viernes, 11 de agosto de 2023

PARA EL RECUERDO

CUANDO EL NEW YORK COSMOS ANDUVO DE GIRA POR ARGENTINA

FUENTE: KODRO MAGAZINE:

 El New York Cosmos, el equipo más popular de la antigua NASL y con la superestrella alemana Franz Beckenbauer en sus filas, llegó a disputar hasta 5 partidos amistosos en territorio argentino entre 1978 y 1980.




Primero se enfrentó al combinado juvenil de Argentina (liderado por Maradona), Club Atlético Belgrano, Independiente de Rivadavia y Boca Juniors en 1978; y dos años después, «El Pelusa», vistiendo la camiseta de Argentinos Juniors, volvió a enfrentar al «Kaiser» en territorio argentino. Hay que destacar que aquel no fue el segundo encuentro entre ambas estrellas, sino el tercero, ya que en 1979 se enfrentaron también en el Giants Stadium de East Rutherford.

 

Argentina (combinado juvenil) – New York Cosmos, 3 de noviembre de 1978

Argentina venció 2–1 al New York Cosmos con goles de Maradona y de Barrera, contrarestando el de Chinaglia, en la cancha de San Martín de Tucumán. A pesar de haber jugador en dos épocas distintas, Franz Beckenbauer y Diego Armando Maradona lograron enfrentarse por primera vez gracias a aquel partido. Maradona tenía sus primeras presentaciones con la camiseta del seleccionado juvenil argentino y Beckenbauer jugaba sus últimos partidos con la camiseta del New York Cosmos.

Argentina: García, A. Alves, Rossi, Simón, Barbas, Meza, Rinaldi, Maradona, Escudero, Díaz y Barrera.
Cosmos: Jasin, Formoso, Carlos Alberto, Roth, Eskandarian, Hayre, Beckenbauer, Davis, Seminho, Etherington y Chinaglia.

Club Atlético Belgrano – New York Cosmos, 7 de noviembre de 1978

Belgrano se enfrentó en el Chateau al Cosmos de Nueva York, igualando 1 a 1. El conjunto norteamericano alineó también a Franz Beckenbauer, Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia. El match terminaría empatado a 1. El gol pirata fue marcado por Mario Carballo, a través de un penal.

Las crónicas de la época contaban un dato curioso para nuestras costumbres futboleras: «la organización dispuso de un aperitivo inédito para un partido de fútbol en nuestra geografía: en la previa del encuentro hubo un mini recital a cargo de Gloria Gaynor, interpretando el hit del momento «I Will Survive».

Belgrano: Bossio; Roma, Beccerica, Coletti, Gardiol (Vega); B.Rodríguez, Carballo, Monserrat (Piozzi); R.Rodríguez, Viller (Carranza) y Bonet (Baldessa).
New York Cosmos: J.Brand; S.Formoso, Carlos Alberto, Roth, A.Eskandarián (Morais); T.Garbet, F.Beckenbauer, R.Davis; D.Tueart (G.Etherington), G.Chinaglia y Seninho.

Club Sportivo Independiente Rivadavia – New York Cosmos, 12 de noviembre de 1978

«Parecen aviones». Esa fue la definición de Eduardo Francisco Bazán para ejemplificar el juego del Cosmos. Lo dijo en el camarín de los «Azules» después del 2 a 1 adverso para el campeón mendocino, donde las opiniones fueron unánimes al reconocer la legítima victoria del equipo norteamericano. También lo admitió Hardan Curi aquella noche, que con toda sinceridad señaló: «No sólo nos ganaron bien, sino que nos ganó un gran equipo. Ellos jugaron mucho mejor que contra Belgrano en Córdoba».

El Cosmos, ese equipo que hizo historia en el fútbol estadounidense, dejó a un Independiente Rivadavia que por aquella época era imbatible, sin un invicto de 23 partidos.

Independiente Rivadavia: E.Garín; R.Chavero, E.Marlia, M.Pasqualetto, J.C.Millán; J.Pedernera (E.Velázquez), E.Bazán (A.Godoy), C.García Cambón; J.Funes (M.A.Roríguez), C.Molina (R.Giménez) y D.Garro.
New York Cosmos: J.Brand; S.Formoso, Carlos Alberto, R.Iarusi, A.Eskandarián (O.Nelsi); V.Dimitrijevik, F.Beckenbauer, R.Davis (T.Garbet); Seninho, G.Chinaglia y D.Tueart (G.Elhenington).

 

Club Atlético Boca Juniors – New York Cosmos, 16 de noviembre de 1978

Boca le ganó a Cosmos 4–2 en Mar del Plata en el segundo encuentro de la minigira argentina, con goles de Perotti (2), Zanabria y Salinas. Descontaron Chinaglia y Zazhinho.

Boca Juniors: O.Santos; V.Pernía, F.Sa, R.Mouzo, R.Alonso; J.Benítez, R.Suñé, M.Zanabria; E.Mastrángelo (C.Veglio), C.Salinas y H.Perotti.
New York Cosmos: Yasin; Formoso (Morais), Carlos Alberto, Iarusci, A.Eskandarián; V.Dimitrijevik, F.Beckenbauer, R.Davis; Seninho, G.Chinaglia y D.Teuart.

Habría partido de vuelta ese mismo 1978, concretamente un 9 de septiembre en Giants Stadium de Nueva York, con empate final a 2.

Asociación Atlética Argentinos Juniors – New York Cosmos, 21 de marzo de 1980

El 21 de marzo de 1980, día que comenzó el otoño de aquel año bajo una lluvia torrencial, el Argentinos Juniors de Diego Armando Maradona cayó derrotado 1-2 ante el Cosmos en el estadio José Amalfitani de Vélez Sarsfield.

Por aquel entonces Argentinos vivía momentos muy especiales, era protagonista del Campeonato Metropolitano argentino y jugaba un sinfín de partidos amistosos para mostrar a su máxima estrella, Diego Armando Maradona. Tan solamente 48 horas más tarde de una derrota 1-2 ante Boca, Argentinos salía nuevamente a la cancha, esta vez para enfrentar al Cosmos de Estados Unidos. Argentinos empezó ganando con un gran gol de Diego Armando Maradona, quien con una gran acción dejó en el camino al portero Birkenmeier.

Argentinos Juniors (1): Roberto Rigante; Eduardo Beaulieu, César Bartolomei, Néstor D’Angelo y Adrián Domenech; Ricardo Giusti, Eduardo Solari y Diego Maradona; Lorenzo Román [Miguel Molnar], Silvano Espíndola y José Luis Petti.
DT: Miguel Ángel López

New York Cosmos (2): Birkenmeier; Eskandarian, Carlos Alberto, Durgan y Wilson; Ricky Davis, Franz Beckenbauer y ‘Romerito’; Zeninho, Chinaglia y Liverik.
DT: Mazzei

Goles: 32′ Maradona; 44′ y 68′ Chinaglia

El 30 de julio de 1980, el New York Cosmos se enfrentaría a River Plate en un amistoso disputado en el estadio del Cosmos. 1-1 en el marcador final.

