lunes, 1 de julio de 2024

EN EL RECUERDO:

NIGERIA EN EL MUNDIAL DE ESTADOS UNIDOS 1994

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

La selección de Nigeria vivió por primera vez la fase final de un Mundial gracias a una generación irrepetible de jugadores que conquistaron Estados Unidos por su carisma, humildad y entrega. «Las Águilas Verdes» fueron una de las 24 selecciones participantes en la Copa Mundial de Fútbol de Estados Unidos 1994, un bloque con una gran calidad humana liderado por el entrenador holandés Clemens Westerhof, que llevó al país al momento más especial de su historia deportiva. Fueron dignos herederos del orgullo africano mostrado por el Camerún de Roger Milla en Italia 90 y en el propio Mundial celebrado en tierras de Norteamérica.




Es fácil recordar la magistral actuación en el primer partido del grupo D contra Bulgaria, con la icónica celebración de Rashidi Yekini al agarrar la red. Aquel partido mostró todo lo que hizo aquel equipo de forma soberbia: el desvío de Daniel Amokachi hacia la zona ancha, que permitió a Finidi George «colarse» en el espacio entre el central y el lateral para asistir el primer gol, fue espectacular.

 En el segundo partido en el Foxboro Stadium fueron arrollados por la Argentina de Maradona, aunque el marcador reflejó una mínima diferencia de 2-1. Siasia fue el autor del gol de los nigerianos a los 8 minutos, que encontró doble réplica a cargo de Caniggia en menos de 7 minutos.

En el tercer partido de la liguilla volvió la inspiración, esta vez contra Grecia, tanto Yekini como Amokachi abrieron un sinfín de espacios en el corazón de la defensa griega arrastrando a los marcadores. Emmanuel Amuneke y Finidi se combinaron en una zona central para abrir el marcador en aquella ocasión; ambos eran los extremos nominales del equipo. Finidi aportó su granito de arena en la otra banda. Nigeria se impuso por 0-2 curiosamente con goles de gran carga psicológica, ya que fueron anotados en el tiempo extra de cada parte gracias a George y Amokachi.

 En la siguiente ronda esperaba la Italia de Roberto Baggio, que vivía una guerra interna en la Arrigo Sacchi jugaba el papel de protagonista. Si «Il Divin Codino» no hubiera sacado a los «azzurri» del abismo de inseguridad en el que habían caído… no cabe duda que Nigeria hubiera llegado como mínimo a semifinales. Pero la realidad fue otra distinta.

El instinto goleador de Amunike a la salida de un córner en el minuto 25 puso por delante a las «Águilas Verdes», aunque 10 minutos después Amokachi tuvo que retirarse lesionado. Los nigerianos sufrieron todo el resto del partido hasta que Baggio en el 88 puso el empate en el marcador, y en el 102, ya en la prórroga, marcó un penalti que dejó desarmados a los nigerianos. Jay-Jay Okocha, que jugaba por delante de Adepoju y Sunday Oliseh, hizo un partido tremendamente pobre, en parte porque no estaba seguro de su papel en el planteamiento del equipo. Se encontraba en una fase de su carrera en la que carecía de verdadera destreza física, y tampoco era un corredor nato, por lo que conectar el centro del campo con Yekini era una carga demasiado grande. Acabó aportando poco.

Al final, este equipo africano se ganó el aplauso por su estilo aguerrido y vertical, aunque Westerhof, a pesar de su carisma y su buen hacer, falló al equipo en su incapacidad para encontrar el equilibrio entre las estrategias. En última instancia, esto le costó a las «Súper Águilas» el pase a cuartos de final.

Entre los protagonistas de la Nigeria del Mundial de Estados Unidos de 1994 encontramos a Peter Rufai, Finidi George, Rashidi Yekini, Jay-Jay Okocha, Emmanuel Amunike, Daniel Amokachi, Sunday Oliseh, Victor Ikpeba y Wilfred Agbonavbare entre otros. El jugador más beneficiado del buen papel de Nigeria fue Amunike que fue traspasado al Barcelona de Bobby Robson con el que había coincidido previamente en el Sporting de Lisboa.

domingo, 30 de junio de 2024

"DE COLECCION"

LA SUPER JUVENTUS DE LA TEMPORADA 93/94

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Los aficionados de la Juventus no recordarán la 1993-1994 como una temporada que les permitió ampliar sus logros en las vitrinas de su museo, todo lo contrario, pero si por haber podido ver la que posiblemente haya sido la mejor plantilla de su historia. Aún con el recuerdo presente de la consecución de la Copa de la UEFA del ejercicio anterior, la presión pudo con el equipo.




