miércoles, 8 de junio de 2022

FUTBOL INSOLITO

CUANDO EL FÚTBOL ARGENTINO JUGO UNA FECHA EN NOCHEBUENA 

FUENTE: CLARIN

 Hubo un año, en 1933, en el que los 18 equipos profesionales jugaron el 24 de diciembre. Y en la otra Liga, la Amateur, Chicago y Banfield definieron un título de campeón. No falló ninguna estrella de la época: Francisco Varallo y Delfín Benítez Cáceres (Boca); Carlos Peucelle, Bernabé Ferreyra (River); Evaristo Barrera, Vicente Zito (Racing), Fernando Bello y Hugo Lammana (Independiente); Diego García y Arturo Arrieta (San Lorenzo); Herminio Masantonio (Huracán); Iván Mayo (Vélez), en otros, jugaron y luego se fueron a festejar con sus familias. 


                    Francisco Varallo, de Boca, hizo 2 goles el 24 de diciembre de 1933.

El tercer cisma en el fútbol argentino se produjo en 1931, con el nacimiento de la Liga Argentina de Foot-ball. Fue el inicio de la era profesional. Los jugadores ahora firmaban contratos y debían cumplir mucho más con las exigencias que determinaba la dirigencia (en la era amateur también pero sin un compromiso firmado). Además del campeonato de Liga, por aquellos años también se disputaba la Copa Competencia y la Copa de Honor Béccar Varela. La segunda edición de esta última, en 1933, se jugó en dos etapas, una clasificatoria en la que tomaron parte los 18 clubes de la Liga y una ronda final disputada entre los 8 clubes mejor ubicados, a los que se sumaron representantes de Rosario, Córdoba, Santa Fe y Uruguay. Una Copa federal e internacional.

El campeonato de 1933, que ganó San Lorenzo, finalizó el 19 de noviembre. En diciembre comenzó la etapa clasificatoria de Liga profesional. La última de las cuatro fechas se jugó el 24 de diciembre. Se jugaron nueve partidos y, según lo que publicó el diario El Mundo, hubo una asistencia de casi 60 mil personas. Los resultados fueron los siguientes: Chacarita 4-Boca 3; Ferro 5-Atlanta 1; Gimnasia 7-Lanús 2; Huracán 2-San Lorenzo 2; Quilmes 0-Independiente 1; Racing 3- Argentinos 0; River 3-Vélez 1; Talleres 2-Platense 2; y Tigre 1-Estudiantes 1. En ese día de Nochebuena hicieron goles Varallo, Benítez Cáceres, Nicolás Infante, Manuel Fidel, Enrique Gainzarain, Masantonio, Zito, Barrera, Peucelle, Mayo y Tomás Beristain. Independiente fue el único equipo que ganó los cuatro partidos. También se clasificaron a octavos Racing, Atlanta, Ferro, Estudiantes, Tigre, Vélez y Platense. El torneo finalizó el 11 de febrero de 1934 y fue campeón Central Córdoba de Rosario.

En paralelo, en la Asociación Amateur, Chicago y Banfield jugaron la final de la Copa Competencia Jockey Club. Se jugó en cancha de Almagro y el equipo de Mataderos venció 1-0 con un gol del centrodelantero Florentino Vargas, un cordobés que fue autor del primer gol de Boca en la era profesional. Es el único título oficial de Primera División logrado por Chicago en su historia. 

El año anterior, también por la Copa Béccar Varela, hubo una situación similar: seis partidos se jugaron el 25 de diciembre y otros tres, el 1 de enero. En aquella época, recordada  por la historia política como la Década Infame, los profesionales tenían que seguir jugando entre fiesta y fiesta.


martes, 7 de junio de 2022

INSOLITO PERO REAL

EL JUGADOR DE FERRO QUE PASO A BOCA POR TABLONES DE MADERA

FUENTE: "TyC SPORTS" 

Mientras se apagaba la década del 30 y empezaban a llover ofertas en Ferro, la dirigencia decidió ponerle precio a Julio Arcadio López, inquebrantable half derecho que había regresado su préstamo de Flamengo de Brasil: 25 mil pesos. En apenas unas horas de negociación, Boca le ganó la pulseada a San Lorenzo, que también estaba interesado en sus servicios, y compró al marcador de punta, aunque no puso ni un centavo…




El pase del futbolista, que en 1934 había jugado el Mundial con la Selección Argentina, se selló a través de un acuerdo único entre dos clubes profesionales del fútbol argentino. El Xeneize le pagó al Verdolaga con una tribuna de madera y 410 sillas-plateas. Esta operación, lejos de cualquier crítica, fue bien valorada en Caballito: “Un negociado positivamente brillante para nuestra institución, que a la sazón se encontraba militando en un club brasileño sin ninguna perspectiva de reintegrarlo a nuestras filas”, se refleja en la Memoria y Balance del club en aquellos tiempos.

Este puñado de tablones le sirvieron a Ferro para ampliar a 45 mil espectadores la capacidad de su estadio, donde Boca fue local entre 1938 y 1939 debido a la construcción de La Bombonera, una majestuosa obra a cargo del arquitecto esloveno Viktor Sulcic.