Bonus track: New York Cosmos – Argentina, 6 de junio de 1979

El 6 de junio de 1979, Argentina con su selección absoluta, y con Maradona en sus filas, se enfrentó al New York Cosmos en territorio norteamericano, concretamente el Estadio de los Gigantes. Con gol de Passarella de cabeza, Argentina le ganó 1–0.

Cosmos: Brand, Smith, Rijsbergen, Carlos Alberto, Formoso, Davis, Marinho, Carbonani, Stewart, Chinaglia y Liberich.
Argentina: Fillol, Holguín, Oviedo, Pasarella, Tarantini, Barbas, Gallego, Maradona, Houseman, Luque y Valencia.

miércoles, 9 de agosto de 2023

DOS PAJAROS EN BOCA JUNIORS

CLAUDIO PAUL CANIGGIA Y LUIS HERNANADEZ

FUENTE: KODRO MAGAZZINE:

Claudio Caniggia y Luis Hernández coincidieron en 1997 seis meses en Boca Juniors. El fichaje del internacional mexicano procedente del Necaxa fue el capricho de Diego Armando Maradona para completar un tridente que se prometía demoledor.




Los periodistas le rebautizaron como «El Pájaro», por su parecido físico con Caniggia, jugador conocido con el mismo mote, sin embargo, más allá del increíble parecido físico entre ambos delanteros y de haber sido figuras en Copas del Mundo, también tuvieron en común su vida profesional al más puro estilo nómada. Caniggia firmó por diez clubes entre los que destacaron River Plate, Atalanta, Roma y Boca Juniors, mientras que Hernández tuvo paso por once equipos como Cruz Azul, Necaxa, Tigres y, por supuesto, Boca Juniors.

“El Petrolero” llegó como uno de los cinco jugadores mejores pagados de Argentina (ganado 50 mil dólares al mes de aquella época). No obstante su continuidad dependió mucho de la federación, que en ese momento intentaba convencer al sindicato de jugadores del futbol argentino de la ampliación del cupo de extranjeros (tres foráneos de los 16 jugadores incluyendo titulares era la regla en ese momento).

 Aunque es raro ver a futbolistas mexicanos en Argentina, Boca Juniors acabó fichando a «El Matador», que se ganó el interés del equipo porteño por su destacada actuación en la Copa América de Bolívia de 1997, donde fue galardonado con la Bota de Oro por ser el máximo goleador del torneo. Hernández, a pesar de haber tenido ofertas de Europa, se decantó por el equipo de La Boca el julio de 1997, al conocerse que era un capricho expreso de Maradona para el torneo argentino.

«Se interesaron tres equipos por mí: el Borussia Mönchengladbach, Mónaco y Boca Juniors, pero definitivamente decidí por Boca que fue y sigue siendo algo maravilloso. Simplemente, la impresión de estar con Cani, con Maradona, Fabri, Latorre, Bermúdez, Solano, grandes compañeros», aseguró el jugador.

El delantero nacido en Poza Rica, Veracruz, se convirtió en el primer mexicano de nacimiento, y único hasta la fecha (el nacionalizado Darío Benedetto también lo hizo), en llegar al conjunto argentino y, por lo tanto, el único también en compartir vestidor con el astro del futbol mundial.

Los registros oficiales concluyen que Luis Hernández tan solo disputó cuatro partidos vistiendo la xeneize, y no llegó a debutar en la liga argentina, por lo que solo participó en la Supercopa donde sí pudo dar muestra de sus condiciones goleadoras con dos anotaciones.

Uno de esos dos goles lo anotó para firmar su debut soñado el 24 de septiembre de 1997 formando tridente de ataque con Caniggia y Maradona. Aunque el cuadro bostero perdió 1-2 ante Colo Colo, «El Matador» pudo estremecer las redes y ganarse el abrazo del máximo genio del futbol mundial dentro de la cancha y hasta un insólito festejo fuera de ella, al cual no pudo asistir, por lo que no se salvó después de los reclamos del ’10’ y la confesión de lo que se perdió.

 «Yo debuto contra Colo Colo allá en Chile, pero desafortunadamente perdimos en la Mercosur. Juego con Maradona, con Caniggia y meto el gol del empate. De regreso venimos en el chárter y todos venían ahí más o menos, pero yo venía a disgusto, pero yo había metido mi gol del debut. Eso fue un sábado; el jueves que llegó Diego Maradona, llega, estoy en el vestidor y me dice ‘Luisito, vení, sos un hijo de puta, ¿dónde estabas en el hotel el sábado? Te fuimos a buscar el Guille (Guillermo Coppola) y yo, te íbamos a festejar tu gol, íbamos a festejar tu gol'», reveló Luis Hernández.

Aunque el paso del azteca por Argentina fue fugaz, tan solo 6 meses, hizo gran amistad con Maradona, Claudio Caniggia, Nolberto Solano, Diego Latorre y Jorge Bermudez. «Mi decisión de irme a Argentina fue muy buena. No me arrepiento, al contrario. Estar en Boca fue una de las experiencias más bonitas de mi carrera. Me hice hincha de Boca y nunca me voy a arrepentir de haber tomado esa decisión», comentó el internacional mexicano.

El paso de “El Matador” fue complicado debido a que el técnico, Héctor Viera, tuvo preferencia por otros foráneos como Norberto Solano, Sergio Martínez, Óscar Córdoba y Jorge Bermúdez. A pesar de esto, él quiso continuar en el equipo y pelear la titularidad. En otra entrevista declaró: “No vine a robar, que eso quede claro a la gente de Boca. Si me hubieran dicho que me traían para no jugar, ni hubiera viajado hasta Buenos Aires. No tengo problemas en pelear un puesto, pero de esta manera es imposible”. Disputó dos partidos y marcó dos goles en su paso por “La Bombonera.” Regresó al futbol mexicano con Tigres, teniendo satisfactorias actuaciones con los felinos.


domingo, 30 de julio de 2023

PARA CONOCER EL ORIGEN DE LA PALABRA "KIRICOCHO"

COMO NACIO LA PALBRA "KIRICOCHO" EN EL MUNDO DEL FUTBOL

FUENTE: "DIARIO CLARIN":

La palabra "Kiricocho" es utilizada en el mundo futbolero que desde la década de los '80 se utiliza como "cábala" de quien la dice para "mufar" a un rival. O sea, para que un rival falle a la hora de resolver una situación. Pero, ¿cómo surgió?




Muchos la dicen, pero no todos saben desde cuándo se utiliza o cuál fue su inicio. Lo cierto es que Kiricocho en realidad era una persona, un hincha muy cercano al Estudiantes de La Plata de la década del 70 con el inicio de Carlos Salvador Bilardo como entrenador.

