miércoles, 26 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

FRANCO OSSOLA, EL 9 DEL GRANDE TORINO 

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Franco Ossola nació en Varese el 23 de agosto de 1921, un inolvidable delantero del Grande Torino, el histórico equipo de fútbol italiano del Torino Calcio en la década de los 40. Un conjunto demoledor hasta cinco veces campeones de Italia, y cuyos jugadores fueron la columna vertebral del equipo nacional de Italia.  El 4 de mayo de 1949 en el accidente aéreo conocido como el desastre aéreo de Superga acabó con él, a excepción del lesionado Sauro Tomá.




El nacimiento del Grande Torino está asociado con el verano de 1939, cuando el empresario y antiguo jugador del club, Ferruccio Novo asumió la presidencia del AC Torino sucediendo a Giovanni Battista Cuniberti.​ Para Novo fue un regreso al pasado: jugó de hecho en las categorías inferiores del Toro en 1913, pero nunca logró llegar al primer equipo.

Los primeros movimientos fueron los de reorganizar la sociedad inspirada en la política deportiva-comercial establecida con éxito considerable de Edoardo Agnelli en la Juventus durante la primera mitad de 1930​. Cuniberti se rodeó de exjugadores como Antonio Janni y Mario Sperone (campeones de Italia 1928) y Giacinto Ellena (aún en activo en aquel periodo), además de Rinaldo Agnisetta, por aquel entonces director de una empresa de transporte, al que se le otorgó el cargo de director gerente. Roberto Copernico fue llamado a la función de asesor; el inglés, Leslie Lievesley desempeñó el papel de entrenador juvenil, mientras que la guía técnica se le dio a Ernest Egri Erbstein, quien durante mucho tiempo colaboró ​​de incógnito debido a las leyes raciales vigentes, ya que era judío.

Franco Ossola fue la primera gran compra hecha por Novo, el delantero de tan solo dieciocho años fue transferido por 55.000 liras del Varese, siguiendo el consejo de Janni. «Il bomber» debutó el 4 de febrero de 1940 en un Novara-Torino con 0-1. Ossola podía ocupar todos los puestos en el ataque y era un excelente goleador, hasta el punto de que todavía ostenta el récord de partidos consecutivos con gol (8) en la historia del Torino. Comenzó su carrera en el Varese, en la Serie C, y luego fue comprado por 55.000 liras por el Torino de Ferruccio Novo. Debutó con la camiseta del Granata en febrero de 1940 y cuando se convirtió en titular del Grande Torino marcó 85 goles en 181 partidos. Este fantástico promedio goleador permitió a Ossola ocupar el décimo lugar en la lista de goleadores de todos los tiempos del Torino. Desapareció en la tragedia de Superga el 4 de mayo de 1949 junto con sus compañeros de equipo.



lunes, 24 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

PAUL GAISCONE EN EL GLASGOW RANGERS

FUENTE. "KODOR MAGAZINE":

Paul Gascoigne llegó al Glasgow Rangers de la temporada 1995-1996 para ayudar a conseguir lo que parecía imposible: diez campeonatos de liga escocesa consecutivos. A lo largo de tres temporadas, no solo consiguió el objetivo, sino que resucitó futbolísticamente, liderando la conquista de dos títulos de liga y dos Copas de Escocia, además de anotar 39 goles. Su gran estado de forma le sirvió para formar parte de la selección inglesa de la Eurocopa 96, y dejar atrás su etapa de altibajos en la Lazio, demostrando que su decisión de no volver a la Premier League fue la acertada.




«Soy un artista y me gusta actuar delante de grandes multitudes. No hay muchos clubes más grandes en Inglaterra que el Rangers, así que ¿por qué iba a jugar delante de 30.000 personas en Inglaterra cuando tenía la oportunidad de jugar delante de 50.000 en Ibrox? Graeme Souness, Terry Butcher, Chris Woods, Ray Wilkins, Gary Stevens, Trevor Steven, Mark Hateley y Brian Laudrup todos jugaron para el Rangers, así que deben estar haciendo algo bien allí arriba», recuerda el jugador.

Nada más aterrizar en Glasgow, el inglés tuvo la oportunidad de ganarse el cariño de los fieles de los Gers cuando estos se enfrentaron a su acérrimo rival, el Celtic, en el primer derbi del Old Firm de la temporada. Gascoigne no era un hombre que rehuyera las grandes y a menudo virulentas ocasiones, especialmente cuando las facciones verde y azul de Glasgow se enfrentaban. Para un hombre a menudo denostado por su estado de forma, o por la falta de ella, Gascoigne se embarcó en un sprint de noventa metros para apoyar al demoledor ataque del Rangers. Después de una buena jugada entre Salenko y McCoist, este último dio un pase al otro lado del área de 18 yardas para que Gascoigne, literalmente corriendo a toda velocidad, con la mayor despreocupación, pasara el balón con el pie por encima del portero. No fue el fútbol suntuoso por el que Gazza era venerado; no hubo un primer toque espectacular, ni una caída del hombro, ni un pase cruzado con efecto. Se trataba de la tenacidad y el atletismo de un futbolista que había vuelto a nacer.

Aquel momento fue indicativo de las dos primeras campañas de la estancia de Gascoigne al norte de la frontera. El éxito continuado del Rangers estaba ligado de forma incontrovertible a la suerte de su creador de juego estrella. The Teddy Bears contaban con un hombre capaz de inspirar, deleitar y divertir por igual. Cuando no estaba creando ocasiones para sus compañeros con sus carreras y pases hábiles, se encargaba de la carga goleadora. Marcó tres goles contra el Kilmarnock y el Motherwell.

 Por primera vez desde 1991, fue reconocido como el mejor jugador de una liga nacional, al recibir el premio al Jugador del Año de la PFA Escocia y el premio al Jugador del Año de la SFWA.  Aunque había escapado de las garras de Italia, donde el constante escrutinio había amenazado con lanzar su carrera al abismo, su regreso a la forma en Escocia no estuvo exento de obstáculos. Walter Smith estaba cada vez más preocupado por la dependencia de Gascoigne del alcohol, un problema que continuaría afectándole durante el resto de su carrera y más allá. Fue también durante esta época cuando, un hombre para quien la salud mental había sido un problema durante mucho tiempo, se embarcó en una maniobra particularmente ingenua que le hizo recibir amenazas de muerte del IRA.

Después de marcar un gol en el derbi de Old Firm en 1998, Gascoigne enfureció a los aficionados de los Bhoys cuando hizo el gesto de tocar una flauta para celebrarlo, una referencia muy obvia y deliberada a la Orden de Orange. Se le impuso una multa de 20.000 libras y una temporada que ya estaba siendo deslucida pronto entró en una espiral de ignominia. El Rangers terminó la temporada sin ningún trofeo y Gascoigne se marchó al Middlesbrough en verano.

Su incursión en Escocia resultó ser la última vez que alcanzó las cotas que su talento exigía, pero si se le pregunta a Ally McCoist qué versión de Gascoigne prefiere, la respuesta es sencilla: “Tuvimos lo mejor de Gascoigne cuando estaba en el Rangers. ¿Y merece su lugar en el Salón de la Fama de Escocia? Es una broma, lo merece al cien por cien”.


miércoles, 19 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

EL PATO ABBNDANZIERI Y SU LEGADO EN EL GETAFE CF

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Solo dos temporadas sumaba el Getafe en la élite del fútbol español cuando el guardameta titular de la selección argentina, Roberto Carlos Abbondanzieri, llegaba al cuadro azulón para hacer historia en el club. Uno de los porteros más carismáticos que han pasado por La Liga, conocido internacionalmente por su gran palmarés y su catálogo de paradas que nos tenía acostumbrados a realizar. Se convirtió en el cerrojo de la época dorada del conjunto del sur de Madrid.




Sus inicios en Argentina empezaron en las categorías inferiores de Rosario Central. Aunque su proyección se hizo tardía hasta llegar a debutar en la temporada de 1994. El de Santa Fe, permaneció en el club tres temporadas haciendo méritos para que equipos grandes como Boca Juniors se fijaran en él y pagarán su ficha para jugar con ellos. Venía para sustituir a otro mito de la portería como lo fue el Mono Montoya. Eso ocurría en 1997 cuando el «Pato» tras una lesión de Óscar Córdoba, el portero titular de los «xeneizes», se lesionó y Abbondanzieri ya no se quitó los guantes en toda su estada en el club.

En Boca es considerado una leyenda. Bajo palos consiguió cuatro torneos Apertura, destacada su actuación en el de 1998 siendo invicto en el torneo. Dos torneos Clausura, tres copas Libertadores, dos Intercontinentales, la primera del 2000 derrotando al Real Madrid y la segunda parando dos penaltis a Pirlo y Costacurta. Dos Sudamericanas y una Recopa sudamericana, con varios trofeos individuales como el de mejor portero sudamericano en 2003.