Como la vieja cancha azul y oro, ubicada entre las calles Brandsen y Del Crucero -hoy E. del Valle Iberlucea-, ya no iba a ser utilizada por el equipo, la directiva de Camilo Cichero le puso sobre la mesa esta llamativa propuesta a Rodolfo Legeren, quien no dudó en aceptarla.

Así, el 7 de febrero de 1938, Boca incorporó a sus filas a Arcadio Julio López, con un contrato por 4 mil pesos –a pagar en cuatro cuotas- y un sueldo mensual de 200 pesos, además de un premio por rendimiento del equipo. Con la camiseta xeneize compitió en 62 partidos, con un saldo de 33 triunfos, 12 igualdades y 17 caídas.

También levantó ganó dos títulos: el Campeonato de la Primera División y la Copa Carlos Ibarguren, ambos en 1940. Por las vueltas del fútbol y la vida, su última función en Boca fue curiosamente contra Ferro, una alegría por la mínima en favor del Xeneize. Tiempo después regresó a Lanús, donde le puso punto final a su carrera.

En tanto, las tribunas de madera aguantaron varias décadas los saltos de los hinchas de Ferro en el Arquitecto Ricardo Etcheverry. En 2006, el Gobierno empezó a prohibir las tribunas de madera en los estadios de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, aunque recién en 2013 el Oeste llevó a cabo el desmantelamiento de sus tablones y en noviembre de 2017 fueron repatriados por Boca.


viernes, 3 de junio de 2022

CAMPEONATO ARGENTINO DE 1962

EL REINO DEL ABSURDO

FUENTE:XENEN.COM.AR/CARLOS AIRA 

En esta historia no hay un jugador que premeditadamente haya ido para atrás. Tampoco corruptores. Tan sólo fue la muestra más explícita de los problemas que tenemos para organizar campeonatos claros.




Desde 1920 se jugó el Campeonato Argentino. El mismo enfrentaba distintas provincias, ciudades o regiones en un mismo torneo. Desde 1931 el campeonato comenzó a perder fuerza y pasó a ser nominal. En 1962 la final del campeonato emparejó a dos ciudades balnearias bonaerenses: Mar del Plata y Necochea. Nunca nadie imaginó que un curioso vacío reglamentario generaría un partido imposible.

El partido de ida se jugó en Necochea. Allí los locales vencieron 3 a 1. En la revancha, Mar del Plata igualaron 2 a 2. No habría discusión, Necochea es campeón. ¿Pero que sucedió? La reglamentación del Consejo Federal mostró una curiosa originalidad: ¡Rechazaba los empates en los 90 minutos de juego, pero si los admitía luego de un suplementario hasta la conversión de un gol. Increíble.

El domingo 29 de julio de 1962, en el ya desaparecido estadio General San Martín de Parque Camet se vivió lo inaudito: con el comienzo del suplementario, los jugadores de Necochea desesperados por convertir un gol en su propia meta. ¿Por qué? Porque de esta forma, perdiendo 2-3 el partido finalizaba y se imponía en el global por cinco goles a favor contra cuatro. Los jugadores marplatenses, desesperados, defendían la valla de Necochea. ¿Por qué? Porque en caso de mantener la igualdad, el partido debía definirse por penales, y en esa tanda, hasta podían ganar el campeonato. Si, ganar un campeonato perdiendo una final e igualando en la otra…

El veterano periodista marplatense José Luis Ponsico recordó a Xenen: “Fue uno de los escándalos más resonantes en la historia del fútbol marplatense … Mar del Plata versus Necochea, empate en dos en el viejo y añorado Estadio Gral. San Martín, inaugurado en 1952. Necochea tenía ventaja por haber ganado el partido de ida. En el suplementario el que hacía el gol, fuera de uno u otro equipo, ponía final partido… Si no ocurría … iban a penales. Entonces los futbolistas de Necochea que sabían que aún perdiendo en el suplementario uno a cero, pasaban de ronda por el 3 a 1 favorable en su ciudad, buscaron hacerse el gol en contra. Creo recordar que un delantero del seleccionado local, apellidado Grosso, 9 de Independiente de Mar del Plata, salvó un gol “en contra” de un jugador de Necochea y el árbitro, ante semejante dislate … dió por finalizado el partido”

¿Cómo finalizó el partido? suspendido a los cuatro minutos del suplementario. El árbitro no quiso ser partícipe de la verguenza y suspendió la final por su desnaturalización.

¿Se entendió? Casi seguro que no. No importa. Nada puede sorprender en la organización de nuestros campeonatos.

 

viernes, 27 de mayo de 2022

HISTORIAS PARA NO OLVIDAR

CUANDO ATLANTA QUISO SOBORNAR A CHACO FOR EVER 

FUENTE: "XENEN.COM.AR"

Una historia, tan curiosa como olvidada. Sucedió en medio del Nacional 1973Atlanta y Chaco For Ever compartieron el Grupo B de aquel campeonato. Dos clubes no solo distanciados geográficamente, sino también en sus realidades: los bohemios eran la gran revelación del campeonato. Un equipo sólido que se sabía de memoria:  Hugo Carballo; Baby Cortés, Pecoraro, Rico y Héctor López; Ribolzi, Onnis y Gómez Voglino; Pappalardo, Rubén Cano e Ibáñez. For Ever estaba disputando su segundo torneo nacional en forma irregular.




