sábado, 6 de abril de 2019

UN TOQUE DE MAGIA

"EL TRINCHE" CARLOVICH MITOS Y VERDADES

Es un acto de fe. Y no hay mucho más para argumentar. No se verán jugadas maravillosas del Trinche. Hay que creer. Nada más. Confiar en la memoria de la gente que dice que alguna vez lo vio en acción. Recuerdos que incluso para ellos empiezan a perder fidelidad por el paso del tiempo.


No hay registros del mítico partido de 1974, cuando supuestamente fue la figura de un combinado rosarino que le ganó 3 a 1 a la selección argentina. Ni de sus caños o gambetas. Ni tan siquiera un grito de gol.

Ese amistoso contra la selección es un punto central de la leyenda. Y es, también, el disparador para bucear en un sinfín de mitos y verdades de Tomás Felipe Carlovich. Un nombre que solo figura en documentaciones y un apellido que cobra valor cuando se lo menciona junto al apodo "Trinche".

Sin herramientas probatorias, es lógico creer que los miles de hinchas que fueron testigos de su carrera, principalmente en Central Córdoba, tengan una tendencia a exagerar sobre sus habilidades. Pero para los que nunca lo vieron, escuchar las explicaciones de José Pekerman, Jorge Valdano o César Luis Menotti, invitan a pensar que algo de verdad había detrás de esas historias.

Verdadero
La Argentina se preparaba para el Mundial de Alemania 74. El 17 de abril, el equipo dirigido por Vladislao Cap se midió en un amistoso con un combinado rosarino. Juan Carlos Montes, por entonces DT de Newell's, y Carlos Timoteo Griguol, de Central, dirigieron al "sparring". Alguna vez Montes contó como se armó el equipo. "Griguol me dijo que sería bueno llevar a un jugador de Central Córdoba. Y yo le dije 'Y llevemos a Carlovich'", contó en una entrevista en DeporTV.

Y así fueron cinco jugadores leprosos, cinco canallas… y Carlovich. El equipo formó con Biasutto; Jorge González, Pavoni, Capurro y Mario Killer; Aimar, Carlovich, Zanabria; Robles, Obberti y Kempes. La selección jugó con Santoro; Wolff, Togneri, Sa y Tarantini; Brindisi, Telch y Poy; Houseman, Potente y Bertoni.

No hay filmación para probar nada de lo que pasó esa noche. Una versión dice que los rosarinos ganaban 3 a 0 en el primer tiempo. Pero el primer tiempo terminó 2-0, con goles de Jorge González y Obberti según la información publicada en varios diarios. En la segunda mitad, cuando Carlovich ya había sido reemplazado por José Orlando Berta, fue Kempes el que marcó el tercero. Más tarde, descontó Poy para el 3-1 final.

La mayoría de los medios no mostró especial interés en la actuación de Carlovich. En la revista El Gráfico se escribió: "Funcionaron muy bien las zurdas de Carlovich, Obberti, Zanabria y Kempes".

La realidad es que los medios nacionales no estaban enfocados en el partido, sino en la difícil situación que atravesaba el seleccionado poco antes del Mundial. No había certeza sobre la convocatoria de los jugadores que actuaban en el exterior (El Ratón Ayala, Carnevali, Perfumo y Yazalde) y preocupaban los desmanejos dirigenciales.


Es posible que la actuación se haya exagerado con el tiempo, pero los numerosos testimonios de compañeros del jugador de Central Córdoba y de los futbolistas de la selección no dejan dudas sobre su gran desempeño esa noche.

Lo hicieron salir de ese partido para evitar una goleada

Posible
¿Es cierto que Cap pidió que lo saquen a Carlovich? En una entrevista hace diez años, el mismo jugador dijo: "No es verdad. Había muchos jugadores y querían que jugaran todos, por eso me cambiaron".

Sin embargo, en otra nota, hace cinco años, expresó: "Por lo general cambian a los que juegan mal y yo no estaba jugando mal… así que en una de esas algo puede haber".

Como se dijo, casi no hay registros suyos de ese partido. No está el video, pero tampoco hay muchas fotos. Apenas la de la alineación antes de empezar el partido, en la que mira para otro lado, como si no quisiera ser protagonista, y una en la que se lo ve en segundo plano, en una jugada de pelota parada.


"Ellos mismos nos pedían en la cancha que aflojáramos", reconoció el Cai Aimar. La selección venía golpeada y necesitaba algo de paz. Aunque ninguno de los entrenadores lo reconoció jamás, es posible que el pedido haya ocurrido. Montes, DT del combinado, dice que Cap solo se acercó a preguntarle: "¿Quién es ese número 5?".

Inventó el doble caño

Incomprobable
Muchos cuentan que Carlovich, luego de tirar un caño, solía esperar a que su rival regrese para tirarle otra vez la pelota entre las piernas.

José Pekerman, que públicamente reconoció que seguía a Central Córdoba especialmente para poder ver jugar al Trinche, dijo haber visto ese "doble paso" varias veces. Pero de allí a tener la confirmación de que fue la primera vez...

Carlovich relativiza mucho su juego en general. "¡Qué se yo!, son jugadas, en una de esas salió alguna vez", suele decir.

Tras una expulsión un juez lo hizo volver a jugar por presión de la gente

Incomprobable
"En un partido con Central Córdoba me echaron. Me sacó la roja y gente empezó a gritarle al juez. Me iba y me vino a buscar el referí. Me dice 'no se vaya, quédese que no lo eché'".
La anécdota la contó el mismo Carlovich. Como con tantas otras cosas, no hay registro alguno de la historia. El jugador no menciona el rival contra el que jugó, ni la cancha, ni el árbitro.

