viernes, 11 de febrero de 2022

UN GRANDE ENTRE LOS GRANDE QUE TUVO UN TRAGICO FINAL

"EL PALOMO" USURIAGA

FUENTE: INFOBAE/RODRIGO TAMAGNI




Las agujas del reloj señalan las 20 en el barrio 12 de octubre. Hay charcos de sangre en el suelo, cartas salpicadas por el furioso rojo corporal, rostros temerosos en las calles y un olor a pólvora que invade las cavidades nasales. Los trece balazos que escupió la 9mm de los pistoleros retumbaron en ese angosto empedrado al oriente de Cali. Alveiro Usuriaga pelea por su vida; el "Palomo" entrega sus últimos esfuerzos. Un dúo de sicarios a bordo de una motocicleta acaba de terminar la historia de uno de los jugadores más exóticos que tuvo el fútbol argentino durante la década del 90.

15 años atrás, el delantero que necesitó de un puñado de partidos con la camiseta de Independiente para dejar una huella indeleble estaba jugando a las cartas y al dominó con sus amigos en ese barrio –que lo vio nacer y nunca lo dejó ir– de calles estrechas, fachadas con mixturas de revoques y ladrillos y asuntos espesos. Alveiro había sido testigo indiscreto de un ajuste de cuentas; o quizás un jefe criminal de esa zona de pandillas estaba relacionado con una mujer que en el pasado había sido su pareja. No quedó demasiado claro el móvil, aunque poco importó. Tres días más tarde debía viajar a Japón para vivir su última experiencia deportiva a los 37 años. No lo dejaron levantar vuelo por última vez.

"Era muy querido y respetado. No era de Independiente solo, era de todos. Era ídolo. ¡Los pibes venían a ver al Palomo! Era una cosa impresionante", recordó Miguel Brindisi, su DT, sobre este hombre que se puso la camiseta roja por primera vez en marzo de 1994 ante River y acumuló 63 presentaciones, 20 goles y tres títulos durante dos períodos por Avellaneda.



Su cuerpo de 1,92 metros con movimientos de una desorganización coordinada asombrosa atraparon al exigente pueblo rojo. Extravagante dentro y fuera del campo, tenía un sueño desde el día que lo forzaron de niño a probarse en el fútbol aunque él pensaba en ser jugador de básquet: "Quería ser portada de El Gráfico de Buenos Aires", contó un amigo de la infancia en el documental La Jaula del Palomo que se estrenó en los últimos días. Lo cumplió en agosto de 1994, cuando tuvo una actuación descollante en el 4-0 sobre Banfield que dejó al "Rojo" a un paso del título. Las estadísticas indicarán que en aquella jornada marcó un gol y dio dos asistencias, pero los rivales saben que ese día el "Palomo" estuvo iluminado. "El colombiano Usuriaga fue figura", rezaba la bajada de aquella portada.



Las estadísticas quizás sean injustas en Argentina. No reflejan el legado que sembró. Sus logros se conjugaron con su forma de tratar al balón y su estilo fuera del campo. Refinado con la pelota, de excéntrica cabellera y con estrafalario look, Usuriaga es el punto de comparación para cualquier colombiano –especialmente atacante– que arribó a Independiente luego de su estadía. Nadie logró cubrir su lugar.



Menospreciado en una Colombia que tenía a jugadores de la talla de Valderrama, Rincón, Asprilla y Valencia, impuso su huella al anotar el único gol en el Repechaje ante Israel que clasificó a su país por segunda vez en la historia a un Mundial. Maturana, a pesar de eso, no lo convocó para Italia 1990 y generó una grieta que así definió el periódico Semana durante esos meses: "A pesar de su difícil carácter y de que se le han subido un tanto los humos, buena parte de los comentaristas deportivos estuvieron de acuerdo con que se convocara al "Palomo", así fuera como suplente pues en cualquier momento podía ser la carta salvadora del equipo, como ya lo demostró en varias oportunidades".


Salió del América de Cali, pero también anduvo por el Deportes Tolima, el Cúcuta, Atlético Nacional, Bucaramanga y Millonarios. Le costó encajar en sus tierras. Fue difícil que lo entendieran en el mundo del fútbol. Un fuera de serie. "¿Sabés cómo aprendí a manejar? Compré mi carro y le pregunté al que me la vendió cuál era la primera. Me fui manejando", aseguró sobre aquella camioneta que a las dos cuadras chocó.



Nunca se fue de su barrio, le dolía estar lejos. Regalaba ropa a los vecinos del 12 de octubre y pagaba estudios de varios jóvenes. Todos sabían que Usuriaga estaba por arribar al campo de entrenamiento porque el ritmo que amplificaban los parlantes de su lujosa camioneta podía escucharse a varias cuadras de distancia. Un par de motos a su lado y otros muchachos colgados del vehículo completaban la escena. "El periodismo en Colombia cuando salgo del entrenamiento en vez de hacerme una entrevista se van detrás de uno. Están más pendientes de uno que del fútbol", lo resumió él mismo.


Una tarde fue elegido como figura en uno de sus primeros encuentros profesionales. El premio era un canje de ropa en una reconocida casa de indumentaria colombiana. Fue caminando porque no tenía plata ni para tomar un ómnibus. Sus ojos se abrieron como dos faroles cuando llegó al lugar. 


Quería ese traje blanco inmaculado que brillaba en la vidriera. "¡Ahí viene el Palomo!", le gritaron sus amigos cuando apareció con su flamante vestuario de futbolista sin saber que estaban creando una marca registrada.



"Acá me siento como en casa", afirmó durante su doble pasaje por Avellaneda (94/95 – 96/97) un personaje que juró a un amigo que solo se iría muerto del barrio que lo vio nacer. Todavía continúa gambeteando rivales dentro del área de la Doble Visera en lo que fue uno de sus mejores goles –a Germán Burgos– con la casaca de Independiente ante Ferro. También su enganche cortito y las zancadas a pura velocidad son un tatuaje en la memoria  de los futboleros. El climax lo alcanzó en aquel 1994, cuando fue elegido como parte del mejor equipo de América junto con sus compañeros Sebastián Rambert y Gustavo López.


También su legado dejó presentes los excesos de velocidad, las fiestas, el alcohol y la controversia con las drogas. Los problemas lo persiguieron; no quiso o no supo esquivarlos. En 1997, todo explotó: en el análisis de orina que le realizaron encontraron muestras de cocaína. Recibió una dura sanción de dos años sin poder jugar. Cambió sus números telefónicos, se recluyó en su barrio caleño y se hundió en una profunda depresión solo acompañado por su recién nacida hija Lady Daiana. 