Sus buenas actuaciones y su magnífica proyección en el fútbol tiraron la puerta abajo de la AFA para hacerse con la titularidad en el mundial de Alemania en 2006. Cuajó numerosas y muy buenas actuaciones hasta llegar a cuartos de final enfrentándose a la anfitriona, partido del que tuvo que salir lesionado. En aquel mismo encuentro el combinado argentino cayó derrotado en la tanda de penaltis, en la que el decisivo «Pato» no pudo hacer nada.

 Tras aquella cita mundialista Abbondanzieri firmó con el Getafe por 3 millones de euros para unirse a la aventura de la Liga española. Tras nueve años en Boca Juniors fichó por el Getafe, equipo en el que estuvo tres años siendo una pieza clave en una de las mejores etapas de la historia del club. Una operación excelente de Ángel Torres, el presidente del club, que supo moverse rápidamente en una ventana de fichajes como es un mundial de fútbol.

Por aquel entonces, el conjunto azulón, trataba de seguir su buena dinámica y proyección en el fútbol español en manos de Bernd Schuster, mítico exjugador. El equipo venía de una buena temporada con Quique Sánchez Flores en el cargo y querían mejorar su decimotercera plaza.

Con el Getafe, Abbondanzieri, fue artífice de los éxitos cosechados por el equipo, llegando a dos finales de la Copa del Rey por primera vez en su historia, y a la postre, conseguir la clasificación para participar en la Copa de la UEFA 07/08 competición en la que fueron eliminados en cuartos de final por el Bayern de Múnich.

En su primera temporada en el club del sur de Madrid, consiguió el trofeo Zamora. Un trofeo otorgado al portero menos goleado durante la competición doméstica. Un título muy significativo para el club, ya que era el primer cancerbero del club en ganarlo. Nos dejó paradas de todos los colores, cazando todo tipo de balones: por arriba, por abajo, a media altura, de penalti, a mano cambiada, con el pie, uno contra uno, lo llegó a sacar todo. En los 36 partidos que disputó le llegaron a anotar únicamente 30 tantos, un promedio de 0,83 goles por partido.

Estos números ayudaron al «EuroGeta» de Schuster, primero, y  Laudrup después, a conseguir brillantes resultados. Aquel equipo que llegaba de instaurarse en primera división solo dos años atrás, en el 2004, fue capaz de llegar a su primera final de Copa con una facilidad pasmosa. Utilizo este término -facilidad pasmosa- porque dejó en la cuneta a rivales como el Valencia o el FC Barcelona. Los de Schuster remontaron los dos duelos de cuartos y semifinales a los respectivos equipos. Aunque finalmente, cayeron en la final ante el Sevilla por un tímido 1-0. En Liga terminaron en una novena posición muy bien disputada que con la posición en la copa consiguieron tener un billete para la copa de la UEFA.

Un conjunto como el Getafe con mucho menos presupuesto y mucha menos trayectoria que sus rivales, pero que con el trabajo de su técnico, el alemán Bernd Schuster, formó un equipo disciplinado y ordenado. Tras aquella buena campaña, muchos equipos se fijaron en ellos, llevándose a las piezas más importantes del proyecto. Empezando por el entrenador que fichó por el Madrid, Alexis al Valencia o Güiza al Mallorca. Pero todavía quedaba mucho por ver y el rápido movimiento y reestructuración de plantilla funcionó. Cambio de cromos en el banquillo en el que se sentaría Michael Laudrup, aquel joven danés inexperto en la caseta, que deslumbró como jugador en equipos como Madrid y Barcelona, cogería los mandos del equipo. Sus pupilos eran jóvenes promesas que ya asustaban como los: Granero, De la Red, Uche o Pablo Hernández y que mejoraron lo que ya había.

Su primera participación en la Copa de la UEFA es de aquellas que hacen afición y familia en el fútbol. El Getafe quedaría emparejado con equipos rocosos como el Tottenham o el Anderlecht. Aunque el conjunto español los pudo superar clasificándose para la siguiente ronda. En dieciseisavos fue el turno para el AEK Atenas a los que derrotaron con cierta ligereza. El rival en octavos fue el Benfica que se lo vapulearon entre De la Red y Pablo Hernández.

El pase a cuartos ya fue otra historia, en la que a día de hoy, seguro que todavía escuece a más de uno. Los azulones, sin embargo, pasaron de ser un equipo más en España a ser reconocidos internacionalmente. Se cruzaron con el Bayern de Múnich, que en aquella época caía por la Copa de la UEFA, una competición poco habitual para la historia del club alemán, que aspiraba más arriba. La ida en Baviera dejó la eliminatoria abierta para un Getafe que obtuvo la licencia para soñar.

El partido que se recuerda es el de la vuelta de aquella fatídica noche en el Coliseum. Los jugadores del Getafe mordieron el polvo después de tocar el cielo en una remontada sin precedentes. Los de Laudrup abrieron el marcador por medio de Contra, quién también marcó en la ida, y dejaron el partido muy bien encarrilado hasta las acaballas del partido. En el minuto 89’ Ribery consiguió llevar el partido a la prórroga, pero la casta y el orgullo del Getafe siguió intacta con los goles de Casquero y Braulio en la reanudación, que volvían a ponerles por delante en la eliminatoria. La alegría fue en vano, ya que como en los 90 minutos reglamentarios, el Bayern consiguió rebatirlos con dos goles en cinco minutos, en una mala noche para Abbondanzieri. Aunque el arquero argentino debía de estar orgulloso porque muchas de sus atajadas sirvieron para llegar hasta entonces y sostener al Getafe en otros grandes duelos.

En Múnich ese partido se recuerda como el «das wunder von Getafe (el milagro del Getafe). Pese a su eliminación todo el mundo se deshizo en elogios hacia el equipo de Laudrup. Ottmar Hitzfeld el técnico del Bayern asumió que les pudieron haber humillado “el Getafe mereció la victoria”, aseguró. Hasta Oliver Kahn también quedó asombrado: “He jugado 140 partidos de Copa de Europa, he estado en todas partes, pero lo de esta noche es increíble. No había vivido algo así en 40 años”.

El buen momento del Getafe CF era tal que trece días después se plantó de nuevo en otra final de copa por segundo año consecutivo. Ya había dejado atrás al Levante, Mallorca y Racing y su rival en la final era el Valencia, al que la temporada pasada lo habían eliminado. Aunque en aquella ocasión, el conjunto «ché» fue mejor a partido único y llevándose el título. Aquella temporada, acabó con un mal sabor de boca para el club del sur de Madrid, pero habían demostrado que no se les tenía que dar por muertos. Un equipo con cara y ojos que demostró tener mucha garra y hacer mucho daño a cualquiera.

Para Abbondanzieri, también empezaba a ser su despedida de la Liga española. En la siguiente temporada, la 2008/09, con alguna que otra lesión y sus 37 años pidió salir de nuevo al club de sus amores y regresar a Boca. Su marcha del club significó: dejar atrás un Zamora histórico, una participación en la Copa de la UEFA inolvidable y un final agridulce con su presidente que no le dejó marchar a cualquier precio sino al precio que él quiso.

Sus últimos años en el fútbol los disfrutó jugando en Boca y el Internacional de Porto Alegre. Allí siguió ganando títulos como la Copa Libertadores en 2010 y un tercer puesto en el Mundial de Clubes. Finalmente puso fin a su trayectoria deportiva con 16 temporadas compitiendo a un gran nivel y 38 años a sus espaldas.

jueves, 13 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"DEPORTIVO SAPRISSA, LA LEY DEL MORADO"

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Hablar del Deportivo Saprisa es hablar del equipo más ganador de Costa Rica en las primeras dos décadas del siglo XXI, y es que el “Monstruo” es el club que más títulos locales ha ganado desde el año 2000 en suelo nacional. Los morados compiten en la Primera División costarricense desde 1949, visten de morado y blanco, y su sede actual es el Estadio Ricardo Saprissa Aymá. Sus rivales tradicionales son la Liga Deportiva Alajuelense con quien disputa el Clásico Nacional, el Club Sport Herediano con el cual disputa el Clásico del Buen Fútbol​ y el Club Sport Cartaginés.




En los últimos años del siglo XX y en los primeros del siglo XXI, el equipo entró en grave crisis económica, el pasivo se agigantó, se atrasaba el pago a los jugadores aunque paradójicamente se realizaron inversiones como la compra de la Casa Club y el fallido desarrollo de la Ciudad Deportiva, sin contenido económico, proyectos que agravaron la situación del equipo.

 

 

A nivel deportivo el club también estuvo en crisis, además de una inestabilidad en el cuerpo técnico (tuvo nueve directores técnicos del año 2000 a inicios del 2003)​ y durante estos años los resultados no fueron los deseados. Fernando Villalobos adquiere la mayoría del paquete accionario y logra salvar de la desaparición absoluta al conjunto morado. En 2011 el club pasa a manos del grupo Horizonte Morado que aún a día de hoy lo sigue gestionando con éxito económico y deportivo.


