domingo, 13 de agosto de 2023

HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER

EL GOL QUE LE DIO EL CAMPEONATO A RIVER. LA HISTORIA DE RUBEN BRUNO UN GOL HISTORICO QUE LE COSTO CARO

FUENTE: "INFOBAE"

Para contar esta historia hay que poner todo en contexto. River, uno de los clubes más grandes y populares del país, en ese entonces no atravesaba su mejor momento en el plano deportivo. Aunque el Millonario ya era uno de los clubes más laureados de Argentina, la institución llevaba 18 años de sequía, algo atípico e impensado.




La angustiosa espera finalizó un 14 de agosto, con la obtención del Metropolitano 1975. Ese sufrimiento -una especie de calvario mezclado con una maldición- que vivían los hinchas acabó con un cierre de película, de la mano de un inesperado héroe: un joven de 19 años llamado Rubén Bruno, quien en diálogo con Infobae rememoró aquella proeza.

El gol de Juan Fernando Quintero a Boca en la final de la Copa Libertadores de 2018 o el de Antonio Alzamendi a Steaua Bucarest en la Intercontinental de 1986 aparecen en lo más alto de la lista, pero dentro de esta selecta nómina también se encuentra el del protagonista de esta historia. Este tanto fue una especie de liberación para los simpatizantes más añejos de River.

Con dos goles del Beto Alonso, los de Núñez vencieron a San Lorenzo en el Monumental en la fecha 36 y quedaron a un paso de la gloria. De repente, una huelga por tiempo indeterminado por parte de Futbolistas Argentinos Agremiados (buscaban que se firmase el Convenio Colectivo de Trabajo) hizo que el Millonario debiera presentar una formación plagada de amateurs ante Argentinos Juniors para no dejar pasar la chance de conseguir una nueva estrella.

Rubén Bruno, quien llegó a la institución de Núñez de la mano de Renato Cesarini en 1966, no sentía la presión con la que vivían los profesionales. En ese momento ni se imaginaba el lugar de privilegio que le tenía guardado el destino cuando se alistaba para una nueva práctica con sus compañeros. “Nosotros supimos que íbamos a jugar esa misma tarde, cuando los dirigentes nos informaron que se había decidido que jugáramos pese a ser amateurs, representando al club en reemplazo de los profesionales”, comenzó su relato.

Esta noticia sacudió al Monumental, lugar en donde se produjeron varias reuniones y debates en las horas previas al trascendental compromiso. La primera fue con los jugadores del plantel de Primera, quienes “se acercaron a la concentración para explicarnos que se trataba de consolidar el estatuto del futbolista y el alcance de la medida, dándonos a entender que era también en beneficio nuestro”. Sin embargo, Bruno recalcó que “en ningún momento nos sugirieron no jugar”.

El siguiente cónclave fue entre los que serían los encargados de tener que saltar al campo de juego. ¿La votación? “De los 20 concentrados, 19 votamos por jugar y sólo uno de los chicos votó que no”. “Ningún dirigente estuvo cerca luego de informarnos que íbamos a jugar en reemplazo de los profesionales. Recibieron la respuesta positiva de parte nuestra y quedamos concentrados con el cuerpo técnico, médico, delegados y allegados. Un dato importante a partir de nuestra respuesta positiva: la concentración fue custodiada por personal policial”, explicó.

Las horas, que parecían interminables, finalmente pasaron y llegó el momento de la verdad. Al campo de juego de Vélez, con Federico Vairo sentado en el banco de suplentes (el técnico del primer equipo era Ángel Labruna) saltaron los siguientes jóvenes: Alberto Pedro Vivalda; Orlando Ponce, Luis Alberto Jometón; Rodolfo Luis Rafaelli, Héctor Norberto Bargas (Sergio Gigli), Fernando Zappia (capitán); Leonardo Labonia, Rubén Mario Cabrera, Ramón Orlando Gómez, Rubén Norberto Bruno y Francisco Groppa (Luis María Giménez). La gente millonaria, que colmó el estadio, depositó sus esperanzas de romper el maleficio en un grupo de chicos que eran desconocidos para la gran mayoría.

“Había una cantidad impresionante de hinchas, todos de River. Cuando comenzó el encuentro estábamos tranquilos, dominamos claramente al rival, pero desperdiciamos muchas situaciones de gol y también la actuación del arquero de Argentinos Juniors, Norberto Díaz, nos estaba privando de la victoria que merecíamos hasta ese momento”, rememoró Bruno en diálogo con Infobae.

Promediando la segunda parte, luego de algunos cambios tácticos (Bruno se adelantó unos metros para jugar en su posición habitual) la visita finalmente pudo romper la resistencia del equipo de La Paternal. El propio protagonista fue el encargado de relatar su más célebre jugada: “Bargas me da un pase en profundidad y, tras una mala decisión de un defensor de Argentinos, gano la pelota quedando mano a mano con el arquero. Fueron momentos, instantes, en los que recordé todas las enseñanzas de los técnicos que tuve en inferiores: levanté la cabeza, vi salir al arquero y, cuando intentó achicar, definí al segundo palo, como me enseñaron. Fue una emoción indescriptible. La gente en las tribunas estaba enloquecida, queriendo abrazarnos. Una locura total, y nosotros siendo parte de algo histórico, fantástico, extraordinario, algo que escapa a cualquier comentario normal. Son sensaciones que voy a llevar conmigo siempre”.

Esta acción le dejó imborrables momentos en sus retinas: “Fue un shock el recibimiento de la gente cuando entramos a la cancha. Había una nube de fotógrafos, algo nunca visto por nosotros. Pero lo más impresionante fue la invasión de la gente cuando terminó el partido. Había gente llorando que se llevaba el pasto. Hice la tan ansiada vuelta olímpica en los hombros de algún hincha que me llevó. También la vuelta al Monumental por Juan B. Justo, en donde la gente corría y los autos no dejaban pasar al micro. Después de tres horas llegamos al Monumental, que ya estaba lleno de gente festejando”.

“Cuando convertí el gol fue una sensación hermosa. Recordé todos los esfuerzos de mis padres, los seres queridos, los técnicos que tanto me ayudaron y una satisfacción hermosa por haber logrado un hecho histórico, de lograr romper una racha tan negativa. Algo que con el transcurso del tiempo me di cuenta es el estar en la historia de unos de los clubes más importantes del mundo”, añadió.

