miércoles, 19 de julio de 2023

LA LEYENDA DEL ARCO

AGUSTIN "EL MONO" IRUSTA DE SAN LORENZO 

FUENTE:"PROYECTOBOEDO.WORDPRESS.COM.AR"

Agustín Enrique Irusta nació el 19 de julio de 1942 en Noetinger, un pueblo de Córdoba cercano a Villa María. Hijo de arquero, hermano de arquero (y posteriormente tío de arquero) su destino estaba escrito debajo de los tres palos.




En 1961 vino a probarse a San Lorenzo. Jugaba en la tercera y mientras esperaba que llegue su oportunidad, trabajaba en el club. Barría, hacía mantenimiento. Fue albañil, cerrajero, electricista y hasta pintaba las butacas del Gasómetro. Dos años después, debutó en primera.

1963 no fue un buen año para San Lorenzo. Arrancó el campeonato dirigido por una dupla de preparadores físicos, Pablo Amándola y Adolfo Mogilevsky. El experimento duró poco: en las 6 primeras fechas, el equipo ganó un solo partido (a Boca, como manda la historia, como toda la vida) empató uno y perdió 4. Se comió 16 goles en 6 encuentros. El arquero era Marwell Periotti. Tras ese comienzo desastroso, la dupla técnica fue eyectada. En la fecha 7 asumió José Barreiro y puso en el arco a Juan Carlos Bertoldi, recién llegado de Huracán. Fue debut y despedida. San Lorenzo perdió 4-3 con Racing y Bertoldi jamás volvió a jugar.

Ante la falta de respuestas de los guardavallas, el maestro Barreiro, gran promotor de juveniles (y futuro creador de los Carasucias) para el partido siguiente le dio la chance a aquel pibe cordobés que era suplente en la tercera. El 23 de junio de 1963, Agustín Irusta defendió el arco del Ciclón por primera vez. En la cancha de Atlanta, San Lorenzo cayó derrotado ante el conjunto local por 3 a 2. Eran 6 derrotas en 8 partidos.

Pero en la fecha siguiente comenzó la recuperación. San Lorenzo le ganó el clásico a Huracán (como manda la historia, como toda la vida) 3-1 en el Gasómetro y el Mono empezó a ganarse el corazón de la gente cuando a los 2 minutos de juego atajó un penal. Terminó adueñándose de la valla azulgrana hasta el final del campeonato, siendo una gratísima revelación en un equipo con sangre joven, que levantó el nivel ganándole a Racing en Avellaneda después de 21 años y 3-0 de visitante a Boca (como manda la historia, como toda la vida).

En ese torneo hubo otros dos partidos que Irusta no se va a olvidar. Así como debutó contra Atlanta, en la segunda rueda contra los Bohemios sufrió la única expulsión de su extensa carrera. Le dió un golpe a Carone y fue expulsado. Por la agresión del Mono, el juez cobró penal. El Tucumano Albrecht se paró bajo los tres palos. Ejecutó Julio Nuin y el tiro se estrelló en el poste derecho.

Y la última fecha del campeonato del ’63 será recordada por siempre como una de las páginas más oscuras y vergonzosas de la historia del fútbol argentino. Independiente recibió en su cancha a San Lorenzo. Si le ganaba era campeón. Una victoria del Ciclón dejaría el torneo en manos de River. A los 20 minutos el Bambino Veira abrió el marcador. Pero el árbitro Manuel Velarde decidió robarle literalmente el partido a San Lorenzo: no cobró un claro penal  contra Casa, le regaló otro a Independiente y dejó que los jugadores del Rojo le peguen arteramente a los azulgranas. Veira, Telch y Zárate salieron lesionados (en esa época no existían los cambios), Páez y Albrecht fueron expulsados y San Lorenzo quedó con 6 jugadores contra 11 de Independiente. Los azulgranas decidieron protestar contra la escandalosa actuación del árbitro haciendo una huelga dentro de la cancha. Se cruzaron de brazos y no opusieron ninguna resistencia. Se limitaron a mirar cómo los rivales convertían. El bochornoso espectáculo terminó 9 a 1 a favor de Independiente. El último gol fue de antología. Coco Rossi pateó contra su propio arco desde la mitad de la cancha y el Mono Irusta la dejó pasar. Después aplaudió irónicamente al juez Velarde, que nunca más en su vida volvió a dirigir. “Nunca supe muy bien qué me pasó. Yo tenía 20 años y tanta bronca contra el referí, Manuel Velarde, que reaccioné así. Es más, sobre el final hubo una jugada en la que Coco Rossi me la tocó atrás y la dejé pasar. Entró, y yo festejé el gol con ironía. Todavía hay gente que me recuerda esa tarde que quedó en la historia… El árbitro jugó para ellos. Incluso no volvió a dirigir más”, recordó el Mono previo a la victoria de San Lorenzo que terminó con el descenso de Independiente en 2013.

1964 fue el año de los “Carasucias”, el mítico equipo al que no le hizo falta salir campeón para quedar flotando eternamente en la memoria popular. Doval, Telch, Areán, Veira y Casa desplegaban su maravilloso fútbol de orfebrería, lleno de flores y guirnaldas, apoyados desde atrás por la jerarquía de Albrecht y la  seguridad de Irusta, quien ya definitivamente consolidado, atajó los 30 partidos de titular.

Al año siguiente también siguió custodiando el arco del Ciclón sin competencia. Una perla de ese 1965 se dio en el match entre San Lorenzo y Lanús en el Gasómetro. Se enfrentaron los hermanos Irusta: Agustín y Rolando, arquero del equipo granate, quien al año siguiente integró el plantel de Argentina en la Copa del Mundo 1966 (el hijo de Rolando y sobrino de Agustín, Gustavo Irusta, fue arquero de Independiente y Talleres en la década del ‘90)

El técnico de la Selección en el Mundial de Inglaterra fue el Toto Lorenzo. Antes de asumir ese cargo, dirigía a San Lorenzo. En 1966 llegó a Boedo Carlos Buttice. Lorenzo le dio la titularidad y Batman, con su estilo audaz y sus fantásticas voladas de palo a palo, se quedó con el puesto. Y gracias a su nivel superlativo, no volvió a largarlo durante los siguientes 5 años.