 Su más reciente conquista es el Torneo Clausura 2021, que lo consolida como el primer equipo del país, de Centroamérica y de la CONCACAF con más cetros ganados en la Primera División, cinco más que el CD Olimpia de Honduras, y el CSD Municipal, de Guatemala, ambos con 31 cetros locales; seis más que el Comunicaciones, de Guatemala, y el SV Racing Club de Aruba, con 30 cada uno, y ocho más que su archirrival, la Liga Deportiva Alajuelense, con 30. El merecido galardón del Torneo Clausura de 2020 que el equipo tibaseño consiguió tras superar en la final de la segunda fase a su archirrival histórico, la Liga Deportiva Alajuelense, coincidió con su 85 aniversario. Todo un orgullo lucir en sus vitrinas 36 títulos de Liga, 8 Copas nacionales, 5 Copas Interclubes de la UNCAF, 1 Liga CONCACAF y 3 Ligas de Campeones de la CONCACAF.

Su más reciente conquista es el Torneo Clausura 2021, que lo consolida como el primer equipo del país, de Centroamérica y de la CONCACAF con más cetros ganados en la Primera División, cinco más que el CD Olimpia de Honduras, y el CSD Municipal, de Guatemala, ambos con 31 cetros locales; seis más que el Comunicaciones, de Guatemala, y el SV Racing Club de Aruba, con 30 cada uno, y ocho más que su archirrival, la Liga Deportiva Alajuelense, con 30. El merecido galardón del Torneo Clausura de 2020 que el equipo tibaseño consiguió tras superar en la final de la segunda fase a su archirrival histórico, la Liga Deportiva Alajuelense, coincidió con su 85 aniversario. Todo un orgullo lucir en sus vitrinas 36 títulos de Liga, 8 Copas nacionales, 5 Copas Interclubes de la UNCAF, 1 Liga CONCACAF y 3 Ligas de Campeones de la CONCACAF.

Corría el año 1935, el emprendedor costarricense Roberto «Beto» Fernández tenía un club de fútbol aficionado en la vecindad “La Concretera” en el barrio Los Ángeles de San José y le propuso a los miembros de su club, en la zapatería propiedad de Fausto Leiva en donde trabajaba, constituir un equipo de fútbol para competiciones sobre todo en el ámbito de ligas infantiles y juveniles.

En una reunión para decidir el nombre del club surgió el de Ricardo Saprissa, exfutbolista y deportista de élite en varias disciplinas y uno de los personajes más influyentes en Costa Rica en la segunda del siglo veinte. De padres catalanes y salvadoreño de nacimiento, integró varios equipos de fútbol de El Salvador como el CD Marathón y Olimpic, donde empezó a destacar como defensa para posteriormente pasar al RCD Espanyol. En 1932 se incorporó al Orión FC de Costa Rica donde se retiró. Ricardo aceptó encantado la propuesta de Roberto Fernández, e incluso facilitó ayuda económica formalizando así la constitución del Saprissa FC un 16 de julio de 1935.

El septiembre de ese mismo año se inauguró el campeonato infantil, y el Saprisa logró el subcampeonato. Al año siguiente obtuvo el título. Para la temporada 1937-38 la cantera de jugadores había crecido; quienes formaron el infantil previamente pasaron a la categoría juvenil y los recién llegados formaron el nuevo infantil, y en ambas categorías fueron campeones. En la temporada 1939-40 repitieron y ganaron los dos campeonatos.

En julio de 1941 el infantil del Saprissa se convirtió en el primer equipo de la categoría de Costa Rica que realizaba una gira al extranjero. Regresó invicto de El Salvador. En muy poco tiempo, los morados fueron verdaderos protagonistas. Un año después, en 1942, el infantil del Saprissa conquistó el campeonato nacional de la categoría.

El problema surgió cuando la primera hornada de juveniles finalizó su etapa en el club y no tenían cabida en la primera división; fue en aquel entonces cuando emergió por primera vez la idea de crear un equipo senior. Este empezó a competir en 1946 cuando participó por primera vez en el campeonato de Tercera División donde alcanzó el subcampeonato.

Desde su fundación en 1935 hasta 1947, el Saprissa fue el amo y señor de los campeonatos menores que se organizaron en el país. En este lapso logró once títulos en categoría infantil, nueve en la juvenil y dos series invicto en El Salvador y Costa Rica.

Gracias a la dirección técnica de José Joaquín “Pachico” García, los “morados” como ya se les denominaba desde su época en ligas menores, ganaron de forma invicta el campeonato nacional de Tercera División de 1947 jugando 22 partidos y ganando todos los encuentros, con 116 goles a favor y solo 13 en contra.

El 15 de mayo de 1948, los seguidores del equipo decidieron que era momento de legalizar la institución, fue así como se reunieron en la zapatería de Fausto Leiva, y formaron la asociación deportiva con asiento en la ciudad de San José; y se conformó la junta directiva del Deportivo Saprissa FC. Ese mismo año participaron en el campeonato nacional de Segunda División el cual ganaron de forma invicta, con ocho victorias, 41 goles a favor y 12 en contra.

Al final ascendieron a Primera División en 1949 por invitación, debido a que la promoción por el ascenso contra el último clasificado de primera la perdieron con la Sociedad Gimnástica Española. Guillermo “Viriguas” León Quirós, fue uno de los artífices del ascenso meteórico del equipo des de la tercera a la primera división, ya que en 1947 fue el goleador del equipo con 47 anotaciones en 22 partidos; en 1948 repitió con 33 anotaciones.

El 21 de agosto de 1949 el Deportivo Saprissa debutó en la Primera División con victoria de 3-1 sobre el Club Sport La Libertad. Su primer título de copa llegó en 1950, al ganar el torneo denominado en ese momento Copa Gran Bretaña, y el primer campeonato nacional de liga llegó en el año de 1952 de la mano de Otto Pedro Bumbel, cetro, que se obtuvo de manera invicta.​ En el año 1953 quedó de nuevo campeón de liga. En 1957 obtuvo el título de campeón nacional por tercera vez, además ganó el torneo relámpago efectuado ese año. El 18 de mayo de 1958, el Saprissa venció 7-0 al Club Sport La Libertad y en ese partido Jorge ‘Cuty’ Monge marcó seis tantos, convirtiéndose en el máximo realizador en un solo encuentro en la historia de la institución.

El 29 de marzo de 1959 se convierte en el primer equipo de fútbol de Costa Rica en realizar una gira internacional, disputando hasta un total de 22 partidos de los cuales ganó 14, empató 1 y perdió 7, para un total de 66 goles a favor y 46 en contra. En esta gira mundial de 74 días el Deportivo Saprissa visitó 38 lugares de 25 naciones, estuvo en 35 aeropuertos, recorrió 59.055 kilómetros para 146.35 horas de vuelo. La delegación morada partió el 29 de marzo de 1959 y regresó el 10 de junio del mismo año.

En la década de los años sesenta el equipo ganó seis campeonatos de liga: 1962, 1964, 1965, 1967, 1968 y 1969; tres torneos de copa: Copa Presidente 1960 y 1963, y Copa Campeón de Campeones 1963. En la década de los años setenta fue campeón de liga en seis ocasiones consecutivas de 1972 a 1977 (récord de títulos consecutivos a nivel nacional), además obtuvo tres cetros de copa: Copa Costa Rica 1970, Copa Juan Santamaria 1972 y Copa Campeón de Campeones en 1976. A nivel internacional logró ser tres veces campeón del torneo Fraternidad Centroamericana 1972, 1973 y 1978.

 En los primeros años de la década de los 80 solo fue campeón nacional en 1982 y a nivel internacional se proclamó campeón de la Copa Camel en 1985. Aunque retoma el protagonismo a finales de los años ochenta con el bicampeonato en 1988 y 1989; y para la década de los años noventa gana siete títulos (internacionales y nacionales): la Copa de Campeones de Concacaf fue conquistada en dos ocasiones en 1993 y 1995, uno del torneo Grandes de Centroamérica en 1998 y cuatro campeonatos nacionales en las temporadas 1993-94, 1994-95, 1997-98 y 1998-99. En los dos últimos campeonatos de la década marcó más de 100 anotaciones (101 goles en la campaña 1997-98 y estableció el récord de más anotaciones en una sola temporada con 108 goles en el torneo 1998-99). Por los logros anteriores fue declarado el Equipo del Siglo XX en Costa Rica por la prensa nacional. A la vez en un análisis de estadígrafos del fútbol costarricense designaron al Deportivo Saprissa como el mejor equipo de Costa Rica y centroamericano a nivel internacional.

En los últimos años del siglo XX y en los primeros del siglo XXI, el equipo entró en grave crisis económica, el pasivo se agigantó, se atrasaba el pago a los jugadores aunque paradójicamente se realizaron inversiones como la compra de la Casa Club y el fallido desarrollo de la Ciudad Deportiva, sin contenido económico, proyectos que agravaron la situación del equipo.