La base que disputó la gran mayoría de ese torneo estaba conformada por Ubaldo Fillol, Pablo Comelles, Roberto Perfumo, Héctor Artico, Héctor López; Juan José López, Miguel Ángel Raimondo, Reinaldo Mostaza Merlo, Norberto Alonso, Pedro González, Carlos Morete y Oscar Pinino Mas. La huelga se levantó tras una conciliación obligatoria y la última fecha ante Racing la disputaron los profesionales. Vencieron por 2 a 0 a Racing en el Antonio Vespucio Liberti con goles de Alonso y Morete.

Pero esa enorme alegría, con el correr del tiempo, comenzó a transformarse en una especie de pesadilla para la mayoría de ese grupo de ignotos salvadores. “Durante mucho tiempo se nos tildó de carneros, y de ninguna manera lo fuimos, ya que ninguno de nosotros tenía un contrato profesional. Eso fue muy doloroso porque en el 71 hubo una huelga de los profesionales y muchos de los que estaban en el 75 fueron parte de dicha huelga y siguieron jugando en Primera División. Creo que tuvieron mala memoria”, esbozó Bruno sobre las acusaciones que cayeron sobre ese grupo de jóvenes que aceptó el desafío de ir por la gloria.

Además de cargar con esa “cruz”, Bruno recibió una de las noticias más duras de su carrera a finales del siguiente año: River decidió dejarlo en libertad de acción. “Fue un profundo dolor dejar mi casa, donde llegué como un niño. El costo de dejar mi casa fue devastador y me costó mucho superar toda esa adversidad, pero creo que cada uno tiene su destino y el mío no estaba ligado al club que me dio todo. Me decepcioné, perdí el incentivo y me costó horrores dar vuelta la página”, reconoció.

Tras su salida del Millonario, su carrera comenzó a derrumbarse. Incluso utilizó una cruda frase para graficar sus sentimientos en aquel entonces: “Era un cuerpo sin alma”. Después de Núñez pasó por Los Andes, Central Norte de Salta, Huachipato de Chile, Unión de Zapala e Independiente de Neuquén. Cuando el delantero comenzó a recuperar su nivel, una lesión precipitó su retiro. Sólo tenía 27 años. “En 1982, una fascitis plantar grave me imposibilitó seguir jugando. Al año siguiente decidí dejar la actividad, quizás en el mejor momento de mi carrera post River”.


HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER

¿QUIEN ERA EL BOXEADOR FABRICIO PRIOTTI?

FUENTE: "TN.COM.AR"

El boxeador argentino Fabricio Emiliano Priotti fue encontrado muerto este jueves. Tenía 22 años y una promisoria carrera: había pasado del amateurismo al profesionalismo con gran éxito y había generado gran expectativa entre los fanáticos de la disciplina.




Nacido en Córdoba, se había trasladado a la Ciudad de Buenos Aires para seguir creciendo como deportista. En los últimos tiempos compartía un departamento en Saavedra con colegas y amigos. Allí lo encontraron sin vida.

A pesar de que tenía un gran número de seguidores (más de 35 mil), Fabricio no era un usuario frecuente de las redes sociales. De hecho, su última publicación en Instagram es del 2 de junio. Se trata de un breve video en el que compila algunos entrenamientos y un registro de una de sus peleas a partir de una historia subida por el influencer Yao Cabrera.

La mayoría de sus posteos son referidos al boxeo: peleas, entrenamientos, encuentros con colegas. Sin embargo, también quedan en el perfil algunas menciones familiares: en una de sus historias destacadas, por ejemplo, pone una foto con su madre bajo el título “Te amo mami”.

El “Chango” tenía 22 años y era una gran promesa del boxeo nacional. Durante su primera etapa como amateur fue múltiple campeón y en el paso al profesionalismo despertó un gran interés: estaba invicto con cinco peleas ganadas, tres de ellas por KO.

Priotti fue integrante de la Selección argentina de boxeo y era pupilo de Jorge Ochenduszka. Además, era el hermano de Sergio “Piluso” Priotti, otro destacado boxeados argentino, que también exintegrante de la selección nacional.

En el último tiempo, había peleado en la fecha 7 de Boxeo de Primera Promocional. También tenía programada una pelea para el 9 de septiembre de este año.

Asistencia telefónica gratuita a personas en crisis o con riesgo de suicidio: 135 desde Buenos Aires o bien 011-5275- 1135 o 0800-345-1435 desde todo el país, línea a cargo de la organización no gubernamental Centro de Asistencia al Suicida (CAS).

viernes, 11 de agosto de 2023

PARA EL RECUERDO

CUANDO EL NEW YORK COSMOS ANDUVO DE GIRA POR ARGENTINA

FUENTE: KODRO MAGAZINE:

 El New York Cosmos, el equipo más popular de la antigua NASL y con la superestrella alemana Franz Beckenbauer en sus filas, llegó a disputar hasta 5 partidos amistosos en territorio argentino entre 1978 y 1980.




Primero se enfrentó al combinado juvenil de Argentina (liderado por Maradona), Club Atlético Belgrano, Independiente de Rivadavia y Boca Juniors en 1978; y dos años después, «El Pelusa», vistiendo la camiseta de Argentinos Juniors, volvió a enfrentar al «Kaiser» en territorio argentino. Hay que destacar que aquel no fue el segundo encuentro entre ambas estrellas, sino el tercero, ya que en 1979 se enfrentaron también en el Giants Stadium de East Rutherford.

 

Argentina (combinado juvenil) – New York Cosmos, 3 de noviembre de 1978

Argentina venció 2–1 al New York Cosmos con goles de Maradona y de Barrera, contrarestando el de Chinaglia, en la cancha de San Martín de Tucumán. A pesar de haber jugador en dos épocas distintas, Franz Beckenbauer y Diego Armando Maradona lograron enfrentarse por primera vez gracias a aquel partido. Maradona tenía sus primeras presentaciones con la camiseta del seleccionado juvenil argentino y Beckenbauer jugaba sus últimos partidos con la camiseta del New York Cosmos.

Argentina: García, A. Alves, Rossi, Simón, Barbas, Meza, Rinaldi, Maradona, Escudero, Díaz y Barrera.
Cosmos: Jasin, Formoso, Carlos Alberto, Roth, Eskandarian, Hayre, Beckenbauer, Davis, Seminho, Etherington y Chinaglia.

Club Atlético Belgrano – New York Cosmos, 7 de noviembre de 1978

Belgrano se enfrentó en el Chateau al Cosmos de Nueva York, igualando 1 a 1. El conjunto norteamericano alineó también a Franz Beckenbauer, Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia. El match terminaría empatado a 1. El gol pirata fue marcado por Mario Carballo, a través de un penal.

