jueves, 2 de mayo de 2019

"LA BESTIA ROMERO"

DE PODER HABER REALIZADO HISTORIA EN LAS VEGAS A MORIR ACRIBILLADO EN ISIDRO CASANOVA


En la terraza del hotel Miraveu de Montecarlo, seis argentinos integrantes de una delegación deportiva se aprestan a almorzar. Transcurre el viernes 12 de Julio de 1984 y acaban de arribar de la ciudad de San Remo, Italia. Allí, los boxeadores Juan Domingo "Martillo" Roldán y César Romero han completado sus entrenamientos al cabo de dos semanas. Les acompañan el jefe de la delegación y dueño del Luna Park, Juan Carlos Lectoure, los entrenadores Adolfo Robledo (Roldán), y Carlos "Bocha" Martinetti (Romero) y el comanager de Martillo, Luis Abbá.

—Muchachos, hoy hay que comer pescado- dijo Tito Lectoure en alusión a que la próxima comida será recién mañana, día en que cada uno afrontará diferentes tipos de compromisos y el pescado garantiza una menor cantidad de calorías ante la exigencia de la balanza.

Para Martillo Roldán su combate ante el francés André Mongelema era un "trámite" de final previsto. Ganaría a la distancia de ocho asaltos a pesar de una lesión en su mano derecha. Martillo venía de hacer una pelea durísima frente a Marvin Hagler en Las Vegas . Y aunque lo derribó en el asalto inicial, Hagler terminó imponiendose.

César Romero, en cambio, vivía un sueño. Enfrentaría al venezolano Fulgencio Obelmejias en lo que podría considerarse una semifinal para pelear – en caso de ganar- contra el campeón mundial de peso medio pesado, Michael Spinks en el Caesar's Palace de Las Vegas por un millón de dólares .


Desde esa terraza, la brisa acaricia y envuelve. Y el azul del Mediterráneo resulta tan puro y quieto que los lujosos yachts fondeados garantizan que allí no hay un cuadro, hay un puerto.

Sobre los manteles gruesos y blancos de un solo patrón telar y con escudos, descansan las tres copas de cristal de baccarat que corresponde a cada comensal. Y en los laterales de cada asiento se advierten los cubiertos de plata que hasta aquí cada cual mira con disimulada desconfianza. El sommelier ofrece un Asti fresco y transpirado de Toscana pero Lectoure le agradece explicando que son boxeadores que mañana pelearan en el Estadio Louis ll y que solo acompañaran la comida con agua Perrier.


Caviar de Irán, ostras de Bouzigues y salmón del Báltico, conformarán el menú de este mediodía. Al término del almuerzo salimos a caminar con César "La Bestia" Romero por los alrededores del hotel para "bajar la comida".

—Nada de lo que me digas lo pienso publicar ahora en El Gráfico, a menos que me lo pidas. Quiero decirte que podés hablar con total confianza sobre tu pasado. En todo caso, le aclaré, el día que llegues a campeón del mundo, lo convertiremos en nota. Ese fue el pacto que tuvo como testigo a quien era corresponsal de Atlántida en Italia, el entrañable y prestigioso Bruno Passarelli.

César Romero me miró con ojos vacíos de brillo, exhaustos de frustración. Había estado cinco años y seis meses preso en el Penal de Mercedes por nueve hechos delictivos, todos por "Robo a mano armada". Dos de sus hermanos, Miguel Ángel y Jorge Antonio, también delincuentes, murieron al tirotearse con la policía. Y ahora aquí, bajo "libertad condicional", con permiso de un juez para poder salir del país, nos hallamos sentados a una mesa del Café de París, ochava emblemática de Montecarlo.