 

 

A nivel deportivo el club también estuvo en crisis, además de una inestabilidad en el cuerpo técnico (tuvo nueve directores técnicos del año 2000 a inicios del 2003)​ y durante estos años los resultados no fueron los deseados. Fernando Villalobos adquiere la mayoría del paquete accionario y logra salvar de la desaparición absoluta al conjunto morado. En 2011 el club pasa a manos del grupo Horizonte Morado que aún a día de hoy lo sigue gestionando con éxito económico y deportivo.



miércoles, 12 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

 MAURICIO CIENFUEGOS EN LA UE LLEIDA, HISTORIA DEL NO FICHAJE

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Mauricio «El Chaparrito» Cienfuegos estuvo muy cerca de fichar por la Unió Esportiva Lleida para disputar la liga española de primera división de la temporada 1993-1994 ante rivales como Romário, Bebeto, Stoichkov, Laudrup, Zamorano o Suker.




Después de solo una temporada en Santos Laguna, el internacional salvadoreño decidió probar suerte primero en el Servette suizo y después en el equipo entrenado por José Manuel Esnal «Mané», aunque sus altas pretensiones económicas acabaron dinamitando su salto a Europa.

Cienfuegos fue uno de los muchos fichajes que no acabaron de concretarse para el conjunto ilergeta, junto al de Pier Luigi Cherubino (en formato cesión), Velko Iotov, Francisco Javier Oliete, Elivelton, Bertelsson, Otosson, Olson, Froberg, Radinovic, Eskilsson, Cosic, Rodax, Ale, Đurđević, «Torpedo» Caballero, Omam-Biyik, Ricky Owubokiri, Romildo o incluso Yekini, Tchami, «Platini» Sánchez o Viola, sueños totalmente inalcanzables para el conjunto catalán en su retorno a la Primera División.

 El salvadoreño José Mauricio Cienfuegos, apodado «El Chaparrito» por sus 1,66 metros de estatura, se incorporó a los entrenamientos de la plantilla ilergeta el 30 de septiembre de 1993, ya con la temporada empezada. El exjugador del Santos Laguna de México y del Atlético Morelia, dio muestras de su fuerza y velocidad en sus primeros entrenamientos, en los que también participaba el paraguayo Pablo «Torpedo» Caballero, joven delantero que también buscaba su oportunidad en el fútbol español. Cienfuegos ocupaba la demarcación de centrocampista y había sido cuarenta veces internacional con la selección salvadoreña.

Finalmente, el 2 de octubre se desestimó el fichaje de ambos jugadores, el paraguayo por motivos deportivos y la del salvadoreño por sus altas pretensiones económicas. Cienfuegos se quedó sin club varios meses hasta que aceptó volver a México para fichar por el Jaibos Tampico Madero.


sábado, 8 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"EL DIA QUE LA 12, ALENTO A LOS BORRACHOS DEL TABLON"

FUENTE: "TyC SPORTS"

Hace más de 30 años, el 18 de julio de 1993, sucedió un hecho extraño, inverosímil, más vinculable a la ficción que a lo posible o a lo imaginable, pero que ocurrió en la realidad: fue el domingo en el que la barra brava de Boca alentó a la de River.




A los pocos minutos de comenzado un superclásico oficial, Los Borrachos del Tablón libraron una feroz batalla contra la Policía Federal y, desde la tribuna de enfrente, La 12no permaneció indiferente a la pelea. En sus códigos de tribuna y de violencia -que al año siguiente se tornaría, otra vez, en violencia asesina-, la barra de Boca no tomó partido por los efectivos policiales sino por la hinchada de River, el viejo rival reconvertido en aliado y socio momentáneo ante un enemigo superior, la Policía. “Y pegue, y pegue, y pegue River pegue”, alentó La 12 a los Borrachos del Tablón.

La historia, irrelevante desde lo futbolístico pero válida para entender las leyes de nuestras tribunas -y sólo recordada por los testigos que asistieron a ese partido que River ganó 1 a 0 con el único gol de oro de los superclásicos-, sucedió por la Copa Centenario. Inventada para que los clubes se mantuvieran en actividad en el largo receso del Clausura 1993 al Apertura 1993, mientras en el medio la selección jugaba primero la Copa América y luego las Eliminatorias para el Mundial 1994, fue la primera competición en formato de copa desde comienzos de la década del ’70.

Llamado así por los 100 años de la AFA -y que terminaría ganando Gimnasia en enero del año siguiente-, la AFA programó para la primera fecha clásicos con ida y vuelta a eliminación directa: también se enfrentaron Racing-Independiente, Newell’s-Central, Gimnasia-Estudiantes y Huracán-San Lorenzo. Sin embargo, los hinchas no terminaban de entender esa Copa caída desde el cielo: ¿eran partidos oficiales, eran amistosos, había que darles la misma relevancia que a los del campeonato? De hecho, al primer Boca-River, jugado el sábado 3 de julio en la Bombonera –al día siguiente, Argentina ganaría la Copa América de Ecuador, el último título oficial de la selección hasta 2021-, no asistieron demasiados hinchas: en las tribunas de La Boca había muchos claros.

El superclásico de ida finalizó 0 a 0 pero fue tan malo que mereció haber terminado -1 a -1. Lo mejor estuvo en el duelo de hinchadas que, posiblemente, tenía más chispa que en la actualidad: acostumbrado a partidos con locales y visitantes, el público debía mostrar ingenio en su repertorio de canciones. Los simpatizantes de River, entonces, se burlaron de los locales ante la ausencia de su ídolo, Blas Giunta, marginado por el entonces flamante técnico Jorge Habbeger. “¿Y Giunta dónde está, y Giunta dónde está?”, cantaban los visitantes, mientros los locales respondían con la paternidad -que era flamante, desde 1991-, gritos a favor del mediocampista que debía preparar sus valijas para partir al Toluca e insultos a la directiva. El presidente Antonio Alegre la pasó tan mal que sufrió un ataque con golpes de un hincha en la propia platea, en medio del partido, mientras que al vicepresidente, Carlos Heller, le pasó un maderazo cerca. Lo mismo ocurrió con Habbeger, el entrenador que debió esquivar un proyectil a punto de impactarle.

Siempre enemigos, también hubo un contrapunto por José Luis Villarreal, el talentoso volante que acababa de pasar de Boca a River. Villita había sido campeón con Boca el semestre anterior, en diciembre de 1992, luego de los 11 años sin títulos nacionales de la porción azul y amarilla de Argentina, y debutó esa tarde para River, justo en la Bombonera. Cuando fue a precalentar en el segundo tiempo -ingresó a los 12 minutos por Rubén Da Silva, quien años más tarde haría el recorrido inverso, de River a Boca-, el cordobés fue ovacionado por la hinchada de su nuevo club. Como era de esperar, los locales le gritaron traidor, lo acusaron de haberse hecho gallina por “dos mangos” y festejaron que Basile lo había “cagado” -el técnico de la Selección no lo había llevado a la Copa América-.

La revancha se jugó a las dos semanas, el domingo 18 de julio, en la cancha de Vélez porque el Monumental estaba alquilado para un recital de la banda estadounidense Guns N' Roses. Al público local, es decir el de River, le correspondieron la popular del tablero electrónico y las plateas norte. La gente de Boca ocupó la cabecera oeste y la platea sur, la que está enfrente de las cámaras de TV. En los resúmenes colgados en YouTube se puede comprobar que, otra vez, las tribunas estuvieron muy lejos de llenarse. Pero no dejaba de ser clásico y decisivo, aunque más no fuera para pasar a la segunda fase de la Copa Centenario, y las intimidaciones nuestras de cada día estuvieron presentes desde el comienzo. “Es una tarde de sol, no se la vaya a perder, River va a correr, por todo Liniers”, comenzó La 12 su repertorio.

        Pero algo pasó en la tribuna de River a los pocos minutos del partido y, al menos durante unos minutos, la barra de Boca cambiaría las amenazas de siempre por el apoyo menos pensado. Según la revista Sólo Fútbol, “una avalancha en la tribuna de River generó la intervención de la policía y por varios minutos se produjeron enfrentamientos. El saldo fue de 8 detenidos y dos policías y un periodista radial, que cubría la información, heridos”. Y fue allí, en medio de la durísima y extensa batalla entre la barra de River y la Policía, que desde la tribuna de enfrente llegó el imprevisto aliento al rival de toda la vida, “Y pegue, y pegue, y pegue River pegue”. Esa defensa ante el enemigo mayor, la Policía, fue como si proyectaran sobre los Borrachos del Tablón el pensamiento que el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt tenía sobre el dictador nicaragüense Tacho Somoza: “Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Para el argot de las barras, primero ellos -aunque sean de otro equipo- y después los policías.

El partido suele ser recordado porque, tras otro 0 a 0 en los 90 minutos, se definió en el tiempo suplementario con uno de los inventos de la FIFA de entonces, los llamados “goles de oro” o de “muerte súbita”: Walter Silvani anotó en el minuto 117 y de inmediato terminó el clásico. En la falta de hábito, incluso, Carlos Mac Allister -defensor de Boca y papá de Alexis, actual campeón del mundo- tomó la pelota desde el fondo del arco y apuró para sacar del medio sin saber que el clásico acababa de terminar. Fue un triunfo muy festejado por un River con mayoría de juveniles -con Marcelo Gallardo, Pablo Lavallén y el guatemalteco Claudio Rojas- en reemplazo por los habituales titulares, convocados a la selección.