Las crónicas de la época contaban un dato curioso para nuestras costumbres futboleras: «la organización dispuso de un aperitivo inédito para un partido de fútbol en nuestra geografía: en la previa del encuentro hubo un mini recital a cargo de Gloria Gaynor, interpretando el hit del momento «I Will Survive».

Belgrano: Bossio; Roma, Beccerica, Coletti, Gardiol (Vega); B.Rodríguez, Carballo, Monserrat (Piozzi); R.Rodríguez, Viller (Carranza) y Bonet (Baldessa).
New York Cosmos: J.Brand; S.Formoso, Carlos Alberto, Roth, A.Eskandarián (Morais); T.Garbet, F.Beckenbauer, R.Davis; D.Tueart (G.Etherington), G.Chinaglia y Seninho.

Club Sportivo Independiente Rivadavia – New York Cosmos, 12 de noviembre de 1978

«Parecen aviones». Esa fue la definición de Eduardo Francisco Bazán para ejemplificar el juego del Cosmos. Lo dijo en el camarín de los «Azules» después del 2 a 1 adverso para el campeón mendocino, donde las opiniones fueron unánimes al reconocer la legítima victoria del equipo norteamericano. También lo admitió Hardan Curi aquella noche, que con toda sinceridad señaló: «No sólo nos ganaron bien, sino que nos ganó un gran equipo. Ellos jugaron mucho mejor que contra Belgrano en Córdoba».

El Cosmos, ese equipo que hizo historia en el fútbol estadounidense, dejó a un Independiente Rivadavia que por aquella época era imbatible, sin un invicto de 23 partidos.

Independiente Rivadavia: E.Garín; R.Chavero, E.Marlia, M.Pasqualetto, J.C.Millán; J.Pedernera (E.Velázquez), E.Bazán (A.Godoy), C.García Cambón; J.Funes (M.A.Roríguez), C.Molina (R.Giménez) y D.Garro.
New York Cosmos: J.Brand; S.Formoso, Carlos Alberto, R.Iarusi, A.Eskandarián (O.Nelsi); V.Dimitrijevik, F.Beckenbauer, R.Davis (T.Garbet); Seninho, G.Chinaglia y D.Tueart (G.Elhenington).

 

Club Atlético Boca Juniors – New York Cosmos, 16 de noviembre de 1978

Boca le ganó a Cosmos 4–2 en Mar del Plata en el segundo encuentro de la minigira argentina, con goles de Perotti (2), Zanabria y Salinas. Descontaron Chinaglia y Zazhinho.

Boca Juniors: O.Santos; V.Pernía, F.Sa, R.Mouzo, R.Alonso; J.Benítez, R.Suñé, M.Zanabria; E.Mastrángelo (C.Veglio), C.Salinas y H.Perotti.
New York Cosmos: Yasin; Formoso (Morais), Carlos Alberto, Iarusci, A.Eskandarián; V.Dimitrijevik, F.Beckenbauer, R.Davis; Seninho, G.Chinaglia y D.Teuart.

Habría partido de vuelta ese mismo 1978, concretamente un 9 de septiembre en Giants Stadium de Nueva York, con empate final a 2.

Asociación Atlética Argentinos Juniors – New York Cosmos, 21 de marzo de 1980

El 21 de marzo de 1980, día que comenzó el otoño de aquel año bajo una lluvia torrencial, el Argentinos Juniors de Diego Armando Maradona cayó derrotado 1-2 ante el Cosmos en el estadio José Amalfitani de Vélez Sarsfield.

Por aquel entonces Argentinos vivía momentos muy especiales, era protagonista del Campeonato Metropolitano argentino y jugaba un sinfín de partidos amistosos para mostrar a su máxima estrella, Diego Armando Maradona. Tan solamente 48 horas más tarde de una derrota 1-2 ante Boca, Argentinos salía nuevamente a la cancha, esta vez para enfrentar al Cosmos de Estados Unidos. Argentinos empezó ganando con un gran gol de Diego Armando Maradona, quien con una gran acción dejó en el camino al portero Birkenmeier.

Argentinos Juniors (1): Roberto Rigante; Eduardo Beaulieu, César Bartolomei, Néstor D’Angelo y Adrián Domenech; Ricardo Giusti, Eduardo Solari y Diego Maradona; Lorenzo Román [Miguel Molnar], Silvano Espíndola y José Luis Petti.
DT: Miguel Ángel López

New York Cosmos (2): Birkenmeier; Eskandarian, Carlos Alberto, Durgan y Wilson; Ricky Davis, Franz Beckenbauer y ‘Romerito’; Zeninho, Chinaglia y Liverik.
DT: Mazzei

Goles: 32′ Maradona; 44′ y 68′ Chinaglia

El 30 de julio de 1980, el New York Cosmos se enfrentaría a River Plate en un amistoso disputado en el estadio del Cosmos. 1-1 en el marcador final.

Bonus track: New York Cosmos – Argentina, 6 de junio de 1979

El 6 de junio de 1979, Argentina con su selección absoluta, y con Maradona en sus filas, se enfrentó al New York Cosmos en territorio norteamericano, concretamente el Estadio de los Gigantes. Con gol de Passarella de cabeza, Argentina le ganó 1–0.

Cosmos: Brand, Smith, Rijsbergen, Carlos Alberto, Formoso, Davis, Marinho, Carbonani, Stewart, Chinaglia y Liberich.
Argentina: Fillol, Holguín, Oviedo, Pasarella, Tarantini, Barbas, Gallego, Maradona, Houseman, Luque y Valencia.

miércoles, 9 de agosto de 2023

DOS PAJAROS EN BOCA JUNIORS

CLAUDIO PAUL CANIGGIA Y LUIS HERNANADEZ

FUENTE: KODRO MAGAZZINE:

Claudio Caniggia y Luis Hernández coincidieron en 1997 seis meses en Boca Juniors. El fichaje del internacional mexicano procedente del Necaxa fue el capricho de Diego Armando Maradona para completar un tridente que se prometía demoledor.




Los periodistas le rebautizaron como «El Pájaro», por su parecido físico con Caniggia, jugador conocido con el mismo mote, sin embargo, más allá del increíble parecido físico entre ambos delanteros y de haber sido figuras en Copas del Mundo, también tuvieron en común su vida profesional al más puro estilo nómada. Caniggia firmó por diez clubes entre los que destacaron River Plate, Atalanta, Roma y Boca Juniors, mientras que Hernández tuvo paso por once equipos como Cruz Azul, Necaxa, Tigres y, por supuesto, Boca Juniors.