Y el domingo pasado, el Betis no sólo abortó los ataques del líder de la Liga, Real Madrid, gracias a su buen quehacer defensivo, sino que la superstición volvió a hacer acto de presencia con la leyenda de «Kiricocho», que echó una mano en un par de ocasiones para evitar el gol de los dirigidos por Zinedine Zidane.

Lo recogieron perfectamente las cámaras de 'El Día Después', el programa de Movistar+. "¡¡Kiricocho!!" El Betis invocó dos veces la leyenda ante el Real Madrid». En las imágenes, se puede escuchar cómo un futbolista del Betis (dicen que fueron el chileno Claudio Bravo y el argentino Guido Rodríguez) pronunció el popular 'maleficio' justo en el momento en que el madridista Marcelo se disponía a convertir el gol, pero el balón se fue a las nubes...

Kiricocho nació de Carlos Bilardo, quien aprovechó la "mala suerte" de un seguidor propio, llamado de esa manera, para transmitir su mala vibración a los rivales. Bilardo acabó como campeón de Argentina con Estudiantes de la Plata. La leyenda cuenta que mandaba a Kiricocho a recibir a todos los adversarios de Estudiantes y le funcionó....

También cuentan que el segundo entrenador del Betis, el argentino Rubén Cousillas, utiliza entre sus 'armas' el mal augurio de Kiricocho. La palabra se la escuchó al ayudante de Pellegrini  en Betis, pero que también la utilizó en su etapa en el Real Madrid.

La historia es de fines de los 60 y tiene que ver con, justamente, Estudiantes. Resulta que Kiricocho (nadie sabe a ciencia cierta su verdadero nombre) era un hincha del Pincha famoso en La Plata por su mala suerte. Cada vez que el tipo iba a un entrenamiento había un lesionado. Entonces, a un jugador de aquel equipo muy afecto a las cábalas (Bilardo seguro...) se le ocurrió que en lugar de “afectarlos” a ellos, Kiricocho podría ayudarlos mufando rivales.

Alguna vez le preguntaron al propio Bilardo por Kiricocho y dio su  versión: "Kiricocho era un muchacho de La Plata que siempre estaba con nosotros y como ese año salimos campeón lo adoptamos como nuestro amuleto. Era un buen pibe pero después ya no lo vi más. La última vez que estuve dirigiendo a Estudiantes pregunté por él y nadie sabía nada. Pero aunque no lo creas, cuando fui a España a dirigir el Sevilla había un penal para los otros y escucho atrás mío que alguien susurra: 'Kiricocho, Kiricocho' y no lo podía creer, hasta que el Cholo (Simeone) y Diego me avivan que ellos la habían dicho un par de veces y el resto la aprendió. ¡En Europa! Parece mentira pero vos decís 'Kiricocho' ¡Y erran!...".

“Lo conocí porque estaba siempre en la estación de servicios de 1 y 60 donde yo cargaba nafta, y sin llegar a tratarlo mucho supe que era un tipo que probablemente levantaba quinielas en ese barrio cercano a nuestra cancha”, relató alguna vez Juan Ramón Verón, padre de la Brujita. Así, antes de los partidos, Kiricocho era mandado a saludar a los rivales con una tierna palmadita en la espalda. Con la llegada del "Doc" (Bilardo) a la Selección en los 80, el empleo del nombre fue ganando adeptos. Tanto que lo usaron tipos experimentados como Gustavo Alfaro, Leonardo Pisculichi y Paulo Dybala, entre otros, y hasta se lo gritaron a Griezmann al patear un penal en una práctica de la selección de... ¡Francia!

'Kiricocho' ya era leyenda. Y su historia se extendió por el mundo del fútbol, llegando a casi todos los rincones. Jugadores y entrenadores han oído hablar de él y de su poder. También Joan Capdevila que lo utilizó en la final del Mundial de Sudáfrica en la que España se proclamó campeona. "Sólo la he utilizado una vez en la famosa parada de Iker (Casillas) contra Robben. En plan desesperado, lo primero que se me pasó por la cabeza fue la palabra 'Kiricocho'. La he usado una vez y me ha ido bastante bien. No la he utilizado más", aseguro tambi{en en 'El Día Después', de Movistar+. Creer o reventar, dicen...

JCH.

sábado, 22 de julio de 2023

HISTORIA VIVIENTE

FALLECIO ERNESTO MASTRANGELO 

FUENTE: INFOBAE

A los 75 años murió Ernesto Mastrángelo. Y con él se fue una parte de aquel fútbol de los años ‘70, donde fue un implacable goleador, pero también un permanente animador de las concentraciones. Líder positivo se diría ahora. El Heber lo era, siempre con un chiste en la gatera, listo para ser disparado, como aquellos remates certeros que vencían a los arqueros. Jugó en Atlanta, River y Unión, pero el poster de su vida deportiva, se perpetuó con la camiseta de Boca, en los tiempos del Toto Lorenzo, donde ganó todos los títulos posibles. Hace un tiempo, con Infobae había hecho una de sus últimas entrevistas, donde repasó su riquísima historia.





“Llegué a los 15 años a la Capital, para jugar en Atlanta, directo a la pensión que el club tenía en Pampa y Forest. Al primero que me encontré fue al Loco Gatti, al pie de la escalera, por donde yo tenía que subir y él bajaba. Desde ese momento anduvimos siempre juntos, aunque él ya jugaba en River. Hugo fue siempre igual, un verdadero personaje. Empecé como centro delantero y luego pasé la punta derecha. Por ese conocimiento del frente de ataque es que hice muchos goles metiéndome en diagonal”.


Aquella disfonía que gozaron los hinchas Bohemios, festejando las 26 conquistas de Mastrángelo, ahora pasaba a ser potestad de un club grande, cuando al iniciarse 1972 mudó sus goles a River Plate, sediento de títulos, en una sequía que ya había consumido 15 almanaques: “Llegué para formar parte de un plantel espectacular, pero nuestro drama fue que éramos muy jóvenes y eso nos pesó. De mitad de cancha para adelante formábamos con J. J. López, Merlo, Alonso, yo, Morete y Mas. El Beto era un jugador espectacular, que hacía lo que quería con la zurda y Pinino tenía el arco entre ceja y ceja. Le pegaba desde cualquier lado con una puntería tremenda. En el Nacional del ‘72 ganamos por goleada muchos partidos y pudimos ser campeones, pero nos mató el reglamento, porque San Lorenzo ganó su zona y avanzó directo a la final, descansado una semana y nosotros tuvimos que jugar la semi contra Boca un miércoles y el domingo el partido decisivo con ellos en cancha de Velez, que perdimos 1-0. En ese torneo le hice goles a Boca las dos veces que los enfrentamos: en la semifinal y en el histórico 5-4 de la primera fecha”.


