sábado, 25 de abril de 2020

CON SANGRE CHARRÚA

CON LA MISTICA COPERA DE INDEPENDIENTE

Ricardo Pavoni nació el 8 de Agosto de 1943 en Montevideo, Uruguay.




Comenzó su carrera como profesional en Defensor de Montevideo. Estaba decidido en dejar su carrera como futbolista profesional, para dedicarse a ser "croupier" en un casino, pero una persona lo convenció para ir a Independiente.


Allí se consolidó como titular indiscutido, jugando como lateral por el sector izquierdo. Podría decirse que era perfecto para su sector, ya que era fuerte, marcaba bastante bien, salvó varios goles sobre la raya, era un goleador nato, poseía una excelente pegada, y logró anotar 57


Jugó durante 12 temporadas (entre 1965 y 1976) en un extraordinario nivel. Su figura vigorosa es recordada de una manera muy especial, ya que anotaba muchísimos goles, clavando zurdazos en el ángulo superior, de tiro libre o de jugada.


A la edad de 21, llegó al club de Avellaneda para suplantar al lesionado Tomás Rolan, un compatriota suyo que también era extraordinario.


Nadie hubiese imaginado que el "Chivo" haría olvidar a Rolan, y marcaría una etapa inolvidable en la historia de Independiente.


Pavoni conquistó en total 12 títulos con Independiente, y desde su retiro de la institución se dedicó a entrenar las divisiones inferiores.


Pavoni debutó en el "Rojo" el 24 de Marzo de 1965, en el partido que Independiente le ganó por 2 a 0 a Boca Juniors, en un partido por la Copa Libertadores.

Fue titular indiscutido también en la Selección Uruguaya de Fútbol, con la cual jugó en el Mundial de Alemania de 1974.


Títulos (todos con Independiente):
Campeonatos Nacionales:

1 Campeonato Nacional (1967)

2 Campeonato Metropolitano (1970 y 1971)


Copas Internacionales:

5 Copas Libertadores (1965, 1972, 1973, 1974 y 1975)

1 Copa Intercontinental (1973)

3 Copas Interamericanas (1973, 1974 y 1976)

jueves, 23 de abril de 2020

LA HISTORIA DEL "GUSANO"

DE LA FAMA AL OCASO LA HISTORIA DE "DENNIS RODMAN"


Es una noche de 1993 y la policía de Detroit encuentra un auto en la soledad del estacionamiento de un hotel de la ciudad. Cuando abren la puerta se topan con la estrella de los Pistons. Morocho, con su metro noventa y seis tatuado de punta a punta, y piercings en los orificios de sus fosas nasales: Dennis Rodman duerme abrazado a un arma. "Escribí una nota y me fui al coche que estaba aparcado en el parking del Palace. Tenía una pistola y la puse en mi mano. Por alguna razón, antes de apretar el gatillo o hacer cualquier cosa, puse música. En la radio sonaban ‘Even Flow’ y ‘Black’ de Pearl Jam. Tenía el arma a mi lado, a punto de darme un tiro, pero empecé a relajarme con la música y me quedé dormido. El próximo recuerdo es que desperté rodeado de policías. Entonces me di cuenta que no me había traicionado la NBA. Creía estar deprimido por eso. Había llegado hasta allí porque sentía una necesidad enorme de ser amado”. Aquella, fue la noche que Pearl Jam salvó la vida de Dennis Rodman.

