martes, 12 de octubre de 2021

UNO DE LOS GRANDES PORTEROS DE LA HISTORIA MUNDIAL

UNA LEYENDA QUE JAMAS SE OLVIDARA 

Este corpulento portero charrúa de 1,84 de alturas y 94 quilos fue uno de los símbolos de la mítica conquista de la selección de Uruguay en el Mundial de 1950, derribando el favoritismo de Brasil en la final ante 200 mil estupefactos hinchas en el Maracaná.





Roque Gastón Máspoli fue dueño de una inigualable longevidad de 64 años dedicados al fútbol. De los primeros saltos -con 16 tiernos años- en el legendario estadio Centenario en los años 30, con la zamarra del Nacional de Montevideo, hasta el último partido de la selección uruguaya en la fase de clasificación del Mundial del 98, cuando a los 80 años dirigía el combinado celeste contra Argentina, en Buenos Aires.


Dos realidades directamente opuestas y dramáticamente distantes pocos experimentaron con tanta intensidad...


El portero del "Maracanazo" defendió la portería del Nacional hasta los 22 años, cuando fue fichado por el Liverpool uruguayo, quedándose un año con los negriazules.


Pero sería al transferirse al Peñarol, cuando empezara a destacar. Con el equipo aurinegro sería seis veces campeón uruguayo al lado de vacas sagradas del fútbol charrúa como Obdulio Varela, Juan Schiaffino y Alcides Ghiggia. Principalmente en el equipo del 49, llamado certeramente "La Máquina".


"El gran portero" dejaría los guantes a los 38 años, un año después de conducir a la "Celeste Olímpica" a la cuarta plaza en el Mundial de 1954 en Suiza. Más tarde, construiría una sólida trayectoria como entrenado destacando especialmente a su amado Peñarol.


Una de las últimas apariciones públicas de Máspoli fue en la final de la Copa Amércia de 1999, en Paraguay, cuando fue entrevistado por el periodista uruguayo Jorge Barraza. Máspoli dijo que Brasil no era tan superior en aquella fatídica tarde del 16 de julio de 1950 para los brasileños. "Casi no nos habíamos preparado. Un mes antes, jugamos tres partidos ante Brasil. El primero lo ganamos 4 a 3. Anotaron un gol en fuera de juego y otro de forma media extraña. En el segundo, ellos ganaron 2 a 1 con un gol en propia puerta de Matías González. En el tercero ganaron 1 a 0 con un gol a los 42 de la segunda parte. Éramos muy parejos", recordó.


El legendario arquero uruguayo también dijo que después de que ellos recibieran el gol del empate, el equipo brasileño se vino abajo, no por culpa de los jugadores, pero sí de la presión del público que hacía un ruido ensordecedor durante el partido que desgastó mentalmente a los futbolistas brasileños. Entonces Ghiggia trató de hacer el segundo gol y consolidar el bicampeonato mundial de la Celeste Olímpica. "Al fnal del partido, hubo una jugada donde un jugador brasileño cayó al suelo, y cuando fui ayudarlo a levantarse, estaba pálido, helado... aquello les mató!", declaró el antiguo guardamento, a los 81 años.


Roque Gastón Máspoli murió en la noche del 22 de febrero de 2004, doce días después de ingresar en el hospital debido a una infección pulmonar. Quien lo acompañó en los últimos instantes fue Julio César Abbadie, antiguo compañero en los tiempos de selección, en 1954. Emocionante también fue el homenaje que recibió de los aficionados aurinegros en el partido de la Copa Libertadores de 2004 entre Peñarol y Sao Caetano. "Ole, ole, ole, ole, Roque, Roque", gritaba la hinchada.


Tras la muerte de Omar Míguez en el 2006, ahora el verdugo de la 
canarinha Alcides Ghiggia es el único superviviente entre los que fueron titular del histórico combinado celeste de 1950.

FUENTE: TRIVELA

lunes, 11 de octubre de 2021

UN CUENTO DE EDUARDO SACHERI:

"NO SE, SEÑORA" de EDARDO SACCHERI: 

FUENTE: EL GRAFICO


¿Por qué nos gusta tanto el fútbol? Acá, digo. En la Argentina, digo. En realidad me quedo pensando en el verbo que usé. Eso de “gustar”. Y no, me estoy quedando corto. “Gustarte” te puede gustar una actriz en una película, o te puede gustar el helado de pistacho (hay gente a la que sí, a la que el helado de pistacho le gusta, qué quieren que le haga).





Y en Argentina el verbo “gustar”, aplicado al fútbol, parece quedarse chico. Seguro que nos gusta. Pero va más allá, lo que nos pasa con el fútbol. Nos cautiva. Nos enamora. Nos enceguece. Podría agregar que nos “apasiona”, pero, por motivos estrictamente personales, prefiero evitar todos los derivados de la palabra pasión. No porque no la sienta, y no porque no la viva. Pero me da la impresión de que hemos convertido a la dichosa “pasión”, sobre todo aplicada al fútbol, en una bolsa de gatos en la que cabe, además de gatos, cualquier cosa: energúmenos profesionales, publicidades estúpidas, locuras inútiles, crueldades alevosas. Por eso, si me permiten, dejemos a la pasión y a todos sus derivados (apasionar, apasionante, apasionada, pasioncita -qué feo diminutivo, dicho sea de paso-) a un costado de esta columna. ¡Cucha, pasión, cucha, salga de ahí!