Por supuesto, nadie debería romantizar a los violentos: la misma barra de Boca, entonces dirigida y controlada por José Barritta, el Abuelo, mataría al año siguiente a balazos a dos hinchas de River, Walter Vallejos y Ángel Delgado -pibes que no pertenecían a Los Borrachos del Tablón-, a la salida de la Bombonera. Pero este superclásico también marca que, aún entre los barras, surgían apoyos inesperados, como abrazar al enemigo de toda la vida. 

*Este artículo fue publicado originalmente el 18 de julio de 2023.



viernes, 7 de noviembre de 2025

"HISTORIAS QUE VALEN LA PENA CONOCER"

"CUANDO RIVER PLATE Y BOCA JUNIORS DEBIO SUSPENDERSE POR FALTA DE PUBLICO"

FUENTE: "TyC SPORTS"

Al amanecer del lunes 6 de mayo de 1985, los canillitas despertaban a la Ciudad de Buenos Aires con títulos en los matutinos que hablaban de otros temas. La crisis y la complicada situación social, bandas delictivas, la derrota de la Selección Argentina contra Brasil en un amistoso camino al Mundial de México y la defensa del título mundial mosca de la AMB de Falucho Laciar en París, contra Antoine Montero. Pero el diario Popular había elegido uno que parece inverosímil en vísperas del choque del domingo por la Copa Liga Profesional: "Increíble: suspenden un Boca River por falta de interés". Sí, no es un cuento de Fontanarrosa y pasó en Jujuy hace 40 años.




El parate por los partidos internacionales y la época de vacas flacas en los dos gigantes del fútbol argentino hizo que aceptaran, a pesar de algunas condiciones que hacían dudar en lo previo, jugar un cuadrangular en el norte del país. El Millonario, dirigido por Héctor Veira, viajó sin Oscar Ruggeri, Ricardo Gareca y Nery Pumpido por estar con la Albiceleste, pero con figuras de renombre como Enzo Francescoli, Américo Rubén Gallego y Norberto Alonso. En la vereda xeneize, que tenía a Alfredo Di Stéfano como DT, aparecían Hugo Orlando Gatti, Julio Olarticoechea -campeón del mundo al año siguiente- y Carlos Tapia.

    Boca subió al avión con la promesa de volver con 12 millones de pesos, una suma fundamental para un presente complejo desde lo económico. Tampoco llegaba bien desde lo deportivo: había perdido escandalosamente 6-0 contra Guaraní Antonio Franco en una exhibición y estaba eliminado hasta de la rueda de perdedores del Nacional. River, en cambio, estaba mejor parado y se preparaba para el Metropolitano que luego lo tendría como campeón. Usualmente, los dirigentes pedían el 50 por ciento del dinero por la participación (eran $11.000.000) en forma adelantada, pero confiaron en la buena voluntad de la organización jujeña. Grave error.

El "Cuadrangular de las estrellas" se puso en marcha en Salta y en el estadio 23 de Agosto, la Tacita de Plata. El sábado 4, los de azul y oro empataron 2-2 con Juventud Antoniana (Tapia y el juvenil Sergio Giachello hicieron los goles) y el conjunto de Núñez superó por 3-0 a Gimnasia de Jujuy (doblete de Francescoli y el restante de Roque Alfaro). El domingo también empezó con fútbol entre los dos clubes norteños pero... ¿y el Superclásico? Se hicieron las 12.15 y apenas había unos dos mil espectadores. A las 12.30, sonó por los altoparlantes que el partido estaba suspendido y se devolvería el dinero de las entradas. Silbidos, desilusión y... ¿qué pasó?

La respuesta es simple: no dieron los números. La recaudación no alcanzó ni para un tercio de los gastos y la empresa 'Sandoval Producciones' no dio abasto. Más allá de esto, el error fundamental había estado en la elección de la fecha: el amistoso iba a ser al fin de semana siguiente, cuando el grueso de los empleados provinciales ya tuviese su sueldo en el bolsillo, pero el Círculo de Periodistas locales tenía reservada la cancha del Lobo para su bingo anual y el detalle del cambio de jornada -letal al final- pasó desapercibido.

"Conseguí que los dos colectivos con los jugadores partieran hacia la cancha. Llegaron hasta la curva previa al estadio, listos para jugar", le contó Gustavo Sandoval, entonces definido como el 'empresario suicida' por Crónica y parte del Ejército en el Grupo 5 de Artillería de San Salvador de Jujuy, a Página 12 en 2018, donde además aclaró: "Con el tiempo cancelé todo y no les quedé debiendo ni una moneda". Pero ese día la deuda estaba con los cuatro clubes, los árbitros y hasta la logística.

El final de la historia no es menos surrealista. Después de almorzar por separado ante la falta de espacio, los dos planteles -técnicos y futbolistas en la misma sala- terminaron en el mismo hotel y compartieron la merienda mientras veían Brasil-Argentina por TV. Allí hubo cargadas cruzadas: "Estos parecen Boca", tiró Alonso como una crítica filosa a los equipos de Bilardo y Di Stéfano, a lo que Tapia retrucó: "Andá, si ustedes son peores". Al final, el Beto expresó no tener dudas de que Argentina se clasificaría al Mundial que luego ganaría.

         En ese 1985, Boca y River corrían detrás del país para no quedarse en el camino en medio de la crisis por la "falta de interés". Casi cuatro décadas después, ahora son los dos grandes del país los que paralizan todo con un nuevo Superclásico, esta vez por la Liga Profesional. Cambia, todo cambia.

Fotos: Crónica - Popular - El Gráfico.

* Este artículo fue publicado originalmente en noviembre de 2019



 

jueves, 6 de noviembre de 2025

"DE COLECCION"

CHARLES BARKLEY, LA HISTORIA DE UN ALA-PIVOT LEGENDARIO

FUENTE: "KODRO MAGAZINE"

Charles Barkley jugó prácticamente toda su carrera en la posición de ala-pívot, ocupando ocasionalmente la de alero y centro. Era conocido por su constitución inusual como jugador de baloncesto, más robusto que la mayoría de los aleros, pero más bajo que la mayoría de los ala-pívots que enfrentaba. Sin embargo, Barkley todavía era capaz de superar a oponentes más altos y rápidos debido a su inusual combinación de fuerza y agilidad.




Barkley fue un anotador prolífico que promedió 22,1 puntos por partido durante la temporada regular de su carrera y 23,0 puntos por partido en los playoffs. Fue una fuerza ofensiva increíblemente eficiente, liderando la NBA en porcentaje de tiros de campo de dos puntos cada temporada desde la temporada 1986-87 hasta la temporada 1990-91. También lideró la liga en porcentaje efectivo de tiros de campo en las temporadas 1986-87 y 1987-88, y también lideró la liga en calificación ofensiva en las temporadas 1988-89 y 1989-90. Fue uno de los jugadores más versátiles de la NBA y anotadores precisos capaces de anotar desde cualquier lugar de la cancha y se estableció como uno de los principales jugadores de momentos decisivos de la NBA.

Durante su carrera en la NBA, Barkley fue un desajuste constante porque poseía una combinación muy poco común de habilidades y podía jugar en una variedad de posiciones. Usaría todas las facetas de su juego en una sola jugada; como anotador, tenía la capacidad de anotar desde el perímetro y el poste, usando una variedad de movimientos de giro y fadeaways, o terminando un contraataque con un mate poderoso. Fue uno de los anotadores más eficientes de todos los tiempos, anotando con 54,13 por ciento de porcentaje total de tiros de campo en su carrera de temporada y 51,34 por ciento de tiros de campo totales en su carrera de playoffs, incluyendo un promedio de temporada récord de carrera de 60 por ciento durante la temporada NBA 1989-90.

En una edición de la revista SLAM que clasificaba a los grandes de la NBA, Barkley fue clasificado entre los 20 mejores jugadores de todos los tiempos. En la revista, el miembro del Salón de la Fama de la NBA Bill Walton comentó sobre la habilidad de Barkley: «Barkley es como Magic Johnson y Larry Bird en que realmente no juegan una posición. Él juega todo; juega baloncesto. No hay nadie que haga lo que Barkley hace. Es un reboteador dominante, un jugador defensivo dominante, un tirador de tres puntos, un driblador, un creador de jugadas».

Durante su carrera de 16 años en la NBA, Barkley fue considerado como uno de los jugadores más controvertidos, expresivos y dominantes en la historia del baloncesto. Su impacto en el deporte fue más allá de sus títulos de rebotes, asistencias, anotación y juego físico. Sus modales confrontacionales a menudo llevaron a faltas técnicas y multas en la cancha, y su personalidad más grande que la vida a veces dio lugar a controversias nacionales fuera de ella. Aunque sus palabras a menudo llevaban a controversias, según Barkley su boca nunca fue la causa porque siempre habló la verdad. Dijo: «Yo no creo controversias. Están ahí mucho antes de que abra mi boca. Solo las traigo a tu atención».

