el primero en integrar un equipo sin haber hecho los cuatro años de carrera en el básquet universitario).
Sin embargo, todos esos logros se vieron opacados por su intento de asesinar a su entrenador a través de un sicario.
Después de un paso lleno de espectaculares registros personales en la ABA (liga que compitió con la NBA hasta su disolución en 1976) en 1969, con 20 años, llegó a los Denver Rockets y todo parecía augurarle un gran futuro. A medida que pasaban las temporadas, el nombre HAYWOOD se iba posicionando cada vez más alto, pero nunca se imaginó lo que iba a suceder.
“Pasé por Seattle. Pasé por los Knicks. Y cuando llegué a Los Ángeles... me desmoroné”, recordaba en una entrevista con la revista People el 13 de junio de 1988.
“Era mi décima temporada, y finalmente tuve una oportunidad real de conseguir un campeonato. Estaba jugando con Jamaal Wilkes, el alero más ágil y astuto, y Norm Nixon, un jugador tan duro como hermoso. También estaba un sensacional novato llamado Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar ya era como un hermano para mí”, apuntaba.
Para ese entonces, en 1979 Wood ya era una figura de renombre dentro del equipo que comandaba Jack McKinney. Pero todo iba a cambiar después de 14 partidos. Su entrenador se despedía de los Lakers tras ser víctima de un brutal accidente de tránsito que le produjo un traumatismo craneal y lo obligó a abandonar su puesto. Su lugar iba a ser ocupado interinamente por Paul Westhead.
“Comencé la temporada sólidamente: 16 a 17 puntos por partido, rebotes fuertes, buena defensa. Estaba en un momento maravilloso”, rememoró. Sin embargo, con el correr de los juegos, su eficacia iba a empezar a disolverse.
“Me sentía sin manos, como si ya no tuviera dedos. Magic me daba buenos pases, y yo no los podía alcanzar. Me negué a creer que fueran las drogas, a pesar de que estaba usando Quaalude, Valium, alcohol y otras cosa para reprimir la fiebre de la cocaína. Pensé que tal vez Magic estaba dando demasiados giros en los pases, tal vez incluso para hacerme quedar mal”.
“Culpé de mi pobre rendimiento a todos, incluido Westhead. Mi actitud iba cuesta abajo. Mis compañeros se imaginaban que estaba metido en las drogas pero no sabían cómo ayudarme. Me había convertido en un bastardo”, aseguraba.
“La cocaína es un demonio muy malo. Me arrastraba por el suelo buscando más. Después de la primera vez que lo hice, quise hacerlo una segunda. Y después de hacerlo la segunda vez, quise hacerlo otra tercera. Me había enganchado en el juego del diablo”, se sinceró en una carta que escribió en Deadspin (2014) sobre aquella temporada.
La competencia continuó, al mismo tiempo que su adicción por la cocaína y sus malos rendimientos, hasta que Spencer Haywood iba a tocar fondo.
“Todo se desmoronó durante las finales de 1980 contra los Philadelphia 76ers. Después de quemarme el cerebro en un bar, me presenté a practicar por la mañana. Lo primero que te hacen hacer es elongar. Me acosté y notaron que no me estaba moviendo. Mis compañeros me susurraban: ‘¡Wood!, despierta!’, pero no me movía. Muy pronto todo el equipo se reunió a mi alrededor, imaginando que estaba muerto. Finalmente me sacaron de allí y Westhead me envió a casa”, relataba.
Se estaban disputando las finales y él ya formaba parte del banco de suplentes. Al terminar una de ellas, un nuevo escándalo iba a ponerle punto final a sus chances de disputar algún minuto de lo que restaba de la serie. Su entrenador Westhead fue testigo de una fuerte discusión a gritos entre él y dos compañeros (Brad Holland y Jim Chones).
“Mi carrera se estaba desvaneciendo, junto con mis amigos, mi autoestima, todo. (Tras la pelea) Le dije a Westhead que necesitaba ayuda. Pero ese enfrentamiento fue la excusa que necesitaba para expulsarme. Fue a ver a Jerry Buss (propietario de la franquicia), y en dos horas ya dejé de ser un Laker”, se lamentaba.
“La cocaína es un demonio muy malo. Me arrastraba por el suelo buscando más. Después de la primera vez que lo hice, quise hacerlo una segunda. Y después de hacerlo la segunda vez, quise hacerlo otra tercera. Me había enganchado en el juego del diablo”, se sinceró en una carta que escribió en Deadspin (2014) sobre aquella temporada.
La competencia continuó, al mismo tiempo que su adicción por la cocaína y sus malos rendimientos, hasta que Spencer Haywood iba a tocar fondo.
“Todo se desmoronó durante las finales de 1980 contra los Philadelphia 76ers. Después de quemarme el cerebro en un bar, me presenté a practicar por la mañana. Lo primero que te hacen hacer es elongar. Me acosté y notaron que no me estaba moviendo. Mis compañeros me susurraban: ‘¡Wood!, despierta!’, pero no me movía. Muy pronto todo el equipo se reunió a mi alrededor, imaginando que estaba muerto. Finalmente me sacaron de allí y Westhead me envió a casa”, relataba.