Un día bailó a Franco Baresi

Posible
Durante su paso por Independiente de Mendoza, fue invitado a reforzar el equipo de Andes Talleres de Godoy Cruz. La ocasión era un partido amistoso muy especial contra Milan, de Italia, que se encontraba en una gira sudamericana. Aquel 7 de julio de 1979, Carlovich no fue titular, pero ingresó en el segundo tiempo y las crónicas de la época dicen que le dio un pase "exquisito" a Hermes Turatti para el segundo gol de los mendocinos. El partido terminó 3-2 para los argentinos.

En aquel conjunto de Milan actuó durante los 90 minutos Franco Baresi, que tenía 19 años, por lo que es posible que se hayan cruzado en la cancha. También actuó Fabio Capello.

En el diario Los Andes, en una crónica tras el triunfo, Carlovich comentó: "Acá, en este piso, se puede jugar paradito, tocar, meter túneles, como a mí me gusta", dijo en referencia al césped del estadio Provincial (el actual Malvinas Argentinas de Mendoza).


Una curiosidad es que aquel partido estuvo a punto de suspenderse. Milan estaba realizando una gira muy extensa por el continente. El 5 de junio, mientras el equipo se encontraba en Buenos Aires, falleció Alvaro Gasparini, el DT del equipo italiano. Después de analizar si debían suspender la gira, el equipo decidió continuar y el que se hizo cargo de la dirección técnica fue el atacante Gianni Rivera.


Menotti lo convocó para una preselección y no se presentó

Verdadero
César Menotti lo invitó a entrenarse con la selección nacional en 1976 y nunca llegó a la práctica. Así lo relató el mismo DT en un documental español, en Informe Robinson:"No sé si había salido a pescar o a una isla. No recuerdo. La respuesta que me dio fue que no pudo regresar porque el río estaba alto".

Carlovich dice no recordar nada de eso. "No me acuerdo que me hayan convocado. Pero si lo dijo Menotti, puede ser, eh...".

Ante Garmaz era su admirador y le regalaba corbatas

Verdadero
Conocido fue el amor por el fútbol del fallecido diseñador y conductor televisivo Ante Garmaz. Hincha de Boca, también tuvo vínculos con Deportivo Maipú, de Mendoza (representó al club ante la AFA en los 80). En ese equipo, donde el Trinche jugó un año, lo conoció. Por eso más tarde, cuando Central Córdoba se presentaba en Buenos Aires, jamás se perdía un partido en el que jugaba él. "Era el primero en llegar a la cancha", reconoce el ex futbolista. Y completa. "Después de los partidos en Buenos Aires siempre venía a los vestuarios. Una pinta bárbara. Me venía a saludar. Una vez me regaló una corbata firmada por Maradona".

Varios simpatizantes de San Telmo recuerdan la sorpresa que causó cuando el elegante diseñador apareció en la Isla Maciel en un partido jugado ante Central Córdoba el 16 de noviembre de 1980. Solo para ver al Trinche.

Le escapaba al entrenamiento

Verdadero
Aunque él lo desmintió varias veces, muchos de los que jugaron con él dicen que la falta de profesionalismo fue lo que impidió que su carrera tuviera el destino brillante que le proponía su talento. Una de las primeras menciones sobre el estilo y la habilidad de Carlovich se publicó en la revista El Gráfico. Allí, Carlos Timoteo Griguol, sobre su paso por Rosario Central, donde jugó apenas un par de encuentros oficiales en 1969, contó: "Le gusta irse a la casa y dispararle al entrenamiento".


Otro de sus compañeros, Carlos Aimar, agregó: "Tal vez le faltó el profesionalismo que se necesitaba para el fútbol más competitivo". Y Mario Killer fue más contundente todavía: "Llegaba de última. Siempre lo teníamos que estar esperando. Y a veces, si no lo ibas a buscar, no venía".


Respecto de las versiones que se mezclan con su vida privada y lo vinculaban con la noche y el alcohol, tampoco hay pruebas. Él repite una y otra vez: "Las mujeres me gustaban. Otra cosa no. No tomaba, no iba a boliches. Entrenaba. Siempre fui muy solitario".


La única gambeta suya filmada se vio en el cine

Verdadero
Los fanáticos del Trinche y su leyenda son miles. La búsqueda de alguna imagen suya en acción se reactiva cada tanto, pero hasta ahora suele concluir casi siempre en fracasos. Hace unos años, Eugenio Gallo, un ex presidente de Central Córdoba, le comentó a Julio Rodríguez –historiador del equipo rosarino– que en una película en los 80 un director había ido a filmar un partido de la B, en la cancha de Platense.

Se trataba de Carlos Galettini, que dirigió Se acabó el Curro (1983). En el film trabajan, entre otros, Víctor Laplace, Julio de Grazia y Moria Casán. Durante una escena filmada en Vicente López se puede ver a un jugador con la camiseta número 10 sacándose de encima a un rival con un lúcido enganche de izquierda. Está de espalda, no se le ve la cara. Más tarde se lo ve a Héctor Scotta marcar un gol.

Esas breves jugadas mezcladas entre un diálogo pertenecen a un partido del 25 de junio de 1983, en la cancha de Platense. Allí Deportivo Armenio fue local ante Central Córdoba y el partido terminó 2 a 2. El segundo tanto de los rosarinos fue de Carlovich; los dos del rival los hizo Scotta.

En ese partido el Trinche fue expulsado por una infracción a Zacharski. En un breve comentario en LA NACION se rescató: "Juego enredado y monótono donde ninguno logró imponer alguna superioridad. La única nota saludable –a pesar de su expulsión– la dio el volante visitante Carlovich que, con su andar cansino pero de incuestionable calidad, aportó todo el fútbol que hubo en el cotejo".