Por la 10º fecha, debían enfrentarse ambos clubes en Resistencia. Partido entresemana. En Villa Crespo se habían prendido luces de alarma: luego de un arranque notable, el equipo venía de una derrota en Tucumán ante Atlético y una igualdad, llena de dudas, con Sportivo Desamparados en el Kolbowsky. For Ever, la fecha anterior, había caído 1 a 0 ante el gran Huracán de Menotti en el Ducó.

Para un sector de la dirigencia bohemia, el partido ante For Ever implicaba un riesgo mayor. En una primera instancia, la dirigencia bohemia consultó a su par forevista si contemplaba la posibilidad que el partido se disputara en Buenos Aires, lo cual fue rechazada. Ese mismo núcleo dirigencial bohemio decidió necesario comprar voluntades.

El plantel bohemio arribó al aeropuerto de Corrientes (el de Resistencia estaba en obras de refacción) y concentró en la capital contigua a Resistencia. Allí vivía Ramón Villanueva, arquero y capitán de Chaco For Ever. Con sus 29 años, seis temporadas en el club, era un referente del equipo. En la tarde del martes 13 de noviembre de 1973 recibió una llamada telefónica en su domicilio. Le ofrecían tres millones de pesos a repartir para vender el partido. Villanueva quedó en contacto con la voz misteriosa, pero acto seguido se comunicó con Abraham Rabinovich, presidente de Chaco For Ever, explicando la situación. El titular forevista aconsejó que invitara al desconocido a su casa y grabara la conversación. En la conversación, que se hizo pública, quedaba al descubierto el arreglo: los jugadores Atilano González (número 3) y Marcos Oribe Fretes (número 5), debían estrecharse la mano en el círculo central. Si esto sucedía, el arreglo estaba consumado.

Todo lo que sucedió en la tarde de aquel miércoles 14 de noviembre de 1973 fue un compendio de sospechas. El diario Norte de Resistencia hizo pública la sospecha del entrenador forevista José Rodolfo Lestani sobre Atilano González, quién había estado conversando con Pipo Rossi, entrenador de Atlanta. Lestani alineó al marcador paraguayo luego que confesara si lo habían tocado o no. Atilano, al borde del ataque de nervios, expresó que sólo lo había llamado para saber si le interesaba pasar a Atlanta la temporada siguiente.

El partido fue un compendio de golpes, fricciones y sospechas. Por ende, no hubo apretón de manos en el círculo central. Para colmo de males, el árbitro Claudio Busca tuvo una actuación espantosa. Tan mala que generó sospechas en la dirigencia local, que en el entretiempo se dirigió al vestuario para increparlo y exigirle que dirija en forma imparcial. El partido finalizó igualado 1 a 1, goles de Oscar Palavicino y Horacio Ibáñez.

El jueves 15, el presidente Rabinovich llamó a conferencia de prensa. Lo hizo obligado ante las situaciones vividas los días anteriores. En la misma, hizo escuchar a la prensa la conversación del arquero Villanueva y el misterioso interlocutor. La grabación no tenía caracter de prueba en AFA, por eso Chaco For Ever decidió no realizar la denuncia.

Atlanta clasificó al cuadrangular final junto a Rosario Central, River Plate y San Lorenzo. Nunca los bohemios estuvieron tan cerca de un campeonato de Primera División. Atilano González, en 1975, pasó al Racing Club de Avellaneda.

 

* El agradecimiento a Carlos Ortíz, profundo investigador de la historia forevista, por su ayuda en la investigación de éste artículo.

jueves, 26 de mayo de 2022

SU HORA MAS GLORIOSA

CUANDO CENTRAL CORDOBA DE ROSARIO TOCO EL CIELO CON LAS MANOS

FUENTE: "XENEN.COM.AR"/CARLOS AIRA

Hace 85 años, Central Córdoba de Rosario tocó el cielo. Se consagró campeón de la Copa Beccar Varela 1933, un torneo internacional de primera división, derrotando en memorable final a Racing Club. Un momento único para la tradicional institución del barrio Tablada de la mano de un mito del fútbol argentino: Gabino Sosa. Una historia que merece ser recuperada.




11 de febrero de 1934. En los inmensos tablones de Alvear y Tagle, una mezcla de emoción y incredulidad embargó a quienes habían llegado desde Rosario en ese tren embanderado en azul y rojo. Si bien el partido no había finalizado - y no se sabía que podía ocurrir porque enfrente había un gigante como mucho poder - Central Córdoba se plantó y mostró su escuela en Buenos Aires. Habían sido los jugadores de Racing quienes no quisieron continuar el partido; como pibes caprichosos molestos porque les cobraron dos penales en contra en una misma tarde. Once días mas tarde, la Liga Argentina de Football consagró campeón a los Charruas de la Copa Beccar Varela 1933. Ahí llegó el festejo en Tablada. Medido pero vital. Un título aún festejado en el sur rosarino.