Su abogado, Fernando Burlando, debía comunicarse con él por intermedio del representante. "Él no es técnicamente un consumidor habitual, sino un experimentador", explicó el letrado en declaraciones de aquel año que también expresó ante el juez. "Alveiro es un consumidor casual. No es drogadicto. Es más, lo puedo demostrar: jugó en Colombia, España, México, Ecuador, Brasil y Argentina. Siempre salió negativo en las pruebas. Entonces, no se puede decir que es drogadicto un jugador que lleva 10 años en primera división", reforzó la idea su representante Vázquez en una nota con El Tiempo de Colombia.


Reapareció a los dos años con el pelo corto y teñido de rubio en el Torneo Argentino A con la remera de General Paz Juniors de Córdoba. "Todos hemos cometido errores. Nunca fui adicto, fue un problema que tuve. Fueron las ganas de probar y justo me tocó el control antidoping. Fue la única vez que consumí. No me sentí apoyado, pero me ayudaron Maradona, Caniggia, el "Cabezón" Ruggeri", expresó ante el diario Olé a comienzos del nuevo milenio. En su historial tenía dos condenas a prisión en Colombia durante estos años, los más tumultuosos: fueron por agredir a un policía y por haber comprado una moto robada a 3.000 dólares. Ambos delitos excarcelables, lo que le permitió esquivar la cárcel.


Brilló en el ascenso con los cordobeses, también se puso la de All Boys. Tuvo un breve lapso en Sportivo Luqueño de Paraguay –que sumó estadísticas a su amplia carrera por Málaga, Necaxa, Barcelona de Guayaquil y Santos–, antes de descollar por última vez en el Carabobo venezolano, ya en el epílogo de su trayectoria.


A los 37 años se desplomó sobre el suelo de aquella tierra de pandillas en la esquina de Calle 52 y Carrera. Nunca más volvió a levantarse. La promesa de la amenaza telefónica a su familia en las horas previas se había concretado. La violencia condujo a más violencia y sus asesinos mataron, murieron o terminaron en prisión. Su velorio fue una fiesta: una multitud irrumpió en la Catedral a pura música y lo trasladó al cementerio Metropolitano de Cali como ese ídolo que fue; distinto, irreverente e imperfecto.


El calendario marca el 12 de febrero del 2004. Casualidades del destino. El "Pato" Pastoriza le pide a Independiente reeditar el saludo histórico con los brazos al cielo después de décadas sin hacerlo en el retorno a una Copa Libertadores contra Cienciano. Desde las tribunas un grito unánime también vuelve a brotar a casi 10 años de oírse por última vez. "Usuriaga, Usuriaga", late la Doble Visera como si fuese un regimiento de trompetas acompañando el ingreso a la inmortalidad de ese hombre de sonrisa ancha que la noche anterior había jugado su última carta contra el destino.



jueves, 10 de febrero de 2022

HISTORIAS PARA LEER

PABLO ESCOBAR Y SU AFICION POR EL FUTBOL 

Pablo Escobar era un gran aficionado al fútbol, y organizaba partidos de fútbol en La Catedral, una particular prisión ubicada en Envigado, Antioquia, Colombia. En 1991, Escobar se entregó a las autoridades y llegó a un acuerdo con el presidente colombiano César Gaviria para no ser extraditado a Estados Unidos, aceptando ser encarcelado en una cárcel que él mismo diseñó y dotó de personal.




En el corazón de La Catedral había un campo de fútbol 5, donde Escobar organizaba con frecuencia partidos en los que participaba de vez en cuando jugadores profesionales a los que se pagaba generosamente por asistir.

En 1991, Diego Maradona visitó La Catedral tras recibir una sanción de 15 meses por no pasar un control antidopaje en el Nápoles. Escobar era un viejo admirador del argentino e incluso le ofreció una enorme cantidad de dinero por jugar junto a Higuita en un partido en La Catedral. Maradona afirmó que no sabía quién era «El Patrón» cuando lo conoció, pero jugó en el partido y, después, estuvieron de fiesta juntos toda la noche. «Cuando fui a Medellín y me llevaron a una cárcel rodeada por miles de militares dije: ‘¿Qué mierda pasa, ¿me van a meter preso?’ Cuando entré a ese lugar parecía un hotel de lujo de Dubái, ahí me lo presentaron, me dijeron: ‘Diego, él es el patrón’. Lo saludé y el tipo muy respetuoso, bastante frío, pero demostró amabilidad conmigo. Pero como yo de noticias y tele nada, no sabía muy bien quien era», confesaba posteriormente Maradona.

La visita de Diego Armando Maradona y de otros futbolistas, entre los que no se ha desvelado nunca la lista completa, fue aprovechada por Escobar para celebrar una fiesta por todo lo alto para él y el resto de presos en La Catedral.

El plato fuerte de la fiesta fue el partido que futbolistas y miembros del cártel disputaron en el campo de fútbol dentro de la cárcel. Se desconoce cuál fue el resultado final, pero los relatos sobre aquel encuentro aseguran que Maradona y Pablo Escobar se enfrentaron ocupando el puesto de delantero en ambos equipos y que gran capo de la droga logró hacer varios goles.

Tras el encuentro comenzó una fiesta amenizada por músicos nacionales y a la cual asistieron reinas y presentadoras de la televisión colombiana. «En esa cárcel extravagante estuve rodeado de las mujeres más lindas que vi en mi vida. Me hizo pasar a una especie de oficina donde me dijo que admiraba mi fútbol, y que se sentía identificado por mí, porque al igual que yo, él salió de la pobreza para triunfar», tal y como relató Maradona. Como colofón al encuentro, y según cuentan algunos testigos de aquello, Escobar le habría propuesto al argentino fichar por el Deportivo Independiente Medellín, pero la sanción, aún vigente lo hizo imposible y tras esta Maradona se decantó por el Sevilla que en aquel entonces entrenaba Carlos Bilardo.

Aquella no fue la única visita de Maradona a Colombia relacionada con el cártel. Antes de ser un gran ídolo de masas, cuando aún era un niño que comenzaba a destacar en Argentinos, fue invitado por Miguel Rodríguez Orejuela, cofundador del Cartel de Cali junto con su hermano Gilberto, a su casa. Tras una comida en donde conocieron al joven talento argentino, el narcotraficante le hizo una gran oferta para que vistiera la camiseta del América de Cali, oferta que finalmente acabaría superando el FC Barcelona logrando su fichaje en 1982.