Nunca completó un partido en primera por las lesiones

Falso
El debut de Carlovich en Rosario Central en un partido oficial se produjo el 3 de agosto de 1969, en el reclasificatorio para el campeonato Nacional que se jugó en el segundo semestre de ese año. Ingresó en reemplazo de Alberto Gómez en el segundo tiempo del partido contra Atlanta, que terminó igualado sin goles y completó los 45 minutos.

Luego, el 30 de agosto, por la cuarta fecha del Nacional, jugó los 90 minutos ante Los Andes (también terminó 0-0), en la cancha de Banfield.

Es cierto que no tuvo suerte en Colón, de Santa Fe. Allí actuó por primera vez el 10 de abril de 1977, en Parque de los Patricios, en el partido en el que su equipo empató 1-1 con Huracán. Se lesionó y apenas pudo jugar seis minutos en el primer tiempo y fue reemplazado por Angel Leroyer.

En su segunda experiencia con los sabaleros no le fue mejor. El 14 de agosto de 1977, Vélez jugó de local en la cancha de Ferro y se impuso por 2 a 0. Apenas jugó 33 minutos y tuvo que dejar la cancha por otra dolencia física. Lo reemplazó Martín Rico. LA NACION describió que el DT Juan Eulogio Urriolabeitía lo utilizó como puntero izquierdo y su juego fue "intrascendente".

FUENTE DIARIO LA NACION


jueves, 4 de abril de 2019

CUANDO FLORENCIA ROMANO GANO SU LUCHA

UN 4 DE ABRIL DE 1988 PUDO DIRIGIR SU PARTIDO 



Hoy tiene 47 años y está absolutamente alejada del arbitraje. Es artista plástica, escribe y le encanta jugar al ajedrez. Pero Florencia Romano fuela precursora del arbitraje femenino en la Argentina. Luchó como ninguna para tener un lugar en una AFA conservadora y machista que le cerraba las puertas y logró ser la primera mujer en dirigir un partido de hombres en nuestro país hace 19 años.


En 1996 hizo una huelga de hambre para que la admitieran en la AFA como árbitro profesional luego de haber egresado del Sindicato de Árbitros de la República Argentina con uno de los mejores promedios. Y denunció a Julio Grondona por discriminación de género porque no la dejaba trabajar. Con gran tesón llevó su caso hasta el Congreso de la Nación y la Secretaría de Derechos Humanos, donde el ex presidente de la AFA tuvo que presentarse a dar explicaciones y retractarse de una frase muy poco feliz: "No es sensato que una mujer dirija entre hombres".


La tucumana sabía lo que quería. Su sueño era dirigir en AFA, y esa posibilidad le llegó el 4 de abril de 1998 en un partido entre Victoriano Arenas y Muñiz, en Valentín Alsina, por el campeonato de la Primera D (la más chica de todas las categorías). Fue todo un logro y un día histórico para las mujeres argentinas, que como Florencia, luego se sumaron al arbitraje con un camino un poco más allanado.


Llegó a dormir sobre una pila de diarios en un departamento sin muebles porque no tenía plata. Y cobró 47 pesos por ese primer partido profesional de su carrera. 47 pesos y 11 centavos. El remisero que la llevó a la cancha de Victoriano Arenas se conmovió con su historia y le cobró la mitad del viaje (14 pesos). Y a la vuelta se tomó el 60 en Constitución con el ramo de flores que le había regalado la Comisión Directiva del club local.


No fue nada fácil para Romano entrar en el mundo de los hombres. Pero le sobraba personalidad y carácter. Por eso en ese primer partido no dudó en expulsar a tres jugadores. Y se bancó sin chistar los cantos machistas de los hinchas, que por entonces, ni se imaginaban los grandes y valiosos logros de los movimientos feministas de la actualidad.


Julio Grondona fue un gran obstáculo para ella, aunque finalmente la terminó aceptando. Y hasta llegó a ser árbitro internacional y dirigió el Mundial de mujeres 2003 en los Estados Unidos.


La tucumana fue muy importante en la historia del arbitraje femenino. Enfrentó a Grondona y abrió puertas. Después de ella otras chicas se animaron a incursionar en un mundo predominantemente masculino, y tuvieron más fuerte y más facilidades que Romano.


FUENTE: TODO PASIÓN

miércoles, 3 de abril de 2019

HISTORIAS PARA RECORDAR

MIRKO SARIC EL JUGADOR QUE NO PUDO DISFRUTAR DE LA VIDA




Mirko Saric: La dramática historia del jugador que lo tenía todo, pero no pudo disfrutarlo

"Jugaba, había firmado el contrato, las mujeres lo perseguían, tenía familia. Todo perfecto", recuerda el mundialista Oscar Ruggeri.



En este canal hemos compartido historias densas, críticas, estremecedoras. Como la que protagonizó Ángel Di María, quien afrontó situaciones límite, de una gravedad extrema, de las cuales salió adelante con una gran perseverancia y un envidiable espíritu de lucha. Sin ese temple, podría haber caído en el pesimismo hasta decir “basta”.



Ese laberinto de sensaciones negativas fue el que atrapó a Mirko Saric en el año 2000. El jugador de San Lorenzo prometía desde lo futbolístico, pero fuera del ámbito profesional lo perseguían los demonios.


Primero sufrió la rotura en el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, lesión que lo marginó durante un tiempo prolongado del campo. Luego, entró en una profunda depresión. Y cuando en su entorno quisieron reaccionar, ya se había concretado el peor de los finales.