Se estaban disputando las finales y él ya formaba parte del banco de suplentes. Al terminar una de ellas, un nuevo escándalo iba a ponerle punto final a sus chances de disputar algún minuto de lo que restaba de la serie. Su entrenador Westhead fue testigo de una fuerte discusión a gritos entre él y dos compañeros (Brad Holland y Jim Chones).
“Mi carrera se estaba desvaneciendo, junto con mis amigos, mi autoestima, todo. (Tras la pelea) Le dije a Westhead que necesitaba ayuda. Pero ese enfrentamiento fue la excusa que necesitaba para expulsarme. Fue a ver a Jerry Buss (propietario de la franquicia), y en dos horas ya dejé de ser un Laker”, se lamentaba.
“Dirigí toda mi ira hacía Westhead. Dejé el Forum. Conduje mi Rolls toda la noche y mi único pensamiento era que Westhead debía morir. Planeé cómo acabar con él. En plena ira y tras consumir cocaína llamé a un amigo de Detroit, un tipo llamado Gregory, un gángster genuino certificado, y le dije: ‘Ven, necesito que te encargues de alguien’. Él dijo: ‘No hay problema, Wood. Me encanta hacer eso por ti’. Al día siguiente, Greg y su compañero volaron a Los Ángeles, listos para trabajar. Nos sentamos y planeamos sabotear los frenos de su coche. Obtuvimos su dirección: Westhead vivía en Palos Verdes”, revelaba ocho años después de aquella discusión.
“Antes de continuar con el plan, comencé a ver las cosas un poco más claramente. Estaba muy enojado, pero ¿era un asesino? Llamé a mi madre en Mississippi. Se estaba muriendo de cáncer en ese momento. No le dije lo que estaba planeando, solo que estaba enojado. Ella me dijo: ‘Estás haciendo algo que no es bueno, ¿verdad? Si haces algo malo, te entregaré yo misma. No crié un tonto’. Ella comenzó a llamarme cada 15 minutos, y hablamos mucho. Me hizo entrar en razón”.
Al cortar esa llamada, Woody le pidió a sus amigos que regresaran a Detroit. “Pensé: ¿Qué demonios estaba ideando? Nunca lo intenté pero mis intenciones eran diabólicas. Dios me observaba”.
Finalmente los Lakers consiguieron el anillo tras vencer a los Philadelphia 76ers por 4-2 y mandaron a su polémico jugador a Italia, en donde iba a continuar su carrera en las filas del Carrera di Venezia (hoy Reyer Venezia Mestre) de la Lega Basket, por ese entonces la mejor liga europea, algo que Haywood sintió como una “traición” en el momento, pero que con el tiempo supo entender.
“Lo que hicieron los Lakers fue darme la oportunidad de salir del desastre y recuperar mi cordura”, aseguraba en su carta a Deadspin. “No había programas de recuperación en 1980, por lo que imaginaron que debía ir a Italia —todavía estaba bajo contrato con los Lakers—. Si salía del país, de esa manera, podrían reservarse el derecho de traerme de regreso. Estaba enojado, herido. En ese momento no vi la enfermedad como el problema. Sentí que mis compañeros de equipo me traicionaron. Fui traicionado por mis dueños. Pero Italia fue lo mejor que me ha pasado”.
Fue una temporada la que estuvo en Europa. Allí promedió 23.5 puntos y 10.5 rebotes por partido y depositó en la final de la Copa Korac a su equipo, el cual finalmente perdió ante el Joventut de Manel Comas.
Al año siguiente, Woody ya estaba de vuelta en la NBA. Los Washington Bullets lo contrataron con la intención de repuntar en la liga. Sin embargo, lejos estuvo el pivot de recuperar su mejor nivel y fue en 1983 cuando anunció su retiro del basquet.
Se alejó por completo del deporte y entró en un centro de rehabilitación para reconstruir su vida. Posteriormente viajó a Detroit, su ciudad, y se convirtió en un líder comunitario realizando conferencias sobre lo peligrosas que pueden ser las drogas.
“Alguien me dijo que al contar mi historia le estaba haciendo saber a la gente que está bien consumir drogas porque eventualmente puedes limpiarte y todo está bien. Bueno, nunca se está bien. Nunca podré recuperar lo que tiré y nunca podré reparar el daño que las drogas causaron en mi vida personal”, dijo tras su retiro.
A pesar de su abrupto final, Spencer iba a recibir un mimo de la liga de baloncesto más importante del mundo, cuando en 2015 (32 años después de su salida), ingresó al Salón de la Fama de la NBA.
Ahora, y tras abandonar la presidencia de la NBRPA (Asociación Nacional de Jugadores Jubilados de Baloncesto) en marzo, después de completar dos períodos de tres años en el cargo, Haywood (de 70 años) se encuentra acatando el confinamiento social por coronavirus en su casa de Las Vegas.