 El entrenador del Orlando City, Oscar Pareja, recuerda que fue invitado junto a seis compañeros de Independiente a La Catedral, una invitación que no pudo rechazar. Escobar lo trató como a un dios, y tras reunirse con él, jugaron un partido juntos. Estos partidos de fútbol llegaron a su fin después de que se cometieran asesinatos en las mismas instalaciones. Hubo rumores de que Escobar ejecutaba a sus rivales, lo que hizo que la cancha de fútbol se tiñera de rojo. Tras escapar de su prisión, fue abatido por la policía tras una larga persecución.

 

domingo, 6 de febrero de 2022

CUANDO SAN LORENZO DE ALMAGRO DESLUMBRO AL MUNDO

AQUELLA FAMOSA GIRA POR EUROPA 

FUENTE DIARIO CLARIN




Hubo un momento en el que San Lorenzo parecía lo que hoy es el Barcelona. No era una cuestión de colores. Se trataba, sobre todo, de una certeza que mostraba el campo de juego. Sin embargo, el olvido sucede ahora, en los días bravos: en la platea Norte del Nuevo Gasómetro son muchos los que no recuerdan ni un nombre de aquel equipo que jugaba mejor que ningún otro hace poco más de seis décadas. Algunos -a veces- aplauden con entusiasmo la propuesta de Ricardo Caruso Lombardi, esa que tiene más de catenaccio que de tradición azulgrana. En este tiempo de promedio escaso, aquellos días mágicos se parecen demasiado a una mentira bien contada. Pero no. Nada de eso. El San Lorenzo de 1946, aquel que salió de gira y encantó a todos, fue un hito en el fútbol argentino y en el mundo. Por sus éxitos, pero sobre todo por reivindicar un modo de jugar. Resultó, en consecuencia, un espejo en el que algunos supieron mirarse.

Aquella gira fue un principio. Lo escribió el periodista Alfredo Relaño, en el diario As, en pleno auge del mejor seleccionado de este tiempo, la España del Triplete (la campeona del mundo, la bicampeona de Europa): "España jugó sus primeros partidos de selección en los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, y de allí regresamos con el cartel de la 'Furia Española', que ha producido no poca confusión posterior. Pero he aquí que ahora hemos alcanzado nuestro máximo con un estilo diametralmente opuesto, el 'Tiqui-taca', el pase corto, el tuya mía, el manejar, entretener y esperar a que la jugada aparezca sola. Lo que vimos y no aprendimos del San Lorenzo de Almagro, en aquella gira a caballo entre el 1946 y el 1947, de la que se siguió hablando durante muchos años. Bueno, pues ahora jugamos así". Aquel San Lorenzo, estupendo representante del fútbol argentino de aquellos días, fue la mejor escuela.

En la temporada, San Lorenzo había sido un campeón con brillo, incluso a pesar de la irregularidad de su arranque. Al cabo de la primera rueda en la que tuvo varios tropiezos (entre ellos, la derrota en el clásico frente a Huracán, por 3-2, con dos tantos de Alfredo Di Stéfano), finalizó tercero, detrás de River y de Boca. Lo que continuó fue avasallante: perdió apenas un encuentro (ante Estudiantes) e hizo del lujo y de la contundencia sus dos principales argumentos. Fue un deleite. Construyó actuaciones memorables; le hizo siete goles a Rosario Central, seis a Atlanta, cinco a Lanús, Platense y Racing; derrotó a Boca y a River. Finalmente, se consagró con 46 puntos, cuatro más que los de la Ribera y cinco más que los de Núñez. Así, el club de Boedo sumaba su quinto campeonato de Primera (el segundo en el profesionalismo, tras aquella conquista de 1933).

Dos semanas después de la consagración, San Lorenzo -en su condición de mejor equipo del fútbol argentino- inició una gira por España y por Portugal. En la península, los medios locales le dedicaban sus portadas a aquella visita que merecía todos los adjetivos: trascendente, maravillosa, de jerarquía. El equipo que dirigía Pedro Omar -tricampeón como futbolista del club en los años 20- debutó el 22 de diciembre de 1946 frente a Atlético Aviación (hoy Atlético de Madrid), líder entonces del torneo español, y brindó una exhibición, ganó 4-1 y los 50.000 espectadores lo despidieron arrojando los sombreros al aire. Era el primer paso de un camino de maravillas.

La única derrota en los diez encuentros que disputó en el Viejo Continente sucedió en Navidad. La leyenda cuenta que luego de una larga celebración de la Nochebuena. El Real Madrid lo venció por 4-1. Pero no inhibió a aquel plantel que contaba con figuras tales como Mierko Blazina, Oscar Basso, Angel Zubieta, Armando Farro, Rinaldo Martino y René Pontoni, entre otros. A partir de entonces los resultados parecían exageraciones o partidos de tenis. Enfrentó dos veces al seleccionado español y lo derrotó con exhibiciones notables. Fueron dos sets: 7-5 y 6-1. El primer día de 1947, en el viejo estadio de Las Corts, en Barcelona, el público local ofreció el mejor de los homenajes gritando una verdad: "Son els millor del mon" ("Son los mejores del mundo"). No era un equipo menor el combinado español de aquellos días: contaba con dos delanteros brillantes como Isidro Lángara (tres veces consecutivas Pichichi en España y máximo anotador de 1940 en el fútbol argentino con la camiseta azulgrana; autor de 17 goles en 12 partidos internacionales) y Telmo Zarra (el máximo anotador de la historia de la Primera División de España; esa en la que ahora Lionel Messi construye récords cada fin de semana). Y en Brasil 1950 -el mismo Mundial en el que Argentina no participó y se perdió de aprovechar a este San Lorenzo de lujo- alcanzó el cuarto puesto que hasta la consagración en Sudáfrica era el mejor puesto en la historia del seleccionado en Copas del Mundo.

El equipo también anduvo por el País Vasco, tierra de ovaciones para Zubieta, orgullo local. Y allí empató 3-3 ante el Athletic Bilbao (subcampeón de la temporada 46/47). También igualó frente a Valencia (1-1) y contra Deportivo La Coruña (curiosamente sin goles). Ya hacia fines de enero, San Lorenzo se movió a Portugal. Nadie podía creer cómo jugaba ese equipo vestido de azulgrana: convirtió 19 goles en tres días. Venció 9-4 al Porto y 10-4 al seleccionado portugués. El cierre de la campaña aconteció en territorio andaluz: un increíble 5-5 contra Sevilla, campeón de España en la temporada 45/46. Diez partidos, cinco victorias, cuatro empates, una derrota y 46 goles convertidos (Martino y Pontoni fueron los máximos anotadores). Catorce años antes de que la Copa Libertadores -ese estigma para el club de Boedo- comenzara a ser el presunto título homologador de la chapa internacional, San Lorenzo escuchaba ovaciones en Europa. Y demostraba algo que vale bastante más que varios trofeos todos juntos: la legitimidad que ofrece ser considerado el mejor de todos.