—¿En la cárcel se piensa más en salir para no reincidir o en salir para el desquite?
—Primero pensás en cómo hacer para que no te violen o te manteen o te metan punta (faca). Pensá que cuando yo caí había hecho una sola pelea. En "cafúa" (presidio) fui practicando con otros presos. Una ojota en una mano te sirve como manopla para entrenarte.-
—¿Me estas diciendo que te preparabas para ser boxeador profesional al cumplir la condena?
—No lo sé. Saber boxear me daba más seguridad para convivir en la cárcel. Y a mi me gustaba. Pero ojo, eh…en la cárcel se piensa de todo. Un día sos bueno y querés a todos. Otro día te volvés loco y no querés a nadie. Muchas veces tuve ganas de matar "buches" (delatores), "cobanis" (policias) o "candados" (agentes penitenciarios). Y otras en cambio, después que me "engomaban" (cierre nocturno de celdas y pabellones), me quedaba solo y pensaba como hacer para que esos pensamientos no me llegaran a la cabeza y limpiarlos de mi alma, de aquí adentro.-
—Romero, tenés 25 tatuajes en todas las partes de tu cuerpo sin excepción. Desde este águila que cubre todo el torso hasta algún otro mínimo e invisible. Pero me llama la atención éste que tenés aquí, debajo del hombro izquierdo, mirá dice: "Madre, nunca más", ¿qué significa?
Que nunca más volveré a la cárcel. Y que si se me mete el diablo y hago alguna "cagada" prefiero que los "ratis" (policias) me hagan la boleta o me boleteo yo mismo, pero en "cafúa" no volveré nunca más
A Romero lo acompañaron dos grupos de personas bien diferenciados, sin contacto ni conocimiento previo entre ellos. Su hermano Saul Mario, flaco, pálido, largo pelo negro sobre los hombros vencidos, jean azul naturalmente deshilachado, ojotas, siempre con un cigarrillo Jockey Club entre sus dedos y las uñas largas y sucias. Y el "Pichi" Daniel Rodríguez, musculosa, chancletas y gorra. Romero invitó a ambos con la condición de que no se acercaran ni al hotel, ni a los gimnasios donde estuviera la delegación. Y cumplieron. Aunque en más de una oportunidad y ante la visible tentación de ambos hubo que recordarles a estos muchachos que ante cualquier "fuleria" no podrían ser deportados y deberían cumplir "gayola" en Italia o en Francia, según donde los "engancharan". Es que había tanto Rolex, tanto "cuero" (billeteras y carteras) "regaladas", tanto "vento" en bolsillos voleados…


El otro grupo de acompañantes era completamente distinto, eran quienes creyeron en la reivindicación social de César "La Bestia" Romero, lo ayudaron y viajaron para apoyarlo. Todo lo inició Omar Buchacra, fanático hincha de Boca y concesionario por entonces de golosinas en varios estadios de fútbol. El convenció a otros dos de sus grandes amigos a que fueran a Montecarlo. Fue así que los jóvenes Raul Gámez (actual presidente de Vélez Sarsfield) y Hugo Basilotta, actual vicepresidente de Alfajores Guaymallén, también ilustre "fortinero", se integraron virtualmente a la delegación. Para Hugo Basilotta se iniciaba además un camino altruista que era el de ayudar a los boxeadores. Cuanto más humildes y desconocidos resultaren, mejor. En su imperdible libro autobiográfico "Este soy yo", Hugo Basilotta cuenta que la manera de colaborar no es comprar el esponsoreo de un peleador para una pelea, pues eso no es ayuda, eso es publicidad. El prefería fijar una cifra mensual de ayuda permanente al boxeador. Y respaldarlo, estar cerca, contenerlo y asistirlo. Luego, con el tiempo, los boxeadores agradecidos como el Chino Maidana podrán devolver lo que sintieron por su generosidad al cabo de los años. Tal el recordado caso ocurrido en el MGM, al término del combate contra Floyd Mayweather cuando el "Chino" Maidana, esperando el fallo, desenvolvió un alfajor y lo mordió mirando a la cámara con inigualable satisfacción. Nunca en la historia del marketing se lograron más de diez segundos en vivo para el mundo entero al costo de un Guaymallén de dulce de leche.

Y aunque Hugo Basilotta no lo haya dicho en su libro por recato o respeto, tal su hidalguía, Romero me confesó en aquella charla que recibía 40.000 Pesos Argentinos (denominación de la época) y que en caso de ganar, tendría un bonus de 700 dólares. Ademas de Guaymallén, a Romero también lo respaldó publicitariamente la compañía Seguros Vigencia y Horacio Albini, uno de sus gerentes, formaba parte de la "legión de apoyo" .

Increíblemente, una sola pelea en el Luna impulsó a "La Bestia" al conocimiento popular. Fue cuando noqueó a Carlos María Flores Burlón, un excelente boxeador uruguayo radicado en Pergamino que tenía todo listo y casi firmado para enfrentar al campeón mundial Michael Spinks en Las Vegas por 700.000 dolares.