Fueron tres años con la camiseta de River, donde la maldición de no poder salir campeón se acentuaba cada vez más. Parecía no alcanzar con los destacados equipos que se conformaban, porque siempre llegaba alguna defección a la hora de las instancias decisivas. Al comenzar 1975 llegó Ángel Labruna a la dirección técnica para cambiar la historia y Heber fue parte del inicio del proceso


“Arrancamos la pretemporada en Necochea e incluso jugué un par de partidos en el torneo de verano en Mar del Plata, donde me sentí muy bien, sin embargo, en todas las charlas, Labruna hablaba de los goles de Morete y los de Pinino, pero a mí no me nombraba. Y en ese momento apareció la gente de Unión, que se portó de manera impecable y se hizo el pase. Me pagaban el hotel, la comida y hasta la tintorería (risas). Me atendieron como en el Real Madrid. A Don Ángel no le gustó, quiso que me quedara, pero yo ya había tomado la decisión, que no era fácil, porque había que irse de River a Unión, que recién había ascendido. Se armó un cuadrazo con el maestro Lorenzo como técnico y donde no fuimos campeones porque teníamos la camiseta de Unión. Cuando veníamos a Buenos Aires, ya nos cobraban un penal en contra en el túnel (risas). De locales terminamos invictos, incluido el que jugamos en Velez contra River. Ganamos 2-0 y Gatti le atajó un penal a Alonso. Allí lo conocí a Juan Carlos Lorenzo y me di cuenta que yo no sabía nada de fútbol. Era un adelantado”.


Un año inolvidable con los colores Tatengues donde marcó nada menos que 21 goles en los dos torneos que quedaron en el recuerdo. La consecuencia lógica era que aparecieran las ofertas, las que surgieron de casi todos los grandes. La más firme fue la de Independiente, en una historia poco conocida: “Faltando unos meses para terminar el ‘75 me vinieron a buscar y Lorenzo me dijo: “Quedate conmigo en Unión hasta fin de año, que pasamos juntos a Independiente, que ya tengo todo arreglado. Venís vos y Gatti también”. Esto no la sabe nadie, pero fue así. En enero, estaba de vacaciones en Rufino, mi pueblo y me llamó el Toto para decirme que no arreglara con Independiente, que él estaba por firmar con Boca y me quería. Pasaban los días y el pase no se hacía, porque había problemas con el 15% que me correspondía por la transferencia. Me empezaron a llamar los dirigentes, pero yo no atendía a nadie, hasta que el mismo día del cierre del libro de pases, vine a la Capital para reunirme con el Puma Armando. Me dio lo que le pedí y me entregó toda la plata del contrato en la mano. Una locura. Un amigo que me acompañaba se la llevó para mi casa, porque de ahí me sumé a la delegación que partió en tren, algo impensado ahora, desde Constitución para Mar del Plata para la pretemporada que se hizo en Tandil”.


El Toto fue el gran alquimista pintado de azul y oro. Logró combinar rápidamente a los destacados futbolistas que estaba en el club (Pernía, Mouzo, Tarantini, Benítez, Felman), con otros llegados de diferentes clubes (Pancho Sa, Toti Veglio), más los que arribaron con él desde Unión (Gatti, Suñé y Mastrángelo). El resultado: un equipo inolvidable, que ganó todo, aferrado al viejo estilo boquense de garra y efectividad: “Ya en el primer torneo (Metropolitano) fuimos campeones y cerramos el año de manera excepcional, ganándole la final del Nacional a River en cancha de Racing. En la previa de ese partido hay una grandiosa de Lorenzo. Yo tenía lastimado un tobillo, pero iba a jugar de cualquier manera. Me hizo vendar el otro, para que los periodistas me vieran y sacaran las fotos. Yo no entendía nada y le dije: “¿Para qué es todo esto maestro?” a lo que respondió como siempre con un guiño: “Para que te peguen en el sano” (risas). Fue una final increíble. Siempre me fue bien contra River con la camiseta de Boca, al punto que solo perdí un partido oficial de los 12 que jugué”.


Alberto J. Armando fue uno de los primeros dirigentes, quizás el precursor, en darle importancia a la Copa Libertadores. Se había quedado en la puerta en 1963 ante el Santos de Pelé, pero ahora se presentaba la chance de una revancha. Boca tomó la participación en la edición 1977 con el único objetivo de ser campeón. Y aquella vieja obsesión se convirtió en dulce realidad ante Cruzeiro en Montevideo con Hugo Gatti como protagonista estelar al atajar el penal decisivo de la definición, de la cual Mastrángelo recuerda una gran anécdota: “Yo estaba contratado por Adidas, que me daba los botines. Allá por abril del ‘77 fui un día a la empresa, me encontré con Amadeo Carrizo, que trabajaba ahí y le pedí un par de guantes de arquero, que por supuesto me regaló. Al otro día en el entrenamiento se los di a Gatti. Cuando terminó la final con Cruzeiro, en medio de la locura y la alegría por el título, se los sacó y me dijo: “Tomá, estos guantes son tuyos”, en un gran gesto, sobre todo porque para que Loco te de algo lo tenés que operar sin anestesia (risas). Ahí me confesó que eran aquellos que le había regalado y que había usado toda la Copa, muy descosidos, pero llegaron hasta el último partido de cábala”.


A partir de la gloria ante el cuadro de Belo Horizonte, en una noche lluviosa y llena de épica en el estadio Centenario, Boca se instaló definitivamente como un equipo copero. Un romance que iba a perdurar eternamente y del que Mastrángelo fue partícipe infaltable en sus inicios: “Fui el único del plantel que disputó todos los partidos internacionales de Boca en ese ciclo. No falté ni en las Libertadores (77 – 78 – 79) ni en la Interamericana contra América de México ni en las dos finales Intercontinentales frente a Borussia, donde hice goles acá y allá. Yo me cuidaba, pero el Toto también, porque antes de los encuentros decisivos en las copas, no me ponía en el torneo local. Es verdad que fuimos campeones del mundo, pero a mí dame siempre la Libertadores”.


En junio de 1978 estaba el gran evento: el Mundial en condición de local. Heber había estado en la selección a comienzos de la década, pero nunca fue convocado por Menotti. En el mes de marzo, el entrenador lo colocó en la selecta lista de 40 que podían disputar la Copa del Mundo, pero él no se hizo ilusiones: “El Flaco me pasó la factura porque a comienzos del ‘72, yo estaba entrenando con él en Huracán y luego firmé para River, que me ofrecía mejores condiciones”.


A fines de 1979 se cerró el exitoso ciclo de Juan Carlos Lorenzo en Boca. La campaña de 1980 fue una de las peores de la historia del club, pero Mastrángelo solo estuvo en el primer partido, ya que una operación de meniscos lo dejó convaleciente y recién volvería a ponerse la azul y oro en 1981 con un nuevo y estelar compañero: “Diego era un pibe bárbaro al que quise mucho. Siempre mantuvimos el contacto y la última vez que hablamos fue cuando estaba en Dubai y lo escuché muy bien, fenomenal. Fue un dolor inmenso el de su muerte porque era una persona excepcional. Cuando vino en el ‘81 hablaba poco porque nos respetaba a los más grandes. Un fuera de serie”.