El periorista Patxo Unzueta le realizó una entrevista a José Luis López Panizo, rival de aquel San Lorenzo y figura del fútbol español de los años 40 y 50, recogida en su libro "A mí, el pelotón". Comentaba allí Panizo: "Cuando empecé, ya podías hacer maravillas, que si no marcabas muchos goles o eras de esos que al correr arrastran al defensa que te agarra de la camisa y tal decían que eras lento, que no valías. Por eso yo me alegré mucho cuando vinieron a San Mamés los argentinos del San Lorenzo de Almagro, que era entonces uno de los mejores equipos del mundo, y la gente se quedó asombrada y decían: '¡Anda, si juegan todos como Panizo!'". Aquella gira de hace más de seis décadas, sólo puede compararse con la que realizó Boca en 1925. El club de la Ribera (el más campeón de los años 20, junto a Huracán) asombró a Europa y acrecentó su popularidad de manera exponencial. Quince victorias, un empate y tres derrotas (una en Galicia; dos en el País Vasco) fue el saldo de un hito que marcó la historia de Boca y del fútbol argentino.

Visto con los ojos de este tiempo parece mentira. Pero aconteció. El diario El País, de Madrid, lo evocó alguna vez: "Lo que sucedió a partir del 21 de diciembre hasta finales de enero de 1947 pareció irreal, inenarrable. La prensa diaria y la revistería ampliaron los espacios destinados al fútbol, multiplicandos por varios enteros. El San Lorenzo de Almagro, pese a jugar contra el frío, la nieve y las intensas lluvias de aquel invierno, causó sensación. Puso en evidencia a las dos formaciones nacionales ibéricas: 13 goles a 5 contra España, en dos partidos; 10-4 contra Portugal. En La Coruña, las entradas se vendieron como si fueran cuartos kilos de aceite a precio de tasa". Aquel San Lorenzo había hecho magia: transformó a su equipo en una escuela itinerante de fútbol. Pedro Uzquiza -inolvidable periodista de Clarín- mucho sabía de equipos que merecían el recuerdo. Escribió entusiasmado en alguna de las sillas de esta redacción sobre el campeón de 1946, claro: "A San Lorenzo lo bautizaron El Ciclón por su estilo arrollador. Pero en 1946, la incorporación de dos jugadores le cambió la fisonomía: perdió pujanza, ganó en belleza y se convirtió en uno de los equipos con mayor brillo del fútbol argentino. La contratación de René Pontoni, quien llegó desde Newell's, con su enorme categoría de jugador fino y elegante, encontró en Armando Farro, adquirido a Banfield, la dinámica creadora para que juntos se asociaran a Rinaldo Martino, otro jugador cargado de una inteligencia superlativa y conformaran lo que entró en la historia como El Trío de Oro". Aquel equipo -hechizado por el encanto de sus tres mejores intérpretes- resultó un hito en la historia del fútbol argentino por aquel título que consiguió al ritmo de los aplausos que generaba. Pero sobre todo por ese recorrido que dejó su huella en su visita a Europa.


Tenía otra virtud enorme aquel plantel: el sentido de pertenencia. Una anécdota de aquel tiempo -imposible en esta era de fútbol sólo por billetes- retrata la sensación: a René Pontoni lo quería el Barcelona. Habían quedado fascinados con su juego y con el de Mamucho Martino. Querían solidificar la supremacía que en esos años tenían sobre el Real Madrid de la era pre Di Stéfano. Entonces, el entrenador José Samitier -a quien apodaban Hombre Langosta y/o El Mago- le ofreció jugar a La Chancha -como le decían a Pontoni- para el gigante catalán. Pero no pudo ser. El estupendo René eligió quedarse en su club y con su gente. De regreso de la gira, también ofreció su talento a la Selección: en ese 1947, obtuvo su propio tricampeonato en la Copa América. Sus números con la camiseta albiceleste son propios del mejor Messi: 19 tantos en 19 encuentros. A Rinaldo, otro crack que en 1949 pasaría a la Juventus y hasta jugaría para el seleccionado italiano, también se lo perdieron.

Había una búsqueda de la belleza, de la apuesta por el carácter lúdico. Pero también tenía sus secretos aquella formación. Félix Daniel Frascara retrató en aquellos días cómo era el equipo por dentro: "No fue siempre Oscar Basso el hombre que marcó al centre forward ni tuvo Salvador Greco, eje del equipo, una residencia fija. La colocación de Colombo, dependió, en todo caso, de la que adoptara Basso. Y si José Vanzini, casi invariablemente, cuidó al puntero izquierdo, fue como consecuencia de que a Zubieta se le permitió jugar de acuerdo con sus preferencia: algo adelantado, con mucho campo de acción y recostado sobre el centre half ". Tiempos de otras nomenclaturas, aquel San Lorenzo -señalan- fue un adelantado a su época. En España sostienen quienes lo vieron que jamás lo olvidaron. Sucede que ese equipo es un recuerdo que late cada vez que se juega bien al fútbol.

viernes, 4 de febrero de 2022

A UN AÑO DE SU PARTIDA (14-09-1990)-(04/02/2021)

"ETERNO GOLEADOR": SANTIAGO "EL MORRO" GARCIA

FUENTE: "TYC SPORTS/ LIBERO

El sábado se conoció la triste noticia de que Santiago García se suicidó en su casa de Mendoza. El Morro estaba bajo un tratamiento psiquiátrico por un cuadro de depresión, marginado del plantel de Godoy Cruz, donde jugaba desde 2016 y es considerado un ídolo. Líbero realizó un informe repasando cada uno de los momentos de la vida del delantero uruguayo.




Santiago Damián García Correa nació el 14 de septiembre de 1990 en un humilde barrio de Montevideo, capital de Uruguay. Su apodo es 'Morro' por Morrocoy, una especie de tortuga, según contó alguna vez en un Líbero Vs. Nacional fue el club donde se formó y en 2009, con 18 años, tuvo su estreno en Primera. Pasó por la Selección Sub 20 de su país, con la que jugó el Mundial de ese año, y tras sus buenas actuaciones en 2010 se convirtió en titular en El Bolso.