Lo insólito de esta mueca del destino es que el manager de Flores Burlón, el "Canga" Juan Antonio Bonet, fue quien recibió a Romero en Pergamino después de lograr su libertad condicional. Más aún, lo ayudó, le consiguió trabajo de chapista y le facilitó su gimnasio para mejorar como boxeador. Es así que el verdadero maestro de Romero en el gimnasio fue Flores Burlón. Nadie creía que Romero pudiera "embocarlo". Ni siquiera Carlos Salvador Bilardo quien fue a ver la pelea por invitación de Omar Buchacra y se convirtió en "padrino" de Romero para sumarse a su reivindicación. Y no fue a verlo a Montecarlo porque la Selección en esa época entrenaba los martes, miércoles y jueves en Ezeiza , pues la mayoría de sus jugadores actuaban en el país. .


La pelea en Montecarlo frente a Fulgencio Obelmejias salió al revés. El venezolano de 31 años lo dominó técnica y psicológicamente, lo bailó, jugó con él y hasta en un momento, sobre el final del 5° round, le toco los glúteos como inequívoca señal de desafío para se enoje. No hubo reacción.

El viaje de regreso fue triste. Romero se había perdido la chance de ir a pelear a Las Vegas por un millón de dolares. No solo eso: tampoco habría de revertir su destino.

Acomodó los dos autitos que había comprado para sus hijos mellizos en el compartimiento posterior de su asiento del avion. Hizo entrar cuidadosamente una botella especial de Chianti con largo pico para su padre y dos vestiditos, único regalo para su mujer. En Ezeiza no había ni periodistas, ni el camión de los Bomberos que pasea a los vencedores.. Fue una vuelta silenciosa. Un regreso con derrota.

El excelente periodista y escritor Carlos Irusta se ocupó de escribir la crónica para El Gráfico sobre un hecho ocurrido el 23 de Julio de 1984, a los once días posteriores a la pelea y apenas una semana después de la llegada a Buenos Aires. Una interpretación abreviada de su nota magistral nos permite contar que César "La Bestia" Romero y su hermano Saúl Mario pasaron a buscar, en un Dodge 1500, a "Pichi" Rodríguez – los dos lo acompañaron a Montecarlo- por su casa de Paraguay al 200 de Merlo a las 9 y 20 de la mañana. Una hora y media después, robaron un Gacel en Ramos Mejia. Su dueño, Carmelo Affatato, fue temblando a la comisaria e hizo la denuncia. Casi simultáneamente, en unas oficinas que la Empresa de Autotransportes La Plata ("La Costera") tenía en el Camino de Cintura, cuatro hombres, integrantes de una banda de delincuentes, fuertemente armados, se llevaron 2.475.050 Pesos Argentinos. Entraron a los gritos, el golpe lo hicieron rápidamente y no hizo falta disparar. Se dirigieron con el botín hacia el Oeste evitando transitar el Camino de Cintura pues en el cruce con la Avenida Provincias Unidas hay un destacamento policial. Necesitaron solo 17 minutos para llegar hasta la Empresa de Transportes "Almafuerte", su próximo robo. "Los acompaño en un solo y me retiro, uno solo, este el ultimo muchachos", les habría advertido César Romero a sus compinches al regresar desde Montecarlo

"Al piso, al piso hijos de p…, al piso o los matamos a todos, .Esta vez el dinero no fue el esperado: apenas 34.216 Pesos Argentinos, pues el camión de caudales se había "adelantado" a la hora "dateada".

Ante tanto griterío y locura, un vecino llamó al 605-0474, el numero de la Comisaria de Isidro Casanova. Hacia el lugar denunciado partieron el Comisario Héctor Alcántara y otros siete policías en dos Ford Falcon.

—Ahí vienen muchachos, agarren los fierros.- grito desesperadamente César "La Bestia" Romero, apretando su cara contra el vidrio de una ventana. Y repitió: "Agarren los fierros que nos matan a todos…".
No se equivocó.
FUENTE: INFOBAE


EL BOXEADOR SIN FRONTERAS

UBALDO NESTOR SACCO

La pelea más difícil de Uby Sacco no fue arriba de un ring sino en la puerta de un cabaret de Mar del Plata, en la zona de la vieja terminal de ómnibus, a fines de los 80.


Un marinero, con el que había discutido en un momento de la noche, se le abalanzó con una cuchilla y le dio tres puntazos. El corte más profundo se lo hizo en el antebrazo.