Perfecto. Retomemos el asunto, suponiendo que exista, en este texto, el tal asunto. Ah, sí: que el fútbol tiene para nosotros, los argentinos, una importancia muy profunda. Ese es el asunto. Y sí, tiene razón el que lee esto y dice: “Momentito, señor Sacheri, yo soy argentino y el fútbol no me interesa”. Concedido, señor mío. Tiene razón. Aunque si no le gusta el fútbol, no entiendo muy bien qué hace leyendo la revista El Gráfico. Pero es cierto, ese es asunto suyo y no mío. En las dos cosas usted está en lo cierto. Bien. Corrijamos: el fútbol tiene, para muchos argentinos, una importancia muy profunda.

Es así, y no está ni bien ni mal. Momento. Vuelvo a corregirme: no sé si está bien o está mal que así sea.

A veces me gusta la idea de que el fútbol nos importe tanto. Me parece un gesto gratuito, en una época en la que casi todo tiene un precio. Que nos importe algo tan ingenuo, tan primario, tan inconsistente como un juego, tiene algo de antiguo y trasnochado y noble. Una especie de mueca carnavalesca que se burla del espíritu práctico y de las buenas costumbres de la civilización burguesa.

Otras veces, no. Otras veces se me chifla el moño y siento que somos una manga de inmaduros, una murga de chiquilines extraviados en los vapores de una ficción. Podríamos estar abocados al trabajo duro y a la investigación científica. Podríamos tener los ojos alzados hacia el norte seguro del desarrollo económico sustentable y del bienestar con equidad social, cultural, educativa y de género. Y en lugar de eso nuestros ciudadanos dilapidan horas de sueño preocupados por si se van o no se van al descenso, horas de trabajo haciendo una fila para comprar una entrada que, cuando lleguen a la ventanilla, ya estará vendida, horas de charla discutiendo si hay que comprar a Saturnino Chamingoti o a Demóstenes Amestizábal para el puesto de volante central de Deportivo Chispitas. Y es eso: dilapidar, malgastar, tirar a la basura una energía que podríamos usar para las antedichas nobles metas.

Para colmo de males, el planeta entero parece estar dándonos la razón. En las últimas ¿dos décadas, digamos? los asiáticos, los africanos, los melanesios se han sumado a la vieja costumbre latinoamericana y europea de jugar al fútbol. Eso tiene un lado bueno y un lado malo. El lado malo es que, cuando te quieras acordar, tarde o temprano, tu selección nacional se va a comer una derrota jugando contra Mozambique o Camboya. No sucederá mañana, no sucederá pasado, pero tarde o temprano te la van a mandar a guardar, acordate de lo que te digo.

El lado bueno es que nuestra inseguridad encuentra cobijo en ese amor global por el fútbol. Al razonamiento, casi temeroso, de “Che, capaz que deberíamos darle menos bola al fútbol” se contrapone la constatación de “Mirá cómo el mundo entero está como loco con la pelotita, chabón”. Y entonces quiere decir que hacemos bien, que nunca estuvimos equivocados (cosa que los argentinos tendemos a sospechar siempre, pero nos encanta confirmar dos o tres veces por hora). Fútbol televisado hasta los confines del planeta, jugadores convertidos en celebridades globales, el mundo parece crecientemente contagiado de este virus al que los argentinos hemos sucumbido mucho antes. Desde hace…

¿Cuánto hace que los argentinos somos así? Décadas y décadas. Estos días estuve leyendo Así jugamos, de Vignone y Borinsky, que incluye una crónica lindísima del Mundial de 1930. Uno repasa los escándalos de ese mundial, las actitudes desmedidas y las vendettas prometidas que se generaron a partir de la final contra Uruguay y descubre –tranquilizado o desolado, no sé- que hace 84 años las cosas eran parecidísimas por estos pagos.

Calculo yo que debemos llevar un siglo largo, ya, de semejante amor desencajado. Guarda que en esta parte de la columna me pongo el saco de profesor de Historia, cazo la tiza y recorro los pasillos del aula. De modo que ni se les ocurra distraerse, hablar con el compañero ni, mucho menos, sacar el teléfono celular.

Esto del fútbol, todos lo sabemos, nos lo trajeron los ingleses. Más o menos para la misma época en la que desembarcaban los ferrocarriles, los telégrafos y los préstamos bancarios, para embarcar a cambio el trigo, la lana, la carne y alguna otra menudencia del sector primario. Modelo agro-exportador, que le dicen. El asunto es que, con el barco ahí estacionado en el puerto (por unos pocos años Puerto Madero, pero enseguida el Puerto Nuevo, porque el otro les quedó chico apenas inaugurado, pero mejor no acordarse porque se me vuelan los patos) y para matar el tiempo, los marineros pelaban un balón para armarse un fulbito. De ahí habrá pasado a los changarines, a los obreros de la carne, a los peones del ferrocarril… y así sucesivamente hasta llegar al vago de su hijo, señora.

Los “niños bien”, por otro lado, lo aprendían en los colegios secundarios con sus profesores británicos. O en los clubes de gente paqueta. Claro que de ahí pasó a espacios menos exclusivos y más amplios, y así sucesivamente hasta la canchita de fútbol cinco en la que malgasta sus tardes el vago de su hijo, señora.

Según algunos, esas décadas finales del siglo XIX, las primeras del siglo XX, fueron buenos años porque la Argentina crecía, se poblaba, se modernizaba y se enriquecía. Según otros, no fueron tan buenos porque la torta estaba pésimamente repartida, y unos pocos la juntaban en pala mientras otros muchos corrían la coneja. Pero como este es un foro deportivo y no científico, no vamos a detenernos en esta disputa de historiadores. Dejémoslos ahí, en la biblioteca, fajándose a librazos, y volvamos.