A sus 20 años fue transferido al Atlhetico Paranaense de Brasil, donde, más allá de lo futbolístico, la pasó realmente mal. A los pocos meses de haber llegado, saltó un positivo de un control antidoping en Uruguay por consumo de cocaína. "Cuando empecé a investigar, no es que me quedé tranquilo pero hubo manejos raros. En Uruguay quedé como drogadicto, fue el primer caso en la historia del fútbol uruguayo, pero el que me conoce sabe lo que realmente pasó y eso me deja tranquilo", contó en Líbero Vs. "Quería encontrarle la explicación. Capaz me lo metieron en la comida, en un vaso o algo. Yo duermo muy tranquilo", agregó.

A partir de allí empezó con un cuadro de depresión. "Hubo momentos en que la pasé mal, pensé en dejar a jugar al fútbol. Un día mi hermano vio la manera en la que estaba viviendo. No prendía la luz de mi casa, estaba deprimido, no quería jugar más. Hubieron muchas situaciones que me sobrepasaron", declaró.

De ahí, en 2012, se marchó a Kasimpasa de Turquía, su primera y única etapa en Europa, que también fue bastante mala. En una temporada sólo disputó tres partidos y anotó dos goles, además quisieron hacerlo bajar de peso.

Tras una olvidable etapa en Nacional, en 2014 Santiago García pasó por River de Uruguay. Para 2015 volvió a ser el máximo goleador del campeonato uruguayo, cuando en el Torneo Apertura de ese año anotó 10 goles en 15 partidos. Lo que llamó la atención desde la Argentina.

Luego, el Morro encontró su lugar en el mundo en Mendoza. Pocos se imaginaban que el que llegaba luego sería el máximo goleador de la historia del Tomba en Primera División y el segundo de toda la historia del club en general. Fueron 119 partidos en 5 años y 51 goles. Fue el mayor artillero de la Superliga 2017-18 y con su rendimiento llevó al elenco mendocino a un histórico segundo puesto, donde terminó a sólo dos puntos del Boca campeón.

Además, en 2019 el Tomba llegó por primera vez a los octavos de final de la Copa Libertadores. Su buen rendimiento llamó la atención de varios clubes de Argentina y también del exterior que intentaron seducirlo; sin embargo, él tenía claro lo que quería. "Juego más amor que por plata, me han ofrecido muchísima plata para ir a muchísimos clubes, pero acá estoy tranquilo", le confesó a TyC Sports.

En 2020 tuvo poca participación en Godoy Cruz, sobre todo después de la reanudación tras el parate por la pandemia de coronavirus. 'Problemas personales' informaban desde el club. Se entrenaba apartado del plantel y poco se sabía de su estado. Realizaba un tratamiento psiquiátrico por un cuadro de depresión, sobre todo por no poder ir a Uruguay para ver a su hija. "Los jugadores no somos robots, no estamos hecho de acero. Varios problemas personales que fueron influyendo en mi rendimiento, no fue fácil para mí. No son excusas. Quiero volver a ser el goleador, sentirme bien", declaró en una entrevista con Radio Nihuil.

Luego, a sus 30 años, llegó su drástica decisión de quitarse la vida. El fútbol argentino llorará la muerte de uno de los mejores jugadores de los últimos años que llevó al Tomba a lo más alto y culminó las mejores temporadas de su historia.


jueves, 3 de febrero de 2022

JUGADORES PARA RECORDAR

EL CROATA ALEN BOKSIC 

FUENTE: KODRO MAGAZINE 

Alen Bokšić pasó la mayor parte de su carrera en Francia e Italia, donde dejó huella por su técnica, potencia y espectaculares goles en clubes como el Olympique de Marsella, Juventus y Lazio. Aún a día de hoy es considerado como uno de los mejores jugadores de la historia de la selección croata de fútbol junto a Davor Šuker, Zvonimir Boban o Robert Prosinečki, entre otros.



Fue un delantero increíblemente atlético, uno de los primeros prototipos de delantero moderno, en una época en la que el fútbol empezó a alejarse poco a poco de los tradicionales números nueve en favor de delanteros más dinámicos y ágiles. Físicamente imponente, pero dotado de una técnica excelente y una velocidad endiablada, Bokšić era un enigma imposible de resolver para muchos. «No sé quién es mejor», dijo una vez su antiguo compañero de equipo Slaven Bilić cuando le pidieron que comparara a Bokšić con su compañero de ataque, Davor Šuker. «Si me preguntas como central, cuando juegas contra Bokšić, te habría masacrado. Corriendo, regateando, yendo por la izquierda en el canal. Te daría una patada, te golpearía, lo que sea. Pero tal vez no anotaría. ¿Pero Šuker? Se podía hacer un buen partido contra él, pero luego marcaba un par». A pesar de sus evidentes cualidades y la belleza de sus goles, nunca fue un gran goleador como atestiguan sus 134 goles en 433 partidos.

 Con el Olympique de Marsella, Bokšić ganó la Liga de Campeones de la UEFA de 1992-93, y fue elegido cuarto en la encuesta del Futbolista Europeo del Año de 1993. Ese mismo año fue nombrado Futbolista Croata del Año. También ganó dos títulos de la Serie A, en 1997 y 2000, con la Juventus y el Lazio respectivamente, y está considerado como uno de los mejores jugadores extranjeros de la historia de la Serie A desde 1980.

En 1987, la Federación Yugoslava de Fútbol ante todo pronóstico descartó a Bokšić para incorporarse a la mítica selección yugoslava ganadora del Campeonato Mundial Juvenil, actualmente Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. Aquella fue la primera de muchas decepciones que el jugador sufrió a lo largo de su trayectoria internacional. La segunda tuvo lugar en la Copa del Mundo de Italia de 1990, cuando con 20 años, no jugó en el torneo, ya que el seleccionador Ivica Osim prefirió a delanteros más experimentados en la alineación. Tras la independencia de Croacia, Bokšić se convirtió en parte integrante de la selección nacional croata en la década de 1990 bajo la dirección del entrenador Miroslav Blažević. Jugó con Croacia en la Eurocopa de 1996, pero no fue incluido en la selección para la Copa Mundial de la FIFA de 1998, debido a una lesión que sufrió pocas semanas antes del torneo. Bokšić debutó finalmente en la Copa del Mundo en 2002, a la edad de 32 años, y participó en los tres partidos de la fase de grupos del equipo, antes de retirarse solamente un año después, en 2003.

 Bokšić, nacido en Makarska el 21 de enero de 1970, se formó en la cantera del HNK Zmaj Makarska, club croata fundado en 1921. Su proyección llamó la atención de los ojeadores del Hadjuk Split, que le ofrecieron fichar por el juvenil, debutando con el primer equipo en 1987, mismo año en el que ganaría su primera Copa de Yugoslavia.