Reforzados con los fichajes de Sergio Porrini y Andrea Fortunato en la defensa, así como Angelo Di Livio en el centro del campo y Alessandro Del Piero en ataque, la Juventus disputó sin éxito, junto con el Parma y la Sampdoria, el Scudetto al vigente campeón, el AC Milan post Arrigo Sacchi.

Giovanni Trapattoni no supo sacar provecho de un plantel irrepetible y lleno de talento en cada una de sus líneas. Nombres como los de Angelo Peruzzi, Jürgen Kohler, Moreno Torricelli, Dino Baggio, Antonio Conte, Andreas Möller, Roberto Baggio (Balón de Oro de 1993), Fabrizio Ravanelli o Gianluca Vialli, merecían mucho más de lo que acabaron consiguiendo aquella temporada.

 En el campeonato de Serie A, los bianconeri tuvieron un buen comienzo, hasta el punto de que el 31 de octubre de 1993 se colocaron en cabeza junto a los blucerchiati, con Roberto Baggio que, gracias a su hat-trick en la victoria por 4-0 en casa contra el Génova, alcanzó los 100 goles en la Serie A, pero a partir de entonces los rossoneri entrenados por Capello tomaron la delantera, desbaratando los ataques del dúo Juve-Samp, que aguantaron hasta mediados de marzo antes de abdicar. Al final del torneo, los piamonteses superaron a los ligures y terminaron en la segunda posición de la tabla, a tres puntos del Milán, que, sin embargo, era campeón de Italia a falta de dos jornadas, y por tercera vez consecutiva.

El resultado final en el campeonato liguero provocó desbandada de jugadores, la marcha del entrenador y la reorganización en la cúpula a principios de 1994, con la llegada de Umberto Agnelli, que entretanto supuso el regreso a la compañía del abanderado Roberto Bettega, inicialmente flanqueado por el histórico gestor Giampiero Boniperti.

Entre medio de este clima de crispación mediática y cambio entre la vieja y la nueva dirección, los hombres de Giovanni Trapattoni fallaron en la Copa de la UEFA, donde fueron eliminados en cuartos de final por sus compatriotas del Cagliari, sorprendentes semifinalistas de la edición; una eliminación que, rara en la historia del Juventus, provocó una fuerte protesta de los aficionados, llegando incluso a agresiones físicas contra los jugadores. Mucho más efímera, pero igualmente decepcionante, resultó la participación en la Coppa Italia, de la que los bianconeri ya habían sido eliminados en octubre, cayendo inesperadamente en la segunda ronda contra el Venezia.

A nivel personal, Roberto Baggio se confirmó como el mejor goleador del Juventus de la temporada, con 17 goles en la Serie A, lo que le valió el tercer puesto en la tabla de goleadores (compartido con Silenzi del Torino), por detrás de Zola, del Parma, y del máximo goleador, Signori, de la Lazio. Las actuaciones ofrecidas a nivel internacional por el capitán bianconero durante el año natural le valieron, a finales de 1993, la asignación de los dos máximos galardones individuales de la época, el Balón de Oro de France Football (destacando en una clasificación en la que también figuraba, en undécima posición, el otro jugador de la Juventus, Möller) y el de Mejor Jugador Mundial de la FIFA.

Sumar 8 años sin ganar el Scudetto, y las vergonzosas eliminaciones ante el Venezia en la segunda ronda de la Coppa Italia y ante el Cagliari en la Copa de la UEFA fueron demasiado castigo para una plantilla de ensueño que pudo aspirar a muchísimo más.

El verano de 1993, gracias a las gestiones de Giampiero Boniperti Alessandro fue transferido a la Juventus de Turín por cinco mil millones de liras italianas, firmando un contrato por 150 millones de liras por temporada más premios,​ después de haber sido rechazado por la Associazione Calcio Milan, cumpliendo así su sueño de pertenecer a la sociedad turinesa. A pesar de que Giovanni Trapattoni lo promovió enseguida al primer equipo, fue transferido al equipo juvenil dirigido en ese entonces por Antonello Cuccureddu, convirtiéndose en seguida en el líder del equipo. Junto con Fabrizio Cammarata, Christian Manfredini, Lorenzo Squizzi y Jonatan Binotto condujo al club a la conquista del Torneo de Viareggio y el título del Campeonato Primavera.