lunes, 27 de abril de 2020

EN LA RETINA DEL FUTBOL

CUANDO EL ESTUDIANTES DE SABELLA ESTUVO A PUNTO DE SER CAMPEÓN DEL MUNDO

El Barcelona se impuso con justicia por 2-1 a Estudiantes de La Plata en la prolongación y se proclamó por primera vez en su historia campeón del Mundial de Clubes de fútbol, este sábado en Abu Dabi, donde hizo historia culminando un récord y pleno de seis títulos en 2009.




Para los "Pincharratas" anotó de cabeza Mauro Boselli (37) y empató Pedro sobre el final del tiempo reglamentario (89) para el Barça, mientras que el argentino Leo Messi, de nuevo decisivo, decretó la victoria blaugrana (110).



Con este resultado, el equipo catalán confirmó su hegemonía, tras apuntarse en mayo la Liga de Campeones, la Liga española y la Copa del Rey, en agosto las Supercopas española y europea y finalmente saldar una de sus cuentas pendientes con el torneo planetario de la Federación Internacional (FIFA).



El partido de Abu Dhabi quedará en las páginas doradas del club, tras las decepciones en el Mundial de Clubes de 2006 y la extinta Copa Intercontinental de 1992, donde cayó ante los brasileños Inter de Porto Alegre y Sao Paulo, respectivamente.



El encuentro comenzó con dinámica, aunque sin mucha estética. Barcelona mostró algo de su buen toque, pero Estudiantes no se amilanó ante tan regio rival, al punto que la primera ocasión la tuvo el mediocampista Enzo Pérez, muy bien habilitado por el armador Juan Sebastián Verón (minuto 4), pero no llegó.



En el 8, una gran combinación entre el sueco Zlatan Ibrahimovic y Xavi llevó mucho peligro al rea argentina.



Después, poco a poco, los blaugranas fueron tomando el control de las acciones, con m s del 60% de la posesión del balón, pero los rojiblancos respondían al contragolpe, en particular cuando el hábil Boselli se lanzaba por la izquierda.



En el minuto 23, el árbitro mexicano Benito Archundia mostró la amarilla a Leo Messi y, en el 26, un disparo cruzado de Verón se fue junto al palo derecho de Víctor Valdés. Seis minutos más tarde, los jugadores y la hinchada culé protestaron por un inexistente penal del arquero Damián Albil sobre Xavi.