La segunda llegaría en 1991, último año en la entidad croata tras 174 partidos y 60 goles. Su gol en la final de la Copa Yugoslava de 1991 contra el Estrella Roja de Belgrado, que resultó ser el gol de la victoria, no solamente le valió el interés del Cannes para ficharlo, sino que supuso a la vez el último gol marcado en la Copa Yugoslava, ya que el país se disolvió pocos meses después.

Bokšić fichó por el AS Cannes para disputar la División 1 de la temporada 1991–92, y ayudar a la entidad a mantener la categoría. Aquel año acabó en total drama, no solo para el club que acabó descendiendo a Division 2, y él tan solo acabó disputando 1 encuentro debido a numerosas lesiones consecutivas. Pese a su nefasta llegada a territorio francés el verano de 1992, fue fichado por el Olympique de Marsella. En su única temporada completa con el Olympique de Marsella (1992-93), fue el máximo goleador de la Division 1, liderando la clasificación con 23 goles. Esa temporada ganó la liga francesa, pero el Marsella fue despojado del título más tarde. Su mayor éxito con el club llegó en mayo de 1993, cuando el Olympique de Marsella derrotó al AC Milan para ganar la final de la Liga de Campeones de la UEFA de 1993. Bokšić fue el máximo goleador del club en la competición junto a su compañero Rudi Völler, ya que marcó 6 goles en la Liga de Campeones de la UEFA de 1992-93.

 Jugó otros 12 partidos de liga con el club a principios de la temporada 1993-94, hasta diciembre de 1993, cuando fue traspasado a la SS Lazio. Bokšić dejó el club a raíz de uno de los mayores escándalos de clubes de fútbol de la historia. En 1994, debido a irregularidades financieras y a un escándalo de amaño de partidos en el que estaba implicado el entonces presidente Bernard Tapie, sufrieron el descenso forzoso a la segunda división. A pesar de la voluntad del Marsella de desprenderse de los grandes jugadores, el Lazio necesitó unos 15.000 millones de liras para convencer al club de que dejara marchar a Bokšić. A pesar de ser una auténtica estrella, solamente Roberto Baggio, Dennis Bergkamp y Eric Cantona habían quedado por delante de él en la clasificación del Balón de Oro de 1993, la llegada del croata a Roma fue extrañamente discreta. Mientras Bokšić observaba desde la grada cómo sus nuevos compañeros ganaban al Udinese por 2-1 en el Estadio Olímpico, el periódico italiano Corriere dello Sport lo describió como una «estrella apresurada a la cabecera de un club al borde del colapso».

Lamentablemente, Bokšić nunca estuvo a la altura de las expectativas. Durante tres temporadas en la Lazio nunca resultó ser el remedio a la enfermedad que parecía afligir a los romanos. Las desavenencias con Zdeněk Zeman, que había sustituido a Dino Zoff como entrenador al comienzo de la temporada 1994/95, hicieron que la estancia de Bokšić a orillas del Tíber fuera un asunto desagradable.

Para un hombre que había marcado más de un gol cada dos partidos en Marsella, sus 17 goles en la liga en 67 partidos de la Serie A eran un rendimiento ínfimo. El despilfarro de Bokšić ante la portería fue un estigma que le acompañó durante toda su carrera. En la Serie A, su récord fue de 34 en 137 partidos. Tres de ellos los consiguió vistiendo las rayas blancas y negras del Juventus en la temporada 1996/97. Harto de los métodos de Zeman, Bokšić se trasladó a Turín en el verano de 1996 por 14.000 millones de liras para unirse al vigente campeón de Europa. «El verdadero problema era el enfoque de Zeman en los entrenamientos», declaró a La Repubblica ese mismo año. «Sus sesiones de preparación física rompen a los jugadores. En dos temporadas, me hice los isquiotibiales cuatro veces. No se puede tratar a todos los jugadores de la misma manera».

Con Gianluca Vialli, Fabrizio Ravanelli y Paulo Sousa expulsados, Bokšić, Christian Vieri y Zinedine Zidane fueron los hombres a los que Marcello Lippi recurrió para ampliar el dominio de su equipo en casa y en el extranjero. Sin embargo, mientras que Zidane tuvo un éxito increíble, el mejor momento de Bokšić con los bianconeri llegó a través de un sorprendente gol contra el Manchester United en la fase de grupos de la Liga de Campeones.

El gol fue uno de los siete que el croata marcó en todas las competiciones en su única temporada bajo la Mole Antonelliana. Si el que marcó contra el United fue el mejor en cuanto a estilo, su gol contra el Bolonia fue crucial en la carrera por el título.

A falta de seis jornadas, la Juventus aventajaba al Parma por un solitario punto tras ser vapuleado por el Udinese (3-0) en casa. El gol de Bokšić permitió a la Vecchia Signora superar al Bolonia y abrir una brecha de cuatro puntos sobre los Ducali, que habían perdido 2-0 en casa ante el Udinese. La única oportunidad que tuvo el Parma de recortar la diferencia de cuatro puntos se esfumó cuando el Juventus empató 1-1 en el Ennio Tardini en el antepenúltimo partido de la temporada, antes de que un empate en el penúltimo encuentro de la campaña sellara el 24º Scudetto.

La única temporada del delantero en Turín acabaría en decepción, ya que el Juventus fracasó en el último obstáculo de la Liga de Campeones, cuando el Borussia Dortmund rompió los pronósticos y se impuso por 3-1 en Múnich.

A pesar de ganar el título de liga y la Copa Intercontinental, se perdió la final de la Supercopa de Europa a doble partido por una lesión, el croata fue irregular durante su estancia bajo los Alpes. La conocida falta de gol, unida a una serie de lesiones y a la riqueza de opciones de la Juve en la delantera, convencieron a Lippi de que era el momento de convertir el viaje de ida de Bokšić a Turín en un regreso a Roma.

Menos de un año después de dejar el Lazio, el croata volvió a la mitad azul de Roma por 25.000 millones de liras. Aquí se encontró con un equipo mucho más sano que el que había fichado por primera vez cuatro años antes. Sven-Göran Eriksson había sustituido a Zeman en el banquillo y el derroche de Sergio Cragnotti había hecho que los biancocelesti pasaran de ser un equipo de segunda fila a un serio aspirante al título.