NUNCA MARIPOSA, SIEMPRE GUSANO
Los que siguieron los rastros del Gusano hasta estos, sus años de ostracismo, juran que han sido tiempos duros y apenas le quedan quinientos mil dólares: “Dennis Rodman está en bancarrota”. Pensar que hace casi tres décadas rechazó los 20 millones de dólares que le ofreció Madonna a cambio de que tuvieran un hijo juntos. “Me llamaba desde New York y me decía que fuera porque estaba ovulando. Entonces, me mandaba un jet privado adonde yo estuviera….”, contaba el basquetbolista. Pero ya iremos por ahí.
Suena raro asociar una cuenta de quinientos mil dólares a la bancarrota. Eso, para un humano cualquiera. En cambio, para un hombre que llegó a la cima de la NBA junto a Michael Jordan, Scottie Pippen y Phil Jackson, ganador de cinco anillos–sus primeros dos con Detroit Pistons, los últimos con aquellos históricos Bulls– y con una cuenta que hasta no hace tanto tiempo superaba los 24 millones de dólares, supone mirar el abismo desde cerca.
Mucho más, si hace diecinueve años que lucha contra las drogas (su última internación fue en 2017), y si atendemos las declaraciones de su agente después de que Rodman fuera demandado por no pagar ocho mil dólares correspondientes a un hijo extramatrimonial: “Debo admitirlo, Dennis es alcohólico”, fue la excusa que usó el representante del ex ala pivote de Detroit Pistons, San Antonio Spurs, Chicago Bulls, Los Angeles Lakers y Dallas Mavericks.
LA LOCURA DE UN BAD BOY
Vale aclarar que, en su adolescencia, nadie apostaba un dólar por Rodman. Por eso, es bueno mirar hacia atrás para entender la metamorfosis del Gusano.
Todo arranca en la cuna. Dennis fue el mayor de “veintiséis o veintiocho hijos”, una cifra que su padre, Philander JR. Rodman, nunca pudo precisar muy bien. Un árbol genealógico más que frondoso, aunque el ex basquetbolista apenas compartió la infancia con dos de sus hermanas en un condominio desarrollado por el Estado en Oak Cliff, una de las zonas más pobre de Dallas.
Y todo indica que por esas calles empieza la locura del Gusano. A los tres años, su padre ya lo había abandonado y se fue a Filipinas detrás de una mujer. Iba a ser la primera de otras quince que seguirían en fila y le darían esa cantidad de hijos indescifrable. Vale decir, algunas crónicas hablan de 44, aunque el dato más aproximado parece ser el primero.
DR creció con muy baja altura y una autoestima similar a su talla. Medía 1.68 y, paradójicamente, mientras sus hermanas eran las estrellas del básquet juvenil, él comía banco en todos los equipos en los que jugaba. Nadie confiaba en él. Ni siquiera su madre Shirley quien, cuando vio que la cosa no iba como quería, lo echó de su casa: “Me sacó dos bolsas de basura y me cambió la cerradura”, recordaba Dennis, que vagó las calles de Dallas durante dos años: “Hacía todo tipo de trabajos para sobrevivir y dormía en los porches de los vecinos”.
Siempre pensé que iba a terminar traficando drogas o muerto”, jura Rodman, que fue a trabajar al Forth Worth, el mega aeropuerto de la ciudad texana, aunque él veía un final claro: “Sentía que mi destino era la cárcel”.
¿Dónde se tuerce el destino? Algo parecido a lo que vivió su compañero de equipo, Scottie Pippen: a los 17, el cuerpo de Dennis pegó un estirón de 28 centímetros en doce meses. Entonces, todo cambia en un mundo sólo apto para gigantes. En esos días, lo invitan a un torneo y lo eligen MVP. La noticia llega a Oak Cliff y su madre ve una luz (y billetes) al final del túnel. Decide perdonarlo. “Volví a casa pero a los pocos días los entrenadores de Southern Oklahoma State llamaron a mi puerta y me ofrecieron una beca por tres años. Ni lo pensé. Metí todas mis cosas en bolsas de residuos y le dije a mi madre que no volvería hasta que pudiera vivir por mí mismo”.
VEINTIOCHO CENTÍMETROS PARA SOÑAR
Si en la Argentina un gran porcentaje de los futbolistas crecen en la calles de tierra de los barrios humildes, en los Estados Unidos la parábola es inversa: la NBA recluta sus jugadores desde las universidades. Y, en el caso de Rodman, todo se allanó cuando encontró una casa de estudios más interesada en formar atletas que ingenieros.
Southeastern Oklahoma es el trampolín al draft. Es el año 1986 cuando lo elige Detroit Pistons. Y Dennis llega a un equipo que, comandado por Isaiah Thomas, se plantea que ya no puede jugar al básquet sin rasparse los codos: “Tenemos que ser más sucios en cancha”, es el grito. Y qué mejor que un Gusano para eso. A su juego lo llamaron. A partir de allí, Thomas, Bill Laimbeer y Rodman se van a transformar en los Bad Boys de la NBA.
De a poco, a “The Worm” (El Gusano), “Dennis The Menace” (la amenaza, Dennis) o “el Loco Rodman” no tardó en transformarse en el encargado de hacer el trabajo sucio de la zona pintada del equipo. “Rodzilla” (también lo apodaban así) era capaz de “fajarse” abajo del aro con un animal de 2.15 y más de 140 kilos como Shaquill O´Neal, pero también de marcar a los mejores de la historia: Michael Jordan, Magic Johnson o Larry Bird. Tenía tanta confianza que, en una épica serie entre Pistons y Celtics, Rodman provocaba al rubio de Boston: “Larry Bird está sobrevalorado por ser blanco”. Era parte del juego del Gusano.
En los Pistons, Rodman consiguió su cartel de estrella. Primero, fue la pieza clave que convirtió aquel equipo anodino en la piedra más molesta del zapato de los grandes de la NBA. Y al tercer año (88-89) logró el anillo con el equipo. Cosa que repitieron en la temporada 89-90 donde además fue el mejor defensor de la liga. Y así sería hasta 1997 de manera consecutiva.
Cuando el equipo dejó de ganar y sus compañeros ya estaban para el retiro, Rodman abandonó al equipo en medio de una depresión muy grande. Fue allí que estuvo a punto de darse un tiro.
MADONNA, LOS BULLS Y HULK HOGGAN
Después de aquel fallido intento de suicidio en 1993, Rodman tiene un breve paso por San Antonio Spurs. Además de las detenciones por manejar alcoholizado y algún que otro show en los tribunales de Justicia, lo más ruidoso de aquellos días es que se conoce con Madonna.
Rodman tenía dos hijos (con los que, a la larga, repitió la historia que tuvo su padre con él) con su primera mujer, Michelle Moyer, varias denuncias por violencia y un par de perimetrales.
Y el amor con Madonna no fue muy distinto. Corría 1994 y eran una pareja explosiva para los medios. Hicieron una tapa para la revista Vibe que terminó en escándalo y nota fallida. La diva del pop quería un padre para sus hijos y lo hacía volar desde San Antonio en su jet privado: “Estoy ovulando”, era la batiseñal. Pero la semilla no prendía y, según Rodman, llegó a ofrecerle 20 millones de dólares para que le diera un hijo.
La cosa no anduvo y el embarazo recién llegaría cuatro años después, aunque de la mano de Carlos León, un preparador físico cubano. ¿Habrá cobrado los palos de Dennis?
Después sí, en 1995 entramos al high light de su carrera. Junto a Michael Jordan y Scottie Pippen forman uno de los mejores tríos de la historia: “Éramos el verdadero Big Three. El genuino. Nos queríamos mucho, había amor entre nosotros y no existía la envidia. Y así sigue siendo cada vez que nos vemos. Nosotros pusimos de nuevo a la NBA en el mapa a mediados de los 90”.
La historia es bastante conocida: Jordan se había retirado un tiempo del básquet por el asesinato de su padre (su cuerpo apareció misteriosamente en un riachuelo) y se había dedicado al béisbol donde no estaba ni cerca de ser algo parecido a un crack. Con su vuelta, Phil Jackson convoca a un Rodman que llegaba con más prejuicios que otra cosa. Pero el show sería total: el mejor de la historia (ese es Michael Jordan, claro), un Pippen glorioso (a pesar de los conflictos que fueron surgiendo por su bajo salario) y el mejor defensor de la NBA. Récord de victorias en la primera temporada juntos (en la fase regular), tres anillos consecutivos y el premio de mejor rebotero para Rodman en las tres temporadas. Con esas, sumó siete al hilo.
Hacia el fin de la temporada 97-98, se supo que el Big Three se separaba. Es que, Rodman ya hacía de las suyas. Ahora se le había dado por la lucha libre y decidió escaparte antes del cuarto partido de las finales -frente a Utah Jazz- a un combate con Hulk Hogan. De todas formas llegó a tiempo y los Bulls consiguieron el anillo. Lo más curioso fue que, tras esas series, el Gusano le ofreció una revancha a Karl Malone, pero esta vez en el ring. Es como si Rodman no hubiera sentido nostalgia por “El Ultimo Baile” (ese que muestra la nueva serie de Netflix) del mejor equipo de básquet de toda la historia.
“La única razón por la que no ganamos el cuarto título al hilo fue porque Mike pidió tantos millones que no se los quisieron pagar. Y el equipo se desarmó”, explicaba Rodzilla sin mencionar que los Bulls ni intentaron renovar su contrato. Ya lo veían más cerca de un show tipo Titanes en el Ring que del parquet. ¿Cuánto quería Jordan? Sesenta y seis millones de dólares.
¿Próxima parada? Los Ángeles, bien cerca de la meca del cine, donde él quería estar.
LA BARBIE Y EL GUSANO: ECHALE LA CULPA A MTV
“Si hubiera jugado en la época las redes sociales hoy sería jodidamente millonario. Fui el primero en tener cámaras de TV en mi casa 24 horas al día en un reality. Fui un innovador, pero no lo hacía por el dinero. Lo que quería era pasarlo bien, vivir mi vida y ser amado”, dice Rodman en un documental producido por ESPN y recordando su propio programa: Dennis Rodman Tour Show que salió por MTV. “Cuando fui a los Bulls, la NBA estaba muerta: Michael, Scottie y yo reinventamos este deporte”, jura el hombre que entiende que la liga lo castigaba económicamente por no tener un perfil NBA.
En la temporada 98-99 firma con los Lakers. Además de una celebridad del deporte, era toda una figura del mundo del espectáculo. Había filmado una película malísima con Jean-Claude Van Damme que le valió tres premios Razzies, algo así como un anti-Oscar a las peores actuaciones y producciones. Pero, ¡qué le importaba!, si por esos días apareció del brazo de Carmen Electra, una de las protagonistas de Baywatch.
Imaginen a esa rubia de escultura, ojos claros y un metros cincuenta y ocho, al lado de los desalineados casi dos metros de Rodman, con piercings por doquier y los pelos de colores. Lo cierto es que ese amor parece haber nacido por un mal momento emocional de la actriz: “Mi madre había muerto por un tumor cerebral y yo estaba en un momento de sensibilidad extrema”, contaba ella en el sillón de Oprah Winfrey.
Podría decirse que la relación entre el ex Chicago Bulls y la chica Baywatch fue, al menos, violenta. Se conocieron y escaparon a Las Vegas y la vivieron de una manera tan vertiginosa que a los cinco meses todo terminó en escándalo.
Una mañana, en un entrenamiento de los Lakers, Rodman ventiló que su chica trataba de excitarlo con insultos racistas lo que generó la indignación del coach que trató de ubicarla. También –en una entrevista con el periodista Graham Bensinger– contó que Electra se ponía muy nerviosa cuando él decidía escuchar Pearl Jam mientras tenían relaciones. Seguramente no sabría que esa había sido la banda que salvó la vida de su prometido.
Llevaban casi seis meses juntos cuando se encontraron viendo un video de Limp Bizkits en la habitación de un hotel de Miami. ¿Y qué pasó? Parafraseando aquella canción de The Buggles, Rodman killed de video stars. “Dennis enloqueció”, llegó a explicar Electra que vio la furia del gusano cuando apareció Eddie Vedder cantando por MTV. Se habían casado en la ciudad del pecado poco tiempo antes y ese fue el fin de la relación con la chica que más tarde probó suerte con Tommy Lee. ¿Cómo siguió Dennis? Después de una discreta temporada en Los Lakers volvió al pago para retirarse en Dallas. Ya no iba a ser profeta en su tierra.
¿LA ÚLTIMA LOCURA DE RODMAN?
Siempre hay un nuevo capítulo en la vida del Gusano. El último tiene que ver con su relación más extraña. En febrero de 2017 viajó con los Harlem Globbetrotters a Corea del Norte y se quedó unos días en la isla del polémico líder coreano Kim Jong-un. Rodman jura haber comprobado que en aquel país asiático no se vive tan mal como dicen: “Me invitó a su isla y es como estar en Ibiza o Hawái, pero es sólo para él. Si te ofrece un vodka, sabés que va a ser el mejor. Allí, todo es siete estrellas”, contó el ex basquetbolista que en el último tiempo se autoproclamó como una especie de garante de paz entre Donald Trump y su amigo Jong-un. Quien sabe, si Jong-un supera sus problemas de salud, quizás pueda lograrlo.


miércoles, 22 de abril de 2020

EL PRIMER CASO DE DOPING DE ARGENTINA

EL POSITIVO QUE NO FUE DE JUAN TAVERNA:

mi papá le siguen atribuyendo que fue el primer jugador involucrado en un caso de doping del fútbol argentino. Ese tema le molesta porque en su momento fue aclarado; sin embargo, muchos se quedaron con aquella imagen negativa." Las palabras de Agustina Taverna reflejan el peso que aún hoy sigue sobrellevando Juan, después del sabor amargo que le dejó la sanción por un caso de doping. El 16 de marzo de 1975, tras un partido que Banfield perdió con River por 2 a 1, en la cancha de Racing, Taverna participó de un confuso episodio.