Su presentación oficial en la Serie A se produjo el 12 de septiembre de 1993 en un encuentro ante la Unione Sportiva Foggia que finalizó con marcador de 1-1,​ ingresando en sustitución de Fabrizio Ravanelli en el minuto 74.​ Tres días más tarde hizo su estreno en las competiciones europeas, enfrentando al Lokomotiv de Moscú en los treintaidosavos de final de la Copa de la UEFA 1993-94. El 19 de septiembre, una semana después de su debut en el campeonato y un minuto después de haber ingresado al campo de juego, anotó su primer gol con la camiseta bianconera en la victoria por 4-0 sobre el Reggina Calcio.​ Al término de aquella primera temporada en la Juventus, alternó entre el equipo juvenil y el primer equipo, con el cual disputó catorce encuentros y marcó cinco goles, incluyendo un hat-trick ante el Parma Football Club.


viernes, 28 de junio de 2024

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER "

 VIOLA EN VALENCIA CF, UN CAMPEON DEL MUNDO EN MESTALLA:

FUENTE: "KODRO MAGAZINE":

Paulo Sérgio Rosa, más conocido como Viola, llegó el agosto de 1995 a LaLiga como campeón del mundo y fichaje estrella del Valencia CF, por aquel entonces entrenado por Luis Aragonés. El considerado «nuevo Romário» por la edición española de la revista Don Balón, llegó para suplir el vacio que dejaron las ventas de Salenko y Penev.




El ariete llegó a disputar hasta 30 encuentros, anotando tan solo 10 goles (más 4 en las dos pretemporadas en las que participó) en la única temporada que disputó en Mestalla. En aquella plantilla coincidió con nombres como los de Mazinho, Engonga, Camarasa, Zubizarreta, Mendieta, Mijatović, Fernando o José Gálvez.

Procedente de una familia humilde de Sáo Paulo, Viola debutó con el Corinthians a los 18 años, de donde salió para fichar por el Valencia. «Mi madre no sabía leer ni escribir, pero yo, con mucho esfuerzo, llegué a campeón del mundo», alardeaba el futbolista, que, debía su apodo a las botas de color violeta que calzaba en el colegio.

A pesar de ser el fichaje más caro de la historia del Valencia, por aquel entonces, el brasileño Paulo Sérgio Rosa no acabó de encajar nunca, pese a ilusionar a la afición che con el mítico cántico «¡Uh ah Viola! ¡Uh ah Viola!». Más allá del atractivo de su peinado (homenajeando a la senyera tintándose los cabellos con sus colores) y sus celebraciones, el presidente Paco Roig sabía que con el fichaje de Viola había incorporado alguna cosa más que un campeón del mundo, por recomendación de Carlos Parreira (técnico previo a la llegada del delantero). Era una inversión histórica, de poco más de 500 millones de pesetas, para plantar cara a los grandes de LaLiga.

«Poco a poco iremos conociendo Valencia, después Barcelona, Madrid y otras ciudades». La intención de Viola era firme: cumplir su contrato de tres años. Creía que la gente era muy parecida a Brasil, «el calor y el cariño», aunque creía que el fútbol era distinto, «aquí es mucho más rápido». A sus 26 años, el delantero no formó parte del once titular de forma regular, Gálvez le quitó el puesto. Pero a medida que pasaban los partidos pudo ganarse el afecto de la afición con sus excéntricas celebraciones y actitudes. Como cuando ofreció su número de teléfono en directo ante las cámaras de televisión y las emisoras de radio (pensando que estaban apagadas en ese momento). «Mi número de teléfono es ( … ). Quien quiera llamarme, que me llame». Con este gesto ante cámaras y emisoras de radio, el jugador del Valencia Paulo Sergio Rosa, Viola, de 26 años, plasmó una candidez inusual, pero también un deseo de comunicarse con el exterior. «Fui inocente, creí que las cámaras estaban apagadas», recuerda sonriente Viola, satisfecho porque la mayoría de quienes le llamaron lo hicieron para darle ánimos.

Fue el momento en el que el fichaje más caro de la historia del Valencia acusó al presidente, Francisco Roig, y al secretario técnico, Jesús Martínez, de tratarle «como un payaso» y de haberle engañado en algunos detalles del contrato. El Valencia le abrió un expediente y suspiró para conseguir su marcha. En el tiempo transcurrido desde que llegó a Valencia, el 13 de agosto, Viola percibió un profundo cambio en el trato del presidente, a medida que el futbolista no respondía a las expectativas levantadas. «Ese es mi principal defecto: creo en las personas», apuntaba Viola, indignado con las incumplidas promesas del presidente: los pasajes de avión para su hija y sus padres (residentes en Brasil) y el pago mensual del contrato de imagen quedaron en papel mojado. No hubo billetes y el pago del contrato fue bianual.