Durante ese lustro, el Mono jugó poco, pero eso templó su personalidad. Solo un hombre con una tremenda fortaleza anímica pudo aguantar estar más de dos años sin jugar un solo minuto. Sin hacer un solo reclamo, siempre sumando y apoyando a sus compañeros. Durante 1966 y 1967 Buttice tuvo asistencia perfecta. Irusta volvió a custodiar el arco azulgrana recién en la primera fecha del Metropolitano 1968. Y así se dio el gusto de salir campeón por primera vez integrando el fabuloso equipo de “Los Matadores”, el primer campeón invicto de la historia del fútbol argentino. Jugó 5 partidos de esa campaña: el 5-1 a Atlanta en la fecha 1, el triunfo 2-1 a Boca en la Bombonera (como manda la historia, como toda la vida), 0-0 con Racing, 1-1 con Estudiantes y 5-0 a Ferro.

En 1970, “Batman” Buttice volvió a jugar absolutamente todos los partidos y a fines de ese año se fue a jugar al fútbol brasileño. En 1971 Irusta alternó la titularidad con Jorge D’Alessandro. Y en 1972 tuvo su revancha. El mismo Toto Lorenzo que años antes había optado por Buttice, ahora le dio plena confianza y el Mono respondió en forma brillante, alcanzando el pico culminante de su carrera. San Lorenzo, dueño total y absoluto del fútbol nacional, pasó por arriba a todos sus rivales y ganó los dos campeonatos que se disputaron en el año, el Metropolitano y el Nacional (este último en forma invicta una vez más). Irusta fue pieza clave de una defensa inexpugnable. Entre los dos torneos jugó 43 partidos (solo faltó a 5) y en 19 cotejos mantuvo la valla invicta.

En 1973 fue el arquero titular del equipo azulgrana que llegó a las semifinales de la Copa Libertadores. Y en 1974 jugó todo el Metropolitano, pero en el Nacional, Osvaldo Zubeldía le dio la titularidad a Alfredo Anhielo, que había llegado de Defensores de Belgrano. De todas maneras, el Mono se dio el gusto de ganar su cuarto campeonato en el CASLA, habiendo jugado dos partidos, con sendas victorias, Atlético Regina 4-0 y Chacarita 3-1.

En 1975 alternó con Anhielo y otro recién llegado, Ricardo La Volpe. 1976 fue la última temporada del Mono en Boedo como futbolista profesional. Aprovechando la convocatoria de La Volpe para integrar la Selección Argentina, Irusta se volvió a apoderar del arco azulgrana y terminó su ciclo en el club jugando la mayoría de los partidos, haciéndolo en gran nivel. Se ganó el cariño incondicional de la hinchada que lo erigió en uno de sus ídolos y hasta recibió el aplauso de parcialidades rivales, que reconocían su humildad y profesionalismo. Ese año la campaña de San Lorenzo fue paupérrima, poco quedaba de aquellos brillantes planteles campeones de la época dorada del club. Todas las grandes figuras habían emigrado. Era tan grande el caos institucional que cuando el Mono jugó su último partido con el buzo del Ciclón, un empate 2-2 contra Ferro en Caballito, el equipo fue dirigido por la Subcomisión de fútbol: ni técnico había.

En 1977, dieciséis años después de haber llegado a San Lorenzo, Agustín Enrique Irusta fue contratado por Unión de Santa Fe.

Años después volvió al club, su club, para trabajar como entrenador de arqueros, en las inferiores. También lo hizo en primera división, por ejemplo en tiempos del Coco Basile, Ramón Díaz y el Bambino Veira como directores técnicos. En su labor por las divisiones formativas, desde niños pasaron por sus manos arqueros campeones en San Lorenzo, como Saja y Orión, que llegaron a jugar en la Selección mayor o Ramírez, Centeno, Champagne y Devecchi, que integraron seleccionados juveniles. Todos resaltan su sabiduría, experiencia y sus grandes conocimientos técnicos, como también sus inmensas cualidades humanas.

El Negro José Ramírez le destacó al respecto: “La técnica para pegarle a la pelota. Irusta solía corregir esos defectos en los arqueros, te tenía horas trabajando para perfeccionar la pegada y buscaba hacer del arquero un jugador más dándole participación en el juego”.

En San Lorenzo jugó 270 partidos. Está en el Top Ten de máximas presencias en la historia del club en el profesionalismo. Es el arquero que más partidos jugó; el que más veces terminó con la valla invicta: 91 en 270 partidos (33%). El que más campeonatos ganó: 4 títulos (Metro ’68, Metro ’72, Nacional ’72 y Nacional ’74). Atajó 7 penales y lo expulsaron una vez. Y encima barría y pintaba el Gasómetro. Y a la hora de renovar los contratos los firmaba en blanco.  Les decía a los dirigentes: “Ustedes pongan lo que creen que tengo que ganar”.

Como arquero, los hinchas cuervos que lo aplaudieron en la cancha, lo recuerdan enfundado en una polera negra, con su físico imponente, sus manos enormes, sus reflejos, su audacia para arrojarse encima de los delanteros que lo enfrentaban y sobre todo, la más maravillosa pegada en los saques de arco que se haya visto; le daba con tres dedos y la ponía justa en los pies de los compañeros:«Eso lo aprendí de Amadeo Carrizo, un maestro. Yo le pegaba de costado, le daba dirección y la pelota bajaba limpita. Además se las daba al ras del piso. Me salía bien, tuve esa virtud”, explicó con humildad.

Demasiada, para un hombre que es ejemplo de compromiso profesional, amor por los colores, identidad y pertenencia sanlorencistas.

Un hombre que llegó a San Lorenzo a los 19 años, cumplió 80 y sigue ligado al club.

Un hombre que logró convertir el arco en leyenda.



martes, 18 de julio de 2023

EL PRIMER TROFEO PATROCINADO DEL FUTBOL INGLES

"LA MILK CUP "

FUENTE: "KODRO MAGAZINE":

Milk Cup fue el nombre que recibió la League Cup entre 1981 y 1986, y supuso el primer patrocinio de un gran torneo inglés. La compañía Milk Marketing Board Milk Cup abrió de esta forma el camino hacia posteriores patrocinios de la League Cup: Molson Coors/Carling Cup, Coca-Cola Cup, Worthington Cup, Rumbelows Cup, Capital One Cup, Littlewoods Challenge Cup o Carabao Cup.