En la semana previa al partido, el médico de Banfield les informó a los jugadores que, según una disposición de la AFA, se los iba a someter a un control antidoping. El delantero fue uno de los jugadores llamados al examen y días después se enteró de que le había dado positivo. El Tribunal de Disciplina de la AFA determinó entonces una medida sin antecedentes: suspendió al jugador por un año por uso de estimulantes.
Luego de seis meses, mientras Taverna cumplía con la pena, la AFA reconoció que había sido un error sancionarlo porque hubo irregularidades o acto de sabotaje en el control. Se admitió su inocencia y la pena quedó sin efecto.
El caso se cerró con un match homenaje, denominado Partido del Desagravio: se jugó en Banfield y el equipo local se enfrentó con un combinado de Futbolistas Argentinos Agremiados. Esa noche, Taverna convirtió cuatro goles (el quinto lo hizo Pipastrelli) y el regreso del goleador a las canchas tomó cuerpo.
Todavía rodeado de fojas, expedientes y pilas de carpetas, Taverna tuvo como estandarte una frase publicada en todos los reportajes de aquella época: ¿Quién me devuelve estos seis meses perdidos? En el balance de su situación, Taverna decía: "Yo no acuso a nadie; sólo señalo la existencia de un complot, una conspiración que fue dirigida contra Banfield o contra el presidente Valentín Suárez. No sé, lo único que consiguieron fue arruinarme moral y deportivamente. No admito que se me enlode y se me haga víctima de un daño moral irreparable".
Poco tiempo después, Taverna desembarcó en Boca, en el equipo que dirigió el Toto Lorenzo. Fue la manera de dejar atrás los días más complicados de su carrera profesional.
Luis Roselli era puntero derecho y acompañó a Taverna en el ataque de Banfield en 1973, 74 y 75. La amistad perduró en el tiempo y hoy Roselli está cerca de Juanchi en este difícil momento.
En 1982 quedó sellado el lazo afectivo entre ambos. Ese año, Roselli llegó a Gimnasia y Esgrima la Plata proveniente de un club chileno. Luego de una operación mal practicada por una distensión en los ligamentos de la pierna derecha tuvo que ser intervenido diecisiete veces más;al final, terminó perdiendo la pierna.
"En esa odisea que me tocó vivir, Taverna fue el único que estuvo conmigo;desde ese momento creció nuestra amistad. Ahora llegó la oportunidad de pasarle la pelota en esta situación que le toca atravesar. Igualmente, es imposible devolverle lo que él hizo por mí", dice Roselli.
Son horas y horas en la sala de espera del centro de rehabilitación ALPI aguardando la recuperación de Juan. Por allí desfilaron amigos del fútbol como Daniel Romeo, Rubén Flotta, Eduardo Pipastrelli y Pancho Sá, entre otros.
Todos coinciden con la calidad humana de Juan, y Roselli sintetiza el concepto:"En diciembre tuvimos una cena en Banfield y él, como siempre, se destacó por su humildad, carisma y ascendencia sobre los demás". Y agrega:"Creo que lo de Juan ya es un milagro:pasó un obstáculo dificilísimo y está mejorando día a día.Acordate que al final vamos a terminar festejando en 25 de Mayo por su recuperación".
Enseguida, el recuerdo risueño por la goleada frente a PuertoComercial:"Creo que si ese día no estaba Juan, hacíamos 25 goles... Cada pelota que agarraba Taverna la embocaba;igualmente, se erró unos cuántos, ¿eh? La verdad fue que ese día nos salía cualquier cosa contra los bahienses".
Aquella jornada con el doping de Taverna no se borró en la memoria de Roselli:"El plantel de Banfield nunca desconfió de él... ¡si no tomaba ni una cafiaspirina! Juan utilizaba un inhalante por un problema que tenía en la nariz, nada más. Por otro lado, en el examen antidoping le salió una sustancia que sólo podía soportar un caballo de carrera.
"En aquellos tiempos, la organización era un desastre y cualquiera ingresaba en el vestuario; en el partido frente a River hubo mucha gente en nuestro camarín que no tenía que estar. Al final, quedó claro que Taverna no fue culpable. Por algo le hicieron el Partido de Desagravio a los seis meses de que le dieran la sanción."
FUENTE: LA NACIÓN

martes, 21 de abril de 2020

DE MAXIMA PROMESA A REAPORTIDOR DE ENCOMIENDAS

LA HISTORIA DEL ROBERTO CORNEJO EL EX SAN LORENZO


Le sucede habitualmente, cuando cada mañana se sube a su camioneta en Santa Rosa, La Pampa, para desandar la ruta N° 5 para entregar encomiendas en las localidades cercanas, en tiempos de rutinas atravesadas por la pandemia de coronavirus. “Cuando llego a las entradas a los pueblos y los policías me paran, y me piden el permiso para circular; por ahí están más serios, cortantes. Y enseguida hay un bombero, un enfermero, o alguno en el retén que le dice: ‘¿Vos sabés quién este? Es el Toto Cornejo, el que jugó en San Lorenzo’. Ahí nomás me dicen: ‘Pasá, pasá’. Me reconocen y no lo pueden creer, no sé si es de lo gordo que estoy, ja”, se divierte como lo hacía en el campo de juego.