El ex campeón mundial de boxeo sacó su derecha letal y lo derribó de un cross a la mandíbula. El marinero cayó y golpeó la cabeza en el cordón de la vereda, que comenzó a teñirse de rojo. Un amigo se llevó a Uby mientras otros dos hombres intentaban reanimar al marinero.

Nunca se supo qué pasó después. El episodio no salió en ningún diario. Uby nunca supo si había matado a ese hombre.

Solo tenía una certeza: si hubiese golpeado al italiano Patrizio Oliva con ese odio acumulado, no hubiese perdido el cinturón de los welter juniors de la Asociación Mundial de Boxeo.

—Cuando perdés el ojo de tigre, como decía Rocky Balboa, perdés todo. En el boxeo y en la vida –le había dicho Uby (Ubaldo Néstor Sacco) al autor de esta nota, pocos meses antes de su partida.

Murió el 28 de mayo de 1997, a los 41 años, en Mar del Plata.

El 15 marzo de 1986, en Montecarlo, había perdido la ferocidad de su mirada. Llegó a la primera defensa del título con el peso de noches oscuras, aunque estaba confiado de retenerlo. Se entrenó menos que nunca: se lo vio más en los bares que en el gimnasio.

Su manager, Tito Lectoure, pensó en abandonarlo. Uby afrontó el compromiso como pudo, con un puñado de entrenamientos y la bendición de Diego Maradona, que hasta le pasó videos de las peleas del napolitano Oliva a través de Guillermo Cóppola.

El marplatense apenas dio el peso. Estaba desangelado, como si fuera su propia cáscara. Fue una sombra que por momentos superó a Oliva. Hasta que se quedó sin golpes ni piernas.

En un momento, en el minuto de descanso, Uby sintió que no tenía fuerzas para levantarse y salir al nuevo round. En su rincón lo abanicaban con una toalla para que le entrara aire en la boca. No escuchaba lo que le decían y los gritos de los aficionados eran como una masa sonora pegajosa. Algo así como escuchar debajo del agua.

Cuando sonó la campana, su padre y entrenador, Ubaldo Francisco Sacco, lo tuvo que levantar del brazo izquierdo. Y Lectoure, del brazo derecho.


Y ocurrió el milagro. Uby quedó de pie. Como un Cristo que es descolgado de la cruz y empujado –y hasta obligado- a la resurrección.

Le dieron la pelea perdida en un fallo dividido. Uby hizo una mueca de resignación. Entró en el vestuario en silencio. Sobre lo que pasó adentro hay una leyenda según la cual golpeó la pared con todas sus fuerzas. Con esa mano, podría haber noqueado a su rival.

Podría decirse que Uby nació boxeador. Estaba en la panza de su madre Hildacuando su padre Ubaldo, un boxeador clásico y elegante de la década del 50 (la época del Zurdo Lausse y el Cacique Selpa), peleaba en el Luna Park. Por eso Uby nació en Capital Federal, aunque se consideraba marplatense.

Siempre fue un rebelde. Cuando su padre le aconsejaba regular, seguir una estrategia especuladora en un combate, Uby le decía que sí, pero ni bien comenzaba el primer round salía con toda su destreza y su coraje a buscar al rival. Como dos trenes que chocan de frente.

Nunca le gustó el boxeo, pero brilló en los welter junior, una categoría que tenía referentes de la talla de Roberto Alfaro, Hugo Luero, Hugo Sergio Quartapelle, Juan Antonio Merlo, Lorenzo García y Ramón Abeldaño. O el pegador Horacio "La Pantera" Saldaño, a quien Uby le ganó dos veces.

El 21 de julio de 1985 se consagró campeón mundial al derrotar por nocaut técnico al canadiense Gene Hatcher, a quien había derrotado en una anterior pelea, aunque los jurados se la dieron por perdida.

El enviado especial de El GráficoErnesto Cherquis Bialo, le preguntó al día siguiente de la consagración:
—¿Para la próxima pelea, sea contra quien fuere, vas a prepararte igual, mejor o peor?
—Si llegué hasta acá así, ¿para qué me querés cambiar?

—Para que seas un campeón por mucho tiempo, para que ganes dinero, para que asegures tu vida y la de tus hijos, para que seas un buen ejemplo, para eso, ¿te parece poco?
—Pero vos siempre con lo mismo, ¿cuándo vas a creer en mí? ¿qué tengo que hacer?