En 1931, el fútbol argentino se partió en varios pedazos. El profesionalismo llegó a Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. Todas las plazas se acogieron en forma independiente y lejos del amparo de la Asociación Argentina Amateur de Football, de escaso poder, pero dueño de la filiación FIFA. Hacia fines de 1933 la fusión era necesaria. No sólo pensando en la Copa del Mundo del año siguiente, sino porque estaba claro que no se podía continuar así. Bajo ese marco unificador, la Liga Argentina de Football - el profesionalismo porteño - invitó a las ligas de Rosario, Córdoba, Santa Fe y el profesionalismo uruguayo a participar de la Copa Beccar Varela, instaurada el año anterior.

Adrián Beccar Varela fue una prenda de unidad que encontró el fútbol porteño dentro del marco de división de los años veinte. Abogado, hijo de una tradicional familia de San Isidro, llegó al fútbol sin conocer nada del juego ni los clubes. Tan sólo porque se entendía que los destinos debían ser conducidos por hijos de aquella aristocrática elite. Presidente de la disidente Asociación Amateurs de Football, con la unificación de 1927 quedó al frente de la creada Asociación Amateurs Argentina de Football. Renunció a la misma en 1929, cuando el profesionalismo era una realidad. Su abolengo no le permitía estar a cargo. Viajó hacia Europa, donde encabezó el lobby que permitió a Uruguay organizar la Copa del Mundo al año siguiente. Murió sorpesivamente, en Madrid, el 9 de junio de 1929.

La Copa Beccar Varela 1932, su primera edición, estuvo limitada al profesionalismo porteño y se disputó finalizada la temporada oficial. Racing Club se consagró campeón venciendo en un triangular final junto a Boca Juniors y Tigre.  Para la Copa de 1933, la Liga Argentina de Football entregó cuatro plazas a Montevideo, dos a Rosario y una a Santa Fe y Córdoba. Hubo que hacer un corte clasificatorio en Buenos Aires y Rosario. En Capital se realizó un torneo a cuatro fechas donde los ocho clubes con más puntos jugaban la Beccar Varela. Quedaron fuera grandes como Boca Juniors, River Plate o el campeón de la temporada, San Lorenzo de Almagro. Por su parte, en la Chicago argentina, Central Córdoba y Nacional (actual Argentino) quienes dejaron fuera a los tradiconales Newells y Rosario Central.

Ya estaban los dieciseis equipos: IndependienteRacing ClubAtlantaEstudiantes de La PlataTigreFerro Carril OesteVélez SarsfieldPlatenseNacional (Montevideo), PeñarolSud AméricaDefensorCentral CórdobaNacional (Rosario), Gimnasia (Santa Fe) y Belgrano.

Los charrúas del barrio Tablada ingresaron al profesionalismo rosarino con un gran equipo. Campeón 1931 goleando 4-0 a Tiro Federal en la final. El campeonato rosarino de 1932 fue extenuante. Disputado a tres ruedas, Central Córdoba repitió el título propinándole una goleada inolvidable a Rosario Central: 8 a 0 en Barrio Tablada, la tarde que se consagró campeón.

Detrás de aquel equipo, un duende que manejaba los hilos. Era Gabino Sosa, el Payador de la RedondaJulio Rodriguez es investigador de la historia de Central Córdoba. Autor de la deliciosa biografía de Gabino. Consultado sobre su figura, expresó: “Gabino fue un personaje pintoresco del fútbol rosarino. Todos lo querían copiar. Pero luego fue una especie de maestro. Un formador de enorme cracks que luego jugaron en los mejores equipos del país“.

Rodríguez nos mete en la vida y obra del crack de Tablada: “Llegó al club en 1916, cuando Central Córdoba recién hacía pie en la Liga Rosarina. De alguna manera formó una escuela de futbolistas. No sólo en Central Córdoba sino también en los combinados de la ciudad. Era el jugador a imitar. Gabino es la esencia del potrero de la ciudad. El formó a los jugadores de divisiones inferiores que lo miraban y admiraban, por ejemplo Vicente de la Mata. Fue uno de los primeros grandes gambeteadores; esa característica le valió la convocatoria a la Selección Argentina, participando en el Sudamericano de 1921, primer título continental de nuestro fútbol, y la famosa tarde del gol olímpico en cancha de Sportivo Barracas”

Para Central Córdoba, la Beccar Varela comenzó el domingo 7 de enero. Esa tarde enfrentó a Platense en cancha de River Plate. Escaso público se hizo presente. Con juego atildado y cohesionado, Central Córdoba derrotó 2 a 0 a Platense. Al público porteño le sorprendió el nivel de Gabino Sosa. Con el título “Don Gabino continúa moviendo las tabas“, Ultima Hora dio cuenta de su calidad a los 33 años y de la recia marca de sus rivales: “El negro, pese a sus años, sigue siendo un elemento de calidad y aunque reserva las pocas energías que le están quedando, tiene de tanto en tanto algunos de esos chispazos que le consagraran como un jugador de excepción. Lástima que algunos muchachos de Platense no quisieron acordarse de los buenos momentos que habrán pasado hace años viéndolo jugar y apelaron a lo prohibido para contenerlo”. 

En Cuartos de Final, el azar emparejó a Central Córdoba con Atlanta. Tal vez el más accesible de los siete rivales posibles. Para más suerte, en el sorteo también ganó la localía. El encuentro se disputó el domingo 14 de enero en el Parque de la Independencia, y nuevamente, terminó con victoria charrúa 2 a 0.