A lo largo de su extensa carrera se dio muchos lujos y uno de ellos fue tener como compañeros y rivales a dos grandes del arco que marcaron una era indeleble: Fillol y Gatti. “Eran completamente distintos en todo. El Pato no salía a cortar los centros, mientras que el Loco era un especialista en eso, porque lo había aprendido viendo a Amadeo Carrizo en las prácticas de River. Fillol era un monstruo debajo de los tres palos, casi invencible. Le tenías que patear de segunda, tras un amago, porque de primera te la sacaba casi siempre, así le hice el recordado gol en el Monumental en la Libertadores del ‘78, cuando pasamos a la final. De Gatti me asombraba la visión de los palos que tenía, algo impresionante: ubicado de espaldas, sabía dónde estaba el arco”.


Sus goles trascendieron las canchas, a tal punto que muchos años después de retirado, el gran Roberto Fontanarrosa, que no lo había disfrutado con sus amados colores de Rosario Central lo evocó así: “Recuerdo una noche, particularmente amarga, tras haber perdido Central un partido importante contra Unión. Faltaba poco para el final con un 0 a 0 salomónico. A poco de terminar salió un pelotazo para Mastrángelo, puntero derecho Tatengue, que lo dejó cara a cara con el arquero, sobre la derecha, pero en un ángulo bastante cerrado. Mastrángelo le pegó un derechazo bárbaro, alto al primer palo y la mandó adentro. Después lo vi hacer más de un gol de la misma forma, tanto que los pocos que se convierten de esa manera me llevan siempre a pensar que son convertidos “al estilo Mastrángelo”. Heber se emociona con esas palabras: “Que fenómeno Fontarrosa… No sabía que había escrito eso de mí. Un honor inmenso. Me acuerdo de ese gol en la cancha de Central, porque se lo marqué a mi amigo Carlos Biasutto. Fue una noche con mucho barro y en el pique, se hizo difícil dominar la pelota, entonces me abrí, le pegué alto y fue gol. Casi todos mis goles eran de chanfle, con tres dedos. Pero nada estaba estudiado, era por instinto. Definía despacito y eligiendo el lugar”.


La hora del retiro llegó en 1982 y al colgar los botines las redes descansaron de uno de sus visitantes más asiduos. Al poco tiempo, ya estaba trabajando nuevamente en Boca, como lo hizo a lo largo de más de 30 años en diversas etapas y lugares: “Arranqué en el ‘84 como ayudante de campo de Dino Sani, que era el DT de la primera y luego con Alfredo Di Stéfano, al que todos le tenían un poco de miedo, pero yo le hacía bromas y lo hacía reír. Era como un diario mojado, no se le entendía nada cuando hablaba (risas), pero sabía de fútbol una barbaridad. Cuando llegó Menotti en el ‘87 nos echó a todos los que trabajábamos en el club, pero luego pude volver y me di el gusto de ganar 14 campeonatos como entrenador con la 5° y la 6° división de Boca”.


En la década del ‘70 a nadie se le pasaba por la cabeza que podían existir las cadenas de indumentaria deportiva. Era algo utópico y fantasioso. Para conseguir esa ropa, había que ir a la casa de deportes del barrio, que tenía los elementos básicos, aunque a veces nos podía sorprender con alguna maravilla que nos hacía abrir los ojos. En una caja, habitualmente ubicada debajo del mostrador, descansaban tesoros hermosos, que eran los números de plástico con pequeños agujeros, para ser cosidos en camisetas y pantalones. Un clásico era que los chicos pidieran el 7. Con la idea de poder parecerse a ese delantero implacable. Ese mismo que hoy nos dejó, pero que queda en el recuerdo y en el homenaje eterno de aquellos que fueron buenos dentro de una cancha, pero mucho mejores fuera de ella.


miércoles, 19 de julio de 2023

LA HISTORIA DE "COCOCHA" NARVAEZ

EL VENDEDOR DE GARRAPIÑADAS 

FUENTE: "SANSADEPORTES.COM.AR:

Martín Bernardo “Cococha” Narváez nació en San Salvador, pero emigró a Concordia junto a sus padres y allí empezó su carrera como boxeador. En esta nota de “la ley del boxeo” relata su vida. Fui un boxeador guapo, duro, y que pegaba fuerte. Incluso lo dieron por muerto varias veces, pero Cococha sigue vivo y su fama se expande por toda la ciudad. Además, cuenta un hecho escalofriante que derivó en el asesinato de su madre y una hermana.




A continuación la nota que le realizaron en diciembre de 2021.

El invitado de hoy nació en San Salvador, pero sus padres decidieron buscar un futuro para él y sus siete hermanos en Concordia. A sesenta kilómetros al noreste de la «Capital Nacional del Arroz».

Hoy, con 60 años, es un amante del deporte y del río, anda por la arena, hablando, tomando sol, vendiendo maníes en los festivales populares, y siempre entreteniendo y divirtiendo a la gente. Es un personaje como salido de un cuento, o de un dibujito animado, con sus vestimentas únicas y coloridas, que le quedan «pintadas». Físicamente se mantiene impecable. Con un poco más de moneda sería «playboy». Hoy lo es, pero en retirada…

Pocos saben, salvo quienes los veteranos que lo vieron arriba del cuadrilátero, que ese hombre de «altas chapas», flaco, alto, que habla y se viste como un pibe, y que hace reír como un payaso, fue un boxeador popular y populoso. Que le complico la vida a todos los que le trajeron de afuera. Y que fue protagonista de inolvidables y dramáticas batallas.

En las veladas boxísticas, maratones, canchas de futbol, recitales, teatro, carnavales, y fiestas que anden dando vueltas, sus bailes lo transformaron en un showman. Es como las guirnaldas: está en todas las fiestas. Es un honor presentar una de las personalidades más famosas y queridas de la vieja Concordia. Bienvenido boxeador y vendedor de «frutos secos» Martín Bernardo «Cococha» Narváez a «La Ley del Boxeo»:

«Hola querido, ¿cómo estás? ¿Todo bien? Sufra… Ja, ja, ja. Yo siempre quise ser boxeador. Como «Tiriti» Osuna y «El Negro» Bogado, con quienes tuve el gusto de hacer guantes. Mi hermano Luis ha sido boxeador. A mí entrenaba «Banana» Enrique. Hice como 40 peleas amater y otras tantas como profesional. Mi carrera no duro mucho, pero era difícil que me lleven por delante. Usaba mi alcance y las metía fuerte».