Las airadas acusaciones de Viola parecieron haber tenido un efecto balsámico en el jugador, que, después de semanas con problemas de insomnio, aseguraba estar encantado con la ciudad y la gente. «Salimos a comer, a la playa, al cine… y nos encanta el arroz a banda, las naranjas y los melones», «mucho más dulces que en Brasil», señalaba Leila, su esposa. Rompía así el jugador la imagen de aislamiento que había transmitido en sus dos primeros meses. «Soy extrovertido. Siempre me hago fotos con los aficionados y firmo autógrafos. Además, cuando vienen los niños de la urbanización, voy a jugar con ellos al fútbol o a montar en bici. Los niños son los mejores para aprender a hablar español». El futbolista, no obstante, recuerda que de no ser por Mazinho y Valeriana, su esposa, no hubiera salido de casa, pese a que no tenía queja alguna de sus compañeros y el técnico, Luis Aragonés, una de las personas que más le ayudó.

 Su mejor racha fueron 6 partidos de infarto que se iniciaron en marzo de 1996, en el que los que el brasileño consiguió marcar ocho goles, convirtiéndose en una de las sensaciones de aquel campeonato de 1995-1996, con permiso de Peđa Mijatović. Goles ante el FC Barcelona, en el viejo San Mamés ante el Athletic, un doblete en San Lázaro ante la SD Compostela y Real Celta de Vigo, que ayudaron al Valencia CF a continuar compitiendo la Liga hasta el último partido contra el Atlético de Madrid de Radomir Antić.

Viola tuvo el sobrenombre aquellos años de “El Principe de Bel-Air” por ir siempre con los auriculares puestos en los oídos escuchando música, en relación con el famoso personaje de Will Smith que triunfaba en Antena 3.

 El club, sin embargo, intentaba desprenderse de él sin perder dinero. Desde la entidad se lanzaron dos anécdotas para desprestigiarle. En la primera aseguraban que cuando la empresa Ford firmó el contrato de patrocinio con el Valencia y regaló un coche a los dos campeones del mundo, Viola y Mazinho, Lelia, la esposa del primero, reclamó el suyo. Ella, sin embargo, afirmaba que lo pidió en broma. La otra anécdota apuntaba a que Viola pretendía colocar publicidad de Coca-Cola en la camiseta del Valencia. Él daba otra versión: «En Brasil, los contratos de imagen son del jugador. Aquí son de los clubes, pero yo no lo sabía y Jesús Martínez me presentó un contrato de imagen en el que yo podría mantener, fuera de la concentración del Valencia, mi contrato era con Puma. Después trajo un contrato distinto en el que me lo prohibía».

Otra de las piedras enviadas desde el club se dirigían hacia su intento fallido de fichar por el Albacete antes del Mundial de Estados Unidos. «Me ofrecieron un contrato de 12.000 dólares mensuales. Ganaba más en Brasil». En Valencia cobraba cerca de 100 millones.

La temporada siguiente, con el fichaje de Romário y los pequeños enfrentamientos dentro del club fueron su billete de regreso a Brasil, a pesar de empezar con buen pie y gol en la presentación del equipo ante el PSV, en el que el Valencia se impuso 2-1. Finalmente, se fue al Palmeiras, eterno rival del equipo en el que debutó, el Corinthians. En 2015 fichó por su último club con 46 años, el Club Atlético Taboão da Serra de la Cuarta División Paulista.

jueves, 27 de junio de 2024

HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER

ROMARIO, LA HISTORIA DEL ORIGEN DE "O BAIXINHO"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Romário, mucho antes de convertirse en campeón del mundo con Brasil, tuvo que lidiar con el asma, la pobreza y los problemas de confianza que generaba su baja estatura entre sus primeros entrenadores. Una historia de origen, desconocida para muchos, que forjó el carácter de un «futbolista de dibujos animados» que todos disfrutamos y seguimos disfrutando.




Con 55 goles en 70 apariciones, aun a día de hoy es el cuarto máximo goleador de la selección de Brasil, detrás de Pelé, Neymar y Ronaldo. Su promedio de goles con la selección es superior a los goles de Neymar (segundo) y Ronaldo (tercero). Es el jugador que más goles marcó en una temporada con la camiseta de su selección, llegando a marcar 20 goles en 1997. Es el segundo máximo goleador de la selección brasileña en las eliminatorias mundialistas, ocupando el primer lugar hasta septiembre de 2021, cuando fue superado por Neymar. Es tercero en la lista de todos los tiempos de los máximos goleadores de la liga brasileña con 155 goles.