Central Córdoba semifinalista de la Beccar Varela. Ya era un gran mérito para un equipo que no tenía chapa en Buenos Aires. Otro equipo santafesino había pegado un batacazo. Fue Gimnasia de Santa Fe, los Pistoleros, que derrotaron 4 a 0 a Estudiantes de La Plata. Por su parte, Racing le ganó 5 a 1 a Belgrano de Córdoba en el cemento rojo. Defensor e Independiente igualaron 0 a 0 en el Centenario de Montevideo. No había penales en aquellos días; se jugó un nuevo partido, en el cual los Diablos Rojos vencieron 1 a 0.

El sorteo emparejó a los santafesinos por un lado y los grandes de Avellaneda por otro. Curiosamente, el duelo no se disputó en la provincia de Santa Fe sino en Villa Crespo. Domingo 28 de enero. Una gran barra de hinchas bohemios se acercó al cajoncito de la calle Humboldt para alentar al Gimnasia santafesino. Según Ultima Hora: “Central Cordoba volvió a brindar una exhibición de alto valor, como la hecha en el field de River contra Platense. Atacó a base de ese juego que le es tan propio, elegante y rendidor a la vez y consiguió  vencer la resistencia del goalkeeper correntino Mors en dos oportunidades. Con ello se adjudicó el match”.  Tan grato fue el juego de los rosarinos que los propios hinchas de Atlanta que los fueron ver perder terminaron ovacionando a los muchachos de Gabino.

Racing Club fue el otro finalista de la Beccar Varela. Luego de igualar 3 a 3 con Independiente en el Gasómetro, terminó goleando 4 a 1 en Alvear y Tagle. La Asociación quiso mover la fecha del partido que coincidía con el primer día de Carnaval. Pero los clubes decidieron disputar la final el 11 de febrero. Se esperaba una recaudación importante, sobre todo porque público de Racing tenía interés en ver un equipo que goleaba con una delantera notable: Demetrio Conidares - Vicente Zito - Alberto Fassora - Eduardo Leoncio y Roberto Bugueyro. Era un duelo de estilos. La Academia, potencia arrolladora. Central Córdoba, juego afiligranado y elegante. Por un lado, el pase corto como religión; del otro, el pelotazo vertiginoso hacia los wines.

Finalmente, llegó el domingo 11 de febrero. Julio Rodríguez nos mete en corazón y alma la previa rosarina: “El club fletó un tren completo que salió desde la estación donde se fundó con entradas agotadas. Más de mil quinientas personas viajaron en un tren que tenía en la locomotora una bandera argentina y otra del club. Un rasgo de identidad de un club fundado por ferroviarios. El plantel concentró en el hotel Central Córdoba de Retiro. Ahí había concentrado en la previa de los partidos ante Platense (2 a 0, en River Plate) y Gimnasia de Santa Fe (2 a 0, en Atlanta)”. 

En Última Hora dio cuenta de como llegaron ambos equipos a la final: “Tanto los rosarinos como los muchachos que se encuentran bajo las órdenes de Marinetti han seguido durante la última semana un eficaz método de entrenamiento que les ha hecho adquirir su mejor estado físico, lo que les habilita para rendir una performance de acuerdo con la expectativa que ha suscitado el encuentro”.

Más de treinta mil personas concurrieron a Tagle y Alvear. Cinco mil charrúas se hicieron presentes en Buenos Aires. En su Gabino, Julio Rodríguez dio cuenta de la emoción de la jornada: “El convoy salió a las seis de la estación Central Córdoba y pisó Retiro en el mediodía. El calor reinante no hizo mella en la mayoría de los viajantes trajeados, con cofias y embanderados con la azul y roja, quienes iniciaron la peregrinación a pie rumbo al estadio millonario“.

A las 17:30, los dos capitanes se reunieron en el círculo central junto al árbitro Manuel Sobreira. De un lado, el mítico Gabino Sosa, del otro el tucumano Demetrio Conidares. La Academia formó con Juan Bottaso; Rodríguez, Arturo Scarcella; Pedro Pompey, Ángel Serramía, Antonio
De Mare; Demetrio Conidares, Vicente Antonio Zito, Alberto Fassora, Eduardo Leoncio, Roberto Bugueyro.

Por su parte, Central Córdoba lo hizo con Ernesto Funes; Andrés Garramendi, José Busano; Lorenzo D’Uva, Germán Gaitán, Ricardo Solero; Telmo Collins, Tomás Constantino, Gabino Sosa, Antonio Morales, Guillermo Fernández.

Julio Rodríguez nos cuenta la importancia vital que tuvo Germán Gaitán en aquel equipo: “Se había lesionado Félix Ibarra, centrohalf del equipo. Fue así que la dirigencia contrató a Gaitán, jugador de Provincial, quien llegó para jugar los partido de la Beccar Varela y fue un jugador determinante de aquel equipo”. 

El trámite fue trepidante. Con duelos entre guapos, como el protagonizado por Arturo Scarcella y Telmo Collins. El defensor racinguista - duro entre duros - tenía un apodo que intimidaba: Pepe, el herrero. El delantero, nacido en Armstrong, no le hacía asco al choque. Este duelo será determinante en el partido.