Oscar Ruggeri, defensor campeón mundial en México ’86 con la Selección Argentina, dirigía al cuadro de Boedo cuando el jugador tomó la triste determinación de quitarse la vida. Y de sus declaraciones en una entrevista brindada al programa “Marca y Presión”, del canal TyC Sports, dejó entrever que el propio Saric había avisado que no estaba bien.


Según Ruggeri, “una noche de concentración estoy en la habitación solo, mirando la televisión. Me golpean la puerta y era él. Se sentó en la cama. Jugaba, había firmado el contrato, las mujeres lo perseguían, tenía familia. Todo perfecto. Me mira y me dice “no le encuentro sentido a la vida”“. Un testimonio así  “te descoloca”. El entrenador creyó que Saric le haría un planteo por cuestiones relacionadas al juego.



Sin embargo, la charla derivó hacia carriles diferentes. El ex-River Plate, Boca Juniors y Real Madrid, entre otros, llamó de inmediato al padre para narrarle la situación. La respuesta: “Quedate tranquilo que está medicado, está atendido”.



La tranquilidad, en casos límite como el de Saric, es la peor enemiga. Y la atención psiquiátrica recibida, a juzgar por el final, resultó deficitaria.



El exzaguero precisó, en la continuidad de su dramático relato, que “una mañana estoy en mi casa, levantándome para ir al entrenamiento y me llaman diciéndome “se mató Mirko”. “No, dejate de joder”. “No, venite que se mató Mirko”.



Casi una obviedad. Quien peor la pasó fue la madre del chico, Ivana, que chocó de frente con el suicidio: fue a despertarlo para ofrecerle el desayuno y, ante la falta de una respuesta, subió a su habitación a buscarlo: lo encontró ahorcado con una sábana.


Lo único que alcanzó a decir, con un hilo de voz, fue “Mirko se muere”. Se lo intentó reanimar con los trabajos típicos de respiración boca a boca, pero los ejercicios fueron en vano, llenando de dolor a la familia y a todos aquellos que se acercaron, desconsolados, al funeral para despedir al joven de 21 años que jugaba por el sector izquierdo de la mitad de la cancha.


Fue un 4 de Abril del año 2000, tenía tan solo 21 años.

FUENTE:GUIOTECA.COM

GRANDES EQUIPOS

CUANDO TALLERES DE ESCALADA ASCENDIÓ A LA B NACIONAL 




El 3 de Abril de 2019 se cumpió  EL 31er  aniversario del último ascenso logrado por Talleres. Esa tarde histórica de 1988, el Tallarín derrotaba a Almagro por penales, se quedaba con el título de campeón de la Primera B Metropolitana y ascendía directamente al Nacional B, que ya había cobrado fuerza de segunda categoría en Argentina. 





Los hechos históricos que hicieron grande la vida de un Club merecen ser recordados como corresponde. En años como este sobre todo, cuando se cumplen las bodas plateadas de un logro tan significativo. Y tal vez esos recordatorios se potencian más aún, cuando esas conquistas se añoran tanto con el paso del tiempo, a partir de la ausencia de otras nuevas que puedan compartir “el cartel” con ellas.


En Remedios de Escalada, el transcurso del tiempo, suele darle a algunos acontecimientos destacados, el carácter épico a esos logros que quedaron grabados en la retina de muchas generaciones, que a diferencia de las más jóvenes, pudieron gozar con un Talleres campeón, que lamentablemente hasta aquí, lo fue por última vez en aquella tarde del Tomás Adolfo Ducó.


Este 3 de Abril, se cumplio el 31° Aniversario de aquel último ascenso al Nacional B. A 31 años de ese logro, este es el momento de recordar y agradecer aquella actuación destacadísima de un equipo que formados por muchos hombre de convicciones y ambiciones deportivas, que con amor propio e inteligencia de la mano de don Miguel Ubaldo Ignomiriello, supieron forjar un equipo durísimo, que no regalaba nada al rival en la cancha. Y que supo terminar primero en el campeonato de la Primera B Metropolitana junto a Almagro, para ganar el título en una reñida final directa que jugaron ambos elencos en la cancha de Huracán, ante un marco inmenso de público que llegó sobre todo desde el Sur del conurbano.



El gol del “Loro” Rubén Alejandro Rojas, para abrir la cuenta; el empata de Vaccari, para el Tricolor a los 44 minutos del primer tiempo; la tensión y el dramatismo con el que se jugaron los noventa minutos; el insoportable alargue; la definición electrizante por penales; la actuación de Tomás Quiroga en el arco, para contenerle el disparo a Capelo; y el remate final de Gustavo Quinteros, quedaron grabadas en la retina de todas las almas Albirrojas que coparon la cancha de Huracán aquella tarde.


Extrañamente y al mismo tiempo, y como un disparador emotivo de tiempos felices, permanece retumbando aún por algunos rincones de la ciudad un inmortal relato de Atilio Costa Febre, describiendo el cuadro previo a último remate de penal, en el que “se encienden las luces en Huracán, son las luces de Talleres”, según describía el narrador, que en definitiva pintaban la escena final de un desenlace que le daría el ascenso directo al viejo Talleres, luego de la conquista alcanzada por Quinteros.


El partido culminó en empate 1 – 1; Talleres ganó en la definición por penales 5 – 3, y se quedó con el ascenso al Nacional B. Talleres era el campeón de aquella temporada 1987/88, y pasaba a ser “Nacional”, para jugar ese nuevo certamen que se había instaurado dos años antes, por primera vez en su historia, en el que habría que recorrer el país entero, para medirse con nuevos rivales. Y es justo el homenaje, a 25 años exactos de semejante conquista.