Tijuca, 29 de enero de 1966. El joven matrimonio formado por Edevair de Souza Faria y Manuela “Lita” Ladislau Faria recibe la llegada de su hijo primogénito. Río de Janeiro no es consciente que acaba de nacer un futbolista que pasaría a la historia. El padre trabajaba en una fábrica de pinturas y la madre le ayudaba en todo lo que podía. Todo esfuerzo era poco para salir de Jacarezinho, un conjunto de favelas donde el cartón, las maderas, la hojalata y, en el mejor de los casos, la uralita, sustituían torpemente a más nobles materiales de construcción. No era lugar para unos padres jóvenes criando a su recién nacido.

Por aquel entonces, sus dudas no solo se centraban en su hogar, sino también en el nombre que le debían poner al pequeño. Ede y Lita, como cientos de brasileños, eran apasionados de la tele, y “Don Romário, el hombre del diccionario”, era el programa de moda en aquellos momentos. El guion era fácil: un erudito, previa consulta del diccionario, iba descifrando el significado de palabras poco conocidas para el pueblo. Aquello maravilló a los brasileños… e inspiró a los padres de Romário.

“O baixinho” creció con graves problemas respiratorios. No jugaba con otros niños y, si lo hacía, enseguida volvía a casa, cansado… Por la noche dormía intranquilo, y más con la llegada de Ronaldo, su hermano, dos años más joven que él (más adelante llegaría su hermana). Pero todo problema a veces encuentra solución de la forma más inesperada…

En 1970, Ede consiguió un cargo de más responsabilidad dentro de la misma empresa, y la familia De Souza Faria se mudaría a una nueva casa en un barrio algo más seguro. “Cuando hablo de mi familia me emociono. Mi padre pintaba, hacía de todo para poder vivir. Mi madre lavaba ropa. Trabajaron mucho para dejarme hacer lo que me gusta. Mi hermano lo sacrificó todo para que yo jugara. También él jugaba. Dijeron que era mejor que yo, pero no era verdad”, recuerda Romário. En Vila da Penha, el asma de Romário, que por aquel entonces tenía 3 años, desapareció de la noche a la mañana, posiblemente a causa de un clima más benigno y unas condiciones higiénicas mejores. Además, muy cerca de su casa vivían sus tíos, Dé y Delza, grandes amantes del futebol.

En aquella época el talento innato para el fútbol de Romário era cultivado no solamente por su padre, sino también por sus tíos, que no perdían ocasión para llevarle a los entrenamientos que se realizaban en el modesto Campo do Alianza de Praça Soldado José dos Anjos. Los niños llegaban atildados con su camiseta limpia y sus botas relucientes. Muchos de ellos, acompañados de sus padres o arrastrando a su hermano pequeño, como en el caso de Romário y Ronaldo. Todos buscaban alinearse en el equipo con más posibilidades. La gente estaba ansiosa, con el aplauso siempre dispuesto para premiar a aquellos chiquillos entre 7 y 13 años que se esforzaban en imitar a las grandes figuras. No eran simples “pachanguitas” de patio de colegio. El director de la Escola Futebol Vila da Penha, dirigía con la misma ilusión y entrega que lo haría el responsable de una escuela de samba. Todos estaban maravillados por un chiquillo de siete años, el más bajito de todos, con el dorsal número 7 a la espalda, que trataba de burlar a sus contrincantes, mucho más altos y corpulentos. Con una habilidad sorprendente, regateaba y se plantaba ante el portero. Su sueño era convertirse en jugador del America do Rio, y su nombre nadie lo olvidaría.

 Edevair tenía claro que haría lo imposible para ayudar a sus dos hijos a cumplir su sueño de llegar al fútbol profesional, fue así como cogió la dirección de la Escola Futebol Vila da Penha, la profesionalizó dentro de sus posibilidades, y la transformó en el Estrelinha. Club que seguiría jugando sus partidos en el Campo do Alianza. “Yo había llegado hasta la Liga de Segunda División, pero no era profesional. Eso quedaba reservado para los que jugaban en Primera División. En Brasil hay tantos jugadores, que si no llegas a lo más alto no eres nada… Bueno, sí, jugador de un equipo y para mí, eso ya era suficiente…”. Está claro que a Ede le hubiera gustado más lucir la elástica de alguno de los grandes clubs y llegar a codearse con las máximas figuras del balompié.

El Estrelinha tenía una plantilla de 30 jugadores, y todos querían jugar. Nunca había ninguna baja, y Romário era el líder. Pese a su carácter reservado y tímido ante los extraños, siempre se erigía en el jefe sobre el campo. Posiblemente, porque su labor era más lucida. “Yo me limitaba a robar balones desde el centro del campo y él, a rematarlos, marcando los goles. Era la estrella”, recuerda su hermano Ronaldo.