“El Petrolero” llegó como uno de los cinco jugadores mejores pagados de Argentina (ganado 50 mil dólares al mes de aquella época). No obstante su continuidad dependió mucho de la federación, que en ese momento intentaba convencer al sindicato de jugadores del futbol argentino de la ampliación del cupo de extranjeros (tres foráneos de los 16 jugadores incluyendo titulares era la regla en ese momento).

 Aunque es raro ver a futbolistas mexicanos en Argentina, Boca Juniors acabó fichando a «El Matador», que se ganó el interés del equipo porteño por su destacada actuación en la Copa América de Bolívia de 1997, donde fue galardonado con la Bota de Oro por ser el máximo goleador del torneo. Hernández, a pesar de haber tenido ofertas de Europa, se decantó por el equipo de La Boca el julio de 1997, al conocerse que era un capricho expreso de Maradona para el torneo argentino.

«Se interesaron tres equipos por mí: el Borussia Mönchengladbach, Mónaco y Boca Juniors, pero definitivamente decidí por Boca que fue y sigue siendo algo maravilloso. Simplemente, la impresión de estar con Cani, con Maradona, Fabri, Latorre, Bermúdez, Solano, grandes compañeros», aseguró el jugador.

El delantero nacido en Poza Rica, Veracruz, se convirtió en el primer mexicano de nacimiento, y único hasta la fecha (el nacionalizado Darío Benedetto también lo hizo), en llegar al conjunto argentino y, por lo tanto, el único también en compartir vestidor con el astro del futbol mundial.

Los registros oficiales concluyen que Luis Hernández tan solo disputó cuatro partidos vistiendo la xeneize, y no llegó a debutar en la liga argentina, por lo que solo participó en la Supercopa donde sí pudo dar muestra de sus condiciones goleadoras con dos anotaciones.

Uno de esos dos goles lo anotó para firmar su debut soñado el 24 de septiembre de 1997 formando tridente de ataque con Caniggia y Maradona. Aunque el cuadro bostero perdió 1-2 ante Colo Colo, «El Matador» pudo estremecer las redes y ganarse el abrazo del máximo genio del futbol mundial dentro de la cancha y hasta un insólito festejo fuera de ella, al cual no pudo asistir, por lo que no se salvó después de los reclamos del ’10’ y la confesión de lo que se perdió.

 «Yo debuto contra Colo Colo allá en Chile, pero desafortunadamente perdimos en la Mercosur. Juego con Maradona, con Caniggia y meto el gol del empate. De regreso venimos en el chárter y todos venían ahí más o menos, pero yo venía a disgusto, pero yo había metido mi gol del debut. Eso fue un sábado; el jueves que llegó Diego Maradona, llega, estoy en el vestidor y me dice ‘Luisito, vení, sos un hijo de puta, ¿dónde estabas en el hotel el sábado? Te fuimos a buscar el Guille (Guillermo Coppola) y yo, te íbamos a festejar tu gol, íbamos a festejar tu gol'», reveló Luis Hernández.

Aunque el paso del azteca por Argentina fue fugaz, tan solo 6 meses, hizo gran amistad con Maradona, Claudio Caniggia, Nolberto Solano, Diego Latorre y Jorge Bermudez. «Mi decisión de irme a Argentina fue muy buena. No me arrepiento, al contrario. Estar en Boca fue una de las experiencias más bonitas de mi carrera. Me hice hincha de Boca y nunca me voy a arrepentir de haber tomado esa decisión», comentó el internacional mexicano.

El paso de “El Matador” fue complicado debido a que el técnico, Héctor Viera, tuvo preferencia por otros foráneos como Norberto Solano, Sergio Martínez, Óscar Córdoba y Jorge Bermúdez. A pesar de esto, él quiso continuar en el equipo y pelear la titularidad. En otra entrevista declaró: “No vine a robar, que eso quede claro a la gente de Boca. Si me hubieran dicho que me traían para no jugar, ni hubiera viajado hasta Buenos Aires. No tengo problemas en pelear un puesto, pero de esta manera es imposible”. Disputó dos partidos y marcó dos goles en su paso por “La Bombonera.” Regresó al futbol mexicano con Tigres, teniendo satisfactorias actuaciones con los felinos.


domingo, 30 de julio de 2023

PARA CONOCER EL ORIGEN DE LA PALABRA "KIRICOCHO"

COMO NACIO LA PALBRA "KIRICOCHO" EN EL MUNDO DEL FUTBOL

FUENTE: "DIARIO CLARIN":

La palabra "Kiricocho" es utilizada en el mundo futbolero que desde la década de los '80 se utiliza como "cábala" de quien la dice para "mufar" a un rival. O sea, para que un rival falle a la hora de resolver una situación. Pero, ¿cómo surgió?




Muchos la dicen, pero no todos saben desde cuándo se utiliza o cuál fue su inicio. Lo cierto es que Kiricocho en realidad era una persona, un hincha muy cercano al Estudiantes de La Plata de la década del 70 con el inicio de Carlos Salvador Bilardo como entrenador.

Y el domingo pasado, el Betis no sólo abortó los ataques del líder de la Liga, Real Madrid, gracias a su buen quehacer defensivo, sino que la superstición volvió a hacer acto de presencia con la leyenda de «Kiricocho», que echó una mano en un par de ocasiones para evitar el gol de los dirigidos por Zinedine Zidane.

Lo recogieron perfectamente las cámaras de 'El Día Después', el programa de Movistar+. "¡¡Kiricocho!!" El Betis invocó dos veces la leyenda ante el Real Madrid». En las imágenes, se puede escuchar cómo un futbolista del Betis (dicen que fueron el chileno Claudio Bravo y el argentino Guido Rodríguez) pronunció el popular 'maleficio' justo en el momento en que el madridista Marcelo se disponía a convertir el gol, pero el balón se fue a las nubes...

Kiricocho nació de Carlos Bilardo, quien aprovechó la "mala suerte" de un seguidor propio, llamado de esa manera, para transmitir su mala vibración a los rivales. Bilardo acabó como campeón de Argentina con Estudiantes de la Plata. La leyenda cuenta que mandaba a Kiricocho a recibir a todos los adversarios de Estudiantes y le funcionó....

También cuentan que el segundo entrenador del Betis, el argentino Rubén Cousillas, utiliza entre sus 'armas' el mal augurio de Kiricocho. La palabra se la escuchó al ayudante de Pellegrini  en Betis, pero que también la utilizó en su etapa en el Real Madrid.