Uby volvió a Mar del Plata con toda la gloria. Lo pasearon por la ciudad en un camión autobomba.
Era el campeón. El que había aparecido en la tapa de El Gráficoarrodillado ante la gloria, cerca de su padre, llorando aunque más que llanto parecía una carcajada de felicidad.
Muchos de los que estaban ese día y fueron a recibirlo como un héroe, fueron los mismos que señalaron con el dedo de la misma mano que usaban para aplaudirlo o tocarlo.


La que creó el mito negro Uby Sacco.
"Solo él sabrá si empezó a brillar o empezó a morir, cuando se hizo campeón mundial. Su jab era artesanal y su orgullo inmenso. Lo disfrutamos casi nada", escribió una vez Osvaldo Príncipi.

Uby protagonizó 52 peleas: ganó 47, perdió 4 (ninguna por nocaut) y empató una. Atravesó con habilidad y guapeza 429 rounds. Pero en todo boxeador hay un récord que no deja huella ni queda por escrito. Son las peleas callejeras. Uby tuvo varias: el mito dice que no perdió ninguna.

La historia violenta del marinero comenzó cuando Uby fue a un cabaret a tomar unas copas. Cuando entró en el baño, un hombre se le acercó y le pidió:
—Campeón, ¿me convidás un saque?
Uby le dio la bolsa y el marinero tomó delante suyo.
Pocos minutos después, el marinero insistió, pero esta vez cuando Uby tomaba una copa con un amigo. Como Uby lo ignoró, el marinero le dijo:
—Garca, encima que me convidaste la que vos no tomás, ahora la encanutas.
El asunto pareció terminar ahí, hasta que una hora más tarde ocurrió la pelea en la calle. Una versión es que el marinero sobrevivió a la caída, pero no se animó a hacer la denuncia o a tomar venganza.
Para Uby, enfrentar a hombres con guantes no era ningún riesgo. Sobre todo después de haber sobrevivido a hombres que lo amenazaron con armas o cuchillos.

Otro combate memorable, del que tampoco hay registro, ocurrió también en las calles salvajes de Mar del Plata. Una noche le salvó la vida al Tarta Lozada, un pistolero que trabajaba como matón de políticos, sindicalistas y transas.

Aquella vez, Uby lo encontró al Tarta en un apriete: rodeado por seis hombres que le daban una paliza. Se metió, se puso espalda con espalda con el Tarta y golpeó a sus contrincantes. No quedó ni uno de pie.


El Tarta pagó el favor años más tarde.
Cuando Uby vivió un romance con una de las chicas de un proxeneta pesado, El Tarta –que era uno de los sicarios del rufián- recibió la orden de matarlo.

—Vos me salvaste la vida una vez, ahora te la voy a salvar a vos –le dijo el Tarta mientras le mostraba la pistola con la que debía matarlo.

Tiempo después, el Tarta –que manejaba varios pools-, quiso cobrarse una vieja deuda que al parecer tenía con la madama y ladrona Margarita di Tullio. Fue a su casa con dos secuaces, pero la mujer los mató a tiros. Desde ese día la llamaron Pepita la pistolera.

Hay más historias delincuenciales protagonizadas por Uby. Una de ellas se la contó él mismo al periodista Carlos Irusta. "A los quince años se entreveró en un bar con un policía. El hombre, recostado de espaldas al mostrador, iba armado y lo desafió. Es probable que los dos estuvieran borrachos. Uby se aguantó al principio, porque no podía dejar de mirar la pistola pendiendo en la cintura del otro, hasta que en un descuido, un amigo de él, desde atrás, se la sacó. Luego contaría: 'Le di tanta piña en el estómago que le doblé la hebilla del cinturón, lo desparramé -contaría luego- y después me fui. ¡Para qué! Me agarraron unos compañeros de él y me dieron una marimba en la calle que me dejaron loco. Eso sí, ¿eh? No les di el gusto de llorar'".

Le gustaba desafiar a los policías. Una vez un periodista amigo le avisó que la policía iba a allanar el hotel que regenteaba por tráfico de drogas. Uby solo consumía. Esa noche pudo haberse ido, pero se quedó a esperar a los uniformados. Cuando llegó el jefe del operativo, Uby le palmeó la mejilla y le dijo, con tono canchero:

—No queda nada, me la tomé toda.
Estuvo preso varias veces. Una fue por un mozo que lo acusó de haberlo golpeado.

Uby acostumbraba ir al club Peñarol, donde compartía veladas con Carlos Monzón y Alberto Olmedo. Es más: llegó a visitar a Monzón en la casa de la calle Luis Pedro Zanni, donde el ex campeón mundial de los medianos mató a Alicia Muñiz, y volvieron a cruzarse en la cárcel de Batán.