El asunto es que, con más o menos razón para hacerlo, los argentinos soñábamos con un futuro de grandeza. Nos ilusionábamos con la inminencia de una “Argentina potencia”. Y entreteníamos nuestros ocios con la pelota de fútbol. Una sociedad que se mezclaba, que mutaba, que se volvía a mezclar, encontraba en las camisetas de los clubes un ámbito de seguridad y de pertenencia.


Claro que, como bien sabe cualquier hincha de fútbol, lo bueno dura poco. Estábamos ahí, en plena prosperidad, para pocos o para muchos, y nos sacudió la crisis del año 30. Que la Bolsa de Wall Street, que la crisis europea, que no te compro más trigo ni más carne, lo cierto es que la Argentina quedó con el culo apuntando al Norte y el futuro devastado. Nuestros sueños de grandeza se torcieron. Me gustaría poder escribir ahora que, por suerte, en unos pocos años nos acomodamos y recuperamos el terreno perdido, y ahí sí nos convertimos en una potencia de la gran flauta. Pero ¿para qué mentir, no?

Ya llevamos una ponchada de años intentando reflotar aquellas esperanzas. Prometiéndonos un futuro de grandeza que nunca llegó. Todavía hoy, casi un siglo después de aquellos vaivenes, seguimos poco menos que exigiendo que el mundo se acomode a nuestra gloria en ciernes. Pero lo hacemos con una mezcla de solemne indignación e incrédula jactancia. ¿Qué ocurrió con el mundo, que nos ha desperdiciado de este modo? ¿Nos hacen el vacío de pura envidia que nos tienen?
Pero no nos vayamos por las ramas, me cacho. Porque algo nos quedó de aquellos tiempos, además de viejos pergaminos y trasnochadas esperanzas. Nos quedó el fútbol. Mientras la Historia nos olvidaba, mientras nuestras glorias en ciernes se desbarataban, seguimos jugando. Se multiplicaron los clubes y las ligas. Jugar a la pelota pasó a ser la clave de cualquier infancia digna de tal nombre, la llave de acceso a la calle y al grupo de amigos.


Tomamos al fútbol y lo moldeamos a nuestro estilo. El que creamos acá, en el último patio del mundo. Lo llenamos de gambetas, picardía, temeridad, desequilibrio. Y de individualismo, anarquía, insolencia, indisciplina. Un fútbol de estetas y compadritos. Un fútbol de luces individuales y desmadres colectivos.

Creo que así jugamos al fútbol los argentinos. Y alguna vez hemos discutido, en estas páginas, si es verdad o no esa afirmación de que “al fúbol se juega como se vive”. Y apunté que no estoy seguro de si eso es cierto. Pero hoy, mientras escribo esto y mientras pienso, no puedo evitar encontrar algunos parecidos. En una de esas, cuando vivimos, los argentinos tendemos a ser ávidos, insolentes, insolventes, temerarios. Lo mismo que cuando jugamos, que se nos da por presentarnos impulsivos, inocentes, caóticos, agonísticos. Tal vez viviendo seamos bastante petulantes, inseguros, vivaces, engreídos. Del mismo modo que jugando nos evidenciamos individualistas, capaces, desconfiados, facciosos.

Pero atención. Una cosa es cómo jugamos al fútbol, o cómo me permito creer que lo jugamos. Y otra cosa es pensar por qué lo queremos tanto. Y acá me viene otra idea. Me parece que el fútbol es, tal vez, una de las pocas cosas que los argentinos sabemos que hacemos bien. Con todo a cuestas, empezando por nosotros mismos. Nos enorgullece que nuestros jugadores paseen su talento por las ligas más exigentes del mundo. Nos desvela, una vez y otra vez, la posibilidad de pasarles el trapo a todos en un Campeonato Mundial. Nos entusiasma porque es un paraíso que sentimos ahí, cerquita, próximo, posible, mucho más tangible que otros paraísos tal vez más definitivos, pero para los que no nos da el piné.

Por eso jugamos, miramos, discutimos y padecemos fútbol. Por eso, también, nacieron y trabajaron acá escritores como Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano. Ambos inventaron historias en las que usaron al fútbol como telón de fondo, o como puerta de entrada para desplegar personajes tangibles, certeros y cercanos. Conmovedora y aterradoramente parecidos a nosotros. Por eso, también, tuvimos periodistas como Dante Panzeri y Roberto Santoro, que supieron usar al fútbol como una mirilla, para ver y entender la sociedad que se movía por detrás. Me parece que si el fútbol nos importa tanto a los argentinos, no es porque sí. Nos importa porque nos desnuda, nos representa, nos evidencia.

Pero todavía falta algo más. Una virtud adicional que tiene el fútbol: nos aproxima, nos acerca, nos pone más o menos a tiro del afecto entre nosotros. Pavada de cualidad, a fin de cuentas, en esta tierra donde tolerarnos los unos a los otros parece más complicado que salir campeón invicto.

No sé, son ideas mías. Pero antes de hacerle una escena a su hijo, señora, porque otra vez llegó a cualquier hora de la canchita, o porque se pasó dos días haciendo fila para conseguir una entrada para un clásico, tenga en cuenta estos argumentos. No digo que me dé la razón. No digo tanto. Pero no sé, señora, sopese estos argumentos antes de lanzarse a correrlo, alpargata en mano.

Eduardo Sacheri (2014)

domingo, 10 de octubre de 2021

UNA HISTORIA QUE NO DIO RESULTADO

LA DE BEBETO EN EL SEVILLA 

FUENTE: KODRO MAGAZINE

Bebeto fue la apuesta personal de José María González de Caldas para salvar al Sevilla FC del descenso. El ariete campeón del mundo con Brasil en 1994 no fue de gran ayuda para el club del Nervión, ni congenió con su entrenador, José Antonio Camacho, ni disputó más de 5 partidos con la elástica rojiblanca, ni marcó un mísero gol.