Los cazatalentos futbolísticos de Río no tardaron en llamar a la puerta de la familia. El primero en intentar su fichaje fue Wilson, el entrenador del equipo júnior del Vasco da Gama. Era el año 1979 y “O baixinho” tenía 13 años. La visita se produjo durante el transcurso de un partido entre el Estrelinha y el Bonitinhos, un equipo juvenil dependiente de uno de los clubs profesionales de Río. Wilson quedó impresionado de la habilidad, la técnica y la rapidez del hijo de Ede. Pese al preacuerdo, a los técnicos del Vasco de Gama el chico les pareció poco formado, demasiado joven y especialmente bajo. “¿Qué haremos con él? ¿Ponerlo en los infantiles?” A Wilson no le gustó la ironía, él confiaba en Romário y discrepaba de aquellos técnicos de despacho que solamente le habían visto tocar la pelota en los entrenamientos. Así que decidió abandonar el Vasco da Gama, y se fue al Olaria Atlético Clube con Romário, que abandonaría el Estrelinha en 1980 con 14 años. El modesto club brasileño les abrió las puertas y los trato como parte de su familia. Tuvieron todo tipo de atenciones a su alcance para poder desarrollar su talento con tranquilidad. Era el inicio de una gran “amistad”, que tendría desgraciadamente un final muy infeliz.

Romário llegó al cadete del Olaria Atlético Clube la temporada 1980-1981, donde coincidiría con otros futuros futbolistas profesionales como Gonçalves y Aílton. Allí maduró, aprendió a pelearse con las defensas y a sacrificarse constantemente. Una formación que, a la larga, le serviría para convertirse en un futbolista deseado por medio mundo. Su esfuerzo y dedicación tuvieron premio al final de temporada con la llamada del Vasco de Gama. Entonces, sus técnicos sí se dieron cuenta de su valor.

 Romário, en su primera y única temporada en el Olaria, fue el máximo goleador de todas las categorías cadetes de Brasil y forjó una gran amistad con el técnico Paulo Ferreira. “Es bajito y delgado. Le costará más llegar que a los chicos de su edad. Le exigirán lo mismo, con unas condiciones inferiores. Afortunadamente, cuenta con una inteligencia como jugador superior a la de cualquier otro…”. Ferreira apoyó en todo momento a Romário, y este supo agradecerlo hasta tal punto que, aún hoy, es uno de sus mejores amigos en el fútbol brasileño. Además, le ayudó a superar sus crisis psicológicas como jugador. “Tuvo un par de malos momentos. Quiso dejarlo por unas decepciones, pero le hice ver que en el fútbol estaba su futuro. Tanto en Brasil como fuera del país. Le convencí de que cosas similares también pasaban en otras actividades de la vida y en las que encontraría menos satisfacciones. Por ejemplo, el fútbol le podía brindar una serie de comodidades difíciles de alcanzar en otras profesiones. Me hizo caso y siempre que dialogamos me lo agradece”.

Aquella historia, que parecía tener un final feliz, acabó con el delantero aceptando la primera la oferta del Vasco sin consultar al Olaria, y este último no dio el visto bueno al traspaso. Por desgracia para el joven, todo acabaría mal a causa de una especie de derecho de formación. El Olaria le impediría así jugar durante un año como venganza por la “traición”.

 La historia la recuerda el propio Paulo Ferreira: “Romário no era un desconocido para el Vasco. Sabían de su existencia. Simplemente, esperaban que se formase más y la temporada con el Olaria le fue muy bien. Se concertó un partido amistoso entre ambos clubes, a final de temporada. Ganó Vasco por 4 goles a 3… con tres goles de Romário. Aquella fue la prueba definitiva y Augusto, técnico del Vasco da Gama, le ofreció la ficha al jugador, que dio el sí. Pero ninguna de las dos partes consultó con el club contrario. Romário, quería irse, pero su antiguo club dijo no”. Todo hizo indicar que existió una guerra de intereses. El modesto Olaria Atlético Clube posiblemente quería sacar gran tajada de la operación y el Vasco de Gama ahorrarse dinero. Las consecuencias las pagó el jugador, que fue sancionado por la federación brasileña con un año de inhabilitación (reducida a 8 meses) sin poder jugar en competiciones oficiales.