La historia es de fines de los 60 y tiene que ver con, justamente, Estudiantes. Resulta que Kiricocho (nadie sabe a ciencia cierta su verdadero nombre) era un hincha del Pincha famoso en La Plata por su mala suerte. Cada vez que el tipo iba a un entrenamiento había un lesionado. Entonces, a un jugador de aquel equipo muy afecto a las cábalas (Bilardo seguro...) se le ocurrió que en lugar de “afectarlos” a ellos, Kiricocho podría ayudarlos mufando rivales.

Alguna vez le preguntaron al propio Bilardo por Kiricocho y dio su  versión: "Kiricocho era un muchacho de La Plata que siempre estaba con nosotros y como ese año salimos campeón lo adoptamos como nuestro amuleto. Era un buen pibe pero después ya no lo vi más. La última vez que estuve dirigiendo a Estudiantes pregunté por él y nadie sabía nada. Pero aunque no lo creas, cuando fui a España a dirigir el Sevilla había un penal para los otros y escucho atrás mío que alguien susurra: 'Kiricocho, Kiricocho' y no lo podía creer, hasta que el Cholo (Simeone) y Diego me avivan que ellos la habían dicho un par de veces y el resto la aprendió. ¡En Europa! Parece mentira pero vos decís 'Kiricocho' ¡Y erran!...".

“Lo conocí porque estaba siempre en la estación de servicios de 1 y 60 donde yo cargaba nafta, y sin llegar a tratarlo mucho supe que era un tipo que probablemente levantaba quinielas en ese barrio cercano a nuestra cancha”, relató alguna vez Juan Ramón Verón, padre de la Brujita. Así, antes de los partidos, Kiricocho era mandado a saludar a los rivales con una tierna palmadita en la espalda. Con la llegada del "Doc" (Bilardo) a la Selección en los 80, el empleo del nombre fue ganando adeptos. Tanto que lo usaron tipos experimentados como Gustavo Alfaro, Leonardo Pisculichi y Paulo Dybala, entre otros, y hasta se lo gritaron a Griezmann al patear un penal en una práctica de la selección de... ¡Francia!

'Kiricocho' ya era leyenda. Y su historia se extendió por el mundo del fútbol, llegando a casi todos los rincones. Jugadores y entrenadores han oído hablar de él y de su poder. También Joan Capdevila que lo utilizó en la final del Mundial de Sudáfrica en la que España se proclamó campeona. "Sólo la he utilizado una vez en la famosa parada de Iker (Casillas) contra Robben. En plan desesperado, lo primero que se me pasó por la cabeza fue la palabra 'Kiricocho'. La he usado una vez y me ha ido bastante bien. No la he utilizado más", aseguro tambi{en en 'El Día Después', de Movistar+. Creer o reventar, dicen...

JCH.

sábado, 22 de julio de 2023

HISTORIA VIVIENTE

FALLECIO ERNESTO MASTRANGELO 

FUENTE: INFOBAE

A los 75 años murió Ernesto Mastrángelo. Y con él se fue una parte de aquel fútbol de los años ‘70, donde fue un implacable goleador, pero también un permanente animador de las concentraciones. Líder positivo se diría ahora. El Heber lo era, siempre con un chiste en la gatera, listo para ser disparado, como aquellos remates certeros que vencían a los arqueros. Jugó en Atlanta, River y Unión, pero el poster de su vida deportiva, se perpetuó con la camiseta de Boca, en los tiempos del Toto Lorenzo, donde ganó todos los títulos posibles. Hace un tiempo, con Infobae había hecho una de sus últimas entrevistas, donde repasó su riquísima historia.





“Llegué a los 15 años a la Capital, para jugar en Atlanta, directo a la pensión que el club tenía en Pampa y Forest. Al primero que me encontré fue al Loco Gatti, al pie de la escalera, por donde yo tenía que subir y él bajaba. Desde ese momento anduvimos siempre juntos, aunque él ya jugaba en River. Hugo fue siempre igual, un verdadero personaje. Empecé como centro delantero y luego pasé la punta derecha. Por ese conocimiento del frente de ataque es que hice muchos goles metiéndome en diagonal”.


Aquella disfonía que gozaron los hinchas Bohemios, festejando las 26 conquistas de Mastrángelo, ahora pasaba a ser potestad de un club grande, cuando al iniciarse 1972 mudó sus goles a River Plate, sediento de títulos, en una sequía que ya había consumido 15 almanaques: “Llegué para formar parte de un plantel espectacular, pero nuestro drama fue que éramos muy jóvenes y eso nos pesó. De mitad de cancha para adelante formábamos con J. J. López, Merlo, Alonso, yo, Morete y Mas. El Beto era un jugador espectacular, que hacía lo que quería con la zurda y Pinino tenía el arco entre ceja y ceja. Le pegaba desde cualquier lado con una puntería tremenda. En el Nacional del ‘72 ganamos por goleada muchos partidos y pudimos ser campeones, pero nos mató el reglamento, porque San Lorenzo ganó su zona y avanzó directo a la final, descansado una semana y nosotros tuvimos que jugar la semi contra Boca un miércoles y el domingo el partido decisivo con ellos en cancha de Velez, que perdimos 1-0. En ese torneo le hice goles a Boca las dos veces que los enfrentamos: en la semifinal y en el histórico 5-4 de la primera fecha”.


Fueron tres años con la camiseta de River, donde la maldición de no poder salir campeón se acentuaba cada vez más. Parecía no alcanzar con los destacados equipos que se conformaban, porque siempre llegaba alguna defección a la hora de las instancias decisivas. Al comenzar 1975 llegó Ángel Labruna a la dirección técnica para cambiar la historia y Heber fue parte del inicio del proceso


“Arrancamos la pretemporada en Necochea e incluso jugué un par de partidos en el torneo de verano en Mar del Plata, donde me sentí muy bien, sin embargo, en todas las charlas, Labruna hablaba de los goles de Morete y los de Pinino, pero a mí no me nombraba. Y en ese momento apareció la gente de Unión, que se portó de manera impecable y se hizo el pase. Me pagaban el hotel, la comida y hasta la tintorería (risas). Me atendieron como en el Real Madrid. A Don Ángel no le gustó, quiso que me quedara, pero yo ya había tomado la decisión, que no era fácil, porque había que irse de River a Unión, que recién había ascendido. Se armó un cuadrazo con el maestro Lorenzo como técnico y donde no fuimos campeones porque teníamos la camiseta de Unión. Cuando veníamos a Buenos Aires, ya nos cobraban un penal en contra en el túnel (risas). De locales terminamos invictos, incluido el que jugamos en Velez contra River. Ganamos 2-0 y Gatti le atajó un penal a Alonso. Allí lo conocí a Juan Carlos Lorenzo y me di cuenta que yo no sabía nada de fútbol. Era un adelantado”.