Bebeto había dejado la que fue su casa durante 4 años y había regresado al Flamengo brasileño, buscando un retiro dorado en las playas de Río de Janeiro. Pero tras cuatro meses de vida plácida, el ariete brasileño consideró que todavía podía rendir algún año más a buen nivel en la élite y se puso en el mercado.

El Sevilla pagó al Flamengo casi 600 millones de pesetas por su fichaje, cerca de cuatro millones y medio de dólares. No parecía mucho por un delantero estrella con cifras anotadoras sublimes y con contrastada calidad en LaLiga, era una operación que se realizó sin dudas y que suponía una inyección de moral innegable para la afición sevillista. El equipo estaba hundido en la clasificación, a pesar del dispendio en fichajes para afrontar la temporada con garantías para clasificarse para competiciones europeas, y se necesitaba un fichaje estrella.

Bebeto formaría parte de un vestuario con jugadores como Mornar, Almeyda, Oulida, Jelicic, Prosinečki, Marinakis, Aranalde o Colusso, e inspiraría a un niño prodigio de la cantera sevillista de nombre Sergio Ramos, que vestiría su camiseta con orgullo en sus partidos en la hora del recreo.

Tras llegar en noviembre de 1996 tan solo pudo disputar 5 partidos, y se pasó casi dos meses sin jugar un minuto más. Prosinečki y el resto de compañeros de vestuario se hundió anímicamente tras ver el bajo rendimiento del que tenía que ser su salvador. Varias lesiones, el presunto interés del Dépor en recuperarlo y fundamentalmente la complicada situación económica que atravesaba el club presidido por José María González de Caldas propiciaron su venta al Vitoria de Bahía por 440 millones de pesetas, reportándole a las arcas sevillistas una pérdida de casi un millón de dólares.

«Soy un profesional y aunque estoy a gusto en Sevilla me siento un poco preocupado por la situación del club, que está teniendo muchos problemas económicos. Tengo tres hijos, una familia. No sé si el Sevilla va a tener condiciones para mantenerme…» estas declaraciones fueron el detonante final de que la situación entre club y jugador habían entrado en vía de no retorno.


viernes, 8 de octubre de 2021

HISTORIAS DE COLECCION

JUGADORES PARA NO OLVIDAR: MICHAEL LAUDRUP

FUENTE: KODRO MAGAZINE

Michael Laudrup durante su etapa como futbolista fue sinónimo de talento con mayúsculas, sin duda alguna una de las estrellas europeas más destacadas de la historia del fútbol. Sobre el césped su visión de juego era espectacular, incluso en espacios muy pequeños, capaz de realizar pases imprevisibles al hueco y sin mirar, un privilegiado con el balón, muy elegante y efectivo en sus movimientos, en especial con su regate más popular, «la croqueta».




Pero la total seguridad en sí mismo, y a la vez la exigencia constante de buscar la perfección, le acabaron provocando problemas con sus entrenadores. En especial con Johan Cruyff en el Barça, y con Richard Møller Nielsen en la absoluta danesa, al que dejó colgado al no estar de acuerdo con sus planteamientos defensivos antes del mayor logro de la historia de los daneses, la consecución de la Euro de 1992. A pesar de ello pudo disputar dos Mundiales, el de 1986 y el de 1998, y dos Eurocopas, la de Francia de 1984 y la de Alemania Federal de 1988, aportando 26 goles en 52 internacionalidades, compartiendo alineación con su hermano Brian en más de una ocasión.

Michael Laudrup nació el 15 de junio de 1964 en Frederiksberg (Dinamarca) en el seno de una familia que amaba el fútbol con locura. Su padre, Finn, y su tío, Ebbe Skovdal, habían sido futbolistas profesionales durante su juventud en clubes como el Brøndby y Aberdeen, con ellos y sus habituales partidos en el jardín de casa empezaría su temprana formación. El 22 de febrero de 1969 nacería su hermano Brian, otro gran futbolista para la historia, aunque con diferente trayectoria.

Siendo Finn jugador-entrenador del modesto Brøndby, ambos hermanos se unieron a la cantera del club danés. Pero cuando en 1976 el padre fichó por el Kobenhavns Boldklub (más conocido como KB), de 1. division, Michael siguió sus pasos y curiosamente debutó en el primer equipo justo en la temporada en que Finn optó por regresar a su antiguo club. Culminado el ascenso a la máxima categoría con el Brøndby, Finn, que por entonces tenía 36 años, decidió colgar las botas. El hueco que dejó libre fue ocupado por Michael, quien regresaba así a la que consideraba su casa.

En 1982 Michael fue nombrado Futbolista Danés del Año tras 52 partidos y 27 goles, lo que atrajo a numerosos ojeadores de toda Europa y le permitió debutar con la selección absoluta danesa el 15 de junio de ese mismo año, convirtiéndose en el segundo jugador más joven en conseguirlo, el primero fue Harald Nielsen.

Juventus y Liverpool le ofrecían un contrato mareante, pero los «reds» en el último momento trataron de modificar el acuerdo (pasando de tres a cuatro el número de años del mismo) por lo que Michael se decantó por la Vecchia Signora al entender que no actuaron de forma limpia. El shock llegó cuando, tras aterrizar en el país transalpino, la Juventus le comunicó que iba a ser cedido a la SS Lazio durante dos temporadas, debido a que solamente podían formar dos extranjeros por escuadra en la Serie A… «Creo que el Liverpool era entonces uno de los tres mejores equipos de Europa», recuerda Laudrup. Así que pensaron que este joven danés les llamaría y les diría ‘por supuesto que vendré’, pero no lo hice, y dos semanas después firmé por la Juventus».