Pese a no poder jugar partidos oficiales, hasta la parte final de la temporada, Romário se incorporó al juvenil del Club de Regatas Vasco da Gama para la temporada 1981-1982. Aquella situación atípica no gustó a nadie y menos al jugador, que incluso pensó en tirar la toalla. Los partidos de vóley en las playas eran su única válvula de escape durante ese duro periodo. No podía entender cómo los que le habían tratado como a un hijo, ahora le impedían mejorar en su incipiente carrera deportiva. Tan solo acababa de empezar su historia.


miércoles, 26 de junio de 2024

HISTORIAS QUE VALEN LA PENA LEER:

EL DIA QUE RONALDO DEBUTO CON EL PSV EN EL CAMP NOU

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Ronaldo fue leyenda y campeón del mundo con la selección de Brasil, una superestrella que brilló especialmente durante los años 90 a un nivel superlativo. A día de hoy prácticamente lo sabemos todo sobre su trayectoria en clubes y selección, pero en el siguiente artículo recuperamos un dato histórico, su debut con la camiseta del PSV Eindhoven en el Camp Nou de Barcelona.




Ronaldo, ya en su primera campaña como profesional en el Cruzeiro, con tan solo 16 años, marcó 58 goles en 60 partidos. Números que llamaron la atención de clubes como el Ajax, Benfica o el AC Milan, aunque fue el PSV Eindhoven el que se acabó haciendo con su fichaje. Cosas del destino, la primera vez que vistió la camiseta del conjunto holandés fue en un escenario que le sería familiar unos años después, el Camp Nou de Barcelona, y ante el técnico que no le dio la oportunidad de jugar ni un solo minuto en el Mundial de Estados Unidos de 1994, Carlos Alberto Parreira.

Precisamente a él se refirió en una entrevista previa al partido concedida a la revista Don Balón en el que no se cortó ni un pelo. «Claro que estoy un poco molesto por no haber podido debutar en un Mundial, Parreira me privó de ello. Yo reconozco que Romário y Bebeto son muy buenos y son los delanteros que más admiro, pero creo que estoy a su nivel. En mi opinión, podría haber jugado algún partido en Estados Unidos. Creo que soy muy completo, y no tengo miedo a nada. Puedo ser el sucesor de Maradona. Tengo recursos para ello y no tengo ningún temor. Solo necesito un poco de tiempo. Es una satisfacción que me comparen con Pelé. Aún no estoy a su altura, pero es posible que pueda llegar a su nivel».

El extécnico de la canarinha era el gran fichaje del Valencia CF para afrontar con garantías la temporada 1994-1995, y el enfrentamiento entre ambos fue uno de los grandes morbos del Trofeig Joan Gamper de aquel año, que también midió a Gica Hagi ante su exequipo, el Brescia, y supuso el primer reencuentro de Zubizarreta con su exequipo.

En la semifinal disputada entre el Valencia y PSV, los españoles se impusieron por 2-0, y Ronaldo jugó los 90 minutos reglamentarios, siendo sustituido en el tiempo de añadido por Peegte. Mundo Deportivo, en la crónica del partido, dejó esta sentencia para el recuerdo: «El joven Ronaldo demostró que puede ser el nuevo Romário». En el partido para el tercer y cuarto puesto, el PSV ganó al Brescia, aunque Ronaldo no jugó ni un solo minuto.

En la primera jornada se enfrentaron el FC Barcelona y Brescia, el anterior equipo del rumano Hagi, último fichaje del equipo azulgrana por aquel entonces, que fue contratado para hacer olvidar la marcha de Michael Laudrup al Real Madrid. Los culés ganaron por 4-0 a los italianos, aunque en la final, cayeron ante el Valencia por un contundente 1-4.

 

martes, 25 de junio de 2024

DE COLECCION:

STALIN RIVAS, EL PRIMER CRACK DE VENEZUELA 

FUENTE: "KODRO MAGAZINE":

Stalin Rivas, conocido como «El Mago», se convirtió en uno de los 10 más talentosos y desequilibrantes que nunca ha regalado Venezuela al deporte rey, además de ser el primer jugador de su país en debutar en una primera división europea. Solo su explosivo carácter y las tediosas lesiones pudieron castigar una carrera que pudo haber aspirado a mucho más gracias a su prodigiosa zurda.




En la selección, Gabry Miranda y Gerson Díaz se nutrieron de su talento, en especial en la Copa América, una competición donde el enganche estuvo presente en cuatro de sus ediciones de 1989, 1991, 1993 y 1995, con un gol anotado en 12 compromisos.

Nacido el 5 de agosto de 1971 en Ciudad Guayana, a los siete años de edad se interesó por el fútbol. Sucedió casi de casualidad, cuando un grupo de trabajadores chilenos y portugueses llegaron a su ciudad para trabajar en la construcción de la represa del Guri, una de las más grandes del mundo. Construyeron un campo de fútbol en el campamento donde Stalin y sus amigos antes jugaban a beisbol, y allí comenzó a llamarle la atención el fútbol.