«Debuté ganando un 12 de agosto de 1977 a Juan Carlos Galván en Concordia. Luego le gano a Mario Matthysse y pierdo por puntos con Oscar «El Mono» Vallejos, que era de La Bianca. La gente siempre se acuerda de los clásicos con «El Mono» Vallejos, «El Pato» Rojas, y Roberto Yoni, que eran muy buenos boxeadores. Puf, había que aguantarlos… Antes había muchos más boxeadores que ahora y se llenaba, lo mismo que en el fútbol, antes iban miles de personas, repleto. Eran otras épocas…».

«La gente sabe que fui boxeador. Pero los chicos muchos no. Fui un boxeador guapo, duro, y que pegaba fuerte. Lo que me reconforta cuando salgo de mi casa es la gente, que me da su cariño. Los chicos me saludan y me dejan muy contento. Yo disfruto como loco compartiendo».

«Me visto bien, porque me gusta estar presentable en la calle, te levanta el espíritu. Hay gente que nunca vi y siempre me dice «hola Cococha».

«Tengo en mi bolsito maní y salgo a ganarme el pesito. En su momento vendía agujas, hilo, todo lo que había «en la rápida». Salgo al revoleo para hacerme «la diaria».

«A mí siempre me gustó la gimnasia, empecé con el boxeo. Lamentablemente, anduve con problemas de menisco acá y no pude hacer otra cosa después. El boxeo me dejó muchos amigos. Soy una persona que no me niego a nada, me hago querer por mi forma de ser».

«Hace algunos años, salió una noticia que yo había fallecido, fue el tema de conversación, explotaron las redes sociales, jajajá, tuvo en vilo a la ciudad. Salí hasta en El Heraldo. Después los medios y hasta la policía dijeron que estaba más vivo que nunca. Tuve que salir a desmentir por todos lados para que sepan que estaba vivo. Mi mamá justo paseaba por Mar del Plata, y con mis hermanas la llamamos para avisarle que estaba bien».

«Vivo en la zona sur de la ciudad, mis raíces están en la Gruta de Lourdes, donde tengo un especial cariño con el recordado padre Andrés Servín, quién hizo mucho por la gente. Hay muchas necesidades en el barrio y a eso le pudo hacer frente el padre Andrés cuando estaba vivo. Gracias al padre pudimos tener los cordones cunetas, las cloacas. Yo vi cómo trabajó para poder tener el muro de contención, que hoy nos salva de las inundaciones. No hubo otro como el padre Andrés Servín».

«El río es hermoso, tiene miles de colores, como el corso, es imprescindible, pero cuando crece se lleva todo… Las inundaciones nos llevó toda la barriada por arriba. Ex Aeroclub, Tiro Federal, Gruta de Lourdes, Carretera La Cruz… fue un desastre. Después la Pandemia… Yo ando todo el día en la calle, hablando con cualquiera, y sé cómo viven muchas personas. Sin trabajo, mendigando… Me gustaría que vengan las empresas. Y que dejen producir a la gente que siembra cebolla, zanahoria, en el terreno de «los otros». En su momento estaba la Coca, el Molino Río de La Plata, el Frigorífico Yuquerí, Pindapoy… Todo se fue cayendo».

«La pobreza va a existir en toda la Argentina. Lamentablemente, los punteros se la quedan, y no la quieren repartir. En mi barrio hay mamás que tienen diez chicos. Algunos ya han crecido y hasta son padres, pero pocos saben o les gusta trabajar. Cansado de vagos… Ja, ja, ja».

«Quiero ver la gente contenta, dándole prioridad al deporte que te enseña todo. Me gustaría hacer campeonatos de fútbol para reunir a más gente y que las mamás hagan torta frita para vender. La alegría que habría en el barrio sería total. Antiguamente, pasaba eso, y la gente vivía mucho más feliz».

«El ingreso de las drogas a los barrios ha sido un desencadenante. Ha malogrado al país. Es la peor mugre, yo nunca entré en esa. Ni fumo, ni me drogo, solo un poco de alcohol. De tanto en tanto. Como sano, me cuido, lo manejo con la mente».

«Sufrí en carne propia lo que es tener un enfermo por drogas. Mi sobrino David Acuña mató a palazos a mi mamá Marta Bejarano de 85 años, y a mi hermana Mabel Narváez, que tenía 56 años».

«Lo hizo por encargue. Siempre consumió drogas y era un chico violento. «El Pai» Marcelo era su maestro espiritual. Marcelo le pide el sacrificio de las personas más queridas y las eligió a ellas. “El Pai” es trolo y tenían una relación, porque lo compraba dándole drogas a cambio de sexo y lo empezó a usar. “Yo te doy, vos me das”. El le metía todas las ideas, es del barrio Las Viñas”.

“Encontré en su cama un ritual de ropas blancas, un pañuelo, una vela, y un dibujo donde había cuatro mujeres, que serían su hermana menor, mi mamá, mi hermana, y la otra una exnovia. Las flechas del dibujo apuntaban hasta otra figura que decía: “David Manda».

«David se drogaba desde chico y yo lo veía cada vez más cambiado. Lo único que decía era «mamá o abuela dame plata», y con la mirada las dominaba, le tenían terror. Ya les había pegado, pero nunca mi mamá me expresaba nada porque se las tenía que ver conmigo, ya un día lo fajé porque andaba tirando todas las cosas«.

“Veinte días antes de los asesinatos, apareció bañado en sangre, debía permanecer así sin lavarse, y despedía un olor a podrido. Habían hecho un ritual de bañarse en sangre de gallina, eso tenían que aguantarle mi mamá y mi hermana, si le decían que se saque la ropa se enojaba mal, por eso no le decían nada. Terminó asesinándolas a palazos… Y a él le dieron solo veintidós años de prisión… No se hizo justicia».«.

«La venta ambulante de maní en bolsitas es mi especialidad con la muletilla que me distingue: «marihuana-maní, me quedan las últimas 200 bolsitas», «Sufra», «Cansado de Vagos», que siempre dejan una sonrisa en quienes lo escuchan. O son motivo de las memes en redes sociales. Con la imagen de mi cara, ja, ja, ja. Es así… Sufra Cococha. Ja, ja, ja».

«Me gustaría que me recuerden como un buen tipo buena onda que siempre le gustó sacarle una sonrisa a la gente. Deseo que me cremen y me tiren las cenizas al río Uruguay, donde soy muy feliz, por supuesto».

El músico Marcelo Pedrozo fue el autor de la canción «Nocaut» protagonizada por el ex boxeador Martín Bernardo «Cococha» Narváez. El videoclip presenta un homenaje a su figura, se lo ve recorriendo con su bicicleta las calles del barrio Gruta de Lourdes, Carretera La Cruz, saludando a los vecinos por el muro de contención, paseando por la costanera, y culminando su recorrido en el Gimnasio Municipal, donde se prepara y sube al ring. Refleja su vida misma.