En Roma Michael llegó a disputar 60 partidos y marcó 9 goles, regresando a la Juventus el verano de 1985 para sustituir a Zbigniew Boniek, compartiendo el medio campo con el Balón de Oro Michel Platini. En su primer año en el club, ganó la Serie A de 1985-86, así como el trofeo de la Copa Intercontinental, marcando el gol del empate en la final, aunque posteriormente falló un penalti en la tanda de penaltis.

Michael Laudrup volvió a ser nombrado Jugador Danés del Año en 1985. Sin embargo, la temporada siguiente fue una pesadilla cuando empezó a sufrir múltiples lesiones. Cuando Platini se retiró en 1987, se esperaba que Laudrup liderara el equipo en su lugar, jugando junto al recién comprado delantero galés Ian Rush. Pero la realidad fue que Laudrup no estuvo a la altura de Platini, y no marcó ningún gol a pesar de jugar los 30 partidos de la temporada 1987-88.

La Juventus se quisó desprender de él, y en 1989 se unió al «Dream Team» de Cruyff, convirtiéndose así en uno de los pilares de la racha de éxitos sin precedentes del FC Barcelona de principios de los 90. En sus cinco años en el Camp Nou, ganó cuatro títulos de liga seguidos, una Copa del Rey, dos Supercopas de España, la Supercopa de la UEFA y la primera Copa de Europa de la historia de la entidad.

La llegada de Romário al conjunto blaugrana le convirtió en el cuarto extranjero, algo que nunca aceptó y que provocó la ruptura con Cruyff, que incluso le dejó fuera del equipo de la final de la Copa de Europa de 1994. Ante los rumores de su marcha al Santiago Bernabéu cuentan las malas lenguas que Guardiola se sintió tan molesto que lloró y le rogó a Laudrup que por favor cambiara de opinión, algo que no sirvió absolutamente de nada.

«No, creo que sorprenda a nadie, pero mi estancia en el Barcelona ha finalizado. Las causas de mi marcha tampoco son un misterio. Mis compañeros y la afición son admirables, pero los problemas que he tenido con Cruyff a lo largo de estos cinco años han sido determinantes. Le he dado muchas vueltas y es complicado hablar del entrenador. Por un lado tengo que agradecerle que me permitiera volver a disfrutar del fútbol en un gran club. Pero no aguanto más. Es esa la pura realidad. Las relaciones con Cruyff siempre han sido malas. La última vez que hablé con él fue en el mes de enero. Creo que en el fútbol el factor humano es fundamental y si el grupo que hay en el vestuario no fuera impresionante, no sé lo que hubiera pasado. El grupo ha salvado muchas cosas y también ha ganado títulos a base de aguantar. Llevo 11 años fuera de Dinamarca y jamás me había encontrado con unos compañeros tan extraordinarios» aseguró el 23 de mayo de 1994 en su despedida el astro danés.

Al incorporarse al Real Madrid, rival del Barcelona, Michael Laudrup influyó de inmediato en la consecución del título de Liga, para poner punto final al predominio culé. A pesar de jugar solamente 62 partidos de liga con el Real Madrid, en 2002 fue elegido el 12º mejor jugador de la historia del club. En 1999 se le concedió el título de mejor jugador extranjero del fútbol español de los últimos 25 años, en parte porque ningún otro jugador extranjero había ganado 5 ligas seguidas en la historia del fútbol español y mucho menos había participado en ambos bandos de los humillantes 5-0 que se infligieron Barça y Madrid en los 90. Incluso Romário como Raúl describieron a Laudrup como el mejor jugador con el que habían jugado.

O tal vez, como creía su mentor Cruyff, Laudrup simplemente se sentía cómodo con el fútbol como forma de arte, como búsqueda estética. Un jugador al que lo difícil le resulta tan increíblemente fácil puede tener fama de perezoso, por muy injusta que sea. «Si Michael hubiera nacido en un gueto pobre de Brasil o Argentina, con el balón como única forma de salir de la pobreza, hoy sería reconocido como el mayor genio del fútbol de todos los tiempos. Tenía todas las capacidades para alcanzarlo, pero le faltaba ese instinto de gueto, que podría haberle impulsado», dijo Cruyff.

Después de dos campañas defendiendo la camiseta madridista, en 1996 y con 32 años aceptó una propuesta millonaria del Vissel Kobe japonés, para optar al ascenso a la J1 League. Laudrup fue el fichaje estrella del conjunto nipón para aspirar al ascenso, y su participación fue decisiva para conseguir el objetivo de dejar atrás la Football League, 5 goles en 12 partidos. El año siguiente ya en J1 League, Laudrup tan solo disputó 3 partidos antes de rescindir su contrato para poner rumbo al Ajax, aunque su fichaje no fue tan sencillo…

Sin saberlo, Michael Laudrup fue fichado por el modesto Čelik Zenica de Bosnia en 1997, de camino al Ajax de Ámsterdam, y las autoridades holandesas y bosnias sospecharon que se trataba de blanqueo de dinero y evasión fiscal. Como descubrió el periódico bosnio Dnevni Avaz, el gran danés se inscribió de alguna manera en el Čelik a principios de agosto de 1997, después de que aceptara rescindir su contrato con el Vissel Kobe japonés. Desde el Čelik fue, oficialmente, transferido al Ajax de Ámsterdam, el club en el que un año después puso fin a su famosa carrera.