Porque Oscar Roberto Cornejo no reniega de su actualidad; por el contrario, disfruta de su vida lejos de las luces. O con el remanente de ellas. El ex enganche o mediapunta, de 36 años, cumple con su trabajo de 6 a 13 y, antes de la crisis del COVID-19, coordinaba ocho divisiones juveniles del club que creó en su provincia con su primo y que preside su pareja Vanesa: los Totitos FC.
“Soy un agradecido al fútbol, me dio muchas cosas, soy feliz de haber sido futbolista. Sin embargo, hoy también soy feliz y vivo mejor que antes. Antes vivía en una falsedad, porque tenía los amigos del campeón. Cuando uno juega al fútbol profesionalmente es difícil, siempre tenés que ganar; es muy lindo, pero a la vez es ingrato, hiriente, hace sufrir a la familia. Hoy vivo tranquilo, con mi familia y mi señora. El jugador a veces vive en una nube de pedos”, asegura el Toto, valorando cada paso dado.
Cornejo supo ser la máxima promesa de las inferiores de San Lorenzo, antes de saltar a la élite ya lo buscaba en Atlético Madrid, que lo vio en un torneo juvenil en Río Cuarto, estuvo en la Selección Sub 20 y Marcelo Bielsa, entonces técnico de la Mayor, lo convocaba para los trabajos con las grandes figuras, debutó en Primera con gol y ovación; era el mimado de Manuel Pellegrini... Pero nadie le enseñó cómo lidiar con tamaña revolución a los 18 años.
“Para mí era muy lindo que todos apuntaran a mí diciendo que podía hacer algo importante en el fútbol, lo vivía con tanta pasión, conocía al club como nadie... Pero al no tener un apoyo, siempre resolví mi situación a mi manera y creo que a veces me choqué con un montón de cosas que no eran correctas. Me encontré con cuestiones para las que no estaba preparado en mi vida. Pero me hago cargo de la situación", esboza el comienzo de una autocrítica que será mucho más profunda.
Porque desde muy chiquito el Toto tenía las condiciones de ser futbolista. Y desde que mataron su papá, cuando tenía apenas 10 años, también la necesidad; no por presiones externas, sino propias, para ayudar a una familia numerosa, de siete hermanos y una mamá que se quedó sin respaldo.
“Cuando lo asesinaron a mí me cambió la vida. Y le prometí que iba a llegar a Primera División”, abre el corazón. “Se llamaba Alberto Oscar Cornejo, trabajaba en una escuela hogar 114, adonde nosotros fuimos a vivir un tiempo después de que falleció, porque mi mamá no tenía cómo cuidarnos mientras iba a trabajar. Entonces nos internó; yo tenía un permiso especial para ir a jugar al club”, prologa el suceso que lo marcó de por vida.
Recuerdo que la última vez que lo vi fue de espaldas, se estaba afeitando. Él estaba enojado conmigo, porque me había comportado mal en la casa de mi abuela. Me tenía cortito. Era un viernes a la noche, mi papá los fines de semana se juntaba con los amigos en los bares, a tocar la guitarra. Esa noche recuerdo que mi mamá le dijo: ‘Oscar, no te vayas, que tengo un mal presentimiento’. Más hacia la madrugada, él terminó yendo a una fiesta en una zona peligrosa de Santa Rosa. Hay rumores de que estaba con otra mujer, de que en la fiesta estaba esa chica y también estaba el novio. Y que el loco este lo abrazó y le metió dos o tres puñaladas”, narra el ex futbolista.
“Al día siguiente yo sabía que algo le había pasado, sentía algo distinto, malo. Llegó mi tía adonde vivíamos, le dijo algo a mi mamá y cayó desmayada. Se fue y cuando volvió, nos llamó a los más grandecitos, y nos dijo que papá había fallecido. Yo pensé que mi papá nunca se iba a morir, que era Superman. Había salido en los diarios, pero éramos tan pobres que no teníamos plata para comprarlos. Fue fuerte. La pasamos muy mal”, concluye el relato. La pérdida tuvo grandes consecuencias en el día a día de la familia.
Y Cornejo asumió una responsabilidad temprana, de mucho peso en la mochila para un niño: “Yo jugaba acá, en Club Atlético Santa Rosa. Trabajaba en el club, vendiendo cafecito, mi representante de entonces, el Toro Sánchez, me ayudaba para llevar la comida a mi casa, o si sobraba comida en la cantina me la daban; a la noche a veces pasábamos de largo y a mediodía íbamos a un comedor. Empecé a pensar como una persona grande, por ahí me guardaba cinco pesos para las golosinas, nada más. Sólo pensaba en ir a Buenos Aires para jugar al fútbol”.
Pues bien, llegó la prueba en San Lorenzo; una semana en Buenos Aires le bastó para conseguir una plaza en la pensión del Bajo Flores. A la distancia, la ayuda familiar nunca cesó. Y menos cuando tocó la élite. “Cuando llegué a Primera y tuve departamento, me llevé a vivir conmigo a mis hermanos, a Sergio, a Juan y a Huguito (que falleció); los tenía conmigo, algunos jugaron en inferiores del club. Y con dinero los ayudaba; a todos, a mi mamá, mis hermanos... Lo que tuve se lo di a mi familia, y cuando nació mi hija Robertina (hoy tiene 15 años) también, obvio. Todo el dinero que hice lo usé para ayudar a mi familia. Nunca me pude comprar una casa”, revela.
Oscar Ruggeri era el técnico de la Primera del Ciclón; un San Lorenzo que se había transformado en una máquina de promover juveniles, pero que siempre quedaba en las puertas de los títulos, o se desinflaba en el epílogo de la temporada. Hasta el más neófito que se acercaba al Bajo Flores se enteraba rápidamente de que, si jugaba la categoría 83, tenía que prestarle especial atención al morochito que no paraba de gambetear, con dotes para la actuación cuando los rivales se excedían en la marca y predilección por los túneles, como su amigo Walter Erviti.
El petiso era, precisamente, Cornejo. “Me acuerdo que fui a un torneo de Río Cuarto y me querían vender al Atlético Madrid. Vino gente a negociar por Romagnoli y me vio en un torneo que pasaba TyC Sports. Yo solo quería jugar en la Primera de San Lorenzo. Es el club de mis amores, a pesar de que era hincha de Boca, le estoy agradecido; me dio todo. ”, retrocede en el tiempo.
Al regreso recibió una convocatoria inédita. “Ruggeri me mandó a buscar a la pensión y me preguntó si sabía por qué yo estaba ahí con él. ‘Todo el mundo está hablando de usted. A partir del lunes va a empezar a entrenar en Primera’, me dijo. Enseguida renunció”, describió el momento en el que vio abierta la puerta del fútbol grande.
Ya no la cerró. “Vino toda la parte linda. Me mandaron al Selectivo con Walter Perazzo; un maestro, me enseñó un montón de cosas, muy buen entrenador. Hice dos goles en el primer partido en Reserva, contra Independiente, con Lucas Pusineri, Guillermo Franco; era un equipazo. Fue fuerte. Pasé de Quinta División a Primera, a codearme con gente tan importante”, rememora. Un día fuimos a hacer fútbol con el plantel de Primera, hice un golazo al ángulo, al Negro Ramírez; no me lo olvido más. Me mandó a llamar Manuel Pellegrini, me preguntó de dónde era, qué edad tenía. Me dijo que le había sorprendido cómo jugaba. Él trabajaba con 25 profesionales y me mandaba a llamar seguido. Era muy correcto, estaba en todos los detalles. Siempre me pesaba, no me olvido nunca de eso. Me decía cuánto tenía que pesar. Si pesaba más de eso, me mandaba a correr alrededor de la cancha; no tocaba la pelota", destaca el “castigo”, que a la vez funcionaba como método de motivación.
“Un día estábamos en la cancha de Vélez; yo había jugado en Reserva. Justo salía del baño y estaba él. Me dijo: ‘¿Cómo anda Cornejo, ¿usted se anima a jugar en Primera?’ Yo le respondí: ‘pruébeme y después vemos. Ahí me explicó que el fin de semana siguiente, contra Rosario Central, iban a descansar varios jugadores y me iba a tocar debutar. Enseguida llamé a mi mamá para contarle", describe el germen de aquel primer paso; con gratitud eterna hacia el chileno que luego dirigió al Real Madrid y al Manchester City, entre otros gigantes de Europa.
“Era muy lindo escucharlo cómo hablaba, cómo transmitía; un genio. Me acuerdo que yo concentraba con Mario Santana. Y Pellegrino vino a hablarme. Me dijo que si yo andaba bien, me iba a llevar al banco en Brasil, por la Copa Mercosur, porque apostaba por mí. Me dijo que le tenía que responder. Fue algo muy lindo”, agrega.
El estreno resultó el plagio de sus anhelos infantiles. “Lo que había soñado era llegar a Primera, debutar con un gol, levantar los brazos al cielo para dedicárselo a mi papá y que la gente coreara mi nombre. Y es lo que pasó. Ese era mi sueño. Lo que vino en mi carrera fue de regalo”, se emociona. El 25 de noviembre de 2001, por el torneo Apertura y con una formación alternativa, el Ciclón venció 1-0 al Canalla, con gol del Toto, a los 10 minutos del segundo tiempo.
Sus buenas actuaciones en el Selectivo y en la Reserva convocaron la atención de José Néstor Pekerman y su equipo de trabajo, que venía de consagrarse campeón del Mundial Sub 20 disputado en Argentina. Así, las citaciones al complejo de Ezeiza se hicieron asiduas, tanto para entrenarse con los jóvenes de su edad, como para trabajar bajo la órbita de Marcelo Bielsa, como sparring del combinado mayor.
“Era algo espectacular. Un día yo me entrenaba con la Sub 20 y a veces con la Mayor, donde estaban Batistuta, Crespo, Simeone, Almeyda...”, lo moviliza el recuerdo, que tiene al Loco como protagonista especial. “Entrenaba con los jugadores por separado en uno de los ejercicios. Y me puso con el Pelado Almeyda. Hicimos un reducido de cuatro minutos. Yo lo tenía que marcar a él y él a mí. Yo no lo quería golpear y dejaba que él definiera. En una de esas salta Bielsa y me dice: ‘Cornejo, venga para acá. ¿Cuántos años tiene usted?’ Me quedé helado. ’18′, le contesté. ‘Usted es jovencito, a partir de ahora lo tiene que correr a Almeyda, ir y venir’, me ordenó. Que Bielsa supiera quién era fue tremendo, sabía los nombres de todos. Era lo máximo estar ahí”, completa.
Ese universo le permitió darse ciertos gustos. Por ejemplo, nutrir tempranamente su álbum con celebridades. “Un día estaba en la concentración de Ezeiza y aparece Verón. Y me dice: ‘Nene, ¿jugamos un pool?’. ‘Sí, pero si te sacás una foto conmigo’, le dije. Verlos de cerca, compartir un entrenamiento con ellos, era muy fuerte”, narra. Eso sí, ese respeto no lo cohibía a la hora de enfrentarlos sobre el césped desde el talento.
“Un día nos tocó pelotear a Pablo Cavallero. Nos tiraban la pelota, controlábamos, y definíamos. Dos o tres veces él salió y se la piqué. Mucho no le gustó, me miró con una cara...”, se divierte. No fue la oportunidad en la que un lujo suyo provocó la peor reacción. “Una vez le tiré un caño a (Raúl) Cascini, cuando le hice el gol a Boca, y me quería matar, me recontra cagó a puteadas”, se ríe
“Fue muy fuerte vivir muchas cosas al mismo tiempo; saltar a la fama, que todos hablen de mí, jugar en la Selección, jugar la Mercosur en la que salimos campeones, empezar a cobrar dinero. Se juntaban la felicidad y la emoción; pero además siempre pensaba en ayudar a mi familia. Por ahí no estaba concentrado, ahora que lo pienso mejor. Me hubiese gustado tener una persona que me acomodara y seguir un proyecto; alguien que me guiara en mi carrera. Siempre tuve que resolver todo a mi manera, a los golpes; sentí la ausencia de un padre, de alguien que me retara”, acepta. “A mí la vida me cambió muy fuerte; de no tener nada pasé a tener todo, un departamento, auto, vivir una buena vida. Nunca lo esperé”, apunta.
Ese boom de su aparición se fue apagando. La falta de oportunidades lo llevó a tomar la determinación de marcharse a préstamo. “En ese tiempo traté de dar lo mejor. También me faltó la cuotita de suerte con más partidos para sostenerme”, señala otro factor. Se fue cedido a Dorados de Sinaloa. Luego regresó y, en otra posición, tuvo un reverdecer en San Lorenzo, con un verano que lo devolvió a los primeros planos. “Pipo (Gorosito) me dio la oportunidad en los primeros partidos, jugaba de volante por izquierda, pero no se dio. Igual aprendí de todo eso. Por ejemplo, cómo lograr que un técnico que no me quería, me terminara poniendo en el equipo, a dar vuelta una situación adversa”, comenta.
El Toto estuvo en Culiacán antes que Pep Guardiola y que la revolución de Diego Maradona. Mientras jugaba en Dorados nació su hija, Robertina, que hoy tiene 15 años y vive en Mar del Plata. “El equipo jugaba en Primera y yo era el extranjero más joven de la Liga. La pasé espectacular, era un club muy lindo. Me trataron muy bien y hubo chances de quedarme, pero la dirigencia de San Lorenzo de ese momento no me quiso vender”, plantea.
Allí se adaptó a convivir con la leyenda del Chapo Guzmán y la sombra del Cartel de Sinaloa. “Me sorprendió el tema de los narcos. Veía mucha gente con las armas por la calle. Y en las Fiestas, en los barrios tiraban muchos tiros para arriba; y si no te metías adentro, te comías un balazo, escuchabas las ametralladoras. Con mi familia nunca tuvimos problemas con nadie. Simplemente era fuerte ver en los diarios, en las noticias, cómo mataban a la gente, los cuerpos uno arriba del otro; era común que se hablara de eso, algo normal”, describe.
Su carrera lo llevó por diferentes destinos, tanto en el país como en el exterior. Por ejemplo, estuvo en semestre en Universitario de Perú. "Es muy lindo; ahí hubo un malentendido. Tenía 23 años, declaré mal. Dije que no jugaría más en el club, no en el país. Se tomó a mal. Era difícil la situación, de 7 extranjeros podían jugar 3, No pude jugar, estuve seis meses y me volví”, cuenta.
También estuvo en Gimnasia La Plata, con Pedro Troglio como entrenador. “La pasé de 10, un club maravilloso, jugué un año y medio, la gente me trató re bien. Hice un par de goles, tuve bastante continuidad, me tocaron como compañeros el Guly (por Andrés Guglielminpietro), Navarro Montoya, Chapulín Cardetti, Nico Cabrera, Juan Cuevas...”, rememora.
Allí vivió uno de los hitos de su trayectoria: “El gol que le hice a River, se lo pude dedicar a mi hija, que es mi orgullo. Es una de las cosas que me quedaron para siempre”. Fue en el Monumental, en un 3-3 ante el Millonario que dirigía Daniel Passarella y con Gonzalo Higuaín en cancha. Enganchó de derecha a izquierda y sacó un zurdazo inatajable, que durmió en un ángulo.
“Fue muy fuerte vivir muchas cosas al mismo tiempo; saltar a la fama, que todos hablen de mí, jugar en la Selección, jugar la Mercosur en la que salimos campeones, empezar a cobrar dinero. Se juntaban la felicidad y la emoción; pero además siempre pensaba en ayudar a mi familia. Por ahí no estaba concentrado, ahora que lo pienso mejor. Me hubiese gustado tener una persona que me acomodara y seguir un proyecto; alguien que me guiara en mi carrera. Siempre tuve que resolver todo a mi manera, a los golpes; sentí la ausencia de un padre, de alguien que me retara”, acepta. “A mí la vida me cambió muy fuerte; de no tener nada pasé a tener todo, un departamento, auto, vivir una buena vida. Nunca lo esperé”, apunta.
Ese boom de su aparición se fue apagando. La falta de oportunidades lo llevó a tomar la determinación de marcharse a préstamo. “En ese tiempo traté de dar lo mejor. También me faltó la cuotita de suerte con más partidos para sostenerme”, señala otro factor. Se fue cedido a Dorados de Sinaloa. Luego regresó y, en otra posición, tuvo un reverdecer en San Lorenzo, con un verano que lo devolvió a los primeros planos. “Pipo (Gorosito) me dio la oportunidad en los primeros partidos, jugaba de volante por izquierda, pero no se dio. Igual aprendí de todo eso. Por ejemplo, cómo lograr que un técnico que no me quería, me terminara poniendo en el equipo, a dar vuelta una situación adversa”, comenta.
El Toto estuvo en Culiacán antes que Pep Guardiola y que la revolución de Diego Maradona. Mientras jugaba en Dorados nació su hija, Robertina, que hoy tiene 15 años y vive en Mar del Plata. “El equipo jugaba en Primera y yo era el extranjero más joven de la Liga. La pasé espectacular, era un club muy lindo. Me trataron muy bien y hubo chances de quedarme, pero la dirigencia de San Lorenzo de ese momento no me quiso vender”, plantea.
Allí se adaptó a convivir con la leyenda del Chapo Guzmán y la sombra del Cartel de Sinaloa. “Me sorprendió el tema de los narcos. Veía mucha gente con las armas por la calle. Y en las Fiestas, en los barrios tiraban muchos tiros para arriba; y si no te metías adentro, te comías un balazo, escuchabas las ametralladoras. Con mi familia nunca tuvimos problemas con nadie. Simplemente era fuerte ver en los diarios, en las noticias, cómo mataban a la gente, los cuerpos uno arriba del otro; era común que se hablara de eso, algo normal”, describe.
Su carrera lo llevó por diferentes destinos, tanto en el país como en el exterior. Por ejemplo, estuvo en semestre en Universitario de Perú. "Es muy lindo; ahí hubo un malentendido. Tenía 23 años, declaré mal. Dije que no jugaría más en el club, no en el país. Se tomó a mal. Era difícil la situación, de 7 extranjeros podían jugar 3, No pude jugar, estuve seis meses y me volví”, cuenta.
También estuvo en Gimnasia La Plata, con Pedro Troglio como entrenador. “La pasé de 10, un club maravilloso, jugué un año y medio, la gente me trató re bien. Hice un par de goles, tuve bastante continuidad, me tocaron como compañeros el Guly (por Andrés Guglielminpietro), Navarro Montoya, Chapulín Cardetti, Nico Cabrera, Juan Cuevas...”, rememora.
Allí vivió uno de los hitos de su trayectoria: “El gol que le hice a River, se lo pude dedicar a mi hija, que es mi orgullo. Es una de las cosas que me quedaron para siempre”. Fue en el Monumental, en un 3-3 ante el Millonario que dirigía Daniel Passarella y con Gonzalo Higuaín en cancha. Enganchó de derecha a izquierda y sacó un zurdazo inatajable, que durmió en un ángulo.
En Chile se vio otra buena versión del Toto. “Fui a Cobreloa y casi salimos campeones; terminamos segundos. Era un equipazo, con Rodrigo Mannara, Gustavo Savoia, Charles Aranguiz, el delantero Vargas. Anduvimos muy bien y de ahí fui al Everton de Viña del Mar, que jugaba Libertadores, pasé del desierto a la playa; me llamó el técnico Nelson Acosta. Los chilenos me trataron muy bien. Dejé lindos recuerdos”, asegura.
Su camino tuvo escalas en Colombia (Deportivo Cali) y Nueva Chicago. En el medio, le surgió una oferta inesperada. “Un representante de Córdoba, me preguntó si me interesaba ir a Nueva Zelanda. Antes de cerrar me hicieron viajar porque querían ver si era el jugador del video que les habían mandado. Y cuando llegué, allá estaba el Boca de Borghi con Mouche, Monzón, Lucchetti, Viatri... Hubo un amistoso y me tocó jugar 40 minutos; ahí nomás me contrataron”, detalla el inicio de la aventura en Wellington Phoenix.
“Nueva Zelanda es un paraíso, el primer mundo, pero no le dan mucha bola al fútbol. Viajábamos cada 15 días a Australia. Era hermoso para conocer. Otra cultura y otra manera de entrenarse. El lunes hacíamos piscina. Los martes se descansaba; miércoles trabajos con pelota; jueves, reducido y viaje. Viernes, otra vez reducido y esperábamos para jugar. Tenía dos compañeros brasileños que me traducían, porque no hablaba inglés. Era para quedarme a vivir”, evoca.