"Uby fue el boxeador más completo", decía el ex campeón de peso mediano del Consejo Mundial y de la Asociación Mundial de Boxeo.

Esto no es todo: en 1988, en el verano maldito de los balcones de Olmedo y Monzón, Uby también conoció a Celso Arrastía, presunto asesino serial de cinco mujeres.

Sacco vivía en un hotel céntrico junto a su esposa Patricia, donde algunas noches solían escuchar el llanto de una mujer que estuvo a punto de ser asesinada por Arrastía.  Es más, Uby conoció a una prostituta que había sido amenazada por el serial killer.

La ex mujer de Uby, Patricia, recuerda al criminal:

"A mí nunca me hizo nada, quizá porque yo no era una presa fácil. Mi pareja había sido uno de los mejores boxeadores del mundo. Mató a varias chicas, a una en un hotel llamado Los Galgos. Otra víctima fue encontrada en el hotel de la calle Salta, a la vuelta del Club Atlético Mar del Plata, adonde también iba Uby. De la cara de asqueroso y degenerado que tenía no me olvido más. Usaba bigote y vestía con elegancia".


Uby volvió a cruzarse con el asesino dos veces. La primera fue en la Brigada de Investigaciones de Mar del Plata, donde estaba detenido por presunta venta de cocaína. Allí, Arrastía le pidió una hojita de afeitar porque quería sacarse los bigotes para que no lo reconocieran. Uby se la negó. La segunda vez se vieron en Batán. "No maté a nadie, es todo verso", le dijo. Uby no le creyó.


Además estaba preocupado por otro preso, en quien sí creía. Era Monzón, con quien estuvo a punto de dar una exhibición de boxeo en la prisión. Pero Monzón estaba sin entusiasmo y cansado de que algunos presos lo desafiaran porque había matado a una mujer. "Me vienen de a cuatro muñecos a pelearme y los tumbo como papel. No me duran ni medio round".


Sus últimos años los pasó en bares de mala muerte. Uno de ellos era el café Los Amigos. El poeta maldito Enrique Symns frecuentaba ese lugar. Lo recuerda de esta manera: "A Uby le gustaba más la calle y los bares que el gimnasio, la llegada del dealer más que la del manager, los amigos drogones que la gente normal, las peleas callejeras más que las conversaciones convencionales. Era adicto a la cocaína pero más aún a la desgracia. Nunca lo vi pelear pero, sin embargo, fui un admirador de su desgracia. Uby estaba lesionado por el mundo. Yo también me hubiera agarrado a piñas con las docenas de imbéciles que me he ido cruzando en los boliches de rock en el transcurso de mi vida. Me drogué como él y también conocí la cárcel. Yo también viajaba por la ciudad, como un ciego, guiando un hato de extraviados en el desierto sin fin de la ciudad. No tuve su valor, murió a los 41 años y abandonó este ring side ficticio donde solo pululan las almas innobles".


La última aparición pública de Uby fue en una charla en Deportea, en Mar del Plata, invitado por el periodista Juan Carlos Morales.


Días antes había visitado la concentración de Independiente, el club de sus amores. Muchos no lo reconocieron, solo vieron que un hombre desgarbado, con el pelo lacio, de lentes, con un piloto viejo que le daba aspecto de linyera, se acercó al Flaco César Menotti, por entonces entrenador del Rojo, y se abrazaron. Cruzaron un par de palabras y Uby se fue. Su aspecto, o algo en él que era mucho más interno, parecía tan frágil que hasta daba la sensación de que el viento podía derribarlo.

Se fue sin que ninguno de los diez periodistas que estaban en el lugar le dijera algo. Tenía las manos en los bolsillos y se movía de un lado a otro, como un péndulo descalibrado. Al tiempo que lo hacía, no parecía respirar, sino aspirar profundamente el aire. Era un movimiento aparatoso, descoordinado e involuntario. Una triste paradoja para el hombre que en el ring se movía con pasos de bailarín.


Sus ojos eran tan melancólicos pero a la vez tan vacíos, como los ojos de alguien que había comenzado a despedirse de todo, hasta de sí mismo.


Tiempo después de su muerte, cuando fue a pelear a Mar del Plata ante Omar "El Príncipe" González, el mítico Roberto "Mano de Piedra" Durán llevó flores a la tumba de Uby. Lo acompañó el Karateca Medina, boxeador que estuvo preso y participó de esa velada.