Desde Frecuencia Albirroja, simplemente pretendemos saludar a los campeones que marcaron dentro de la cancha una huella histórica que permanece inalterable en el recuerdo de muchos Tallarines, y agradecer si corresponde a todos aquellos que trabajaron para lograr el objetivo más importante que alcanzó Talleres a lo largo de los últimos 31 años.

FUENTE: SITIO TALLERES 


Por su parte Ariel Cappelletti en otro informe recuerda que: 
En aquella jornada histórica unos 10.000 simpatizantes de Talleres se acercaron hasta Parque Patricios para apoyar a un Talleres que sumaba su segundo ascenso consecutivo, en menos de un año, lo que le permitió subir de Primera “C” a Primera “B” y de ésta categoría al Nacional “B”. El conjunto dirigido por Miguel Ubaldo Ignomiriello se adueñó del título, de los festejos y del ascenso al Nacional B con un plantel conformado por Rubén Alejandro Rojas, Carlos Pablino Cardozo, Osvaldo René Biaín, Máximo Alejandro Pizzarulli, Adalberto Oscar Perroud, Adrián Méndez, Sergio Ariel Zanetti, Sergio Ariel Rodríguez, Néstor Mario Frediani, Pastor Adolfo Ortiz, Gabriel Antonio Marrone, Aníbal Giles, Tomás Quiroga, Gustavo Quinteros, Néstor Iglesias, Julio Crespo, Alfredo Jáuregui, Ricardo Solórzano, Fabio Quatrocchi, Adrián Petrosino, Alejandro Javier González, Claudio Chiodi y Mauricio Caminitti. Tras 30 fechas disputadas, Talleres finalizó junto a Almagro en la primera posición con 38 unidades, por lo que debieron disputar una final para dirimir el ascenso directo, y que obtuvo mucha repercusión por aquellos días, ya que sufrió una postergación por mal clima y fue televisada en diferido en el recordado programa "Fútbol de Primera".


El equipo que disputó la final formó con: Tomás Quiroga: Pastor Ortíz, Osvaldo Biaín, Máximo Pizarulli y Sergio Zanetti: Sergio Ariel Rodríguez, Alfredo Jauregui y Néstor Frediani: Carlos Cardozo, Adalberto Perroud y Rubén Rojas. Para el inicio del segundo tiempo ingresaron Caminitti y Quinteros, en lugar de Rodríguez y Frediani, respectivamente. Tras la igualdad en uno en los 90' reglamentarios, se jugaron 30' de alargue y Talleres venció 5 a 4 por penales, convirtiendo para el albirrojo Biaín, Jaúregui, Zanetti, Pizarulli y Quinteros. Quiroga tapó el remate de Capielo y Quinteros al marcar el último penal de la serie decretó el ascenso de Talleres.

IDOLO EN TODOS LADOS

"EL PELE" BLANCO




“A Narciso Horacio Doval, con sus porteños 20 años recién cumplidos y su rostro de permanente expresión azorada, con dos lucecitas picarescas bailando en las pupilas, lo sacó de la Primera de San Lorenzo lo mismo que lo había llevado allí: su exceso de habilidad. La habilidad de un fútbol sin arcos y sin goles. De un fútbol lleno de travesura, de encanto… y de irresponsabilidad”. En 1965, El Gráfico advertía de las bondades del juego de Doval, pero también de ciertos vicios autodestructivos que arrastraba el Loco y que harían complicados sus primeros años en el fútbol argentino. En el Ciclón había debutado en 1962, en una derrota 4-1 contra River. Ese día, en la primera pelota que tocó, intentó gambetear, sin éxito, a Amadeo Carrizo. El murmullo de la tribuna se volvió atronador y lo dejó marcado por un buen tiempo.




Doval había nacido el 4 de enero de 1944 en Palermo y se había acercado al fútbol por rebeldía, cuando tras la muerte de su padre una asistente social recomendó su reclusión en un colegio católico de Benavídez. A los ocho años detestaba la disciplina que le imponían los curas y se fugaba con la excusa de sumarse a los picados que se improvisaban por la zona. Así logró forjar la habilidad que llamaría la atención de un delegado de San Lorenzo mientras participaba de un partido, ya con edad de Sexta División, enfrente de la embajada de Estados Unidos.






El Loco completó las inferiores en el Ciclón y, tras su complicado estreno frente a River, regresó a la Reserva. Todavía cargaba con las costumbres de los partidos de potrero. No le gustaba marcar y se diluía en jugadas intrascendentes. Dentro del área no pateaba al arco y le costaba largar la pelota. “¿Que soy morfón? Podrá ser –contó tiempo después–, pero sólo cuando los demás no se destapan. Antes que rifarla o que la pierda otro prefiero tenerla yo. Y suponiendo que haya alguien libre por detrás mío… ¡Bueno! ¿Cómo puedo saberlo? Si a mí lo que me interesa es avanzar”.






Doval superó los rechazos iniciales en una gira por México y en un partido en Guadalajara la rompió en un triunfo de San Lorenzo. Ese fue el comienzo de Los Carasucias, un equipo que en 1964 no logró títulos pero sentó las bases para la recuperación del pedigrí del fútbol local. “El apodo viene por la Selección que jugó el Sudamericano de Lima en 1957 –recordó Héctor Veira en El Gráfico de mayo de 2013-, la de Corbatta, Maschio, Angelillo y Sívori. Y en San Lorenzo surgió una generación de pibes atrevidos, también, que venían de las inferiores y jugaban muy bien: Doval, Telch, Areán, Veira y Casa. Teníamos una gran precisión y queríamos ganar, pero no estábamos preparados mentalmente para salir campeones. De repente, en un día inspirado le metíamos cuatro goles a Alemania, ¡eh! Cuando salíamos de gira, les pegábamos cada baile a los equipos más importantes que ni te cuento, pero de golpe nos íbamos del partido”.