“Cuando volví me fui a Alvarado de Mar del Plata, me llevó mi amigo Walter Erviti. Ascendimos, anduve bien y lo de la gente fue impresionante. Son un montón, cantan todo el partido. Pateé el penal del ascenso”, se envalentona. “De ahí me fui a San Martín de Formosa, estuve seis meses y me vine para La Pampa. Jugué en Estudiantil, en All Boys de Santa Rosa y en mi querido Atlético Santa Rosa”, enumera sus últimos pasos con los botines. “El Ascenso es más difícil que la Primera, por los estados de los campos de juego, el tema de que no te entrenás todos los días...”, reconoce.
En el medio, otro golpe lo terminó de sacar de la cancha. Hugo, uno de sus hermanos, sufrió un accidente con la moto y terminó falleciendo tras varias semanas internado. “Después de que murió mi hermano la vida me volvió a cambiar. No volví a ser el Toto alegre de siempre. Hasta hoy me acuerdo que no tengo a mi hermano y es difícil”, explica.
Su pasión como formador, para apuntalar a las jóvenes promesas de Santa Rosa lo vuelve más locuaz de lo normal. “Empezamos con 10 chicos, 20, 30, y me encontré con el apoyo de los padres para armar una escuelita. Empecé a aconsejar chicos y me gustó mucho, me gusta, siento que les llego. Armé las infantiles, tengo ocho categorías. La idea es seguir creciendo y llevar chicos a Buenos Aires; ya acerqué a varios a San Lorenzo, Banfield... Los Totitos Fútbol Club se ha convertido en un sentimiento para toda la gente, es una gran familia”, se conmueve al hablar de la creación que lleva el nombre de su apodo.
Hoy sus sueños siguen viajando lejos, pero con menos responsabilidades en las valijas. Y el respaldo de la experiencia. “Mi sueño sería poder trabajar con Walter Erviti en lo que sea que tenga que ver con fútbol, sería muy lindo. Y seguir adelante con los Totitos. A los chicos puedo aconsejarlos. Que tienen que estudiar, entrenarse. ¿Quién mejor que yo para decirles que no se equivoquen?”, se entusiasma, con el afán de cerrar el círculo.

FUENTE: INFOBAE

lunes, 20 de abril de 2020

CONOCIENDOLO UN POCO MÁS

ANDRÉS FASSI EL PRESIDENTE DE TALLERES

¿Quién es? ¿Qué hizo? ¿De dónde salió? ¿De dónde la sacó?




En México no se hacen las preguntas que aquí sí se formula, con cierta lógica, el ambiente del fútbol. En México no lo hacen, porque lo conocen bien. Porque saben que allí transformó a un club habituado a la Segunda División en un gigante que ya salió cinco veces campeón local y que logró lo que ningún otro equipo de su país: un título en el ámbito de la Conmebol. Y que encima armó una Universidad del Deporte y el único Salón de la Fama del Fútbol avalado por FIFA.



Aquí, los hinchas de Talleres de Córdoba aún no lo pueden creer. Un día se despertaron, tras una década de permanencia en el subsuelo institucional, moral y deportivo, y apareció un cordobés como ellos, fana de la T como ellos, que ganó las elecciones y que en apenas un año y medio los está por hacer subir dos categorías de un tirón, además de dar vuelta al club como una media, para transformarlo en aquella institución modelo que lideró en los años 70 y 80 don Amadeo Nuccetelli.