Racing se puso en ventaja apenas iniciado el partido por intermedio del tucumano Demetrio Conidares. Córdoba dio vuelta el partido con goles de Tomás Constantini. Telmo Collins, puntero derecho charrúa, malogró un penal, atajado por Juan Bottaso, la mítica Cortina Metálica. Igualó Vicente Zito, la Bordadora de la Academia, a los ocho minutos del segundo tiempo. El partido estaba para cualquiera; hasta que al final del encuentro, el árbitro uruguayo Sobreira cobró otro penal para los rosarinos. Los jugadores de Racing no lo podían creer. Hicieron una sentada, como había hecho Gimnasia meses atrás, cuando fue despojado de un campeonato en cancha de San Lorenzo. Pero no tenían nada que discutir. A un grande se le podían cobrar dos penales en contra. Racing se fue del campo de juego.

A pesar del resultado Central Córdoba dio una justa vuelta olímpica encabezada por Gabino Sosa. Desde las tribunas una ovación saludó las camisetas azulgranas. Era merecido, sin importar el fallo del Tribuna de la Liga de Football Profesional, los charrúas de Tablada eran justos campeones del torneo. En el vestuario, Gabino Sosa expresó emocionado: “En nombre de mis compañeros y en el mío propio, hemos cumplido de la mejor manera posible  el encargo honroso que se nos confió. Rosario merecía el título que vinimos a buscar y creo que lo hemos ganado en buena ley. Racing jugó sin declinar y por ello nuestro esfuerzo es meritorio. Ahora tiene la palabra la Liga, y si hay que jugar de nuevo, ¡Haremos el esfuercito!

El cronista de Ultima Hora destacó, una vez más, la actuación del veterano crack: “Fue la figura más sobresaliente de la cancha, teniendo en cuenta que ya es un hombre que anda cerca de los cuarenta años. Gabino Sosa, con la justeza que le caracteriza para el pase y la disposición que le imprime a los ataques, se ha consagrado como uno de los mejores delanteros del momento. Viejo Gabino, ¡Todavía sos un crack!”.

La prensa porteña debió recular en sus pasos. Como Julio César Marini, muy influyente en aquellos días, quién escribió: “Era uno de los que no creían que Racing pudiera perder ante Central Córdoba por ver en el equipo de Avellaneda mayor ajuste, técnica y garra para un lance de esta naturaleza. Pero he de reconocer que los rosarinos hicieron una gran presentación y que a pesar de que los avances hacia la valla de Racing fueron menos frecuentes que los del team contrario a la de Central Córdoba, estos llevaban mayor peligro”.

“Días más tarde se reunieron los representantes de las diversas federaciones que disputaron el torneo. Los medios daban por ganador a Central Córdoba y repudiaron la actitud de los jugadores de la Academia. Finalmente, para sorpresa de muchos, decretaron que el partido no continuaría y Central Córdoba se consagró campeón, señaló Rodríguez.

A 85 años de un campeonato aún celebrado. La fiesta de los humildes. Central Córdoba de Rosario, campeón en Buenos Aires.

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

EN EL RECUERDO

"EL PASTOR DEL GOL " MARIO BEVILACQUA

FUENTE: XENEN.COM.AR




1.- Mario Alberto Bevilacqua nació en La Banda, provincia de Santiago del Estero, el 31 de octubre de 1963.

2.- Formado en el fútbol amateur del Club Mitre de su provincia.  Delantero de área, zurdo, con olfato goleador y gran pegada.

3.- A comienzos de 1983 llegó a Talleres de Córdoba recomendado por su co-provinciano Luis Galván. Llegó a prueba y sin muchas expectativas. Su debut se produjo el 13 de marzo de 1983. Primera fecha del Nacional. Talleres de Córdoba goleó 5 a 1 a Estudiantes de Río Cuarto. Bevilacqua abrió el marcador a los 41 minutos de juego. Su equipo formó: Chocolate Baley; Enrique Moreno, Beccérica, Oviedo y Topolino Riquelme; Barrionuevo, Ariel Moreno, Bujedo y Romero; Bevilacqua y Tedini. DT: Daniel Willington.

4.- Entre 1983 y 1984 armó una delantera muy recordada junto a Oscar Tedini, Daniel Valencia y Angel Guillermo Hoyos. En 1984 se le descubrió una dolorosa escoriosis en la columna. Estuvo a punto de abandonar el fútbol. Según sus propias palabras “puse todo en manos de Dios“. Pudo recuperarse y desde aquel momento, puso por delante su fe religiosa. De allí el apodo de Pastor, que lo acompaña desde aquellos días.

5.-  Tuvo cinco ciclos en Talleres. El primero finalizó en enero de 1986, cuando fue transferido al Filanbanco de Ecuador. No se adaptó a la vida en Guayaquil y rescindió contrato antes que termine la temporada. En total, jugó 8 partidos, con 2 goles.

6.- Regresó a Talleres luego de la Copa del Mundo México 1986. Fue su mejor momento. Un goleador espectacular. Dueño de mortíferos tiros libres. En la temporada 1987/88 peleó la cima de la tabla de goleadores. Convirtió 17 goles, quedando a sólo uno de José Luis Rodríguez, artillero de la temporada.