Cuando nadie lo esperaba, un gran centro del uruguayo Juan Manuel Díaz desde la izquierda, lo cabeceó magistralmente Boselli, muy presionado entre Carles Puyol el francés Eric Abidal, para marcar la apertura (37).



Cerrando la primera parte casi, Díaz vio la tarjeta amarilla por falta sobre Messi.



En el segundo tiempo, el canterano Pedro entró por el maliense Seydou Keita en el Barça. Enseguida, un zurdazo de Ibrahimovic pasó muy cerca del marco de Albil (48), quien en el 52 le tapó muy bien un disparo a bocajarro al sueco.



A pesar del ruido que hacía la hinchada platense (más de 3.000 personas), el estadio en su mayoría apoyaba al equipo culé.



Clemente Rodríguez, defensa rojiblanco, fue amonestado en el 58 por falta sobre el internacional francés Thierry Henry. A continuación, tras centro de este último, Pedro le pegó mal al balón solo ante la valla.



En el 65 la tarjeta amarilla fue para Enzo Pérez por falta contra Abidal.


Barcelona seguía dominando, pero Estudiantes defendía de manera ordenada y, en el mediocampo, si bien lo controlaba, en las duras había un patrón: Verón.



Casi empata el equipo catalán en el 70, pero Albil sacó al córner con el pie un disparo de Pedro.



En el minuto 76, Matías Sánchez entró por Leandro Benítez en Esudiantes, y tres minutos despu?s Maxí Núñez por el amonestado Pérez, y en el rival el marfileño Yaya Tour? por Sergio Busquets y casi enseguida Jeffren por Henry, y los cambios se agotaron para ambos cuando al final Faustino Rojo sustituyó a Germán Re en Estudiantes.



Pasaban los minutos y los de Pep Guardiola no encontraban el camino a las redes de Albiol, hasta que en el 89 Pedro cabeceó por encima del arquero un primero de Gerard Piqué y logró la ansiada igualada (1-1) y así fueron a la prolongación.



Como era previsible, los barceloneses salieron más agresivos.



El árbitro australiano amonestó a Sánchez (94) y la falta la ejecutó Messi de zurda, apenas desviada por arriba del larguero.

Después, Ibrahimovic pateó mal desde el flanco izquierdo en el área mayor (101).



La locura se desató en el 110, cuando Messi, en posición algo dudosa marcó el 2-1 desde cerca, tras recibir un centro largo desde la derecha del brasileño Dani Alves, empujando el balón con el pecho. Igualmente, Estudiantes no se achicó y siguió luchando.



El resultado fue justo, el partido muy dinámico y de buena calidad.



Síntesis del partido.


Estudiantes: Damián Albil; Cristian Cellay, Leandro Desábato, Germán Ré; Clemente Rodríguez, Rodrigo Braña, Juan Sebastián Verón, Juan Manuel Díaz; Enzo Pérez, Leandro Benítez; y Mauro Boselli. DT: Alejandro Sabella.


Barcelona: Víctor Valdés; Daniel Alves, Gerard Piqué, Carles Puyol, Eric Abidal; Xavi Hernández, Sergio Busquets, Seydou Keita; Lionel Messi, Zlatan Ibrahimovic y Thierry Henry. DT: Josep Guardiola.



Gol, primer tiempo: 37m, Boselli (E).


Gol, segundo tiempo: 43m, Pedro (B).


Gol, segundo tiempo suplementario: 4m, Messi (B).



Cambios, segundo tiempo: al reinicio, Pedro por Keita (B); 31m, Matías Sánchez por Benítez (E); 34m, Yaya Touré por Busquets(B) y Maximiliano Núñez por Pérez(E); 38m, Jeffren por Henry (B); y 46m, Marcos Rojo por Ré (E).



Árbitro: Benito Archundia (México).


Cancha: Zayed Sports City (Abu Dhabi).


19 DE DICIEMBRE DEL 2019

FUENTE: INFOBAE

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