La vida de Andrés Fassi posee tantos pero tantos matices, que esta nota podría tener 5, 10 o 15 comienzos posibles. Hay notas que uno no sabe cómo arrancarlas porque carecen de condimentos atractivos. Hay otras, porque es tanta la diversidad, que cuesta decidirse. Estamos ante la segunda opción.



Bastan apenas 10 minutos de las 2 horas y media de charla con este hombre de 54 años para advertir con facilidad la pasión que lo envuelve. Habla en tono alto, convencido y convincente, gesticulando en todo momento para acompañar con énfasis sus palabras y hasta golpea más de 20 veces con su mano derecha la rodilla izquierda del periodista, buscando involucrar al interlocutor en sus razonamientos, que lo siga en sus pensamientos.



Son tantos los comienzos posibles para esta nota, que dividiremos la historia en tres escenarios, con dos episodios por cada uno. El primero lo situamos en Córdoba. Allí, un chiquilín inquieto de 15 años imprime invitaciones en el Colegio La Salle para crear una escuelita de fútbol y un año después se va de un estadio azotado por la incredulidad y la tristeza caminando 50 cuadras. Otro intermedio, en Hidalgo, México. Allí un joven preparador físico arma un video que genera un boom y que impulsa a que lo invite un Loco llamado Bielsa. Un tiempo después, espera dos días al gobernador para que no le suelte la mano. Y un tercer escenario, otra vez en Córdoba, ya de regreso en el país tras 25 años (porque las historias más bellas suelen ser circulares), y allí un presidente recientemente electo observa impávido cómo su gente rompe el estadio propio. Un año y medio después, acaricia la gloria 

perdida hace más de una década.




Vamos a la charla, entonces.

Escenario N° 1. Córdoba. La semilla y el dolor

.
-¿Sos de clase alta?


-No, para nada, de clase media tirando para abajo. El quinto de ocho hermanos, desde muy pibe me las arreglé para trabajar de algo en mis barrios, Argüello y Villa Rivera Indarte, de Córdoba capital, cortando el pasto en las casas.



-¿Quién te puso Zorrito?


-Un tío, cuando yo era muy chiquito. Se ve que era muy inquieto, iba de un lado para el otro y por eso me pusieron el apodo. En Córdoba muchos me siguen llamando así. En México no, allá me dicen Profesor.




-Te sacó bien la ficha ese tío…


-Sin dudas soy un hombre inquieto (risas). A mí me marcó la vida haber estudiado en el colegio La Salle. En mi época se hacían las olimpíadas con los otros La Salle del país, pero en el nuestro no había escuela de fútbol. Y a los 15 años me animé y le dije al hermano rector si no me dejaba crear una escuela. Me miró sorprendido. Entonces le pedí que me diera una oportunidad. Agarré una de esas máquinas donde se pone la tinta y me hice más de 600 folletos y los fui a repartir grado por grado. Pensé que iban a venir 30 chicos el sábado y fueron más de 300. A las pocas semanas nos invitaron del La Salle Jobson de Santa Fe, ellos ya tenían una estructura armada desde hacía tiempo. Formé 13 equipos, nos fuimos en 4 autobuses y perdimos todos los partidos por goleada, entonces a la vuelta propuse armar una comisión de padres para traer entrenadores importantes y armar algo serio. Ahí me formé un poco en esto de diagramar, planear una estructura, ir viendo todo el trabajo de gestión con un grupo de gente más grande. De ese grupo de padres salió Juan Valentinuzzi, que sería presidente de Belgrano, y Armando del Río, que lo sería de Racing de Nueva Italia.




-¿Cómo entraste al fútbol?


-A mí siempre me gustó jugarlo. Era arquero, en realidad, el primero en llegar al entrenamiento y el último en irme, pero tenía un titular por delante. Al terminar el secundario me puse a estudiar profesorado de educación física en Córdoba, compraba muchos libros y viajaba seguido a Buenos Aires a ver a los mejores, a Pizzarotti, a Bonini... Al mismo tiempo hice el curso de entrenador porque veía que necesitaba un soporte más amplio de conocimiento. Y mientras terminaba de estudiar, arranqué como profe en un equipo chico, en All Boys de mi ciudad, luego Valentinuzzi me llevó a Belgrano.



-Te conocía del La Salle…


-Claro. Y un día echaron a Cayetano Rodríguez, el técnico de la Primera, y vino Valentinuzzi a pedirme que me hiciera cargo del equipo para el partido siguiente. Y mirá los nenes que había: Jota Jota López, Villarreal, Martelotto, Blasón, Pepe Céliz, el Negro Ramos… Yo no había cumplido 20 años, así que les pedí a Jota Jota y al Negro Ramos que me dieran una mano. El sábado le ganamos a Las Palmas y luego contrataron a Tito Cuellar y yo seguí como profe. Y ganamos un Regional, mirá las vueltas de la vida, en el año 86. Ahí arranqué mi historia como PF, luego Armando del Río, que también me conocía del La Salle, me llevó a Racing, donde conocí a José Omar Reinaldi, y cuando a la Pepona lo buscó Talleres, me pidió que lo acompañara. Te imaginás: era el sueño del pibe. Porque yo siempre fui muy hincha de Talleres. Desde pibe lo seguía, de local y de visitante, muchas veces me hacía invitar, porque me costaba pagar el viaje.





-¿Qué recordás de la final perdida ante Independiente, con 3 hombres más, en 1978?

-Que sufrí mucho. Estuve en la cancha, en la popular, y fue terrible. El estadio era un cementerio, todavía recuerdo el sonido de 20 tipos gritando a 70 metros solos, entre 20.000 personas calladas. Me fui a casa caminando como 50 cuadras para encontrar un colectivo, era una desazón tremenda, nunca en mi vida vi llorar a tanta gente por la calle. Ni siquiera hubo burlas de la gente de Belgrano, porque en ese momento, además, todo el fútbol del interior se volcó a favor de Talleres. Lloré tres días seguidos. “Tenés que darles a las cosas el valor que las cosas tienen”, me decía mi madre. No entendía…




-¿Y ahora entiende?


-¿Sabés que la tengo viva a mi viejita? Hilda María, 82 años, una mujer muy espiritual, bien alemana, con una fortaleza física terrible. Se levanta a las 5 y media de la mañana y va al Santísimo del barrio a ordenar, a limpiar, saca las bancas a la calle, ella sola, para dejar todo listo para la misa. Y termina un partido, como el de ayer en Pergamino (1-0 a Douglas Haig) y me escribe por whatsapp para felicitarme o comentarme cosas que ve del partido. Pero volviendo a aquella final del 78, a veces los grandes sinsabores te van forjando el espíritu y te preparan para algo.




Escenario N° 2. México. Un video, un plan.


-¿Cómo apareciste en México?


-Se me acercó un día el hijo del Chamaco Rodríguez, que estaba firmando en Cobras de Ciudad Juárez, un equipo que acababa de ascender. Necesita un PF y como él había dirigido a Racing de Córdoba, alguien le había pasado mi nombre en ese momento y ya me conocía. Fui un año, y al siguiente el Necaxa contrató a Roberto Saporiti, con quien ya había trabajado en Talleres y San Lorenzo, y me llevó. Hicimos una buena campaña, pero era un equipo sin afición. Jugábamos en el Azteca, con capacidad para 120.000 personas, con apenas 500 tipos en la tribuna. Allí conocí a Jesús Martínez, un hombre clave en mi vida. Un hermano que me dio el fútbol. Era hincha del Necaxa. Un día se apareció por la práctica y nos invitó a comer al cuerpo técnico, porque estaba feliz por cómo jugaba el equipo. Y nos hicimos muy amigos, me invitaba a jugar al pádel a su casa, y nos quedábamos horas hablando de fútbol.





-Es uno de los dueños y el presidente del Pachuca…


-Sí, pero en ese entonces era un simple simpatizante del Necaxa. Por ese momento yo había armado un video destinado a los profes de las escuelas de fútbol. Nadie enseñaba a enseñar y a mí me obsesionaba el tema. Estuve dos años detrás de esa idea y 6 meses haciendo los ejercicios con 60 chicos. En el video yo decía: “El pase tiene 7 procesos en la metodología de la enseñanza. El proceso 1 son estos cinco ejercicios”. Y enseguida aparecían chicos haciendo el ejercicio. Lo hice muy a pulmón, porque no tenía un peso, viajaba por todos lados, y cuando le comenté a Jesús Martínez lo que estaba haciendo, que pretendía armar un material para los profes de las escuelas de fútbol de todo México, algo que allá no existía, me dijo: “Es una idea espectacular, te voy a ayudar”.




-¿Cómo te ayudó?


-A los 15 días me había conseguido los sponsors para hacer el video. Dos VHS de más de una hora cada uno. Ahí se juntaron mi proactividad y su visión del negocio. ¿Sabés lo que hizo? Se lo ofreció a una cadena llamada Tiendas Gigante, que tenía más de 300 locales. Le dio la exclusividad. Pero le dijo al dueño: “Solo lo podés vender vos, pero tenés que poner un arco tamaño natural en la entrada, los videos colgados en la red y una TV sobre el travesaño pasando las imágenes del video desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche”. Así, la mamá entraba a comprar, y el chico se quedaba mirando. Y como a mí no me conocía nadie, era un simple PF que recién arrancaba, a Jesús se le ocurrió convocar a futbolistas famosos para que hicieran la introducción: el mejor central, el mejor dribleador, el mejor cabeceador… Fue un boom espectacular. Vendimos más de 80.000 copias. Un éxito absoluto. Eso fue en el año 93. Por ese video conocí a Bielsa.