7.- Su capacidad goleadora motivó que lo contratara River Plate. Agosto de 1988. Dirigido por César Luis Menotti, no encontró lugar en un equipo plagado de estrellas. En la temporada con la banda roja jugó 14 encuentros, marcando 5 goles.

8.- En la temporada 1989/90 volvió a Talleres. Un equipo que terminó tercero en el campeonato, conformando una delantera sensacional junto a Amadeo Gasparini y el Toti Iglesias. Terminó nuevamente segundo en la tabla de goleadores, con 16 conquistas, siete menos que el goleador Ariel Cozzoni.

9.- En junio de 1990 fue transferido al Club Deportivo Español. Su relación con el presidente Francisco Ríos Seoane nunca fue la mejor. Tanto que tuvo sonoros conflictos con el mandatario. En uno de ellos recurrió a la justicia ordinaria para cobrar una deuda. Una regla no escrita del fútbol es no concurrir a la justicia para zanjar este tipo de conflictos. El propio Pastor expresó que esa decisión determinó el futuro de su carrera. En Español disputó 26 partidos, señalando 10 goles.

10.- Talleres cobijó nuevamente al goleador. Su cuarto paso. El club del Barrio Jardín ya no tenía los grandes jugadores de otros años. Tuvo un buen Apertura 1991 pero se cayó en el Clausura 1992. Luego de estar parado durante casi un año - algunos hablan de un pase de facturas por el juicio a Español - regresó a Talleres en 1993, para jugar el campeonato de la B Nacional. Fueron 16 partidos con tan sólo un gol. Allí puso fin a su carrera como futbolista profesional.

11.- Mario Bevilacqua es el máximo goleador de Talleres de Córdoba en campeonatos AFA, con 75 goles en 269 partidos. Contando toda su carrera profesional, el Pastor convirtió 91 goles en 317 encuentros.


viernes, 20 de mayo de 2022

COMO FUERON LAS ULTIMAS HORAS

EL DECESO DE OSCAR TRONCOSO EX BOCA Y RIVER 

FUENTE: INFOBAE

El vicepresidente de River Plate, Patrick Noher, salió desesperado gritando: “¡Trossero se nos muere, Trossero se nos muere! ¡Una ambulancia por favor!”. Enseguida acudieron al vestuario visitante los médicos de Rosario Central para sumarse a los de River, pero el panorama ya se tornaba irreversible. La ambulancia llegó enseguida y a los pocos minutos Oscar Trossero estaba en el Hospital Freire, a pocas cuadras del estadio rosarino. Sus compañeros quedaron entre esas cuatro paredes, donde habían sido testigos de una situación dolorosa e increíble. Los más exaltados golpeaban los armarios, en medio de un ataque de nervios.




Había sido una hermosa tarde de primavera ese 12 de octubre de 1983, con un sol pleno que ayudaba a ir a la cancha en un día no laborable. El Gigante de Arroyito estaba repleto y el cuadro local se impuso a River por 2-1 sin mayores complicaciones. Los hombres de la visita enfilaron hacia el vestuario con el gesto tradicional de aquellos días: cabezas gachas y algún reproche al aire por una actuación floja. River se estaba acostumbrando a perder y eso resultaba tan peligroso como extraño para quienes se adaptaron al éxito.


Oscar Trossero fue uno de los primeros en desvestirse e iba a ducharse, en medio de un camarín de caras largas, donde nadie suponía estar en la antesala de la tragedia, como la evoca el Vasco Julio Olarticoechea; “En ese momento yo estaba a dos duchas de distancia de la de él y de golpe vimos como súbitamente se desplomaba. Pensamos que era un simple desmayo luego del esfuerzo por los 90 minutos disputados, pero enseguida nos dimos cuenta de que era algo peor”.


River no era River allá por la primavera del ‘83. Su alma venía sufriendo un golpe tras otro y no solo en lo deportivo, donde atravesaba uno de los peores momentos de su historia. La obtención de la Copa de Oro de Mar del Plata, en el verano del ‘82, era el último recuerdo de una fiesta. El gol de Ramón Díaz ante Gatti fue suficiente para levantar el trofeo y gozar al tradicional rival. Pero allí parecieron quedar las risas y los festejos. 


El inevitable éxodo de figuras tras el Mundial de España (Passarella, Kempes y el propio Ramón), más la partida de un inmenso ídolo como el Beto Alonso, peleado con el entrenador Alfredo Di Stéfano, fue empobreciendo al plantel, que realizó un opaco desempeño en los dos torneos de esa temporada, apenas maquillado por haber eliminado a Boca en la fase de grupos de la Libertadores, antes de caer en forma estrepitosa con Peñarol y Flamengo en la ronda semifinal, donde no pudo contar con Fillol, lesionado en la clavícula. Además, en septiembre había fallecido Vladislao Cap, su flamante director técnico.


Las últimas palabras de Oscar Trossero fueron de queja por la mala suerte que estaba persiguiendo al equipo ante otro resultado ajustado en contra. Inmediatamente abrió la ducha y apenas recibió el chorro de agua helada sobre su humanidad, se tomó la cabeza y cayó al suelo. A partir de ese instante, la locura y desesperación ganaron a todos. 