Los investigadores holandeses descubrieron que el Ajax pagó 1,95 millones de dólares al Čelik por los derechos de traspaso de Laudrup. Las autoridades holandesas sospecharon que esto se hizo para reducir el coste de la operación para el Ajax, ya que una cuota de club a club quedaba libre de impuestos en Holanda, a diferencia de una cuota de transferencia pagada directamente a un jugador, como recompensa por su firma del contrato. Creyendo que se habían malversado unos 5 millones de florines en impuestos, los holandeses se pusieron en contacto con sus homólogos bosnios la primavera pasada, pidiéndoles que iniciaran una investigación sobre esta extraña historia.

La policía bosnia registró entonces las oficinas de Čelik en busca de cualquier documentación relacionada con la misteriosa transferencia. «Nosotros no hemos iniciado esta investigación, solamente estamos prestando ayuda legal internacional, tal y como nos han pedido la Fiscalía holandesa y sus autoridades fiscales, la FIOD», explicó el fiscal del distrito de Zenica, Muris Hadziselimovic.

Los documentos del Čelik en los que se basó el Ajax para realizar el pago fueron emitidos en las oficinas del club, pero fueron firmados por una persona no autorizada. También resultó que los 1,95 millones de dólares nunca llegaron a la cuenta bancaria del club bosnio, sino a la de cierto agente de fútbol en Montecarlo.

En 1997, el Vissel no podía permitirse mantener a Laudrup con su sueldo de 1,2 millones de dólares, y cuando el futbolista recibió una invitación del entonces entrenador del Ajax, Morten Olsen, el club japonés accedió a liberar al danés sin indemnización, a cambio de que renunciara al sueldo. En circunstancias aún no establecidas, antes de ser transferido al Ajax, Laudrup fue «aparcado» de alguna manera en Zenica, para abaratar la operación para los holandeses. «No hay duda de que Laudrup fue inscrito en el Celik como agente libre, pero no jugó ni un solo partido», dice Samir Skrgo, director del Celik. «Han pasado siete años desde la fecha y lo cierto es que casi nadie en la Junta Directiva conocía el fichaje, hasta que nos lo comunicaron desde la Fiscalía». Por supuesto, Laudrup nunca vistió la camiseta de Čelik y, de hecho, nunca puso un pie en las oficinas del club.

El verano de 1997, Louis Van Gaal dejaba al Ajax en cuarta posición en la Eredivisie antes de partir dirección al FC Barcelona Fue entonces cuando llegó un danés al banquillo, Morten Olsen. Técnico que conocía bien a Michael. Así, a través de él, fue como el hermano mayor de los Laudrup tomó el camino inverso a Van Gaal, aterrizando en los Países Bajos con 33 años.

Van de Sar, Blind, los hermanos De Boer, Witschge, Litmanen y ahora Laudrup serían la columna vertebral de un Ajax con una media de edad sobre los 25 años. Laudrup acabó disputando 21 partidos de liga, 5 de UEFA y 4 de la KNVB beker donde, además de la excelencia de sus pases de la que se aprovecharon sus compañeros, anotó 13 goles.

Tras ello, Michael Laudrup colgaría las botas y Morten Olsen no llegaría a Navidad, siendo sustituido por Jan Wooters, que se conseguiría repetir título copero.


jueves, 7 de octubre de 2021

LA LEYENDA DE COSTA RICA

LUIS GABELO CONEJO 

FUENTE: KODRO MAGAZINE

Luis Gabelo Conejo fue ídolo de la selección de Costa Rica que se clasificó por primera vez en su historia para la fase final de un Mundial. Los ticos rompieron todos los pronósticos con protagonismo estelar para su portero, a quien la prestigiosa publicación ‘France Football’ encumbró como mejor portero de aquel campeonato. Tras aquel gran Mundial de Italia se erigió una estatua en su honor en San José de Costa Rica.



Pero aquel no sería su único reconocimiento, ya que fue elegido como el tercer mejor portero del mundo por la IFFHS en 1991 tras Walter Zenga y Sergio Goycoechea. “No me gusta recordar el pasado, vivo el presente. Pero claro, fue un momento maravilloso, que catapultó mi carrera y hoy lo atesoro con gran cariño porque años después sigo haciendo lo que me apasiona. El éxito de aquella selección fue nuestro trato, éramos una familia, nos conocíamos demasiado bien” aseguró Gabelo en declaraciones a la revista oficial de la Federación Costarricense de Fútbol.

Luis fue futbolista en activo durante 16 temporadas, iniciando su carrera deportiva profesional con la Asociación Deportiva Ramonense, equipo con el que haría su debut oficial en la Primera División de Costa Rica el 27 de noviembre de 1981, en un encuentro ante el Club Sport Herediano con victoria de los florenses de 1-2. En 1989 se vincularía al Club Sport Cartaginés, para posteriormente dar el salto al fútbol extranjero, cuando firmo por el Albacete Balompié de la Segunda División A de España en 1991, que lo ficharía tras su espléndido Mundial de Italia de 1990.

Ese mismo año el equipo entrenado por Benito Floro, conocido como el «Queso Mecánico» se proclamaría campeón ascendiendo a Primera División, categoría donde permanecería hasta que en 1994 volvería a Costa Rica, donde militaría con el Club Sport Herediano por dos temporadas. Regresaría a la Asociación Deportiva Ramonense en 1997, donde tuvo cuatro retiros temporales del fútbol profesional, siendo el 2 de abril de 1997 su retiro oficial, en un encuentro ante el Municipal Puntarenas. Durante su carrera anotó en cinco ocasiones con Ramonense (dos en 1987 y tres en 1988). Participó en 263 juegos y tuvo 274 goles recibidos, tanto en la Primera División de Costa Rica como en la Segunda División de España y la Primera División de España. En los clubes nacionales celebró 182 juegos y permitió 192 goles; y en el Albacete jugó 81 veces (36 en Segunda y 45 en Primera) y encajó 82 goles.