"Una vez Maradona nos invitó a Uby y a mí a entrenar y vivir en Nápoles. Yo acepté, Uby no", contó el Karateca. "Mano de Piedra" pensaba lo mismo que Monzón: que Uby fue uno de los púgiles argentinos más completos y técnicos.


Uby era admirado por sus pares y los periodistas que cubrían su carrera. Sergio Víctor Palma, también campeón mundial, solía decir que Uby y Gustavo Ballashabían sido dos de los boxeadores más técnicos de la historia. El periodista Walter Nelson lo llamó el "Maradona del boxeo". Sus colegas Horacio García Blanco y Ulises Barrera también lo admiraban.


Diego le dedicó un gol jugando para Boca. Una anécdota define la personalidad de ambos. Jugando al fútbol, en un picado de amigos, allá en los 80, Uby le hizo un caño a Diego. Diego se vengó y le hizo dos. Uby estaba furioso.


Por esos días se lo solía ver en recitales. Una vez Luca Prodan, en Obras, le cantó desde el escenario mientras Uby lo miraba desde el público: "Soltá el brillo, soltá la belleza de tu pelo con Wellapon, Uby también se lava con Wellapon".


Pero como dijo Cherquis Bialo el día que murió Uby: "La fama, la gloria, el ocaso. Todo fue efímero en él, hasta su existencia".


A sus hijos Lorena y Sebastián, Uby les dejó como legado un manuscrito que pronto será libro.


Allí cuenta su infierno, relata las injusticias que sufrió cuando lo detenían muchas veces por su mala fama. Todo eso lo escribió desde una celda, cuando sentía el final cada vez más cerca.


"La muerte me tiene embrujado como un muñeco de trapo", escribió de puño y letra en un cuaderno Gloria de tapa blanda. Parte de esos textos aparecerán en Nervio, la revista cultural fundada y dirigida por Andrés Calamaro, de próxima aparición.


Los hijos lucharon para recuperar las fotos y las pertenencias de Uby. Cada uno de ellos conserva un guante y una bota, que fueron encontrados de casualidad por un cartonero que revolvía un contenedor. El cinturón de campeón también fue recuperado.

Cuando Uby quedó en la ruina, le embargaron su casa, con sus pertenencias incluidas. Sus guantes también pasaron de mano en mano.


Uby intentó salvarse. Por sus hijos, por su familia. Quizá trató de ensayar de nuevo, aceptar y retomar desde el principio, dar un volantazo y volver un poco atrás. Y ahí partir desde lo más sencillo. No pudo. Sobre el ring parecía saberlo todo. "Pero la vida es mucho más difícil", decía.

Pese a todo, sus amigos y sus hijos lo recuerdan como un niño que no supo vivir. Los escritos que dejó retratan su desesperación. En esos días en los que no le quedaba casi nada. Esa confesión desgarradora tal vez sea su réquiem -después de sus intentos por recuperar el paraíso perdido-, y a la vez su regreso definitivo al lado luminoso de la vida.

FUENTE: INFOBAE




domingo, 28 de abril de 2019

REGIONAL 85/86

EL TITULO QUE GANO BELGRANO DE CÓRDOBA

Se ganó en 1985/86, hace sólo tres décadas, pero su conquista quedó asociada a mitos, mentiras e inexactitudes, tal como si no existiesen fuentes para probar su verdadera esencia.


El Campeonato Regional de esa temporada quedó inmerso en la transición hacia una reestructuración que modificó la participación de los clubes provincianos en AFA y en ese escenario complejo, este certamen terminó siendo tierra fértil para que el hincha le otorgue la interpretación antojadiza que mejor le quedará.


Para algunos, el torneo parece no haberse disputado jamás o no representó mucho más que un “simpático” certamen intrascendente. Para otros, en cambio, se realizó para clasificar a su campeón (Belgrano) a la primera edición del Nacional B. Y la verdad, que no puede “acomodarse” a la necesidad de ningún color, es otra muy distinta a estas dos versiones.


El Regional 1985/86 fue, ante todo, un campeonato oficial de AFA, lo que le permite a Belgrano presumir de ser el primer club cordobés en obtener un torneo en el ámbito nacional y, por si hacía falta, en calidad de invicto. Pero también es necesario aclarar que su consagración no le otorgó el pase al Nacional B, sino a la Liguilla Pre-Libertadores, una instancia a la que accedieron todos los semifinalistas de aquel certamen.