Un año inolvidable con los colores Tatengues donde marcó nada menos que 21 goles en los dos torneos que quedaron en el recuerdo. La consecuencia lógica era que aparecieran las ofertas, las que surgieron de casi todos los grandes. La más firme fue la de Independiente, en una historia poco conocida: “Faltando unos meses para terminar el ‘75 me vinieron a buscar y Lorenzo me dijo: “Quedate conmigo en Unión hasta fin de año, que pasamos juntos a Independiente, que ya tengo todo arreglado. Venís vos y Gatti también”. Esto no la sabe nadie, pero fue así. En enero, estaba de vacaciones en Rufino, mi pueblo y me llamó el Toto para decirme que no arreglara con Independiente, que él estaba por firmar con Boca y me quería. Pasaban los días y el pase no se hacía, porque había problemas con el 15% que me correspondía por la transferencia. Me empezaron a llamar los dirigentes, pero yo no atendía a nadie, hasta que el mismo día del cierre del libro de pases, vine a la Capital para reunirme con el Puma Armando. Me dio lo que le pedí y me entregó toda la plata del contrato en la mano. Una locura. Un amigo que me acompañaba se la llevó para mi casa, porque de ahí me sumé a la delegación que partió en tren, algo impensado ahora, desde Constitución para Mar del Plata para la pretemporada que se hizo en Tandil”.


El Toto fue el gran alquimista pintado de azul y oro. Logró combinar rápidamente a los destacados futbolistas que estaba en el club (Pernía, Mouzo, Tarantini, Benítez, Felman), con otros llegados de diferentes clubes (Pancho Sa, Toti Veglio), más los que arribaron con él desde Unión (Gatti, Suñé y Mastrángelo). El resultado: un equipo inolvidable, que ganó todo, aferrado al viejo estilo boquense de garra y efectividad: “Ya en el primer torneo (Metropolitano) fuimos campeones y cerramos el año de manera excepcional, ganándole la final del Nacional a River en cancha de Racing. En la previa de ese partido hay una grandiosa de Lorenzo. Yo tenía lastimado un tobillo, pero iba a jugar de cualquier manera. Me hizo vendar el otro, para que los periodistas me vieran y sacaran las fotos. Yo no entendía nada y le dije: “¿Para qué es todo esto maestro?” a lo que respondió como siempre con un guiño: “Para que te peguen en el sano” (risas). Fue una final increíble. Siempre me fue bien contra River con la camiseta de Boca, al punto que solo perdí un partido oficial de los 12 que jugué”.


Alberto J. Armando fue uno de los primeros dirigentes, quizás el precursor, en darle importancia a la Copa Libertadores. Se había quedado en la puerta en 1963 ante el Santos de Pelé, pero ahora se presentaba la chance de una revancha. Boca tomó la participación en la edición 1977 con el único objetivo de ser campeón. Y aquella vieja obsesión se convirtió en dulce realidad ante Cruzeiro en Montevideo con Hugo Gatti como protagonista estelar al atajar el penal decisivo de la definición, de la cual Mastrángelo recuerda una gran anécdota: “Yo estaba contratado por Adidas, que me daba los botines. Allá por abril del ‘77 fui un día a la empresa, me encontré con Amadeo Carrizo, que trabajaba ahí y le pedí un par de guantes de arquero, que por supuesto me regaló. Al otro día en el entrenamiento se los di a Gatti. Cuando terminó la final con Cruzeiro, en medio de la locura y la alegría por el título, se los sacó y me dijo: “Tomá, estos guantes son tuyos”, en un gran gesto, sobre todo porque para que Loco te de algo lo tenés que operar sin anestesia (risas). Ahí me confesó que eran aquellos que le había regalado y que había usado toda la Copa, muy descosidos, pero llegaron hasta el último partido de cábala”.


A partir de la gloria ante el cuadro de Belo Horizonte, en una noche lluviosa y llena de épica en el estadio Centenario, Boca se instaló definitivamente como un equipo copero. Un romance que iba a perdurar eternamente y del que Mastrángelo fue partícipe infaltable en sus inicios: “Fui el único del plantel que disputó todos los partidos internacionales de Boca en ese ciclo. No falté ni en las Libertadores (77 – 78 – 79) ni en la Interamericana contra América de México ni en las dos finales Intercontinentales frente a Borussia, donde hice goles acá y allá. Yo me cuidaba, pero el Toto también, porque antes de los encuentros decisivos en las copas, no me ponía en el torneo local. Es verdad que fuimos campeones del mundo, pero a mí dame siempre la Libertadores”.


En junio de 1978 estaba el gran evento: el Mundial en condición de local. Heber había estado en la selección a comienzos de la década, pero nunca fue convocado por Menotti. En el mes de marzo, el entrenador lo colocó en la selecta lista de 40 que podían disputar la Copa del Mundo, pero él no se hizo ilusiones: “El Flaco me pasó la factura porque a comienzos del ‘72, yo estaba entrenando con él en Huracán y luego firmé para River, que me ofrecía mejores condiciones”.


A fines de 1979 se cerró el exitoso ciclo de Juan Carlos Lorenzo en Boca. La campaña de 1980 fue una de las peores de la historia del club, pero Mastrángelo solo estuvo en el primer partido, ya que una operación de meniscos lo dejó convaleciente y recién volvería a ponerse la azul y oro en 1981 con un nuevo y estelar compañero: “Diego era un pibe bárbaro al que quise mucho. Siempre mantuvimos el contacto y la última vez que hablamos fue cuando estaba en Dubai y lo escuché muy bien, fenomenal. Fue un dolor inmenso el de su muerte porque era una persona excepcional. Cuando vino en el ‘81 hablaba poco porque nos respetaba a los más grandes. Un fuera de serie”.


A lo largo de su extensa carrera se dio muchos lujos y uno de ellos fue tener como compañeros y rivales a dos grandes del arco que marcaron una era indeleble: Fillol y Gatti. “Eran completamente distintos en todo. El Pato no salía a cortar los centros, mientras que el Loco era un especialista en eso, porque lo había aprendido viendo a Amadeo Carrizo en las prácticas de River. Fillol era un monstruo debajo de los tres palos, casi invencible. Le tenías que patear de segunda, tras un amago, porque de primera te la sacaba casi siempre, así le hice el recordado gol en el Monumental en la Libertadores del ‘78, cuando pasamos a la final. De Gatti me asombraba la visión de los palos que tenía, algo impresionante: ubicado de espaldas, sabía dónde estaba el arco”.