Lo que empezaría siendo un juego de niños se transformó en profesión cuándo debutó con tan solo 15 años con el Asociación Civil Club Deportivo Mineros de Guayana, conjunto con el que marcaría su primer gol un 17 de mayo de 1987. Con Mineros llegaría a proclamarse campeón de la liga venezolana de primera división de la temporada 1988-1989, marcando 5 goles.

 Aquel hito le permitiría debutar con la selección absoluta a los 17 años de la mano del entrenador Carlos Horacio Moreno, convirtiéndose así en el jugador venezolano más joven en hacerlo. «Debutó conmigo en la selección de mayores contra Brasil, era un flaquito increíble. En Bélgica maduró como jugador».

Otro gran momento clave de su carrera llegaría tras un amistoso en el mismísimo Santiago Bernabéu ante el Real Madrid B de Vicente del Bosque. Tas una gran actuación hubo sondeos para incorporarlo en el filial merengue, aunque las negociaciones no prosperaron. Aquello empezó a llamar la atención de varios clubes europeos, que empezaron a seguirle la pista. El mayo de 1992 era fichado por el Standard de Liège de Bélgica.

La aventura belga no acabó bien para él, ya que solamente disputó un partido, y acabó siendo cedido al Boom FC de la segunda división belga, donde participó en 20 partidos y marcó 3 goles. Cuando falleció su abuela, Rivas solicitó permiso para viajar a despedirla y cedidió quedarse en Venezuela y ser cedido al Minervén de El Callao, justamente el clásico rival de su primer club en el país. Con “El ballet azul”, llegó hasta los cuartos de final de la Copa Libertadores en 1994, donde quedó eliminado a manos del Vélez de Bianchi, que a la postre sería el campeón. Stalin acabaría como máximo goleador de aquel certamen, que contó con jugadores de talla del Pibe Valderrama e Iván Valenciano en el Junior, José Saturnino Cardozo en el Olimpia, Cafú y Müller en el San Pablo, José Luis Sierra en Unión Española, Pato Yáñez en Colo-Colo, Beto Acosta y Manteca Martínez en Boca, Asad y Flores en Vélez y hasta Ronaldo Nazario en el Cruzeiro.

Stalin pasó luego al Caracas FC, el gigante de Venezuela, en donde consiguió la liga de la temporada 96-97 durante su primera etapa y ya luego en el ocaso de su carrera volvería para ganar dos títulos más. Tuvo un paso fugaz por el fútbol colombiano, en el Millonarios de Bogotá y también defendió las camisetas del Deportivo Galicia, Deportivo Italchacao, CD Italmaracaibo, y Deportivo Táchira, para colgar las botas en el año 2006 en el club que lo vio nacer como futbolista.


lunes, 24 de junio de 2024

EN EL RECUERDO

CUANDO FERNANDO MORIENTES ESTABA EN EL DAV SANTA ANA

FUENTE: "KODRO MAGAZINE":

Fernando Morientes, exdelantero de equipos como el Albacete, Zaragoza, Real Madrid, Mónaco, Valencia, Liverpool o Marsella, se retiró con 38 años en el DAV Santa Ana, de la Primera Regional madrileña.




A pesar de colgar por primera vez las botas el verano de 2010, el exinternacional español volvió a los terrenos de juego el 24 de enero de 2015 en el Polideportivo Santa Ana ante el Fundación Recuerdo, al que derrotó por 1-0. El exinternacional jugó los primeros 45 minutos del partido con el dorsal ‘9’, en el que dejó muestras de su calidad, si bien no pudo marcar.

El sueño del D.A.V. Santa Ana era el ansiado ascenso a Preferente y eso pasaba primero por ganar como visitante a uno de los rivales más difíciles de la categoría en el penúltimo partido, el A.D. Unión Adarve B. Tras perder con el A.D. Colmenar Viejo, el Torrelodones C.F., y, en la ida, con el propio Adarve el runrún de ampliar una jornada más el objetivo merodeaba entre los aficionados.

Morientes no jugaba, pues su acuerdo con el club era hacerlo solo en los partidos de casa, pero sí lo haría Álvaro Portero Díez. El número diez se echó el equipo a la espalda y con su inmensa calidad comandó al Santa Ana hacia la victoria. Al pitido final el marcador quedaba 1-4. Era una final tan efervescente como el sifón que bañaba a jugadores y grupo técnico en el festejo. El ascenso llegaría en el último partido con Morientes presente, y su hijo ficharía por el club posteriormente.

 


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