A nivel de selecciones nacionales disputó en 29 juegos internacionales de clase A, en los cuales recibió 28 goles. Fue convocado desde 1983, sin embargo, haría su debut oficial ante la Selección de fútbol de Corea del Sur el 13 de diciembre de 1987. Su último juego fue ante la Selección de fútbol de México el 7 de julio de 1991. Participó en la Copa Mundial de Fútbol de 1990, así como en la Copa de Oro de la Concacaf 1991. Además, como asistente técnico y entrenador de porteros ha participado en la Copa América 2011, Copa de Oro de la Concacaf 2011, Copa Centroamericana 2011, Copa Mundial de Fútbol Sub-20 de 2009, Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014, Copa Mundial Femenina de Fútbol Sub-17 de 2008 y Copa Mundial de Fútbol Sub-17 de 2007.



 

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

EL EQUIPO QUE HIZO HISTORIA

EL IFK GOTEBORG 

FUENTE: KODRO MAGAZZINE

El IFK Göteborg sueco tuvo una gloriosa década de los 80, llegando a semifinales de la Copa de Europa en 1986 y ganando la Copa de la UEFA dos veces (1982 y 1987), y convirtiéndose en un habitual de la Copa de Europa en los 90. La llegada al banquillo sueco del legendario Sven Göran Eriksson en 1979 con su 4-4-2 revolucionó al club.




El único club escandinavo hasta día de hoy capaz de ganar competiciones europeas empezó a llenar sus vitrinas con la edición de la Copa de la UEFA de la temporada 1981-1982. Por el camino quedaron el Haka finlandés, el Sturm Graz, el Dinamo de Bucarest, el Valencia CF y el Kaiserslautern. En la final, los suecos se las vieron con el poderoso conjunto de Alemania Occidental, el Hamburgo, en un doble duelo, que acabó con un 4-0 en el global a favor de los pupilos de Sven-Göran Eriksson.

En 1986 sorprendieron a todos cuando llegaron a semifinales de la Copa de Europa ante el FC Barcelona de Terry Venables, y los suecos consiguieron golear a los catalanes por 3-0 en el partido de ida. En la vuelta, el mítico 16 de abril de 1986, se consumó una de las grandes noches europeas en el Camp Nou y el Barcelona igualó la eliminatoria al ganar 3-0 y llevar el partido a los penaltis. En los lanzamientos desde los once metros el equipo azulgrana se impuso (5-4), accediendo así a la final de Sevilla. No hay que olvidar que el partido seguramente hubiera acabado con diferente marcador si el árbitro no hubiera anulado un gol legal a Johnny Ekström.

La consecución de la segunda Copa de la UEFA de la temporada 1986-19887 se consiguió ante el Dundee United escocés. En aquellos años los clubes británicos pasaban por un momento delicado, especialmente los ingleses, que estaban vetados por culpa de los hooligans. Esa Copa de la UEFA no contó con la presencia del West Ham United, Manchester United, Sheffield Wednesday o Oxford United. Por el camino, el Göteborg fue eliminando sucesivamente al Sigma Olomouc, Stahl Brandeburg, Gent, Inter de Milán y Swarovski de Tirol. La final volvió a ser a doble partido, con la ida disputándose el seis de mayo en casa del Göteborg y con un gol de Stefan Pettersson en el 38.

Aquellos jugadores consiguieron convertirse en futbolistas a tiempo completo, triunfando en otros grandes clubes europeos, no hay que olvidar que compaginaban el fútbol con sus principales profesiones: bomberos, fontaneros, comerciales y cocineros. Durante la posterior década de los 90 el proyecto sueco del IFK Göteborg se convirtió en un habitual de la Copa de Europa plantando cara a los grandes de Europa.

Sin duda alguna una influencia en la base de futbolistas con la que la selección sueca tuvo un glorioso Mundial de 1994 en el que ganó el bronce. Concretamente el IFK Göteborg aportó hasta siete jugadores para la cita.

En 1992/93, el IFK Göteborg llegó a la fase de grupos y terminó segundo, después de que el AC Milan ganara los dos partidos contra el PSV Eindhoven y en casa contra el FC Porto, fue un acto heroico. Aquella plantilla derrotó a clubes como el Besiktas y el Lech Poznan en las rondas preliminares, y en la fase de grupos el PSV Eindhoven y el FC Porto se vieron superados, mientras que el AC Milan se impuso y llegó a la final, jugando contra el Marsella.

Johnny Ekström era la estrella, y marcó algunos goles sensacionales. Thomas Ravelli, el portero, se convirtió más tarde en un gran héroe cuando la selección ganó la tanda de penaltis contra Rumanía en el Mundial de 1994. Pero ya estaba allí sorprendiendo a algunos de los gigantes de Europa incluso unos años antes.

Pontus Kåmark, Stefan Rehn y Håkan Mild son otros de los jugadores que ya eran internacionales suecos consolidados en aquella época y que ya tenían una gran experiencia. Stefan Rehn ya había sido probado por el Everton, pero fue «enviado a casa» al IFK Göteborg después de solamente cuatro partidos de liga inglesa con los Toffees.