Jugando con Los Carasucias, Doval había cambiado los silbidos por aplausos. Había mejorado en la definición y tras pasar por el puesto de wing derecho y mediocampista, ya jugaba como centrodelantero y formaba parte la Selección, con la que debutó en un amistoso frente a Chile en Santiago. Sin embargo, el 8 de octubre de 1967 el Loco quedó asociado a un confuso episodio con una azafata. En un vuelo desde Mendoza a Buenos Aires, luego de una derrota contra el San Martín cuyano, el árbitro Guillermo Nimo –que también viajaba de regreso– denunció haber visto cómo Doval posaba su mano sobre “la parte trasera” de la empleada de la aerolínea y daba una serie de golpes. El escándalo fue conocido rápidamente como “El caso de las tres palmadas” y hubo tantas versiones como protagonistas implicados. Una indicaba que fueron varios los jugadores que se sobrepasaron con la azafata, pero que el Loco decidió cargar con la responsabilidad porque sus compañeros eran casados. Otra sostenía que Doval discutió con Nimo por su flojo arbitraje en Mendoza y, tras haber sido tratado de ladrón, el juez se quiso descargar con una falsa acusación.





Cierto o no, el asunto nunca se esclareció, la azafata jamás habló públicamente y no hubo intervención alguna de la Justicia ordinaria, pero la AFA, a través de su Tribunal de Penas y por respeto a la disciplina castrense implementada por el presidente Juan Carlos Onganía, sancionó a Doval por un año. El Loco, con la suspensión a cuestas, pasó un tiempo en el Elche español, pero volvió rápidamente y fue citado por un dirigente que pensaba eximirlo de la pena: “Mire, yo lo voy a exonerar del castigo, pero debe comprometerse a hacer un retiro espiritual conmigo para poner las cosas en su lugar”, le dijo. Doval entendía que no había nada que acomodar y prescindió de la “ayuda” ofrecida. La hinchaba lo defendía con un cántico característico: “Por una loca, una p... azafata, lo suspendieron al Loco Serenata”.







En 1969 el entrenador brasileño Tim, que se había consagrado con el San Lorenzo de Los Matadores, asumió en Flamengo y los dirigentes cariocas le preguntaron cuál era el mejor futbolista del Ciclón. “El mejor es el que no jugó”, respondió, y Doval, que se había perdido la temporada por la suspensión, aterrizó en Río de Janeiro. A las pocas semanas de su arribo ya tenía un contrato con una productora de televisión para hacer tres publicidades. La rubia postal de Doval, su físico en traje de baño en las playas de Ipanema y Copacabana y la bohemia brasileña en la que el argentino encajó perfectamente, lo convirtieron en un playboy acostumbrado a adornar las revistas del corazón. Bien acompañado por las “garotas”, posaba en páginas centrales.






En Río de Janeiro, Doval se enamoró de la despreocupación del fútbol brasileño y de las libertades. Nadie les prohibía a los jugadores ir a la playa e incluso eran los mismos entrenadores los que incentivaban a sus dirigidos a bañarse en el mar para relajar los músculos. En el Fla fue goleador en 1970, pero un año después discutió con el técnico Yustrich y pidió que lo cedieran a otro equipo. No compartía que las jornadas de trabajo arrancasen a las siete de la mañana, que fuera necesario hacer cola para ir al baño o que todos los jugadores tuviesen que cortarse el pelo.





Su destino, en 1971, fue Huracán. Allí se encontró con el Bambino Veira y con Toscano Rendo, y dirigidos por Osvaldo Zubeldía no pudieron hacer una buena campaña. Doval jugó 29 partidos y convirtió 5 goles. En 1972 regresó a Flamengo.






La segunda etapa en Brasil fue más fructífera. El Loco fue goleador en 1972, 1973 y 1974 y además ganó dos veces el Campeonato Carioca (1972 y 1974) y en dos oportunidades la Copa Guanabara (1972 y 1973). Fue tal la popularidad que alcanzó que lo apodaron El Pelé blanco, un alias que luego heredó Zico, con quien conformo La dupla del pueblo. En 1972 fue protagonista de un hecho histórico cuando, tras marcar el gol de su equipo en la final estadual ante el Fluminense, el Maracaná, que estaba colmado de gente, coreó su nombre.








La magnificencia de su figura hizo que los relatores, que durante el reinado de Pelé no solían llamarlo por su nombre, sino que cuando tocaba la pelota lo llamaban “él”, empezaron a decir “el otro”, cuando quien conducía la jugada era Doval. Eran los dos únicos futbolistas de Brasil que no necesitaban nombres propios. Para entonces, el Loco ya era el Gringo para los cariocas.






En 1975 sucedió lo impensado y Doval pasó a jugar en el Fluminense. “Contratarlo siempre fue mi sueño. Yo lo veía como un jugador perfecto para el Flu, aunque ya había sido ídolo del Fla. Era tan famoso como Zico. Una cosa increíble. Era un jugador espectacular, implacable en la definición”, confesó Francisco Horta, el presidente del Flu que logró incorporar al argentino. El trato se hizo en un trueque en el que Doval, Renato y Rodrigues Neto se fueron al Fluminense y a cambio el Flamengo se quedó con Toninho, Roberto y Zé Roberto. La transferencia pasó a la historia en una canción de Jorge Benjor que se llama Troca troca -Cambio cambio en castellano-, en cuya letra habla del error imperdonable que cometió el presidente del Fla al ceder al argentino.






En el Fluminense, jugando al lado de Rivelino, Doval ganó el estadual de 1976, en el que fue goleador. Un año antes, en 1975, había sido distinguido como Ciudadano Honorario de Río de Janeiro y se había nacionalizado brasileño.