Como jugador, Barkley fue un All-Star perenne que ganó los honores de MVP de la liga en 1993. Empleó un estilo de juego físico que le valió los apodos «Sir Charles» y «The Round Mound of Rebound». Fue nombrado en el equipo All-NBA once veces y ganó dos medallas de oro como miembro del equipo olímpico de baloncesto de Estados Unidos. Lideró ambos equipos en anotación y fue fundamental para ayudar al «Dream Team» de 1992 y al equipo de baloncesto masculino de 1996 a compilar un récord perfecto de 16-0. Se retiró como uno de solo cuatro jugadores en la historia de la NBA en registrar al menos 20.000 puntos, 10.000 rebotes y 4.000 asistencias en su carrera. Junto con Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Karl Malone, Tim Duncan y Kevin Garnett, Barkley es uno de solo seis jugadores en la historia de la NBA en haber compilado al menos 20.000 puntos, 10.000 rebotes y 4.000 asistencias. En la postemporada concluyó promediando 23 puntos con 51,3 por ciento en tiros, 12,9 rebotes y 3,9 asistencias por partido en 123 partidos.

En 1996, Barkley, como parte del 50.º Aniversario de la NBA, fue honrado como uno de los 50 mejores jugadores de todos los tiempos al ser nombrado en el Equipo del 50.º Aniversario de la NBA. En reconocimiento a sus logros colegiales y en la NBA, el número 34 de la camiseta de Barkley fue oficialmente retirado por Auburn University el 3 de marzo de 2001. En el mismo mes, los Philadelphia 76ers también retiraron oficialmente el número 34 de la camiseta de Barkley. El 20 de marzo de 2004, los Phoenix Suns honraron a Barkley incluyéndolo en el «Suns Ring of Honor». En reconocimiento a sus logros como jugador, Barkley fue incluido en el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame en 2006. En octubre de 2021, como parte del 75.º Aniversario de la NBA, Barkley fue honrado como uno de los 75 mejores jugadores de todos los tiempos al ser nombrado en el Equipo del 75.º Aniversario de la NBA. Para conmemorar el 75.º Aniversario de la NBA, The Athletic clasificó a sus 75 mejores jugadores de todos los tiempos y nombró a Barkley como el 22.º mejor jugador en la historia de la NBA.

 Charles Wade Barkley nació el 20 de febrero de 1963 en Leeds, Alabama, a 27 kilómetros al este de Birmingham (Estados Unidos). Fue el primer bebé afroamericano en nacer en un hospital segregado exclusivamente para blancos y formó parte del primer grupo de estudiantes negros en su escuela primaria. Sus padres se divorciaron cuando era joven tras el abandono de su padre, dejando a la familia que incluía a su hermano menor Darryl. Su madre volvió a casarse y tuvieron un hijo, John Glenn. Otro hermano, Rennie, falleció en la infancia. Su padrastro murió en un accidente cuando Charles tenía once años.

Durante su época en Leeds High School, la trayectoria de Barkley estuvo lejos de ser prometedora. Como junior medía 1,78 metros y pesaba cien kilogramos. De primeras, no logró entrar en el quinteto inicial del Varsity, siendo designado como reserva. Sin embargo, durante el verano experimentó un crecimiento hasta 1,93 metros y se ganó una posición como titular en su último año. Promedió 19,1 puntos y 17,9 rebotes por partido, llevando al equipo Green Wave de Leeds a un récord de 26-3 y a su cuarta aparición en el torneo estatal en 1981.

 Su juego estelar no atrajo la atención de los cazatalentos universitarios hasta las semifinales estatales contra S.R. Butler High School de Huntsville. Enfrentándose al jugador mejor reclutado de Alabama, Bobby Lee Hurt, quien también era McDonald’s All-America y futuro seleccionado en la sexta ronda de la NBA, Barkley anotó 26 puntos. Charles H. Smith, asistente del entrenador principal de Auburn University, asistió al partido y reportó haber visto «un tipo gordo que puede jugar como el viento». Barkley fue pronto reclutado por Smith y se especializó en administración de empresas mientras asistía a Auburn University.

En Auburn, Barkley jugó baloncesto colegial durante tres temporadas con los Tigers. Aunque luchó por controlar su peso, destacó como jugador y lideró la SEC en rebotes cada año. Se convirtió en una atracción popular para la multitud, emocionando a los aficionados con mates y tapones que desmentían su falta de altura y su contextura robusta. No era raro ver al corpulento Barkley agarrar un rebote defensivo y, en lugar de pasar, driblar toda la longitud de la cancha y terminar en el extremo opuesto con un mate a dos manos. Su físico y habilidades le valieron el apodo «The Round Mound of Rebound» y «Crisco Kid».

Durante su carrera universitaria, Barkley jugó de centro a pesar de ser más bajo que el centro promedio. Su altura, oficialmente listada como 1,98 metros, se declara como 1,93 metros en su libro «I May Be Wrong but I Doubt It». Se convirtió en miembro del equipo All-Century de Auburn y aún mantiene el récord de Auburn para el porcentaje de tiros de campo en carrera con 62,6 por ciento. Recibió numerosos premios, incluyendo el SEC Player of the Year en 1984, tres selecciones All-SEC y una selección Second Team All-American. Posteriormente, Barkley fue nombrado SEC Player of the Decade para los años ochenta por el Birmingham Post-Herald.

En su carrera universitaria de tres años, promedió 14,1 puntos con 62,6 por ciento en tiros de campo, 9,6 rebotes, 1,6 asistencias y 1,7 tapones por partido. En 1984, llevó a los Tigers a su primer torneo NCAA en la historia de la escuela y terminó con 23 puntos con 80 por ciento en tiros de campo, 17 rebotes, cuatro asistencias, dos robos y dos tapones. Auburn retiró el número 34 de Barkley el 3 de marzo de 2001.

Fue uno de los 74 jugadores universitarios invitados a las pruebas de primavera para el equipo olímpico estadounidense de 1984 entrenado por Bob Knight. Barkley pasó el corte inicial en abril a los 20 finalistas, pero fue uno de los cuatro liberados en mayo, junto con John Stockton, Terry Porter y Maurice Martin, en el penúltimo corte a 16 jugadores. En 2010, Barkley admitió que había pedido y recibido dinero de agentes deportivos durante su carrera en Auburn. Barkley llamó a las sumas que había solicitado a los agentes «calderilla» y continuó diciendo: «¿Por qué no puede un agente prestarme algo de dinero y yo le devuelvo cuando me gradúe?». Según Barkley, devolvió todo el dinero que había pedido prestado después de firmar su primer contrato de la NBA.

Barkley abandonó Auburn antes de su último año y se declaró elegible para el Draft de la NBA de 1984. Fue seleccionado con la quinta elección en la primera ronda por los Philadelphia 76ers, dos posiciones después de que los Chicago Bulls eligieran a Michael Jordan. Se unió a un equipo veterano que incluía a Julius Erving, Moses Malone y Maurice Cheeks, jugadores que habían llevado a Filadelfia al campeonato de la NBA de 1983. Bajo la tutela de Malone, Barkley pudo manejar su peso y aprendió a prepararse y acondicionarse adecuadamente para un partido. Barkley citó a Malone como el jugador más influyente de su carrera y a menudo se refería a él como «Papá». Promedió 14,0 puntos y 8,6 rebotes por partido durante la temporada regular y ganó un puesto en el All-Rookie Team. En la postemporada, los Sixers avanzaron a las Finales de la Conferencia Este pero fueron derrotados en cinco partidos por los Boston Celtics. Como novato en la postemporada, Barkley promedió 14,9 puntos y 11,1 rebotes por partido.

Durante su segundo año, mejoró su juego bajo el liderazgo de Moses Malone durante la temporada baja con sus entrenamientos, convirtiéndose en el líder en rebotes del equipo y el segundo anotador, promediando 20,0 puntos y 12,8 rebotes por partido. Se convirtió en el ala-pívot titular de los Sixers y ayudó a llevar a su equipo a los playoffs, promediando 25,0 puntos con 57,8 por ciento en tiros de campo y 15,8 rebotes por partido. A pesar de sus esfuerzos, Filadelfia fue derrotada 4-3 por los Milwaukee Bucks en las semifinales de la Conferencia Este. Fue nombrado en el All-NBA Second Team.

Antes de la temporada 1986-87, Moses Malone fue traspasado a los Washington Bullets y Barkley comenzó a asumir el control como líder del equipo. El 4 de noviembre de 1986, Barkley registró 34 puntos, diez rebotes y un récord de carrera de 14 asistencias en una derrota 125-121 ante los Indiana Pacers. El 20 de marzo de 1987, registró 26 puntos, 25 rebotes, incluyendo un récord de carrera empatado de 16 rebotes ofensivos, y nueve asistencias en una victoria 116-106 sobre los Denver Nuggets. Ganó su primer y único título de rebotes, promediando 14,6 rebotes por partido, y también lideró la liga en rebotes ofensivos con 5,7 por partido. Promedió 23,0 puntos con 59,4 por ciento en tiros, logrando su primer viaje a un Juego de Estrellas de la NBA y honores del All-NBA Second Team por segunda temporada consecutiva.