En la campaña 1994/95 de la Liga de Campeones, primero derrotaron al Sparta Praha en la ronda de clasificación. Luego empataron con el Barcelona, el Manchester United y el Galatasaray SK, y terminaron sensacionalmente en la cima frente al Barcelona. Las grandes victorias en casa contra todos y la victoria a domicilio en Turquía permitieron volver a sorprender a los gigantes de Europa. Los Mourinho y Van Gaal probablemente habrían perdido sus puestos de trabajo y habrían sido vistos como «grandes idiotas» si estos resultados se hubieran producido hoy, pero Sir Alex Ferguson se libró de esta en total silencio, o como podemos decir, olvidado y amargado.

Esta vez el IFK Gøteborg llegó a unos auténticos «cuartos de final» y se enfrentó al Bayern de Múnich. Lucharon como lo harían los verdaderos vikingos, pero un 2-2 en casa y un empate a cero fuera no fueron suficientes, y en su lugar el Bayern pasó y jugó las semifinales contra el Ajax, que más tarde ganó el «gran trofeo» tras una batalla contra el AC Milan.

Magnus Erlingmark marcó cuatro goles en el torneo, pero curiosamente nunca jugó fuera de Suecia, mostrando su fidelidad al IFK formando parte de su plantilla hasta 2004. A menudo se le vio como capitán y jugó 37 veces con la selección nacional. Jesper Blomqvist era una estrella joven y emergente en el equipo y había escalado como un «Jamie Vardy» desde las ligas inferiores del fútbol sueco hasta este infierno de la Liga de Campeones.

Jesper jugó en varios grandes clubes de Europa, como el AC Milan, el Manchester United y el Everton. También jugó con Suecia en el Mundial de 1994. Su carrera se vio interrumpida por varias lesiones, pero como todos sabemos ganó la Premier League, la FA Cup y la Champions League con el Manchester United.

El único y glorioso conjunto sueco se estableció con solamente suecos en la plantilla de 1994/95 y detrás de todo ello el entrenador Roger Gustafsson, que siempre mantuvo un perfil bajo. Dejó el cargo de entrenador en 1995 y tuvo un breve regreso al club en 2002, pero nunca aprovechó el éxito para convertirse en entrenador o director técnico en el extranjero. Hasta la fecha, es el entrenador con mejores resultados en la Allsvenskan, ya que ha ganado el título en cuatro ocasiones. El IFK también ganó la Copa de Suecia, además de dos grandes logros en la Liga de Campeones.

Sven Göran «Svennis» Eriksson aprovechó al máximo su vida en el IFK Göteborg una década antes y se convirtió en uno de los mejores entrenadores de Europa, y por supuesto en el seleccionador nacional de Inglaterra, pero hasta la fecha podría haber sido un logro aún mayor hacerlo tan bien en la Liga de Campeones y ciertamente eso no se menciona en las mismas frases y se olvida extrañamente para la mayoría.


viernes, 1 de octubre de 2021

HISTORIAS POCO CONOCIDAS

ALGUNA VEZ UTILIZARON CAMISETAS DE EQUIPOS ARGENTINOS

FUENTE: KODRO MAGAZINE 

Brasil vistió con la camiseta oficial de Boca Juniors e Independiente de Avellaneda durante la celebración de la Copa América de Argentina celebrada en 1937, y no fue la única selección sudamericana en vestir camisetas de clubes en aquel certamen. Aquella Copa América fue posiblemente la última gran competición continental con prácticamente nula organización previa.




Los espectadores presentes en el Viejo Gasómetro de Buenos Aires fueron testigos del cambio de camiseta de la ‘canarinha’, que por aquellos tiempos jugaba de blanco con franjas azules en sus mangas, colores que dejaron de usar posteriormente tras el Maracanazo de 1950, y que solo se recuperaron para la celebración de los 100 años de la FIFA.

El 26 de diciembre de 1937, en el duelo inaugural de la Copa América, Brasil se enfrentaba a Perú y el conjunto ‘inca’ había viajado solamente con camisetas blancas, lo cual obligó a los brasileños a buscar una alternativa, viendo con buenos ojos portar el jersey rojo de Independiente de Avellaneda. Teniendo esta opción disponible, la ‘canarinha’ optó por utilizar esa camisa con la cual logró vencer a sus contrincantes por la mínima diferencia, 3 a 2.

Sin embargo, la Selección de Brasil no fue la única en cambiar su uniforme durante aquel partido… ¡ya que Perú también tomó la decisión de utilizar otra indumentaria cuando salieron a disputar el segundo tiempo, usando la de San Lorenzo de Almagro!

 Transcurrieron únicamente 7 días de aquel acontecimiento que demostraba la pobre organización de la Copa América de 1930, y la escuadra ‘carioca’ se volvió a encontrar con el mismo inconveniente, en aquella ocasión ante Chile, que también vestía de color blanco. Uno de los dirigentes de la institución brasileña tenía buena relación con un miembro de Boca Juniors y, finalmente, se resolvió que la ‘canarinha’ jugaría con la remera del ‘xeneize’. El compromiso culminaría con la goleada 6 a 4 en contra de Chile.

De igual manera, además de Brasil y Perú, Venezuela también se sumó al grupo de equipos que tuvieron que cambiar su camiseta en la Copa América de 1967, al portar la indumentaria de Peñarol.

Algo similar sucedió 2 años antes cuando Perú fue sede del torneo en conmemoración de los 400 años de la fundación de Lima. En esa Copa ni Argentina ni Uruguay jugaron con sus colores habituales. Los albicelestes usaron el blanco y los charrúas el rojo para la ocasión. Ambas selecciones acordaron no ponerse los uniformes con los que se enfrentaron en la primera final de la historia de los mundiales (1930).

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

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