En la primera final, bajo la nueva denominación, el Liverpool FC se proclamó ganador, y recibió dos trofeos: el de la antigua EFL y el de la Milk Cup, pero a partir de entonces se decidió que un solo trofeo era suficiente para exponer en las vitrinas del ganador. The Reds no solo se llevaron aquella primera Milk Cup de 1982, sino también las dos siguientes ediciones, antes de que el Norwich City y el Oxford United rompieran su monopolio.

A lo largo de la historia la Milk Cup tuvo grandes sorpresas, como cuándo el modesto Southend United se impuso al Fulham por 1-0 con gol de Garry Nelson en 1982.


viernes, 14 de julio de 2023

PARA CONOCERLA MEJOR

¿QUIEN ES LA BOXEADORA CORDOBESA DAYANA SABCHEZ"

FUENTE: "EL DESTAPE"

Dayana Sánchez, la boxeadora argentina que sufrió un incendio en su casa de Córdoba, tiene una interesante y extensa carrera con varios galardones. Junto a su hermana Leonela -hijas del exboxeador Víctor Hugo Sánchez-, y bajo el ala de Virgilio "Pato" Aráuz, dieron sus primeros pasos en el deporte de los puños y trascendieron mucho más allá de su provincia. Ambas púgiles se afianzaron en la Selección de boxeo amateur, pero sólo Dayana logró un hito que quedará en lo más alto por siempre.




Mientras pelea por su vida, es importante destacar que la joven oriunda del Barrio Juan Pablo II fue la primera mujer -y única hasta el momento- que representó al país en la disciplina durante un Juego OlímpicoSánchez lo hizo nada más y nada menos que en Tokio, pero su participación no fue una más. Luego de quedarse con la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Lima 2019"Day" dio positivo en un control antidoping al igual que su hermana y esto peligró la presencia de las dos en Japón. Sin embargo, sólo "Day" los disputó por invitación del Comité Olímpico Internacional (COI) y cayó en la primera ronda.

Luego de hacer historia en el boxeo, Dayana Sánchez esperaba que la sanción por la sustancia furosemida finalmente se levante para poder competir a nivel profesional. Sin embargo, el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) intervino para extenderla por cuatro años -hasta 2025-. Para colmo, la noticia que fue un gancho al hígado para las hermanas llegó en noviembre del 2021 en los días previos al debut de "Day" y un mes antes de que Leonela haga lo propio.

Al margen de este mal momento que vivió, la más grande de las hermanas, nunca se alejó del deporte en el que dio sus primeros pasos a los 14 años. Contra boxeadoras más grandes que ella demostró que tenía mucho futuro en el deporte de los puños y se ganó un merecido lugar en la Selección. Con el paso del tiempo, se colgó varias medallas y cada una tuvo una historia diferente. Sin dudas, la oportunidad de disputar en Tokio también fue una de ellas, aunque no tuvo la merecida presea. Hoy, ambas púgiles tienen un merecido mural en su barrio en el un artista rememoró lo sucedido en Lima.

Los Juegos Odesur de Chile en 2014 fueron los primeros en los que se subió a un podio. Dayana Sánchez consiguió la medalla de plata tras un impresionante torneo y con el tiempo siguieron los éxitos. Ya en 2015, en los Juegos Panamericanos de Toronto, Canadá, confirmó su gran nivel y ganó otra presea tras quedar segunda, pero no consiguió clasificar para los Juegos Olímpicos de Río 2016.

En 2017 fue parte de la Selección Cordobesa de Box y volvió a lucirse: ganó la medalla de oro en el Campeonato Nacional Femenino de Box y y también la V Copa Internacional Femenina Elite “Lic. Carlos Velázquez”. Un año después, formó parte de la delegación argentina en los Juegos Odesur de Bolivia. Por último, en 2021 participó de los Juegos Olímpicos de Tokio, una gran oportunidad que le llegó tras varios años de esfuerzo. Allí, cayó ante la turca Esra Yildiz en los octavos de final por 5-0 en la categoría de 57 a 60 kilos.

El incendio en su hogar del Barrio Juan Pablo II de Córdoba comenzó cerca de las 23 del miércoles 12 de julio y le provocó algunas quemaduras de segundo grado, lo que le generó problemas en las vías respiratorias altas que no dejaron otra opción que intubarla en una sala de terapia intensiva. Según informó el primer parte médico de la joven púgil, se encuentra en un grave estado de salud.

Según informó Virgilio “Pato” Aráuz, el entrenador de Dayana y su hermana Leonela, en diálogo con el diario La Nación, el motivo que generó el incendio fue por una una estufa con garrafa ubicada en el dormitorio de Sánchez, que tuvo inconvenientes para salir de la habitación. “Se quemó todo, el colchón, la pieza y ella no podía salir”.



jueves, 13 de julio de 2023

HISTORIAS GENUINAS

"EL GRAN GAMBETEADOR"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

«Pulga» Rodríguez y su historia de superación cautivan a todos los que amamos a los jugadores formados en el fútbol callejero. El actual jugador de Gimnasia y Esgrima LP ha sido a lo largo de su carrera campeón de Tercera, Segunda división y Primera división de Argentina.


Desde José Sand (Ap 2008 y Cl 2009), no había un jugador que pudiera ser dos veces consecutivas goleador del torneo argentino, además de ser el máximo artillero de la Copa Maradona y Copa de la Liga. Vaselinas, caños, gambetas y demás regalos de un tipo de jugador que difícilmente podemos ver en el fútbol actual. Luis Miguel Rodríguez, más conocido como el «Pulga» Rodríguez simboliza con sus destellos de calidad la agonía de un fútbol que prácticamente ha desaparecido de los terrenos de juego. Y tal es el cariño que le procesa el pueblo que incluso fue abierta una campaña para convocarlo para los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.

Nacido un 1 de enero de 1985, pasó su infancia en Simoca (Tucumán, Argentina) jugando a fútbol descalzo y trabajando de albañil, pintor, y otros trabajos totalmente alejados del deporte, para ayudar a su familia numerosa de 9 hermanos a escapar de la extrema pobreza. «Pocholo», su papá, a pesar de sus limitaciones económicas, pudo regalarle un par de botines cuando Luis Miguel cumplió su décimo aniversario para que no siguiera jugando descalzo. «Cuando se sufre en la infancia, lo que se logra después se valora y se cuida el doble. Uno no se olvida de aquello.» Declaró en un reportaje para «El Gráfico» posteriormente.