La primera temporada de Bokšić a orillas del Tíber fue también la mejor de su carrera en la Serie A, con 15 goles en 38 competiciones, de los cuales 10 en 26 partidos de liga. Aparte de su hazaña en el Marsella, era la segunda vez que alcanzaba las dos cifras en una temporada de liga, desde que marcó 12 en 27 partidos en su penúltima campaña con el Hajduk Split en 1989/90.

Uno de esos diez goles, en casa contra la Sampdoria, fue posiblemente el más bonito que marcó durante su estancia en Italia. Tras recibir el balón a 40 metros de la portería, Bokšić se encontró entre dos defensas. Le quitó el balón al primero antes de golpear al segundo con suma facilidad y batir a Fabrizio Ferron con un delicioso toque de zurda desde el borde del área. Cuando el balón pasó por encima de su cabeza, el portero de la Sampdoria solamente pudo mirar y aplaudir.

Si los goles no fluyeron precisamente, los trofeos sí. En su primera temporada de vuelta a Roma, Bokšić levantó la Coppa Italia después de que el Lazio venciera al AC Milan por un global de 3-2 en la final. A la temporada siguiente le siguió la gloria continental. Marcó un gol decisivo en los últimos minutos del empate del Lazio en Moscú contra el Lokomotiv (1-1) en la ida de la semifinal de la Recopa. Un empate en la vuelta fue suficiente para que los biancocelesti llegaran a la final de Birmingham, donde levantarían el primer trofeo europeo de su historia tras imponerse por 2-1 al Mallorca.

Cuatro meses más tarde, la Lazio añadió una segunda pieza de plata continental a su palmarés, tras derrotar a un Manchester United que acababa de ganar el triplete (1-0) en la Supercopa de Europa.

Si la victoria sobre el United en Mónaco coronó el triunfo europeo de la temporada anterior, también marcó la pauta de lo que acabaría siendo la temporada más inolvidable para los laziali. A falta de ocho partidos, el Lazio se encontraba a nueve puntos del líder de la liga, el Juventus, y sus esperanzas de lograr su primer título desde 1973 parecían muertas.

A pesar de haber ganado seis de sus siete partidos restantes -incluyendo una victoria a domicilio contra el Juventus-, estaba a dos puntos de los bianconeri en el momento en que comenzó el último partido de la temporada. Sin embargo, mientras el Lazio se deshacía del Reggina (3-0) en el Estadio Olímpico, la Juve se hundía en Perugia, donde un terreno de juego encharcado obligó a suspender el partido durante casi una hora. Cuando se reanudó, Alessandro Calori inscribió su nombre en el folclore del Lazio con el gol de la victoria, regalando al club romano su segundo Scudetto.

El segundo título de liga en tres años puso fin a la segunda etapa de Bokšić en Roma, y con ella a su estancia en Italia. Un modesto rendimiento de ocho goles en 34 partidos en todas las competiciones en su última temporada en Italia no fue suficiente para desanimar a los posibles pretendientes y el croata cambió la Serie A por la Premier League, recorriendo el poco transitado camino entre Roma y Middlesbrough.

 Bokšić no tardó en justificar el precio de 2,5 millones de libras que el Boro había pagado por él, al marcar dos goles en su debut en la victoria por 3-1 sobre el Coventry. Sin embargo, iba a ser un falso amanecer, ya que el croata pronto se encontró en el punto de mira por ser, según se dice, el jugador mejor pagado del fútbol inglés. A pesar de que Bryan Robson lo desmintió rápidamente,  «hablar de 63.000 libras a la semana es una auténtica tontería», tronó el técnico del Boro, los rumores sobre el salario de Bokšić no hicieron que el croata fuera especialmente popular dentro del vestuario.

La situación no cambió cuando a Robson le sucedió Terry Venables y luego Steve McClaren. «Percibí que a los muchachos no les gustaba y era fácil entender por qué», dijo Gareth Southgate, que se trasladó al Riverside Stadium en la segunda temporada de Bokšić en Teesside. «En la visión de McClaren para el Boro, todos trabajaban juntos y nadie buscaba un trato especial. Pero había dos conjuntos de reglas en el Boro: reglas para Alen y reglas para el resto».

A pesar de sus problemas crónicos de forma y del supuesto trato preferencial, la etapa de Bokšić en el Middlesbrough tuvo algunos momentos brillantes. Fue máximo goleador en las dos primeras campañas en el club y fue elegido jugador del año en su temporada de debut. En 2002, marcó el único gol con el que el Boro ganó al Manchester United en Old Trafford por segunda vez desde 1973. Seis meses más tarde, marcó contra el mismo rival en la victoria del Middlesbrough por 3-1 en el Riverside en el Boxing Day.

Ese fue el último gol de Bokšić como profesional, que se retiró menos de dos meses después, cuando su cuerpo le dio la espalda. Un hombre que había deslumbrado al fútbol europeo encontró su canto de cisne contra uno de sus grandes pesos pesados. Sigue siendo uno de los mayores talentos de Croacia y un hombre que, en otra época más adaptada a su estilo, podría haberse convertido en la leyenda más amplia que su talento sin duda merecía.


miércoles, 2 de febrero de 2022

ARQUEROS DE LEYENDA

TOMMY N´KONO EN EL BOLIVAR 

FUENTE KODRO MAGAZINE

La leyenda de Camerún Thomas N’Kono jugó para Club Bolívar entre 1995 y 1997, cuando ya estaba decidido a retirarse del fútbol, dejando una huella imborrable y un récord que aún perdura en la liga boliviana: estuvo 761 minutos sin recibir un gol en 1995. En esta clasificación lo sigue otro arquero celeste, Jorge Battaglia, con 697 minutos sin goles en 1984; el podio lo cierra Víctor Aragón con 686 minutos en 1989, cuidando el arco de The Strongest.



La verdad es que Tommy no dejó el fútbol en 1995 “por casualidad”, según sus propias palabras. Llegó a Bolivia acompañando a un jugador nigeriano para ser su traductor, el delantero Festus Agu, que la Academia pretendía fichar. A la semana de estar en la ciudad, aburrido al no haberse llevado a la familia, Antonio López Habas, entrenador de Bolívar, le propuso que entrenara con el primer equipo. N’Kono no se lo pensó dos veces y todos vieron, pese a tener ya casi 40 años, las capacidades innatas del camerunés, que acabó fichando de inmediato. Su contrato inicialmente fue para seis meses, aunque permaneció en el club hasta el 1997.