Los doctores Roberto Paladino y Seveso comenzaron con los masajes cardíacos, la respiración boca a boca e incluso las inyecciones, pero no daba ningún signo de recuperación. “De ahí lo subieron a una camilla. Nos dimos cuenta de que le costaba reaccionar y rápidamente se lo llevaron para un hospital”, recuerda el Vasco Olarticoechea como si fuera ayer aunque pasaron 39 años.


El desenlace, que nadie quería saber, ya era una realidad, y así lo contó el doctor Roberto Paladino: “Cuando me di cuenta de la situación, corrí hacia él y en un primer momento parecía que reaccionaba. No fue así. Estaba muy pálido y tanto su pulso como su ritmo cardíaco estaban paralizados. Prácticamente estaba muerto desde el primer momento, aunque recurrimos al último intento, que fue trasladarlo. Todo fue terriblemente inútil”.


Lentamente el sanatorio comenzó a poblarse de curiosos. Con el dolor a cuestas, también asistieron sus compañeros, como lo recuerda Olarticoechea: “Antes de volvernos para Buenos Aires pasamos por allí y nos confirmaron que había fallecido. Fue un momento durísimo y obviamente no lo podíamos creer, porque hasta menos de una hora antes habíamos compartido una cancha…”


Las lágrimas de los muchachos del plantel, absortos ante la crueldad del destino, eran el marco del desencanto. La noticia ya corría por las radios, los canales de TV y las redacciones de todo el país. Oscar era oriundo de Gödeken, una ciudad ubicada a 50 kilómetros de Venado Tuerto y por la cercanía con Rosario, varios de sus familiares habían concurrido al estadio y se trasladaron al hospital, dándole un cuadro aún más desgarrador, sobre todo por el llanto desconsolado de su madre. A las 21:45 partió la ambulancia con su cuerpo rumbo a su pueblo y pocas horas más tarde, con destino a las instalaciones de River Plate.


Esa tarde, en Buenos Aires, el partido más atractivo de la jornada había tenido lugar en el Estadio Monumental, donde Boca hizo de local ante Independiente. El capitán de los Rojos era Enzo Trossero, quien había sido compañero en Nantes de Oscar, con quien no solo compartía el apellido, sino una amistad. Así recuerda aquel duro atardecer: “Nos hicimos muy amigos y las familias también. El primero en llegar a su departamento en la zona de Núñez, para ver a Stella su esposa, fui yo, porque estaba en la zona luego de nuestro partido. Al salir con mi auto, escuché en la radio la noticia de su fallecimiento. Una situación dramática, porque al rato llamó un hermano de él desde Rosario, que lo había acompañado a la cancha. Fue una pérdida tremenda”.


Aneurisma cerebral. Ese fue el motivo que desencadenó la repentina tragedia en aquel vestuario rosarino. River informó que se le habían realizado todos los estudios de rutina y que fue algo repentino y sin antecedentes. Las entrañas del Monumental, que sufrían por lo deportivo, volvían a derramar lágrimas, como un mes antes por Angelito Labruna, ahora por Trossero, que fue velado allí durante la mañana y la tarde del jueves 13, mientras por la capilla ardiente desfilaban muchas personalidades del fútbol. El entrenador José Varacka, junto a Américo Gallego, Eduardo Saporiti y Emilio Commisso, entre otros, encabezaron el cortejo que llevó el ataúd, envuelto en la bandera de River, hasta el vehículo que desandó el camino hacia Gödeken, su tierra natal, donde fue enterrado.


Desde allí había comenzado a soñar con el fútbol. A los 14 años se inició en las Inferiores de Boca, en el famoso predio de La Candela, para alcanzar el debut en primera división en 1972. No pudo consolidarse y pasó a Racing un año más tarde, donde quedó en el recuerdo por marcarle 3 goles a River en una misma tarde del ‘74. En 1975 llegó a Unión, donde pudo explotar su capacidad goleadora, que incluso lo llevó a estar en la Selección que se preparaba para el Mundial ‘78. Emigró a Francia, donde logró destacarse en Mónaco, Nantes y Montpellier hasta el momento de regresar en el verano del ‘83 para colocarse la camiseta de River, inesperadamente, la última de su carrera.


Dejó un grato recuerdo en todos sus compañeros. En esa sintonía van las palabras del Vasco Olarticoechea: “Era un tipo sano y joven, que se cuidaba muchísimo. Tengo la imagen de alguien metódico y ordenado en su vida. Realmente daba gusto estar con él, porque era muy simple y tranquilo, de perfil bajo. Escuchaba más que lo que hablaba dentro del plantel. No compartimos mucho tiempo, apenas diez meses, pero ese era su perfil. Corría y era un delantero potente dentro de la cancha. Fue una gran tristeza su pérdida”.


Su esposa Stella no quiso que se practicara la autopsia, porque sentenció en aquellas horas febriles que lo mejor era dejarlo tranquilo. Y así uno espera que esté Oscar Víctor Trossero, descansando en la paz de su tierra natal, tras haber sido protagonista de muchos goles, varias alegrías y una inmensa tristeza en el ambiente del fútbol argentino

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