La siguiente temporada, Julius Erving anunció su retiro y Barkley se convirtió en el jugador franquicia de los Sixers. El 30 de noviembre de 1988, registró 41 puntos, 22 rebotes, cinco asistencias y seis robos en una victoria 114-106 sobre los Blazers. Jugando 80 partidos y obteniendo 300 minutos más que su compañero más cercano, Barkley tuvo su temporada más productiva, promediando 28,3 puntos con 58,7 por ciento en tiros y 11,9 rebotes por partido. Apareció en su segundo Juego de Estrellas y fue nombrado en el All-NBA First Team por primera vez en su carrera. Su estatus de celebridad como jugador franquicia de los Sixers lo llevó a su primera aparición en la portada de Sports Illustrated. Por primera vez desde la temporada 1974-75, sin embargo, los 76ers no lograron llegar a los playoffs.

En la temporada 1988-89, Barkley continuó jugando bien, promediando 25,8 puntos con 57,9 por ciento en tiros y 12,5 rebotes por partido. Logró su tercera aparición consecutiva en el Juego de Estrellas y fue nombrado en el All-NBA First Team por segunda temporada consecutiva. A pesar de que Barkley contribuyó con 27,0 puntos con 64,4 por ciento en tiros, 11,7 rebotes y 5,3 asistencias por partido, los 76ers fueron barridos en la primera ronda de los playoffs por los New York Knicks.

Durante la temporada 1989-90, a pesar de recibir más votos de primer lugar, Barkley terminó segundo en la votación de MVP detrás de Magic Johnson de Los Angeles Lakers. Fue nombrado Jugador del Año por The Sporting News y Basketball Weekly. Promedió 25,2 puntos y 11,5 rebotes por partido y un récord de carrera de 60,0 por ciento en tiros. Fue nombrado en el All-NBA First Team por tercer año consecutivo y logró su cuarta selección al Juego de Estrellas. Ayudó a Filadelfia a ganar 53 partidos de temporada regular, solo para perder ante los Chicago Bulls en una serie de semifinales de la Conferencia Este de cinco partidos.

Su juego excepcional continuó en su séptima temporada, donde promedió 27,6 puntos con 57,0 por ciento en tiros y 10,1 rebotes por partido. Su quinta aparición consecutiva en el Juego de Estrellas resultó ser su mejor. Lideró al Este a una victoria 116-114 sobre el Oeste con 17 puntos y 22 rebotes, la mayor cantidad de rebotes en un Juego de Estrellas desde que Wilt Chamberlain registró 22 en 1967. Barkley fue presentado con los honores de Jugador Más Valioso en el Juego de Estrellas y, al final de la temporada, nombrado en el All-NBA First Team por cuarto año consecutivo. Ese año, cuando el New York Times le preguntó al centro de los San Antonio Spurs David Robinson si elegiría a Barkley o Jordan para su equipo en un hipotético partido, Robinson dijo: «Elegiría a Barkley. Cuando está en su juego, creo que tiene el mayor impacto de todos».

La temporada 1991-92 fue el último año de Barkley en Filadelfia. En su última temporada, usó el número 32 en lugar de su 34 para honrar a Magic Johnson, quien había anunciado antes del inicio de la temporada que era VIH positivo. Aunque los 76ers habían retirado inicialmente el número 32 en honor a Billy Cunningham, fue des-retirado, con la aprobación de Cunningham, para que Barkley lo usara. Después del anuncio de Johnson, Barkley se disculpó por haber tomado a la ligera su condición. En su temporada final con los Sixers, promediando 23,1 puntos con 55,2 por ciento en tiros y 11,1 rebotes por partido, Barkley logró su sexta aparición consecutiva en el Juego de Estrellas y fue nombrado en el All-NBA Second Team. Terminó su carrera con los 76ers clasificado cuarto en la historia del equipo en puntos totales (14.184), tercero en promedio de puntos (23,3), tercero en rebotes (7.079), octavo en asistencias (2.276) y segundo en porcentaje de tiros de campo (57,6 por ciento). Lideró a Filadelfia en rebotes y porcentaje de tiros de campo durante siete temporadas consecutivas y en anotación durante seis años seguidos.

El 26 de marzo de 1991, durante un partido contra los New Jersey Nets, Barkley intentó escupir a un aficionado que supuestamente lo estaba molestando con insultos raciales, pero el resultado fue que su escupitajo golpeó a una niña pequeña. Rod Thorn, el presidente de operaciones de la NBA en ese momento, suspendió a Barkley, sin pago, por un partido y lo multó con 10.000 dólares por escupir y por abusar verbalmente del aficionado. Se convirtió en una historia nacional y Barkley fue vilipendiado por ello. Sin embargo, finalmente desarrolló una amistad con la niña y su familia. Se disculpó y, entre otras cosas, les proporcionó entradas para futuros partidos.

Después del retiro, Barkley fue citado diciendo con respecto a su carrera: «Fui bastante controvertido, supongo, pero lamento solo una cosa: el incidente del escupitajo. Pero ¿sabes qué? Me enseñó una valiosa lección. Me enseñó que me estaba poniendo demasiado intenso durante el partido. Me hizo saber que quería ganar demasiado. Tuve que calmarme. Quería ganar a toda costa. En lugar de jugar el juego de la manera correcta y respetar el juego, solo pensaba en ganar».

 El verano de 1992 fue memorable para Barkley. El 17 de junio, casi inmediatamente después de ser legalmente absuelto de cargos criminales resultantes de una pelea anterior en un bar, Barkley fue traspasado a Phoenix por Jeff Hornacek, Tim Perry y Andrew Lang, renovando su esperanza por un título de la NBA. Más tarde ese verano, fue el máximo anotador con 18,0 puntos por partido para el Dream Team en los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, España.

El traspaso a Phoenix en la temporada 1992-93 fue bien tanto para Barkley como para los Suns. El jugador de los Suns Negele Knight ya usaba el número 32, por lo que Barkley revirtió su número de camiseta al 34. En su primer partido con los Suns, casi registró un triple-doble, acumulando 37 puntos, 21 rebotes, 12 de ellos ofensivos, y ocho asistencias en una victoria 111-105 sobre Los Angeles Clippers. Promedió 25,6 puntos con 52,0 por ciento en tiros, 12,2 rebotes y un récord de carrera de 5,1 asistencias por partido, llevando a los Suns a un récord de 62-20, el mejor de la NBA. Por sus esfuerzos, Barkley ganó el premio de Jugador Más Valioso de la liga y fue seleccionado para jugar en su séptimo Juego de Estrellas consecutivo. Se convirtió en el tercer jugador en ganar honores de MVP de la liga en la temporada inmediatamente después de ser traspasado, estableció múltiples récords de carrera y llevó a Phoenix a su primera aparición en las Finales de la NBA desde 1976.

A pesar de la proclamación de Barkley a Jordan de que era «destino» para los Suns ganar el título, fueron derrotados en seis partidos por los Chicago Bulls. Promedió 26,6 puntos y 13,6 rebotes por partido durante toda la postemporada, incluyendo 27,3 puntos, 13,0 rebotes y 5,5 asistencias por partido en la serie de campeonato. En el cuarto partido de las Finales, registró un triple-doble, acumulando 32 puntos, 12 rebotes y diez asistencias. En el séptimo partido de las Finales de la Conferencia Oeste contra los Seattle SuperSonics, Barkley tuvo una actuación memorable con 44 puntos y 24 rebotes.

Como resultado de fuertes dolores de espalda, Barkley comenzó a especular que la temporada 1993-94 sería su última en Phoenix. A pesar del dolor de espalda, comenzó la temporada ganando el McDonald’s Open de 1993 en Alemania y siendo nombrado MVP del torneo. En la NBA, logró 21,6 puntos con 49,5 por ciento en tiros y 11,2 rebotes por partido. Fue seleccionado para su octavo Juego de Estrellas consecutivo, pero no jugó debido a un desgarro del tendón del cuádriceps derecho. Con Barkley luchando contra lesiones, los Suns aún lograron un récord de 56-26 y llegaron a las semifinales de la Conferencia Oeste. A pesar de mantener una ventaja de 2-0 en la serie, los Suns perdieron en siete partidos ante los eventuales campeones Houston Rockets, liderados por Hakeem Olajuwon. En el tercer partido de una serie de playoffs de primera ronda contra los Golden State Warriors, Barkley acertó 23 de 31 intentos de tiros de campo y terminó con 56 puntos, el entonces tercer total más alto en un partido de playoffs.