-¿Cómo?


-Un día me suena el teléfono. Marcelo estaba trabajando en Atlas y entró a una tienda y vio el video. La idea de Jesús era brillante, sin dudas. “Soy Marcelo Bielsa –me dijo–. ¿quién es usted? ¿De dónde salió? Su video es fantástico, el fútbol necesita gente así. El domingo visitamos al América, me gustaría que nos juntemos en algún lado, usted dígame dónde”. ¿Te imaginás? No entendía nada. Y en ese primer encuentro hablamos mucho con Marcelo, y nació una amistad que perdura hasta el día de hoy. He estado en su campo hablando 15 horas de fútbol. Yo he visto conferencias de Cruyff, Menotti, Valdano, Sacchi, por los congresos de Pachuca pasaron todos, y no tengo dudas: Bielsa es el Nº 1, el mejor de todos.




-¿Cómo entraste al Pachuca?


-Ese video generó una gran repercusión periodística y me invitaron un domingo al programa de deportes más visto del país, un Fútbol de Primera de los mejores años. Ahí expliqué por qué había hecho el video y dije que si México empezaba a trabajar el fútbol infantil y las divisiones menores, a profesionalizar esas áreas, comenzaría a tomar connotación en el mundo, porque tenía infraestructura, dirigentes con un muy buen modelo de conducción y comprometidos con sus clubes, y poderío económico. Y así fue nomás, porque el fútbol de México creció muchísimo a nivel equipos y selección. Lo cierto es que Jesús Murillo, gobernador del estado de Hidalgo, vio ese programa y me convocó a una reunión. “Te estuve escuchando en la televisión –me dijo–, eso de que la pirámide económica del fútbol está invertida, que hay que invertir en la base y el tema social que puede generar el fútbol en valores para la educación de los chicos, me parece genial. Quiero que vengas a hacer todo eso al Pachuca”.




-¿Qué pensaste?

-Dije “puta madre, ¿y ahora qué hago?” Pachuca estaba sumergido en la Segunda División, jamás había ganado un título, ni siquiera entrado a una Liguilla. No tenía divisiones inferiores. No existía un solo jugador de inferiores, había que armar todo de cero. La oficina del club era una sala de 4 x 4, con un escritorio, dos sillas y, no me olvido más, el teléfono apoyado en un cajón de manzanas. No fue sencilla la decisión: tenía que dejar mi carrera de incipiente PF, dejar a Saporiti, abandonar algo seguro por un desafío que arrancaba de cero. Ese era el Pachuca al que me tocaba llegar en junio del 94.  A tal punto había que empezar de cero que decidimos cambiar los colores de la camiseta. Un mensaje de que arrancaba una historia nueva. Una refundación. Pasamos del celeste y blanco al azul y blanco. Los colores de Talleres, por supuesto.




-¿Les fue bien desde el comienzo?


-No, no. Fue un sacrificio terrible. En un año abrimos 70 escuelas de fútbol. ¿Sabés lo que significa eso? Tenía que ir todos los días, sábados y domingos incluidos, a capacitar gente para que enseñara. Buscar jugadores. Me ocupaba de la parte comercial, de la gestión administrativa, de la gestión deportiva, de infraestructura, de comunicación. No había nada de nada. Y lo fuimos armando. Al equipo superior lo dirigía Marito Zanabria, una de las mejores personas que conocí en el fútbol. Salimos primeros con 14 puntos de ventaja, pero perdimos la final de la Liguilla con Celaya y no pudimos ascender. Al otro día me mandó decir el gobernador que se había terminado el proyecto. No lo podía creer. Todo ese esfuerzo en vano. Me había prometido otra cosa: había un proyecto que iba mucho más allá de un ascenso.




-¿Qué hiciste?


-Me fui al palacio de gobierno dos días para que me atendiera el gobernador. El secretario me decía todo el tiempo: “Ya está, no te va a atender, se terminó, no va más”. Hasta que el último día, ya casi de noche, logré meterme a su oficina. “¿Qué parte no entendió? Se terminó el proyecto. Déjeme que tengo muchas cosas por hacer”, me dijo. Le pedí una oportunidad para seguir con todo lo que habíamos armado. Me dijo que no. Y cuando se iba, solté un: “Le propongo algo”. Ahí se dio vuelta: “Separemos el fútbol profesional del resto. Usted siga ayudándome con las escuelas de fútbol y la parte social y yo busco a una persona que ponga el recurso económico para comprar el equipo mayor”. Aceptó, con la condición de que él tenía que darnos el visto bueno a esa persona. El presupuesto eran 2 millones de dólares, más o menos: la parte social eran 300.000 y el equipo de primera 1,7 millones.





-¿Los pusiste vos?

-No, si yo no tenía un peso, ya te dije. Salí de ahí a las 9 de la noche, la putísima madre, tenía 24 horas para encontrar un comprador, Ahí lo llamé a Jesús Martínez, él acercó a unos socios y lo compraron. Desde un comienzo, Jesús quiso que yo me quedara con un porcentaje, así que arrancamos de ese modo. Al año siguiente ascendimos con el Ratón Ayala de técnico, de a poco fuimos haciendo ruido con muy bajo presupuesto, eligiendo en el draft la octava opción, y en el 99 ganamos nuestro primer título, al Cruz Azul en la casa de ellos, con un gol del Hueso Glaría, un gol rarísimo, metido medio con los huevos. Y encima se definió con gol de oro ese año, por única vez, así que Glaría metió el gol apenas iniciados los 30 del suplementario, estábamos en el palco, nos mirábamos y decíamos “somos campeones”, no nos dieron ni tiempo para darnos cuenta, para prepararnos. El relator de la TV dijo: “Por increíble que parezca, Pachuca es campeón del fútbol mexicano” (se le ponen los ojos rojos, se le advierte la emoción). Fue el puntapié inicial, luego se fueron sucediendo los éxitos. Y viajamos tres veces al Mundial de Clubes, pero de esa tarde no nos olvidamos nunca más.




Escenario N°3. Córdoba. Locura y acción
.

-¿Cuándo surge la idea de volver al país?

-Hará unos 4 o 5 años. En un momento en que la decadencia de Talleres era tan notoria, con el éxito que yo había construido en 30 años de fútbol y el soporte de un grupo de semejante poderío económico, sentía el peso y pensaba: “El día que tenga 70 años, me voy a arrepentir de no haber hecho algo por mi club, por mi país”. Hubo un par de intentos que no se dieron y cuando le devolvieron el club a los socios, me presenté como candidato a presidente a fines del 2014. Yo soy socio de Talleres desde chico. De hecho, cuando vivía en México, venía una vez por año al país y ahí pagaba la cuota de todo el año. Y ganamos con amplitud las elecciones (su lista, “Talleres vuelve”, nombre premonitorio, obtuvo el 78% de los votos).




-El comienzo fue catastrófico.


-Duro, sí. Asumimos el 1° de diciembre y dos días después jugábamos la primera final por el ascenso al Nacional B con Gimnasia de Mendoza. Perdimos 2-1 allá y el domingo 7 no solo volvimos a perder en casa, 1-0 esta vez, sino que la gente rompió más de 2 mil butacas, destrozaron 20 Blindex de esos gigantes, rompieron un montón de coches a la salida. Una vergüenza. Entré al vestuario y les pedí a los jugadores, directivos y cuerpo técnico que no se fueran. Te imaginás cómo estaban, ¿no? Pero igual les hablé: “Miren, muchachos, nos toca empezar una historia muy complicada, nos toca vivir en un nivel de frustración insoportable para el hincha de Talleres. Tenemos una enorme responsabilidad pero ustedes y nosotros somos los únicos que podemos revertir estos insultos y desmanes por aplausos. Por eso, los espero mañana a las 7.30 de la mañana en el predio a todos los coordinadores de áreas”. Después les pedí a los dos vicepresidentes que me acompañaran primero al vestuario visitante y luego al del árbitro. El vestuario de Gimnasia era un jolgorio, y pedí dos minutos para hablarles: “Muchachos, vengo a felicitarlos, nos ganaron muy bien. Vengo a resaltar un valor institucional y a decirles que a partir de ahora empieza otro Talleres”. Los tipos no entendían nada. Algo similar hice con el juez.




-¿No te convenía esa derrota para arrancar bien de abajo?


-Noooo, fue un mazazo tremendo. Al alma y a las posibilidades de conseguir sponsors. Ascender a la semana de asumir nos hubiera permitido adelantar el proceso extraordinariamente, pero no se dio. Así que ese lunes pusimos manos a la obra, empezamos a armar la cancha sintética y les hablé a todos los presentes, ahí y luego por los medios. Les dije que de ninguna forma iba a volver a aceptar una actitud como la del día anterior. Que podíamos entristecernos por una derrota, pero siempre manteniendo una disciplina. Que la imagen que queríamos dar de Talleres era totalmente opuesta. Y empezamos.




-¿A Kudelka lo conocías?


-No, pero estudié sus antecedentes. El había sido PF, también, como yo, y tenía un perfil de formador, ya que se había desempeñado durante muchos años en ese rol en el La Salle Jobson de Santa Fe. Las vueltas de la vida, ¿no? Encajaba perfecto. Así que me junté con él. Yo traje de Pachuca un test con 19 puntos que para nosotros son innegociables. Lo hemos aplicado en cada entrevista con un técnico.