Sus goles trascendieron las canchas, a tal punto que muchos años después de retirado, el gran Roberto Fontanarrosa, que no lo había disfrutado con sus amados colores de Rosario Central lo evocó así: “Recuerdo una noche, particularmente amarga, tras haber perdido Central un partido importante contra Unión. Faltaba poco para el final con un 0 a 0 salomónico. A poco de terminar salió un pelotazo para Mastrángelo, puntero derecho Tatengue, que lo dejó cara a cara con el arquero, sobre la derecha, pero en un ángulo bastante cerrado. Mastrángelo le pegó un derechazo bárbaro, alto al primer palo y la mandó adentro. Después lo vi hacer más de un gol de la misma forma, tanto que los pocos que se convierten de esa manera me llevan siempre a pensar que son convertidos “al estilo Mastrángelo”. Heber se emociona con esas palabras: “Que fenómeno Fontarrosa… No sabía que había escrito eso de mí. Un honor inmenso. Me acuerdo de ese gol en la cancha de Central, porque se lo marqué a mi amigo Carlos Biasutto. Fue una noche con mucho barro y en el pique, se hizo difícil dominar la pelota, entonces me abrí, le pegué alto y fue gol. Casi todos mis goles eran de chanfle, con tres dedos. Pero nada estaba estudiado, era por instinto. Definía despacito y eligiendo el lugar”.


La hora del retiro llegó en 1982 y al colgar los botines las redes descansaron de uno de sus visitantes más asiduos. Al poco tiempo, ya estaba trabajando nuevamente en Boca, como lo hizo a lo largo de más de 30 años en diversas etapas y lugares: “Arranqué en el ‘84 como ayudante de campo de Dino Sani, que era el DT de la primera y luego con Alfredo Di Stéfano, al que todos le tenían un poco de miedo, pero yo le hacía bromas y lo hacía reír. Era como un diario mojado, no se le entendía nada cuando hablaba (risas), pero sabía de fútbol una barbaridad. Cuando llegó Menotti en el ‘87 nos echó a todos los que trabajábamos en el club, pero luego pude volver y me di el gusto de ganar 14 campeonatos como entrenador con la 5° y la 6° división de Boca”.


En la década del ‘70 a nadie se le pasaba por la cabeza que podían existir las cadenas de indumentaria deportiva. Era algo utópico y fantasioso. Para conseguir esa ropa, había que ir a la casa de deportes del barrio, que tenía los elementos básicos, aunque a veces nos podía sorprender con alguna maravilla que nos hacía abrir los ojos. En una caja, habitualmente ubicada debajo del mostrador, descansaban tesoros hermosos, que eran los números de plástico con pequeños agujeros, para ser cosidos en camisetas y pantalones. Un clásico era que los chicos pidieran el 7. Con la idea de poder parecerse a ese delantero implacable. Ese mismo que hoy nos dejó, pero que queda en el recuerdo y en el homenaje eterno de aquellos que fueron buenos dentro de una cancha, pero mucho mejores fuera de ella.


miércoles, 19 de julio de 2023

LA HISTORIA DE "COCOCHA" NARVAEZ

EL VENDEDOR DE GARRAPIÑADAS 

FUENTE: "SANSADEPORTES.COM.AR:

Martín Bernardo “Cococha” Narváez nació en San Salvador, pero emigró a Concordia junto a sus padres y allí empezó su carrera como boxeador. En esta nota de “la ley del boxeo” relata su vida. Fui un boxeador guapo, duro, y que pegaba fuerte. Incluso lo dieron por muerto varias veces, pero Cococha sigue vivo y su fama se expande por toda la ciudad. Además, cuenta un hecho escalofriante que derivó en el asesinato de su madre y una hermana.




A continuación la nota que le realizaron en diciembre de 2021.

El invitado de hoy nació en San Salvador, pero sus padres decidieron buscar un futuro para él y sus siete hermanos en Concordia. A sesenta kilómetros al noreste de la «Capital Nacional del Arroz».

Hoy, con 60 años, es un amante del deporte y del río, anda por la arena, hablando, tomando sol, vendiendo maníes en los festivales populares, y siempre entreteniendo y divirtiendo a la gente. Es un personaje como salido de un cuento, o de un dibujito animado, con sus vestimentas únicas y coloridas, que le quedan «pintadas». Físicamente se mantiene impecable. Con un poco más de moneda sería «playboy». Hoy lo es, pero en retirada…

Pocos saben, salvo quienes los veteranos que lo vieron arriba del cuadrilátero, que ese hombre de «altas chapas», flaco, alto, que habla y se viste como un pibe, y que hace reír como un payaso, fue un boxeador popular y populoso. Que le complico la vida a todos los que le trajeron de afuera. Y que fue protagonista de inolvidables y dramáticas batallas.

En las veladas boxísticas, maratones, canchas de futbol, recitales, teatro, carnavales, y fiestas que anden dando vueltas, sus bailes lo transformaron en un showman. Es como las guirnaldas: está en todas las fiestas. Es un honor presentar una de las personalidades más famosas y queridas de la vieja Concordia. Bienvenido boxeador y vendedor de «frutos secos» Martín Bernardo «Cococha» Narváez a «La Ley del Boxeo»:

«Hola querido, ¿cómo estás? ¿Todo bien? Sufra… Ja, ja, ja. Yo siempre quise ser boxeador. Como «Tiriti» Osuna y «El Negro» Bogado, con quienes tuve el gusto de hacer guantes. Mi hermano Luis ha sido boxeador. A mí entrenaba «Banana» Enrique. Hice como 40 peleas amater y otras tantas como profesional. Mi carrera no duro mucho, pero era difícil que me lleven por delante. Usaba mi alcance y las metía fuerte».

«Debuté ganando un 12 de agosto de 1977 a Juan Carlos Galván en Concordia. Luego le gano a Mario Matthysse y pierdo por puntos con Oscar «El Mono» Vallejos, que era de La Bianca. La gente siempre se acuerda de los clásicos con «El Mono» Vallejos, «El Pato» Rojas, y Roberto Yoni, que eran muy buenos boxeadores. Puf, había que aguantarlos… Antes había muchos más boxeadores que ahora y se llenaba, lo mismo que en el fútbol, antes iban miles de personas, repleto. Eran otras épocas…».

«La gente sabe que fui boxeador. Pero los chicos muchos no. Fui un boxeador guapo, duro, y que pegaba fuerte. Lo que me reconforta cuando salgo de mi casa es la gente, que me da su cariño. Los chicos me saludan y me dejan muy contento. Yo disfruto como loco compartiendo».