En honor a la verdad, la participación del club en el panel estable del fútbol argentino se cristalizó, tal como ocurrió con Talleres, por medio de un acuerdo escrito. Fue la Asociación Cordobesa de Fútbol la que dictaminó, en la madrugada del 12 de abril de 1986 y a través de la resolución 150, que los celestes sean los representantes de la plaza otorgada a la entidad madre del fútbol cordobés. Con aprobación unánime: la 150 fue conocida en el ámbito dirigencial de la época como “la 1.309 cordobesa”, en relación a la normativa que dispuso la inclusión de los albiazules a los torneos porteños, en 1980.


Hecha la salvedad histórica, el Regional ganado por Belgrano fue, quizá, el torneo más federal de la historia del fútbol argentino. Y los datos son contundentes: participaron 106 clubes representativos de las 23 provincias del país, con 24 de ellos “veteranos” de los viejos nacionales de primera disputados entre 1967 y 1985. Sólo faltaron los tres clubes de la Docta acogidos en el fútbol porteño (Talleres, Instituto y Racing). Fue un auténtico campeonato provinciano, con los mejores representantes de cada rincón del país.



Su estructura única tuvo una razón de ser. Con la desaparición del Campeonato Nacional surgió la necesidad de otorgarles a los clubes de “tierra adentro” alguna motivación deportiva para que el Regional no sea sólo un “torneo paralelo” al porteño. Por ello, y hasta tanto se organizara el Nacional B, el mismo otorgó dos plazas a la Liguilla Pre-Libertadores y tendría un campeón del interior.


La fiesta fue interminable. Belgrano volvió a ser noticia nacional. Fue uno de los títulos más esperados y celebrados de las 58 conquistas oficiales logradas por el club, pero también el último grito triunfal, ese que hace casi tres décadas espera volver a enronquecer las gargantas piratas.


Síntesis:
Belgrano:
Juan Manuel Ramos
Alejandro Chiera
Sergio Céliz
Juan Carlos Reyna
Raúl Moreno
Juan José López
José Luis Villarreal
Germán Martellotto
Abel Blasón
Luis Scatolaro
Edgardo Parmigiani
DT: Tomás Cuellar


Olimpo:
Raúl Domínguez
Alfredo Torres
Daniel Florit
Carlos Genovese
Manuel Cheiles
Claudio N. Rotondi
Miguel Ángel Suárez
Roberto Depietri
Rubén Favret
Hugo Paulino Sánchez
José Ramón Palacio
DT: Abel Da Graca


Goles: PT: 21m Parmigiani (B); 23m Parmigiani (B); 45m Cheiles (O). ST: 16m Martellotto (B); 40m Depietri (O).
Cambios: PT: 23m Luis Basualdo por Florit (O). ST:
9m Raúl Schmidt por Miguel Ángel Suárez (O).
Estadio: Belgrano.
Árbitro: Aníbal Hay. Recaudación: 51.000 australes.

FUENTE: MUNDOD
POR: GUSTAVO FARIAS 

sábado, 27 de abril de 2019

UN GRANDE DEL DEPORTE

LA LEYENDA INOLVIDABLE

 Jesse Owens** Su nombre forma parte de la historia mundial más que de la del atletismo. En los Juegos Olímpicos de **Berlín '36** desafió al régimen nazi consiguiendo cuatro medallas de oro (100, 200, salto de longitud y 4x100) mirando al mismísimo Hitler a la cara. Su proeza simboliza el sueño americano en toda su extensión. 



Criado junto a 11 hermanos en una familia humilde, Jesse se ganó la vida en los campos de algodón desde pequeño, vendiendo periódicos y como ascensorista. 




Hijo de un granjero y nieto de esclavos, no parecía que el chico fuera a pasar a la historia. Sin embargo, su reto ante el mismo Führer le hace merecedor de uno de los capítulos más bonitos de la humanidad, ése que dice que todos somos iguales independientemente de nuestra raza y religión. Además, en su caso, demostró ser hasta superior.



FUENTE: REVISTAGQ.COM

"HISTORIAS QUE VALEN LA PEENA CONOCER"

ESTEBAN CAMBIASSO EN RIVER FUENTE: "KODRO MAGAZZINE" Esteban Cambiasso, tras una llegada prematura al Real Madrid B con 16 años ju...