A los 13 años, se fue a buscar fortuna en Italia para jugar en el Società Sportiva Arezzo, de la Serie B del Calcio. Estuvo en las divisiones inferiores del club y llegó a jugar el Mundialito de fútbol base que se jugó en la isla Gran Canaria en 2003. A los 14 años fue el Inter de Milán que mostró interés en el atacante de 1,67 metros de estatura. Incluso un futbolista que compartió con él en esa época (Obafemi Martins) llegó a expresar: “Era un jugador impresionante, apilaba a todos los que se le ponían en frente de una manera tremenda”. Finalmente su traspaso al conjunto del Giuseppe Meazza no se dio por motivaciones personales de su representante que lo quería colocar en la liga de Rumanía.

El supuesto acuerdo con el Craiova rumano a cambio de 500 dólares mensuales nunca se llegó a dar y el representante se esfumó dejando tirado a la «Pulga» en una estación de trenes sin dinero, vivienda, ni club, ni siquiera entendía nada de italiano. Después de un larguísimo viaje lleno de escalas, consiguió volver a su casa y le dijo a su madre, Bety, que había decidido no jugar más, “pero mis padres no querían que trabajara y me desgastara porque tenía que seguir jugando».

Así pasó otra vez a ser albañil, en Bernachea-Falcon Servicios y en su tiempo libre participaba en pachangas en una Central Eléctrica. Al tiempo, gracias al aliento de su hermano Walter, retomó la actividad futbolística, jugando primero en UTA, un club menor, pasando luego por Racing de Córdoba, Newell´s Old Boys, Atlético Tucumán (donde llegó de la mano de Jorge Solari y fue campeón del Torneo Argentino A en 2008 y del Nacional B en 2009, campeón del Nacional B en 2015 y finalista de la Copa Argentina en 2017 más la disputa por Copa Libertadores en 2018 que perdió con Grêmio) hasta que en 2018 llegó una oferta del presidente de Colón de Santa Fe, José Vignatti, para incorporarse a su club.

No olvidemos que en el Decano llegó a jugar 323 partidos y marcó 130 goles, convirtiéndose en el segundo máximo anotador de la historia del club, detrás de Santiago Coya Michal (209).

En el club santafesino volvió a tener actuaciones destacadas, tanto en la Superliga como en la Copa Sudamericana, especialmente en esta última donde logra llevarlo a la primera final internacional del Sabalero en su historia. En el equipo de Eduardo Domínguez «El Pulga Rodríguez» pasó por arriba a Racing, hizo golazos y se coronó por primera vez en la historia. El Sabalero fue un merecido campeón de la Primera División Argentina, y le valió su fichaje para el Gimnasia y Esgrima LP.

Entre los otros tantos momentos emblemáticos de su carrera está sin duda alguna la convocatoria de Diego Armando Maradona a la Selección Argentina en el año 2009.


miércoles, 12 de julio de 2023

PARTIDOS QUE NO SE OLVIDAN

INTERCONTINENTAL DE 1963: EL SANTOS DE PELE CONTRA EL MILAN DE RIVERA

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

La Copa Intercontinental de 1963 reunió al mítico Santos FC de «O Rei» Pelé y al AC Milan de Gianni Rivera en tres inolvidables partidos disputados en San Siro y Maracaná, en una de las eliminatorias más recordadas de este torneo.

 


 

El Associazione Calcio Milan se clasificó al ganar la Liga de Campeones de la UEFA 1962-63, al imponerse al Benfica de Eusebio por 2-1 en la final disputada en Wembley, logrando por primera vez su primera Copa de Europa.

 

En la Copa de Campeones de América de 1963 el «Peixe» ingresó en semifinales, por ser el vigente campeón. En dicha instancia se enfrentó con otro equipo de su país, el Botafogo, al que venció por un global de 5 a 1. En la final lo esperaba Boca Juniors con jugadores como Marzolini, Rattín y el polémico Sanfilippo. En el partido de ida, disputado en el Maracaná se impuso el local por 3 a 2, pero llegó a estar 3 a 0 arriba en el marcador por los dos goles de Coutinho y Lima. La vuelta se jugó en la Bombonera ocho días después y otra vez se impuso el Santos dando vuelta el marcador. Los argentinos se avanzaron con un golazo del “Nene”, pero primero Coutinho y luego Pelé le dieron la victoria y el título por segunda vez consecutiva al Santos.

 En 16 de octubre de 1963, en el estadio San Siro de Milán se jugaría el partido de ida, arbitrado por el austriaco Alfred Haberfellner. El partido sería ganado por los «rossoneri» entrenados por el reputado técnico argentino Luis Carniglia por un contundente 4-2. Los goles de Trapattoni, el brasileño Amarildo por partida doble y Mora, se impondrían a los dos de Pelé.

 

Este potente Milan disponía en sus filas de jugadores como Cesare Maldini (padre de Paolo), Bruno Mora, Giovanni Trapattoni, Giovanni Lodetti, Gianni Rivera (Balón de Oro de 1969), y los internacionales brasileños Dino Sani, José João Altafini «Mazzola» (este nacionalizado italiano) y Amarildo Tavares da Silveira.

El Santos de Pelé entrenado por Lula lucía en su once inicial de cracks de la época como Gilmar en la portería, José Ely de Miranda «Zito», Dorval, Coutinho, José Macia «Pepe» y Mengálvio Pedro Figueiró.

El 14 de noviembre de 1963, en el mítico Estadio Maracaná, se jugaría el partido de vuelta, con malas perspectivas para los brasileños, los internacionales brasileños Zito y Calvet causarían baja. Ante un estadio lleno hasta la bandera (150.000 espectadores), el argentino Juan Regis Brozzi sería el colegiado encargado de dirigir el partido. Aunque el partido se puso 0-2 a favor de los italianos al final de la primera parte con goles de Altafini y Mora, el Santos devolvió el marcador del partido de ida en la segunda parte arrollando con cuatro goles marcados por «Pepe» por partida doble, Almir y Lima. El estadio literalmente enloqueció con esta gran remontada histórica totalmente inesperada después de los primeros compases de partido y la inoportuna lesión de Pelé a causa del juego sucio de Trapattoni.