«Cococha» es una de esas personas que te la cruzás por la calle y siempre tiene una historia y una sonrisa para ofrecer. La otra noche lo llevamos a su casa con mi amigo «El Legui» y escuchamos sus cuentos de amor «extra maritales». Geniales y sin filtro. Son sensacionales. Como su vida misma. Su carisma lo ha llevado a ganarse muchos amigos. Cuando falta «Cococha» en el río o en el box… Falta el color, el calor, el show, y todo eso que en las fiestas populares tienen mucho valor

LA LEYENDA DEL ARCO

AGUSTIN "EL MONO" IRUSTA DE SAN LORENZO 

FUENTE:"PROYECTOBOEDO.WORDPRESS.COM.AR"

Agustín Enrique Irusta nació el 19 de julio de 1942 en Noetinger, un pueblo de Córdoba cercano a Villa María. Hijo de arquero, hermano de arquero (y posteriormente tío de arquero) su destino estaba escrito debajo de los tres palos.




En 1961 vino a probarse a San Lorenzo. Jugaba en la tercera y mientras esperaba que llegue su oportunidad, trabajaba en el club. Barría, hacía mantenimiento. Fue albañil, cerrajero, electricista y hasta pintaba las butacas del Gasómetro. Dos años después, debutó en primera.

1963 no fue un buen año para San Lorenzo. Arrancó el campeonato dirigido por una dupla de preparadores físicos, Pablo Amándola y Adolfo Mogilevsky. El experimento duró poco: en las 6 primeras fechas, el equipo ganó un solo partido (a Boca, como manda la historia, como toda la vida) empató uno y perdió 4. Se comió 16 goles en 6 encuentros. El arquero era Marwell Periotti. Tras ese comienzo desastroso, la dupla técnica fue eyectada. En la fecha 7 asumió José Barreiro y puso en el arco a Juan Carlos Bertoldi, recién llegado de Huracán. Fue debut y despedida. San Lorenzo perdió 4-3 con Racing y Bertoldi jamás volvió a jugar.

Ante la falta de respuestas de los guardavallas, el maestro Barreiro, gran promotor de juveniles (y futuro creador de los Carasucias) para el partido siguiente le dio la chance a aquel pibe cordobés que era suplente en la tercera. El 23 de junio de 1963, Agustín Irusta defendió el arco del Ciclón por primera vez. En la cancha de Atlanta, San Lorenzo cayó derrotado ante el conjunto local por 3 a 2. Eran 6 derrotas en 8 partidos.

Pero en la fecha siguiente comenzó la recuperación. San Lorenzo le ganó el clásico a Huracán (como manda la historia, como toda la vida) 3-1 en el Gasómetro y el Mono empezó a ganarse el corazón de la gente cuando a los 2 minutos de juego atajó un penal. Terminó adueñándose de la valla azulgrana hasta el final del campeonato, siendo una gratísima revelación en un equipo con sangre joven, que levantó el nivel ganándole a Racing en Avellaneda después de 21 años y 3-0 de visitante a Boca (como manda la historia, como toda la vida).

En ese torneo hubo otros dos partidos que Irusta no se va a olvidar. Así como debutó contra Atlanta, en la segunda rueda contra los Bohemios sufrió la única expulsión de su extensa carrera. Le dió un golpe a Carone y fue expulsado. Por la agresión del Mono, el juez cobró penal. El Tucumano Albrecht se paró bajo los tres palos. Ejecutó Julio Nuin y el tiro se estrelló en el poste derecho.

Y la última fecha del campeonato del ’63 será recordada por siempre como una de las páginas más oscuras y vergonzosas de la historia del fútbol argentino. Independiente recibió en su cancha a San Lorenzo. Si le ganaba era campeón. Una victoria del Ciclón dejaría el torneo en manos de River. A los 20 minutos el Bambino Veira abrió el marcador. Pero el árbitro Manuel Velarde decidió robarle literalmente el partido a San Lorenzo: no cobró un claro penal  contra Casa, le regaló otro a Independiente y dejó que los jugadores del Rojo le peguen arteramente a los azulgranas. Veira, Telch y Zárate salieron lesionados (en esa época no existían los cambios), Páez y Albrecht fueron expulsados y San Lorenzo quedó con 6 jugadores contra 11 de Independiente. Los azulgranas decidieron protestar contra la escandalosa actuación del árbitro haciendo una huelga dentro de la cancha. Se cruzaron de brazos y no opusieron ninguna resistencia. Se limitaron a mirar cómo los rivales convertían. El bochornoso espectáculo terminó 9 a 1 a favor de Independiente. El último gol fue de antología. Coco Rossi pateó contra su propio arco desde la mitad de la cancha y el Mono Irusta la dejó pasar. Después aplaudió irónicamente al juez Velarde, que nunca más en su vida volvió a dirigir. “Nunca supe muy bien qué me pasó. Yo tenía 20 años y tanta bronca contra el referí, Manuel Velarde, que reaccioné así. Es más, sobre el final hubo una jugada en la que Coco Rossi me la tocó atrás y la dejé pasar. Entró, y yo festejé el gol con ironía. Todavía hay gente que me recuerda esa tarde que quedó en la historia… El árbitro jugó para ellos. Incluso no volvió a dirigir más”, recordó el Mono previo a la victoria de San Lorenzo que terminó con el descenso de Independiente en 2013.

1964 fue el año de los “Carasucias”, el mítico equipo al que no le hizo falta salir campeón para quedar flotando eternamente en la memoria popular. Doval, Telch, Areán, Veira y Casa desplegaban su maravilloso fútbol de orfebrería, lleno de flores y guirnaldas, apoyados desde atrás por la jerarquía de Albrecht y la  seguridad de Irusta, quien ya definitivamente consolidado, atajó los 30 partidos de titular.

Al año siguiente también siguió custodiando el arco del Ciclón sin competencia. Una perla de ese 1965 se dio en el match entre San Lorenzo y Lanús en el Gasómetro. Se enfrentaron los hermanos Irusta: Agustín y Rolando, arquero del equipo granate, quien al año siguiente integró el plantel de Argentina en la Copa del Mundo 1966 (el hijo de Rolando y sobrino de Agustín, Gustavo Irusta, fue arquero de Independiente y Talleres en la década del ‘90)

El técnico de la Selección en el Mundial de Inglaterra fue el Toto Lorenzo. Antes de asumir ese cargo, dirigía a San Lorenzo. En 1966 llegó a Boedo Carlos Buttice. Lorenzo le dio la titularidad y Batman, con su estilo audaz y sus fantásticas voladas de palo a palo, se quedó con el puesto. Y gracias a su nivel superlativo, no volvió a largarlo durante los siguientes 5 años.