En 1979 regresó a San Lorenzo y volvió enamorado del fútbol de Brasil. “Ellos son unos fenómenos y nosotros un desastre –declaró–. Por eso hay tantos jugadores argentinos allá y ningún brasileño acá. Además, tienen muchas lecciones para darnos. En el Flamengo, por ejemplo, jugaba Brito. Brito se fue a México, volvió campeón del mundo y al día siguiente se puso a entrenar junto a todos nosotros como si recién lo hubieran puesto en Primera”.






Su segunda etapa en el Ciclón no fue buena, en consonancia con el momento que vivía el equipo, pero dejó una anécdota para la historia. “Una vez –recordaba Juan Carlos Lorenzo–, en el Hotel Argentino, tomé el ascensor con él. Paró en el primer piso y subió una mujer, extravagante, que tenía un collar de perlas muy llamativo. Doval se puso detrás de ella, le apoyó el dedo en la espalda y le dijo ‘¡Arriba las manos!’, y la mujer pegó un grito tremendo. Yo le expliqué que era un chiste, pero igual bajó y se quejó en la administración. Me llamaron, hice el descargo, pero le tuve que aplicar al Loco Doval una multa de diez mil pesos. Después bajamos a cenar. En una mesa se sentaban Veira, Doval, Casa, Areán y Carotti. Sí, era una mesa brava. La fulana también estaba cenando. Cada tanto se daba vuelta y lo miraba al Loco, que tenía una facha impresionante. En un momento, Doval le grita desde la mesa: ‘Ni me mirés, ¿eh?, que ya me saliste diez lucas’”.






Los últimos años de su carrera los pasó en Estados Unidos, donde en la incipiente NASL –predecesora de la MLS- jugó en Cleveland Cobras y New York United. Se retiró a los 37 años y se radicó en Brasil. El 12 de octubre de 1991, a la salida de un boliche en Belgrano, un infarto lo fulminó a los 47 años. Su estrella se apagó demasiado pronto, pero el mejor legado fue su vida de película.





Por Matías Rodríguez / Fotos: Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de diciembre de 2015 de El Gráfico


FUENTE: EL GRAFICO 



HISTORIAS QUE MERECEN SER RECORDADAS

JOEL BARBOSA Y EL "MARCANAZO"



Los vecinos de la calle Joao Romariz, en el barrio de Ramos, en Leopoldina, zona norte de Río de Janeiro, creen que en el número 56 hay un incendio. El humo aumenta. En la casa, sin embargo, todo está tranquilo. El automóvil De Soto Luxo, como siempre, permanece estacionado frente a la puerta. Y dentro de casa, Clotilde, vestido claro, estampado, habla y sonríe con Moacyr, camisa de seda, short oscuro y medalla de oro de Nuestra Señora Aparecida. Moacyr ve que las llamas alcanzan buena altura, entre cerámicos y flores rojas y amarillas. Llegan invitados y curiosos. Reciben explicaciones y asisten a la ceremonia en silencio. No miran la carne, que ya está lista para ir a la parrilla. Miran el fuego. La madera que se convierte en brasas. Es 1963 y Moacyr Barbosa está quemando los postes que, trece años atrás, fueron su prisión perpetua. Son los postes del Maracanazo, la final del Mundial de 1950 que Brasil, dijeron todos, perdió por su culpa. Cantó Tabaré Cardozo: "Quema los palos Barbosa/ del arco de Brasil/ la condena del Maracaná/ se paga hasta morir".

A casi catorce  años de su muerte, Barbosa sigue sin paz. En 2009, una epidemia de dengue en Praia Grande, litoral de San Pablo, obligó a encontrar nuevos espacios para enterrar tantos muertos. Las autoridades quisieron remover su tumba en el cementerio municipal. Tereza Borba, heredera, resiste desde hace años y ahora quiere que la tumba sea un centro de atracción turística. Puso en subasta el trozo de uno de los postes malditos que Barbosa salvó de su propio fuego. Barbosa, ya retirado, trabajaba en 1963 en el Maracaná y su jefe, Abelardo Franco, le regaló los postes cuando la FIFA ordenó instalar nuevos arcos de hierro. Los viejos postes de madera aparecen en Maracaná, documental uruguayo presentado hace unos días en el Festival de Cine de Punta del Este. La sala Cantegrill estalló en gritos de gol cuando Alcides Ghiggia, único sobreviviente y allí presente, sorprendió a Barbosa, quien intuyó centro atrás y descuidó el primer palo. Fue el 2-1. El gol acaso más mítico en la historia de los Mundiales, anotado ante una multitud récord de 200.000 personas, el diez por ciento de la población de Río de Janeiro.


Al primero que le escuché la historia de los postes fue a Eduardo Galeano. Barbosa le dijo que los partió con un hacha y los quemó hasta hacerlos ceniza. Pero "el exorcismo -escribió Galeano- no lo salvó de la maldición". "En Brasil -dijo una vez Barbosa, después de que, en 1993, supuestamente, le prohibieron ingresar a una concentración de la selección, por mufa-, la pena mayor por un crimen es de treinta años de cárcel. Hace 43 años que yo pago por un crimen que no cometí." Dos libros brasileños reconstruyeron en 2013 la historia de los postes quemados, con el añadido del asadito. Barbosa, de Roberto Muylaert, y Queimando as traves do 50, de Bruno Freitas. También tengo Anatomía de una derrota, el fabuloso libro que Paulo Perdigao escribió en 2000. Unos meses atrás, Geneton Moraes Neto presentó Dossié 50. Entrevistas que hizo en los 80 a los once titulares de aquella final. "Todos con el estigma del naufragio." "Todos -me dijo hace poco Ghiggia- señalan a Barbosa, pero esa tarde yo volví loco a Bigode."