 Dos días más tarde llegaría el partido decisivo, forzado por dos partidos de clara igualdad entre ambos conjuntos. El 16 de noviembre Maracaná rozó la locura, y vivió una de las grandes noches de su larga historia con la victoria del Santos por 1-0, gracias al gol de penalti transformado por Dalmo en el minuto 31 de partido.

Fue un verdadero espectáculo, con abundancia de grandes jugadas de ataque y luchas cuerpo a cuerpo, pura emoción durante 90 minutos. La única nota negativa fue el descarte de Pelé por lesión.

  

martes, 11 de julio de 2023

ENTRE DOS DEPORTES

"RINGO" BONAVENA ENTRE EL FUTBOL Y EL BOXEO:

FUENTE: "DEPORTES Y LITERATURA"




Ringo, el Boxeador que quería ser futbolísta.
Bonavena fué, quizá, el más carismático de los pugilistas argentinos. Batió récords de audiencia en su histórica pelea frente a Mohammad Alí. Pero tenía un sueño que les contaba a los del barrio de su amado Parque Patricios: quería ser futbolista y jugar para Huracán.
“Si fuera futbolista, jugaría para Huracán y de ´fulbá centro´, bien en el medio del área, aunque sea zurdo. Sería una especie de líbero. Me gustaría enfrentarme contra tipos grandotes. Primero, evitar el caño, después el amague, después que me pase, y si me falla todo eso, lo corro y le doy una piña. De esa manera, los delanteros no harían goles”.
Por su querido Huracán lo daba todo, siempe estuvo ayudando a su querido Globo , a jugadores, dirigentes e hinchas, hasta compró el pase de Daniel Wilington para poder verlo en el Ducó.
Ali acostumbrado a sacar de quicio a cualquier rival, lo llamó "Vaca de pies cansados" El argentino respondió rápido: "Andá a la puta que te parió". entre otras cosas que se dijeron.

Un grande Ringo.!!!.

miércoles, 5 de julio de 2023

RECUERDOS QUE SIEMPRE QUEDARAN EN LA RETINA

EL DIA QUE MARADONA ERA PRESENTADO EN EL NAPOLI

FUENTE: "EL GRAFICO"




Si hace falta un ejemplo, esta frase lo dice todo:

Maradona, ere el Carlos Gardel de la pelota

Tal cual. "Ere", sin la ese final. La enorme bandera con los colores del Napoli (celeste fuerte con letras blancas) pendía de la bandeja superior del estadio San Paolo, mientras la barra de Forcella —uno de los barrios de Nápoles— gritaba "¡Diego! ¡Diego!" al compás de cien tamboriles.

¡Vamos, Maradona, todavía!

Enfrente, en la otra cabecera, otra enorme insignia identificatoria de "La barra de Posillipo", que lidera el argentino José Alberti, le arrimaba a Diego la frase de estímulo que parecía provenir de cualquier barrio de Buenos Aires.

Maradona pensaci tu se non succede mo'non succede chiu.

L'Argentina tua sta aca, non potinmo chiu aspetta.

Es una cuarteta del "Himno a Maradona" que los altavoces repiten una y otra vez. Algo así como una plegaria para que Maradona cumpla el milagro de hacerle ganar al Napoli su primer campeonato de la Serie "A": "MARADONA OCUPATE VOS/ SI NO SUCEDE AHORA NO SUCEDERA MAS/ LA ARGENTINA TUYA ESTA AQUI/ NO PODEMOS ESPERAR MAS". De pronto, calla el "Himno" y los altavoces derraman los compases de Choclo", ahora adaptado a una letra litúrgica (el "Tango a Maradona") con la que Nápoles quiere meterse debajo de la piel del nuevo ídolo y ganarle el corazón.

Cierro los ojos. No, no estoy en Buenos Aires. Y este estadio ni se asoma al Riachuelo, ni tiene a sus espaldas el enorme río color terracota, ni se yergue sobre las chimeneas laburantas de Avellaneda. Esta es Nápoles, es el estadio San Paolo. Nápoles, la del Vesubio y del mar transparente, por veinticuatro horas —gracias a Diego Maradona— vestida "a la Argentina".

Hay un relámpago en mi mente. Y re-paso todas las claves descifratorias que nos han hecho a nosotros, argentinos, un poco napolitanos: la inmigración cuyos barcos partían del puerto de Nápoles, los sainetes de Vaccarezza heredados de la vieja "sceneggiata" napolitana, la lúgubre filosofía existencial de Discépolo, la mitología maleva (¿cuántos saben en la Argentina, por ejemplo, que nuestro "guapo¨ es una institución de rancia estirpe napolitana?), el aporte al lunfardo. Y. sobre todo, esta incapacidad tan propia de nosotros para los términos medios que constituye uno de los aspectos menos equilibrados de nuestra idiosincrasia: amamos frenéticamente u odiamos con enfermiza pasión. Sin términos medios. Pasando de uno al otro extremo con irracional facilidad. Es ahí donde nuestros ancestros napolitanos suelen hacernos la zacandilla.

Amor u odio. Hoy, amor. Capaz de todo. Como el de este Gennaro Espósito (120 kilos de peso. desocupado), que el viernes pasado, al enterarse de que el Barcelona no quería vender a Maradona, y después de haber intentado con otros "tifosi" tomar por asalto el consulado es-pañol en Nápoles, se encadenó a las rejas del San Paolo. "estampita de Diego en mano, jurando no soltarse hasta que el pase no se concretase.

Lo imagino a Gennaro allá arriba, envuelto en una bandera de su Napoli idolatrado, rimando el nombre de Diego, como aquel Vittorio Gassman que en un filme de Dino Risi encarnaba al "tifoso" de este club increíble.

Una ovación que me daña los oídos me saca de mis pensamientos. Allí está. emergiendo por el túnel. Diego Armando Maradona. Sonriente, pero sin poder di-simular su emoción. Una bufanda con los colores del Napoli al cuello, una remera celeste, zapatillas albiazules. El San Paolo tiembla hasta los cimientos. Y la explosión, seguramente, agita incluso las quietas aguas del golfo, algunos kilómetros más allá.

Una explosión que sella el comienzo de una historia de amor: la de los napolitanos y de Maradona.