«Me visto bien, porque me gusta estar presentable en la calle, te levanta el espíritu. Hay gente que nunca vi y siempre me dice «hola Cococha».

«Tengo en mi bolsito maní y salgo a ganarme el pesito. En su momento vendía agujas, hilo, todo lo que había «en la rápida». Salgo al revoleo para hacerme «la diaria».

«A mí siempre me gustó la gimnasia, empecé con el boxeo. Lamentablemente, anduve con problemas de menisco acá y no pude hacer otra cosa después. El boxeo me dejó muchos amigos. Soy una persona que no me niego a nada, me hago querer por mi forma de ser».

«Hace algunos años, salió una noticia que yo había fallecido, fue el tema de conversación, explotaron las redes sociales, jajajá, tuvo en vilo a la ciudad. Salí hasta en El Heraldo. Después los medios y hasta la policía dijeron que estaba más vivo que nunca. Tuve que salir a desmentir por todos lados para que sepan que estaba vivo. Mi mamá justo paseaba por Mar del Plata, y con mis hermanas la llamamos para avisarle que estaba bien».

«Vivo en la zona sur de la ciudad, mis raíces están en la Gruta de Lourdes, donde tengo un especial cariño con el recordado padre Andrés Servín, quién hizo mucho por la gente. Hay muchas necesidades en el barrio y a eso le pudo hacer frente el padre Andrés cuando estaba vivo. Gracias al padre pudimos tener los cordones cunetas, las cloacas. Yo vi cómo trabajó para poder tener el muro de contención, que hoy nos salva de las inundaciones. No hubo otro como el padre Andrés Servín».

«El río es hermoso, tiene miles de colores, como el corso, es imprescindible, pero cuando crece se lleva todo… Las inundaciones nos llevó toda la barriada por arriba. Ex Aeroclub, Tiro Federal, Gruta de Lourdes, Carretera La Cruz… fue un desastre. Después la Pandemia… Yo ando todo el día en la calle, hablando con cualquiera, y sé cómo viven muchas personas. Sin trabajo, mendigando… Me gustaría que vengan las empresas. Y que dejen producir a la gente que siembra cebolla, zanahoria, en el terreno de «los otros». En su momento estaba la Coca, el Molino Río de La Plata, el Frigorífico Yuquerí, Pindapoy… Todo se fue cayendo».

«La pobreza va a existir en toda la Argentina. Lamentablemente, los punteros se la quedan, y no la quieren repartir. En mi barrio hay mamás que tienen diez chicos. Algunos ya han crecido y hasta son padres, pero pocos saben o les gusta trabajar. Cansado de vagos… Ja, ja, ja».

«Quiero ver la gente contenta, dándole prioridad al deporte que te enseña todo. Me gustaría hacer campeonatos de fútbol para reunir a más gente y que las mamás hagan torta frita para vender. La alegría que habría en el barrio sería total. Antiguamente, pasaba eso, y la gente vivía mucho más feliz».

«El ingreso de las drogas a los barrios ha sido un desencadenante. Ha malogrado al país. Es la peor mugre, yo nunca entré en esa. Ni fumo, ni me drogo, solo un poco de alcohol. De tanto en tanto. Como sano, me cuido, lo manejo con la mente».

«Sufrí en carne propia lo que es tener un enfermo por drogas. Mi sobrino David Acuña mató a palazos a mi mamá Marta Bejarano de 85 años, y a mi hermana Mabel Narváez, que tenía 56 años».

«Lo hizo por encargue. Siempre consumió drogas y era un chico violento. «El Pai» Marcelo era su maestro espiritual. Marcelo le pide el sacrificio de las personas más queridas y las eligió a ellas. “El Pai” es trolo y tenían una relación, porque lo compraba dándole drogas a cambio de sexo y lo empezó a usar. “Yo te doy, vos me das”. El le metía todas las ideas, es del barrio Las Viñas”.

“Encontré en su cama un ritual de ropas blancas, un pañuelo, una vela, y un dibujo donde había cuatro mujeres, que serían su hermana menor, mi mamá, mi hermana, y la otra una exnovia. Las flechas del dibujo apuntaban hasta otra figura que decía: “David Manda».

«David se drogaba desde chico y yo lo veía cada vez más cambiado. Lo único que decía era «mamá o abuela dame plata», y con la mirada las dominaba, le tenían terror. Ya les había pegado, pero nunca mi mamá me expresaba nada porque se las tenía que ver conmigo, ya un día lo fajé porque andaba tirando todas las cosas«.

“Veinte días antes de los asesinatos, apareció bañado en sangre, debía permanecer así sin lavarse, y despedía un olor a podrido. Habían hecho un ritual de bañarse en sangre de gallina, eso tenían que aguantarle mi mamá y mi hermana, si le decían que se saque la ropa se enojaba mal, por eso no le decían nada. Terminó asesinándolas a palazos… Y a él le dieron solo veintidós años de prisión… No se hizo justicia».«.

«La venta ambulante de maní en bolsitas es mi especialidad con la muletilla que me distingue: «marihuana-maní, me quedan las últimas 200 bolsitas», «Sufra», «Cansado de Vagos», que siempre dejan una sonrisa en quienes lo escuchan. O son motivo de las memes en redes sociales. Con la imagen de mi cara, ja, ja, ja. Es así… Sufra Cococha. Ja, ja, ja».

«Me gustaría que me recuerden como un buen tipo buena onda que siempre le gustó sacarle una sonrisa a la gente. Deseo que me cremen y me tiren las cenizas al río Uruguay, donde soy muy feliz, por supuesto».

El músico Marcelo Pedrozo fue el autor de la canción «Nocaut» protagonizada por el ex boxeador Martín Bernardo «Cococha» Narváez. El videoclip presenta un homenaje a su figura, se lo ve recorriendo con su bicicleta las calles del barrio Gruta de Lourdes, Carretera La Cruz, saludando a los vecinos por el muro de contención, paseando por la costanera, y culminando su recorrido en el Gimnasio Municipal, donde se prepara y sube al ring. Refleja su vida misma.

«Cococha» es una de esas personas que te la cruzás por la calle y siempre tiene una historia y una sonrisa para ofrecer. La otra noche lo llevamos a su casa con mi amigo «El Legui» y escuchamos sus cuentos de amor «extra maritales». Geniales y sin filtro. Son sensacionales. Como su vida misma. Su carisma lo ha llevado a ganarse muchos amigos. Cuando falta «Cococha» en el río o en el box… Falta el color, el calor, el show, y todo eso que en las fiestas populares tienen mucho valor

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