Durante ese lustro, el Mono jugó poco, pero eso templó su personalidad. Solo un hombre con una tremenda fortaleza anímica pudo aguantar estar más de dos años sin jugar un solo minuto. Sin hacer un solo reclamo, siempre sumando y apoyando a sus compañeros. Durante 1966 y 1967 Buttice tuvo asistencia perfecta. Irusta volvió a custodiar el arco azulgrana recién en la primera fecha del Metropolitano 1968. Y así se dio el gusto de salir campeón por primera vez integrando el fabuloso equipo de “Los Matadores”, el primer campeón invicto de la historia del fútbol argentino. Jugó 5 partidos de esa campaña: el 5-1 a Atlanta en la fecha 1, el triunfo 2-1 a Boca en la Bombonera (como manda la historia, como toda la vida), 0-0 con Racing, 1-1 con Estudiantes y 5-0 a Ferro.

En 1970, “Batman” Buttice volvió a jugar absolutamente todos los partidos y a fines de ese año se fue a jugar al fútbol brasileño. En 1971 Irusta alternó la titularidad con Jorge D’Alessandro. Y en 1972 tuvo su revancha. El mismo Toto Lorenzo que años antes había optado por Buttice, ahora le dio plena confianza y el Mono respondió en forma brillante, alcanzando el pico culminante de su carrera. San Lorenzo, dueño total y absoluto del fútbol nacional, pasó por arriba a todos sus rivales y ganó los dos campeonatos que se disputaron en el año, el Metropolitano y el Nacional (este último en forma invicta una vez más). Irusta fue pieza clave de una defensa inexpugnable. Entre los dos torneos jugó 43 partidos (solo faltó a 5) y en 19 cotejos mantuvo la valla invicta.

En 1973 fue el arquero titular del equipo azulgrana que llegó a las semifinales de la Copa Libertadores. Y en 1974 jugó todo el Metropolitano, pero en el Nacional, Osvaldo Zubeldía le dio la titularidad a Alfredo Anhielo, que había llegado de Defensores de Belgrano. De todas maneras, el Mono se dio el gusto de ganar su cuarto campeonato en el CASLA, habiendo jugado dos partidos, con sendas victorias, Atlético Regina 4-0 y Chacarita 3-1.

En 1975 alternó con Anhielo y otro recién llegado, Ricardo La Volpe. 1976 fue la última temporada del Mono en Boedo como futbolista profesional. Aprovechando la convocatoria de La Volpe para integrar la Selección Argentina, Irusta se volvió a apoderar del arco azulgrana y terminó su ciclo en el club jugando la mayoría de los partidos, haciéndolo en gran nivel. Se ganó el cariño incondicional de la hinchada que lo erigió en uno de sus ídolos y hasta recibió el aplauso de parcialidades rivales, que reconocían su humildad y profesionalismo. Ese año la campaña de San Lorenzo fue paupérrima, poco quedaba de aquellos brillantes planteles campeones de la época dorada del club. Todas las grandes figuras habían emigrado. Era tan grande el caos institucional que cuando el Mono jugó su último partido con el buzo del Ciclón, un empate 2-2 contra Ferro en Caballito, el equipo fue dirigido por la Subcomisión de fútbol: ni técnico había.

En 1977, dieciséis años después de haber llegado a San Lorenzo, Agustín Enrique Irusta fue contratado por Unión de Santa Fe.

Años después volvió al club, su club, para trabajar como entrenador de arqueros, en las inferiores. También lo hizo en primera división, por ejemplo en tiempos del Coco Basile, Ramón Díaz y el Bambino Veira como directores técnicos. En su labor por las divisiones formativas, desde niños pasaron por sus manos arqueros campeones en San Lorenzo, como Saja y Orión, que llegaron a jugar en la Selección mayor o Ramírez, Centeno, Champagne y Devecchi, que integraron seleccionados juveniles. Todos resaltan su sabiduría, experiencia y sus grandes conocimientos técnicos, como también sus inmensas cualidades humanas.

El Negro José Ramírez le destacó al respecto: “La técnica para pegarle a la pelota. Irusta solía corregir esos defectos en los arqueros, te tenía horas trabajando para perfeccionar la pegada y buscaba hacer del arquero un jugador más dándole participación en el juego”.

En San Lorenzo jugó 270 partidos. Está en el Top Ten de máximas presencias en la historia del club en el profesionalismo. Es el arquero que más partidos jugó; el que más veces terminó con la valla invicta: 91 en 270 partidos (33%). El que más campeonatos ganó: 4 títulos (Metro ’68, Metro ’72, Nacional ’72 y Nacional ’74). Atajó 7 penales y lo expulsaron una vez. Y encima barría y pintaba el Gasómetro. Y a la hora de renovar los contratos los firmaba en blanco.  Les decía a los dirigentes: “Ustedes pongan lo que creen que tengo que ganar”.

Como arquero, los hinchas cuervos que lo aplaudieron en la cancha, lo recuerdan enfundado en una polera negra, con su físico imponente, sus manos enormes, sus reflejos, su audacia para arrojarse encima de los delanteros que lo enfrentaban y sobre todo, la más maravillosa pegada en los saques de arco que se haya visto; le daba con tres dedos y la ponía justa en los pies de los compañeros:«Eso lo aprendí de Amadeo Carrizo, un maestro. Yo le pegaba de costado, le daba dirección y la pelota bajaba limpita. Además se las daba al ras del piso. Me salía bien, tuve esa virtud”, explicó con humildad.

Demasiada, para un hombre que es ejemplo de compromiso profesional, amor por los colores, identidad y pertenencia sanlorencistas.

Un hombre que llegó a San Lorenzo a los 19 años, cumplió 80 y sigue ligado al club.

Un hombre que logró convertir el arco en leyenda.



martes, 18 de julio de 2023

EL PRIMER TROFEO PATROCINADO DEL FUTBOL INGLES

"LA MILK CUP "

FUENTE: "KODRO MAGAZINE":

Milk Cup fue el nombre que recibió la League Cup entre 1981 y 1986, y supuso el primer patrocinio de un gran torneo inglés. La compañía Milk Marketing Board Milk Cup abrió de esta forma el camino hacia posteriores patrocinios de la League Cup: Molson Coors/Carling Cup, Coca-Cola Cup, Worthington Cup, Rumbelows Cup, Capital One Cup, Littlewoods Challenge Cup o Carabao Cup.




En la primera final, bajo la nueva denominación, el Liverpool FC se proclamó ganador, y recibió dos trofeos: el de la antigua EFL y el de la Milk Cup, pero a partir de entonces se decidió que un solo trofeo era suficiente para exponer en las vitrinas del ganador. The Reds no solo se llevaron aquella primera Milk Cup de 1982, sino también las dos siguientes ediciones, antes de que el Norwich City y el Oxford United rompieran su monopolio.

A lo largo de la historia la Milk Cup tuvo grandes sorpresas, como cuándo el modesto Southend United se impuso al Fulham por 1-0 con gol de Garry Nelson en 1982.


"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

ESTEBAN CAMBIASSO EN RIVER FUENTE: "KODRO MAGAZZINE" Esteban Cambiasso, tras una llegada prematura al Real Madrid B con 16 años ju...