Nápoles, acá estoy...  

Diego había llegado a Italia el día anterior, en el vuelo AZ 357 de Aldaba que une Barcelona con Roma. No había querido viajar por Iberia, como homenaje a la empresa aérea estatal del país donde jugará. Ocupó, con Jorge Cyterszpiler a su lado, el asiento "K" de la fila 4 del Boeing "Cittá di Aquileia". El comandante Antonio Ussai lo invitó a pasar a la cabina de control. "Maradona sufrió una breve turbación cuando avistamos la isla de Cerdeña y le dije que estaba viendo el país que lo estaba esperando", cuenta ahora Ussai. De vuelta a su puesto, comió langosta. Y apenas bebió un sorbo del espumante italiano abierto en su honor.

En el aeropuerto de Barcelona, había dicho las últimas palabras de fuego contra los dirigentes del club catalán:

"Son los peores del mundo. . . Llegaron incluso a decir que no tengo un centavo, yo que podría prestarle plata a ellos". Pero esa bronca contenida se había borrado de su cara cuando el Boeing inició la maniobra de aproximación hacia el aeropuerto de Fiumicino, donde tocó tierra, puntual. a las 14.05 horas del miércoles 4 de julio de 1984.

Las instrucciones de los dirigentes del Napoli habían sido precisas. Y la mayor parte de los periodistas y fotógrafos que querían tener acceso al área restringida se quedaron afuera. Sólo seis de ellos pudieron llegar hasta el pie de la escalerilla, por donde Diego bajó a las 14.30. Lo esperaban tres automóviles con chapa de Caserta. una ciudad cercana a Nápoles: un BMW blanco, un Volvo metalizado, un Range Rover. Doscientos policías rodeaban al avión. Para Maradona. ni control de pasaporte ni control aduanero alguno: "No se había producido nunca algo así. es el mecanismo destinado a los reyes y a los jefes de Estado". comentaba después un empleado del aeropuerto.

AI margen del contrato  que liga a Maradona con el Napoli por los próximos cuatro años (800.000 dólares por temporada), hay ocho cláusulas particulares entre el club y el jugador. Se trata de un anexo con todo aquello que el Napoli debe garantizar a Diego. Son éstas:

1) Maradona recibirá el 15 por ciento de los 13.000 millones de liras que Ferlaino pagó por su pase (o sea alrededor de 1.700 millones de liras. equivalentes a un millón de dólares).

2) A Maradona le destinarán una villa con piscina sobre el mar.

3) El Napoli entregara a Jorge Cyterszpiler una casa

4) El Napoli pondrá a disposición del jugador dos automóviles (en Barcelona tenía cinco).

5) Por cada partido amistoso que el Napoli realice con la presencia de Maradona. al jugador le corresponderá el 25% de lo pactado.

6) El Napoli concederá a Maradona diez pasajes aéreos Nápoles-Buenos Aires-Nápoles

7) Los premios por partido serán dobles.

8) Los ingresos publicitarios se dividirán así: por la 3 fotografías colectivas del equipo irán directamente al Napoli: si Maradona viste la camiseta del equipo, el jugador se llevará el 50% y otro 50% el club; si Mara dona apareciera vestido con ropas civiles, se llevara el 80% y el Nápoli el 20%

"Quiero ser el ídolo de los pibes pobres..."

Antes de meterse en el Range Rover con Cyterszpiler, Maradona aceptó hablar con los periodistas:

"Quiero convertirme en el ídolo de los pibes pobres de Nápoles, que son como era yo cuando vivía en Buenos Aires", dice serio y concentrado. No omite nuevos y durísimos juicios contra los dirigentes del Barcelona: "Son como la peste, hay que vacunarse contra ellos, pero ya se van a arrepentir por haberme hecho lo que me hicieron-. Y vuelve a rebatir que no es cierto, que no está en crisis económica: "Son rumores falsos, me acusan de ser rico, pero mi mente es pobre, porque quedó la misma que tenía años atrás, cuando jugaba por las calles de Buenos Aires. Con un colofón: "Soy rico, pero de espíritu".

Pocos minutos después, la caravana dejó el aeropuerto por un portón reservado. A las 16.00 horas ya estaba viajando por la autopista "A 2" rumbo a Nápoles, con el BMW a sus espaldas que llevaba a los dirigentes Antonio Tagliamonte y Enrico lsaia.

Hacía calor, un calor pegajoso "a la napolitana". Las calles estaban desiertas. Destino: el estadio San Paolo, para el primer control médico. Cuentan que Diego Pidió que le dejasen pisar el césped y que Permaneció mudo por algunos minutos, contemplando el estadio desierto y silencioso. Sólo algunos "tifosi" se habían dado cuenta de que estaba allí. Y, otra vez Por una salida secundaria, el Range Rover que huye y se dirige al puerto, donde están los aliscafos que llevan a la isla de Capri. Allí fue recogido por el yate Silfra II", del dirigente Tagliamonte, un neo hombre de negocios. Ya en Capri, en otro automóvil. Maradona fue llevado al restaurante "La Capannina", que estaba cerrado, y después al "Quisisana", donde comió tortellini con crema. Pasada la medianoche, embarcó nuevamente en el "Silfra II" que puso proa a Nápoles. Poco antes de las dos de la madrugada, Diego se desplomaba, exhausto pero feliz, en una cama de la habitación 212 del hotel Excelsior.

Jueves 5 de julio de 1984. Lo despertaron temprano, á las 08.30 horas. Diego desayunó (junto al infaltable Jorge Cyterszpiler) café con leche, medialunas y jugo de frutas.

Ahora, en una "mini", lo llevaron a una clínica situada en via Manzoni, en el centro de Nápoles. Allí lo sometieron a una segunda revisión médica, radiografiándole las piernas, extrayéndole sangre para ser analizada y haciéndole una radioscopia de tórax. Poco antes del mediodía, y ante el asedio de los cronistas que amenazaban con voltear la puerta de la clínica, Diego fue sacado por una puerta secreta llamada "de los adioses", pues por allí salen los difuntos.