 Después de contemplar el retiro en la temporada baja, Barkley regresó para su undécima temporada y continuó luchando contra lesiones. Tuvo dificultades durante la primera mitad de la temporada, pero gradualmente logró mejorar, ganando su novena aparición consecutiva en el Juego de Estrellas. Promedió 23 puntos con 48,6 por ciento en tiros y 11,1 rebotes por partido, mientras llevaba a los Suns a un récord de 59-23. En los playoffs, a pesar de tener una ventaja de 3-1 en la serie, los Suns nuevamente perdieron ante los defensores y eventuales bicampeones Houston Rockets en siete partidos. Barkley promedió 25,7 puntos con 50,0 por ciento en tiros y 13,4 rebotes por partido en la postemporada, pero estuvo limitado en el séptimo partido de las semifinales por una lesión en la pierna. En la demolición de los Portland Trail Blazers en la primera ronda de los playoffs, Barkley promedió 33,7 puntos y 13,7 rebotes en una barrida de tres partidos.

La temporada 1995-96 fue la última de Barkley con los Phoenix Suns. Lideró al equipo en anotación, rebotes y robos, promediando 23,3 puntos con 50,0 por ciento en tiros, 11,6 rebotes y un récord de carrera de 77,7 por ciento en tiros libres. Logró su décima aparición en un Juego de Estrellas como el máximo receptor de votos entre los jugadores de la Conferencia Oeste y registró su 18.º triple-doble de carrera el 22 de noviembre. También se convirtió en el décimo jugador en la historia de la NBA en alcanzar 20.000 puntos y 10.000 rebotes en su carrera. En la postemporada, promedió 25,5 puntos y 13,5 rebotes por partido en una derrota de primera ronda de cuatro partidos ante los San Antonio Spurs. Después de que los Suns cerraran la temporada con un récord de 41-41 y una derrota en la primera ronda de los playoffs, Barkley fue traspasado a Houston a cambio de Sam Cassell, Robert Horry, Mark Bryant y Chucky Brown.

A lo largo de su carrera, Barkley argumentó que los atletas no deberían ser considerados modelos a seguir. Dijo: «Un millón de tipos pueden encestar en la cárcel; ¿deberían ser modelos a seguir?». En 1993, su argumento provocó noticias nacionales cuando escribió el texto para su comercial de Nike «Yo no soy un modelo a seguir». Dan Quayle, el ex vicepresidente de Estados Unidos, lo llamó un «mensaje de valores familiares» por el llamado a menudo ignorado de Barkley para que los padres y maestros dejaran de mirarlo para «criar a sus hijos» y en su lugar fueran ellos mismos modelos a seguir.

El mensaje de Barkley provocó un gran debate público sobre la naturaleza de los modelos a seguir. Argumentó: «Creo que los medios exigen que los atletas sean modelos a seguir porque hay algo de celos involucrado. Es como si dijeran, este es un joven negro que juega un juego para ganarse la vida y gana todo este dinero, así que vamos a ponerle las cosas difíciles. Y lo que realmente están haciendo es decirles a los niños que admiren a alguien en quien no pueden convertirse, porque no muchas personas pueden ser como nosotros. Los niños no pueden ser como Michael Jordan».

El traspaso a los Houston Rockets en la temporada 1996-97 fue la última oportunidad de Barkley para capturar un título de campeonato de la NBA. Se unió a un equipo veterano que incluía a dos de los 50 Mejores Jugadores de la NBA, Hakeem Olajuwon y Clyde Drexler. Para comenzar la temporada, Barkley fue suspendido para el partido inaugural y multado con 5.000 dólares por pelear con Charles Oakley durante un partido de pretemporada del 25 de octubre de 1996. Después de que Oakley cometiera una falta flagrante contra Barkley, este respondió empujando a Oakley. En su primer partido con los Houston Rockets, tuvo un récord de carrera de 33 rebotes.

Continuó luchando contra lesiones durante toda la temporada y jugó solo 53 partidos, perdiéndose 14 debido a una laceración y contusión en la pelvis izquierda, 11 debido a un esguince en el tobillo derecho y cuatro debido a suspensiones. Se convirtió en el segundo máximo anotador del equipo, promediando 19,2 puntos con 48,4 por ciento en tiros; la primera vez desde su año de novato que promedió por debajo de 20 puntos por partido. Con Olajuwon tomando la mayoría de los tiros, Barkley se centró principalmente en los rebotes, promediando 13,5 por partido, el segundo mejor de su carrera. Los Rockets terminaron la temporada regular con un récord de 57-25 y avanzaron a las Finales de la Conferencia Oeste, donde fueron derrotados en seis partidos por Utah Jazz.

La temporada 1997-98 fue otro año plagado de lesiones para Barkley. Promedió 15,2 puntos con 48,5 por ciento en tiros y 11,7 rebotes por partido. Los Rockets terminaron la temporada con un récord de 41-41 y fueron eliminados en cinco partidos por Utah Jazz en la primera ronda de los playoffs. Limitado por lesiones, Barkley jugó cuatro partidos en la serie y promedió mínimos de carrera de 9,0 puntos y 5,3 rebotes en 21,8 minutos por partido. Durante la temporada acortada por el lockout, Barkley jugó 42 partidos de temporada regular y logró 16,1 puntos con 47,8 por ciento en tiros y 12,3 rebotes por partido. Se convirtió en el segundo jugador en la historia de la NBA, después de Wilt Chamberlain, en acumular 23.000 puntos, 12.000 rebotes y 4.000 asistencias en su carrera. Los Rockets concluyeron la temporada acortada con un récord de 31-19 y avanzaron a los playoffs. En su última aparición en postemporada, Barkley promedió 23,5 puntos con 52,9 por ciento en tiros y 13,8 rebotes por partido en una derrota de primera ronda de playoffs ante Los Angeles Lakers.

La temporada 1999-2000 fue el último año de Barkley en la NBA. Inicialmente, promedió 14,5 puntos con 47,7 por ciento en tiros y 10,5 rebotes por partido. Junto con Shaquille O’Neal, Barkley fue expulsado de un partido del 10 de noviembre de 1999 contra Los Angeles Lakers. Después de que O’Neal bloqueara una bandeja de Barkley, O’Neal empujó a Barkley, quien luego lanzó el balón a O’Neal. La temporada y carrera de Barkley aparentemente terminaron prematuramente a la edad de 36 años después de romperse el tendón del cuádriceps izquierdo el 8 de diciembre de 1999, en Filadelfia, donde comenzó su carrera. Negándose a permitir que su lesión fuera la última imagen de su carrera, Barkley regresó después de cuatro meses para un último partido. El 19 de abril de 2000, en un partido en casa contra los Vancouver Grizzlies, anotó una canasta memorable en un rebote ofensivo y putback, una marca común durante su carrera. Logró lo que se propuso hacer después de ser activado de la lista de lesionados y salió de la cancha con una ovación de pie. Declaró: «No puedo explicar lo que significó esta noche. Lo hice por mí. He ganado y perdido muchos partidos, pero el último recuerdo que tenía era ser llevado fuera de la cancha. No podía superar el bloqueo mental de ser llevado fuera de la cancha. Era importante psicológicamente salir de la cancha por mi cuenta». Después de la canasta, Barkley se retiró inmediatamente y concluyó su carrera de dieciséis años en el Salón de la Fama.

 Barkley compitió en los Juegos Olímpicos de 1992 y 1996 y ganó dos medallas de oro como miembro del equipo de baloncesto masculino de Estados Unidos. Las reglas internacionales que anteriormente impedían que los jugadores de la NBA jugaran en los Olímpicos se cambiaron en 1992, permitiendo que Barkley y otros jugadores de la NBA compitieran en los Olímpicos por primera vez. El equipo fue apodado «Dream Team» y fue 6-0 en el torneo de clasificación olímpica y 8-0 contra oponentes olímpicos. El equipo promedió un récord olímpico de 117,3 puntos por partido y ganó partidos por un promedio de 43,8 puntos, solo superado por el equipo olímpico estadounidense de 1956. Barkley lideró al equipo con 18,0 puntos con 71,1 por ciento en tiros de campo y estableció un entonces récord olímpico de anotación en un solo partido con 30 puntos en una victoria 127-83 sobre Brasil. También estableció un récord olímpico masculino de Estados Unidos para el mayor porcentaje de tiros de campo de tres puntos con 87,5 por ciento y agregó 4,1 rebotes y 2,6 robos por partido. Durante el partido contra Angola, Barkley dio un codazo a Herlander Coimbra en el pecho y no se disculpó después del partido, afirmando que fue golpeado primero. Barkley fue llamado por una falta intencional en la jugada. El tiro libre resultante de Coimbra fue el único punto anotado por Angola durante una racha de 46-1 de Estados Unidos.

En los Juegos Olímpicos de Verano de Atlanta de 1996, Barkley lideró al equipo en anotación, rebotes y porcentaje de tiros de campo. Promedió 12,4 puntos con 81,6 por ciento en tiros de campo, estableciendo un récord olímpico masculino de Estados Unidos. Además, también contribuyó con 6,6 rebotes por partido. Bajo el liderazgo de Barkley, el equipo nuevamente compiló un récord perfecto de 8-0 y capturó la medalla de oro.



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