“La verdad fue una casualidad. Yo hablaba inglés y el chico (Agu) no, entonces casi fui de traductor y para simplemente acompañarlo. Creo que a la semana ya estaba aburrido, porque no hacía nada, entonces Antonio me dijo que me entrenara, así lo hice, todos vieron que podía y don Mario Mercado, que en paz descanse, me vio y me anunció que me quería contratar. Se dio y volví a jugar sin pensarlo. Cuando escucho la palabra Bolivia me acuerdo de inmediato de una parte importante de mi vida, porque fue allí donde se dio el epílogo de mi carrera deportiva. En Bolivia descubrí a mucha gente con un gran corazón, que me acogió con los brazos abiertos; y la verdad es que fue una etapa muy bonita de mi vida”.

El club necesitaba un refuerzo para disputar la Copa Libertadores de 1995 en condiciones, y N’Kono jugó diez partidos en ese campeonato sustituyendo puntualmente a Mauricio Soria, pero los dos años siguientes se hizo con la titularidad najo palos y ganó dos títulos nacionales para su equipo. Fue el 13 de octubre de 1995 cuando consiguió el récord de imbatibilidad que aún se mantiene.

Su periplo por la Copa Libertadores finalizó cuando el Sporting Cristal, en el Grupo 5 de Copa Libertadores, puso punto final a las aspiraciones de Club Bolívar un 24 de marzo de 1995. Los celestes recibieron a Bolívar en el Estadio Nacional, y un derechazo del brasileño Bica (82′), desde fuera del área, dio el triunfo a Sporting Cristal que se llevó el triunfo por la mínima diferencia y le hizo pasar un mal rato al africano, que se regresó derrotado a La Paz.

El portero camerunés llegó a ser un personaje carismático en Bolivia, donde el fútbol había ganado repercusión después de la participación de la selección en el Mundial de Estados Unidos, en 1994, con Xabier Azkargorta como técnico. Tanta fue la fama de N’Kono que le ofrecieron mucho dinero por utilizar un pantalón corto con una marca deportiva, pero el meta fue fiel al pantalón largo, prenda emblema que le acompañó durante toda su carrera.

En su paso por Bolívar al comienzo le costó adaptarse a la altura y a la comida. Además, admite que estaba solo, sin su familia, y eso a veces le consumía. Sin embargo, lo llenó el cariño que le brindó la gente. “Uno se da cuenta de que no necesariamente se tiene que ser joven para triunfar. Yo estaba retirado, pero como dije, el cariño de la gente, el apoyo del equipo, hizo que me sintiera bien. Recuerdo los partidos de la Liga, los clásicos que le ganamos a The Strongest, las finales con Oriente Petrolero, los partidos de la Libertadores. Fueron momentos de mi vida muy bonitos, por eso siempre hago una buena imagen de Bolivia”.

Algunos de sus principales compañeros en esas tres temporadas como jugador de la Academia fueron: Mauricio Soria, Milton Melgar, Vladimir Soria, Julio Baldivieso, Miguel Rimba, Carlos Borja, Luis Cristaldo y Marco Antonio Sandy. Justamente con este último fue con quien, tras marcharse, tenía mayor contacto. Hasta que con el transcurrir de los años ya no fue lo mismo.

“Me marché el año 1997 cuando ganamos la Liga, creo que dentro lo que hice en Bolívar, tuve dos años bastante buenos en este equipo. Era la segunda vez que jugaba fuera de España, fue una experiencia bastante bonita, al principio fue una prueba de seis meses, me quedé impresionado por lo que vi, por eso tengo lindos recuerdos de Bolivia», aseguró posteriormente el guardameta internacional camerunés.

Thomas N’Kono nació el 20 de julio de 1956 en Dizangué, Camerún. Su primer equipo fue el Canon de Yaundé, donde jugó entre 1974 y 1982. En 1982 llegó al Espanyol donde permaneció hasta 1991, a pesar de un descenso a Segunda División A, para posteriormente pasar al CE Sabadell de Segunda División A, donde permaneció dos años antes de colgar las botas provisionalmente en el Centre d’Esports de l’Hospitalet, en la misma categoría. Además, participó con la selección de Camerún los Mundiales de España 82, México 86, Italia 90, y como reserva en USA 94.

 

domingo, 30 de enero de 2022

HISTORIAS PARA RECORDAR

EL DIA QUE EL NAPOLI JUGO SIN PATROCINADOR 

FUENTE: KODRO MAGAZINE 

El SSC Napoli, con Diego Armando Maradona como gran estrella y reclamo, disputó el 12 de agosto de 1988 la Copa Xerox Super Soccer en el Estadio Nacional de Tokio, un evento organizado por el gigante tecnológico Fuji Xerox.




Esta competición comenzó en 1979 y se interrumpió en 1990, siendo sustituida por la Supercopa Xerox o Supercopa de Japón, en la que compiten los campeones de la J-League y los ganadores de la Copa del Emperador. Sin embargo, de 1979 a 1990 se invitó a equipos extranjeros a jugar contra la selección nacional japonesa o contra una selección de los mejores jugadores de los clubes japoneses (incluidos los extranjeros).

La curiosidad de aquel encuentro fue ver al Napoli sin ningún patrocinio en su camiseta, ni Buitoni (1985-1988) ni Mars (1988-1991). A pesar de que algunas teorías apuntaban a un descuido de utilería o de que se trata de un partido disputado al final del contrato de Buitoni antes de firmar con Mars, la realidad fue bien distinta. El verdadero motivo fue que en la Xerox Super Soccer los patrocinios en las camisetas estaban prohibidos por aquel entonces, al igual que en la liga japonesa.

Aquella fue la tercera vez que la Xerox Super Soccer contó con la participación de Diego Armando Maradona sobre el terreno de juego. En 1982 lo hizo por primera vez con Boca Juniors, y en 1987 como capitán con la selección suramericana. Diego se batió contra jugadores de la selección nacional y de la liga japonesa y, con el sonido de las vuvuzelas zumbando por todo el campo, desplegó un repertorio de proezas sobre un césped mustio, indigno de una superestrella.

El partido terminó 0-2 a favor del Napoli con dos goles del brasileño Antonio Careca. Las alineaciones fueron las siguientes:

Japón: Matsunaga; Ihara, Shinto, Kajino (82′ Hariratani), Hirakawa (20′ Horiike), Nagai (23′ Mori), Natori, Yoshida (45′ Kusaki), Okudera (23′ Sasaki > 71′ Asaoka), Hara y Maeda.

Nápoles: Giuliani, Corradini, Renica, Francini (45′ Carannante), Alemao, Ferrara (86′ Bigliardi), De Napoli (79′ Filardi), Romano (45′ Carnevale), Fusi, Maradona y Careca.

 

 

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

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