-¿Cuáles son esos puntos?


-Uno es que los refuerzos los elijo yo. Acá no va el discurso del técnico que dice “yo decido quién viene y quién se va”. No. Lo charlamos, sí, pero la decisión final es del club. Es mía. Después, si vamos a hacer una gran inversión en inferiores, tanto en infraestructura como en personal capacitado, necesito que por año suban determinada cantidad de jugadores a Primera, porque si no los va a poner el DT de la Primera, ¿qué sentido tiene el proyecto? Hoy, Pachuca tiene 47 jugadores entre todas las selecciones menores de México, desde la Sub 15 a la preolímpica. No creo que haya otro caso igual, ni el Real Madrid. Y, además, el entrenador debe tener un perfil de calidad humana y moral intachable. Es otro requisito indispensable.




-¿Cuánto tiempo estás en México y cuánto en Córdoba?


-Mitad de mes en cada país, pero cuando Talleres peleaba por ascender al Nacional B estuve esos dos meses en la Argentina. Y cuando estoy en Córdoba, no me aparto del equipo. Voy a todos los entrenamientos desde que empiezan hasta que terminan. Estoy con los jugadores, y el cuerpo técnico durante toda la práctica. Y en todas. En Pachuca lo mismo. El alma de todo está ahí. Después hago el trabajo de oficina, pero se me hace tremendamente significativo acompañar al equipo en las prácticas.




-¿Tenés trato frecuente con Carlos Slim, el cuarto hombre más rico del mundo?


-Sí, claro. Slim es hincha del León. Nosotros compramos al León, que llevaba 10 años en Segunda, y logramos su ascenso. Y como ya en Primera no aceptábamos lo que nos querían dar las empresas por derechos de televisión apareció él para participar del grupo. Quería comprar un porcentaje, nos dijo que nosotros decidiéramos cuánto. El único requisito que nos exigió es que fuéramos nosotros los que siguiéramos haciendo la gestión. Y compró el 30% . Es un hombre muy sencillo.




-¿El Grupo Pachuca pone plata en Talleres?


-El grupo me ayuda en dejarme que yo pueda repartir mi tiempo aquí, porque mi nivel de responsabilidad en México es muy grande y también ayuda en la sinergia con los patrocinadores, apoyándome con todas las empresas que hay en México y en la Argentina para conseguir ingresos para Talleres. Mirá, antes de las elecciones, se han dicho muchas cosas de mí, por este tema del dinero: vendepatria y tantas cosas más. Hay muchos detractores. Pero mi nivel de convencimiento y de valores es tan grande que no me inmuto. Solo pido que me dejen trabajar. Y que después me juzguen. No me interesa hablar ni dar notas. Que vean lo que hacemos. El tiempo termina poniendo todo absolutamente en su lugar.




-¿Creés lo que está pasando? Estás muy cerca de devolver a Talleres a la A…


-Hay algo que ha superado las expectativas, que es el enorme nivel de compromiso del hincha hacia el proyecto. Llegar a más de 35.0000 socios es algo histórico. Todo el trabajo en las escuelitas de fútbol… Definitivamente, Talleres es el club más popular del interior, ¿o quién pone 60.000 personas en partidos del Argentino A? Lo hicimos varias veces...




-¿Qué te dice tu viejo?

-Está fascinado. Se llama Juan Domingo y no es peronista (risas), tiene 89 años. Hay una frase que me repite mucho: “Está empezando a verse el Talleres que yo viví” (mete una pausa de unos segundos por primera vez en la charla, traga saliva, está por quebrarse). Mi viejo me habla de los años 40 o 50, me dice “una vez le metimos 6 a Boca, 9 a Belgrano”...





-Y tu sueño, me imagino, debe ser sacar campeón a Talleres, para borrar aquella noche del 25 de enero de 1978…


-¡Qué te parece! Con Pachuca cumplí muchísimos sueños. Ahora me queda Talleres. Poder mostrar que con capacidad, por derecha, con gestión y valores, y con una visión muy clara de hacia dónde se va, se logran objetivos, esa es nuestra gran misión. Y claro… transformar toda esa tristeza de aquella noche del 78 en alegría, uf, sería realmente la coronación del gran sueño. Y que estén mis viejos para verlo.





¿Quién es? ¿Qué hizo? ¿De dónde salió? ¿De dónde la sacó?

Más o menos, ya lo sabemos.



¿Hasta dónde puede llegar?

En un par de años lo terminaremos de saber.





Hoja de ruta


- Andrés Miguel Fassi Jurgens nace en Córdoba Capital el 29 de enero de 1962. 


- Quinto de ocho hermanos, estudia en el colegio La Salle de Córdoba, donde impulsa la creación de una Escuela de Fútbol.


- Ataja en forma amateur y luego hace el curso de preparador físico y de entrenador.


- Entra al fútbol como PF en All Boys de su ciudad, y luego sigue en Belgrano, Racing de Córdoba y Talleres, donde conoce a Roberto Marcos Saporiti, con el que trabaja allí, y luego en San Lorenzo.


- Llega a México como PF del Chamaco Rodríguez en Cobras de Ciudad Juárez y continúa en Necaxa con Saporiti.


- Con ayuda de Jesús Martínez, arma un video sobre “metodología de la enseñanza” para profes de escuelas de fútbol: es un boom y el gobernador del estado de Hidalgo le pide que lo aplique en Pachuca.


- En 1995 consigue apoyo económico para comprar el club y en 1999 el Pachuca gana el primer título de su historia en la era profesional.


- Conquista otros cuatro campeonatos mexicanos, cuatro Copa de Campeones de Concacaf (pasaporte al Mundial de Clubes) y la Copa Sudamericana 06, único título de un equipo mexicano en la órbita de Conmebol.


- En 2014, y luego de un proceso de quiebra y gerenciamiento de 10 años, Talleres vuelve a ser de los socios: el 16 de noviembre Fassi es elegido presidente con el 78% de los votos.


- En un año y medio lleva a Talleres del Federal A a las puertas de la Primera División.
- Fassi es uno de los 4 propietarios del Grupo Pachuca (Carlos Slim, el 4º hombre más rico del mundo, es otro), dueños de los clubes Pachuca, León, Zacatecas (México), Oviedo (España) y Cienciano (Perú), entre otros. En breve entrarán en Chile y Colombia.


- Tiene 4 hijos: Sebastián es arquero en River de Ecuador; Juan Pablo, enganche de Puebla; María, golfista universitaria en EE.UU. y Franco juega en las inferiores de Pachuca.

Reglamentos para todos


Fassi vino con su librito desde México y para no dejarse atrapar por la informalidad del medio argentino mandó a armar un Reglamento Interno. Hay para jugadores, cuerpo técnico, hinchas y  dirigencia. “Este reglamento se cumple a rajatabla. O sea: no es negociable –explica–. Antes de empezar el campeonato, debo tener absolutamente solucionadas todas las cuestiones económicas: contratos, premios, situaciones que se puedan dar, pero nunca más se puede hablar de dinero una vez que empezó el campeonato. Se hace una reunión y le entrego el reglamento a cada jugador, entrenador y dirigente. Lo leen y lo discutimos”. Echando un vistazo a dicho Reglamento, se destacan los compromisos, valores y objetivos del club, los derechos del futbolista y también las obligaciones, desde presentarse a citas periodísticas, eventos en filiales y someterse a posibles sanciones del club por expulsiones. En el “Código del Hincha” se enumeran todas las cosas que no pueden hacer en el estadio, desde pararse en los asientos hasta pintar las instalaciones y taparse el rostro con el riesgo de no permitírsele nunca más el ingreso al estadio.



El boom Talleres

Fundado en 1913, Talleres fue el primer club de los indirectamente afiliados a AFA en incorporarse a los campeonatos regularmente (1980) y el primero en ganar una copa internacional (Conmebol 99). Le dio 3 campeones del mundo a la Selección del 78: Galván, Valencia y Oviedo. Entre 1980 y 2004 estuvo 20 temporadas en la A, y apenas 4 en la segunda categoría. Pero desde su descenso ocurrido el 1/7/04 en la promoción ante Argentinos Juniors desbarrancó, acompañando la quiebra institucional (28/12/04, ningún chiste del Día de los Inocentes) con pésimos resultados deportivos. Desde entonces, estuvo en Nacional B y 7 temporadas en el Argentino A. En su primer año como presidente, con Frank Kudelka como entrenador, Talleres salió campeón del Argentino A con una sola derrota en 31 partidos y asistencias de 60.000 personas en el Kempes, que mereció una nota en Marca. Al cierre de esta edición, lideraba el Nacional B invicto en 16 fechas con 7 puntos de ventaja sobre el escolta. En este año y medio, Talleres pasó de tener 1500 socios a superar los 35.000 y de ingresar 3 millones de pesos anuales por patrocinio a 24 millones y ha creado 70 escuelas de fútbol en la provincia con entre 100 y 150 chicos en cada una. Números impactantes.


Por Diego Borinsky / Fotos: Prensa Talleres, Familia Fassi y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de junio de 2016 de El Gráfico




"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

ESTEBAN CAMBIASSO EN RIVER FUENTE: "KODRO MAGAZZINE" Esteban Cambiasso, tras una llegada prematura al Real Madrid B con 16 años ju...