Pocos saben que, en realidad, el primer apuntado apenas terminó el partido fue Bigode, desbordado por Ghiggia en los dos goles. Pasó dos años dentro de su casa. Sólo salía para ir a entrenarse. El DT Flavio Costa y el plantel señalaron siempre a Juvenal, porque falló en ambas coberturas. La noche previa a la final, Juvenal, autorizado a salir, volvió a la concentración tarde y borracho. Venía del Dancing Avenida, un cabaret en el centro de Río. Mantuvo el puesto sólo porque el suplente Nena estaba lesionado. Ese equipo fue el primer Brasil subcampeón de la historia. Ninguna otra selección brasileña llegó a anotar 22 goles en un Mundial. En la rueda semifinal, después del 7-1 a Suecia (mayor goleada de Brasil en todos los Mundiales), se produjo el 6-1 a España, según muchos, la mejor exhibición de una selección verdeamarilla en el Maracaná. "Fútbol del futuro", lo describió el periodista inglés Brian Glanville. Pero no hubo título. "Antes de la final -dijo Ademir, goleador con 9 tantos- tenía una fortuna en mis manos. Era nombre de pelota, marca de chocolate y cigarrillos y hasta concejal. Cuando terminó el partido, era un hombre muerto." El eterno señalado, sin embargo, siguió siendo Barbosa. "Ése -le dijo una madre a su hijo al verlo por la calle- es el hombre que hizo llorar a doscientos millones de brasileños."


La reconstrucción del día final desnuda que la derrota pudo haberse debido a algo más que a las fallas de dos jugadores negros (Barbosa y Bigode) y de un mulato (Juvenal). A las 7 de la mañana, los jugadores asisten a una misa organizada por una radio. "Éstos -los presenta en portada el diario O Mundo- son los campeones del mundo." A las 11 comienza el almuerzo, pero hay que pararse porque llega Cristiano Machado, candidato a presidente. "Están a un paso de dar a nuestra patria un trofeo que figurará bien alto en el pedestal de la inmortalidad", les dice el político. Le sigue Adhemar de Barros, candidato a senador. Y luego Eduardo Rios, ministro de Educación. Los socios de Vasco da Gama -la concentración es en Sao Januario- reclaman a Adhemir, su ídolo. Un desconocido invoca misión oficial y hace firmar a los jugadores decenas de fotos que luego planea revender a precio de oro. 



"Vámonos ya mismo al Maracaná", decide Costa. El micro toca un portón y Augusto, el capitán, se raspa la cabeza. Una versión indica que los jugadores debieron bajarse para empujar el ómnibus. Costa dispone colchones en el piso del vestuario, apaga la luz y hace sándwiches de queso para los que ni siquiera pudieron almorzar. Faltan tres horas para el partido. Ya cerca del inicio, la charla final de Costa es interrumpida porque llega Angelo Mendes de Morais. "Ustedes -dice el alcalde por los 254 altavoces del estadio-, que en pocas horas serán aclamados campeones por millones de compatriotas. Ustedes, que no tienen rivales en todo el hemisferio? Ya los saludo como vencedores. Yo cumplí mi promesa construyendo este estadio. ¡Ahora cumplan con su deber, ganando la Copa del Mundo!" Su busto, fuera del estadio, cae destruido tras la derrota. Es el único daño de la multitud en luto. "Prepararon la fiesta para coronar al rey, pero el rey -diría luego Barbosa- murió antes de tiempo."



"Clotilde -le dice Barbosa a su esposa al día siguiente de la derrota-, vestite que vamos a salir." Suben al De Soto Luxo. Pasean. El arquero compra un regalo a Clotilde. En el cine, unos jóvenes amagan decir algo. Años después, a otro joven burlón Barbosa le pregunta si sabe "por qué la vaca defeca mucho y el cabrito hace apenas una aceituna". "Si no sabés ni de la mierda, no podés hablar conmigo de la Copa del Mundo." Barbosa fue elegido mejor arquero del Mundial. Ganó todo con el Vasco da Gama. No fue al Mundial siguiente por una fractura de rodilla. Atajaba sin guantes. Sufrió seis fracturas en la mano izquierda y cinco en la derecha. Se rompió tres costillas. Las crónicas recuerdan atajadas formidables. Se retiró a los 42 años. 1300 partidos. Los gastos para curar a Clotilde liquidaron sus ahorros. Muerta su esposa, en 1996, y cansado de que siempre le preguntaran sólo sobre el gol de Ghiggia, Barbosa se refugió en Praia Grande. Tereza Borba se convierte en la hija que no tuvo. Barbosa ubica su silla al lado de su quiosco, sobre la playa, en Cidade Ocean. Tereza logra que el Vasco le pague a Barboza el alquiler de un humilde departamento de 50 metros cuadrados. Allí lo entrevista Muylaert. El periodista termina su libro con un cuento que fue llevado al cine. El actor Antonio Fagundes hace del hombre que ve el futuro y que se desespera para avisarle a Barbosa que Ghiggia apuntará al primer palo. Para evitar "nuestro Hiroshima", como lo exageró Ary Barroso. También Geneton Moraes hizo un documental con Dossie 50. El trabajo, una verdadera lección de historia, comienza jugando con un poema de Walt Whitman: "¡Viva para los que cayeron! ¡Y para aquellos cuyos buques de guerra se hundieron en el mar! ¡Y para todos los generales de estrategias derrotadas! ¡Fueron todos héroes!".
FUENTE LA NACION


"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

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