Mientras tanto, ya Nápoles estaba vestida de fiesta. Centenares de chicos (los famosos "scugnizzos") invadieron la céntrica via Roma con la cara de Diego sobre el pecho, estampada en las reme-ras color celeste. De las casas de música, de los puestos callejeros, se alzan los compases de "El Choclo" con la letra del "Tango a Maradona". Explotan cohetes, cañitas voladoras, petardos de todo tipo. Los vendedores ambulantes ofrecen tambores para ir al estadio ("O'tamburiello e'Maradona") y gorros con la leyenda "Diego, tu sei 'na cosa grande". Hay un enorme cartelón que quiere expresar en un fatigoso castellano su agradecimiento: "Bienvenido, Diego". Sí, "bienvenido". Muchos se preguntan si ya habrá llegado a Pompeya Carmelo Buttafuoco, el "ti-foso" que salió el día antes, descalzo y con un burro, que es el símbolo del Napoli, para agradecer a la virgen haber permitido la compra de Maradona. Cincuenta kilómetros sobre el asfalto quemante, pero con el corazón encendido de agradecimiento.

A las 13.30, Maradona, Cyterszpiler y los dirigentes Tagliamonte y Celentano estaban almorzando (langosta asada en manteca) en "La Sibilia", una trattoria de Pozzuoli. "Estoy cansado pero muy contento de estar entre ustedes". diría Diego a los pocos periodistas que le habían se-guido el rastro. Dos horas después llegaba al estadio, donde fue presentado privadamente a cada uno de los dirigentes. El presidente Corrado Ferlaino sintetizó el pensamiento de todos "Hoy comienza un ciclo, estamos cansados de pelear por no irnos al descenso. Nápoles se merece de una buena vez un título de campeón, por eso trajimos a Maradona. . . –

Puntualmente, a las 17.30, comenzó la conferencia de prensa. Estaban presentes 242 periodistas y fotógrafos de todo el mundo. Una ráfaga de preguntas obvias lo ametrallaron, mientras Maradona no cesaba de acariciar una pequeña estatuilla que le había regalado el escultor napolitano Genaro Sguro. Nada original ni novedoso, hasta que Alain Chaillon, de la televisión francesa, interrogó: "Quisiera saber si usted conoce que en Nápoles está la Camorra y que también está presente en el fútbol..."

Diego palideció por un instante. Era una pregunta fuera de libreto. La respuesta vino de Ferlaino. Colérico, enfurecido, el presidente se puso de pie: "Su pregunta es ofensiva, me mortifica. Le ruego que se vaya de acá. . ." Chaillon no se movió. Y entonces Ferlaino gritó: "Bien, entonces yo lo expulso como presidente del Napoli, ¡afueral..." A Chaillon no le quedó otro remedio que irse, antes de que el servicio de orden, con poca delicadeza, lo pusiese de patitas fuera del salón. Lo que siguió no interesó más a nadie. Se estaba a minutos no más del plato fuerte a pocos metros de allí, en el estadio repleto.

A las 18.25, Diego pisó la gramilla. La tierra pareció abrirse por esa ovación interminable. De las tribunas aterrizaba una histeria incontenible: cohetes, claveles blancos y azules, papelitos multicolores. Diego empezó a dar una especie de vuelta olímpica, saludando a las tribunas y tirándoles besitos. Nápoles estaba a sus pies. Terminado el giro, encaró hacia el centro del campo, donde había una enorme bandera del Napoli. Allí tomó el micrófono y dijo, en italiano: "Buenas tardes, napolitanos. Estoy muy feliz de encontrarme entre ustedes". Alguien le tiró una pelota que Diego —luego de lucirse haciendo jueguito— pateó bien lejos, de voleo como una ofrenda al público. Y el estadio San Paolo rugió. Con un rugido que parecía provenir de miles y miles de leones enjaulados.

En ese momento, una corona simbólica había sido colocada sobre las sienes de Maradona, consagrado el rey de Nápoles.

A Diego lo esperan en Nápoles para la concentración que se iniciará el próximo 25 de julio. Hubiera deseado algunos días más de descanso en la Argentina, pues ha estado muchos días bajo presión, pero el técnico Marchesi lo quiere para esa fecha.

Además, deberá solucionar algunos aspectos logísticos de importancia. Por ejemplo, dónde vivirán él y sus acompañantes. Según parece, la Villa Chieffi, que está en el barrio de Posillipo asomada al mar y que en tiempos pasados era residencia estival de la casa real de Saboya, es demasiado chica para las necesidades de Maradona. Quizá su morada definitiva sea la Villa Ema, que en otras épocas perteneciera al conde Baracca, un castillo paradisíaco levantado en medio de un parque de ensueño.

Esta y otras cuestiones las deberá resolver Diego a su regreso a Italia, dentro de quince días, cuando ya habrá pasado la conmocionante euforia inicial y el fútbol, con su verdad inapelable, se prepare para reencontrarse con su magia...

BRUNO PASSARELLI (Corresponsal en Italia) /Fotos: STEFANO MONTESI (Enviados especiales a Nápoles)

Hay coincidencias increíbles: el Jumbo de Alitalia que me llevaba a Roma, en el vuelo AZ 577, aterrizó en Fiumicino apenas media hora antes del avión que, desde Barcelona, traía a Italia a Diego Armando Maradona como flamante jugador del Napoli. Los periodistas italianos —entre los que sigo contando con muchos amigos— creyeron entonces que todo obedecía a un plan preestablecido para encontrarme con Diego en el aeropuerto romano.

Pero se llevaron una gran desilusión: mi viaje a Italia fue por un asunto de negocios, aunque confieso que me hubiera gustado muchísimo asistir a la fiesta en el estadio San Paolo. Lamentablemente, no pudo ser. Los dirigentes del Napoli no me habían invitado. Y cuando lo hicieron, yo ya estaba lejos, ocupado con mis cosas, por lo que me resultaba imposible llegar a tiempo.

Diego ahora está en Buenos Aires y no tengo ninguna duda de que, en más de una ocasión, habrá recordado lo que le dije tantas veces: "El público de Nápoles es fantástico, no hay nada igual en el mundo...". Y reconocerá que tenía razón. Porque, aun sin haber estado, no tengo que esforzarme mucho para imaginar lo que fue esa fiesta. Los napolitanos son así: abren el corazón de par en par y entregan todo sin escatimar absolutamente nada. No hay otros hinchas como ellos en ninguna parte.

Como era previsible, desde que estoy en Italia, no cesan de preguntarme sobre Diego y de hacer comparaciones entre él y yo, olvidando que los parangones no tienen mucho sentido en el fútbol, sobre todo con casi veinte años de diferencia. Basta recordar algo: Diego iba a llegar en helicóptero; yo, en 1965, puse los pies en la estación ferroviaria de Mergellina…

Me hubiera gustado encontrarme con mi viejo amigo Franco Janich, quien en 1975 era el director deportivo del Napoli. Fue en los tiempos en que yo entrenaba a River Plate. En la canchita auxiliar, en un día de práctica, vi un partido entre las séptimas de River y de Argentinos Juniors. Hubo un pibe que me deslumbró: no tenía todavía 15 años, pero hacía cualquier cosa con la pelota. Cuando lo encontré a Janich, le dije: "Compren enseguida a ese chico, va a ser un fenómeno". Claro, en Italia las fronteras estaban cerradas a los extranjeros, pero a Janich le di la solución: hacer jugar al pibe en otro país (recuerdo que le hablé de Bélgica), reteniendo obviamente la propiedad, hasta que el impedimento se terminara. Después no pasó nada, no sé por qué. Ni hace falta que diga que ese mocoso era Diego Maradona.

En los años siguientes, una y otra vez, hablé en Italia con la gente amiga sobre quien sería indudablemente un enorme talento futbolístico. Se lo mencioné al abogado Gianni Agnelli antes del Mundial de 1978, y creo que Agnelli —un hombre que tiene gran olfato futbolístico— se lo indicó a mi amigo Boniperti, presidente de Juventus, pero Giampiero no inició ninguna gestión. Cuando quiso hacerlo, en junio de 1980, viajando jun-tos de incógnito a Buenos Aires, era demasiado tarde: ya estaba en marcha la negociación que lo llevaría al Barcelona.

En el Napoli, Maradona va a vivir una aventura digna de una fábula. Va a encontrar el calor, el afecto y la protección que, según dice, le faltaron siempre en el Barcelona. Pero debe corresponder, y estoy seguro de que lo hará, entregándose entero, en cuerpo y alma, al club y a la ciudad que está detrás. Algo así como ser digno de los napolitanos, quienes ya han demostrado su seriedad no sólo por el modo tenaz y profesional con que manejaron la negociación, sino también reforzando considerablemente el equipo para que sea fuerte y competitivo.

Al Napoli llegan dos delanteros ideales para complementarse con Diego: Bertoni y Penzo, un muchacho que jugó el año pasado en Juventus y que la mete siempre adentro, aun con sus límites técnicos. A mí me hace acordar a veces a Luisito Artime. Además, compró a Salvatore Bagni, un mediocampista de marca y lucha, que viene del Inter y es titular en la actual Selección de Enzo Bearzot. A ellos se les van a sumar quienes han quedado del equipo del año pasado: el arquero Castellini, Marino, Ferrario (un stopper grandote y muy fuerte), Bruscolotti... En síntesis, el Napoli tiene todo para armar un conjunto combativo y de personalidad en el que Diego tendrá toda la libertad que necesita para imponer su talento. También me gustó mucho lo que dijo el técnico Rino Marchesi: "¿Cómo voy a hacer jugar a Maradona? Como él quiera. . . ¿O voy a ser tan tonto de indicarle yo a un genio como Diego lo que tiene que hacer en la cancha?".

Y ahora, con relación a España, Diego tendrá una gran ventaja: en Italia se juega fuerte, pero los defensores son más nobles, más leales, van siempre de frente. Claro está, no le van a dar espacio, tendrá siempre uno o dos contrarios siguiéndolo por toda la cancha. Ya se vio lo que pasó en el Mundial de España cuando lo marcó Gentile. Y acá se me ocurre que tenía razón Agnelli, que es un gran entendedor de fútbol, cuando dijo que Maradona muestra un defecto: "No sabe ser en la cancha malo como era Sivori".

Diego soporta demasiado el rigor de los contrarios, se resigna a los golpes. Y después, cuando reacciona, lo hace infantilmente, sin lo que en Italia llaman "furberia", y que no tiene en español una traducción exacta. Entonces sucede lo que le pasó en el partido contra Brasil del Mundial '82: le pega una patada en el estómago a Batista y lo expulsan. Cuidado... no es que critico su reacción. En lo que no estoy de acuerdo es en la forma. También vale el ejemplo de todo lo que le hizo Gentile en Barcelona: conmigo, estoy seguro, las cosas no habrían funcionado igual. . . Así como él me podía hacer de todos los colores, yo me habría sacado más de un gusto. Y lo mismo habría hecho Pelé, que era un fenómeno, pero en la cancha se las sabía todas, recurría a cualquier artimaña y, si era necesario, respondía golpe por golpe. Con Pelé nos enfrentamos tres veces y siempre se produjo algún corto circuito: ninguno de los dos nos achicábamos en los topetazos ni un milímetro.

Si Maradona aprende esto, o sea ser más "furbo", puede tener en Italia una trayectoria fenomenal. Es uno que lucha siempre, que no se rinde, que no acepta perder por nada del mundo. Eso es lo que los napolitanos quieren. Y con su zurda hace lo que quiere.

El Napoli, comprándolo, ha hecho un negocio gigantesco: no sólo porque con los abonos del próximo Campeonato ya pagará práctica-mente los siete millones del pase, sino porque Diego no tiene todavía 24 años. Basta echar una ojeada a los otros extranjeros que terminan de llegar a Italia: Rummenigge va a cumplir 29 años, y Sócrates tiene 30. De los que ya están, Zico tiene 31; Platini, 29; Falcao, 30... Diego recién cumple los 24 el próximo 30 de octubre. Es decir que se trata de una inversión que puede tener para el Napoli un rédito fabuloso, económico y deportivo.

El próximo Campeonato Italiano va a ser apasionante con tantas estrellas. Y estoy seguro que el Napoli —mi Napoli—, con Diego, va a estar peleando bien arriba, como gran protagonista. Diego, el que yo conozco, no el del Barcelona, no va a de-fraudar en Italia. Tiene demasiado amor propio y unas ganas enormes de demostrar que esos 80.000 napolitanos que se dieron cita en el San Paolo no se equivocaron al depositar en él su confianza incondicional.

ENRIQUE OMAR SIVORI

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

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